Leannan

Era tan divertido. Ver tanta sorpresa en la cara de Sansa, tanto miedo en el pequeño Snow y tanta agresividad en la mirada de la trucha del Norte. Después de ver tantas versiones de Catelyn Stark, está es en definitivo la más cruel con Jon, y es capaz de levantarle la mano al niño, para esta pelirroja el bastardo de su esposo es menos que un perro, un perro que tiene sus sucias patas sobre su hermosa hija, una copia de ella.

La dama de Invernalia avanzo rápidamente a separar supuesto bastardo del abrazo de su preciosa hija. Sansa había estado sorprendida de la abrupta aparición de su madre tanto que casi tarda en ver qué está madre suya estaba por, seguramente, dañar a Jon. Vi con divertida sorpresa como la pequeña reina se tiraba en cima de su primo, aprovechando que el seguía sentado en la silla, y lo abraza cubriéndolo con su cuerpo.

—Sansa ¿Que estás haciendo? Sueltalo en este instante.

La orden de su madre fue desobedecida— ¡No lo haré! ¡Quiero que padre venga!

Jon estaba muy aturdido y solo tendía a tratar de alejar a Sansa de él, así poder correr lejos de la furia de Catelyn. Está última se acercó jalando de su hija lejos del bastardo.

—¡Sansa! Así no es como se comporta una dama —reclamo la pelirroja mayor— Suelta al bastardo en este momento, él no tiene que estar aquí.

Sansa seguía sin obedecer, Jon estaba más asustado y Catelyn más enojada, pero no con su hija sino con el bastardo por poner a su hija en su contra. Ridículo. Esa mujer merece una dosis de realidad, y quién mejor que su marido para hacerlo. Giré hacia la puerta sabiendo quién estaba por cruzarla, hablando del diablo... Eddard Jodido Stark.

Ned Stark

Un guardia había venido corriendo a su solar para advertirle que su esposa estaba alterando a su recién recupera hija además de tratar con agresividad a su hijo bastardo -su sobrino- Jon. Cuando más se acerca a las habitaciones de su hija, más escuchaba los gritos de está. Le dio un poco de miedo y corrió un poco para llegar rápido, que su hija gritara por él le puso los nervios de punta. Pero escuchar a su esposa lo hizo enojar. No podía esa mujer dejar al niño actuar como un hermano para sus hijos, Jon era un niño bueno y amable, jamás haría nada para lastimar a sus supuestos hermanos.

Cuando entro en la habitación se encontró con una escena ridícula por decirlo de alguna forma. Su esposa tiraba de vestido de Sansa, quién estaba abrazando a Jon como si su vida dependiera de eso, muestras tanto su sobrino tenía los ojos cerrados abrazando fuertemente la cintura de su hija, por miedo a Catelyn seguramente. Muestras tanto su esposa estaba tratando de tirar a su hija por sus hombros y vestido lejos del niño.

—Catelyn es suficiente —ordeno haciendo notar su presencia— Deja de asustar a los niños. Ella se dio vuelta tratando de protestar— Siga con sus deberes, mí señora, yo me ocuparé de esto.

Con los dientes apretados Catelyn se separó de los niños— Como ordene, Mí señor.

Ned hizo una mueca al escucharla, la amaba y le dolía usar su posición de Señor del Invernalia con ella, sin embargo, amaba más a sus hijos. Cuando ella dejo la habitación de su hija mayor, por fin se pudo respirar con tranquilidad. Su mirada se poso en los niños, Sansa todavía estaba abrazando a Jon con ojos cerrados pero se notaba que estaba más relajada, lo mismo pasaba con su sobrino.

Se acercó y tocó el hombro de su hija— ¿Están bien? Veo que te sientes mejor Sansa.

La pequeña se dio vuelta y lo miro con ojos llorosos, sus ojos estaban tan llenos de dolor y alegría que se asustó por un momento, casi parecía que no lo había visto en años, peor aún, lo veía como si hubiera muerto y revivido antes sus ojos.

—Padre...

—¿Que ocurre mí pequeña? ¿Tuviste una pesadilla?

Y ella lloró. Se separó de Jon y estiro sus brazos hacia el, pidiendo que la abrazara. Cuando la sostuvo entre sus brazos ella se aferró sollozando en su hombro, repitiendo que lo quería, que jamás sería una niña tonta, sería buena. Él no entendía porque su pequeña decía esas cosas pero solo sonrió y la consoló abrazándola más fuerte.

—No te preocupes, mí dulce niña, todo está bien.

Aunque él no sabía eso. Pero Sansa si.