Hola lindos lectores, gracias por entrar aquí. Hoy les traigo el capítulo 28 de este long fic. Disculpen la demora, he tenido bastantes cosas que hacer aparte de trabajar. Terminé de corregir este capítulo anoche, por ese motivo lo subo hoy, en plena jornada laboral. Agradezco enormemente la paciencia de todos.

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También agradezco a todas las personas que me leen y que además me dejan un review, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente me leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar :D

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Capítulo dedicado a todos los que comentaron en el capítulo anterior: alsole, Kaoru-sakura, AraOrtegaS92, ANABELITA N, LadyAnime21 y SophieNara040922. Gracias por comentar, les mando a todos(as) un gran beso y un fuerte abrazo.

Ahora los dejo con el capítulo. Espero que les guste.

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Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.

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Lo que siempre nos unirá

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Capítulo 28.- Festejo en el bosque (parte 2)

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El Uchiha avanzó hacia la puerta principal de la casa y salió. A paso regular continuó en dirección al vehículo de los Nara. Antes de bajar las escaleras, su mirada volvió a enfocarse en la nubosidad existente. La probabilidad de lluvia era bastante evidente.

Una extraña inquietud lo embargó.

Estarán bien, Itachi, tranquilo —se dijo mentalmente y luego comenzó a bajar los peldaños—. Los Nara estarán con ellos, nada les tendría que pasar.

Detuvo su descenso cuando escuchó que cerraban las puertas del carro. Su mirada por reflejo se enfocó en el matrimonio que recién había bajado.

—Mira Shikaku —escuchó a la pelinegra que había volteado a admirar el jardín florido—. Han conservado las flores tal como le gustaba a Mikoto. Pareciera que aquí el tiempo se hubiese detenido.

La vio sonreír sincera mientras su marido con un semi sonrisa asintió. Se sintió muy feliz por eso. Le alegraba el alma provocar esa sensación en quienes habían sido cercanos a sus padres.

—Buenos días Yoshino-san —espetó en un tono ligeramente más alto con el fin de llamar la atención de los mayores—. Shikaku-san buen día.

La pareja volteó de inmediato hacia la persona que los saludaba.

—Buen día —acotó escuetamente, el Nara, todo lo contrario que su mujer.

—Itachi, buenos días. Es un gusto verte —señaló Yoshino, con una amable sonrisa—. Estábamos observando lo bien conservado que está el jardín de Mikoto. En realidad está hermoso.

El pelilargo sonrió por el cumplido.

—Hemos tratado de mantenerlo tal como le gustaba a ella —le explicó éste atrapando toda la atención de la pelinegra—. Pese a que la casa estuvo cerrada por mucho tiempo, siempre hubo alguien encargado de mantener el jardín.

La mayor sonrió complacida para luego tomar el brazo de su marido.

—Así veo —aseveró mientras con su marido comenzó a acercarse al Uchiha. Éste al instante procedió a bajar los últimos escalones —. Me imagino que ahora Temari lo está cuidando.

—Sí, ahora ella está a cargo —acotó esbozando una sutil sonrisa—. Le gustan mucho las flores —al ver que el matrimonio Nara se detuvo a menos de un metro de él, retomó la palabra—. Temari y Shikadai deben estar a unos minutos de bajar. Si gustan podemos entrar a casa y allí los pueden esperar.

El Uchiha miró expectante el rostro de los mayores.

—No, no es necesario, Itachi, aquí los esperaremos —respondió con calidez, la mujer, soltando lentamente el brazo de su marido—. Conociendo a Temari, no creo que tarden mucho en bajar.

La morena suponía que el atraso de la rubia sólo se debía a la pereza del pequeño Shikadai. Seguramente como todo Nara, le había costado despertar. Sus ojos por inercia se desviaron otra vez al jardín que hacía años le había pertenecido a su amiga.

Cómo me gustaría que mis flores fuesen conservadas así como lo han hecho con tu jardín, Mikoto —se dijo mentalmente mientras esbozaba una sonrisa—. Espero que mi hijo lo haga, tal como lo ha hecho el tuyo, cuando yo ya no esté en este mundo, ya que dudo mucho que Tayuya lo haga.

El Nara al ver que su esposa se distrajo nuevamente con el jardín, decidió iniciar una conversación con el dueño de casa. Tenía varias cosas en común de las cuales podían hablar, en vez de quedarse en silencio.

—¿Y cómo van los negocios en la Compañía Uchiha? —inquirió tomando desprevenido al pelilargo, el cual se había distraído con el accionar de la Nara. Éste enseguida fijó sus ojos oscuros en el mayor.

—Todo bien, Shikaku-san —contestó de manera amena, para luego complementar su respuesta—. Pese a la inestabilidad económica que ha habido en el país en este último tiempo, la compañía ha podido mantener las utilidades dentro de cierto margen.

El de coleta alta esbozó una semi sonrisa.

—Me alegra escuchar esa noticia. Aquello significa estabilidad para muchas familias.

Las palabras sinceras del mayor provocaron que el pelilargo se animara a explayarse más.

—La idea es no despedir a nadie Shikaku-san, aunque el margen de contribución disminuya. Es algo que la Compañía puede manejar mientras cubramos los costos fijos.

—Pero el problema surge cuando éstos no se pueden cubrir.

El Uchiha soltó un suspiro.

—Exacto… Ojalá nunca llegue ese momento —señaló éste, con cierta inquietud—. Ahí no nos quedaría más que utilizar los fondos de resguardo, pero usted sabe que aquellos fondos no son eternos.

El deje de preocupación que le mostró el pelilargo, le bastó al Nara para percatarse de toda la nobleza de quién estaba a la cabeza de las empresas Uchiha. Se notaba a leguas que éste respaldaría a todos sus empleados hasta el final.

—Si te hace sentir mejor Itachi, te contaré que nuestra compañía está en la misma situación la tuya —acotó el mayor, de la forma más empática que pudo—. Esperemos que en los próximos meses la economía se reactive.

—Esperemos que sea así —espetó el Uchiha, con sinceridad.

—Mira Shikaku, ahí viene Temari con mi nieto —señaló, Yoshino, quién se había alejado unos cuantos pasos de su marido. De inmediato volvió a acercarse a él.

Ambos Nara fijaron la mirada en la escalera. Todavía no bajaban, la rubia algo revisaba en la mochila que cargaba el niño. Shikaku de repente volteó el rostro hacia su mujer.

—Querrás decir, «nuestro nieto» —le corrigió a Yoshino, provocando que ésta frunciera el ceño enseguida.

—Tú sabes que cuando menciono a un ser querido, me gusta utilizar pronombres posesivos —espetó la morena, con seriedad.

—Sí, los pronombres singulares específicamente… Toda la gente es tuya.

La pelinegra frunció la boca, pero luego recordó que estaba en casa ajena, por lo que cambió el gesto a una sonrisa irónica.

—Sólo es una expresión, Shikaku, ya deberías estar acostumbrado —soltó con cierto sarcasmo para luego ignorarlo. Sus ojos castaños a los segundos se centraron en la escalera. —Hola, mi niño bello, ¿cómo estás? —acotó con una dulce sonrisa, al ver a su nieto comenzaba a descender de la mano de Temari.

—Ben, abue Yoshi —le contestó el ojiverde, con una linda sonrisa, sin soltar la mano de su progenitora. Era preferible terminar de bajar, antes de echar a correr hacia donde estaba su abuela, ya que si lo hacía a la mitad de la escalera, su problemática madre con certeza lo regañaría.

La pelinegra esperó que su nieto descendiera para luego continuar.

—No sabes cuánto me alegro, Dai. ¿Te costó mucho despertar? —el niño soltó una risita y de inmediato corrió con su mochila hacia ella. Ésta lo recibió feliz y enseguida lo cargó entre sus brazos—. Esa bella sonrisa me dice que sí —acotó con ternura provocando que su nieto se sonrojara. Rápidamente éste ocultó el rostro en el cuello de su abuela. —Siento mucho que tengamos que venir a recogerlos tan temprano, pero la idea es que aprovechemos el día.

El abuelo del niño que estaba observando la escena, desvió la mirada y la fijó en la rubia.

—Buenos días, Temari.

La joven lo miró enseguida y por inercia le sonrió.

—Buenos días, Shikaku-san —acotó de manera amable para luego volver a fijar la vista en la mujer que aupaba a su hijo—. Yoshino-san, buen día.

La mayor que estaba embobada con Dai, apenas escuchó su nombre, reaccionó.

—Buenos días, hija —le respondió con voz cariñosa observando el gran bolso cartera que ésta llevaba—. Veo que tanto mi nieto como tú ya están listos para acompañarlos.

—Sí, podemos irnos cuando ustedes dispongan.

—Bueno, entonces empecemos a despedimos —señaló, la morena, desviando la mirada hacia el dueño de casa—. Fue un gusto verte, Itachi.

La mujer sonrió sincera y éste de inmediato le devolvió el gesto.

—El gusto fue mío, Yoshino-san —espetó con gentileza viendo a continuación como la mayor giraba y se encaminaba al carro. A los segundos sus ojos oscuros se desviaron hacia el hombre de coleta de alta—. Shikaku-san, fue gusto tenerlo a usted y a su esposa en mi casa —extendió su mano y enseguida el mayor se la estrechó—. Cuando gusten, pueden venir a visitarnos.

—Gracias muchacho.

—Mamá, el auto del abue Shikaku no tene silla —acotó, el pequeño, antes de subir al carro.

Todos los ojos se posaron en la rubia.

—Lo sé, Dai —contestó ésta, metiendo la mano en el bolsillo del pantalón—. Tengo que ir a buscar la silla que está en mi auto.

—Yo la voy buscar, Tem —señaló, su marido, extendiéndole la mano. Ésta sin dudar le paso la llave. Con prontitud el pelilargo caminó hacia el garaje.

—Itachi, cómo siempre tan atento —espetó por inercia, Yoshino.

—Sí, es bastante cooperador —le confirmó, la ojiverde, quitándose la cartera del hombro —Voy a aprovechar de guardar mi bolsa en el auto.

—Está bien —acotó, la pelinegra, sin dejar de observar a la rubia. Se veía contenta, pero podía jurar que sus orbes transmitían un deje de inquietud—. La mochila del niño la dejé en el asiento de atrás.

—Gracias —respondió ésta acomodando su cartera—. Shikadai, sube a sentar mientras tantos.

—Bueno, yo también aprovecharé de subirme al carro —señaló con calma, el Nara, comenzando a caminar—. Tú debieses hacer lo mismo, mujer.

Ésta de inmediato volteó hacía él.

—No, esperaré a Itachi que regrese con la silla.

—No es necesario Yoshino-san —intervino, la rubia, regalándole una sutil sonrisa—. Itachi ya viene de vuelta.

La mayor miró hacia donde observaba la ojiverde. El pelilargo efectivamente traía la silla.

—Se nota que ustedes se llevan muy bien —comentó, la Nara, observando de reojo a la madre de su nieto—, eso es muy bueno para el niño.

Temari que tenía dibujada una semi sonrisa en el rostro, por reflejo dejó de sonreír. De inmediato desvió la mirada hacia Yoshino.

—Sí… nos llevamos bastante bien —afirmó queriendo adivinar lo que ésta se proponía. Porque de seguro algo que se proponía. Era Yoshino Nara después de todo. —Tal vez sólo me quiere sacar información —esbozó nuevamente una sonrisa —, ¿pero de qué me preocupo?, si no tengo nada que ocultarle.

—Llegó la silla —señaló, el Uchiha, acercándose rápidamente al carro. Sin perder tiempo, acomodó ésta sobre uno de los asientos traseros y la enganchó. —Listo Dai, ya puedes sentarte —el pequeño al instante obedeció, para que el pelilargo fijara los cinturones.

Yoshino al darse cuenta que su nieto ya estaba sentado en su silla, se acercó con prontitud hacia la puerta del copiloto y la abrió. Prefirió subirse al auto para no incomodar a la pareja cuando comenzara a despedirse.

—Ya estás listo —espetó, el pelilargo, saliendo del carro—. Adiós Dai, pásalo muy bien —el pequeño sonrió y le movió la mano señal de despida. El joven al instante le devolvió el gesto y luego se enderezó. Volteó el rostro y fijó la mirada en su esposa.

—Nos vemos, Tem —se acercó a ésta y enmarcó su rostro con las manos, dándole a continuación un tierno beso en los labios— Disfruten el día.

—Disfrútalo tú también —acotó ésta, con una semi sonrisa—. Aprovecha de relajarte antes que lleguen tus amigos.

El de ojos negros asintió.

—Ten por seguro que lo haré —señaló soltando el rostro de su esposa para luego regalarle una sonrisa. La rubia enseguida se subió al carro e Itachi cerró la puerta.

—Puede comenzar el viaje cuando guste, Shikaku-san —acotó Temari, y el mayor al instante encendió el motor del auto. Calmadamente maniobró para virar y salir por donde había entrado.

Se nota que él la adora, pero ella… no sé —se dijo mentalmente, Yoshino, luego de haber observado la despedida del matrimonio por espejo retrovisor del copiloto —. Tal vez sólo sea cariño.

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Llevaban poco más de una hora de viaje, cuando Shikadai soltó un gran bostezo.

—Hasta que al fin despertaste —señaló Temari, dejando de observar el bello paisaje que venía contemplado hace varios minutos. Sus orbes almendrados se centraron en la cara de su hijo—. ¿Cómo es posible que te hayas dormido apenas inició el viaje?

El pequeño con parsimonia abrió los ojitos fijándolos en el rostro de su progenitora. Ésta con prontitud sacó un pañuelo desechable de la cartera y le limpió el hilo de saliva que descendía hacia el mentón.

—Shikamaru era igual que mi nieto, a su edad —justificó, Yoshino, al niño que todavía no había emitido palabra—. Apenas salíamos de casa, se dormía, y no despertaba hasta que Shikaku apagaba el motor.

—El viaje se hace más corto, durmiendo —señaló, el mayor, mientras seguía conduciendo—. Debe aprovechar de dormir ahora que es pequeño. Yo a mi edad, apenas puedo hacerlo.

Yoshino al instante frunció el ceño y desvió la mirada hacia su marido.

—¿Qué quieres decir con eso, Shikaku? —supuso que esa indirecta iba dirigida a ella —. ¿Qué acaso yo no te dejo dormir?

—Yo no he dicho eso, mujer—se defendió, el pelinegro, sin dejar de mirar el carril.

Temari rió bajito. Era una pareja muy particular, que a leguas se notaba lo mucho que se quería.

—¿Falta mucho? —balbuceó, Dai, captando la atención de los adultos.

—Media hora por lo menos, mi niño, así que puedes seguir durmiendo.

Las palabras de Yoshino preocuparon de cierto modo al pequeño. La rubia enseguida lo notó.

—¿Qué pasa Dai?

La pregunta de su madre lo inquietó aún más, pero prefirió decir la verdad.

—Quero hacer «pis» —señaló a sabiendas que su madre lo regañaría.

—Te advertí que no tomaras tanto jugo en el desayuno— espetó con firmeza, la rubia, provocando que el niño bajara la cabeza sintiéndose culpable—. ¿Puedes aguantar?

El ojiverde alzó la mirada lo suficiente y luego negó con la cabeza.

La rubia resopló.

—Shikaku, ¿puedes detener el carro por un momento? —intervino, Yoshino, captando de inmediato la atención de Temari.

—Por supuesto —acotó, el Nara, observando enseguida donde podía estacionarse—. Déjame avanzar unos metros más y me salgo de la carretera.

—Siento mucho tener que interrumpir el viaje —señaló, la joven, con un deje de incomodidad, al ver que el pelinegro redujo la velocidad del carro para luego estacionarse a un costado de la carretera.

—No hay problema, Temari —respondió Shikaku, con voz calmada—, el niño necesita hacer sus necesidades —alzó la mirada para verlos por el espejo retrovisor—. Bajen tranquilos, aquí los esperamos.

—Gracias, Shikaku-san —espetó, la rubia, soltando enseguida las correas que aseguraban a su hijo—. Vamos Shikadai.

Abrió la puerta y bajó con prontitud, detrás de ella descendió el pequeño. Lo tomó de la mano y caminaron hasta el árbol más cercano.

—Aquí no más, Dai— señaló ésta. El ojiverde de inmediato observó a su alrededor.

—¿Aquí? —preguntó extrañado para luego alzar la mirada.

—Sí, aquí —confirmó Temari, con seguridad, sin embargo, la cara de confusión de Shikadai continuaba—, ¿o acaso pensabas que habría un baño en medio del bosque? —sonrió divertida y éste a los segundos comprendió. Sonrió quedito —. Hace «pis» en el tronco no más.

El pequeño le obedeció al instante y a los segundos soltó un suspiro. Definitivamente se sentía mucho mejor.

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Shikadai llevaba como media hora mirando el paisaje, sin embargo, no estaba aburrido. Había visto muchos árboles durante el trayecto, de distintas variedades y tamaños. Era un paisaje muy llamativo para un niño.

Deslumbrado siguió mirando por el vidrio.

—Al parecer el bosque lo cautivó —espetó, Yoshino, observando de reojo a su nieto. Desvió a continuación la mirada hacia Temari.

Ésta por reflejo sonrió.

—Todo indica que sí —afirmó orgullosa provocando que la mayor sonriera—. Después que bajó a orinar, se dio cuenta de la belleza del lugar.

La ojiverde por inercia volteó el rostro y miró a su hijo.

—Ha comenzado a conectarse con el bosque —intervino, Shikaku, mientras seguía conduciendo—. Es un Nara por donde lo mires.

Las palabras del mayor, hicieron a Temari sonreír.

—Sabes Shikadai, llegaremos a casa como en diez minutos más —señaló, la pelinegra, capturando la atención del pequeño.

—¿El papá llegó?

La pregunta de Dai no sorprendió a nadie, ya que éste adoraba a su padre.

—Sí, mi niño —contestó, Yoshino, con dulzura—. Shikamaru llegó hace más de media hora atrás.

La respuesta de ésta lo inquietó.

—Abue Shikaku, ¿falta mucho?

A Temari y la pelinegra le extrañó la pregunta de Shikadai, ya que hace un momento atrás, esta última, le había dicho cuánto tiempo faltaba para llegar.

—Llegaremos en unos minutos más —señaló, el mayor, con voz calmada , mientras disminuía la velocidad. Viró hacia la izquierda a un camino de tierra—. ¿Tienes algún problema?

El niño guardó silencio, pero a los segundos después habló.

—El Papito fuma mucho.

El deje de preocupación que escuchó del niño, le llegó al corazón.

—Sí, Dai, fuma bastante —espetó sincero, Shikaku—. Supongo que ahora mismo debe estar fumando. . . pero tranquilo, pronto llegaremos.

En la mente de Temari reapareció la conversación que había tenido con su hijo. Todo indicaba que a éste, le había quedado grabado que el cigarrillo hacía mal. Se sintió orgullosa de eso. Tal vez su hijo podía ayudar a Shikamaru a dejar ese vicio.

—Shikadai —acotó, la rubia, captando de inmediato la atención de éste—, cuando veas a tu papá fumando, recuérdale que el cigarrillo hace mal. De esa forma puedes conseguir que él tome conciencia.

Le sonrió dulcemente y el pequeño le devolvió el gesto.

—Hazlo mi niño. Tal vez a ti te escuche, ya que a mí no me hace caso.

El comentario de Yoshino, despertó la curiosidad de la rubia.

—¿Fuma la misma cantidad que antes o fuma más?

La Nara apenas escuchó la pregunta se emocionó. Si Temari preguntaba por eso, obviamente era porque le preocupaba su hijo. Se encendió una luz de esperanza en su corazón.

—Fuma un poco más que antes —respondió, la mayor—. Aunque hubo un tiempo que parecía una verdadera chimenea —hizo un pausa y suspiró—, pero ese tiempo ya quedó atrás.

La rubia no pudo evitar sentirse mal. Sabía a lo que se refería, pero estaba segura que Yoshino no lo había mencionado con el ánimo de hacerla sentir culpable.

—Tú sabes que a mí nunca me ha gustado que fume.

La voz de Yoshino la sacó de su breve abstracción.

—Lo sé… pero él tuvo sus razones —acotó, la rubia, desviando por inercia la mirada hacia su hijo, el cual escuchaba atento la conversación. Le sonrió con cariño — ¿Ya quieres llegar, cierto?

El pequeño asintió con una sonrisa. A leguas se notaba su ansiedad.

—Pues te informo, que estamos a punto de llegar.

Dai emocionado miró por el vidrio dándose cuenta que había entrado a un lugar más abierto. Se había distanciado un poco del bosque, por lo que curioso volteó hacia el frente irguiéndose lo más que pudo para intentar de ver lo que había delante del auto, sin embargo, las correas de la silla no lo dejaron observar.

Estiró el cuello lo más que pudo.

—Sí Dai, la casa de tus abuelos está en enfrente, pero tranquilízate. Deja que Shikaku-san se estacione.

Las palabras de Temari en vez de calmarlo, lo emocionaron más. Estiró el cuello unas cuántas veces, pero lamentablemente no pudo ver nada. En ese momento sólo deseaba ser grande y fuerte como su papá.

El mayor de los Nara redujo la velocidad del carro y se dirigió hacia un cobertizo. Segundos después apagó el motor.

—Familia, hemos llegado —soltó, Shikaku, dándose cuenta de lo que había dicho, sin embargo, no se retractó, ya que Temari era la madre de su nieto e indirectamente también era parte de ellos—. Pueden desabrocharse los cinturones.

Apenas escuchó eso, Shikadai intentó soltar los suyos, pero era tanta la ansiedad que sentía que no pudo hacerlo. Sintió algo frustración.

—Cambia esa cara, Dai —espetó, la rubia, acercándose a su hijo—. Ahora desabrocharé tus cinturones.

El pequeño sintió un gran alivio.

Temari comenzó a soltar las correas cuando de repente ambas puertas se abrieron. El aire dentro del auto al instante cambió. Se podía oler la fragancia de la vegetación más cercana, la cual se coló de inmediato por las fosas nasales de Dai.

Una amplia sonrisa se le dibujó en la cara.

—Listo —escuchó decir a su madre, y sin perder tiempo se bajó. Sus ojos almendrados se enfocaron en los miembros de su familia que estaban conversando.

—¿Cómo estuvo el viaje? —preguntó, Shikamaru, dirigiéndose a su madre que estaba mirando todas las bolsas que había traído dentro del portamaletas. Guardó las manos en los bolsillos del pantalón esperando la respuesta.

La mujer tomó dos bolsas en cada mano y volteó hacia Shikamaru.

—Toma, lleva estas bolsas a la cocina.

El pelinegro por reflejo sacó las manos de los bolsillos y se las recibió. Al instante, suspiró.

—Mi viaje también estuvo tranquilo —señaló luego de que Yoshino volteara de nuevo para sacar las demás bolsas.

—El de nosotros también —agregó cansinamente, Shikaku, acercándose a su hijo. Observó lo que éste cargaba. Shikamaru por reflejo también miró lo que tenía en sus manos—. Pásame esas bolsas —acotó el mayor y su hijo sin chistar le obedeció. Por inercia sus ojos buscaron a su madre. Ésta ya iba caminando hacia la casa—. Mejor anda a saludar a tus invitados —sugirió, el patriarca Nara, atrayendo la mirada de su hijo. Shikaku sonrió—. El más pequeño hace rato que te está mirando.

Shikamaru esbozó una semi sonrisa.

—Gracias —acotó éste, dejando a su padre atrás. Avanzó hacia el costado del auto. Allí su pequeño lo estaba mirando. Apenas sus miradas hicieron contacto, ambos Nara sonrieron.

—Hola hijo, ¿cómo estás? —espetó, el mayor, con mucha dulzura. Su pequeño con rapidez se le acercó.

Shikamaru se agachó lo suficiente y de inmediato lo cargó. Le dio un beso en la mejilla y lo acomodó entre sus brazos. El niño al verse seguro entre los fuertes brazos de su padre, le tomó la cara y lo besó. El pelinegro amaba que su hijo hiciera eso.

—Ben —contestó, Dai, con alegría.

—Me alegro mucho, hijo —acotó, el pelinegro, mirándolo con cariño—. Ni te imaginas cuánto te extrañé.

Shikadai soltó una risita.

—Pero vi el jueves.

—Lo sé, seguramente fue porque no te vi ayer —argumentó, el mayor, acariciándole la carita. Esbozó una semi sonrisa, para luego darse cuenta que su hijo no llevaba nada en la espalda. Lo miró extrañado—. ¿Y dónde está tu mochila?

Shikadai era de los niños que acostumbraba a salir con dicho accesorio.

—Aquí con el burro de carga —la ironía pudo sentirse en sus palabras. Cerró la puerta por donde había bajado Dai. ¿Quién más podía tener esa bendita mochila?

Ambos pelinegros desviaron la mirada hacia la rubia. Shikamaru no pudo evitar esbozar una sonrisa. A su juicio se veía muy bonita.

—Hola, ¿cómo estás? —acotó éste, en su tono habitual, tratando disimular la alegría que le provocaba verla. Ella venía vestida con ropa casual, nada llamativa—. ¿Se les hizo muy largo el viaje?

—No, para nada —espetó, la ojiverde, avanzando hacia ellos —, conversando con tus padres el viaje se me hizo bastante breve. Lo que es Shikadai, por lo menos durmió una hora.

Shikamaru soltó una risa.

—No sé a quién habrá salido —señaló queriendo mostrar seriedad, sin embargo, no le resultó.

—Al papá —respondió, el pequeño, entre risas.

Temari negó con la cabeza, para luego sonreír con sutileza. A Shikamaru le fascinó ver esa reacción. Agradecía a Kami poder disfrutar ese día junto a ella.

—Tienes mucha razón, Dai, eres hijo de tigre.

El pequeño frunció el entrecejo al no entender lo que quiso decir su padre. El mayor sonrió sorprendido, su hijo arrugaba el ceño igual que la rubia.

—Sólo es una expresión, Dai —le explicó, Shikamaru, dulcemente. A los segundos volvió a mirar a Temari, detallando todas las cosas que ésta traía—. ¿Sacaste todo del auto?

—Sí —respondió muy segura. Traía su cartera, la mochila del niño y dos las chaquetas.

—Entonces entremos a casa y dejemos tus cosas adentro —señaló, el pelinegro comenzando a caminar, sin embargo, al segundo paso se detuvo y desvió la vista hacia ella. Sus miradas se cruzaron. Ambos guardaron silencio—. ¿Te llevo la mochila y las chaquetas?

No supo por qué, pero la pausa que hizo Shikamaru, la puso nerviosa.

—No, no te preocupes, yo las llevo —acotó, Temari, reanudando la marcha con el fin de no seguir mirándolo. La pausa no había sido lo que la inquietó, sino la forma que la miró. Sus ojos rasgados le habían expresado demasiadas cosas.

Apretó los labios.

Olvídate de lo que viste, Temari, todo es producto de tu imaginación… Oh Kami y pensar que recién llegamos —suspiró.

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CONTINUARÁ…

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Gracias por leer, espero que les haya gustado el capítulo.

Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor. Yo los amo con el corazón :D

Durante la semana responderé los reviews pendientes. Siento mucho la demora.

Disculpen también las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré (ayyy Kami... quién sabe cuándo lo podré hacer).

Nos vemos en mi próxima actualización, les deseo una linda semana.

Besos y abrazos para todos.