Hola lindos lectores, gracias por entrar aquí. Hoy les traigo el capítulo 29 de este long fic. Disculpen la demora, el trabajo me consume y hace más de una semana tengo mi brazo derecho con tendinitis, pero estoy con remedios. El capítulo lo tengo listo del domingo pasado, pero no lo alcancé a corregir. Anoche comencé la última revisión y hoy la acabo de terminar. Es increíble que cada vez que uno corrige siempre encuentra errores, por eso prefiero no hacer otra revisión, sino nunca voy a actualizar. Agradezco enormemente la paciencia de todos.

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También agradezco a todas las personas que me leen y que además me dejan un review, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente me leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar :D

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Capítulo dedicado a todas las personas que comentaron en el capítulo anterior: Kaoru-sakura, Coeli Nara, alsole, AraOrtegaS92, ANABELITA N y SophieNara040922. Gracias por comentar, les mando un gran beso y un fuerte abrazo.

Ahora los dejo con el capítulo. Espero que les guste.

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Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.

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Lo que siempre nos unirá

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Capítulo 29. - Festejo en el bosque (parte 3)

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Apenas Temari ingresó a la casa, detuvo sus pasos y observó de manera fugaz todo a su alrededor. La sala principal se veía prácticamente igual que hace cinco años atrás. El color de las paredes, las tonalidades de las cortinas, los muebles y la decoración; parecía que el tiempo no hubiese pasado por ese lugar, provocándole cierto dejo de nostalgia. Al menos eso fue lo que sintió hasta que sus ojos se posaron sobre los grandes y amplios de sillones que estaban cerca de la chimenea, sacándole por reflejo una sonrisa.

—Sí, los cambiaron —señaló Shikamaru, al darse cuenta de lo que contemplaba la ojiverde, captando al instante la atención de ésta—. Después mil años de insistencia mamá los renovó, sin embargo, no se deshizo de ellos.

La joven lo miró con interés.

—¿No?

—No —confirmó con una semi sonrisa al observar la curiosidad de ella. Aquello no era habitual—, ahora están guardados en la bodega de atrás —agregó dejando a su pequeñín en el piso.

Shikadai en cuanto se vio parado enfrente de su padre, le regaló una amplia sonrisa y sin perder tiempo acortó distancia y le abrazó la pierna. Amaba estar junto a su papá. El mayor lo miró con cariño y por reflejo le acarició la cabeza. Agradecía que su hijo fuese así de tierno con él.

Luego de esa pequeña interacción con su retoño, volvió a fijar sus orbes rasgados en los ojos almendrados de Temari. Sus miradas de inmediato hicieron conexión.

—Dijo que dejaría los sillones guardados allí en caso que alguien los pudiese necesitar —agregó el pelinegro, haciendo una mueca con la boca.

La rubia soltó una risita.

—Yoshino-san nunca se va a deshacer de esos sillones. Mucho menos si son un recuerdo familiar.

Shikamaru esbozó una semi sonrisa.

—Tienes razón —acotó con un deje de resignación —. Aunque lo que más me sorprendió fue la excusa que nos dio. Y mi viejo como siempre le dio la razón —Temari sonrió de inmediato. Conociendo a Shikaku, seguro le había dado en el gusto de conservar los sillones, con el fin de no tenerla que convencer de lo contrario. Eso era demasiado problemático—. Si supiera mi madre que su marido iba a simular un robo con tal de deshacerse de esas duras antigüedades.

La rubia lo miró divertida.

—No exageres Shikamaru. Creo que mucha junta con Ino te está haciendo mal.

El pelinegro soltó una risa para luego enseriar su semblante.

—Mujer, te estoy diciendo la verdad —afirmó con seguridad observando como Temari ensanchaba cada vez más la sonrisa. Seguro que no le había creído nada, pero eso ya no importaba. En ese momento sólo le importaba poder disfrutar de esa bella sonrisa que ella le regalaba—. Si no me crees puedes preguntarle a mi viejo, pero hazlo cuando no esté con mamá.

La ojiverde sonriente negó con la cabeza.

—Los hombres Nara son un caso especial.

—Veo que nos recuerdas bastante bien —acotó Shikamaru mirándola con detenimiento, como queriendo indagar el por qué había dicho eso. Porque debió recordar alguna vivencia que habían vivido ellos ¿o no? Temari sin quitarle la mirada menguó su sonrisa.

—Shikadai es un Nara y siempre trata de evitar cualquier situación problemática, aunque no siempre le resulte.

No era la respuesta que quería escuchar, pero Temari para haber planteado sus dichos seguro que debió haber comparado al niño con él o Shikaku. El pelinegro sonrió conforme.

—Aprenderá, nuestro hijo es muy inteligente —espetó desviando la mirada hacia su pequeño, quién todavía no dejaba de abrazarle la pierna. Volvió a acariciarle la cabeza y sin dejar de hacerlo, alzó la mirada y fijó los ojos en Temari —. Estás en tu casa; puedes dejar tus cosas en uno de los sillones y tomar asiento. En un rato más saldremos a merodear por los alrededores.

—Gracias —le respondió con una sutil sonrisa para luego fijar la mirada en Shikadai.

—¿Vamos a sentarnos, Dai? —inquirió la rubia, atrayendo de inmediato la atención de su retoño, el cual con una tierna sonrisa asintió.

El niño sin perder tiempo soltó al mayor y echó a correr en dirección a los sillones, pero en vez de detenerse y sentarse, de un solo saltó se lanzó sobre uno de éstos como si quisiese corroborar que fuese cómodo.

—¡Shikadai! —espetó la rubia, en un tono de regaño, al contemplar que su hijo había dejado a un lado los buenos modales que ella misma le había inculcado.

El pequeño apenas escuchó la voz de su madre, se sentó prefiriendo mirar la alfombra. Estaba muy consciente que había ignorado ciertas reglas.

—No te exaltes, Temari —intervino Shikamaru, con voz calmada—. Es normal que haya reaccionado así. El sofá se ve muy cómodo a la vista.

La rubia meditó las palabras del Nara para luego mirarlo al rostro.

—Es que Shikadai no suele comportarse así cuando vamos…

—¿De visita? —la interrumpió el pelinegro, mirándola con detenimiento. La ojiverde guardó silencio por un momento y enseguida suspiró.

—Sí —espetó en un susurro, provocando que Shikamaru la mirara con ternura.

—Temari, ya te lo dije con anterioridad y te lo vuelvo a repetir, ustedes están en «su casa» —señaló con calidez, consiguiendo que la rubia esbozara una semi sonrisa. Shikamaru en parte tenía razón, Shikadai era un Nara; sin embargo, ella no. Aunque la rubia agradecía la consideración que él le tenía. Porque para ella era sólo cortesía. No podía existir otro motivo que no fuese ese. Era de lo que se quería autoconvencer —. Dai puede actuar libremente aquí —prosiguió el moreno, con una sonrisa—. Ve y siéntate junto a él.

Shikadai que sólo observaba, no entendía muy bien lo que pasaba. Su mamá se había molestado con él, pero para su buena suerte Shikamaru había intervenido consiguiendo que su madre se olvidara de todo. Porque ella se había olvidado de todo, incluso de mirarlo de reojo cuando argumentaba el porqué de su reprimenda. Su padre pese a ser una persona pasiva había podido cambiar el humor de su madre. Su papá Itachi lo hacía, pero le costaba un poco más. Desde ahora iba observar mejor la interacción de su papito y su problemática madre, ya que era la mejor forma de aprender a persuadirla.

—Está bien —musitó la mujer, y avanzó con rapidez hacia donde estaba su hijo, dejando lo que cargaba en el sillón contiguo, para luego sentarse al lado de él.

—¿Quieren beber algo? —inquirió Shikamaru, una vez que la rubia se había acomodado.

—Un vaso de agua —espetó alzando vista y haciendo otra vez contacto con los ojos rasgados del pelinegro.

—Jugo de la abue Yoshi —soltó con ternura Shikadai, captando de inmediato la atención de Temari.

—Acabamos de llegar, Dai. Creo que no corresponde pedirle a Yoshino-san que te preparé un jugo —señaló Temari mirando fijamente los ojos aguamarina del pequeño. Volteó el rostro hacia Shikamaru—. Cualquier juego envasado para él estará bien.

El mayor sonrió de medio lado.

—Mujer, no subestimes a mi madre —acotó en su tono habitual—. Puedo apostar que trae algo preparado.

La rubia frunció la boca.

—Ustedes consienten mucho a Shikadai —señaló sin saber si reírse o molestarse, al mismo tiempo que Shikamaru ahogó una risa. Segundos después el Nara enserió el rostro.

—Tal vez en algunas cosas lo consentimos, pero no al extremo de malcriarlo —la rubia que lo observaba con detenimiento, esbozó una sutil sonrisa.

—Voy a creerte.

Shikamaru sonrió feliz. Tener la confianza de ella era de vital importancia para él.

—¿Y qué opinas del sofá? —cambió el tema olvidándose por completo de Shikadai.

—Es muy cómodo —respondió la rubia, sin vacilar, ensanchando la sonrisa—, además todos los sillones son muy amplios y elegantes. Me gustan.

—Sí, fue una buena adquisición —afirmó embobado por la bella sonrisa que la ojiverde le regaló—. Aunque yo creo que cualquier sillón que hubiese comprado mi madre, hubiese sido más cómodo que esas reliquias que tanto atesoraba.

—¿Qué decías de mí, Shikamaru? —escuchar la voz de Yoshino a su espalda, lo puso de inmediato nervioso. Intentó de menguar el semblante y giró hacia ella.

—¿Yo?...nada —acotó llevándose la mano a la nuca, sin embargo, se dio cuenta del error. Bajó la mano al instante y la guardó en el bolsillo del pantalón. Siempre era problemático hablar de esos antiguos sillones con su madre.

—No estoy sorda, Shikamaru, escuché que me nombraste —insistió con seriedad, la mayor. Frunció levemente el entrecejo esperando la respuesta.

—Sólo les comenté que cambiaste los sillones de la sala —señaló con una sonrisa nerviosa.

—Ah, era eso —el semblante de Yoshino se normalizó. Aquello era señal de buen augurio.

—Po que estaban duros y vejos —intervino el pequeño soltando una risa.

—¡Shikadai! —lo regañó Temari, en voz baja, y el niño supo al instante que había hablado de más. Guardó silencio bajando de nuevo la mirada. Había metido en problemas a su papito y eso era lo que menos quería hacer. Interrumpir una conversación de manera graciosa, a veces, no era bueno. Mantener la boca cerrada mientras conversaban los adultos, sin duda, era lo mejor. Trataría de practicarlo de ahora en adelante.

—Esa es la verdad —reconoció Shikamaru, con voz calmada ante los ojos expectantes de Yoshino, dispuesto a zanjar el problemático asunto—, no podemos tapar el sol con un dedo. Esos sillones debieron ser cambiados hace, por lo menos, diez años atrás, ya que no era agradable sentase en ellos. Lo bueno de todo esto, es que mi madre lo comprendió y por eso decidió renovarlos. Escogió unos sofás mucho más blandos que los anteriores, y en serio, todos se lo agradecemos.

—Esos sillones tienen un valor sentimental para mí, por eso los tenía aquí —explicó la pelinegra en su tono habitual, provocando que Shikamaru alzara una ceja. Su problemática madre no había contraatacado. Eso era indicador que el problema estaba prácticamente solucionado.

—Y continuarán aquí, mujer —agregó Shikaku, saliendo de la cocina. Captando con rapidez la atención de todos los presentes—, sólo que en vez de estar en la sala principal ahora están guardados en la bodega. Esos sillones ya cumplieron su vida útil, sin embargo, nadie dispondrá de ellos. Continuarán guardados donde están, hasta que tú decidas lo contrario.

Las palabras del patriarca Nara hicieron feliz a Yoshino. El asunto definitivamente ya estaba zanjado. Shikamaru suspiró.

—Bueno, ya que todo se solucionó, iré a la cocina a buscar un vaso de agua y otro de jugo —señaló el pelinegro, con calma, comenzado a girar.

—Quédate aquí Shikamaru, yo los traigo —acotó la matriarca Nara, retomando el papel de anfitriona. Desvió la mirada hacia su nieto, quién todavía observaba de soslayo—. Mi niño, ¿quieres jugo de frutilla y unas galletas?

La dulzura con la que se dirigió a él, lo hizo sonreír de inmediato. Su abue Yoshi tal vez era problemática con su papá Shikamaru, pero no con él era un amor.

—Sí —acotó el pequeño, con entusiasmo, a sabiendas que la mayor aparte de prepararle un rico jugo, le traería una gran porción de galletas.

La pelinegra complacida con la respuesta de Dai, desvió la mirada hacia la rubia.

—Temari, ¿seguro que quieres beber sólo un vaso agua? —la mayor la observó con interés.

—Por ahora sí, Yoshino-san. Gracias —respondió la joven, con una semi sonrisa.

—Entonces los dejó por un momento. Iré a preparar el jugo de mi nieto y el resto de cosas —giró su cuerpo en dirección a la cocina, pero antes de avanzar sus ojos se enfocaron en su marido—. ¿Me acompañas Shikaku?

El hombre con curiosidad observó las muecas que a continuación le hizo su esposa, sin embargo, no sabía qué diablos le quería decir. Su mujer a veces era problemática hasta para comunicarse.

Yoshino frunció el entrecejo al ver que su marido no se movía. Shikaku al instante comprendió, tenía que seguirla sí o sí.

—Está bien, mujer, vamos —contestó con voz cansina, haciendo el amago de girar sobre sus talones, sin embargo, no lo hizo. Miró a Shikamaru. — ¿Vas a querer algo de beber?

Si Yoshino no le había preguntado. Tenía que hacerlo él.

—Un vaso de jugo, por favor —le respondió el pelinegro, y el mayor con calma giró y se fue junto a su mujer. Shikamaru extrañado los siguió con la vista hasta que entraron a la cocina. Tal parecía que su madre sólo quería brindarle espacio con Temari y el niño ¿o sólo se lo estaba imaginando? El pelinegro miró a sus invitados e intentó retomar su rol de anfitrión. —¿Esperamos a mi madre con los bebestibles o me acompañan a recorrer la casa? —su pregunta de inmediato atrajo la atención de ambos pares de ojos aguamarina—. Del balcón del segundo piso se puede apreciar perfectamente el sector del bosque que vamos a recorrer.

—Yo quero ver—espetó con entusiasmo el más pequeño y sin perder tiempo se levantó del sillón. El mayor dio un par de pasos en dirección hacia la escalera, siendo alcanzando al instante por el niño. Shikamaru al percatarse de aquello, lo miró con cariño, sin embargo, la rubia no venía con él. El pelinegro volvió a dirigir la mirada hacia donde ella estaba sentada.

—¿Nos acompañas? —inquirió mirándola expectante. Temari por reflejó posó sus ojos en él—. Te puedo garantizar que la vista es mucho mejor que años atrás —el pelinegro por inercia esbozó una semi sonrisa. Esperaba que ella no se negara a su petición.

La mujer con sutileza sonrió .

—Okey, iré con ustedes —espetó con un deje de resignación, colocándose al instante de pie. No tenía ninguna intención de recorrer esa casa, esa era la verdad, ya que con el solo hecho de haber ingresado a la sala, sintió un extraño sentimiento de nostalgia. Y no quería acrecentar esa sensación, sin embargo, no encontró un argumento con el cual excusarse. Así que a paso regular los alcanzó, para luego subir las escaleras junto a ellos.

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Luego de haber confirmado los dichos de Shikamaru, respecto a la hermosa vista que se podía apreciar desde el segundo piso, Temari y los pelinegros regresaron a la sala. Aquella melancolía que sintió en un comienzo, se disipó mientras contemplaba la frondosa arboleda desde arriba. El bosque se veía enorme y con mucha vida debido a trinar de las aves que se podía escuchar desde ahí.

—¿Me imagino que fueron a ver el bosque desde balcón? —inquirió Yoshino, sentada en uno de los sillones, al verlos bajar por las escaleras.

—Sí, el bosque se ve maravilloso desde esa ubicación —respondió la ojiverde, con una linda sonrisa.

—Sí, es una vista privilegiada —confirmó la mayor, sin dejarla de observar mientras descendía. Notó que la joven se veía mucho más feliz de que cuando la fueron a buscar a la residencia Uchiha —. Y lo bueno es que hoy podrán recorrerlo con un agradable temperatura ambiente, ya que no hace calor.

—Sí, hay bastantes nubes en el cielo —acotó la rubia acercándose al sillón donde se había sentado en un comienzo.

—Temari, dejé el vaso de agua sobre la mesita de centro, al igual que los jugos— espetó Yoshino consiguiendo que la ojiverde se detuviera.

—Gracias —acotó la joven para luego girar y tomar el vaso de ella y el de su hijo. Estiró la mano y le entregó el jugo al menor. Shikadai apenas lo recibió le dio un par de tragos, para luego fijar su mirada en su abuela.

—¿Y las galletas? —inquirió con interés, el pequeño. Yoshino lo miró con dulzor.

—Están en la mesita de centro —respondió en un tono cariñoso, provocando que el niño fijara de inmediato los ojos en la superficie plana. Era un plato enorme.

—Gacias abue Yoshi —espetó con alegría y con prontitud se acercó a la mesa, sacando unas cuantas galletas.

Yoshino sonrió complacida.

—No es nada mi niño, yo hago lo que sea por verte feliz —señaló viendo como Shikadai se acercaba hacia donde estaba sentada Temari y le regaba una galleta. Enseguida desvió la mirada hacia su hijo, quien todavía continuaba de pie contemplando a los ojiverdes, con una mano en el bolsillo mientras la otra sostenía el vaso. — Shikamaru, de ahí iré a llenarles unas botellas de agua para cuando salgan a recorrer el bosque.

El pelinegro apenas escuchó el comentario de su madre, volteó el rostro hacia a ella.

—No te molestes, yo lo puedo hacer —espetó con voz pausada, bebiendo enseguida de su jugo.

—No es ninguna molestia, Shikamaru —señaló en un tono demasiado ameno provocando que Shikamaru dejara de beber, y a su vez, levantara una ceja— Tú sólo debes preocuparte de acompañarlos.

El pelinegro sólo asintió y siguió bebiendo. No tenía la intención de contradecirla, ya que si estaba allí, era para cumplir ese rol.

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POV Tayuya.

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Luego de aparcar mi carro en el estacionamiento del centro comercial, fui en busca de Karin. En el último mensaje que me escribió, dijo que estaba en la cafetería del segundo piso, sin embargo, antes de ir a buscarla, recorrí parte del primer piso por si había algo que se me antojaba. Tenía que saciar las ganas de comprar. Luego de observar por media hora los escaparates, y decidirme por una cartera y unos lentes de sol, subí al segundo piso y a me acerqué a la cafetería que mi amiga indicó.

—Veo que se te atravesó una tienda en el camino —acotó con ironía, al verme a un par de pasos de la mesa que ella estaba ocupando. Sus ojos se posaron en la bolsa de compras que cargaba—. Ahora entiendo el porqué de tu atraso. ¿Cómo estás? —sus ojos peculiares me miraron con interés. Me conocía bien, sabía que algo me pasaba.

Con en el semblante serio me senté enfrente de ella y coloqué mi bolsa de compras en la silla que estaba desocupada.

—No estoy de humor —respondí secamente mientras sus orbes me seguían observando curiosos—, sólo te puedo decir que salí de casa con ansiedad de consumismo.

En ese momento, un camarero se nos acercó y aproveché pedir lo mismo que estaba comiendo Karin: un trozo de pastel y un café. Con la misma prontitud que el sujeto llegó se marchó. Karin al ver que éste ya estaba lejos, me miró con el rostro pensativo.

—A ver, déjame adivinar —su tono sardónico no se hizo esperar—. Tu marido hizo planes para este sábado y no te incluyó, ¿verdad?

—Bruja desgraciada, ¿cómo supiste? —inquirí furiosa. Odiaba su manera sarcástica de abordar los temas.

Me miró presuntuosa.

—Tu humor siempre gira en torno a Shikamaru —señaló con seguridad—. Es algo que he podido corroborar durante los últimos tres años—. Resoplé, tenía razón. Karin me conocía bastante bien—. Pero últimamente, tu malhumor ha ido en aumento, amiga, y creo que eso no está del todo bien.

Ella estaba en lo cierto, pero había una razón.

—Todo ha sido culpa de esa perra y su bastardo —espeté fastidiada, como queriéndome desahogar.

Karin me miró con seriedad.

—Tú sabías que existía una probabilidad de que ella podía regresar a Konoha—señaló certera—. Aunque era una probabilidad pequeña, ésta siempre existió.

Alzó la mirada de repente. Supuse que venía el camarero. Acerté. Dejó mi pedido enfrente de mí y luego se marchó. Esperé que se alejara y enseguida volví a fijar los ojos en el rostro de Karin.

—Lo sé, pero créeme que nunca pensé que lo haría —acoté con franqueza—. Mucho menos con un mocoso de Shikamaru a cuesta.

Tomé mi vaso de café y bebí. Karin hizo lo mismo.

—Pues dale gracias a Itachi Uchiha —señaló luego de separar el vaso de sus labios. El solo escuchar ese nombre me irritó.

—Ese imbécil y sus ocurrencias —refunfuñé apoyando el vaso de café sobre la mesa—. ¡Por qué no se quedó en el extranjero!

Mi amiga guardó silencio por un momento.

—Ya no puedes hacer nada para revertir eso, amiga —espetó Karin, con voz seria—. Temari y su hijo ya están en Konoha, así que no te queda más que enfrentar esa situación de la mejor manera, y eso significa no perder los estribos. —ella tenía razón, pero ¿cómo mierda mantenía la calma sabiendo que ahora esa perra estaba con mi marido? Karin que me miraba con detenimiento, frunció levemente el entrecejo—. ¿Y a dónde fue Shikamaru?

Resopleé.

—Fue a la casa de bosque, ya que habrá una celebración —respondí secamente—. No regresará hasta la noche.

Desvié la mirada hacia el vaso de café.

—¿Y tú por qué no fuiste? —apenas escuché la pregunta, cerré los ojos y suspiré. El rostro de esa malnacida apareció en mi mente—. Yo sé que no te gusta el campo ni el bosque, pero pudiste hacer el esfuerzo de acompañarlo —continué en silencio —. Y dime, ¿cuál de tus suegros está de cumpleaños?

—Ninguno, eso es lo peor —abrí los ojos y balbuceé con rabia.

—¿Entonces qué fue a celebrar? —inquirió, y yo de inmediato alcé la mirada. Me imagino que visualizó toda mi indignación.

—El cumpleaños de esa maldita —acoté provocando que ella abriera los ojos desmesuradamente.

—¿Y el Uchiha lo permitió? —preguntó mirándome con expectación. Yo sólo asentí —. Vaya, que civilizado es ese hombre… ¿pero me imagino que andan con el niño, no?

—Obvio que andan con él —señalé irritada—, y como broche de oro, también fueron mis suegros, ¿Qué te parece?

El asombro continuaba reflejado en su rostro.

—¿En serio? ¿Y de quién habrá sido la idea? No creo que haya sido de Shikamaru.

—No me importa saber de quién fue la idea —acoté con voz molesta y tajante, acercando nuevamente el vaso de café a mis labios—. Aunque pienso que fue Yoshino —bebí y acoté mentalmente: vieja alcahueta.

—Tranquilízate Tayuya —espetó Karin, mientas yo seguía bebiendo de vaso—, ese paseo o festejo puede que dure todo el día, pero sólo será eso: una celebración.

Dejé de beber café y la observé.

—No sé, últimamente comienzo a dudar de todo.

Karin arrugó el entrecejo enseguida.

—¿Acaso has visto a tu marido en algo sospechoso?

—¡No! —exclamé al instante, pero a los segundos dudé, ya que sólo podía hablar de lo que veía en casa—, creo que no.

—¿O sea que no estás segura? —insistió, y eso fue suficiente para desestabilizarme.

—¡No!, ¡no lo estoy! —señalé alterada—. ¡Maldición!, odio sentirme así.

Me llevé la mano libre a la cabeza y ella me miró con preocupación.

—Ya cálmate, Tayuya. No creo que entre ellos exista algo. Me imagino que planearon ese festejo sólo para consentir al niño.

Ese mocoso de nuevo salía a la palestra, pero era mejor creer que ese era el motivo del festejo, que imaginar que Shikamaru lo había planeado sólo para tener una oportunidad con esa malnacida.

—Shikamaru me dijo lo mismo, pero la verdad es que no me gusta verlo cerca de esa mujercita —me sinceré. No sé, por qué tenía un mal presentimiento desde hace días.

—Ya no te imagines cosas que no son, Tayuya —acotó Karin, terminado de comer el último pedazo de pastel—. Ahora olvídate de ese festejo por unas horas y pensemos en todo lo que podemos comprar en este centro comercial.

Su entusiasmo activó mis ansias de consumismo al instante. Era la mejor forma de mantener la cabeza ocupada.

—¡Uf!, hay tantas cosas que me gustaría comprar —espeté viendo a Karin acabar su café.

—Entonces apresúrate con ese desayuno, que tenemos una tarjeta de crédito que gastar —señaló dejando a continuación su vaso vació sobre la mesa. Tomó una servilleta de papel y se limpió la boca.

—Está bien, me apuraré —respondí con una sonrisa—. Gracias por escucharme.

—Para eso están las amigas —acotó mientras yo me echaba un trozo de pastel a la boca. Con prontitud, masqué y tragué.

—Se supone que nos íbamos a juntar, porque me ibas a contar tus últimos dramas con Suigetsu —Karin rió al escucharme.

—Lo mío puede esperar, no es tan grave —agregó al mismo tiempo que yo continuaba comiendo—. Sabes, el otro me encontré con Jirobo y me dijo que hace semanas no sabía nada de ti.

—No he hablado con él ni con los demás desde que Shikamaru comenzó a frecuentar a su hijo —espeté con franqueza. El regreso de esa mujercita había provocado que me alejara de mis amistades. Aislarme con mis problemas no estaba bien—. Voy a llamarlo en los próximos días.

—Y de tu padre, ¿has sabido algo? —aquella pregunta me sorprendió. Hace casi un año nadie me preguntaba por él.

—No, pareciera que se lo hubiese tragado la tierra —le contesté con el semblante serio—. Tampoco ha contactado a mi primo Kimimaro.

—Tal vez suene cruel, pero es lo mejor para ti. Orochimaru tenía negocios muy extraños.

Karin tenía razón, y eso que no conoció a todas las amistades de mi padre. Eran de lo peor.

—Sí, seguro que eran negocios fraudulentos —agregué. Quizás hasta estaba muerto.

—Lo bueno es que no te involucraste y tampoco ensuciaste tu imagen.

Esbocé una sonrisa falsa. Karin ignoraba muchas cosas que había tenido que hacer por mi padre. El rostro de ese otro malnacido de repente apareció en mi mente, sin embargo, no me afectó. Si ambos estaban muertos, seguro sus almas se quemarían eternamente en el infierno. Era lo que se merecían.

—Sí, nadie puede decir nada de mí.

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CONTINUARÁ…

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Gracias por leer, espero que les haya gustado el capítulo.

Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor. Yo los amo con el corazón :D

Durante la semana responderé los reviews pendientes. Siento mucho la demora.

Disculpen también las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré (ayyy Kami... quién sabe cuándo lo haré).

Nos vemos en mi próxima actualización, les deseo un lindo fin de semana a todos.

Besos y abrazos.