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Holiii. Hacía mucho tiempo que no me pasaba por aquí, pero me apetecía ponerme a prueba e intentar participar en algún foro ya que nunca lo había hecho antes. Tengo la escritura muy apartada y para ser sinceros, lo echaba de menos.

Es un short fic de cuatro capítulos, siguiendo el tema que me han dado en el reto. La condición era proponer un problema para la OTP elegida (en este caso Draco y Hermione), y ver si son capaces de solucionarlo.

En mi caso, me ha tocado que los padres de uno de ellos se oponen a la relación.

Espero que os guste el enfoque que he querido darle.

Ahora sí, os dejo con el primer capítulo espero que os guste.


DISCLAIMER: Los personajes que aparecen en esta historia no son de mi propiedad. Pertenecen a J.K. Rowling.

Este fic participa en el Reto #47: "Larga vida a tu OTP" del foro Hogwarts a través de los años.


PARTE I.


HOGAR.

— ¿Realmente tenemos que ir?—preguntó Draco mientras se apoyaba en el marco de la puerta, cruzando los brazos sobre el pecho en un vano intento por no mostrar la tensión evidente que había en su voz.

Pero ella pareció notarlo porque levantó la cabeza haciendo que sus miradas coincidieran a través del diminuto espejo del baño.

Un par de ojos castaños lo fulminaron desde el otro lado de la estancia con tanta intensidad que Draco no pudo evitar encogerse levemente. A pesar de que debía estar aterrado -porque si algo había descubierto con el paso del tiempo era que Hermione Granger tenía más temperamento del que nunca llegó a imaginar-, no pudo evitar sentir el irrefrenable deseo de admirarla durante un breve momento.

Estaba de pie frente al lavamanos, levemente inclinada hacia delante, haciendo más profundo el escote del vestido que había elegido para la ocasión. Era blanco, ajustado en la cintura y vaporoso hasta el suelo y no tenía mangas, así que sus hombros y parte de la espalda quedaban al descubierto, dejando ver una gran extensión de piel bañada por un sinfín de pecas. Pecas que él adoraba y que ya se había encargado personalmente de lamer, chupar incluso morder para su disfrute personal. No había parte de su cuerpo que no lograra sacar su parte más visceral. Llevaba el pelo recogido sobre la nuca y a Draco casi se le dibujó una sonrisa en los labios al notar que ni aún usando magia, era capaz de mantener sus salvajes rizos a raya. Algunos mechones castaños se habían escapado del peinado y caían sobre sus hombros desnudos, formando un pequeño caos dentro de la perfección que tanto se había esmerado en construir.

Contuvo el impulso de alzar la mano para apartarlos. Sabía que no debía invadir su espacio personal cuando estaba molesta por algo. Y, claramente, ese era uno de esos momentos.

—Por su puesto que tenemos que ir.—respondió ella tajantemente a la vez que se giraba de nuevo hacia el espejo, frunciendo el ceño al comprobar que sus intentos de controlar su pelo habían fracasado. Ni siquiera lo miró mientras se colocaba otro pasador en algún lugar estratégico bajo la nuca. —Es el cumpleaños de mi padre.

Hermione gruñó desesperada cuando otro par de mechones salieron disparados del recogido volviendo a su estado natural. Exasperado, Draco dio un paso hacia el interior de la habitación hasta situarse detrás de ella lo suficientemente cerca como para poder oler su perfume. Solo Merlín sabía lo mucho que le gustaba su aroma, como también sabía lo mucho que se estaba conteniendo para no abalanzarse sobre ella y follarla contra aquel dichoso espejo.

Pero no lo haría. No al menos hasta ver el rumbo tomaba aquella conversación.

Con un gesto casi mecánico, Draco extendió una mano hasta arrebatarle los pasadores a Hermione. Con la mano que quedaba libre, fue amontonando todos los rizos rebeldes teniendo sumo cuidado con no rozar su piel en ningún momento. No creía ser capaz de tocarla sin querer más y más. Notaba la mirada de ella sobre cada movimiento que hacía, como lo estudiaba a través del espejo casi sin querer. Como si fuera alguna clase de misterio que debía resolver. Como si fuera intrigante. Como si lo fascinara y retara constantemente.

Entendía a la perfección aquel sentimiento. A él le sucedía lo mismo cuando se trataba de ella.

Con gestos circulares Draco fue enredado mechones de su cabello entre los dedos para luego situarlos en la parte posterior de su cuello.

—Ya sabes a lo que me refiero, Hermione.—dijo él todavía sin atreverse a conectar su mirada con la suya. Deslizó un pasador consiguiendo atrapar los rizos en una bonita espiral dentro del recogido. Cuando bajó la mano acarició suavemente la extensión de piel desnuda, suave y aterciopelada, que había detrás de su oreja. Sus dedos se anclaron allí, masajeando un punto concreto, intentando liberar algo de tensión. Como siempre, Hermione se estremeció ante su tacto y fue entonces cuando Draco murmuró:—Estás preciosa...

Como respuesta Hermione suspiró pesadamente, como si de repente estuviera muy cansada. Esa no era la reacción que Draco esperaba recibir con su cumplido.

—No tienes que venir si no quieres. No estás obligado a hacerlo.

Los dedos de Draco pararon durante un instante. Realmente se sentía despreciable por sacar ese tema precisamente en ese momento, pero sería algo estúpido fingir no ver algo que era tan evidente.

—Quiero ir. —dijo él, reanudando las caricias sobre su piel. Ella no lo frenó así que lo tomó como una iniciativa a que continuara:—Pero no estoy seguro de que tu padre pueda frenar las irremediables ganas que tiene de asesinarme.

Hubo un tenso silencio en el cual solo se oía el sonido de sus respiraciones.

Fue entonces cuando se atrevió a mirarla. De nuevo sus ojos conectados a través del espejo. No era tristeza lo que emitían, pero era algo muy parecido. Algo que logró que su pecho se encogiera. Hermione sabía que él tenía razón, que su padre nunca aprobaría aquella relación por mucho que lo intentara. Y por Merlín, sí que lo había intentado. Llevaban tres años saliendo juntos. Tres maravillosos años en los que Draco se había esforzado al máximo por caerle bien a aquel muggle al que debía llamar suegro. No sabía el motivo por el que el señor Granger había decidido que no era digno de su hija, pero aquel rechazo flotaba sobre ambos como una niebla. De vez en cuando se disipaba, pero en situaciones y momentos como ese amenazaba con explotar y convertirse en una tormenta capaz de arrasar con todo. Incluida su relación.

Fue ella quien dio el primer paso. Se giró como pudo entre el reducido espacio que quedaba entre los dos e incluso llevando tacones, Hermione tuvo que alzar la cabeza para poder mirarlo a la cara. Draco contuvo el aliento cuando ella alzó los brazos para rodear su cuello con las manos. Ese simple tacto lo hizo arder, pero fueron sus ojos los que lograron arrebatarle el aliento. Lo miraban fijamente y sin apenas pestañear, como si intentara absorber cada pedacito de su alma. Como si realmente fuera capaz de meterse dentro de él y ver más allá.

Realmente era la única persona que había mirado el desastre que había dentro de su corazón y no había salido corriendo. Y era la única a la que dejaría hacerlo.

Ella y nadie más que ella.

Hermione le acarició el cuello con la punta de los dedos, de la misma forma que había hecho él con ella minutos atrás. Había cierta seriedad en su rostro pero cuando habló, su voz sonaba suave y dulce como la miel.

—¿Sabes porque quiero que vayas a esa fiesta conmigo, Draco Malfoy?

Draco no pudo evitar mirar su boca cuando dijo su nombre. Y ella sabía el efecto que eso causaba en él puesto que se relamió los labios de una manera para nada inocente.

—¿Para que pueda follarte en tu habitación como la última vez que visitamos a tus padres por Navidad?—murmuró él mientras se agachaba un poco solo para que sus miradas quedaran a la misma altura. Sus manos se cerraron con más fuerza sobre su cintura cuando notó su reacción.

Hermione respiró profundo ante aquellas palabras y Draco supo que recordaba aquel momento tan bien como él. De pronto fue como si fuera capaz de visualizarlos a ambos desnudos sobre la que había sido la cama de Hermione durante buena parte de su infancia, piel con piel, jadeando mientras intentaban buscar la liberación del otro.

Salvajes, frenéticos, desatados.

Como respuesta, ella le tiró con fuerza de un mechón de pelo rubio de su nunca. Draco soltó un quejido de dolor.

—Eso no volverá a suceder, Malfoy.—respondió Hermione indignada.

—¿Estás segura?—su voz era ronca y grave.—No escuché ni una queja por tu parte entonces.

—No me diste oportunidad para hacerlo.—Hermione deslizó las manos desde su cuello hasta rostro y tiró de él en su dirección hasta que sus frentes quedaron juntas y sus labios casi se rozaron.—Prácticamente te abalanzaste sobre mí.

—Y ten por seguro que volveré a hacerlo.—dijo él mientras pasaba las manos por su cintura, deslizando los dedos justo por el vértice donde comenzaba la piel desnuda de su espalda— Este vestido lo merece.

De pronto se hizo el silencio y la expectativa hizo que a Draco se le acelerara el pulso.

—Quiero que vayas a la fiesta porque es una celebración familiar.—susurró entonces Hermione cuando sus labios rozaron la piel cercana a su boca. —Y tú eres mi familia, Draco. Eres parte de mi vida. Nunca sería capaz de renunciar a ti.

Y de pronto, Draco pudo sentirlo. Fue como un cambio brusco de temperatura. Del frío al calor en cuestión de segundos. Una especie de electricidad le recorrió el cuerpo en forma de oleadas. Fue la forma en que sus ojos color café se clavaron en los suyos, la forma en la que sus dedos se enterraron desesperadamente en la piel de su rostro, como si de aquella forma pudiera conectarse con él, que él fuera parte de ella y de nadie más. Hermione se acercó más y cerró los ojos cuando presionó sus labios contra los suyos. No fue un beso erótico ni sexual. Fue tierno, suave y perfecto. Como ella.

Eso era el amor, pensó Draco. Encontrar el hogar en una persona. Ser cobijo, refugio, y sustento. Realmente se sentía el cabrón más afortunado del mundo porque él tenía todo eso y más.

La tenía a ella.

Cuando se separaron, Hermione todavía tenía los ojos cerrados y la manos enredadas en su rostro, como si se negara a dejarlo ir tan pronto. Draco apoyó su frente contra la suya. Por un momento solo se oyeron el sonido de sus respiraciones entrelazadas.

—Supongo que podré hacer el esfuerzo de soportar otra fiesta llena de muggles borrachos y diciendo gilipolleces sin sentido.—murmuró él sobre su piel.

Hermione alzó la cabeza para mirarlo de nuevo y un brillo maligno apareció en su mirada.

—Bueno, si te aburres demasiado siempre puedo hacerte un tour privado por mi habitación...

Draco curvó sus labios ante aquel atrevido ofrecimiento. Se inclinó hacia ella lo suficiente como para que notara lo emocionado que estaba cierta parte de su anatomía.

—Creo recordar que tenías un precioso escritorio bajo la ventana, Granger. —susurró mientras pasaba las manos por la parte baja de su espalda, justo por el extensión desnuda de su piel. La sintió estremecerse bajo su tacto y supo que estaba imaginando lo mismo que él.

Como respuesta a sus caricias, Hermione se inclinó hacia él, hasta que sus pechos estuvieron unidos, aunque esta vez sus labios buscaron su cuello y fue dándole pequeños besos hasta llegar a su oído.

—Y si te portas bien...—susurró despacio, no sin antes pasar la punta de la lengua por el lóbulo de su oreja—,dejaré que me folles donde quieras.

Draco gruñó y sin poder evitarlo más, puso una mano tras su nunca y tiró de ella hacia él hasta que sus bocas volvieron a chocar, aunque esta vez no fue nada suave. Fue tan lascivo como se sentía cuando la tenía cerca de él. Cuando logró reunir el poco autocontrol que le quedaba, la alejó con suavidad y le ofreció una mano, mientras hacía una reverencia, mostrando el porte y la elegancia heredada de los Malfoy. Hermione sonrió mientras entrelazaba sus dedos con los suyos y Draco pensó que no podía ser más hermosa. Con los labios enrojecidos, las mejillas sonrosadas y los rizos, de nuevo, fuera de su fallido peinado.

—Señorita Granger. —murmuró mientras se llevaba los nudillos de su mano a su boca y los rozaba levemente. La miró desde aquella posición absurda y sonrió solo un poco cuando observó que ella estaba haciendo todo lo posible por no soltar una carcajada:—¿Me permite el honor de ser su acompañante esta noche?

Hermione respiró profundo mientras lo miraba, como si meditara aquella idea durante un momento.

—Esta noche...—respondió con una suave sonrisa adornando sus labios y los ojos brillando como caramelo fundido—Y todas las que vendrán después, señor Malfoy.


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