Una semana después y se encontraba sentada en una de las mesitas de madera que había en la feria. Sus amigas habían ido por algodón de azúcar y Maki se había quedado a cuidar el puesto.

El parque de diversiones era magnífico. Todas parecían estar pasándolo bien, a excepción de la chica escarlata, que llevaba todos estos últimos días deprimida.

Aún recordaba el rostro de Nico, tan roto y en verdad parecía muy golpeada por las palabras que le había dicho Maki.

La ojivioleta se arrepentía mucho.

Lo peor de todo es que después de aquella pelea se había encontrado con la pelinegra. Al igual que otra veces, la había fastidiado con sus amigas, sólo que había algo diferente.

Cuando la estaba insultando, no tuvo ni una vez la oportunidad de observar sus ojos fijamente, Nico siempre parecía evitarlos o de alguna manera la insultaba desde lejos, sin querer acercarse.

Ya comenzaba a desesperarse, porque Maki quería ver ese color carmín que le quitaba el aliento. Se sentía cómo una necesidad, una ridícula y patética necesidad de ver sus ojos para poder estar en calma consigo misma.

No había ayudado en nada el nuevo pensamiento acerca de la pelinegra: querer besarla.

La quería besar y eso la asustaba, era otra necesidad que le hacía temblar de pies a cabeza cada vez que la veía.

Observaba el rostro de Nico y sin poder evitarlo los ojos se le iban a su boca, tenía los labios más hermosos del mundo y Maki solamente tenía unas desesperantes ganas de morderlos y besarlos hasta que le dolieran sus propios labios.

Suspiró ¿Qué rayos le estaba sucediendo? No creía que fuera muy normal el soñar todos los días con la misma chica y desear besarla. Más si no era su amiga, más bien lo contrario.

Era la chica que le hacía la vida imposible y allí estaba Maki, suspirando por la pequeña pelinegra.

Cada vez... cada vez más las palabras de Nico hacían eco en su mente "¿No será que estás enamorada de mi?"

Y en verdad, Maki intentaba convencerse de que no era así, imposible. No, era una locura.

-¿Maki-chan, estás bien?-preguntó Nozomi, acercándose a su amiga. Llevaba una gorrita de tanuki en la cabeza, que había ganado en unos juegos.

-Sí, claro. -mintió de forma mediocre, sabía con antelación que si le contaba a sus amigas respecto a su problema, ellas comenzarían a delirar.

-¿Quieren ir a las tazas giratorias?-preguntó Anju al llegar, habían rastros de azúcar en sus labios.

-¡Será divertido, vamos!-animó Nozomi, jalando a Maki y a Tsubasa de las manos, hasta llegar a la atracción y montarse en ella.

Estaban bajándose de los carritos cuando vieron a lo lejos al grupito del salón, parecía la realidad despotricaba sobre la suerte de Maki.

Todo le salía mal, y para joder más las cosas allí estaba Nico, igual de hermosa que siempre.

Llevaba un vestido negro y el cabello suelto en ondas, reía mientras iba de la mano con Kou y entrelazaba su brazo con el de Eli.

Quería besarla, quería besarla y quería que la tierra se tragara a Kou. Esa era una gran idea rondando en su cabeza.

Soltó un gran suspiro y tomó a Nozomi de la mano, quería alejarse de ellos a como diera lugar.

-Nozomi-ah, ¿quieres ir a la montaña rusa?-preguntó con una sonrisa a su amiga, ella parecía feliz.

-¡Claro!

-Vamos todas-dijo alegremente Tsubasa y las cuatro se fueron a la atracción, dejando a los otros atrás.

Maki logró respirar tranquila por unos segundos, eso hasta que fueron a comprar palomitas de maíz y casualmente allí estaba Nico. Tenía que ser una cruel broma de la escritora, ¿no?

De inmediato los ojos de Nico la vieron pero apartó la mirada, sin dejar a Maki ver sus ojos rubies por más de un segundo. Bufó irritada y se rió un poco, al ver cómo Anju intentaba comer palomitas, lanzándoselas, pero estas chocaban en su nariz. Pero ella sólo podía observar a Nico.

La pequeña pelinegra sonreía mientras lamia un helado de fresa «era su favorito porque ya la había visto comerlo varias veces, así de acosadora era» más el estómago se le revolvía al verla dándole besos a su novio. Parecía querer tragárselo con el helado y casi le entraron arcadas.

Maki quería besarla, besarla y borrar el sabor de ese idiota de los labios de Nico.

Le dolía el pecho, a horrores, sentía una fuerte opresión en el corazón y otra vez los ojos le ardían. «Mierda, mierda, mierda», maldecía una y otra vez. Sus manos temblaban e intentó ignorar la escena que se desarrollaba frente a ella.

Habló un rato con sus amigas, charlaban de cualquier cosa pero cada tanto volteaba a ver a Nico, la pelinegra ahora estaba sentada en el regazo de Kou mientras el chico le besaba el cuello.

Dolor, dolor y enojo. También odio hacia el chico, pero más que todo, enojo contra Nico.

No sabía porque se sentía así, tan mierda. Todo le dolía, era horroroso y ella no encontraba explicación de su comportamiento.

Se levantó bruscamente de la silla, sus amigas la observaron preocupadas, Maki llevaba toda la semana rara y parecía que está noche estaba peor que nunca.

-¿Está todo bien, Maki?-preguntó Tsubasa, claramente preocupada por su mejor amiga e intentó tocarle el hombro.

Maki se apartó delicadamente. Mostró una sonrisa forzada, pero no podía engañar ni a un ciego.

-Claro, sólo... sólo necesito ir al baño-dijo observando con suplica a sus amigas, para que la dejaran marcharse sin pedir explicaciones.

-Bueno, si tardas mucho pensaremos que el inodoro te tragó-intentó bromear Anju y recibió una débil sonrisa de su amiga.

Maki caminaba rápido, intentando alejarse de la asquerosa pareja que había en la mesa cercana a ella.

Fue hasta detrás de unas carpas de franjas rojas y no se había dado cuenta, pero apretaba los puños tan fuertemente que sus nudillos estaban blancos. El dolor seguía, le encogía el corazón, y ahora no sabía qué hacer. Comenzó a pensar en los ojos rubíes, en su risa, sus labios.

«Oh, mierda». Ahora sentía sus mejillas húmedas y al abrir los ojos se percató de cual era la razón, estaba llorando.

-¿Qué...?¿Por qué yo... ?-intentó explicarse así misma mientras secaba sus lagrimas con el dorso de la mano.

Se sentía muy ridícula. ¿Por qué lloraba? ¿Qué era esté dolor? Ella nunca lloraba, llevaba años sin hacerlo y esperaba que así hubiera quedado, no lloró ni cuando murió su adorada planta de tomates.

Llorar apestaba, de seguro le iba a doler la cabeza y lo peor era que no sabía por qué lloraba.

Todo era culpa de Yazawa Nico.

Ella era quién la hacía confundir, querer besarla, matarla, darle un golpe, abrazarla hasta romperle los brazos y besarle todo el rostro. Todo a la misma vez.

Todo por culpa de esa maldita enana de la cual estaba jodidamente enamorada.

Abrió los ojos, sorprendida ante la revelación. No. Mierda. No podía, no podía, o ya lo estaba, era tarde, eran dos años tarde, se había jodido.

-No... -murmuró entre dientes mientras ahora las lagrimas calientes caían con más intensidad-. ¿Era por eso? ¿En serio? ¿Al final, ella tenía razón? Se preguntó así misma. Al parecer, Nico siempre iba un paso más adelante que ella.

Tenía razón, Maki estaba celosa «Eso sería poco, estaba muerta de celos» cada vez que la veía besar a Kou.

Siempre la miraba todo el tiempo porque la ama, sus ojos la volvían loca sólo porque la amaba, sus palabras siempre le dolían el doble porque la amaba tanto, que los insultos de ico la herían profundamente y siempre la encontraba increíblemente atractiva todo porque estaba enamorada de ella.

Se dejó caer en la grama y rodeó sus rodillas con los brazos, los jean y las mangas de su camiseta se estaban mojando por el rocío del césped.

¿Desde hacía cuánto?¿Cuándo fue a pasar de detestarla a amarla?

Conclusión: ella nunca la odió, ella odiaba estar tan colada por Nico. Por eso en primer año creía detestarla, pero en realidad era todo lo contrario.

Duró una hora llorando todo lo que no había llorado durante dos años, desde que conocía Nico.

Lloraba por haber sufrido, lloraba porque ella tuviera novio y por lo que más lloraba, era porque Nico no sentía absolutamente nada por ella, que no fuera desprecio y odio.

A Maki nunca en su vida se le ocurriría decirle, además, seguro sacaría provecho y se burlaría de ella el resto de los dos años que le quedaban.

Definitivo, amar era una mierda y la ojivioleta ya estaba clara de eso.