Aviso: antes de leer el capítulo, véanse el manga de Citrus de Saburouta.

Maki estaba abriendo la puerta levemente, evitando emitir cualquier ruido, no queriendo despertar a la bella durmiente, aún. Su esposa le había ordenado despertar a la niña, sus suegros se encontraban en un crucero por el mediterráneo y las dos adultas estaban encargadas de cuidar de la adolescente, hace dos semanas desde que llegaron a la casa.

Despertar a la chica de dieciséis años ya formaba parte de la rutina, ya que Maki era la única capaz de interrumpir el sueño de la chica sin terminar lastimada. Si su esposa intentaba despertar a su hermana menor normalmente terminaba golpeada por una almohada o recibía quejidos negativos de la niña, por esa razón Maki era la encargada de levantarla todas las mañanas.

- Eh, despierta, bella durmiente - comenzó diciendo la ojivioleta, sentándose en el borde de la cama y sacudiendo levemente sus piernas.

- Mmm - fue lo único que recibió como respuesta.

Maki inspeccionó el cuarto de la chica, aun sin levantarse de la cama, algunas revistas y la ropa regada por el suelo. El ordenador estaba encendido y mostraba la aplicación de iTunes abierta, parecía que alguien se quedó hasta tarde escuchando canciones de µ's .

Maki sonrió, era en parte su culpa que la adolescente tuviera una obsesión con esa banda y la música clásica ya que desde pequeña la ojivioleta le regalaba discos de sus artistas favoritos para su cumpleaños.

- Vamos, bonita, tienes que despertar - Maki insistió una vez más lanzándose juguetonamente sobre el pequeño cuerpo de Yazawa Yuzu bajo las mantas.

Yuzu volvió a gruñir acurrucándose más en la cama e intentando apartar a su ojivioleta favorita de encima, aun no entendía cómo su hermana soportaba ser despertada por Maki todos los días. Era muy entusiasta y lo peor era que le daba resultado, siempre las dos hermanas Yazawa terminaban obedeciendo a Nishikino.

- No, Maki-chan, vete - dijo jadeando por falta de aire cuando Maki volvió lanzarse aplastando su estómago -. ¡Ahg!

- Si no quieres otro ataque sorpresa, levántate - la amenaza iba enserio y Yuzu sabía eso.

Aun así, se resistió, ayer había durado hasta tarde escuchando música y mirando por la ventana, ella quería dormir al menos unas...doce horas más, si, aquello se escuchaba de maravilla.

- Déjame.

- Pero ya es de mañana, tienes que ir al instituto - le intentó quitar la almohada de la cabeza forcejeando durante un rato.

Ahora por culpa de la ojivioleta la rubia estaba más despierta de lo que quería estar. Y si, rubia. Hace unos años que Yuzu dejó el castaño atrás y empezó a teñirse de rubio. Ella gruñó nuevamente. Se resignaba a moverse de la cama, eso hasta que algo de lo que dijo Maki le llegó con claridad a la cabeza: instituto.

De un salto se incorporó en la cama, logrando hacer caer a Maki de culo al suelo. Yuzu se rió un poco, su cuñada podría tener veintisiete años, pero a veces era casi tan infantil como ella. Ni hablemos de su hermana, Nico aún saltaba por los regalos el día de Navidad.

- ¡Tengo que cambiarme, se me hace tarde! - la menor de los Yazawa pegó un salto corriendo al cuarto de baño, parecía entre emocionada y feliz.

- Pero ¿Ahora por qué tanto entusiasmo? - Maki rascaba su cabeza formando una mueca ya que le dolía el trasero ¿Por qué los pisos de madera debían ser tan jodidamente duros? ¿Cuál era la necesidad?

Yuzu volvió a salir del baño quitándose el pijama y cambiándose a trompicones por unos short y un jersey, Maki alzó su ceja observando el apuro de la chica.

- Descuida, bonita, aún faltan veinticinco minutos. Puedes llegar- aún así, Yuzu le miró sacándole la lengua y con los ojos brillantes, cepillando su cabello.

- No tiene nada de malo ser puntual ¿Verdad?-contestó la chica.

Maki cruzó los brazos contra el pecho, mientras sonreía a la chica. Durante estos años la adolescente había crecido tanto, ya no era la pequeña niña amante de los videojuegos y el helado, ahora era hermosa y el parecido con su hermana era asombroso. Eran dos gotas de agua, la misma esencia, actitud y gestos. Nadie podía dudar que Sofía y Camila eran hermanas.

- Claro, vamos bajando. Nico-chan hizo el desayuno- señaló la puerta mientras la abría.

Yuzu hizo una seña con la mano, mientras se aplicaba labial color melocotón a sus labios.

- Ve bajando tú, dile a Nico Ni que ella puede esperarme unos cinco minutos más - sonrió pero aún seguía concentrada en su proceso de maquillaje.

Maki así hizo, pero mientras bajaba las escaleras no pudo evitar pensar en que últimamente notaba cambiada a Yuzu. Bueno, desde siempre la chica se había acostumbrado a vestir coquetamente y a maquillarse, Nico y Eli fueron las que le llevaron a su primera vez a la peluquería y quienes le enseñaron a Yuzu a maquillarse.

Por eso no era extraño ver a la menor arreglarse tanto, pero lo que si cambiaba era el hecho de que se despertaba temprano y se vestía con una sonrisa de oreja a oreja, sus ojos verdes siempre mostraban un brillo peculiar al saludar a las chicas por la mañana.

Maki y Nico vivían en una casa diferente, así que nunca se había percatado de la actitud de Yuzu ya que no la veían tan constantemente. Pero desde hace ya un tiempo, cuando eran los días festivos y ella y Nico pasaban el día en la casa de los Yazawa, la había notado diferente.

Durante esas dos semanas de estadía en la casa, cuidando a Yuzu, ella comenzaba a sospechar. Pero como saben Maki era muy lenta, por esa razón aún no descifraba el extraño comportamiento de su cuñada, aunque la ojivioleta había pasado por esa etapa también.

Ella casi se lamentaba, Cocoro tal vez ya sabría qué pasaba pero debía estar ocupada en el extranjero con su novio, según ella Las Bahamas era muy exótico e interesante.

Al entrar a la cocina se encontró con su esposa, el amor de su vida, de espalda cocinando unos huevos fritos mientras tarareaba una canción. Su cabello negro, ahora hasta la cintura, caía libremente. Maki sonrió, de pronto recordando lo corto que era el cabello de Nico en la secundaria, pero no importaba como luciera la ex animadora para la ojivioleta seguía siendo la mujer más hermosa que conocía.

- ¿Hiciste algo productivo y despertaste a Yuzu, Nishikino?- lo dijo en un tono de broma y Maki casi podía sentir su sonrisa.

- Claro, solo que es igualita a ti y le encanta arreglarse para deslumbrar los pasillos de la escuela con su belleza- respondió acercándose mientras abrazaba a Nico por la espalda y le dejaba un beso en el cuello.

Nico casi respingó y apartó a Maki riendo, la ojivioleta amaba escucharla.

- ¡Maki-chan! Casi me haces quemar la comida- Maki amaba aún más cuando la pelinegra la llamaba con ese mote cariñoso, no importa qué edad tuviera casi siempre le decía así.

- No es mi culpa que tu luzcas tan sexy ¡Aun con ese delantal sucio! - rió otra vez dejándole otro beso en el cuello a pesar de las quejas de su esposa.

- Si terminamos comiendo carbón es tu culpa, Maki- pero aun así Nico apagó la estufa y apartó la sartén a un lado.

Maki lo sobrentendió como el permiso para seguir dándole cariño sin peligro de quemar la cocina, hizo girar a Nico entre sus brazos hasta quedar frente a frente. Estaban muy cerca y los ojos carmín de su esposa la observaban con el mismo brillo de enamorada que siempre le había visto, Maki frotó dulcemente su nariz con la de su esposa.

- No importaría, yo igual comería cualquier cosa que cocinaras- le dio un pico en los labios a la pelinegra.

Nico arqueó las cejas divertida.

- ¿Y Yuzu?

- Ella puede comer en la cafetería, te recuerdo - se encogió de hombros dándole otros dos besos castos a su esposa.

- Eres imposible, Maki-chan -rodó los ojos envolviendo el cuello de la ojivioleta con sus brazos y fundiendo sus labios en un beso más largo y pasional.

Escucharon unos pasos en la escalera y Yuzu entró saltando.

- ¡Buenos días a todos! - estaba sonriendo y tomando una manzana de la isla central cuando las vio aún inmersas en su mundo - Dije: ¡BUENOS DÍAS!

Maki y Nico se separaron soltando un gruñido de exasperación, la ojivioleta apoyó la frente contra la de la pelinegra maldiciendo.

- Te escuchamos a la primera, Yuzu -Nico bufó robándole un beso a su chica antes de zafarse de sus brazos y comenzar a servir el desayuno a su hermana- No tienes por qué gritar, enana.

- Con qué cara me dices así, soy más alta que tú - Yuzu se sentó mientras comenzaba a comer su desayuno, lo hacía lentamente- No tendría que repetirlo dos veces si ustedes no se encontraran tan ocupadas besándose.

Maki soltó una suave risa, sentándose en otra banqueta de la mesa, miraba divertida la discusión de las dos hermanas Yazawa. Solo faltaba la mayor de las tres y ya sería una guerra civil. Nico rodó los ojos nuevamente apartando un mechón de cabello de su frente y escondiéndolo tras su oreja, sirvió el jugo de la menor.

- Estamos casadas, es lo que normalmente se hace, Yuzu.

- Aun así deben recordar que hay una chica en la casa ¡Qué pensaría mamá!- Yuzu amaba fastidiar a Nico, le guiñó el ojo a la ojivioleta.

- ¿Chica? Pareces más una bebe de cinco años, otra vez- le dio un golpecito a su hermana en la cabeza, después volvió al fregadero a limpiar los trastes- . Y para que te enteres, mamá y papá también lo hacen, enana.

- Deja de decirme así ¡Nuggets, dile a la cascarrabias que no se meta conmigo y que soy más alta!- Yuzu le dijo a la ojivioleta utilizando su arma secreta, llamándola por su apodo cariñoso y un puchero increíblemente adorable.

Maki se derritió ante la niña e iba a hablar cuando Nico se dio la vuelta cruzándose de brazos y mirando a su hermana.

- ¿Tan bajo has caído, porque sabes que Maki está de mi lado? - la acusó.

- No sé de qué hablas - Yuzu sonrió inocentemente.

- Claro que sabes ¡Solo le llamas así cuando quieres llevarla a tu bando!

- Eso no es verdad ¿Yo hago eso, Nuggets? - otra vez la cara de perrito y Maki tuvo que morderse el labio para no reír.

- No creo - afirmó.

- ¡Maki-chan!

Las dos chicas comenzaron a reír mientras Nico soltaba una carcajada sarcástica y volvía a su tarea de lavar los platos, Maki se levantó dejando comer a Yuzu, para darle un beso en la mejilla a su esposa. Amaba picar a la pelinegra solo para ver su reacción.

- Ah no, no vengas ahora ¿Por qué no vas con Yuzu, Nuggets?- Nico dijo corriendo el rostro para evitar los besos de su chica en la mejilla.

Maki volvió a sonreír.

- ¿Alguna vez te he dicho lo condenadamente atractiva y tierna que luces cuando estas enojadas? - la ojivioleta le mordía la oreja cariñosamente logrando que a Nico le temblaran las piernas.

¡Demonios! La pelinegra aún no se creía que después de tantos años Maki seguía teniendo el mismo afecto en ella que como cuando eran jóvenes.

- Creo...que lo has mencionado - tuvo que tragar para poder hablar con fluidez, Maki seguía lamiendo el lóbulo de la oreja ahora.

- Perfecto, porque si lo eres y te amo de esa forma - comenzó a bajar sutilmente hasta el cuello dejando besos en su paso, mientras sus manos acariciaban la espalda y el brazo de Nico.

Los platos sucios ya habían sido olvidados, Nico mantenía los ojos cerrados absorbiendo cada detalle del tacto de Maki.

- Tú me amas de cualquier forma, cabeza de tomate- Maki mordió sensualmente el cuello de la pelinegra logrando que Nico soltara un leve gemido que intentó aguantar mordiendo su labio.

- ¡Maki! - le chistó en voz baja.

- Es tu culpa, sabes que cuando me llamas de esa forma me prendes demasiado. Eres taaan sexy -Maki sonrío sobre la piel de la pelinrgra.

Nico asintió, ella sabía el efecto que tenía ese nombre específico en Maki.

Por alguna razón le parecía increíblemente excitante, tanto que una vez cuando Nico, en su época universitaria, muerta de celos por la compañera de habitación de Maki se lo gritó en pleno pasillo y la pelea terminó de otra forma.

Nico había ido a visitarla ese día y encontró a esa imbécil pelirroja coqueteando con su novia, Maki no había hecho nada, es más, la rechazó varias veces, pero Nico estaba cegada por los celos y las dos comenzaron a gritarse frente a todos. La pelea terminó cuando Nico le dijo algo como: ¡Cállate la boca, cabeza de tomate!

De alguna forma terminaron con la ojivioleta cargándola sobre sus hombros hasta la habitación de la facultad en donde dormía, Nico le golpeaba la espalda, pero aun así Maki no la soltó hasta que la tumbó en la cama y terminaron besándose desesperadamente. Cabe resaltar que esa noche Maki le hizo el amor hasta hacerle entender a la pelinegra que cada rincón de su alma le pertenecía a Nico, la ojicarmín comprendió claro y fuerte el mensaje.

Tanto Nico como Maki siempre habían adorado sus extrañas formas de reconciliación, eran muy...dinámicas, por así decirse. Pero en ese momento no podían, Maki estaba besándole el cuello de tal manera que incitaba a Nico a hacerle el amor de inmediato. ¡Por el amor de Dios! Yuzu estaba en la mesa, a tan solo unos pasos ¡En la misma habitación! Su madre le pegaría con la chancla si hacía algo como eso frente a su hermana adolescente.

- Maki...Yuzu...está aquí - dijo con el poco autocontrol que tenía.

Para el lamento de la ojivioleta era cierto, dejo de besar el cuello de su esposa, escuchando un suspiro de ella, y volteó a ver alarmada si Yuzu las había estado observando. Para su alivio, y también confusión, no era así.

- Nico-chan, creo que ella ni siquiera está aquí presente... - susurró observando a la rubia menor revolver su desayuno con el tenedor, ausentemente.

Nico, ya un poco más recuperada, giró el cuerpo para ver a su hermana. Allí estaba el cuerpo de Yazawa Nico, sentada, pero sus ojos parecían en otro lugar mientras miraba al vacío. Parecía estar pensando en algo...o en alguien, de un momento a otro Yuzu sonrió tontamente y sacudió la cabeza para salir se su ensoñación. Nico y Maki se miraron, acercándose un poco más pero en ese momento con motivos de confidencialidad.

- No creo que sea normal ¿Verdad? - dijo Maki.

- ¡¿Cómo va a ser normal que sonría de la nada, Maki-chan?! - susurró la pelinegra palmeándole el estómago con el dorso de la mano - . Yuzu lleva ya un tiempo así, es obvio lo que sucede.

Maki meditó las palabras de su esposa, intentado encontrar alguna de las miles de razones por la cual la chica menor actuaría así ¿Drogas? ¿Nervios? ¿Hambre? No es hambre si ella ya está comiendo, idiota ¿Guardaba el secreto de un duende mágico? ¿Que, mujer?¡¿Qué?!.

Nico, observando el hámster girando en una rueda trabajando forzosamente en la cabeza de la ojivioleta, restregó su rostro con una mano ¿Por qué Maki era tan lenta? Algunas veces Tsubasa le recordaba que fue un milagro que Maki se le declarara de primero en el baile, porque al ritmo que iban en esa época, si fuera por la ojivioleta ella nunca se hubiera enterado del enamoramiento de Nico hacia Maki.

- ¡¿En verdad no sabes?!

- Ehh ¿Recordó un chiste muy bueno?- sonrió culpable y sabía que estaba claramente equivocada cuanto Nico bufó.

- Nishikino, ella obviamente está en las nubes porque...bueno, posiblemente está enamorada - dijo la última palabra en un pequeño susurro mientras sonreía y las dos adultas volvieron a ver a Yuzu.

Yuzu seguía distraída, pero al menos ya había ingerido la mayor parte del contenido en su plato. Maki le miraba sin creérselo, ahora el entusiasmo y el brillo en sus ojos tenían más sentido ¡Su niña favorita estaba enamorada! En cambio, Nico le miraba dulcemente, comprendiendo por fin que su hermana estaba creciendo y tal vez experimentando el primer amor, se identificaba con ella misma ya que cuando Nico descubrió que estaba enamorada de Maki, en su juventud, actuaba igual.

Pero ahora la pregunta principal era clara: ¿De quién estaba enamorada?

Nico sospechaba que la ojivioleta también se hacía esa pregunta, ya que de un momento a otro estaba sentándose junto a Yuzu con un rostro entre sorprendido y travieso. Nico pestañeó ¿En qué momento Maki había llegado allí?¿Le preguntaría tan directo? No, seguro que no, Maki no eran tan imbécil.

- Así que...Yuzu-chan- Maki comenzó captando la atención de una sonriente Yuzu.

- ¿Si, Maki-chan?- otra sonrisa de oreja a oreja.

Nico le sonrió a su hermana, acercándose también, Maki se inclinó sobre la mesa.

- ¿Estas enamoradas de alguien o como es la cosa? - preguntó sin ningún tacto.

Las dos hermanas Yazawa abrieron los ojos como platos. Nico en estos momentos quería pegarle un porrazo a su ojivioleta por tremenda pregunta ¡Si era lo suficientemente imbécil como para preguntarle! ¿Cómo no la detuvo? Llevaba años viviendo con ella y conocía a su esposa, por Dios.

- ¡MAKI! - le retó, Maki levantó los brazos.

Pero de alguna forma las dos chicas habían acertado, Nico lo confirmó al ver el rostro completamente sonrojado de Yuzu hasta la coronilla, se retorcía las manos mientras alternaba los ojos de su hermana a la ojivioleta.

- Yo no, no, claro que...bueno, no... -Nico se moría de ternura, Yuzu miraba a los lados mientras negaba con la cabeza, se preguntaba cómo era posible que su hermana actuara algunas veces de forma tan similar a Maki.

Tal vez la razón se debía a la gran cantidad de tiempo que pasaron juntas cuando Yuzu era una cría, había adquirido algunas mañas de la ojivioleta.

- Yuzu, cariño... - Nico intentó hablarle dulce, para calmar a su sonrojada hermana.

Antes de siquiera poder decir algo el móvil de Yuzu comenzó a sonar, ella vio la pantalla casi desesperada y un suspiro de alivio se escapó de sus labios. Se levantó de un salto de la silla, sonriendo nerviosamente y dándole un beso en la mejilla a su hermana y a Maki rápido.

- Harumin ya llegó por mí, me tengo que ir ¡Chao! - se despidió con la mano mientras cargaba su mochila y salía pitando de la cocina, Maki pestañeó de lo rápido que fue la escena-. ¡Las veo en la tarde, las quiero!- gritó desde la puerta mientras salía.

Escucharon el ruido del carro arrancar y quedaron en silencio, aun en la misma posición. Maki fue la primera en salir del estupor.

- ¿Será Harumi?

Nico también reaccionó dándole otro golpe en el brazo.

- ¿Cómo pudiste preguntarle algo así? La pobre se espantó de que supiéramos su secreto- se volvió para seguir lavando.

Maki masajeó su brazo, estaba adolorido ya que la pelinegra tenía una gran fuerza para ser tan delgada.

- Tu hermana me hizo lo mismo una vez, fue igualito - se defendió.

- Cocoeo es Cocoro y tú eres Maki, no tienes justificación- ella dijo aunque después recordó la pregunta anterior de Maki.- ¿Podrá ser Harumin? No estoy tan segura, no creo que le gustaran las chicas, aparte es su mejor amiga y siempre luce tan normal al hablar de ella.

Maki apoyó la barbilla sobre el brazo acomodando en la mesa, parecía estar pensándolo.

- Puede, pero una nunca sabe ¿Verdad? ¿Qué otro amigo tiene Yuzu? -arrugó el ceño, Nico estaba divertida ya que ahora Maki se mostraba sobreprotectora.

Nico repasó la lista de amigos de Yuzu mentalmente, sólo conocía personalmente a Harumi y a una pelirosada llamada Matsuri, del resto solo los había escuchado de la boca de su hermanita. Desistió con la idea, en cualquier momento terminaran enterándose.

- Algún día Yuzu nos va a decir, claro, eso si se le pasa el susto que le diste - le regañó a Maki.

Ahora Maki se sentía un poco culpable pero aun así agarró una manzana del mismo lugar que Yuzu y le dio una mordida, estaba jugosa.

- Créeme, si se enteraba Eli primero no la hubiera asustado, ella directamente ya habría ido a buscar el chico para interrogarlo- las dos sonrieron abiertamente reconociendo que la rusa si reaccionaría así, era como una hermana para Yuzu, suerte que estaba de viaje de negocios.

Nico siguió lavando mientras hablaba con Maki sobre invitar a Nozomi y a su équeña de once meses, Mari, a cenar para que no se sintieran tan solas en casa. Que mala suerte que Tsubasa y Honoka seguían de luna de miel y Anju estaba tan lejos, hacían falta.

- ¿Crees que soy tan obvia?- Yuzu apretaba sus cuadernos contra el pecho, ella y Harumin caminaban por el pasillo para ir al casillero de Zoe, donde estaban los otros.

La chica de ojos avellana junto a ella ladeó la cabeza, sonriendo por los nervios que mostraba su amiga, aun se moría de risa al recordar cómo había llegado Yuzu a su auto con el rostro tan rojo como un tomate y le había apresurado a arrancar.

- Algo así, puede - sólo dijo para picar a su mejor amiga que ahora estaba dándose golpes con el cuaderno, soltó una carcajada - Descuida Yuzucchi, no eres tan obvia ¿Por qué preguntas?

Yuzu, ahora un poco más calmada, le miró de reojo decidiéndose si contarle de la vergüenza que pasó con su hermana y Maki en la cocina. Optó por hacerlo e hizo rabieta cuando Harumin no hizo nada más que reírse muy fuerte de la miseria de la rubia ¡Maldito traidora!

- ¡Oh, Yuzucchi, fuiste atrapada! - Yuzu le dio un golpe con su cadera.

- ¡Por eso te pregunto si soy tan obvia!

A lo lejos vieron al grupo en el mismo lugar de siempre, Zoe le sonrió mientras le animaba a acercarse.

- No te preocupes, no lo saben...o al menos no todos- susurró malvadamente ganándose un golpe de la pelirubia, a Harumi menos le podía importar.

Yuzu respiró hondo mientras llegaban y saludaban a todos.

Eran sus amigos desde siempre, Matsuri y Sara pertenecían al mismo equipo de animadoras al igual como lo hizo Nico, mientras que Harumi, Nina y Momokino estaban en el equipo de softball femenino. Según ellas, aquel deporte era más dinámico que el soccer o fútbol americano y menos agresivo, Yuzu no pertenecía a ningún club. Ninguno llamaba su atención lo suficiente, pero le encantaba jugar al voleibol en la clase de deporte, tal vez considerara unirse este año.

- ¿Por qué tardaron tanto?- Nina sonrió burlonamente a las dos chicas.

Desgraciadamente algunos en el grupo bromeaban que entre Yuzu y Harumi existía algo, estaba muy alejado de la realidad ya que en verdad Harumi estaba colada por Matsuri desde el año pasado. Pero igual la pelicastaña no tuvo problemas y respondió por las dos con una sonrisa.

- Es obvio, Yuzu se entretuvo en el baño pensando en mí - por comentarios como este las fastidiaban, Yuzu le dio un golpe a la vez que volteaba los ojos.

Nina y Sara rieron por aquel mal chiste, ellas sabían que no había algo en verdad serio pero a Matsuri no le cayó tan bien el chiste. Ou, aquí pasaba algo. Yuzu le sonrió a su amiga para calmarla, millones de veces la rubia le había confesado a Matsuri que no sentía nada por Harumi y aun se preguntaba por qué esas dos no se ponían de novias ya.

- Ya, ya hablando en serio - dijo Nina secándose una lágrima.

- Estaba terminando de comer, no mucho- Yuzu se encogió de hombros.

- ¡Eh, Mei, Momokino! - gritó Sara llamando a alguien tras ella, logrando que el corazón de Yuzu saltara fuertemente al escuchar ese nombre. Ya estaba aquí - ¡Apúrense!

Yuzu quería actuar normal, tenía que hacerlo, si Maki se había dado cuenta (Considerando que era Maki era algo grave) ahora todos podrían y eso era lo que ella menos quería. La única que sabía acerca de su enamoramiento era Harumi y se lo dijo nada más a ella porque se sentía segura con su mejor amiga.

- No era necesario gritar, chica - Momokino se frotaba la cabeza mientras llegaba, sonrió a Harumi y a Yuzu, que seguía aparentando no estar congelada.

- Hola, cejas-chan- dijo Matsuri con un tono juguetón de broma. recibiendo como respuesta que Momokino revolee los ojos.

Momokino le dio un beso en la mejilla a Yuzu, riendo por su expresión tensa, y preguntando qué le sucedía a los que todas responden que lo mismo de siempre. Yuzu sentía su pulso acelerarse, Mei y Momokino eran mejores amigas de toda la vida, pero la que en realidad le afectaba y la hacía sentir miles de mariposas en el estómago era la pelinegra.

(¿Irónico, verdad? Y las otras dos idiotas seguro siguen sentadas en la cocina pensando quién será el chico que trae loca a Yuzu. ¿Por qué siempre deben asumir que es un niño?)

- ¡Venga, Mei-chan, deja de leer y saluda! – le dijo Nina y Yuzu contuvo las ganas de voltearse a ver a la pelinegra.

Mei era una chica blanca, de un largo cabello negro sedoso y ojos purpuras oscuros en los cuales Yuzu siempre se perdía. El día que la conoció ya Yuzu podía entender cuando de joven Nico decía que amaba los ojos de Maki, sólo que la rubia menor estaba enamorada de unos ojos púrpuras. Casi semejante al tono de Maki.

- Claro que no dejaré de leer en la mejor parte, Nina, debería bastarles con mi presencia sin yo tener que hablar - como siempre la pelinegra no despegaba los ojos del libro, se encontraba al lado de Yuzu.

- Nerd- le dijo Matsuri, y todas rieron.

(Por que sin bullying no hay amistad, ven)

A diferencia de Yuzu, que sólo le gustaba leer revistas, Mei se tragaba los libros y los disfrutaba casi tanto como Maki.

- ¿No vas a saludar?- Harumi se hacía la ofendida.

Mei, sin ser consciente aún de Yuzu junto a ella, levantó el rostro sonriendo con sarcasmo a su amiga.

- Vale, hola a todas ¿Feliz? - las chicas se rieron al ver el rostro de Harumi ante la respuesta, incluso Yuzu soltó una pequeña risa y allí fue cuando la pelinegra la notó, se le quedó mirando -. Hola, Yuzu.

Yuzu detuvo la risa casi de inmediato mientras se calmaba a ella misma, volteó a ver a Mei con una sonrisa dulce mirando tímidamente sus ojos.

- Hola, Mei -las dos chicas se sonrieron, no despegaban sus ojos de la otra.

Harumi se aclaró la garganta para sacar a las chicas de su burbuja, siempre era lo mismo y si seguían así todas caerían en cuenta.

- Esto es injusto ¿Por qué a Yuzu si la saludas y a mí, tú atractiva amiga, no?- Nina dijo mientras fingía limpiar una lágrima inexistente de sus ojos - ¡Me ofendes, Mei-chan!

- Idiota, puede que tal vez porque ella no es tan ridícula como tú - le dijo acomodando un mechon de cabelo atrás de su oreja, era una manía que tenía.

- ¡Vamos, Nina, sabes que Yuzu siempre ha sido su favorita! No intentes competir contra eso- Harumi le dio un empujón en el hombro mientras todos se reían.

- Hablan puras tonterías- resopló Mei mientras volvía a mirar el libro pero parecía nerviosa.

Yuzu reía como tonta, al igual que sus amigas, con un rubor muy pronunciado en su rostro y ninguna de las dos chicas se atrevía a cruzar miradas. Era muy vergonzoso. Tuvieron que separarse para ir a clases, Mei, Nina y Yuzu fueron juntas a la de Historia. En el camino el conserje, de mayor edad, miraba con recelo a Yuzu cada vez que pasaba junto a él.

- ¿Siempre seguirá rencoroso?- Nina se acomodo el cabello mirando divertido al señor amargo.

Yuzu resopló, un poco exasperada, aunque también sonreía.

- Con la fama que tiene mi apellido creo que nunca me mirara de otra forma- se lamentó, todo era culpa de Nico.

- ¿Qué habrá hecho tu hermana cuando era estudiante como para que te odie tanto? - la chica volvió a comentar.

Yuzu también se lo preguntaba, no recordaba mucho esa época ya que apenas tenía seis años, pero según lo que su madre y Nico le habían contado su hermana fue un poco traviesa de joven. Ahora por culpa de aquello tenía que calarse las miradas de advertencia del pobre conserje, que en un pasado fue el encargado de limpiar todos los desastres de Nico y su grupo.

- Ella una vez mencionó una guerra de comida - las dos chicas la miraron y ella se encogió de hombros - Dice que fue divertido.

Nina silbó, claramente impresionada, mientras que la pelinegra seguía leyendo muy concentrada. Maki siempre tenía que aferrarse a alguien para caminar leyendo sin tropezar, en estos momentos sujetaba el bordillo del jersey de Yuzu y la rubia no podía estar más alegre.

- Deberíamos hacer una- Nina dijo.

- Claro, serás tú sola la que limpie el comedor después, genia- Mei dijo con el mismo sarcasmo de siempre, la rubia le sonrió.

Entraron al salón y como todos los días tomaron asientos cerca del otro, Nina a la izquierda de Yuzu y Mei frente a ella dejando a la rubia la vista de su espalda y el olor del cabello pelinegro a su disposición. Le gustaba mucho que Mei se sentara frente a ella. Durante la clase Yuzu se dedicó a pensar en lo mismo que la invade la cabeza desde hace dos años: Mei.

Estaba enamorada de ella, quería decírselo, pero tenía miedo de no ser correspondida más el hecho de que fueran mujeres. Mei era de mente abierta y no la rechazaría por aquello. Pero Yuzu no podía estar segura de lo que sentía la pelinegra hacia ella, algunas veces era dulce con la rubia e incluso la atrapaba mirándola a escondidas, pero Mei era fría y calculadora. No se abría a todo el mundo, a ellos porque eran sus amigas, pero casi nunca hablaba de sus sentimientos. Pero Yuzu podía hacerse esperanzas, creía que podía tener alguna, ya que algunas veces Mei la trataba de forma diferente a los demás, como si confiara plenamente en Yuzu. La rubia con el paso de los días había llegado a enamorarse de sus rarezas y sus defectos, se preguntaba qué pensaría la ojipúrpura de ella.

- Hola, Yuzu -un chico de su clase, Hiroshi, a su derecha le saludó en plan seductor.

Ew. Hiroshi otra vez, no. Ese chico llevaba ya cuatro meses intentando sacarle una cita a Yuzu, era irritantemente insistente, aunque la rubia siempre se mostraba amable con él ya que era buena persona. Otra cosa por la que Yuzu evitaba hablar con él: Cada vez que Hiroshi le trataba de coqueteos Mei se aislaba aún más si es posible en su libro y se le amargaba el humor. Yuzu siempre rezaba por todos los dioses a que fueran celos por ella y no otra cosa...como que a Mei le gustara Hiroshi, sería desgarrador.

- Shh, Hiroshi, hay que prestar atención a la clase - le sonrió cortésmente.

- Claro, preciosa - el chico le dio un guiño antes de mirar al frente.

- Idiota - dijo la pelinegra casi en un susurro aun leyendo mientras daban la clase, Nina la miró y parecía querer reír.

Yuzu se hundió en su asiento y esperó pacientemente a que salieran a la hora del almuerzo para que Mei volviera a sujetarse de su jersey para caminar por el pasillo. Por suerte fue así, la rubia casi suspiro de alivio frente a las chicas al ver a Mei aferrarse a ella otra vez mientras caminaban a la cafetería. Era increíble la capacidad que tenía la pelinegra para leer a todas horas sin cansarse, Maki le decía a su hermana que era una extraña habilidad de fangirls. Ya estaban sentados en una mesa, hablando animados entre ellos, cuando Hiroshi se deslizó en el asiento vacío junto a Yuzu y todos le miraron interesados, excepto Mei que seguía leyendo.

- Hola, Hiroshi ¿Que te trae por aquí? - Harumi arqueó una ceja y todos miraron a Yuzu que se ruborizó.

No podía ser ¿Algún día la dejaría tranquila?

- Vengo a ver a mi chica - sonrió a la rubia mordiendo una patata frita robada del plato de Sara.

- No soy tu chica, Hiroshi- Yuzu remarcó mirando de reojo Mei, la pelinegra parecía ajena a todo, se sintió un poco decepcionada por la falta de interés.

- Aún no- Hiroshi seguía sonriendo como si fuera super atractivo ¡Por favor!

- Y tal vez nunca- Matsuri susurró y las chicas en la mesa tuvieron que aguantar la sonrisa.

Hiroshi pasó por alto su comentario masticando lentamente, aun con sus ojos avellana clavados en Yuzu.

- Podríamos solucionar eso, Yuzu ¿Ya, al fin, dejaras hacerte del rogar y saldrás conmigo?

Yuzu se revolvió incómoda en su lugar, volvió a buscar la mirada de Mei y se encontró con unos ojos purpuras que la observaban atenta y fruncía el ceño.

- Eh, no Hiroshi, no quiero salir contigo - respondió mirando a Yuzu pero desvió los ojos ruborizada para que nadie en la mesa se percatara de a quien veía.

Hiroshi no parecía desanimado, le excitaba que lo rechazara ya que veía a Yazawa Yuzu como un reto.

-Hoy me dirás que sí, tengo mis métodos, Yuzu- le apartó un mechón de pelo de la frente, Yuzu se hizo para atrás, antes de levantarse e irse.

- ¿Que insistente, no creen? Ya va un buen tiempo- Momokino le miraba hasta que el chico fue a su mesa con sus amigos.

Matsuri se rió del rostro consternado que tenía Yuzu, la rubia le fulminó con los ojos.

- Creo que no se rendirá, Yuzu-chan.

La rubia esperaba que ya lo hiciera, le estaba sacando de nervios esa misma escena casi todos los días. Le lanzó otra mirada furtiva a Mei que sacudió la cabeza en negativa y volvió sus ojos a las páginas del libro. Sería un día difícil. Y Yuzu tenía razón, casi pega un brinco cuando un grupo de chicas de primer año la rodearon frente a su casillero. Sus amigas, y casi todos los estudiantes en el pasillo, veían interesados a la pobre Yazawa Yuzu intentando de apartar a las jóvenes.

- Necesito irme, chicas- Yuzu sonrió un poco nerviosa ya que sus amigas la esperaban para irse en el auto.

- ¿Por qué no sales con Hiroshi? Él quiere que aceptes - una castaña que le sonreía inocente, le habló.

- Cierto, sal con él, anda - insistió otra chica.

- Es un buen chico, sal con él.

- Vamos, Yuzu, dile que sí.

Todas las chicas le insistían para que aceptara salir con Hiroshi, la rubia un poco mareada por tantas personas hablándole al mismo tiempo, buscó por el pasillo entrecerrando los ojos.

Allí estaba Hiroshi, recostado sobre los casilleros, con sus amigos y le hizo una seña antes de sonreír. ¿Cómo no lo había visto? En los ojos del chico se leía prácticamente Ahora me tendrás que decir que si, preciosa Eso era jugar sucio. Yuzu suspiró y estaba casi rendida, las chicas no paraban de hablarle y ella se preguntaba cómo las convenció el chico para que aceptaran hacer esto.

- Solo queda una salida, preciosa- Hiroshi le miraba divertida.

Yuzu quería hablar, pero las chicas no la dejaban y seguían convenciéndola:

- Por favor, Yuzu-chan.

- Sal con él.

- Te divertirás, dile que sí.

- Yuzu, anda.

Yuzu. Yuzu. Yuzu. La rubia iba a explotar, estaba a segundos de aceptar salir con el chico cuando un ruido seco la detuvo.

Mei, estaba con sus amigos, había cerrado el libro que sostenía de golpe y mantenía los ojos cerrados.

- Por favor ¡Denme un respiro, señor! - dijo sin gritar, pero con voz clara y audible logrando callar a las de primero, le dio su libro a una divertida Matsuri.

Antes de darse cuenta ¡PUM! Mei se dirigía a Yuzu con decisión, apartó a las chicas y la tomó de la muñeca. La rubia pensaba que la sacaría de allí, al fin, pero se mostró confusa al ver que la pelinegra las arrastraba a ellas dos directamente a donde estaban Hiroshi y sus amigos. Sintió un ligero dolor en el pecho ¿Mei le insistiría a Yuzu que saliera con el chico para que las de primero dejaran el fastidio? De sólo pensar eso quería llorar. Mei las hizo plantarse frente al chico castaño que miraba entre sorprendido y divertido a la chica rubia.

- Oh, gracias, Mei ¿Piensas echarme una ayuda con tu testaruda amiga? - mostró su brillante dentadura a lo cual Mei puso los ojos en blanco.

- Para nada, venía a aclararte que Yuzu nunca en la vida saldrá contigo - los ojos purpuras le miraron con irritación, Yuzu se le quedó viendo ¿Qué estaba sucediendo?

Hiroshi borró su expresión triunfal y frunció el ceño, mirando a las dos chicas.

- ¿Por qué? Si se nota que Yuzu quiere- volvió a sonreír sacando aún más de quicio a la rubia.

- Dios, dame paciencia - bufó fastidiada antes de rodear la cintura de Yuzu con un brazo y atraerla a ella.

Mei con el otro brazo rodeó el cuerpo de la rubia, eran del mismo tamaño, apretándola más contra su cuerpo antes de besarla, colocando sus labios entre los de ella dulcemente y cerrando sus ojos. La pelinegra sabía que era el primer beso de Yuzu, también era el de ella, por esa razón movió los labios delicadamente al compás con los de Yuzu intentando recordar lo que había visto en las películas.

Yuzu estaba en shock, helada, veía con los ojos abiertos como la chica de sus sueños la estaba besando ¡¿Entienden?! ¡Era real! (¿Dónde estaba la cámara?)

Su sangre comenzó a hervir bajo la piel a la vez que cerraba los ojos y correspondía al beso torpemente, no tenía experiencia, colocando las manos en los hombros de la pelinegra, pero sin intención de apartarla. La rubia sentía un cosquilleo hasta los pies, no le importaba que todos la estuvieran viendo, ella estaba en otro mundo sintiendo la calidez de la boca de Mei contra la suya. Pero tan rápido como empezó también acabó, fue muy rápido y cuando la pelinegra se apartó de Yuzu la pobre niña estaba mareada y pestañeando mientras veía a Mei. Mei, ignorando los estudiantes boquiabiertos y el rostro rojo brillante de Yuzu, clavó sus ojos en el chico que al contrario estaba pálido y mirándolas con los ojos como platos.

- No saldrá contigo ¿Entendido? - alzó una ceja, el chico no podía hablar y ella lo tomó como una afirmativa - Perfecto. Andando, Yuzu.

Tranquilamente se dispuso a irse, pero al ver que la rubia seguía mirándola como embobada en el mismo lugar, se sonrojó levemente antes de rodar los ojos y tomar la mano de Yuzu, llevándola a la salida.

- Vamos, chicas - dijo indiferente pasando al lado de sus amigas, todo el pasillo estaba en silencio, llevaba aun a Yuzu de la mano e ignoraba sobre todo la sonrisa satisfactoria en el rostro de Matsuri.

Sus amigas, o la mayoría, casi tan sorprendidas como la misma Yuzu, la siguieron dejando el pasillo directo al aparcamiento. Yuzu no era consciente de a dónde la llevaba, sólo sentía las mariposas más alborotadas que nunca y caminaba con paso flojo.

- Mei-chan ¿Se puede saber qué fue aquello? - Momokino fue la primera en interrogar siguiendo el apresurado andar de las dos chicas en el aparcamiento.

- Te digo después.

- ¡Mei, por el amor de ...! ¿Qué estabas pensando?- Sara también la retaba, aunque no parecía sorprendido.

- Eso fue fascinante- Nina sonreía muy abiertamente e intercambio miradas con Matsuri.

- Si, creo que debiste hacerlo hace días, Hiroshi estaba insoportable- Harumi estaba sacando las llaves de su convertible.

- ¡¿Hacerlo hace días?! No entiendo nada ¿Por qué ustedes no parecen impresionados? - Momokino exigía explicaciones, al parecer ella era la única pérdida.

Bueno, ella y Yuzu que claramente no esperaba aquel arrebato de la pelinegra.

- Descuida, Momokino, te explico de camino a mi casa - Sara la tranquilizó sujetándola del brazo y llevándola a rastras a su vehículo junto con Nina y Matsuri- ¡Hasta luego chicas, nos vemos mañana!

- ¡Me llamas apenas llegues a casa, Aihara Mei! - Momokino dijo antes de que la obligaran a entrar por la puerta del conductor, Mei parecía cansada.

- Mei, Mei- Harumi sacudía la cabeza chasqueando la lengua - Al menos tenías que avisar ¿Viste cómo has dejado a la pobre Yuzu?

Mei le vio, ahora un poco tímida, Yuzu aún parecía con la cabeza en el beso y estaba muy sonrojada mirando a la pelinegra con ojos abiertos e intentando hablar.

- Tu...eh...tu me...me...me...Oh, Dios - Yuzu sólo conseguía balbucear unas pocas palabras coherentes. Definitivamente de chiquita había pasado mucho tiempo con Nishikino Maki.

Mei se mordió el labio, ahora si parecía avergonzada, mientras un suave rubor subía a sus mejillas y sacudía la cabeza.

- Olvídalo, solo llevémosla a casa - insistió. Por supuesto, con lo tonta que había dejado a Yuzu, como para caminar sola, era lo menos que podía hacer.

Yuzu completamente tímida subió a los asientos traseros del automóvil de Harumi, Mei iba de copiloto. El viaje fue silencioso, Mei miraba por la ventanilla mientras Harumi se burlaba de ella ya que no tenía su acostumbrado libro. En cambio, Yuzu seguía repitiendo la escena de su primer beso una y otra vez con los ojos cerrados ¿Por qué Mei había hecho eso? Quería saber, pero temía que si preguntara la respuesta no le gustara.

- Hogar, dulce hogar - Harumi las dejó frente a la casa y el corazón de Yuzu dio un vuelco al ver a Mei siguiéndola a la puerta.

Ninguna de las dos hablaba, Yuzu no podía ya que el fuerte golpeteo constante en su pecho no le permitía y con suerte logró abrir la entrada. Escuchaba voces en la sala de estar, serían Nico y Makki con alguna amiga, pero las dos chicas fueron directas a la cocina.

- ¿Quieres algo de tomar? - Yuzu dijo con en voz baja y mirando al suelo, sin esperar respuesta ya estaba abriendo la nevera y sirvió dos vasos de agua.

Mei observaba todos sus movimientos y eso colocaba más nerviosa a la rubia ¿Qué pasaría ahora? Las manos de Yuzu temblaban mientras le extendía el vaso a su amiga aun sin mirarla. Mei le ayudó a sujetarlo y sus manos se tocaron, Yuzu contuvo el aliento.

- ¿No vas a decirme nada? - sorprendentemente quien habló fue la pelinegra.

Sus ojos se encontraron por fin y Yuzu no hizo otra cosa que sonrojarse, estaba mirando directamente al cielo púrpura en los ojos de Mei. La otra chica se comenzaba a sentir nerviosa por los ojos verdes mirándola de esa forma tan especial que tenía Yuzu de verla.

- Yuzu ¿No piensas decirme algo? - volvió a preguntar y ahora ella se ruborizó al ver que Yuzu sólo la miraba - ¡Yuzu!

- Ah...oh - dijo la mencionada balbuceando y mordiéndose el labio - Yo no sé qué decir.

- Bueno...yo si tengo algo que decirte - Mei se armó de valor, tragando audiblemente y dejó el vaso en la encimera mientras se acercaba a la rubia- ¿Yuzu?

Yuzu sentía la carne de gallina y deseaba que Mei la volviera a besar, bajó su mirada a sus labios y volvió a verla a los ojos un poco aturdida retrocediendo hasta quedar con el borde de la mesa contra su espalda.

- ¿Si? - dijo con un hilo de voz.

Mei parecía en extremo nerviosa, miraba a los ojos verdes, pero luego desviaba la vista a otra parte, en segundos pareció decidida mientras colocaba sus dos manos a en la pequeña cintura de Yuzu logrando que esta respingara.

- Yo...

- Tu...- comenzó Yuzu ya que estaba desesperada por escucharla.

- Yuzu, yo...desde hace un tiempo...yo creo, creo que... - la lengua de la chica pelinegra se trababa y miraba suplicante a la rubia.

Mei nunca hablaba de sus sentimientos y por eso aquello se le hacía tan difícil, pero Yuzu no tenía idea cómo ayudarla...al menos que...

- Mei, yo estoy...estoy - decía lentamente, pero la pelinegra abrió los ojos antes de callarla colocando un dedo en sus labios, Yuzu se estremeció ante el contacto.

- Yo quiero decirlo, necesito hacerlo, para no sentirme tan cobarde - suspiró hondo, otra vez mirando profundamente los ojos de Yuzu- Yo creo, no, no creo. Estoy enamorada de ti, Yuzu- Mei cerró los ojos un poco asustada

Yuzu sentía el pecho cálido y ahora si quería llorar era de alegría, se abrazó fuertemente a la pelinegra rodeando el cuello con sus brazos mientras sollozaba.

- ¿Yuzu? ¿Qué sucede? ¿Por qué lloras? - obviamente Mei estaba muy preocupada y envolvió a la niña en sus brazos, se sentía tan bien decir lo que sentía, pero ahora pensaba que Yuzu lloraba por que la rechazaría - Perdona, no quise decir eso, no llores - hundió su nariz en el suave cabello.

- No...te disculpes, perdona...yo estoy muy feliz - decía entre hipos mientras se separaba ligeramente del abrazo y ahora sus rostros estaban a escasos centímetros. Yuzu sonrió como nunca antes - Yo también te amo, Mei.

Se quedaron mirando, Mei también sonreía antes de frotar su nariz dulcemente con la de Yuzu y reír nerviosamente.

- ¿Por qué nunca me dijiste? - inquirió.

Yuzu se mordió el labio mirándola con los ojos brillantes.

- Pensé que tal vez no sentías lo mismo, no te quería perder como amiga.

- Nunca lo harás, te...te amo- la voz le tembló y las mejillas blancas de Mei se encendieron.

Yuzu también se rió como una tonta enamorada antes de mirarla tímidamente.

- Me besaste - afirmó logrando avergonzar más a Mei.

- Bueno, ese idiota me tenía harta - la pelinegra miró a un lado.

- ¿Puedes...puedes volver a hacerlo? - el rostro de Yuzu estaba rojo.

Mei entreabrió los labios, viendo los de Yuzu antes de volver a sus ojos y asentir lentamente. Se fueron acercando con la respiración acelerada, sus fragancias se mezclaban y cuando sus labios se volvieron a tocar la rubia gimió sobre la boca de Mei enredando sus manos en el cabello negro. Parecía el primer segundo beso, movían los labios dejándose guiar por las emociones (También Yuzu sabia un poco de la materia ya que Nico siempre la obligaba a ver The Notebook).

Mei tuvo que sujetarse de la mesa pegándose mucho más al cuerpo de Yuzu cuando sus lenguas se encontraron, sabía a dulce y a Yuzu, era muy bueno. Las piernas le temblaban y no estaba segura de poder seguir estando en pie.

Pero como siempre (Desde tiempos inmemorables) Maki estaba buscando a su cuñada favorita, distraídamente entró en la cocina feliz ya que estaba con sus amigas y su esposa.

- Yuzu-chan ¿Tienes... - se detuvo en el marco de la entrada al ver el intercambio íntimo de esa dos- ¡Oh por dios, lengua, beso, chica! Chica ¡ESTÁ BESANDO A UNA CHICA, NICO-CHAN!

Nico venía tras ella, ya que había escuchado a su ojivioleta callarse de la nada.

- Cariño ¿Pero qué suce... ¡AH NO, YUZU HIPÓCRITA YAZAWA! ¿QUÉ PENSARÍA MAMÁ? ¡Viste, viste Maki-chan y luego se queja cuando yo lo hice esta mañana! - Nico se quejaba por la injusticia e intentaba convencer a Maki que su hermana no era una Santa.

Mei y Yuzu habían dejado de besarse, sus caras estaban coloradas y la respiración acelerada, seguían muy cerca la una de la otra observando con vergüenza como todos llegaban. Nozomi apareció también tras Nico con una linda bebe de ojos verdes en sus brazos.

- ¿Nicocchi, por qué gritas? - dirigió sus ojos a la pareja que seguía en un abrazo y los labios rojos y comprendió - Ou, ya veo. Oh, dios, Elicchi.

Yuzu palideció al recordar a Eli, al parecer había vuelto imprevistamente del viaje y era casi como su hermana, pero el doble de protectora.

- Amor, ¿Qué sucede? ¿Ya llegó Yuzu-chan? - una Eli en falda y traje gris laboral se detuvo tras su esposa, observando también la escena y la culpabilidad legible en el rostro de Yuzu, su hermanita postiza.

Nadie decía nada. Nico seguía murmurando sobre que le cobraría a su hermana mientras Nozomi consideraba si llamar a Umi para que rezara por las dos chicas adolescentes. Maki mientras tanto seguía en shock hasta que por fin soltó toda la información que acaba de asimilar.

- ¡OH DIOS, YUZU, ESTABAS BESANDO A UNA CHICA!- dijo lo obvio ya que la ojivioleta aún no se lo tragaba ¿Heterosexualidad? ¿En esta familia? ¿Dónde? (Notase el sarcasmo)

- ¡MAKI! - gritaron las dos hermanas Cabello.

- Mejor voy a llamar a Umi, tal vez pueda venir con Kotori mañana - dijo Nozomi huyendo del caos en la cocina para ir a la sala.

- AHORA SÍ, YAZAWA YUZU ¿QUE TE DIJE SOBRE ESPERAR A ESTAR CASADA PARA BESAR A ALGUIEN? ¿EH? ¿AHORA QUE? ¿TAMBIÉN ME SALDRÁS CON QUE NO ERES VIRGEN? (Eli era también muy hipócrita, considerando que también a esa edad ella ya había besado muchas veces a Nozomi)

Eli estaba echa una fiera mientras Nico y Nozomi intentaban calmarla (Maki estaba sentada en una silla aun pensando en que todo este tiempo era una chica, que inocente, como si su esposa en vez de una chica fuera un perro)

Yuzu miró avergonzada Mei por el embrollo, la pelinegra le sonrió con dulzura mientras se juntaban más cerca, recibiendo el regaño de una Eli furiosa, pero logrando entrelazar sus manos con fuerza tras sus espaldas.

Al menos estaban en esto, juntas.

No los iba a dejar sin un Epílogo 3