Disclaimer: Yu-Gi-Oh! GX no es mío. De otra forma, la parte de Haou habría durado al menos el triple, y posiblemente habría acabado con un Sho vs Judai para salvar a su amigo.


Capítulo 16

Sho se sentía cada vez más asustado y desconcertado. Rei no se había presentado en casi dos semanas. Una de sus hermanas mayores asumió su puesto de llevarle la comida, preparar el baño y todo eso. No era alguien muy conversadora, limitándose a responder sus preguntas con meros monosílabos. Si le preguntaba en dónde estaba Rei, no recibía respuesta alguna.

Debido a esto, durante esas dos semanas sólo había tenido la compañía de los espíritus de duelo de su mazo, pero la mayoría de los cuales no podían hablar, siendo casi todos ellos máquinas, incluso cuando representaban vehículos de caricatura. Algunas veces había sentido la presencia de Judai. No se atrevía a hablarle, y Judai tampoco estaba dispuesto a dejarse ver.

Pero, con Rei desaparecida ya durante casi medio mes, lo que más deseaba era saber que había pasado con ella. ¿Estaba bien? Durante su tiempo allí, Rei era su única compañía. Probablemente sin ella allí no habría sobrevivido tanto tiempo, con Judai ocupado atendiendo sus labores de príncipe y todo eso.

—¿Dónde está Rei? —preguntó por décima vez a su hermana mayor.

Como siempre, ella se limitó hacer su trabajo, en esa ocasión llevarse las bandejas con la cena a medio comer, pero no dijo nada.

—¡Por favor, dime algo! —exigió—. Rei desapareció de un día para otro, sin explicación alguna… Sólo quiero saber si ella… Si no está.

—Lo siento mucho, joven Marufuji, pero el paradero de Rei Saotome es desconocido para todos nosotros.

—Ella es tu hermana…

—No biológica. El príncipe la dejó al cuidado de la Madre Abigail. Pero ahora ella ya no está aquí.

Sho la miró con fría furia, y la mujer retrocedió un poco.

—No lo creo, ¿después de vivir tanto tiempo aquí y ella no significa nada para ustedes?

—Muchas personas pasan por aquí, joven Marufuji, y de un día para otro desaparecen. Es el destino del Ganado. Si ella fue llevada lejos por más de unos días y no regresó, entonces lo más posible es que esté muerta.

Sho abrió la boca para replicar. Se detuvo a mitad de la oración. ¿Podía ser así realmente? Judai dijo que no había decidido qué hacer con ella, pero lo más probable era que todo fue parte de su manipulación. Igual que lo fue acercarse a él fingiendo preocuparse y ser su amigo.

«No realmente», dijo una voz en su cabeza, pero la ignoró. Judai mintió sobre su hermano, ¿por qué no habría mentido sobre todo eso también? Y ahora que todas esas mentiras habían salido a la luz, el supuesto perdón que le dio a Rei ya no valía para nada.

Rei estaba… y era su culpa, porque le enseñó a jugar duelo de monstruos.

La sirvienta terminó de poner los platos en la bandeja y se apresuró hacia la puerta. Se detuvo a mitad de camino, y luego se giró un poco para ver a Sho.

—Tal vez sea hora de que aprenda la verdad, joven Marufuji: este es un mundo cruel. El príncipe ha cuidado de usted hasta ahora, pero como todos los vampiros es alguien caprichoso. Eventualmente él…

—¿Eventualmente él qué?

La sirvienta dejó caer los platos. Se puso pálida y temblaba de miedo. Una voz profunda había resonado en la habitación, una voz que ponía la piel de gallina y hacía que dieran ganas de salir corriendo. Sho mismo no pudo evitar estremecerse al escucharla.

Desde las sombras de la habitación se materializó el espíritu de duelo más aterrador que Sho había visto nunca. Era una especie de hibrido mitad hombre y mitad mujer, con dos enormes alas de aspecto demoniaco; como si sus tres ojos de colores varios, uno de ellos en su frente, y las garras de su mano izquierda no fueran suficientes. De hecho, dichas garras habían sujetado a la sirvienta por la barbilla de tal forma que la hicieron sangrar.

—Deberías cuidar mejor tu lengua, y no sacar suposiciones adelantadas —dijo el espíritu con un tono de falsa amabilidad.

—Lo siento mucho, su alteza —se apresuró a decir ella. Sho notó lágrimas de miedo escurriendo por sus mejillas.

—Largo. Podrás limpiar el desastre que hiciste cuando haya terminado de hablar con tu Joven Maestro.

La sirvienta asintió. Hizo una reverencia en cuanto el espíritu se alejó de ella, antes de girarse y salir de la habitación lo más deprisa que pudo.

El espíritu miró con desdén la bandeja y los platos destrozados sobre la alfombra, y luego se acercó a la mesa, de dónde sacó una silla para sentarse, haciendo luego una señal a Sho para que se sentara frente a él.

—No nos habíamos presentado formalmente —dijo con un pequeño tono de burla—. Mi nombre es Yubel. En términos estrictos, gobierno este mundo como consorte del rey, y eso me convierte en el tutor o incluso un segundo padre para ese mocoso.

Sho caminó con cautela.

—¿Eres algo así como la reina de este mundo?

—Mi título es más bien «príncipe consorte de la Noche Eterna».

Sho asintió con la cabeza, antes de sacar la silla y sentarse de forma lenta y cautelosa.

—¿Por qué estás aquí? Imagino que tienes mejores cosas que hacer que venir a verme.

—En eso tienes razón, pequeño humano. Pero, dado que el mocoso no hablará contigo, alguien tiene que dar ese paso por él.

Sho apretó un poco los puños.

—Judai…

—Judai es un vampiro joven que se deja llevar por las emociones. Lo conozco muy bien: he cuidado de él por cincuenta años, desde que era un mocoso de cinco años que no sabía hacer nada mejor que correr de aquí para allá por el castillo sin pensar en las consecuencias. Pudo terminar siendo la cena de cualquier vampiro en el palacio si Camula o yo no hubiéramos estado allí para evitarlo.

Sho alzó la mirada algo sorprendido. ¿Judai había estado en la misma posición que él y Rei? ¿Él había sido humano? ¿Un humano traído a este mundo en circunstancias similares a las de ellos? De alguna forma, había pensado que Judai siempre fue lo que era.

«Judai dijo que los vampiros no podían reproducirse mediante el sexo», se recordó. Y también había indicado muchas veces que el Rey era su Padre de Sangre, es decir, lo había convertido, algo que siempre estuvo implícito en el término, pero que él deliberadamente ignoró.

—Debes entender una cosa, pequeño humano, Judai no ha hecho otra cosa más que protegerse desde que se interesó por ti. Los vampiros tienen una existencia que puede prolongarse hasta el fin de los tiempos. Uno pensaría que una criatura tan longeva considera como algo absurdo los compromisos y relaciones a largo plazo, pero es lo contrario: son posesivos como no tienes idea. ¿Por qué crees que tu hermano intentó convertirte?

Sho abrió los ojos con sorpresa. Cuando Ryo intentó morderlo por su mente pasó una simple cosa: va a devorarme. Jamás se le pasó por la cabeza que Ryo quisiera…

—¿Lo entiendes ahora? Si de verdad no le importaras a Judai, habría dejado que Hell Káiser te tomara. Él desea que tomes la sangre, pero no quiere obligarte. Si sólo fueras un capricho para él, habría permitido que fueras convertido en ese momento, y luego habría encontrado la forma de concertar un arreglo matrimonial o algo parecido.

Yubel sonrió de medio lado.

—Los vampiros son más parecidos a los humanos de lo que se piensa. Son como un montón de aristócratas anticuados que se rigen por reglas medievales: arreglos matrimoniales, intercambios de tierra y ganado, alianzas y conspiraciones para derrocarse unos a otros y robarse las tierras.

»Excepto Judai. Es un vampiro joven, que viene de un mundo en el que esas cosas dejaron de importar hace mucho tiempo, y con nociones románticas que van más allá de alianzas entre familias. A pesar de que intentamos inculcarle nuestro modo de vida. Él iba a ser un rey, después de todo.

Sho abrió los ojos con sorpresa.

—Él dijo que el trono no se heredaba.

—No dije que fuera a ser el Rey de la Noche Eterna, sólo que iba a ser un rey.

Yubel sonrió enigmáticamente.

—Judai no fue traído a este mundo para convertirse en un vampiro. Si las cosas hubieran seguido según lo que Haou deseaba, el niño habría salido de aquí a los dieciocho años comandando un ejército para viajar hacia las tierras del antiguo Reino de Kronet, el hogar ancestral de su familia, y arrebatarlo de las manos del Rey Loco.

»Hasta que eso sucedió: unos días después de su cumpleaños número quince, Judai fue emboscado y casi drenado hasta la muerte por un anciano. A penas estaba vivo cuando Camula lo encontró. Haou hizo lo único que podía hacer para salvarlo: se abrió las venas y lo alimentó con su sangre.

Sho no pudo evitar estremecerse. ¿Judai pudo haber muerto? Luego, recordó que Judai lo había llevado allí sin siquiera pedir su opinión. Y le había mentido respecto a su hermano.

Yubel notó como su rostro pasaba de nuevo de la sorpresa a la molestia. Sho tenía un rostro muy expresivo y fácil de leer.

—Puedes pensar lo que quieras de Judai, pero él jamás te mintió. Tal vez ocultó lo que era en el mundo humano, pero eso es algo que todos los vampiros hacen. E incluso con eso, hubo momentos en que te dejó ver lo que era. El día del festival Judai pudo haberte mostrado los placeres del Beso. Sólo se detuvo cuando se dio cuenta de que te estaba asustando.

—Él mintió sobre Ryo, dijo que estaría bien, que cualquier cosa que pasara no significara que él dejaría de ser…

—Niño tonto: tu hermano no se ha ido. Al contrario, es la primera vez que demuestra lo que es en realidad.

—¡Eso no es verdad! —gritó Sho negando con la cabeza. Ryo no era eso, Ryo no era como… como Kyo Marufuji, su padre.

—La Sangre no cambia a las personas, sólo revela quienes son en realidad. Depende que tan honesta sea la persona respecto a la cara que da a otros si seguirá mostrándose igual una vez que asimilan por completo esa Sangre.

»Judai, por ejemplo, era un niño risueño e hiperactivo con o sin la Sangre. —Mientras hablaba, Yubel usaba un tono de nostalgia cariñosa que, en opinión de Sho, lo hacía ver menos amenazante—. La diferencia fue que un Judai vampiro ahora podía trepar las paredes y saltar por los tejados. Y vaya que sufrió muchos golpes y huesos rotos a causa de eso. Un pequeño murciélago al que apenas le estaban creciendo las alas y ya quería volar.

Sho dio un respingo. ¿Alas? ¿Acaso los vampiros?

Yubel se rio a costa de él.

—Por supuesto, las alas son una metáfora… para la mayoría. Aunque Judai sí que puede volar si así lo desea.

Sho apartó la mirada de Yubel para ocultarle su vergüenza.

—¿Por qué me estás diciendo todo esto?

—Porque eres a quien Judai eligió. Lo dije: los vampiros son seres posesivos, en especial con sus parejas. Una vez que han elegido a un compañero y se saben correspondidos, jamás lo cambiaran. Para ser seres que podrían tener a quien quisieran, tienden a ser más monógamos que otra cosa.

Sho se sonrojó.

—Yo nunca…

—¿Crees que no veía las miradas que enviabas a Judai? Tal vez no hayas podido verme, pero yo estaba allí todo el tiempo en el mundo humano, vigilando.

Sho apartó la mirada con vergüenza.

—Los dos son unos tontos que prefieren gritar o hacerse a un lado a hablar las cosas de frente. Y, si soy sincero, estoy harto de ver a Judai vagar por los pasillos del castillo como un alma en pena, suspirando por un mal de amores.

Yubel se puso de pie y caminó en dirección a la puerta.

—Más vale que dejen las tonterías de lado y hablen de una vez. De otra forma, tendré que encerrarlos en un armario hasta que dejen de ser estúpidos.

Sho se sonrojó tanto que parecía un rábano. Aun así, se atrevió a levantar la mirada y preguntar una última cosa a Yubel:

—¿Qué habría pasado si Judai no hubiera, bueno, si no se hubiera convertido en un vampiro?

Yubel se giró a verlo con una sonrisa enigmática.

—No lo habrías conocido. Después de reconstruir el reino ancestral de su familia, habría tenido que cumplir su misión y enfrentar a la Luz. Y luego de esa guerra, habría tenido que hacer lo que todo rey mortal debe: buscar una esposa y tener descendencia que asegurara la continuidad de su linaje.

Sho no pudo evitar sentir una punzada de celos al escuchar que Judai habría formado una familia con alguien más. Y luego se sintió terrible. Sólo había conocido a Judai porque casi había muerto y se había convertido en un vampiro. Pero…

—¿Y si Judai no hubiera querido eso?

—Habría importado poco. ¿Tienes idea de lo que significa ser un príncipe? Uno verdadero y no como los de los cuentos de hadas. Un príncipe, en especial uno que ha heredado una responsabilidad como la que tiene Judai sobre sus hombros, tiene que dejar de lado lo que desea y concentrarse en lo que debe hacer.

»En cierto sentido, la no vida le dio más libertad para elegir su propio destino de la que habría tenido de seguir siendo mortal.

»Él es todo lo que queda de la familia Yuki. A lo largo de miles de años, los sirvientes de la Luz persiguieron y aniquilaron su linaje. Cuando llegó a este mundo era un niño de cinco años asustado y traumatizado, siendo el único sobreviviente de un atentado en el que perdió a sus padres. Por eso es que Haou no iba a darle esa capacidad de elección: alguien debía reconstruir lo que una vez fue una dinastía orgullosa de su legado como los gobernantes del más poderoso Reino en las Doce Dimensiones.

Sho sintió que su corazón daba un vuelco. Judai había pasado por esas cosas… ¿Cómo alguien que vivió todo eso se las arreglaba para seguir sonriendo? Si él hubiera perdido a su madre…

Y entonces se dio cuenta de algo: no había necesitado perder a su madre para dejarse vencer por la vida. Cuando conoció a Judai, ya estaba completamente derrotado. Sólo se puso de pie cuando Judai le tendió la mano y le demostró que podía ser fuerte.

Demonios, si hubiera conocido a Yubel un año atrás tal vez se habría desmayado de miedo con su mera presencia. Quizá era el haber pasado varios meses en ese mundo donde los monstruos eran reales, o la forma en la que se había desarrollado la conversación, pero, aunque la presencia de Yubel en un comienzo lo hizo sentir incómodo, en cierto sentido no era ni por asomo tan aterrador como podría haber sido. Y en parte eso también se lo debía a que Judai le enseñó a no dejar que el miedo lo dominara.

Sho quería hacer más preguntas, pero cuando quiso hablar de nuevo Yubel había desaparecido.


Pasó otra semana hasta que Sho volvió a sentir la presencia de Judai rondando cerca de él. Estaba sentado en la mesa de su habitación, ordenando sus cartas, cuando Judai se presentó. Notó entonces algo: su presencia se sentía extraña, con una mezcla de miedo y profunda tristeza.

Sho sintió una lágrima resbalar por su mejilla de sólo pensar eso. Judai siempre le había parecido la imagen perfecta de la felicidad. Bueno, siempre y cuando no fuera de día y estuviera en un salón de clases. Las únicas veces que lo había visto triste siempre estuvieron relacionadas con él.

—Judai…

Sintió un cambio en la presencia de Judai cuando dijo su nombre.

—Yo… —Se mordió los labios—. Lo siento. No quería decir esas cosas. Yo sólo… Ryo cambió tanto en solamente unos días. Estaba tan confundido y asustado por lo que estaba pasando que no escuché nada de lo que me dijiste.

—Debí explicarte mejor lo que significa asimilar la Sangre —susurró Judai. Podía sentirlo de pie detrás de él.

—¿Crees que cuando yo…? —Se giró para ver a Judai directo a los ojos—. ¿Piensas que la Sangre hará lo mismo conmigo? Yo… tengo miedo de que en el fondo sea como… como él.

Judai estiró la mano y acarició su mejilla.

—He visto tu alma, Sho. Es la más pura y maravillosa que haya visto jamás. A pesar de todo lo que ese hombre te hizo, jamás pudo destruir eso.

Sho agachó la cabeza, tratando de contener un hipido.

—¿Lo sabes?

—Ya no puede lastimarte. Te lo prometo: Kyo Marufuji nunca más volverá a lastimar a nadie.

Judai levantó a Sho de la silla y lo abrazó contra su pecho. Luego de un rato, lo guio hasta la cama. Permanecieron juntos allí durante horas, sin decir nada, sólo abrazándose y disfrutando en silencio la presencia del otro.

—¿Cómo sabías que estaba aquí? —preguntó Judai de pronto.

—No sé, sólo lo supe —respondió Sho encogiéndose de hombros—. Solía pasarme a veces que sabía cosas, como quien estaba al otro lado del teléfono antes de siquiera levantar la bocina. Era algo esporádico, y siempre pensé que lo imaginaba. Pero, desde que llegué a este mundo, es algo cada vez más fuerte.

Sho se mordió el labio.

—Una vez cometí el error de decírselo a él. Trató de forzarme a usarlo, y cuando no pude…

Sho se estremeció, y Judai lo abrazó con más fuerza.

—Está bien, no tienes que hablar de eso.

—Yo… creo que sabía lo que iba a pasarle a Ryo. Soñé con su duelo hace meses, aunque luego lo olvidé. Cuando el sueño se hizo realidad, estaba tan asustado que sólo quería negar que todo estaba pasando en realidad. ¿Soy un bicho raro?

—No lo eres. Más bien, fuiste bendecido con un don. Eso te hace especial.

—Fue por eso que tú…

—Es por eso que mi padre quiere que te unas a nosotros. Pero no voy a obligarte. Te amo, Sho. Por eso, sólo te daré la Sangre cuando estés completamente seguro de que es lo que quieres. No importa lo que mi padre u otros digan, esta elección es tuya y sólo tuya.

Sho se inclinó hacia Judai para darle el beso más tierno que pudo.

—También te amo, Judai. Gracias por entenderme.