Disclaimer: Yu-Gi-Oh! GX no es mío. De otra forma, la parte de Haou habría durado al menos el triple, y posiblemente habría acabado con un Sho vs Judai para salvar a su amigo.
Capítulo 17
Sho tenía la sensación de que cada semana y mes que pasaba en el Reino de la Noche Eterna eran completamente iguales el uno del otro. Durante su estancia allí se dio cuenta de que el clima no variaba mucho en ese mundo, ¿cómo podría hacerlo en un mundo sin sol? Podía jurar que sólo había tres climas en ese lugar: despejado, con niebla y tormentoso. Debido a esto, Sho aprendió a añorar los días en que Judai podía darse el tiempo para visitarlo: al menos su compañía lo distraía de lo monótono que parecía ser todo allí. Aunque Sho podía pasear libremente por el pueblo (se negaba a decirle Establo), lo normal después de que Rei se fuera era que lo hiciera por su cuenta o con la compañía de sus monstruos de duelo.
No se molestó en intentar construir una amistad con las «hermanas» y «hermanos» de Rei. Todavía no le cabía en la cabeza como podían seguir con sus vidas como si ella nunca hubiera estado allí, como si los años que Rei vivió con ellos no significaran nada. La madre Abigail, a quien Sho había visto al comienzo como una de esas mujeres duras, aunque blandas por dentro, de antaño, había caído completamente del pedestal en el que la había puesto. ¿Alguna vez realmente consideró a Rei su hija? Era como si la palabra «madre» fuera simplemente un título para ella, que bien podría haber sido reemplazado por «jefa».
Esto lo hizo extrañar más a su propia madre y abuela.
Con respecto a Rei, Judai le había asegurado de todas las formas posibles que ella estaba bien. No estaba muerta como todos allí parecían creer, ni había sido castigada por romper cualquier regla, y mucho menos por culpa suya. La volvería a ver algún día, ya que Judai no dudaba por un solo momento que ella cumpliría con la tarea que le habían dado y regresaría a casa. Judai sabía que para él Rei se había convertido en una hermana, y siempre le estaría agradecida por cuidar de él mientras no podía hacerlo por sí mismo.
Alguien a quien Sho tampoco había visto en un largo rato era a Ryo. Los sirvientes de la familia Karnstein se habían relajado un poco, y la noticia de que Hell Káiser estaba fuera del reino no se hizo esperar. Sólo por eso Judai le había permitido volver a pasear libremente por el pueblo, y Sho no pudo evitar prestar atención a lo que se decía sobre su hermano. La gente solía temer hablar de sus amos a sus espaldas, pero era inevitable que de tanto en tanto surgieran rumores: qué si el Rey lo había expulsado por su conducta impulsiva, qué si había sido enviado a cazar al responsable de la Muerte Definitiva de Lady Camula Karnstein, o incluso qué había sido derrotado en el coliseo en manos de uno de los Ancianos.
Sho no creía que su hermano hubiera caído tan fácilmente, y dado que Judai no había comentado nada sobre un exilio o algo similar, estaba seguro de que tampoco podía ser eso. Tal vez la segunda opción era más probable. En todo caso, era claro que Ryo no estaba más allí. Quizá estaba en alguna otra parte de las Doce Dimensiones, o incluso había vuelto al Mundo Humano. Sólo podía esperar que, cuando lo viera de nuevo, Ryo se hubiera tranquilizado un poco.
Aunque Hell Káiser era inequívocamente la verdadera persona detrás de la máscara (ahora Sho podía recordar que su hermano solía ser mucho más agresivo en el duelo, y no fue hasta que su madre logró convencer a su padre de enviarlo al dojo del Ciber Estilo, que Ryo se había convertido en un duelista más centrado y respetuoso, un detalle que, quizá en la visión idealizada que se construyó de él, dejó pasar de forma deliberada). Judai le había explicado que cuando la Sangre por fin se «asentara», Hell Káiser sería menos impulsivo y quizá entonces podrían volver a construir una relación de hermanos más sana.
Para Sho, no pasaba desapercibido que Judai mantenía algo de rencor en contra de Ryo por lo que había intentado hacer, a pesar de lo cual estaba dispuesto a apoyarlo en su deseo de reconectarse con él una vez que se hubiera tranquilizado un poco. Sho no podía hacer más que estar profundamente agradecido por eso.
De vuelta a su vida cotidiana, Judai accedió a casi todos sus deseos, incluyendo el de retomar sus estudios. Volviera o no al Mundo Humano algún día, al menos quería tener algo de normalidad. Así pues, tres veces por semana, Sho recibía a un tutor. Era un anciano de apellido Okita, quien para su sorpresa estaba muy familiarizado con la educación moderna en Japón. Aunque no estaba seguro si era del todo humano, al menos sí que era un tutor muy bueno y con quien incluso aprendía mejor de lo que nunca había hecho en las escuelas a las que había asistido. Tal vez lo ayudaba a que ahora se le permitía ir a su propio ritmo sin presiones de tener que cumplir un plan de estudios o algo similar, y a que no estaba al pendiente todo el tiempo de no convertirse en la víctima del abusón de la clase.
Por supuesto, también estaba el duelo. Todavía no le agradaba del hecho de saber que cualquiera a quien enfrentara en el Coliseo moriría, pero mentiría si dijera que no añoraba la recompensa del Beso con el que Judai lo premiaba después de cada uno de sus triunfos.
Durante los días libres de Judai, Sho pudo familiarizarse más con la capital. En sí, la ciudad eran los Doce Nidos de las Familias antiguas (cada Nido siendo una especie de distrito) más los establos, todo esto rodeando al Castillo de la Noche Eterna.
Además, había algo que podía ser denominado como un «Distrito Común», el cual, estrictamente hablando, pertenecía al Rey, y constaba de una suerte de zona comercial y turística. El coliseo estaba allí, al igual que las lujosas tiendas donde los vampiros saciaban su necesidad de lujos adquiriendo toda clase de productos (por lo general ropa y muebles) que llegaban allí desde todos los rincones de las Doce Dimensiones. Los vampiros parecían tener sed de consumismo casi a la par que de sangre.
Las visitas de Judai a dicho lugar en compañía de Sho siempre levantaban algunas miradas suspicaces. Y aunque la mayoría de los habitantes de la capital siempre parecían tener palabras halagadoras sobre Judai, en obvios intentos por ganar el favor del Príncipe, estaba claro que la mayoría allí lo atacarían por la espalda si se diera la oportunidad.
Por supuesto, Judai no decía nada al respecto, pero para Sho era más que claro que siempre estaba alerta y tenso en dicho lugar. Sho también notaba ciertas miradas que se dirigían a él, como si fuera una especie de premio. Esas miradas le causaban escalofríos y ganas de salir huyendo. La presencia de Judai y el no querer manchar su reputación, eran lo que le impedía hacer algo así.
Esa era la razón principal por la cual era raro que visitaran el Distrito Común. Además del hecho de que no había mucho que pudieran hacer los dos allí. Sho no era alguien que gustara de ir a comprar ropa o esas cosas frívolas, y era obvio que una zona comercial de vampiros no tenía sitios como restaurantes, bares o fuentes de soda.
Volviendo a la forma en que percibía las miradas de otros vampiros hacia él, Sho había estado pensando mucho sobre eso. Si bien había acusado a Judai de haber conspirado para llevarlos a él y a su hermano a su mundo, como parte del despecho y la furia que sentía cuando se creyó traicionado, darse cuenta de esas miradas despertó la sospecha sobre si no habría algo de verdad en dicha acusación.
La insistencia de todos allí de llamarlo por el apellido de su padre, Marufuji, y no por su apellido legal actual, Fujita, sólo hizo crecer sus sospechas. ¿Había una relación entre su familia y ese mundo? La admisión de Judai de que había presión por parte de la sociedad vampírica para que «dejara los juegos y Engendrara al niño Marufuji de una vez» sólo lo hizo pensar más en esa posibilidad.
Ryo siempre fue un natural en el duelo. Judai insistía que él también lo era, y fue sólo por la forma en que fue criado, algo que destruyó su autoestima y confianza, la razón por la que no pudo demostrarlo antes. El Duelo era un eje primordial sobre el que giraba casi todo en ese mundo, más incluso que la sangre. En un mundo habitado por Espíritus de Duelo, parecía ser lo más lógico, pero debía haber algo más. Algo que Sho no estaba viendo y que los demás sabían. Algo que tenía que ver, en cierta forma, con él y Ryo.
En todo caso, ¿cuál era el origen verdadero del duelo? En la Tierra todos parecían tener claro que Pegasus J. Crawford fue quien creó el juego. Pero, este mundo lleno de espíritus era más antiguo que eso, independientemente de que el paso del tiempo entre uno y otro mundo no parecía seguir una lógica determinada (como si se dilatase o acelerara según los caprichos de alguna especie de dios), por lo que el duelo debía ser mucho más antiguo que sólo unos quince años.
Intentó preguntar sobre eso a sus espíritus. Nyan Nyan, el más antiguo de todos ellos, dijo que el duelo siempre había existido. Los Roid parecían ser demasiado jóvenes, en tiempo de espíritus, como para preocuparse por eso.
No satisfecho con esas respuestas, y sabiendo que no podía ir por allí cuestionando a otros espíritus (salvo por Judai y su tutor, estaba rodeado siempre por humanos, mismos que no parecían saber otra cosa que no fuera el cómo ser sirvientes y comida), Sho pidió prestados libros de historia sobre el Reino de la Noche Eterna. Tenía que haberlos. Toda civilización registraba su historia, esta no podía ser diferente.
Judai accedió a prestarle algunos.
En ellos encontró registros de guerras contra otros clanes de monstruos, guerras en las que el duelo era el arma principal. Relatos de poderosas invocaciones que incluso para otros clanes ahora eran leyendas, pero que los vampiros, al ser técnicamente eternos, recordaban bien. Relatos de seres a quienes Sho reconoció de las cartas, como Ha Des, un terrible tirano que alguna vez intentó conquistar el inframundo, y quien al final fue derrotado y sellado en una poderosa carta que ahora estaba perdida en algún lugar de las ruinas del Mundo Zombi. Haou, el padre de Judai, aparecía en muchas de esas historias, casi como si él siempre hubiera estado allí, desde el principio de los tiempos.
Y entonces, encontró algo que no esperaba: la mención a una familia Marufuji que se había enfrentado y eliminado, a una de las Doce Familias originales del Clan de la Noche. Aquella cuyas propiedades estuvieron solas por siglos, tal vez milenios, hasta que Haou se las había otorgado a los Karnstein, una familia despreciada por las familias antiguas debido a que tenía el favor del rey, y porque no se había originado en las Doce Dimensiones, sino en el Mundo Humano.
Sho confrontó a Judai sobre eso en su próxima visita.
—He escuchado poco sobre ellos. Mi madre era quien más sabía al respecto. Ella recibió las tierras y los títulos que alguna vez pertenecieron a la familia que fue exterminada por los Marufuji, así que tenía acceso a sus registros. Y a ella siempre le gustó estudiar sobre esas cosas.
Judai se rascó la cabeza.
—Según lo que Yubel me ha dicho, hace mucho tiempo no había una gran separación entre las Doce Dimensiones y el Mundo de los Humanos. Podías pasar de un lado a otro fácilmente. Y uno de los lugares con mayor conexión estaba en Japón. No es coincidencia que haya toda una tradición de espíritus, onis y yokais que tienen su equivalente en este mundo.
»¿Sabes sobre la controversia del origen de Japón?
—Se ha dicho mucho sobre eso. Sobre si los primeros en llegar a las Islas eran de China o de Corea. ¿Crees que no haya sido así?
Judai asintió con la cabeza.
—En algún lugar de las Doce Dimensiones hay un reino llamado Shogunato de Shien. Es, en términos simples, como si fuera el Japón del Sengoku. En ese reino hay Seis Clanes Samurái que alguna vez estuvieron en guerra contra nosotros. Uno de esos Clanes, emparentados con los Shogunes de Shien, tuvo una disputa con la Familia Perdida del Clan que se prolongó más allá de la firma del alto al fuego entre ambos reinos.
»Ellos eran el clan Marufuji. Según sé, por lo que mi madre me dijo, el Shogun de Shien terminó expulsándolos de su reino. Y al final, desaparecieron de la historia.
»Desde siempre, se ha pensado que Japón fue colonizado por los Shien, o al menos que ambos reinos estaban muy cerca. En todo caso, lo más aceptado es que los últimos Marufuji, después de destruir a la Familia Perdida del Clan de la Noche, huyeron hacia Japón antes de que la conexión entre ambos mundos se perdiera por completo.
Sho sintió que su cabeza daba vueltas.
—¿Significa que Ryo y yo somos parte espíritus de duelo?
—No exactamente. No todos los humanos de este mundo se convierten en espíritus de duelo. De hecho, muy pocos logran trascender de esa forma. Para ello debes tener acceso magia poderosa o terminan influenciados por alguna fuerza externa, como un espíritu más poderoso. Esto en parte es igual para otros seres que viven aquí como nuestro propio Clan. La gran mayoría de los humanos de este mundo viven sus vidas de la misma forma que en la Tierra, salvo las obvias diferencias culturales, y que en este mundo la magia no fue olvidada del todo. No podríamos tener ganado si no fuera así. Además, aunque podemos alimentarnos de algunos espíritus de duelo, la sangre humana es mejor.
Sho se estremeció un poco por la forma en que Judai dijo lo último.
Sho quería saber más sobre el tema, por desgracia, había muy poca historia real y mucha especulación. Lo que estaba claro era una cosa: los vampiros se regían por una especie de darwinismo social muy enfermo. Ellos pensaban que los Karnstein no eran dignos de ocupar el lugar de la Familia Perdida, sino aquellos que fueron los responsables de su desaparición. En pocas palabras, los Ancianos deseaban que Sho y Ryo construyeran la versión en vampiro del desaparecido Clan Marufuji. Tal vez por eso no habían hecho mucho escándalo por la desaparición de Camula. Sho hasta podría pensar que ellos lo planearon.
Distraído por toda su búsqueda de respuestas, Sho no se dio cuenta de que había pasado más de un año desde que llegara a ese mundo, hasta que un día fue llamado al palacio de una forma similar a Rei.
Sho sintió que iba a vomitar. Salió del portal, trastabilló un poco y estuvo a punto de caer de cara en el piso empedrado. Fue sólo porque Judai lo sostuvo que esto no sucedió.
Se ajustó las gafas y miró a su alrededor. Al ver los gruesos muros de piedra y madera, además del portal que parecía ser una réplica exacta de la «Puerta de la Ilusión», casi podría haber jurado que seguía en la Noche Eterna. El aire le decía lo contrario. Notó el cambio al instante: ya no tenía ese olor a sangre que le hizo sentir enfermo durante sus primeras semanas allá. Era un aire más limpio, el aire de un mundo dónde los duelos no significaban apostar la vida casi el cien por ciento de las veces. Se sintió extraño, como volver a la casa materna tras estar lejos por un largo tiempo.
«En realidad, eso es», se recordó.
No había pensado que volvería tan pronto al Mundo Humano, pero así era. A sólo dos meses de cumplirse los dos años desde que conoció a Judai, estaban de regreso en la Mansión de Ciudad Domino, el lugar desde donde había dejado ese mundo en contra de su voluntad.
«No por mucho tiempo», se recordó. En sólo dos meses estaría yendo a la Academia de Duelos junto con Judai como estudiantes de intercambio. No sabía todos los detalles sobre lo que harían allí, más allá de tener que pasar desapercibidos como si fueran cualquier otro alumno de tercer año, sólo que eso era lo que el Rey quería. Imaginaba que Judai tenía más detalles con respecto a su misión.
—El joven Ryo espera arriba con el abogado —dijo uno de los sirvientes de la casa mientras se acercaba a ellos.
Sho no recordaba haber visto a alguien más allí cuando visitó a Judai antes de dejar ese mundo, de haber sido así habrían dejado impresión en él: parecían estar en algún punto entre lo humano y lo vampírico, más parecidos a como se los reflejaba en las viejas películas de monstruos que de su contraparte elegante y aristocrática de la realidad.
—¿Mi hermano? —preguntó sorprendido.
—Debe estar aquí para formalizar tu regreso a la familia Marufuji —le aclaró Judai.
—Efectivamente —confirmó el sirviente—. El Joven Maestro desea terminar eso cuanto antes. Tiene una gira de tres meses por Europa y desea que el papeleo esté hecho antes de marcharse.
Mientras conducía a Sho fuera del sótano en dónde se encontraba el portal hacia el Mundo de los Espíritus, Judai lo puso al corriente: el Rey había ordenado que su hermano se infiltrara en las ligas profesionales. Para esto, volvió a casa fingiendo que había escapado del cautiverio, a la par que derrotó al líder de las Siete Estrellas Asesinas, un grupo que había atacado a la Academia de Duelos durante el tercer año de Ryo allí. Su hermano terminó sus estudios en la Academia e ingresó a las ligas profesionales a fin de cumplir la misión del Rey, desde entonces llevaba una carrera exitosa gracias al estilo de duelo agresivo que manejaba. Como solía pasar en esas cosas, los «villanos» eran más populares.
Sho sintió un poco de alivio de saber que allí es donde él había estado todo ese tiempo.
Cuando finalmente se encontró de nuevo con su hermano, Sho se dio cuenta de que Hell Káiser no parecía haber cambiado mucho. En sus ojos todavía se veía un poco de esa caótica mirada llena de desafío, pero parecía menos propenso a actuar con impulso.
En un reencuentro, que para Sho se sintió como algo demasiado formal, se limitaron a firmar los documentos ante el abogado para restituir su lugar en la familia Marufuji. Se enteró en ese momento que Kyo Marufuji estaba muerto desde hacía casi un año. La causa oficial fue un infarto fulminante. Sho mentiría si dijera que no sintió un poco de miedo cuando Ryo le sonrió de forma cruel mientras su abogado lo ponía al tanto de esto.
Judai apretó su mano para confortarlo. Para todos allí era claro que Kyo Marufuji murió en las manos de su propio heredero. Sho no sabía si sentirse triste, enojado o aliviado. Y luego se odió por todo eso: a pesar de todo lo que le hizo, Kyo Marufuji seguía siendo su padre.
En menos de quince minutos, el papeleo quedó firmado. Ryo y su abogado se marcharon de prisa, tras una simple reverencia ante Judai.
Sho se dejó caer en el sofá de la sala, el mismo dónde había sido interrogado por Camula en su primera visita a esa casa. Judai se sentó a su lado, atrayéndolo a un abrazo mientras hacía círculos relajantes con su mano en su espalda.
—Él de verdad lo hizo… —dijo Sho cerrando los ojos—. Ryo lo mató… Lo sabías desde hace mucho, por eso dijiste que nunca más me lastimaría.
—¿Me odias por esto? —le preguntó Judai. No le pasó desapercibido el miedo que se filtraba en sus palabras.
Sho lo besó suavemente en los labios antes de responderle:
—No… Sé que no debo sentirme así, era mi padre. Debo ser la peor persona del mundo. Me alegro de que él esté muerto.
—Nunca hizo nada para ganarse verdaderamente el título de «padre» —gruñó Judai.
Atrajo a Sho a un abrazo más íntimo.
—Quisiera que te quedaras estos meses conmigo —suspiró Judai—. Entiendo que quieras verlas, pero…
—Ha pasado tanto tiempo desde que las vi. ¿Ellas no sufrieron? Es decir, para ellas yo nunca…
—Para ellas estabas en una escuela maravillosa dónde te cuidaron como sólo tú mereces.
—No seas tan cursi. ¡Es vergonzoso!
Judai se rio entre dientes, antes de besar a Sho.
—Vendrás a visitarme, ¿verdad? Para ellas eres mi amigo, pero quiero que sepan la verdad.
—No sería un buen prometido si no trato de quedar bien con mi suegra —respondió Judai con tono burlón.
—Por ahora sólo diremos que eres mi novio. No quiero asustarlas. La época en que se arreglaban matrimonios quedó atrás hace mucho. Además, creo que luego de lo de hoy, a quien tendrías que agradar es a mi hermano. Si quieres regirte según las viejas normas, como jefe del clan Marufuji es él quien decide a quién le da mi mano en matrimonio.
Judai hizo una mueca.
—¿Y si mejor nos escapamos? Él y yo no comenzamos con el pie derecho.
Los dos se rieron a carcajadas. Al terminar, Judai sonrió de forma pícara.
—Bueno, ya que te vas mañana, ¿quieres disfrutar el tiempo que nos queda?
Sho le devolvió la sonrisa.
Intercambiaron besos y caricias por un tiempo, antes de decidir llevar la diversión a la habitación de Judai. Tal vez Judai no podía tener relaciones del modo tradicional, pero eso no significaba que no había aprendido formas de tocar a Sho de tal manera que cada toque lo enviaba al paraíso y de regreso. Luego, cuando Sho estaba por completo satisfecho, Judai podría tomar su recompensa a través de ese dulce Beso en el que, a través la sangre, se convertían en una sola alma.
