Disclaimer: Yu-Gi-Oh! GX no es mío. De otra forma, la parte de Haou habría durado al menos el triple, y posiblemente habría acabado con un Sho vs Judai para salvar a su amigo.
Capítulo 18
Sho miró al ferri, aunque más parecía un yate, de la Academia de Duelo con un poco de asombro. Si lo hubiera visto dos años atrás, lo más probable era que se habría sentido intimidado. No es que no estuviera acostumbrado a barcos lujosos como ese. A lo largo de su infancia había estado en un par de cruceros con su familia, y se habían hospedado en hoteles cinco estrellas a lo largo del mundo.
Eso sin contar las verdaderas y lujosas antigüedades de siglos pasados entre las que había vivido el último año y medio en el Reino de la Noche Eterna. Por supuesto, la suya era la única habitación en todo el pueblo humano que tenía esa calidad de muebles. Judai lo había dispuesto así por ser algo para él. Le hacía sentir mal, pero al menos había convencido a Judai de arreglar un poco esa injusticia. Aunque hubiera tenido que usar un argumento que no lo hacía sentir muy bien. «Entre mejor calidad de vida tengan, mejor será la sangre». Por fortuna, Judai entendió eso al comparar lo que era alimentarse del Ganado en comparación con las personas de Ciudad Domino, quienes tenían acceso al estilo de vida moderno y más sano de la época actual.
Suspiró y sacudió la cabeza para concentrarse en el presente.
Había registrado su equipaje y ahora esperaba su turno para abordar. Judai estaba un poco retrasado. Habría preferido llegar allí con él, pero él había insistido que pasara ese último día con su familia. No había garantía de que pudiera verlas de nuevo. Siempre era probable que el Rey ordenara su regreso directamente desde la Academia.
—¿Joven Marufuji?
Sho parpadeó y se giró en dirección a la voz.
Su mirada se iluminó cuando vio a Rei caminando a toda prisa hacia él.
—¡Rei! —la saludó con todo el entusiasmo que pudo. Había crecido en esos dos años. Y ciertamente la ropa moderna le quedaba mejor que el vestido de mucama del siglo XIX.
—¿Cómo…? —comenzó ella.
—Una misión importante —dijo Sho en voz baja—. Pero no tengo los detalles. Judai es quien sabe todo al respecto.
Rei asintió con la cabeza para indicarle que lo entendía.
—Entonces, ¿has estado en la Academia todo este tiempo?
—Tareas de espionaje —dijo ella, tras asegurarse de que nadie los estaba viendo—. Hay que ser muy cuidadosos. La Sociedad de la Luz tiene ojos oídos por todas partes.
Sho frunció un poco el ceño. Miró a su alrededor y fue que lo notó: demasiados estudiantes completamente vestidos de blanco, usando una variante del uniforme de Obelisco que reconoció de las fotografías de Ryo en sus días de la Academia. Hasta le dolían los ojos con sólo verlos.
Rei, a diferencia de ellos, vestía un uniforme Rojo.
—Es completamente enfermizo. —La mirada de Sho se iluminó cuando escuchó a Judai.
Se había acercado sin que lo notara, algo que no debería ser posible, pero lo atribuyó al dolor de cabeza que le provocaba estar rodeado de tantos estudiantes de… ¿Obelisco Blanco? Parecía ser el término correcto para llamarlos. Lo peor era que parecían ser el noventa y nueve por ciento de la escuela.
Notó que Rei abrió la boca, pero Judai se apresuró a negar con la cabeza para indicarle que no dijera nada.
Antes de que pudiera decir mucho más, las puertas del ferri finalmente se abrieron para que los estudiantes comenzaran a abordar. Judai les hizo una indicación con la cabeza para que esperaran.
Fue muy incómodo ver a los estudiantes de blanco abordar uno tras otro en grupos de tres a cinco personas. Uno que otro estudiante, claramente de primero, subía con la mirada perdida. Los de blanco los miraban un momento, como juzgándolos, y luego seguían su camino. A menos que fueran de Obelisco y Ra.
—No creo que pasen de la noche —susurró Rei—. La Sociedad de la Luz se mueve rápido: antes de que el viaje termine, los nuevos estudiantes de Ra y Obelisco habrán sido asimilados.
Sho sintió que se le revolvía el estómago. Le recordó una de esas viejas películas de miedo en las que un parásito alienígena poseía a las personas, controlando sus mentes. Se consoló diciéndose que ellos no deberían de tener motivos para quererlo en sus filas… al menos por el momento. Como estudiante que se unía a la Academia en tercer año, incluso habiendo pagado la cuota de trasferencia, no podía acceder a los dormitorios superiores. Debía comenzar desde abajo. O al menos eso había dicho Judai, aunque, conociéndolo, probablemente había mentido un poco. A Judai le había encantado la chaqueta roja del dormitorio Osiris, y vaya que él era capaz de solicitar unirse a ese dormitorio sólo para poder usar esa chaqueta. Judai amaba el rojo, quizá por eso le gustaba tanto hacerlo pasar vergüenza sólo para verlo sonrojarse.
—¡Rei! —Sho se volvió en busca de la persona que había llamado a su amiga.
Un chico robusto, bronceado, vestido con el uniforme de Ra, en una variante sin mangas y con un pañuelo a juego (en el cual se distinguía la cabeza de un dinosaurio) atado en la cabeza, corría hacia ellos.
—¡Kenzan! —lo llamó Rei agitando la mano.
El chico se detuvo y miró a Sho y Judai con suspicacia.
—¿Quiénes son? —preguntó con tono de sospecha. Sho parpadeó. Por un momento había jurado que sus pupilas se movieron de forma similar a la de alguna especie de reptil.
—Soy Judai Yuki y él es mi novio, Sho Marufuji.
Kenzan parpadeó un momento.
—¿Marufuji? ¿Cómo en Ryo Marufuji?
—Él es mi hermano mayor.
—Bueno, entonces debes tener cuidado con la Sociedad de la Luz.
Judai frunció el ceño.
—¿Algún motivo particular?
—Hell Káiser no es alguien grato a sus ojos desde que él venció a Edo Phoenix en su duelo debut de la Liga Pro de Domino el año pasado. El patrocinador de los locos de blanco solía ser su representante. Renunció luego de esa derrota, al parecer en muy malos términos. Y ya sabes, desde entonces él y tu hermano han hecho pareja en varios torneos Tag. Creo que ven todo el asunto como si Káiser les hubiera robado a su líder, o algo así.
Sho asintió lentamente. Había estado viendo las repeticiones de los duelos de Ryo desde que volvió, y sabía sobre el duelo de Edo, dónde el profesional invicto había intentado convertir a Ryo en su burla, sólo para que Hell Káiser se lo regresara de la forma más humillante posible.
—Creo que deberíamos abordar —dijo Rei claramente para cambiar de tema.
Miraron a su alrededor, notando que prácticamente eran los últimos. Los pocos que quedaban eran algunos estudiantes de Rojo que parecían un poco perdidos.
—Bueno, creo que, como el Estudiante Superior, debo ayudar a los novatos —dijo Kenzan con suficiencia—. ¿Vienes, Rei?
Rei miró a Judai un momento. Judai le sonrió y le hizo un gesto como dándole permiso (para Sho era obvio que era algo literal). Kenzan entrecerró un poco los ojos, pero, antes de que pudiera decir nada, Rei lo llamó para que fuera a ayudarle con los novatos.
—¿Sabías sobre esta Sociedad de la Luz? —preguntó Sho a Judai.
—Algo —respondió—. Son una especie de Culto de la Luz. Pierdes contra ellos y terminas convertido en un zombi de blanco.
Sho asintió, sin evitar sentirse algo intimidado. Considerando todo lo que había pasado el último año y medio, entendía que por el tono de Judai lo decía como algo más que una metáfora. No sabía que era peor: morir en un duelo o volverse uno de ellos.
—No te preocupes —dijo él con voz más relajada, mientras lo atraía hacia sí para darle un beso—. Nunca podrían llevarte de mi lado.
Los profesores llamaron por última vez a abordar, así que ambos se dirigieron a la rampa de acceso lo más aprisa posible. Les esperaba un largo viaje de veintiséis horas en barco, la Academia estaba ubicada en una Isla tropical de la prefectura de Okinawa, siendo ese el promedio de viaje desde la Isla de Kyushu, en la cual se ubicaba Ciudad Domino.
Normalmente, los estudiantes de Osiris no tendrían acceso a un camarote privado durante el viaje, pero Judai había alquilado uno para él y Sho. Casi se arrepintió cuando notó que tenía que pasar por una zona plagada por estudiantes de blanco. Algunos de ellos intentaron cortarles el paso, pobres ilusos que no sabían lo que Judai podía hacer. El Dominio parecía no funcionar con los esclavos de la Luz, así que Judai tuvo que recurrir a la intimidación: una simple mirada y la mayoría salían huyendo.
Al margen de todo eso, Sho no pudo evitar sentirse cada vez más enfermo. A lo largo de los pasillos, notó como los estudiantes de primero que llevaban los uniformes de Obelisco y Ra eran abordados por los grupos de la Sociedad de la Luz. Esa debía ser la asimilación de la que Rei habló.
—No te preocupes tanto por ellos —le dijo Judai tras hacer correr a un último grupo—. Por ahora, relajémonos en el viaje.
Abrió la puerta del camarote. Sho se puso rojo como un rábano cuando notó que sólo había una cama.
—¿Cómo…?
—Un poco de persuasión —dijo Judai. Tomó a Sho de la mano y lo guio hacia la cama—. Vamos, necesito un trago. Tuve que estar algunas horas bajo el sol esta mañana, y a ti te convendría relajarte.
Sho se sonrojó más. Judai sonrió con picardía.
—Descuida, me aseguré de que la habitación estuviera insonorizada para no molestar a los vecinos.
Para cuando la hora de la cena llegó, Sho se sentía tan hambriento como si no hubiera comido en días. La pérdida de sangre, sin hablar de otras actividades íntimas, podían hacer eso. Él y Judai se dieron una ducha antes de ir a la cafetería. Algo que Sho había aprendido tras todo ese tiempo rodeado de vampiros, era sobre la alimentación: sí que podían comer comida humana, lo que no podían hacer era digerirla. Y claro, para ellos no tenía sabor alguno. ¿Qué pasaba luego con esa comida? Pues, bueno, la regurgitaban como las aves. No todo en los Señores de la Noche era elegancia y seducción natural. Por supuesto, debido a esto, tendían evitar las situaciones en que ingerir comida humana fuera necesario para mantener el disfraz.
La cafetería de Osiris era pequeña y ruidosa.
Lo primero que notaron fue que Kenzan, a pesar de ser de Ra, y Rei se las arreglaban muy bien para mantener animados a todos por allí. Los de primero parecían mucho más relajados que horas atrás.
—Se ve que se divierten mucho —dijo Judai sonriendo mientras se acercaba a la mesa dónde Rei y Kenzan disfrutaban de una agradable cena en compañía de un estudiante mucho más alto y robusto quien, curiosamente, parecía un Koala humano.
—Hay que mantener el ánimo, ¡somos lo único que impide que los zombis de blanco tomen toda la Academia!
—Sólo porque no creen que valga la pena siquiera ensuciarse los zapatos con nosotros —respondió el chico Koala.
—¡Vamos, Hayato, no digas eso! —gritó alguien desde otra mesa.
—¡El superior Hayato siempre se deprime al comienzo del año! —dijo alguien más—. En cuanto sea el primer día de sándwiches sorpresa en la tienda de la señorita Tome se le pasará.
Hayato estaba muy rojo por la vergüenza.
—¿Superior? —preguntó Sho.
—Hayato lleva en Osiris más tiempo que nadie —le respondió alguien—. ¡Cinco años! Ya deberían ponerle su nombre al edificio.
—¡Chicos, no sean así! —los reprendió Rei—. El superior Hayato se esfuerza mucho. Este año sin duda se gradúa.
—¿Crees eso?
—Hiciste dos años en uno sólo —dijo Kenzan—. ¿Cuántas personas pueden decir eso?
Hayato sonrió con timidez.
—Bueno, entonces supongo que nos graduaremos juntos —dijo Sho sonriendo.
—¿Juntos? —preguntó Kenzan—. ¿No son de primero?
—Nos transferimos desde otra escuela —le respondió Judai encogiéndose de hombros.
Kenzan pareció un poco malhumorado.
—Vaya, y yo que pensaba que había encontrado a otros dos pupilos, pero resulta que están un año por delante de mí.
—No te sientas mal, Kenzan, hay muchos de primero para que busques nuevos pupilos —dijo uno de los chicos que habían bromeado con Hayato—. Eso sí, no esperen ascender a Ra, a menos que les guste abusar del cloro y el blanqueador en su ropa interior.
La sala se llenó de carcajadas.
—Oh, llego a tiempo para la hora feliz de «qué bueno que no soy de los de blanco».
En la puerta de la cafetería había un estudiante de Obelisco, probablemente a esas alturas el único que no llevaba uniforme blanco.
—¡Hey, los de primero, conozcan al Rey Fubuki! —dijo alguien.
—¿Por qué hay un Obelisco aquí? —preguntó alguien con timidez.
—Porque, al igual que Kenzan allá, soy un Rojo honorario. —Fubuki les guiñó el ojo—. Ya, en serio, me duele la cabeza de sólo ver lo que es el ex dormitorio Azul en estos días, así que tuve que mudarme al rojo. Qué, y esto es entre nosotros, de todas formas, tiene mejor comida.
—Y sólo por eso el Profesor Cronos nos asignó más fondos, así que agradézcanselo. Tenemos pintura nueva y menos cucarachas gracias a El Rey Fubuki.
—Oh, vamos, no es para tanto. —La sala volvió a estallar en carcajadas ante el exagerado gesto de Fubuki, como rechazando los halagos, aunque claramente pavoneándose de forma burlona.
Sho notó que las miradas de Fubuki y Judai se encontraba un momento. Fubuki se puso serio y asintió una vez, luego se sentó en la mesa con Kenzan, Rei y Hayato para discutir sobre cómo habían ido sus vacaciones.
Esa cena fue de las más divertidas que Sho había tenido en años. La camarería reinaba entre los de Osiris. Rei, Kenzan y Fubuki (los últimos dos llamándose a sí mismos Osiris honorarios) se encargaban de subir los ánimos a los de primero. Aunque, Sho no pudo evitar notar como, sutilmente, les indicaban que no buscaran el ascenso. Era como si hubiera una advertencia velada allí: mejor estar en la parte inferior de la escuela a perder la individualidad.
El buen ambiente en la sala se cortó de pronto cuando las puertas dobles se abrieron de golpe. Cuatro estudiantes varones de Obelisco Blanco sostenían las puertas, mientras tres chicas de pie, en el centro, de tal forma que dejaba claro que ellos las escoltaban, miraron la sala con una mezcla de burla y asco.
—¿Se te perdió algo, hermanita? —preguntó Fubuki, poniéndose de pie y avanzando en clara actitud protectora. Kenzan y Rei no tardaron en hacer lo propio, incluso con discos de duelo en mano.
La chica de la derecha, una de cabellera castaña, frunció el ceño. La de la izquierda miró a Fubuki con reproche.
La chica de en medio, una rubia, miró a Fubuki como si fuera basura.
—Escuchamos que Sho Marufuji, el hermano menor de Káiser Ryo está aquí —dijo la chica de cabello castaño—. Así que, en nombre de la amistad pasada de Káiser con Asuka, ha decidido invitarlo personalmente unirse a nuestro selecto club.
—¿Te cortaron la lengua? —preguntó Fubuki a la chica rubia—. ¿Por qué no hablas por ti misma y no a través de tus lacayos?
—Asuka no tiene por qué dirigirte la voz mientras te niegues a reconocer la verdad.
—¿Qué verdad? ¿Qué el blanqueador causa daño cerebral irreparable?
Unas pocas personas se rieron, pero eso no disipó la tensión que se había formado en la sala.
La chica de la derecha activó su disco de duelo, sólo para que, con un gesto de la rubia, retrocediera.
—Vinimos aquí a ofrecer una invitación cordial a Sho Marufuji para unirse a la elite de la Academia. —La voz de la chica rubia era extraña: una mezcla de amabilidad y respeto, pero que en el fondo se sentía mal, como si fuera una suerte de mensaje subliminal. Era parecido al Dominio de Judai, pero mucho más abrasivo. Dónde Judai buscaba simplemente persuadir, esta persona atacaba como si quisiera derribar las defensas de un castillo—. Sé que tu hermano no querría que perdieras el tiempo con la basura.
Sho miró a Judai, quien parecía estar distraído en otra cosa más interesante. Claro, todo eso era una simple actuación: estaba escuchando todo con atención y analizando todo lo que pasaba. Sho le apretó la mano por debajo de la mesa, y luego se puso de pie.
—Muchas gracias por la invitación, pero no creo que a Ryo le importara si soy parte de la elite o no. De hecho, estoy más que seguro que él reprobaría a su… ¿secta? Después de todo, él siempre fue partidario del respeto entre dueltas. Al menos en sus días de estudiante.
—Muy bien —dijo la rubia tras un momento—. Pero Káiser no está aquí para protegerte.
Dicho eso, dieron media vuelta y abandonaron la habitación.
La cena no volvió a animarse luego de eso. Tras unos minutos, todos comenzaron a retirarse. Los Osiris compartían una habitación común junto a la cafetería, en dónde pasarían la noche durmiendo en futones.
Casi a las doce, Kenzan por fin les dijo buenas noches y se retiró a dormir. Incluso el personal se había ido hacía horas. Sólo quedaban Sho, Judai, Rei y Fubuki.
—Así que esa es Asuka Tenjouin —dijo Judai con voz despreocupada. Sho frunció el ceño. Había algo más allí: una sensación de amenaza oculta.
—La orden de su majestad es sólo observar de momento —dijo Fubuki.
Judai golpeó la mesa con su puño.
—Ella asesinó a Camula —dijo ya sin ocultar la furia en su voz.
Rei parecía lista para salir corriendo.
—Su majestad —habló Fubuki con el tono de voz más tranquilo que pudo—. Sé que está furioso, pero…
—Es tu hermana.
—Y me siento responsable. Quizá si hubiera sido honesto con ella, si yo la hubiera presentado con Lady Camula antes de que…
Judai suspiró. Sho sostuvo su mano hasta que se relajó.
—¿Cuál es la orden de mi padre sobre esta Sociedad de la Luz?
—Observar e informar todo lo que pasa —le respondió Rei—. Asegurarnos de que Osiris sea una resistencia que, cuando llegue el momento, pueda hacerles frente.
Fubuki asintió con la cabeza.
Judai permaneció pensativo por un momento.
—Entiendo. —Se giró a ver a Sho—. ¿Tienes las maletas con las cartas que te di?
Sho asintió. Unos días antes de zarpar, Judai había mandado las maletas con todas las cartas raras que había reunido en Ciudad Domino cuando se conocieron, y algunas más que ni siquiera existían en el Mundo Humano.
—Vamos a armar a esta pequeña resistencia —dijo—. Comenzando por los más confiables.
—Hayato y Kenzan —se apresuró a decir Rei—. Hayato no es un duelista de gran calibre, pero en la teoría pocos le ganan… mientras esté motivado. Incluso el Profesor Chronos admitió que es el mejor diseñador de cartas que esta Academia ha tenido, con todo y un puesto esperándolo en Ilusiones Industriales cuando se gradúe.
Los ojos de Judai brillaron con interés.
—Ya veo. ¿Es un Maestro de la Creación nato?
—Lo es, y el único que queda en el Mundo Humano además del mismo Pegasus J. Crawford.
Sho miró a Judai con curiosidad.
—Alguien que nació con el don innato para crear cartas, y sellar a los espíritus en ellas —le explicó—. Son raros en las Doce Dimensiones, en el Mundo Humano surge alguno cada cien generaciones. Puedo ver que a mi padre le interesara tener a este.
Sho no pudo evitar estremecerse. Nunca se acostumbraría a como los vampiros veían a los humanos como herramientas y posesiones. Incluso uno que era decente como Judai.
Durante la siguiente hora, Rei y Fubuki pusieron a Judai y Sho al tanto de todo lo que pasaba en la Academia.
Al mediodía, cuando la Isla Academia comenzó a ser visible, Sho se paró en la proa del barco para verla. Judai estaba con él, a pesar del sol.
Sho no pudo evitar sentir algo de tristeza. Dos años atrás había imaginado la Academia como un paraíso dónde los duelistas podían aprender y crecer juntos. La Academia a la que estaba llegando era un campo de batalla en el que pronto estallaría una guerra.
—Descuida, terminará pronto —le aseguró Judai—. Además, no significa que no habrá tiempo para divertirnos.
Sho asintió. Judai lo atrajo en un abrazo, y Sho se permitió cerrar los ojos, relajándose respecto a sus dudas y miedos con la sensación de seguridad que Judai le daba, y el suave movimiento de las olas, que casi parecía arrullarlo.
