Disclaimer: Yu-Gi-Oh! GX no es mío. De otra forma, la parte de Haou habría durado al menos el triple, y posiblemente habría acabado con un Sho vs Judai para salvar a su amigo.
Capítulo 19
Samejima sintió que le dolía la cabeza al ver tres de los cuatro dormitorios pintados en color blanco. Sólo se había ausentado un año, y al volver las cosas estaban de cabeza. Suspiró aliviado al ver que al menos el campus principal todavía mantenía sus colores originales. Esta Sociedad de la Luz no se había molestado en cambiar el color de las cúpulas que representaban a los dos dormitorios que había usurpado.
De igual forma, se sintió aliviado cuando nadie del personal tenía el uniforme de dicho color. Parecía que esta Sociedad de momento se concentraba sólo en reclutar estudiantes. Bueno, si no contaba la pequeña guerra que habían desatado Káiser y Edo Phoenix contra los representados de Takuma Saio, el líder de esta organización y un prominente jefe de una firma de duelistas profesionales.
Samejima se estremeció al recordar a su antiguo alumno. Ryo regresó cambiado de su captura en manos de la vampiresa de los Asesinos. Contó cómo había tenido que abrirse paso usando todos los métodos posibles para sobrevivir, olvidándose por el camino de todo lo que le había enseñado.
Durante su último mes en la Academia, Samejima no tuvo tiempo para ayudarlo a recuperarse. El descubrimiento de que el Presidente Kagemaru, fundador de la Academia de Duelos junto a Seto Kaiba, era en realidad el jefe de las Siete Estrellas, y su muerte (al parecer traicionado por el mismo grupo de duelistas oscuros) volvió todo un caos dentro de la junta escolar.
Cuando las clases terminaron, Samejima pensó que le vendría bien un descanso para volver a la escuela con la mente más despejada después de todo el desastre que se había venido sobre ellos el año anterior. Recién allí fue cuando se dio cuenta de lo mal que estaba Ryo. En los duelos de graduación había destrozado a todos sus compañeros sin ningún miramiento, incluso a Asuka cuando ella intentó hacerlo entrar en razón. De hecho, se ensañó mucho más con Asuka, casi como si de la noche a la mañana hubiera pasado de ser su única amiga a la persona que más odiaba.
Recordó lo aliviado que se sintió cuando Ryo aceptó pasar unos días con él en el dojo del Ciber Estilo. Pensó que una vez alejado de todo el caos en que se había convertido su vida, Ryo podría meditar y tranquilizarse para volver por el buen camino. Genuinamente pensó que lo había conseguido, hasta el último día, cuando lo desafió a un duelo amistoso. Al comienzo pareció que Ryo había retomado el camino, pero a la mitad del duelo regresó a su nuevo estilo agresivo que se centraba en el poder más que en el respeto a sus adversarios y hacia sí mismo.
Samejima terminó perdiendo ese duelo. Ante sus propios ojos, Ryo rompió el sello del mazo Ciberoscuro y lo reclamó para sí mismo.
De vuelta a la civilización, Samejima tuvo poco tiempo para meditar sobre los últimos acontecimientos. La Junta Escolar todavía estaba pensando en que hacer para recuperarse del golpe que la traición de Kagemaru significó para ellos, algo para lo que no podían contar con Seto Kaiba. Nadie había contado con el joven presidente de la compañía en años. Para muchos, el hombre estaba acabado. Persiguiendo fantasmas, gastando grandes sumas de dinero intentando despertar a su hermano de un coma que la ciencia médica no podía explicar.
Al final, había terminado por poner a la venta la mayor parte de sus propias acciones en Corporación Kaiba para conseguir los fondos que los médicos necesitaban para seguir investigando una posible cura para el mal que aquejaba a Mokuba Kaiba. Muchos en la junta directiva de Corporación Kaiba temían lo que pasaría si esas acciones caían en manos equivocadas. Dado su pasado, Corporación Kaiba todavía tenía patentes y archivos de viejas investigaciones sobre armas que nadie quería salieran a la luz. Desde hacía unos años que las guerras se decidían con cartas, nadie quería volver a los días en que los niños se mataban con armas en África y en Medio Oriente.
Hubo un suspiro de alivio colectivo cuando Pegasus entró al rescate y compró esas acciones, promoviendo un proceso de fusión entre Corporación Kaiba e Ilusiones Industriales. Lo cual trajo sus propios dolores de cabeza cuando las acusaciones de monopolio se alzaron en muchos países, obligando a la empresa a liberar las patentes de muchos productos, en especial relacionados con el duelo, para garantizar la competencia. Empresas como Goha o SOL Technologies no tardaron en comenzar a comercializar sus propios modelos de discos de duelo.
Y la Academia estaba en el centro de todo ese desastre. Samejima tuvo que ausentarse más tiempo de la escuela debido a que fue promovido de forma temporal a la junta escolar, especialmente ahora que Pegasus estaba al mando de esta, desplazando a Seto Kaiba. El hombre realmente debía estar mal si había permitido que todo eso pasara. Cinco años atrás, Kaiba habría aplastado a cualquiera que intentara hacer eso.
La junta nombró a Chronos como director interino, mientras se discutía como encausar la Academia de nuevo. El golpe no sólo fue a Central: sin Kagemaru y con la Junta Escolar vuelta un desastre, las otras Academias gozaban de una libertad sin precedentes. No es que eso fuera algo malo, el problema era que con la pérdida de valor en la bolsa de Corporación Kaiba al haberse tenido que renunciar a las patentes sobre los discos de duelo y parte de la tecnología de visión sólida, la Academia vio un fuerte golpe a sus finanzas cuando la Junta Directiva de la empresa se vio inmersa en una restructuración. La inyección de capital por parte de Pegasus ayudó un poco, pero no fue suficiente.
Al final, y por primera vez en más de una década de existencia, las diversas Academias tuvieron que aceptar inversión externa. Así fue como la Sociedad de la Luz obtuvo su poder dentro de la escuela, cuando su líder de ofreció a financiar dos de los tres dormitorios. Pegasus y Samejima habían visto esto con mucha sospecha, no así el resto de la Junta Escolar, que recibió la ayuda con los brazos abiertos.
Takuma Saio era un hombre misterioso. Apareció de la nada representando a Edo Phoenix, el joven prodigio que había logrado ser profesional incluso antes de los quince años. Esto le ganó una gran reputación, y ahora manejaba una agencia que tenía fichados a los duelistas profesionales más importantes de Japón, con miras a extenderse al resto del mundo. Dicha agencia había hecho múltiples intentos de reclutar a Ryo. El contrato casi había estado firmado antes de su graduación, y luego sucedió el incidente con Camula.
Cuando Ryo volvió, rechazó a todas las agencias interesadas en ficharlo, incluyendo a la de Takuma Saio. Un mes después de que se apoderara del mazo Ciberoscuro, Ryo hizo pública la muerte de su padre: Kyo Marufuji. La empresa familiar fue vendida a un conglomerado relativamente desconocido en Japón, el cual manejaba gran parte de la escena profesional de duelos en Europa. Ryo fue su primera estrella al incursionar en las ligas japonesas.
El Domo de Duelos en Kaibalandia fue el lugar elegido para mostrar al mundo a la nueva estrella de los duelos: Hell Káiser. Su estilo de duelo agresivo, sumado a las ostentosas demostraciones de poder, hicieron que su popularidad se incrementara pronto como el «chico malo» de las ligas profesionales por quienes muchas chicas adolescentes suspiraban.
Y luego vino el duelo con Edo Phoenix, la joya de la corona en la Agencia de Takuma Saio. Un duelo que a todas luces Hell Káiser iba a perder. Cuando Edo Phoenix terminó siendo aplastado por el poder del «Dragón Ciberoscuro» equipado con el «Dragón Ciber Final», el estadio quedó en silencio.
La desaparición de Edo de los circuitos profesionales luego de aquello desató toda clase de rumores. Tras dos meses, la prensa se volvió loca cuando Edo reapareció informando su renuncia a la agencia de a quien muchos consideraban su mejor amigo, algo que según las fuentes de Samejima tomó por sorpresa al mismo Takuma Saio. Edo estuvo fuera de los reflectores un tiempo más, tras lo cual reapareció en un Torneo Tag por invitación en compañía del mismo Hell Káiser, y desde entonces ambos se habían mantenido en la cima de las ligas profesionales.
Samejima había observado todo esto desde fuera, mientras la situación de la Academia era cada vez más desesperante.
Al final, el profesor Cobra, director de la Academia Oeste, propuso que lo mejor era organizar un evento que reuniera a los mejores estudiantes de todas las ramas de la Academia. El objetivo era seleccionar a los mejores duelistas, y luego lanzar una invitación a las otras escuelas que comenzaban a abrirse alrededor del mundo para que desafiaran a lo mejor que tenían por ofrecer, a fin de usar eso como un reclamo publicitario que trajera más inversión a la escuela, así como subir la moral de los estudiantes. Incluso era posible televisar dichos duelos. El año anterior, Grupo Manjoume ya había demostrado que los duelos escolares eran un mercado potencialmente explotable al patrocinar la emisión del Inter Escolar entre la Academia Norte y la Academia Central. Para el público había sido como tener una mirada previa a los duelistas que en unos años verían en las ligas profesionales. Y una rivalidad sana entre escuelas siempre traía expectación.
La Junta Escolar aprobó esto. Samejima fue enviado de regreso a la Academia Central para supervisar todo, y en unos días estaría recibiendo a los campeones seleccionados por las otras escuelas para comenzar la etapa cerrada de dicho evento.
Cuando Samejima entró a su antigua oficina encontró a Chronos y a Napoleón discutiendo sobre qué hacer con respecto al dormitorio Rojo.
—Tal vez lo mejor será directamente pintarlo de blanco —dijo Chronos con cierta amargura.
—¿Tú crees? —lo cuestionó su colega—. Siempre he dicho que lo mejor es derribarlo.
—Buena suerte pasando sobre Daitokuji. Últimamente se ha vuelto alguien aterrador. Defiende a sus estudiantes como si esa fuera su única razón de existir. Además, no podemos sacar de allí a Fubuki. Es el único estudiante de Obelisco que todavía nos respeta un poco.
Samejima tosió para llamar la atención de los dos hombres.
Chronos lo miró un momento, parpadeó un par de veces antes de saltar con un gesto exagerado en el rostro.
—Director Samejima, no lo esperaba de regreso.
—Presidente Samejima en realidad —les aclaró—. La junta escolar ha decidido darme el puesto del desaparecido Kagemaru. Supongo que se perdió el memo. Parece que no es lo único perdido en la Academia estos días.
Napoleón miró a Samejima con interés mientras se rizaba el bigote derecho.
—Supongo que hay un motivo importante para que esté aquí, señor presidente.
Samejima frunció el ceño. Los métodos de Napoleón nunca habían sido de su agrado. Jamás había pensado que cerrar el dormitorio rojo y expulsar a los alumnos rezagados fuera la respuesta. A su parecer, era como si se hubiera rendido antes de siquiera comenzar. El trabajo de un profesor era ayudar a crecer a sus alumnos, no desecharlos cual basura.
—Primero que nada, veo que no han estado al tanto de las decisiones de la junta escolar en los últimos días. No los culpo, la administración ha sido un desastre, pero creo que ya estamos en mejor camino. Así que he venido a poner orden a la Academia personalmente.
Chronos tragó saliva, no le había gustado para nada el tono empleado por Samejima.
—Bien, las clases comienzan en una semana, y tenemos que estar listos para ese día. Primero que nada, tendremos invitados…
Judai de inmediato decidió que la Academia le gustaba. Había algo allí que lo hacía sentir como en casa. Era casi como si la Academia estuviera ubicada justo en medio entre el mundo de los humanos y las Doce Dimensiones. Tal vez alguna vez había sido así. Sabía de sitios como Lemuria o la Atlántida que ahora estaban en las Doce Dimensiones, pero que miles de años atrás habían estado en la Tierra.
Cuando llegaron, el volcán soltó una pequeña nube de polvo y cenizas, casi como si los saludara. Nada más tocó tierra, sintió una enorme fuente de energía en algún lugar del subsuelo. Una energía que lo saludaba como si se reencontrara con un viejo aliado. Ese fue un sentimiento agridulce, eso arruinó su buen humor. Sabía que eran los Demonios Fantasmas: las cartas debido a las cuales Camula…
Sintió a Sho apretando su mano. Lo miró un momento y vio la comprensión en sus ojos. Sho sabía que para él era complicado estar allí, el lugar donde Camula había…
—Deberíamos buscar un lugar para estar a solas antes de la ceremonia —dijo Sho, sonrojándose mientras lo decía—. Te ves un poco hambriento.
Judai asintió lentamente. Ahora que ya estaba allí se daba cuenta de que la alimentación sería un pequeño problema. No quería depender de Sho para eso. Quizá Rei y Fubuki estarían dispuestos a donarle al de sangre (no es que pudieran negarse siendo que era el príncipe).
La vista del séquito de estudiantes de blanco rodeando a Asuka Tenjouin sólo hizo que su estómago se sintiera revuelto. Por culpa de esa chica Camula…
—Oh, debes ser el joven Yuki —la jovial voz conocida de un hombre llamó la atención de Judai.
Sho parpadeó al ver a un hombre alto y delgado que sostenía a un gato un poco subido de peso en sus manos.
—Soy el profesor Daitokuji, director de Osiris. Su padre se puso en contacto conmigo respecto a su salud. Me alegra decir que he resuelto al problema.
Sho parpadeó más confundido. Judai lo miró y asintió indicándole que todo estaba bien, luego se giró hacia el hombre:
—Oh, por supuesto. Muchas gracias, profesor.
—No hay por qué. Es nuestro trabajo asegurarnos de que los alumnos estén sanos y tengan todo lo que necesitan.
Los preparativos para Judai resultaron ser una nevera repleta con botellas de sangre embotellada ubicada en la oficina del director del dormitorio Osiris. Siendo Daitokuji un alquimista, no le había costado replicar las fórmulas y perfeccionar lo que Haou había creado para conservar la sangre fuera de la fuente, casi como si fuera vino tinto.
Para sorpresa de Sho, Judai comenzó a cuestionar a Daitokuji sobre los procesos. Entonces, ambos se enfrascaron en una discusión sobre alquimia de la que, francamente, Sho no entendía mucho. Al final, el mismo Daitokuji terminó tomando notas cuando Judai le hizo algunas sugerencias sobre eso y otras investigaciones alquímicas.
—¿Cómo sabes tanto de alquimia? —le preguntó Sho al salir de allí.
—No sé —se encogió de hombros—. Siempre ha sido fácil para mí. Tan fácil como el duelo.
Al final, por haber estado hablando sobre el asunto, terminaron retrasados para la ceremonia de apertura.
Mientras Sho y Judai corrían en dirección al campus, terminaron chocando con alguien en las puertas. Bueno, más bien Sho terminó chocando con alguien.
—¿Estás bien? —le preguntó Judai mientras lo ayudaba a levantarse.
—Sí —le respondió Sho haciendo una mueca.
—¡Lo siento mucho! —se disculpó la persona con quien había chocado.
Judai miró al desconocido con el ceño fruncido.
—¿Eres Johan Andersen? —cuestionó Sho sorprendido—. Vi tu participación en el Inter Escolar hace dos años. ¡Fue un duelo increíble!
Johan pareció avergonzado, mientras se rascaba la nuca.
—Johan —una voz fría y sería los interrumpió.
De pie a unos metros de ellos se encontraba Jun Manjoume, el compañero de Johan en aquel Duelo Tag. Los miraba con los brazos cruzados sobre el pecho. A diferencia de Johan, vestía una variante con gabardina negra del uniforme de la Academia Norte.
—Llegaremos tarde —dijo Majoume—. Ichinose no estará feliz si avergonzamos a la escuela en nuestro primer día en Central.
Johan suspiró.
—Sí, tienes razón. —Miró a Sho y le sonrió—. De nuevo, discúlpame. —Su mirada se dirigió hacia Judai sin perder la sonrisa—. También deberían apresurarse, o llegarán tarde.
Judai simplemente asintió con dureza.
Johan y Manjoume comenzaron a alejarse en dirección a las puertas de la Academia. Pero Judai no hizo ningún movimiento.
—¿Estás bien? —fue la voz de Sho lo que le hizo volver a la realidad.
—Sí, descuida. Simplemente fue un presentimiento. Ese chico Johan, hay algo en él que me resulta familiar.
—Lo vimos en el Inter Escolar que se emitió por televisión. ¿Recuerdas? Fue nuestra primera cita —dijo lo último en un susurro avergonzado, con el correspondiente sonrojo.
Judai se encogió de hombros.
—Sí, supongo que es por eso.
Saio estaba cada vez más confundido. Las cartas nunca antes le habían mentido, mucho menos desde que la Luz iluminaba sus visiones. Pero durante el último año todas sus previsiones habían fallado.
Primero, Edo volvió de la Academia diciendo que no había ningún estudiante con las características que él le había indicado. El dormitorio Osiris, según él, era sólo una choza cayéndose a pedazos dónde la Academia ocultaba sus mayores vergüenzas. Allí no había ningún duelista usuario de los Héroes con el poder de desafiar al destino.
Esa fue la primera vez que Edo dudó de él, y la primera vez que Saio terminó desconcertado. ¿Dónde podría estar el Heraldo?
La Luz guardó silencio.
Edo decidió darse de baja de la Academia y centrarse en su carrera de nuevo. Un mes más tarde, ocurrió su desastroso duelo contra Káiser. El hombre debería de haber sido destrozado, algo que ayudaría a Saio cuando fuera la hora de infiltrarse en la Academia al sembrar la duda en los estudiantes de Obelisco sobre si seguir el camino de personas como Ryo Marufuji era lo correcto, pero no fue así. Se recompuso a mitad del duelo y humilló a Edo en público.
Esa fue la segunda vez que Edo dudó de él. ¿Qué había salido mal?
La Luz calló de nuevo.
Edo cayó en una espiral depresiva luego de aquella derrota. El destino había fallado dos veces. Contra todos los consejos de Saio, Edo fue en busca de respuestas con Káiser. Él había desafiado al destino, debía descubrir su secreto.
Saio se concentró en su ocupación de la Academia de Duelos. Manipular las dudas de Asuka Tenjouin con respecto a Hell Káiser y su caída en la oscuridad fue más sencillo de lo que pensó. La chica estaba destrozada, y la Luz le dio fuerza para reponerse.
Con su agente firmemente plantada en la Academia, tenía tiempo de centrarse de nuevo en Edo. Estaba seguro de que él era el Campeón de la Luz. Edo era el duelista que era gracias a que la Luz había guiado cada uno de sus pasos en esa dirección. ¿Cómo podía ser de otra forma?
La siguiente vez que vio a Edo, este se presentó con sus abogados para rescindir el contrato con su agencia. Y no sólo eso, los abogados de Hell Káiser estaban también con él. El mismo Ryo Marufuji había permanecido recargado en la puerta de su oficina, como regodeándose de la forma en que le había arrebatado a Edo de las manos.
La Luz guardó silencio de nuevo.
Saio intentó disuadir a Edo de que se quedara por cualquier medio, incluso contactó a DD, sólo para descubrir que Edo había conseguido la emancipación. Tenía sólo quince años, pero también tenía varios títulos universitarios y era un duelista profesional. La corte no tuvo reparos en declararlo legalmente un adulto competente y capaz de cuidar de sí mismo.
La Luz todavía no decía nada. Y ahora, tras meses de intentos por demás futiles de hacer entrar a Edo en razón, las cartas una vez más señalaban que el Heraldo surgiría de la Academia de Duelos Central.
¿Por qué ahora? ¿Por qué de nuevo en la Academia? Edo no había encontrado al niño que cumplía las características que debía tener el Heraldo. Asuka y Daichi, en cuanto se hicieron cargo de Obelisco y Ra respectivamente, también lo habían buscado. Se suponía que el Heraldo debía de ser inmune al Bautizo de la Luz. Sólo ese chico del mazo de los dinosaurios, Kenzan, había demostrado ser inmune, pero no era el Heraldo. Simplemente había sido una coincidencia que hubiera algo en él que lo protegiera.
Luego estaba esa niña, Rei Saotome. Una niña que sobrevivió a un secuestro de diez años y volvió con su familia. Una de esas historias que salían en los noticieros de la mañana y hacían llorar a las amas de casa. También resultó ser una duelista con talento, aunque estaba seguro de que no era el Heraldo. La dejaron en paz. Osiris no era un sitio en el que valiera la pena invertir esfuerzos. Eventualmente todos Verían la Luz, pero por ahora lo mejor era centrarse en buscar al Heraldo y traer de regreso a su campeón.
Saio barajó las cartas una vez más. Frunció el ceño. No tenía sentido… a menos que todo lo que había creído hasta ese momento fuera un error.
—El Campeón de la Luz está en la Academia —murmuró todavía un poco incrédulo.
