Disclaimer: Yu-Gi-Oh! GX no es mío. De otra forma, la parte de Haou habría durado al menos el triple, y posiblemente habría acabado con un Sho vs Judai para salvar a su amigo.
Capítulo 20
La arena de duelos principal de la Academia rara vez era usada al comienzo de un curso. Por lo general sólo se usaba dos veces al año: en el Inter Escolar y en el duelo de graduación del mejor alumno de la generación que se graduaba. Por ese motivo, las miradas expectantes de cientos de estudiantes estaban fijas en ella, así como de las delegaciones invitadas de los otros cinco campus. Los duelistas elegidos para la primera demostración de duelo del año ya se encontraban en la arena, uno frente al otro.
Judai casi podía sentir que le daría una migraña (cosa imposible para un vampiro) cada vez que miraba hacia las gradas, ya que el ochenta por ciento de estas se habían teñido de blanco debido a los estudiantes «asimilados» por la Sociedad de la Luz. Rei había tenido razón: en el momento que desembarcaron, no quedaba nadie con el uniforme amarillo o azul, salvo por Kenzan y Fubuki.
Gracias a sus sentidos superiores a los de los humanos, podía escuchar la conversación del director de la Academia, el subdirector y el presidente de la Junta Escolar.
—¿Por qué elegir a un Osiris para representar a la escuela? —se quejó el subdirector, un francés bajito y rechoncho que de verdad hacía honor a su nombre (al menos en la estatura), homólogo al del viejo dictador del siglo XIX.
—El joven Yuki demostró una gran habilidad en su examen práctico, y sus notas son excepcionales —le aclaró el presidente Samejima.
Napoleón hizo un sonido de incredulidad. Judai giró los ojos hacia dónde estaban los profesores a tiempo para ver las reacciones exageradas del director y el subdirector al ver sus calificaciones. Judai no pudo evitar hacer una mueca de fastidio. Las notas estaban un poco trucadas, dado que se habían tenido que usar muchos de los contactos de su raza en el mundo humano para modificar los récords escolares de él y Sho a fin de que pudieran infiltrarse en la Academia. No es que si no quisiera no pudiera tener notas como aquellas. Los vampiros eran capaces de retener información con mucha más facilidad que los humanos, simplemente él prefería relajarse luego de haber estudiado ya durante décadas.
—¿Por qué no está en Obelisco? —prácticamente gruñó Napoleón con indignación.
—Reglas de la escuela —respondió el director Chronos con voz algo apagada—. Los estudiantes transferidos, aunque sea al comienzo del curso, deben iniciar desde Osiris. Pero, con estas notas no tardará en subir.
«No cuenten con eso», respondió Judai en su mente, y dejó de prestar atención a la conversación.
Centró su mirada en su rival: Jun Manjoume. Lo había visto en el duelo Inter Escolar de un año atrás, en dónde usó un mazo peculiar: una combinación de dragones y ojamas. Por supuesto, no esperaba ver que un trío de espíritus de estos últimos lo rodearan haciendo sus habituales gestos que los hacían tan molestos para otros monstruos de duelo y duelistas por igual. El chico hacía lo que podía para ignorarlos, pero la vena saltada en su frente indicaba que no estaba teniendo mucha suerte.
Judai sintió ganas de reír ante la escena, pero se contuvo. No era momento para demostrar que de hecho podía ver a los espíritus de duelo, no con tantos estudiantes de blanco observando. Entre menos supieran de él, mejor. Por otro lado, era agradable ver a los Ojama. Siempre le parecieron divertidos. Era una lástima que hubieran sido cazados tanto por las arpías (raza que los consideraba como un manjar delicioso), como por otros monstruos que sólo lo hacían por deporte, hasta casi desaparecer. Era bueno ver que algunos de ellos habían sobrevivido escapando al mundo humano.
El profesor Cobra, un hombre alto, fornido y musculoso que más parecía el villano de una película de acción de los ochenta que un profesor de la Academia de Duelos, subió a la arena, acompañado de un estudiante: un chico que igual que él parecía un militar más que un duelista.
Cobra llamó a ambos duelistas al centro de la Arena. Mientras el estudiante que lo asistía abría un maletín para mostrarles dos brazaletes electrónicos, Cobra comenzó a explicar sobre esa nueva tecnología que permitiría a la escuela monitorear los duelos de todos los estudiantes en tiempo real. A diferencia de otros años, en este toda su actividad sería registrada para ser tomada en cuenta en sus calificaciones. Se esperaba así encontrar a los mejores estudiantes de los cinco campus de la Academia de Duelos, quienes los representarían en un gran evento que tendría lugar la segunda mitad del año escolar.
Judai miró el aparato por un momento y entrecerró los ojos. Había algo allí, que sumado al pequeño toque de burla en las palabras finales del profesor Cobra, que levantaba sus sospechas sobre algo oculto detrás de todo ese asunto de los Duelos de Supervivencia. Era casi como si el hombre no esperara que quedara nadie en pie para el momento del supuesto gran evento de finales de año.
No tuvo tiempo de pensar más al respecto, el profesor Cobra pasó el micrófono al subdirector Napoleón, quien no perdió tiempo en anunciar a los dos alumnos que se enfrentarían en el duelo inaugural.
Jun Manjoume era tan bueno como Judai esperaba. En un solo turno consiguió invocar al «Rey Ojama», sellando tres de sus cinco Zonas de Monstruos, y además consiguió invertir los puntos de ataque y defensa del monstruo, por lo que ahora se enfrentaba a una criatura con 3000 de ATK.
Judai consiguió desarmar su jugada en el siguiente turno, gracias a las fusiones de sus héroes.
Jun no perdió tiempo y mostró a sus poderosos Dragones Armados.
Así, el duelo se convirtió en una suerte de partido de pingpong, en el cual ambos duelistas desarmaban el campo del otro, aunque sin hacerse mucho daño, mostrando cada vez monstruos más poderosos.
No ayudaba que Judai estuviera conteniéndose de mostrar a sus mejores monstruos para acabar pronto el duelo. No era el momento para demostrar sus verdaderas habilidades. Esto no significaba que no estuviera atento a cada una de las jugadas de Jun Manjoume, descubriendo que él tampoco estaba mostrando toda su habilidad. Muy bien, ambos se estaban midiendo, podía lidiar con eso.
Inesperadamente, el duelo terminó en un empate cuando el estudiante de la Academia Norte activó su «Anillo Destructor» sacrificando a su «Dragón Armado LV7» para hacer daño a su adversario, mientras protegía sus propios Puntos de Vida con su «Anillo de Defensa»… o al menos ese era su plan, ya que Judai lo frustró encadenando su «Disruptor Mágico» a su última carta, negando su efecto y haciendo que ambos recibieran los 2800 puntos de daño.
Fue en ese momento que Judai lo sintió: una sensación similar a una que ya había experimentado muchas décadas atrás, cuando casi había sido drenado hasta la muerte. Sólo que en esta ocasión no era su sangre la que era extraída de su cuerpo, sino su energía. Fue sólo debido a los instintos de preservación naturales de un vampiro que consiguió frenar el robo de energía y mantenerse en pie.
Jun Manjoume no tuvo tanta suerte: se desplomó inconsciente en el suelo de la arena nada más sus Puntos de Vida llegaron a cero.
—Estoy bien, se lo aseguro —insistió Judai por décima vez a la profesora Ayukawa, enfermera de la Academia Central.
La mujer negó con la cabeza, mientras seguía revisando los signos vitales de Manjoume, quien ahora yacía en una cama de la enfermería, todavía inconsciente. El propio Judai estaba sentado en la orilla de la cama junto a esa, esperando su turno para ser examinado. Por más que le había asegurado a la mujer que estaba bien, no parecía querer dejarlo ir. Habría usado su dominio para convencerla, pero la mujer tenía tanta pasión por su trabajo que no habría sido posible, no a menos que quisiera ser muy obvio ante la mirada vigilante del director Chronos.
—Jovencito, estabas presente en ese duelo. Tal vez lo que dejó así al joven Manjoume no te afectó de la misma forma, pero vi claramente como casi perdiste el equilibrio. Ahora, podemos hacer esto por las buenas, o tendrás que pasar toda la noche aquí para observación.
Judai hizo una mueca de fastidio.
—Muy bien, Emi, envíame un reporte sobre la salud de nuestros jóvenes duelistas en cuanto termines tu valoración —pidió el director Chronos mientras, finalmente, se retiraba.
Judai notó una mueca de desagrado casi indetectable en la mujer frente a él. Se encogió de hombros y lo dejó pasar. Ciertamente el director parecía ser de ese tipo de personas que no caían muy bien a todos. Demasiado snob para su gusto, en especial con ese tono presumido con el que hablaba.
—¿Cómo van las cosas por aquí?
Judai se giró un poco para ver al profesor Daitokuji, quien entró en la enfermería justo en el momento que el director salía.
—El joven Manjoume sufrió agotamiento por uso excesivo de energía de duelo. —El uso de dicho término le hizo saber a Judai que la mujer parecía tener cierta experiencia sobre eso, algo inusual en el mundo de los humanos—. Es casi como… —Sacudió la cabeza—. Pero fue un duelo ordinario no debería…
Se giró un poco hacia él y pareció verlo con sospecha.
—Tal vez debamos revisar los discos de duelo —sugirió el profesor Daitokuji. Para Judai fue claro que su intención con ese comentario era alejar la sospecha de él.
La mujer se relajó y asintió lentamente con la cabeza.
—Sí, es posible que haya sido un desperfecto en estos —admitió, y siguió murmurando algo en voz baja, lo cual Judai no tuvo problemas en escuchar: «No parece ser algo como los Asesinos de hace dos años».
Daitokuji miró a Judai y le guiñó el ojo.
—Bueno, el joven Yuki parece estar bien, y dado que el joven Manjoume necesita descanso, tal vez lo mejor será que lo dejemos dormir por ahora.
—El joven Yuki se irá hasta que lo valore —insistió la enfermera girándose para ver al profesor con desafío.
Daitokuji y la profesora Ayukawa se enfrentaron en una pequeña batalla de miradas, en la cual ella salió perdiendo.
—Muy bien, pero al menor indicio de que algo ande mal, tiene que venir a verme de inmediato.
—Sí, no te preocupes. Soy un alquimista de duelo certificado, me asegurare de que el joven Yuki se encuentre bien.
—Gracias por la preocupación, señorita enfermera —le agradeció Judai antes de escabullirse de allí lo más rápido que pudo.
Una vez fuera de la enfermería, Judai fue recibido por un borrón de color rojo y azul que se estrelló contra él en un abrazo. Acarició los cabellos de Sho con su mano derecha mientras lo veía con un gesto conmovido.
—¿Estás bien, verdad?
Judai le guiñó el ojo, y luego lo besó en la frente.
—No fue nada.
Tras asegurar eso, levantó la mirada para ver la habitación. Había varios estudiantes de la Academia Norte sentados en la sala de espera de la enfermería, junto con el chico de las Bestias de Cristal, Johan Andersen. Claramente estaban preocupados por su compañero. Este último, se había puesto de pie rápidamente luciendo más angustiado que el resto.
Abrió la boca, como si quisiera preguntarle algo a Judai. Al instante se arrepintió y apartó la mirada. Judai frunció un poco el ceño. Ahora que veía a este chico en persona una vez más, esa sensación de que lo conocía de antes, y no tenía nada que ver con el duelo televisado de año y medio atrás, regresó con más fuerza.
El profesor Daitokuji salió de la enfermería en ese momento.
—Profesor, ¿cómo está Jun? —Esta vez Johan había encontrado las palabras para expresar su miedo.
—Sólo es agotamiento. Una noche de sueño y estará bien.
Johan frunció un poco el ceño.
—Cuando se desplomó, no parecía eso…
—Puedo asegurarle, joven Andersen, que sólo fue agotamiento por un duelo tan intenso. En todo caso, se hará una investigación como dicta el protocolo. Si hay algo más, bueno, se le notificara al joven Manjoume. Por ahora, creo que todos deberían ir a descansar. Fue un largo viaje hasta aquí y han tenido muchas emociones hoy.
Daitokuji apretó un poco el hombro de Judai, y sus estudiantes lo siguieron de regreso al dormitorio Osiris. Judai podía sentir los ojos de Andersen fijos en él todo el tiempo hasta que la puerta se cerró a sus espaldas.
Una vez que las clases comenzaron oficialmente, Judai miró con suspicacia al profesor Cobra mientras este entregaba las llamadas biobandas, brazaletes como el que él y Jun Manjoume habían recibido antes del duelo de inauguración, a todos los estudiantes. Cobra no había dicho que fuera obligatorio llevarlos en todo momento, considerando que su supuesto objetivo era monitorear las estadísticas durante los duelos, así que le indicó a Sho que no lo usara todavía.
Nada más terminaron las clases, Judai decidió que era buena idea pasar la tarde en las arenas de práctica, dónde los estudiantes solían concertar duelos por diversión durante su tiempo libre. Así pudo constatar su sospecha: todos los estudiantes allí terminaron cansados luego de sus duelos, aunque no al grado de perder la consciencia como había pasado el día anterior. Por supuesto, los duelos que vieron esa tarde tampoco tuvieron la intensidad de su duelo contra Manjoume. Si fuera el caso, tal vez ocurriría lo mismo.
De igual forma, casi todos los estudiantes allí eran de las delegaciones de los otros campus, aunque no vio a Johan Andersen por allí esa tarde. Imaginó que había ido a la enfermería nada más terminaron las clases, ya que Jun Manjoume no se presentó a estas y Johan se veía preocupado.
—Buenas tardes. —La voz de Rei sacó a Judai de sus pensamientos.
Rei venía acompañada de un chico. Lo reconoció como el mismo que había cuestionado la presencia de Fubuki en la cafetería de Osiris durante el viaje hacia la Academia. Era un joven bajito, de la estatura de Sho, con cabellera castaña corta y mirada triste.
—Buenas tardes, Rei. —Sho le devolvió el saludo a su amiga con esa sonrisa brillante que hacía que Judai sintiera ganas de llevarlo a un rincón para devorarlo a besos.
—Él es Martin. Estoy dándole en tour por la Academia —les aclaró Rei—. Fue una idea de Kenzan, y el profesor Daitokuji lo aprobó: cada estudiante de un curso mayor debe ayudar a uno de primero para que se acostumbre a navegar por la escuela. Es un edificio grande, después de todo.
—Esa es una buena idea —admitió Sho.
—Sí, y se supone que Fubuki iba a ayudarlos a ustedes. —Luego miró a Judai y pareció arrepentirse de decir eso. Judai podía decir que estaba preocupada por haberlo insultado de forma indirecta, así que le sonrió para tranquilizarla.
—Se ofreció a hacerlo, pero le dijimos que estábamos bien. Estoy acostumbrado a moverme por edificios laberínticos.
Rei asintió, sin duda recordando su visita al castillo real.
—¿Disfrutando de los duelos? —preguntó Rei para cambiar de tema.
Sho asintió con la cabeza.
—No veo muchos estudiantes de central —comentó Judai fingiendo casualidad.
Rei hizo una mueca.
—Los estirados de blanco se creen muy buenos para practicar con la minoría. Prefieren hacer… lo que sea que hacen en su templo al blanqueador.
Judai notó como el chico, Martin, alzaba un poco la cabeza al escuchar la mención despectiva de la Sociedad de la Luz, parecía interesado por lo que se decía al respecto. Hizo una nota mental para vigilarlo de cerca.
Rei se despidió de ellos, y se marchó con el chico para ir a ver el gimnasio.
Judai miró los duelos un rato más. Cuando quedó claro que no iba a pasar nada como lo ocurrido en su duelo con Manjoume, tomó a Sho de la mano y le indicó que lo siguiera. Ya había trabajado mucho por un día. Sólo quería volver a su dormitorio y acurrucarse un rato con Sho, y tal vez compartir un Beso.
Durante el trayecto, le fue imposible no notar como los estudiantes de blanco los acechaban por los pasillos. A diferencia de en el Ferri, ninguno parecía dispuesto a interponerse en su camino, pero eso no evitaba que los siguieran con las miradas. Algunos pocos lo observaban a él, claramente intrigados por sus habilidades mostradas durante el duelo contra Manjoume. Sin embargo, la mayoría miraban a Sho. Y por la forma en que su amado se pegó a él todo el tiempo, se dio cuenta de que también él lo notaba.
Asuka Tenjouin había amenazado a Sho, no había duda de que estaban observando en espera del momento para cumplir dicha amenaza.
Una vez en el dormitorio, Judai se ocupó de que Sho se relajara de la experiencia de saberse asechado con una sesión de besos, la cual concluyó con ese momento especial que ambos habían aprendido a anhelar.
Mientras dejaba a su amado descansando, Judai fue en busca de su maleta. Sacó un pequeño vial de cristal. Perforó su propio dedo con su colmillo y dejó caer unas gotas en el pequeño recipiente, luego lo cerró y le puso una cadena.
Se quedó un momento mirando a Sho, quien dormía con los labios rosados entre abiertos, como si lo invitara a probarlos una vez más.
No se contuvo más y se acercó para besarlo.
Sho despertó y sonrió al ver los ojos cariñosos de Judai mirándolo en las penumbras de la tarde, casi noche.
—Siempre lleva esto contigo —dijo Judai mientras abrochaba la cadena en su cuello—. Si en algún momento estás en duelo con la Sociedad de la Luz, quiero que bebas el contenido antes de que acabe el duelo.
—¿Crees que voy a perder? —lo cuestionó Sho con el ceño fruncido. Judai le había repetido muchas veces que era un duelista más que capaz. ¿Por qué ahora dudaba?
—Es un pequeño seguro. Esta Sociedad de la Luz no va a jugar limpiamente.
Sho asintió, mientras guardaba el vial debajo de su camisa.
Judai acarició su rostro, antes de acostarse junto a él. Sho gateó un poco en la cama y se recostó contra su pecho. Al principio, a Sho le parecía muy desconcertante el no escuchar un corazón latiendo allí o sentir el movimiento del pecho al respirar. Luego de estar dos meses en casa de su abuela sin Judai, eso había dejado de molestarle. Le bastaba con sentir sus brazos envolviéndolo de forma protectora.
Saio miró la grabación del duelo una y otra vez. Como patrocinador, había conseguido que la Academia le enviara las grabaciones de todos los duelos. Normalmente Daichi los analizaba por él y le enviaba aquellos que consideraba debía ver personalmente. Este fue diferente. Tanto Daichi como Asuka le habían avisado sobre este duelo mientras todavía estaba en curso.
Uno de los participantes era un estudiante transferido a tercer grado, el cual cumplía todas las características del Heraldo de la Oscuridad: jugaba un mazo de Héroes como si fuera una extensión de su cuerpo, y presentaba esos rasgos inconfundibles de los que la Luz le había avisado, ojos cafés y cabello castaño. Además del apellido, Yuki, una familia que los agentes de la Luz supuestamente habían eliminado más de una década atrás.
Era claro que ambos duelistas comenzaron la batalla conteniéndose, y no fue hasta el final que dejaron ver un poco de sus verdaderas habilidades de duelo.
Al final del encuentro, Jun Manjoume había caído víctima de algo que las grabaciones de las cámaras de la Academia no habían captado. Ese algo pareció afectar al Heraldo por un instante, aunque sin llegar a derribarlo como a su adversario. ¿Era debido al poder de la Oscuridad?
Hizo una tirada del tarot intentando averiguarlo. Frunció el ceño cuando no obtuvo mucha información, y luego volvió a analizar el duelo. Parecía que si quería respuestas tendría que buscarlas por otros medios.
Las cosas estaban moviéndose, más tarde de lo esperado, pero a final de cuentas moviéndose. Jun Manjoume, quien debió ser su agente en la Academia, estaba de regreso, aunque sólo fuera como parte del evento promovido por la Junta Escolar para traer algo del prestigio perdido de regreso a su escuela. Y al mismo tiempo, el Heraldo por fin se había presentado.
Tomó su laptop y de inmediato envió sus órdenes a Asuka: debían observar de cerca a los estudiantes del Norte, si se daba la oportunidad, Jun Manjoume debía ser Bautizado. También, debía vigilarse con cuidado a Judai Yuki, a fin de estudiarlo en busca del momento perfecto para atacar.
Un segundo tras enviar sus órdenes, la Luz finalmente habló. Apenas tuvo tiempo de tomar el cuaderno y una pluma antes de entrar en trance. Sus ojos se pusieron en blanco y su mano se movió por el cuaderno escribiendo el mensaje de la Luz mientras lo guiaba.
«Corrupción…». «Maldito…». «Debe ser purificado…».
Saio se llevó la mano al pecho, respirando de forma agitada, una vez que salió del trance. Había sido un poco más intenso de lo esperado.
Miró el cuaderno. Entre las palabras sin sentido, distinguió un mensaje muy claro: «El ciclo de la Creación y la Destrucción se ha roto. Cuando la Noche ocupe el lugar del Día será la señal de que es demasiado tarde. El Campeón de la Luz debe purificar al Heraldo de la Maldición de la Sangre antes de que eso pase. Bautiza al guerrero bendecido por el Dios de las Gemas».
