Disclaimer: Yu-Gi-Oh! GX no es mío. De otra forma, la parte de Haou habría durado al menos el triple, y posiblemente habría acabado con un Sho vs Judai para salvar a su amigo.
Capítulo 21
Con el paso de las semanas las sospechas de Judai se fueron confirmando. Mientras los duelos de promoción se acercaban, La Sociedad de la Luz era cada vez más insistente en su constante asecho, llegando al punto de que no podían moverse fuera de Osiris sin sentirse vigilados. Sumado al reciente impulso de los estudiantes de Osiris, quienes habían mejorado sus calificaciones gracias a la constante ayuda de Sho y Rei, sus acciones estaban atrayendo cada vez más la mirada de la Sociedad de la Luz sobre de ellos.
Por supuesto, el hecho de que el Rey Fubuki (o como solían decirle sus admiradoras antes de que todas acabaran con el cerebro lavado, Fubuking) hubiera hecho de Osiris su residencia permanente también era un gran impulso a la moral de los rojos. El carisma del estudiante mayor no podía ser pasado por alto.
Si había una cosa que molestaba más a Judai de todo eso era que Sho se había vuelto demasiado popular y ahora era menor el tiempo que podían pasar juntos. Era curioso como ahora que no estaba ocupado con su propio trabajo en aburridas reuniones del consejo, tenía mucho menos tiempo libre para pasarlo con su novio.
Sho había asumido un papel como asesor no oficial, y junto con Rei pasaba mucho de su tiempo libre ayudando a sus compañeros de Osiris. Como Judai ya había constatado mientras lo observaba cuando ayudaba a Rei durante sus días viviendo en su Establo, Sho era un buen maestro. Haou había dejado claro que la Academia sería el primer lugar que reclamaría cuando llegara el momento de expandirse hacia el mundo humano, y Judai mentiría si no había pensado en proponer que Sho fuera el encargado de esta; claro, después de que obtuviera un poco más de experiencia. La única razón por la que no lo hacía era un poco por su propio egoísmo: eso significaría menos tiempo con él. Dirigir una escuela como esa, que en el futuro se usaría para educar a las tropas de su imperio no era un simple trabajo de medio tiempo.
«Yo también estaré ocupado», se recordó. No era ingenuo, sabía que una vez que su padre acabara con los ancianos y se hiciera con el control completo del clan él tendría más responsabilidades. Reformular un gobierno que había durado miles de años no era una tarea fácil.
En todo caso, mientras Sho asumía la tarea de ayudar a sus futuras tropas, Judai tenía tiempo para explorar la Isla Academia.
La Academia resultó ser un lugar demasiado interesante. El Dormitorio Abandonado expedía Oscuridad de una forma que no creyó fuera posible en el mundo de los humanos. Casi se sentía como si fuera su segunda casa. No era extraño que Daitokuji hubiera elegido ese lugar para montar su laboratorio secreto. La vieja casona que fue el primer dormitorio en la Academia claramente había estado en pie por más de cien años.
—Fue construida en 1880 —le confirmó Daitokuji—, justo después de que la comunidad internacional aceptara el reclamo de Japón sobre el reino de Ryukyu y lo incorporara oficialmente a su territorio como la Prefectura de Okinawa.
Daitokuji sabía mucho sobre la historia de la Isla, incluso cuando no había sido profesor en la Academia por más de cuatro años. Por supuesto, el hombre había sido el agente doble de Kagemaru durante más de diez años, primero como parte de las expediciones que buscaban a los monstruos de duelo sellados a lo largo y ancho del planeta, y más tarde como profesor en la Academia.
Sobre si era o no confiable, todavía estaba por verse. Desde que Haou tomara el control de los restos de las Siete Estrellas Asesinas, Daitokuji se había mantenido en línea con sus intereses, pero no olvidaban que el hombre había traicionado a Kagemaru a la primera oportunidad en cuanto ellos le ofrecieron un trato mejor. Ese era el problema de hombres desesperados y temerosos de la muerte como él. Solo la promesa de liberarlo de la maldición que había caído sobre él por haber liberado a los Tres Demonios Fantasma en la era actual lo mantenía leal a su causa.
Había otros lugares interesantes en la Academia, incluyendo las viejas ruinas dónde el mismo Daitokuji había encontrado las lápidas dónde estaban sellados los Demonios Fantasmas más de una década atrás. Las ruinas claramente no eran una construcción del todo humana. Estaba claro que la isla había sido una vez uno de los puntos focales en los que el mundo humano se conectaba con las Doce Dimensiones. La existencia de una tribu de Guardianes de Tumbas allí era la prueba de que el lugar era importante. Al igual que sus primos del Mundo Humano, encargados de custodiar los secretos de los faraones, ellos vigilaban algo de suma importancia.
No le costó mucho esfuerzo someterlos bajo su Dominio y extraer sus secretos. Ocultas bajo un poderoso hechizo, había una serie de tumbas ancestrales. Las tumbas de sus antepasados. La familia Yuki al parecer tenía su origen en esa antigua ciudad. Dado el caso, la grieta dimensional, ahora inactiva, seguramente conectaba ese lugar con el antiguo Reino de Kronet, ahora convertido en el dominio de los monstruos del Mundo Oscuro.
Por un momento Judai pensó en la posibilidad de obligar a los Guarda Tumbas a asumir sus formas de cartas para entregarlas a alguien que considerara digno de ellas, pero al final optó por dejar que siguieran con su labor ancestral. Los secretos de sus antepasados estaban enterrados allí, era mejor mantener el lugar seguro. Si alguno de los sirvientes de la Luz descubría las tumbas sin protección podía ser contraproducente. Todavía había algunas momias allí, y como bien sabían los arqueólogos modernos, en una tumba como esa las momias eran las que más información guardaban. En especial si esas momias estaban emparentadas con el linaje de los Heraldos de la Oscuridad.
Judai siguió explorando la isla. Había toda clase de viejos túneles, algunos eran cuevas naturales, y otros claramente habían sido cavados por sus antiguos habitantes. También, entre más profundo bajaba, mayor era la concentración de Oscuridad. Quienes construyeron la Academia claramente sabían eso, considerando que la mayoría de los túneles tenían un sistema eléctrico instalado, incluso cuando no habían recibido mantenimiento en algunos años.
Algunos túneles conducían a cámaras ocultas que sin duda habían sido encontradas durante la construcción de la Academia. Había claras señales de los lugares en los que alguna vez habían reposado las tablas de piedra que habían contenido a los espíritus que sirvieron a su familia.
Mientras exploraba una de estas, sus Héroes se presentaron. Era raro que aparecieran todos fuera de sus cartas al mismo tiempo, al menos en la actualidad. Cuando niño, en especial luego de que sus padres murieron, rara vez lo dejaban solo. Judai vio sus gestos melancólicos. No tuvieron que decir nada. Ellos habían estado encerrados en esa misma cámara por siglos, tal vez milenios, hasta que los humanos encontraron ese lugar y los liberaron, convirtiéndolos en lo que eran ahora: los Héroes Elementales.
Judai decidió sellar esa cámara de forma definitiva. Ellos nunca más volverían a ser prisioneros en ese sitio.
Continuó explorando el laberinto de viejos túneles debajo de la Academia, hasta que llegó a una cámara claramente construida recientemente. No era difícil ver que se trataba de una cámara de contención. En especial cuando encontró una sala de monitoreo ya abandonada. Alguien, posiblemente parte de los científicos de Corporación Kaiba, había estado allí hasta no mucho tiempo atrás conduciendo alguna especie de experimento. Esas personas se habían ido, posiblemente por la cancelación del proyecto o la falta de presupuesto, pero no el motivo de sus estudios. Los monitores todavía funcionaban, dejando ver un «hábitat» artificial claramente diseñado para aislar al objeto de sus estudios.
Allí había un chico de aspecto desgarbado, rodeado por espíritus de duelo, quien dormitaba plácidamente en el centro de una isla artificial.
Era fácil saber los ocupantes del lugar habían dejado el sitio de un día para otro sin saber que no volverían. Una cafetera había sido abandonada todavía con líquido, y sobre una mesa había una pila de documentos. En una carpeta pudo leer el nombre del conejillo de indias. Mokeo Motegi, un estudiante huérfano de la Academia de Duelos. Envió un mensaje a Daitokuji para que investigara sobre dicho estudiante.
Mientras esperaba su respuesta, se dedicó a revisar las notas dispersas por el lugar. El chico había sido clasificado como un «duelista psíquico». Su historial hablaba de ataques con monstruos que se volvían reales, razón por la cual habían decidido condicionarlo a un estado de relajación casi perpetuo. Esto había tenido efectos secundarios, ya que ahora no causaba daño a sus adversarios, sino que estos se iban sumiendo lentamente en un estado de letargo hasta que se quedaban dormidos. Los investigadores tenían una hipótesis que indicaba la posibilidad de que los efectos de su poder sobre otras personas estuvieran relacionados con el tipo de mazo que empleara.
«Para nuestra fortuna, el espécimen tiene una predilección por hadas pequeñas y adorables. No sabemos que podría hacer si tuviera acceso a monstruos del más alto nivel. El control de las emociones es también crucial para mantenerlo estable y fácil de manejar. Se han tomado las medidas médicas necesarias para que no ocurra un escenario en el que dicho control se pierda».
Judai frunció el ceño cuando vio que algunos de esos documentos de hecho habían sido dirigidos al mismo Seto Kaiba.
—Bueno, parece que encontré uno de sus pecados ocultos. —Siguió leyendo las notas.
«Hemos confirmado el efecto que la Energía de Duelo tiene en el envejecimiento. Ahora estamos cien por ciento seguros de que la exposición a esta es la razón por la cual los duelistas de alto nivel no parecen haber envejecido más de unos pocos meses en los diez años transcurridos desde el Torneo de Ciudad Batallas. Por desgracia, la "inyección" constante de energía de duelo en su forma pura ha atrofiado el crecimiento del espécimen. Esto no necesariamente puede ser una maldición. El doctor Divine ha sugerido acertadamente que esto podría funcionar a nuestro favor para mantenerlo bajo control».
«Los resultados de la última prueba parecen ser más que esperanzadores. Es una lástima que el señor Kaiba no vea los beneficios que el control de estos "duelistas psíquicos" puede tener para su empresa. Podrían ser lo más cercano que estaremos al sueño de la creación de un supersoldado».
Judai suspiró disgustado. Por lo que entendía, estos llamados duelistas psíquicos eran aquellos que habían nacido con la capacidad de conectarse de forma nata con los espíritus de duelos. Como él. Reunió todos los papeles y los hizo trizas, antes de ordenarle a Burstinatrix que los redujera cenizas.
Su furia no hizo más que crecer cuando Daitokuji envió la información:
Mokeo Motegi. Un huérfano que oficialmente había sido entregado a la custodia de la Academia como parte de un programa de desarrollo social. El joven Motegi había sido uno de sus estudiantes más prometedores seis años atrás, hasta que comenzaron a surgir extraños eventos alrededor de sus duelos. La última nota en su expediente escolar indicaba que había sido aceptado en un programa de aprendizaje especial en una rama extranjera de la Academia. A partir de allí, era como si la tierra se lo hubiera tragado y la Academia pareció olvidarse de él, salvo por el profesor Chronos del departamento escolar, quien había firmado todos los documentos respecto a su «avance» en el nuevo programa.
Judai cerró los ojos en un rictus de dolor y furia reprimida, mientras recordaba una conversación que había tenido años atrás con su «hermana mayor».
—¿No te gusta el duelo?
—¡Por el contrario! ¡Amo el duelo! Pero… pasan cosas malas cuando me emociono mucho. Mis compañeros de clases dicen que… No importa.
—Judai… Seguramente todo eso son meras coincidencias. Si amas algo, no dejes que las palabras hirientes de otros te alejen de eso. Tal vez sea lo mejor que aceptes este programa de aprendizaje. Estoy segura de que la Corporación Kaiba no da estas oportunidades a muchas personas. Y en el futuro, podremos encontrarnos de nuevo en la Academia de Duelos. ¿Qué dices? ¿Es un trato?
Judai abrió la puerta hacia el «hábitat» de Mokeo. ¿Si Haou no hubiera aparecido cuando lo hizo estaría él encerrado allí? ¿Le habrían hecho lo mismo que a ese chico?
Sacudió la cabeza para apartar esos pensamientos y los recuerdos. Midori había prometido que se encontrarían en la Academia. Ahora él por fin estaba allí, ¿dónde estaba ella?
Los Mokey Mokey que flotaban alrededor del somnoliento chico fueron los primeros en notar su presencia. Se ocultaron detrás de su duelista, mientras Judai se deslizaba sobre el agua que separaba la isla artificial de la puerta. Desde cierta perspectiva, podía parecer que estaba caminando sobre esta, en realidad flotaba a pocos centímetros de su superficie.
Mokeo parpadeó un poco e inclinó la cabeza con curiosidad.
—Ha pasado tiempo desde que alguien entró por esa puerta. Tienes un aura muy extraña.
Judai miró al chico con detenimiento. Podía sentir presencias y detectar las auras al igual que Sho. Este hecho hizo que se estremeciera. Si bien Sho no había podido interactuar con los espíritus de duelo antes de que fuera a las Doce Dimensiones, su conexión con aquel mundo ya estaba allí debido a la herencia de su familia. Si él hubiera conseguido entrar a la Academia, ¿podría haber terminado igual que este chico?
Aspiró profundamente. No valía la pena pensar en eso, sólo lo haría perder foco. Decidió centrar su atención de nuevo en el chico frente a él:
—¿Cuánto ha pasado desde eso? Es decir, desde que nadie entra por esta puerta.
Mokeo se encogió de hombros.
—Mucho. El tiempo no significa nada aquí. Pero el profesor Chronos viene a verme cada semana. Él me trae comida. Además de la amable doctora, él es el único que se preocupa.
Judai frunció un poco el ceño.
—¿Te visitaba antes de eso?
—Algunas veces. Es un hombre ocupado. Dirigir Obelisco Azul y el departamento escolar es un trabajo arduo, y también tiene que dar clases. Curiosamente, ahora que es director me visita más a menudo.
Mokeo se rascó la cabeza.
—Confías demasiado fácil en las personas —declaró Judai.
Mokeo inclinó la cabeza.
—La amable doctora solía decir eso también. —Se recostó sobre el césped y fijó su vista en el cielo falso, claramente producido mediante visión sólida—. No es que confié en ellos, es que tienen auras buenas. Excepto por el doctor Divine… él… —Se estremeció—. Por tu uniforme, eres un estudiante. ¿Por qué estás aquí?
—Encontré este lugar mientras exploraba —le respondió Judai mientras se sentaba en el césped junto a él—. Por lo que pude ver en la otra habitación, esos doctores que te cuidaban no han estado aquí en al menos seis meses.
Mokeo frunció el ceño.
—Bueno, eso explica por qué la amable doctora dejó de visitarme. Yo pensé que era porque se había casado. Me lo dijo la última vez que vino a verme: su novio acababa de volver de un viaje a Sur América y por fin le había propuesto matrimonio. Incluso me mostró las fotos. Visitó un lugar llamado Nazca. Es un desierto con unas figuras que sólo se ven desde el aire. —Mokeo arrugó la nariz—. Se veían interesantes, pero creo que hay algo malo allí. No sé explicarlo.
—¿Cómo se llama esa doctora? Tal vez pueda encontrarla.
—No sé si sea posible. Ella ahora iba a trabajar con su novio, supongo que ya se casaron. Akemi, se llamaba Akemi Miyano, aunque supongo que ahora es Akemi Fudo.
Mokeo bostezó y echó sus manos hacia atrás de su cabeza para usarlas como almohada.
—Todavía no me respondes porque estás aquí.
—Lo dije: lo encontré mientras exploraba la Isla. Es un lugar muy interesante.
—Supongo. Yo prefería subir a la azotea de la Academia y contemplar las nubes allí. Siempre había figuras muy divertidas. Las extrañó. Las nubes aquí adentro son todas iguales.
—¿Quieres ver las verdaderas nubes de nuevo?
—Sí, eso me gustaría —respondió sonriendo.
—Entonces vamos…
—No se supone que salga de aquí. Es mejor para todos. La amable doctora una vez me llevó a ver las nubes y eso no acabó bien. Por eso el doctor Divine me prohibió salir de nuevo.
—Ellos ya no están aquí —replicó Judai—. Se fueron hace meses, y no creo que regresen.
Los ojos de Mokeo se oscurecieron por la tristeza.
—Entonces, es verdad: soy un caso perdido. Supongo que se rindieron. No pueden curarme.
Judai se puso de pie.
—No estás enfermo. Ellos dijeron que lo estabas porque no podían entenderte. Pasé por lo mismo. Decían que era un demonio, porque cuando me emocionaba mucho en un duelo, mis monstruos de verdad atacaban a las personas. Pero, alguien me enseñó que no era porque yo fuera malvado. Sólo tenía que aprender a controlar eso.
Mokeo se incorporó. Judai vio un brillo mitad esperanzado y mitad miedo en su mirada.
—¿Eres…? ¿Eres como yo? —Sacudió la cabeza—. No, eso es imposible. Los monstruos… No se supone que nosotros salgamos. Es para que las personas estén seguras.
Judai suspiró. ¿Cómo podría convencerlo? Lo habían condicionado a esa vida. Su mirada se fijó en el disco de duelo de Mokeo. Parecía viejo y posiblemente ya no funcionaba bien, pero él no necesitaba de la visión sólida para hacer que un disco hiciera lo que debía. Si Mokeo todavía era un duelista, entonces no podría resistirse al llamado de sus cartas.
—Te propongo algo: tengamos un duelo. Si me ganas, me iré por dónde vine y no te molestaré más. Pero, si yo gano, entonces te convertirás en mi subordinado.
—¿Tu subordinado?
—Sí. La Academia… bueno, no es un lugar seguro. Hay una guerra allá arriba. Y necesito todos los aliados que pueda conseguir.
—No me gusta la guerra…
—A nadie le gusta, pero si te atacan debes defenderte. La Academia es tu hogar, ¿no quieres defenderla?
Mokeo frunció el ceño.
—¿Qué hay del profesor Chronos? ¿Él…?
—Por ahora está bien, pero ellos no tardarán en atacarlo. Su objetivo es lavar el cerebro de todos: profesores y estudiantes por igual. Así que, ¿aceptas mi propuesta?
Mokeo tomó su disco de duelo.
—Eres la primera persona con quien hablo en mucho tiempo. Por favor, si pasa algo malo, no me odies.
—No te preocupes. Soy un duelista experto.
Judai sonrió con diversión mientras veía a Mokeo ajustar su disco de duelo. Ciertamente, la Academia era un lugar muy interesante. Podía ver porque su padre deseaba apoderarse de ella.
Sho, Fubuki y Kenzan estaban relajándose en el muelle mientras pescaban. Le habían prometido al profesor Daitokuji llevar algunos peces para la cena de esa noche.
El estridente sonido de las aspas de un helicóptero descendiendo sobre el helipuerto del muelle llamó su atención de inmediato. El director Chronos y el profesor Napoleón se apresuraron a recibir a un par de personas vestidas de blanco.
—Takuma Saio —susurró Fubuki.
Su mirada estaba fija en un hombre de aspecto desagradable, el cual tenía una larga cabellera púrpura. Detrás de él estaba una mujer que vestía un uniforme similar al de Obelisco Blanco.
—¿Ese es el verdadero líder de la Sociedad de la Luz? —les preguntó Sho.
—Sí —le respondió Kenzan—. Y si está aquí no es para nada bueno.
Fubuki suspiró.
—Es horrible ver a la profesora Hibiki en estas circunstancias.
—¿Profesora…?
Fue Kenzan quien le respondió de nuevo:
—Solía ser nuestra profesora de construcción de mazos. Cuando la Sociedad de la Luz comenzó a infiltrarse, ella intentó detener toda esa locura. Luego de perder un duelo con su líder, renunció a su puesto y ahora trabaja como su secretaria.
Sho sintió que su corazón se estrujaba. Esa era la mujer a quien Judai llamaba «hermana mayor». Él no iba a estar contento de saber sobre eso.
Los tres chicos siguieron pescando, aunque ya no con el mismo entusiasmo de antes.
La profesora Midori dirigió una mirada a sus exalumnos antes de seguir a su Maestro en dirección al edificio principal. Frunció el ceño con molesta ante la perorata de su ex colega, ahora director. Como siempre, Chronos no se cansaba de lamer los zapatos de uno de los patrocinadores. Era mejor así, les ahorraba gastar recursos para mantenerlo controlado.
Tras una reunión aburrida con él, su Maestro solicitó permiso a para pasear por la Academia.
—Sabes que hacer —le dijo en cuanto estaban fuera de la vista del director y su «asistente».
—No voy a fallar, Maestro.
Midori Hibiki ajustó su disco de duelo y preparó su mazo, los ahora puros Ángeles de la Luz. Hubo una vez en que confió en Ángeles Caídos para ser sus aliados en el duelo. Eso ya no era así. Fallaron a la hora de proteger a sus alumnos de la Oscuridad desatada por los Asesinos, pero los Ángeles de la Luz no fallarían.
Era hora de cumplir su promesa. El Heraldo sería purificado por ella. Su deber como hermana mayor era salvar a su hermanito de la Oscuridad, no pensaba fallar en su misión.
