Disclaimer: Yu-Gi-Oh! GX no es mío. De otra forma, la parte de Haou habría durado al menos el triple, y posiblemente habría acabado con un Sho vs Judai para salvar a su amigo.


No soy mucho de poner notas, sin embargo creo que este amerita una disculpa. Este capítulo llega muy retrasado. Originalmente debía haberse publicado hace tres semanas. Lo siento por la larga espera, pero "la niebla esa que voltea al revés a la gente" se metió en mis pulmones (por suerte estuvo leve y no ocupe oxígeno, aunque igual me quito las ganas de hacer cualquier cosa que no fuera dormir y escuchar podcast). Bueno, al menos tengo la ventaja de que ya tengo todo esbozado, y sólo es cuestión de convertir pequeñas notas de 500 palabras en capítulos de +3000.

Voy a tratar de acelerar, ya que el plan era publicar un capítulo cada domingo para acabar con la historia en Halloween, lo que haría que durara exactamente un año con un mes de publicación. Y porque tengo en mente otra historia de temática sobrenatural para reemplazar a este como mi "especial" de Halloween que dura todo un año. Una idea simple: los personajes de GX poseídos por los espíritus de los Ghostrick y convertidos en fantasmas traviesos (aunque acabo de ver que hay nuevo soporte así que necesito ver quien será el "Ghostrick Siren").

De nuevo disculpas y disfruten del capítulo.


Capítulo 22

Judai desactivó su disco de duelo. Unos metros por delante de él, Mokeo estaba tendido de espaldas respirando agitadamente y cubierto de sudor.

—Oh, creo que ese fue el duelo más intenso que he tenido en mi vida —dijo el chico y luego soltó una carcajada divertida—. No me había divertido así en años.

Judai no pudo contener una pequeña sonrisa. Ese duelo había dejado muchas cosas en claro para él con respecto al llamado «duelista psíquico». Todo lo que indicaban las notas sobre él era cierto, aunque personalmente tenía una perspectiva diferente a la de los científicos que lo habían observado en ese laboratorio durante años. La Conexión de Mokeo con el mundo espiritual era grande, al grado que se preguntó si no tendría algún antepasado relacionado con el mundo de los espíritus, como era el caso de la familia Marufuji y su propia familia.

Algo para pensar más tarde.

Mokeo se incorporó hasta quedar sentado con las piernas cruzadas.

Los tres Mokey Mokey todavía parecían tener un poco de desconfianza respecto a Judai, natural al ser ángeles, por más que se trataran de ángeles desterrados. Sin embargo, miraban con curiosidad a Kuriboh Alado, quien se mantenía flotando cerca de él. No pasó mucho tiempo antes de que los cuatro pequeños monstruos se enfrascaran en una pequeña discusión, tras la cual comenzó una especie de juego de persecución improvisado. Esto hizo que Judai recordara cuando convencía a sus Héroes de jugar con él al ogro para matar el tiempo. Desventajas de ser el único niño en un castillo lleno de vampiros siglos, incluso milenios, más viejos que él. Al parecer que todos fueran de tipo Hada fue suficiente para que comenzaran a llevarse bien y esto hizo que otros de los monstruos de Mokeo salieran de sus cartas para unirse a la diversión.

—Entonces, ¿qué es eso sobre la guerra de la que hablaste? —preguntó Mokeo luego de un rato de mirar a los pequeños monstruos perseguirse por toda su isla artificial.

Judai se sentó junto a él y comenzó a explicarle:

—Por lo que sé, esto comenzó hace un año, cuando una fuerza del mal llamado la Luz de la Destrucción se infiltró en la Academia y comenzó a lavar el cerebro de los estudiantes de Obelisco para que formaran parte de su culto.

Mokeo notó como sus pequeñas hadas, quienes poco a poco parecían estar confiando más en Judai, se ocultaron ante la mención de esa Luz. Incluso tuvo que abrazar a la pequeña Maze, quien no paraba de temblar demostrando que estaba aterrada.

Durante los siguientes minutos, Judai puso al tanto a Mokeo de lo que estaba pasando con esa Sociedad de la Luz y como había decidido crear una pequeña resistencia en el dormitorio rojo. También le habló sobre los visitantes de las otras Academias y el problema que podría significar si alguno de ellos caía bajo el influjo de esta Sociedad de la Luz y volvía a su escuela para esparcir la «infección».

—Así que quieres detener esto antes de que salga de la escuela.

—Eso mismo.

Mokeo había dejado claro que no le gustaba la idea de usar el duelo como parte de una guerra, pero si esa Luz era tan mala como Judai decía, y dada la forma en que se comportaban sus monstruos cuando oían hablar de ella, estaba seguro de que era así, no podía dejar que eso pasara. La buena doctora siempre había dicho que debía usar sus poderes para ayudar a otros. Siendo ese el caso, tenía más que claro lo que debía hacer.

—Cuando sea el momento, te enviaré una señal —le prometió Judai antes de tener que retirarse.


Judai salió del bosque cerca del dormitorio Osiris. El sol casi había desaparecido por completo, lo cual fue un alivio para él. Luego de su duelo con Mokeo no tenía ganas de soportar el sol de forma directa. A decir verdad, todo lo que quería hacer ahora era sentarse con Sho a contemplar la luna. Vivir tanto tiempo bajo una luna de perpetuo color rojo hacía que la luna de la Tierra pareciera especial: había algo único en su luz plateada que siempre le había agradado. Recordó con nostalgia a su madre tratando de hacer que se durmiera temprano las noches de luna llena. Ahora se daba cuenta de que la noche siempre le había agradado más que el día, incluso cuando era mortal. Quizá esa era la señal más clara de que siempre perteneció a la Oscuridad.

Se detuvo en seco cuando alguien se interpuso en su camino. Sintió que su pecho se hundía cuando reconoció quien era. Por un momento quiso correr a abrazarla. Fue sólo gracias a sus instintos que pudo mantenerse quieto. Frunció el ceño al ver el impecable traje de color blanco, lo cual lo hizo sentir un poco enfermo.

—Ha pasado un largo tiempo —dijo ella sonriéndole. Su expresión pretendía imitar aquella cálida sonrisa que le había dedicado la última vez que se vieron en el hospital.

Judai apretó los puños con furia. Podía sentir a la Luz sosteniéndola como si fuera una marioneta, retorciendo sus pensamientos. Hacía que incluso esa sonrisa cálida, la misma sonrisa que le había dado esperanzas mientras se recuperaba del accidente que le había arrebatado a sus padres, se sintiera vacía y carente de vida.

—¿No piensas saludar a tu hermana mayor?

Judai no respondió. Incluso su voz sonaba falsa. Su instinto le decía que Midori Hibiki todavía estaba allí, y de alguna forma esa era su voz. Pero no podía creerlo, no cuando sus ojos solamente veían los haces de Luz envolviéndola para mantener su mente adormecida y en control.

—¿Sabes? Tanto yo como Koyo estábamos muy preocupados. Simplemente desapareciste del hospital de un día para otro. A pesar de eso, sabía que cumplirías tu promesa y nos veríamos de nuevo aquí, en la Academia.

Midori negó con la cabeza en un gesto de decepción. Judai no pudo evitar sentirse mal, incluso cuando sabía que era la Luz quien hablaba.

—No importa, supongo que es mejor cumplir la promesa tarde que nunca haberlo hecho.

Sus ojos y su sonrisa perdieron todo el rastro de calidez, mientras activaba el disco de duelo de perfecto color blanco.

—Ahora, podemos hacer esto por las buenas o por las malas. Personalmente, no me gustaría lastimar a mi hermanito.

—Mientes —susurró Judai—. No eres mi hermana mayor.

Un destelló de tristeza pasó por los ojos de Midori.

—Lo entiendo, Judai. La Oscuridad te ha cegado. No te preocupes, es por eso que estoy aquí. Voy a liberarte de la maldición que te impide ver la verdad.

Judai activó su propio disco de duelo y se preparó para el que posiblemente sería el duelo más difícil que había tenido en años.


No fue difícil para Saio encontrar a quien estaba buscando. Todos los campeones de ultramar que representaban a las otras Academias estaban hospedándose en el dormitorio blanco. Si bien eso les daba la oportunidad para actuar sobre ellos, su orden de momento había sido observar. Eran duelistas fuertes y no era conveniente alertarlos antes de tiempo.

Por lo que había aprendido gracias a sus agentes, los representantes de la Academia Este, Amon Garam, y de la Academia Oeste, Austin O'Brien, eran los más reservados. Era esperarse del segundo, siendo la mano derecha de Cobra. El representante de la Academia Sur, Jim Crocodile Cook, hasta el momento parecía más interesado en investigar la composición geológica de la Isla que en los duelos, algo que lo había llevado a establecer una pequeña amistad con Tyranno Kenzan de Ra. Y luego estaban sus objetivos actuales: Johan Andersen y Jun Manjoume, de la Academia Norte.

Curiosamente era la única de las Academias que había enviado a dos representantes. Por supuesto, todo era parte del destino. Años atrás, cuando aprendió sobre su misión como un enviado de la Luz, había pensado que sería a través del menor de los Manjoume que comenzaría la purificación de la Academia Central. Ahora que él estaba de regreso al lugar de donde nunca debió haber salido podía encausar su camino de la forma correcta, como siempre debió ser.

Que estuviera tan cerca del Campeón elegido por la Luz sólo hacia las cosas más fáciles. Si bien preferiría ir directamente en busca de su Campeón, la Luz había dejado en claro que Andersen debía venir por voluntad propia. Las Bestias de Cristal podrían no estar de acuerdo en lo que tenían que hacer. Sabía que no lo habían estado en el pasado. Era necesario asegurarse de que el Campeón entendiera por qué era importante purificar al Heraldo de la maldición que lo había corrompido.

Como esperaba, Jun Manjoume estaba de regreso en el dormitorio cerca de la hora del toque de queda. Según le habían informado, tendía a estar mucho tiempo fuera del dormitorio paseando en solitario. Parecía contrastar un poco con quien un par de años atrás se mostraba como un arrogante snob orgulloso de su supuesta posición dentro de Obelisco. Por supuesto, Saio sabía que la Academia Norte tendía a cambiar esas cosas. A diferencia de Central, en ese lugar no tenías más opción que luchar por estar en la cima por tu propio esfuerzo, comenzando con su riguroso examen de admisión.

—Joven Manjoume —saludó Saio saliendo al encuentro del estudiante—. Estaba esperando hablar con usted.

El joven no parecía impresionado por su presencia.

—Permítame presentarme: soy Takuma Saio, un agente de duelistas profesionales y un patrocinador externo de la Academia. Si me lo permite, tengo una propuesta para usted…


Judai podía sentir el pesar que manaba de los Ángeles Caídos. Incluso tras ese velo de Luz que los cubría todavía parecían aferrarse a su naturaleza: seres rebeldes que habían abrazado la Oscuridad como un medio para obtener libertad. Los humanos comprendían poco a Lucifer y la razón por la que se había rebelado contra el Dios del Juicio. Como muchos seres, el mero hecho de que abrazara a la Oscuridad como un medio para sus fines había bastado para que pasaran a representar el mal absoluto. Pero un Ángel no dejaba de ser eso sin importar que sus alas se hubieran oscurecido. Su gracia divina todavía estaba allí.

Pero ahora la Luz los estaba lastimando, usando el aprecio que tenían por el duelista que los había elegido sin pensar en los prejuicios, para mantenerlos encadenados de la misma forma en que el Dios del Juicio había intentado atarlos en el pasado.

En lo que respectaba al duelo, Judai estaba en problemas. «Ángel Caído Lucifer» era un monstruo As poderoso. Cuando niño sabía que en el momento en que su hermana lo invocara sería el final del duelo. No sólo tenía tres mil puntos tanto de ataque y defensa, sino además al ser invocado al instante llenaba el campo con sus compañeros de arquetipo, dependiendo el número de monstruos de efecto que controlara el adversario. Por si fuera poco, tenía un efecto que podía recuperar fácilmente los puntos de vida al descartar cartas desde la cima del deck igual al número de Ángeles Caídos que hubiera en el campo, ganando quinientos por cada carta descartada. El efecto además era problemático porque, dado su alto nivel, la forma más eficiente de invocar a los Ángeles era desde el cementerio, por lo que enviar constantemente cartas allí era una gran ventaja si estos llegaban a «caer».

Ahora, esta versión corrupta por la Luz, «Ángel de la Luz Estrella de la Mañana», era incluso más peligrosa dada su adición de un efecto capaz de invocar a sus compañeros Ángeles una vez por turno y no únicamente al ser invocado. Combinado eso con el efecto de «Ángel de la Luz Zerato el Purificado», el cual era un «Raigeki» por turno, le había hecho difícil poder pasar a la ofensiva.

—¡Batalla! —anunció Midori segura de que el duelo terminaría con ese ataque directo.

Judai hizo una mueca y activó su carta tapada: «La Flauta de Invocación de Kuriboh», para invocar a «Kuriboh Alado» en su campo en posición de defensa.

Por un momento la máscara de Midori falló y la calidez regresó a su mirada. Era algo que venía sucediendo a lo largo del duelo, en especial cuando Judai usaba alguna de las cartas que ella y Koyo le habían obsequiado tanto tiempo atrás en el hospital. Por supuesto, la Luz se apresuró de inmediato a nublar sus pensamientos de nuevo, aunque esta vez fue claro que le estaba costando más trabajo. Ver la carta que había sido la insignia del mazo de Koyo, antes de que obtuviera a Terra Firma y decidiera ceder al pequeño ángel para que cuidara de su hermanito, sin duda estaba haciendo que la verdadera Midori Hibiki luchara contra el control de la Luz.

Judai vio cómo su hermana temblaba. Parecía dudar entre declarar un ataque con Lucifer, o más bien esa versión de armadura y alas blancas que sin embargo se encontraba encadenado con grilletes de Luz que lo mantenían bajo control para someter su naturaleza libre y rebelde.

—Termino mi turno —dijo con voz temblorosa acabando su Fase de Batalla sin atreverse a atacar a «Kuriboh Alado».

Judai sonrió. Todavía quedaba suficiente de Midori Hibiki dentro de esa marioneta.

—Lo suponía —dijo con voz tranquila—. Y ahora qué sé que todavía estás allí, voy a salvarte de la Luz.

Midori entrecerró los ojos.

—Tú eres quien necesita ser salvado. ¡No voy a perderte ante la oscuridad! No después de lo que le pasó a Koyo.

Judai entrecerró los ojos. Sabía que Koyo estaba internado en un hospital de Tokio desde hacía años. Era una de las cosas que había aprendido ni bien regresó al mundo humano. De hecho, se había colado en su habitación un par de veces para verlo durante los meses antes de entrar a la escuela en Domino. En el poco tiempo que estuvo allí se dio cuenta de que su estado no parecía ser algo natural, pero no fue capaz de identificar la magia que causó eso, aunque estaba seguro de que debió ser algún tipo de penalización por perder un Juego de lo Oscuro.

Estaba claro que su hermana sabía algo, o al menos lo intuía, de porque Koyo estaba así. Y la Luz había usado eso para controlarla. Su padre se lo había advertido: la Luz usará cualquier medio para eso y siempre con medias verdades a fin de ser creíble. Las mejores mentiras, después de todo, eran aquellas que incluían algo de verdad.

—Es mi turno, ¡Robo! Activo la carta mágica «Libro de Hechizos Dentro de la Olla». Cada jugador roba tres cartas de su Deck. Invoco Normal a «HÉROE Enmascarado Ráfaga».

Midori entrecerró los ojos ante ese héroe que nunca había visto. Su hermano había sido conocido como el duelista maestro de los Héroes, título que ahora muchos pretendían dar a Edo Phoenix dada la desaparición de Koyo de las ligas profesionales, e incluso con eso jamás había escuchado hablar de este HÉROE Enmascarado. Por supuesto, no conocía todas las cartas, pero dada su posición como ex profesora de Construcción de Mazos de la Academia Central, estaba al tanto de todas aquellas que Ilusiones Industriales había hecho públicas. Debido a esto estaba segura en un noventa por ciento de que este nuevo HÉROE de Judai no formaba parte de esas cartas.

Por lo demás, a diferencia de los HÉROES Elementales, este nuevo monstruo no parecía salido de un comic occidental, sino de una serie de Súper Sentai.

Judai continuó su turno:

—Activo la Carta Mágica «Entierro Insensato» para enviar un monstruo de mi Deck al Cementerio. Después, activo la Carta Mágica «Perdición Silenciosa» para invocar un monstruo Normal desde mi Cementerio en Posición de Defensa. Invoco al monstruo que envié al Cementerio: «Héroe Enmascarado Cuervo Crepuscular».

La luz se agitó con molestia al ver surgir a esa versión oscura de un HÉROE de Sentai.

—Desde mi mano, activo la Carta Mágica de Juego Rápido «Cambio de Máscara»: me permite enviar a un monstruo HÉROE a mi Cementerio para invocar un monstruo HÉROE Enmascarado de Fusión con el mismo atributo. Envió a Cuervo Crepuscular al Cementerio para invocar a «HÉROE Enmascarado Anki».

Un resplandor dorado cubrió a Cuervo Crepuscular, mientras un sonido como de transformación llenaba el Campo. Tal como en una serie Sentai, parecía que el héroe estaba evolucionando su traje a un modelo superior, siendo sus 2800 puntos de ataque un reflejo de esto.

—Activo la carta Mágica Continua «Espíritu de Kishido». Ahora, ¡Fase de Batalla! ¡Ataco a Zerato el Purificado con Anki!

Midori hizo una mueca. En circunstancias normales ambos monstruos se habrían destruido mutuamente al tener los mismos puntos de ataque, pero la carta mágica de Judai, una que ella misma le había regalado, impedía que los monstruos de su adversario fueran destruidos en batalla por monstruos con la misma cantidad de puntos de ataque.

«Sólo le restan 100 puntos de vida», le recordó la Luz. La versión purificada de Lucifer era más que capaz de acabar ese duelo. No dudaría como en el turno anterior.

—Efecto de Anki: cuando destruye a un monstruo oponente como resultado de una batalla y lo envía al Cementerio, me permite agregar una Carta Mágica «Cambio» de mi Cementerio a mi mano. Añado «Cambio de Máscara».

Midori se tensó. Al ser una carta de Juego Rápido, Judai podía activarla desde su mano incluso en la Fase de Batalla. Era claro que estos Héroes Enmascarados se basaban en transformaciones como los héroes de Sentai. Únicamente cabía esperar que Judai no tuviera uno capaz de superar a Estrella de la Mañana.

Judai repitió su jugada, esta vez «transformando» al monstruo de viento en una versión más poderosa.

—2200 puntos de ataque —había cierta burla y alivio en su voz al darse cuenta de que no era suficiente para ser una amenaza.

Judai no pareció inmutarse ante eso.

—Efecto de «HÉROE Enmascarado Blast»: cuando es invocado de modo especial divide a la mitad el ataque actual de un monstruo de mi adversario.

Una ráfaga de viento envolvió a «Ángel de la Luz Estrella de la Mañana», haciéndolo caer de rodillas y ocasionando que sus 3000 puntos de ataque se redujeran a 1500.

—¡Blast ataca a Estrella de la Mañana!

A pesar de sus cadenas, Lucifer se permitió una sonrisa al ser derrotado.

Midori hizo una mueca al recibir los 700 puntos de daño. No importaba, aún le quedaban 2500 puntos de vida. Además, tenía a «Monstruo Renacido» en su mano, una carta que había obtenido gracias a la propia Carta Mágica de Judai. En su siguiente turno resucitaría a su Ángel y acabaría con ese duelo. Nada impediría que purificara a su hermano pequeño.

«¿De verdad matarás a nuestro hermanito?», una voz amarga resonó en su cabeza. Sonaba como Koyo.

La Luz habló más fuerte: «Solamente la destrucción lo librará de la maldición. Eso que hay frente a ti no es tu hermano: es una bestia no-muerta que usa ese rostro para alimentarse de la vida».

Pero Judai aún tenía otra carta en su mano.

—Desde mi mano, Carta Mágica de Juego Rápido «Cambio de Máscara II»: envió un monstruo HÉROE con Nivel de mi Campo al Cementerio para invocar un HÉROE Enmascarado de Fusión con un nivel superior. Envió a Blast de Nivel 6 para Invocar a «HÉROE Enmascarado Divine Wind» de Nivel 8.

Una nueva transformación y ahora Judai tenía un monstruo con 2700 puntos de ataque, mientras que Midori tenía su campo vacío.

La voz de Judai sonó entrecortada cuando ordenó a su monstruo atacar directamente.

Midori cerró los ojos, sintiendo como la Luz la abandonaba a su suerte mientras la poderosa ráfaga de viento la golpeaba arrojándola hacia atrás. Por un momento sintió que no había gravedad, luego fue consciente de que caía mientras un dolor abrumador envolvía todo su cuerpo. Lo supo: la Luz le había dado la espalda, llevándose consigo gran parte de su propia energía de duelo a fin de que no pudiera resistir el impacto final. Había luchado contra duelistas oscuros antes y sentido en carne propia el daño real en un duelo, pero aquello no había sido nada comparado con esto.

Cuando golpeó el suelo, casi pudo jurar que todos sus huesos se habían roto, dado la intensidad del dolor.

Escuchó a Judai llamándola con el mismo tono de desesperación y abandono que tenía cuando lo conoció hacia tantos años atrás en el hospital. Hizo un esfuerzo para abrir los ojos de nuevo, estirando la mano para tocar el rostro de su hermano pequeño.

«¿Por qué sangra?», preguntó al ver las manchas rojas que escurrían por las mejillas de su hermanito. ¿Ella había causado eso?

—Lo siento —susurró antes de cerrar los ojos de nuevo y hundirse en la oscuridad.

Después de lo que había hecho, merecía caer al mismo abismo en dónde Koyo la esperaba.