Disclaimer: Yu-Gi-Oh! GX no es mío. De otra forma, la parte de Haou habría durado al menos el triple, y posiblemente habría acabado con un Sho vs Judai para salvar a su amigo.


Capítulo 23

Judai sintió las lágrimas escurriendo por sus mejillas mientras contemplaba el rostro de su hermana mayor. Estaba sumida en un coma profundo.

Su último ataque había tenido la intención de liberarla del control de la Luz, no de hacerle daño. Fue tonto de su parte el creer que la Luz iba a permitir que su hermana saliera ilesa. Su padre le había advertido sobre lo rencorosa que podía hacer. Incluso en la derrota, la Luz siempre intentaría hacer el mayor daño posible. Abandonó a Midori, no sin antes asegurarse de que ese último ataque fuera lo más letal posible, por más que Judai se esforzara por no lastimarla.

Kuriboh Alado flotó sobre él. Judai abrió los brazos y lo abrazó como si todavía fuera un niño pequeño necesitado de consuelo para no tener pesadillas.

Fue consciente de la presencia de los Ángeles Caídos a su alrededor. Ahora que su duelista estaba libre de la Luz, ellos mismos habían roto las cadenas que los ataban a su control.

—Todavía tiene su alma —dijo Lucifer mientras se arrodillaba junto a ella y hacía un intento por acariciar su mejilla. Por supuesto, al ser un espíritu, esto no le era posible—. La enfermería de la Academia está equipada para tratar este tipo de cosas.

Tenía sentido. Seto Kaiba era consciente de los verdaderos peligros detrás del duelo. No construiría una escuela como esa sin asegurarse de que contara con el equipo necesario para tratar casos como ese.

Judai se limpió las lágrimas y luego hizo lo mejor que podía en esas circunstancias: llamó al profesor Daitokuji.

Mientras esperaba, se sentó a un lado de Midori. Estiró la mano para acariciar su cabello mientras toda clase de pensamientos sobre cómo podría ayudarla pasaban por su cabeza. ¿Y si le daba su sangre?

Sacudió la cabeza de inmediato para borrar esa idea. Era peligroso. Midori no estaba así debido a casi ser drenada como él. Su mente estaba perdida en las brumas de su propia culpa. Había sentido eso durante un breve momento cuando el ataque de Divine Wind la impactó. Alguien abrumado por esos pensamientos no tenía muchos motivos para vivir. El deseo de vivir era fundamental para que la sangre consiguiera superar a la muerte. Era ese mero deseo lo que evitaba que la persona colapsará ante la pérdida de sangre antes de que el vampiro pudiera alimentarla con la propia.

—¿Cómo llegó a esto? —preguntó a Lucifer.

—La culpa. Perder a Seika y casi perder a Káiser ante los asesinos hizo que pensara que estaba fallando. Cuando Saio Takuma lavó el cerebro de Asuka, y del resto de obelisco a través de ella, pensó que debía detenerlo para expiar sus fallas anteriores. Subestimó la habilidad del adivino y de la misma Luz para jugar con las mentes y los corazones de las personas. La Luz vio su oportunidad y usó esa vulnerabilidad mental contra ella.

Daitokuji llegó al poco rato, acompañado por la profesora Ayukawa. La mujer no perdió el tiempo y comenzó a revisar los signos vitales de Midori.

—Es justo como Seika —murmuró. Alzó la cabeza y miró a Judai—. ¿Qué es lo que sucedió?

Judai abrió la boca, pero Daitokuji intervino antes de que pudiera decir nada:

—Creo que primero debemos llevar a la señorita Midori a la enfermería.

La profesora Ayukawa asintió de acuerdo con él. Daitokuji cargó a la mujer al estilo nupcial y los tres avanzaron en silencio hacia el edificio principal.

En la enfermería los esperaba el director Chronos. Parecía realmente nervioso y comenzó a bombardear a la profesora Ayukawa con toda clase de preguntas.

—Por ahora debo tratarla —lo cortó ella.

Una vez que Midori estuvo en cama, la profesora hizo salir al resto de la habitación.

Chronos no perdió tiempo y dirigió sus preguntas a Judai.

Signore Yuki, ¿cómo exactamente es que las cosas terminaron así? Por favor, sea honesto.

—Director Chronos, tal vez deberíamos dejar que descansara. Debe ser difícil para él haber presenciado eso.

El director no quedó conforme con la petición del profesor Daitokuji, siendo su mirada severa una prueba de eso.

—Ella me desafió a un duelo —respondió Judai en voz baja—. Cuando terminó, el último ataque la arrojó por el aire. No sé qué pasó, cuando me di cuenta ella no reaccionaba.

Chronos frunció los labios.

—Eso es… —soltó un suspiro—. Signore Yuki, creo que puede entenderme si le digo que me es difícil de creer que algo así pueda pasar. Es decir, no dudo que algunas veces la Visión Sólida pueda sentirse muy real. Pero esto…

—Yo no la lastimaría —espetó Judai.

—No digo que haya sido a propósito.

Judai se dio cuenta de algo: Chronos debía pensar que se trataba de un incidente como los que documentaban las notas de aquellos científicos sobre Mokeo.

—Creo que lo mejor es que el joven Yuki vaya a descansar —intervino Daitokuji—. Ha sido una experiencia desagradable. Mañana puedes continuar con tus preguntas.

Judai dudó un momento sobre marcharse. Al final asintió y siguió al alquimista de regreso al dormitorio Osiris.

Al llegar al recibidor del edificio principal, Judai se detuvo en seco al sentir la presencia de la Luz. De pie frente a las puertas de cristal se encontraba un joven, no más de veinte años, de aspecto un tanto siniestro: piel cetrina, ojos penetrantes y una larga cabellera morada peinada de forma extraña. Vestía un traje impecable de color blanco cuyo corte recordaba un poco al uniforme blanco de Obelisco.

—Supongo que ella falló —dijo sin ocultar que de hecho era quien había enviado a Midori a enfrentarlo—. Es una lástima. Pensé que tenía potencial pero su corazón fue demasiado débil para la verdad.

Judai sintió que su sangre hervía.

—Nos veremos de nuevo, jovencito —fue todo lo que dijo el hombre antes de dar media vuelta y abandonar la Academia.


Sho lo esperaba en la puerta de la cafetería de Osiris. Nada más lo vio llegar, corrió y abrazó a Judai.

—Sentí lo que pasó —susurró en voz baja con voz dolida. No conocía a Midori Hibiki, pero el simple hecho de que fuera alguien tan importante para Judai le bastaba para sentirse devastado.

Judai apretó a Sho en un abrazo y besó su frente. Sho entendió lo que necesitaba, así que lo guio hasta la habitación que compartían.

Entendiendo que Judai no querría hablar de eso por el momento, Sho se limitó a hacerle compañía. Se recostó con él en la cama, abrazándolo de la forma más reconfortante que pudo, tal como habían hecho un año atrás, tras reconciliarse después de esa horrible pelea.

—Voy a hacerlos pagar por esto —prometió Judai.

Sho asintió de acuerdo. Había aprendido que cuando Judai quería podía ser tan despiadado e implacable como esos terribles vampiros de los que siempre hablaba Rei.


En otras circunstancias, Emi Ayukawa habría solicitado que su ex colega fuera trasladada al hospital de Corporación Kaiba en Ciudad Domino. Sus médicos habían investigado el efecto de los Juegos de lo Oscuro durante una década. Ellos mismos la habían capacitado para tomar el trabajo de médico residente de la Academia de Duelos. Por desgracia, los problemas por los que atravesaba la compañía tras hacerse pública, habían causado que dicha área perdiera toda su financiación.

Como resultado, Midori tendría que permanecer en la Academia. Por desgracia su equipo era menos avanzado y no había mucho más que pudiera hacer por ella. Midori tendría que salir de eso por sí misma.

Por supuesto, Saio Takuma asumió todos los gastos. Una compensación por accidente laboral, dijo. Emi no pudo evitar pensar que era sólo para mantener su apariencia de hombre caritativo y compasivo. Ella no podía evitar sentir escalofríos cada vez que estaba cerca de ese hombre. Sobre todo a causa de los rumores a voces de que él estaba detrás de todo ese asunto siniestro del culto en el que estaban metidos casi todos sus alumnos.

Para su sorpresa, el joven Yuki y el joven Marufuji pasaban por allí todos los días antes y después de clases, siempre preguntando si había cualquier cambio en el estado de Midori. No sabía si era porque se sentía culpable o algo más, pero esto disipó todas sus dudas respecto a si el joven Yuki lo había hecho a propósito. Tenía suficiente experiencia para saber que el chico era sincero.

Chronos había ordenado una investigación centrada en una posible falla de los discos de duelo, pero esta no arrojó nada. Al final, el director externó su preocupación de que pudiera ser un asunto similar a las explosiones psíquicas de Mokeo. Por desgracia, la cancelación del programa que había tratado al chico hizo imposible que consiguiera información al respecto.

Emi suspiró al revisar el estado de Midori. Ya eran dos semanas desde el incidente y se mantenía sin cambios.

—Saldrás de esto —susurró. Sabía que su amiga era fuerte. No quería creer que terminaría igual que Seika.


Junio estaba casi a la mitad, y los exámenes de ascenso del primer trimestre escolar estaban cerca. Como había sido desde el año anterior en Osiris, a pesar de que los estudiantes estaban mejorando mucho gracias a la ayuda de Fubuki, Kenzan, Rei y Sho, el consenso general del dormitorio era no aceptar la promoción en caso de conseguirla.

O al menos así pensaban casi todos. Rei no podía evitar notar las dudas de Martin, el estudiante de primero a quien debía asesorar.

Martin era un niño callado y solitario. Le había costado que se abriera con ella, e incluso tras dos meses trabajando juntos, el chico todavía tendía a desconfiar la mayor parte del tiempo.

Le causaba especialmente conflicto la forma en que veía a los estudiantes de Blanco: casi con un deje de admiración. Por supuesto, él no veía a través de las máscaras. Todos parecían tan confiados y seguros de sus habilidades, pero a cambio carecían por completo de individualidad.

Con los exámenes cerca, Martin comenzó a poner un poco más de esfuerzo en mejorar sus notas. Además, empezó a desafiar a los demás estudiantes a más duelos de práctica. E incluso intentó que algunos alumnos de Ra aceptaran sus solicitudes de duelo. Por supuesto, los blancos parecían no interesarse en lo absoluto en él. No era una novedad: siempre habían pretendido que los Osiris no existían, salvo que fuera para meterse con ellos. El ser parte de un culto siniestro de adoradores a la Luz sólo había exacerbado eso. O, bueno, el acoso escolar había desaparecido, pero únicamente porque ahora de verdad parecía que Osiris no existía.

Sin embargo, se recordó Rei, es solamente una fachada. Estaban esperando su momento.

Rei suspiró cuando entró en la cafetería y vio a Martin repasando sus combos. Era domingo por la tarde y, mientras la mayoría del dormitorio había decidido ir a disfrutar del sol en la playa (salvo Judai y Sho por obvios motivos), él estaba allí estudiando lo más duro que podía.

—¿Has pensado en relajarte un poco? —le preguntó.

Martin negó con la cabeza.

—Los exámenes comienzan mañana. No tengo tiempo para relajarme.

Rei frunció el ceño.

—Descansar es igual de importante para tener un buen promedio. Todo lo que has hecho los últimos diez días ha sido trabajar sin descanso. Vamos, Martin, aunque sea toma una tarde libre. Te invito un helado en la playa.

Martin negó con la cabeza.

—Podré relajarme después de los exámenes.

Rei suspiró y decidió dejar solo a Martin. Podía ver un poco de su propia terquedad en él. Eso le había causado muchos problemas durante sus primeros años viviendo en el Reino de la Noche Eterna. Había tenido suerte de que el príncipe hubiera sido tan comprensivo. Otro seguramente se habría deshecho de ella.

La chica dio un pequeño respingo cuando fue consciente de la presencia del príncipe Judai. Miraba a Martin con una expresión pensativa.

—Está decidido a abandonar Osiris —dijo sin que sus labios parecieran moverse. Rei fue consciente de que estaba usando alguna especie de comunicación vampírica para que sólo ella lo escuchara—. No es confiable. No le importa sacrificar su propia individualidad con tal de ascender a lo más alto. Tampoco es que sea su culpa. Está tratando de hacer que su padre lo note.

—¿Su padre?

El príncipe asintió.

—Martin Kanou es el hijo del profesor Napoleón. —No fue una sorpresa que el príncipe Judai supiera eso. Los vampiros eran buenos reuniendo información.

El príncipe dio media vuelta y salió de la cafetería.

Eso hizo que Rei se diera cuenta de porque el príncipe no había autorizado todavía el que entregaran las cartas raras a los estudiantes de Osiris. Quería esperar hasta los exámenes de promoción a fin de deshacerse de los posibles disidentes. Todo aquel que decidiera salir del consenso y aceptara la promoción a Ra era alguien en quien no podrían confiar para llevar a cabo su misión.

Rei dedicó una última mirada a Martin, luego salió de la habitación sin volver la vista atrás. Quizá en otras circunstancias se habría detenido a hacerlo recapacitar a fin de conservar su amistad. Como estaban las cosas, no podía permitirse eso. Tenía una misión que cumplir para su rey y su príncipe. No podía dejar que nada se interpusiera en su camino.

Cuando los exámenes pasaron, Martin Kanou fue el único estudiante de Osiris que obtuvo una promoción a Ra. Lo único que recibió de su padre fue un seco «bien hecho».

La siguiente vez que Rei lo vio, Martin usaba un uniforme blanco. La melancolía de su mirada había desaparecido, reemplazada por unos ojos que parecían ser más los de un muñeco que de un ser humano.


Jim Crocodile Cook estaba un poco decepcionado de su visita a la Academia de Duelos Central. El dormitorio Obelisco no era lo que había pensado. Es decir, era tan lujoso como esperaba, pero la pintura blanca que habían usado para cubrir todo el azul debía de tener algún material reflectante, porque sólo de verla le dolía la cabeza.

Tras su primera semana allí, decidió que había tenido suficiente. Escribió a casa para pedir equipo de acampada y luego hizo una solicitud a la Academia para montar un campamento en el bosque. El director Chronos miró el asunto con suspicacia, pero al final, para su sorpresa, el profesor Cobra lo convenció de que, si se sentía más cómodo en la naturaleza, entonces había que dejarlo.

—Mientras mantenga su promedio no veo porque debería haber un impedimento.

Jim no confiaba mucho en el profesor Cobra, en especial porque el Ojo de Oricalco parecía palpitar cada vez que estaba cerca, como si le advirtiera de algo.

En todo caso, montar un campamento en el bosque de la isla le permitió estudiar su composición geológica con mayor libertad. Al ser una isla volcánica la roca era relativamente nueva (en términos de tiempo profundo), por lo que no esperaba encontrar fósiles interesantes. Por lo menos le permitió estudiar un poco más sobre cómo se formaban las islas. Eso sin contar que para Karen era mucho más cómodo vivir en la naturaleza que encerrada en un dormitorio. Incluso podía nadar en el río a sus anchas.

Gracias a esto conoció a Tyranno Kenzan, el único estudiante de Ra que todavía usaba el uniforme amarillo. Era un tipo agradable quien compartía su afición por la geología y la paleontología. No le costó hacerse amigo de él y a Karen también le agradaba, lo cual siempre era un plus.

Eso sin duda hizo que su impresión de Central mejorara… al menos un poco. Estaba esa ligera sensación de cansancio que le provocaban los duelos con las biobandas, razón por la cual había preferido tener sólo los mínimos para mantener su promedio.

Se dio el tiempo de explorar la isla y de visitar el dormitorio rojo, dado que Kenzan se quedaba allí.

Esa fue la primera vez que vio a Judai Yuki de cerca. Y también la razón por la que decidió no pararse por allí de nuevo en lo que durara su estadía en la isla (que sería sólo un trimestre); incluso aunque Kenzan lo había invitado a quedarse con ellos y el profesor Daitokuji lo había recibido con una hospitalidad que, al menos, parecía sincera. Un gran cambio con respecto de Obelisco Blanco, en dónde todo parecía falso.

El hecho era que si el Ojo de Oricalco se sentía raro cuando estaba cerca del profesor Cobra, en presencia de Judai Yuki era casi como si se quisiera salir de su cuenca. No atinaba a adivinar el porqué, pero comenzaba a sospechar que ese extraño chico de mirada seria o hasta malhumorada (parecía que solamente sonreía cuando su novio estaba cerca) estaba ocultando algo grande. Y, si era sincero, sus instintos le decían que lo mejor era no involucrarse.

Para cuando los exámenes de mediados del primer trimestre pasaron, Jim se había acostumbrado a su vida en el campamento. Por supuesto, fue cuando el profesor Cobra anunció la segunda etapa de los duelos de supervivencia.

A partir de ese punto, Jim ya no pudo mantenerse al margen de las cosas siniestras que pasaban en la Academia de Duelos Central. Sentía como si estuviera en una encrucijada para elegir entre cuál era el menor de los males.


Amon Garam se estaba esforzando en mantener el papel que su familia exigía de él, pero la Academia Central no se lo dejaba fácil. Entre tener que convivir con montones de estudiantes que parecían tener personalidades tan blancas como la ropa que usaban, mientras se esforzaba en averiguar dónde era que la Academia guardaba esas cartas únicas que se rumoreaba, estaba perdiendo la paciencia.

Cierto, siempre se había jactado de ser alguien centrado y con la cabeza fría para lograr sus objetivos. Sin embargo, parecía que había algo en la Academia Central que le estaba minando la paciencia. Era casi como si hubiera algo en las profundidades de la isla que lo estuviera llamando. ¿Sería acaso el poder que se rumoreaba se ocultaba en algún lugar de la escuela?

En todo caso, se forzó a sí mismo a ser paciente. No tenía duda de que la oportunidad llegaría pronto. Habiendo crecido en una zona de guerra, para posteriormente ser educado en el mundo de las altas finanzas (con todas las conspiraciones y traiciones que eso implicaba), tenía un talento para identificar cuando los conflictos estaban cerca. Ciertamente la Academia estaba al borde de una batalla. No sabía quiénes se enfrentarían, pero, pasara lo que pasara, él estaría listo para reclamar su premio aprovechando el caos del conflicto.


Johan estaba preocupado. Jun había estado actuando raro las últimas semanas. Siempre había sido alguien complicado de tratar, consecuencia de los complejos que sus hermanos le causaron, pero está vez había algo diferente.

Rubí estaba muy nerviosa en su presencia, y no había visto a los Ojamas en un largo tiempo. Eso sin contar con que estaba pasando demasiado tiempo socializando con los estudiantes de blanco, cuando antes prefería estar fuera del dormitorio para no verlos.

—¿Qué está pasando? —preguntó al aire sintiéndose cada vez más preocupado.

La Academia Central no era tan divertida como había pensado en un primer momento. No podía ir a ningún lado sin sentirse vigilado, lo cual comenzaba a afectar sus nervios.

Tomó su mazo y preguntó a sus monstruos si ellos también se sentían así.

Las Bestias de Cristal no le respondieron. Por algún motivo, Johan tuvo la impresión de que lo que fuera que había afectado a Jun, también estaba alterando a sus monstruos.

Suspiró exasperado.

Solamente quedaba mes y medio más de su estadía en la Academia Central. Con suerte cuando volviera al Norte para terminar su último año las cosas mejorarían tanto para él como para Jun.


El profesor Cobra asintió con la cabeza para indicarle a O'Brien que había hecho un buen trabajo. Por supuesto, el chico no sabía exactamente lo que estaban haciendo allí. Pensaba que todo era parte de un experimento para verificar si sería viable el uso del duelo como un arma de guerra.

Una vez que O'Brien se retiró para continuar con sus labores de recolección de información, Cobra se permitió abrir el pasaje secreto que conectaba al túnel que llevaba de su habitación en el edificio central al laboratorio abandonado que había convertido en su base de operaciones.

Vio complacido que las cartas que su benefactor le había dado habían recogido más energía de duelo de la esperada. Debía admitir que los zombis de blanco eran buenas fuentes de esta. Su hipótesis actual era que se debía al gasto de energía que la Luz hacía para mantenerlos sometidos.

En todo caso, una vez que la segunda etapa comenzara sólo necesitaría de una semana o dos para que las cartas se cargaran por completo. Entonces se abriría la puerta al mundo de los espíritus, un lugar en donde encontraría la cura que la ciencia de los humanos no había conseguido para su hijo.

—Espérame, Rick, sólo un poco más —dijo.

Por primera vez en años, Cobra sentía esperanza de que las cosas mejorarían.