Disclaimer: Yu-Gi-Oh! GX no es mío. De otra forma, la parte de Haou habría durado al menos el triple, y posiblemente habría acabado con un Sho vs Judai para salvar a su amigo.


Capítulo 24

Justo el lunes siguiente a la semana de exámenes, los estudiantes llenaron el auditorio para un anuncio del profesor Cobra.

—Han sido dos meses muy buenos —dijo el hombre—. Me es grato informar que los resultados de los duelos de supervivencia han sido más que satisfactorios. Especialmente para Osiris. La mejora del dormitorio rojo es más que loable. Estoy seguro de que mis colegas, el director Chronos y el subdirector Napoleón, están de acuerdo conmigo.

A los estudiantes de rojo no les parecía que esto fuera así.

Chronos los miró con reproche. Todos habían sacado notas más que suficientes como para salir de Osiris y, con excepción de un estudiante, decidieron quedarse en el dormitorio más bajo.

«¿En qué falle como profesor?», se preguntó a sí mismo. Una voz, la voz de su conciencia, le respondió: «¿En qué NO fallaste?», sin embargo, decidió ignorarla.

Napoleón, por otro lado, estaba rechinando los dientes del coraje. Cierto, el año pasado había ocupado mucho de su tiempo intentando expulsar a los Osiris y a regañadientes tuvo que aceptar que, mientras sus notas siguieran subiendo, no podría justificar dichas expulsiones. Su única esperanza para derribar finalmente ese nido de ratas había sido que todos subieran a Ra. Pero no, esos molestos adolescentes tenían que echar sus planes a tierra rechazando los ascensos de forma sistemática.

«Por lo menos Martin ya no está en el nido de pulgas», se consoló. Buscó a su hijo en la multitud y no pudo estremecerse al verlo sentado entre los estudiantes con uniforme blanco, mirando al frente y con la espalda perfectamente rígida… casi como si lo que estaba allí fuera un muñeco y no su hijo.

—Estamos listos para pasar a la siguiente etapa —anunció Cobra—. Durante las siguientes semanas, se llevarán a cabo duelos al azar entre todos los estudiantes. En cualquier momento durante sus horas libres y antes del toque de queda, recibirán un mensaje indicando a su siguiente oponente. Deben estar preparados, ya que puede ser cualquier estudiante de la escuela o de los representantes de los otros campus. Sin importar dormitorio o grado escolar. Una vez que se ha decidido un duelo, este debe llevarse a cabo. Deberán dirigirse a las arenas de práctica con un límite de tiempo de treinta minutos para enfrentar a su adversario, bajo pena de ver sus calificaciones mermadas si un estudiante no se presenta a su duelo.

Los de blanco parecían no escuchar a Cobra. Los líderes del dormitorio rojo entrecerraron los ojos con sospecha, otros se estremecieron. Judai sintió el temor en algunos de ellos: ¿si perdían contra uno de los estudiantes de blanco serían asimilados por la Sociedad de la Luz? Era momento de una clase intensiva de construcción de mazo con las nuevas cartas que tenía para ellos.

—Esta nueva etapa en los duelos comenzará a partir de mañana. Les sugiero que dediquen las horas que les quedan de hoy para ajustar sus mazos. Pueden recibir su mensaje con su siguiente adversario en cualquier momento. De igual forma, a partir de este momento, el uso de las biobandas es obligatorio. Deben llevarlas en todo momento, a fin de recopilar la información más precisa de cada duelo que ocurra en la escuela.

Con eso terminó la junta. Los estudiantes de Blanco salieron de forma ordenada, uno detrás de otro como si fueran hormigas regresando a su hormiguero.

—Es aterrador la forma en que se mueven —susurró Kenzan.

A su lado, Rei asintió de acuerdo.

—No sé si son zombis o son robots —agregó Fubuki.

—Robots zombis —decidió Sho.

Cuando sólo los Osiris quedaban en el auditorio, Judai le hizo una señal a Rei para que hiciera su propio anuncio.

—Muy bien, todos —dijo ella poniéndose de pie—. Escucharon al profesor Cobra: a partir de mañana será como un battle royale. Lo más probable es que nos enfrentemos a los Obelisco Blanco… varias veces. Debemos estar listos. —Miró la hora en su PDA—. Son las cuatro, nos vemos en una hora en la cafetería de Osiris para una instrucción de emergencia.

Los estudiantes asintieron y luego abandonaron el dormitorio dejando solamente a sus líderes.

Una hora más tarde, la cafetería del dormitorio rojo estaba llena de adolescentes inquietos. Las murmuraciones sobre lo que les esperaba al día siguiente era de lo único que se hablaba. Los de primero eran los más nerviosos, por lo que sus tutores asignados hacían lo que podían para que se mantuvieran en calma, aunque algunos de ellos claramente no podían siquiera tranquilizarse a sí mismos. A pesar de sus burlas hacia los de blanco, era más que obvio ahora que muchos de ellos no pensaban que en algún momento tendrían que enfrentarse a la Sociedad de la Luz en duelo de forma obligatoria. Las burlas hacia estos por los estudiantes de rojo les había dado algo de seguridad, la cual comenzaba a desmoronarse ahora que de verdad tendrían que enfrentarlos.

Rei le sonrió a Hayato, quien estaba muy concentrado tratando de ajustar sus cartas y repasando sus combos lo mejor que podía.

—Anímate, superior, estoy segura de que ganarás todos tus duelos.

Las puertas correderas se abrieron y Judai entró junto con Sho. Ambos cargaban dos maletines que dejaron sobre la barra.

Fubuki asintió en su dirección mientras aplaudía para atraer la atención de todos.

—Muy bien, sé que están nerviosos por lo que podría pasar a partir de mañana. Tenemos unas cuantas horas para prepararnos para eso, así que es hora de usar las armas secretas de Osiris.

—¿Armas secretas?

—¿De qué está hablando el Rey Fubuki?

—Tranquilos —respondió Fubuki indicándoles con sus manos que fueran pacientes—. Primero que nada, voy a pasar unas hojas y quiero que, de la forma más clara posible, describan sus mazos y su estrategia principal. Vamos a trabajar para construir el deck más fuerte posible y que se ajuste a sus estilos de duelo.

Judai se sentó en un rincón mientras veía a Fubuki, Sho, Rei y Kenzan ayudar a los estudiantes.

Miró los maletines con las cartas y sonrió con suficiencia. Mucho tiempo atrás Yubel le había mostrado como infundir una carta con el poder de la oscuridad para ayudar a los duelistas que las usaran. Había observado a sus compañeros de Osiris las últimas semanas, calculado sus fortalezas y debilidades para planear en consecuencia.

Antes había dirigido campañas militares exitosas en las Doce Dimensiones, no era diferente a lo que estaba haciendo allí.

Su mirada se dirigió a la biobanda en su muñeca derecha. Todavía tenía que averiguar que pasaba con la energía de duelo que robaba.


La segunda etapa de los duelos de supervivencia comenzó sin muchos incidentes. A pesar de lo que Cobra anunció el día anterior, ese primer día sólo hubo enfrentamientos entre Obeliscos y Ra de tercer año. Podían llamarse a sí mismos Obeliscos Blancos y ocupar el mismo dormitorio, pero eso no cambiaba el hecho de que para la escuela cada cual tenía un rango diferente.

Judai y el resto de los líderes de Osiris permanecieron en las gradas de las arenas de prueba observando los duelos. No menos de un estudiante tuvo que sentarse tras acabar completamente agotado. Uno de ellos incluso debió que ser llevado a la enfermería para ser evaluado por la profesora Ayukawa.

Esa noche, después de la cena, ninguno de los alumnos de Osiris dejó la cafetería. Estuvieron allí hasta las diez de la noche, cuando el profesor Daitokuji les recordó que faltaba una hora para que se apagaran las luces del dormitorio. Si querían tener tiempo de prepararse para dormir era mejor que se fueran en ese momento. No es que los culpara por perder la noción del tiempo, estaban emocionados por las nuevas cartas que habían recibido y el impulso que estás les habían dado a sus mazos.

—Hay algo en esas cartas —dijo Sho mientras miraba a sus compañeros retirarse—. Se sienten extrañas.

—¿Extrañas? —lo cuestionó Judai alzando una ceja.

—Sí, casi como tus propias cartas.

Judai sonrió de medio lado mientras abrazaba a Sho por la espalda para apoyar su barbilla entre su cabello. Eran tan suaves que nunca se cansaba de eso.

—Bueno, decidí compartir un poco de mi poder con ellos. Únicamente un pequeño empujón para darles más confianza.

Sho frunció el ceño.

—¿Alguna vez hiciste eso con las cartas que me obsequiaste?

—No lo necesitabas. Teníamos tiempo para trabajar en tu mazo y en tu confianza. Ellos, por otro lado, irán a la guerra en cualquier momento.

Sho asintió confiando en las palabras de Judai.

—¿Has averiguado algo más sobre las biobandas?

—No mucho. Reciben señal de alguna parte, pero no puedo identificar de dónde. Hay muchas instalaciones abandonadas en esta isla con equipo que podría hacer eso. Quien controla estas cosas sabe muy bien como ocultar sus huellas. No me gusta.

Sho se mordió el labio.

—Es justo como pensaste: quien está haciendo esto no trabaja para la Sociedad de la Luz.

—No parece ser el caso.

Eso estaba resultando ser muy molesto. No había nada peor que una guerra con dos frentes. Por lo menos quien fuera no trabajaba con la Luz. Sería contraproducente que ambos se aliaran. Tenía que pensar muy bien a cuál enemigo atacar primero, además de hacerlo de una forma que no fuera orillarlo a aliarse con el otro en su contra.

Al día siguiente, los primeros diez estudiantes de Osiris tuvieron duelos contra estudiantes de blanco. Judai sonrió satisfecho cuando todos ellos ganaron. Algunos muy apenas, pero a final de cuentas un triunfo era un triunfo. En especial si les subía la moral a sus tropas.

También notó un hecho significativo: aunque todos los estudiantes que participaron en duelos ese día terminaron cansados, los estudiantes de blanco parecían llevarlo peor. ¿Ese enemigo misterioso estaba robando más energía de ellos que de otros alumnos?

El número de chicos que necesitaron ir a la enfermería tras sus duelos también se incrementó de forma significativa. Para el tercer día la profesora Ayukawa parecía no darse abasto, cuando una docena de alumnos de desmayaron después de sus duelos. De nuevo, ningún Osiris.

Judai tuvo su primer enfrentamiento ese día, contra un tal Gin Ryusei, un estudiante que parecía pensar que el duelo era una especie de videojuego «mata marcianos». No le costó mucho derrotarlo, por lo cual tuvo primera fila para ver de nuevo como la biobanda robaba la energía de duelo de su adversario dejándolo inconsciente.

Esa misma tarde, Daichi Misawa, uno de los miembros más importantes de la Sociedad de la Luz (según Kenzan y Rei, un buen amigo antes de ser asimilado tras perder un duelo intentando hacer que Asuka entrara en razón), se enfrentaría a Austin O'Brien. Ese sería el primer duelo del representante de la Academia Oeste, además de ser la mano derecha de Cobra.

El duelo fue interesante.

Daichi pareció obtener la ventaja rápidamente con sus monstruos basados en elementos químicos. Sin embargo, en poco tiempo, O'Brien demostró por qué había sido elegido para representar a la rama Oeste de la Academia de Duelos: utilizando una estrategia de «quemar puntos» acorraló a Daichi hasta un punto en el que, a pesar de su cabeza fría y analítica, comenzó a perder la paciencia.

O'Brien era claramente un soldado: utilizó todos sus recursos, y un poco de guerra psicológica, para llevar a su adversario hasta dónde quiso para luego rematarlo.

Daichi terminó siendo el siguiente inquilino de la enfermería luego de ese duelo.


Elegir el menor entre dos males… Jim llevaba pensando eso desde hacía más de un mes. Cuando tras una semana vio a casi una treintena de personas caer inconscientes tras sus duelos, se dio cuenta de que era momento de elegir. Para él era claro que las biobandas tenían algo que ver. Debido al Ojo de Oricalco, no pasaba desapercibido para él como estas se iluminaban cada vez que terminaba un duelo, como si estuvieran recabando algo más que información de los duelistas.

Ahora tenía que elegir a quien acudir con sus sospechas, luego de que el subdirector Napoleón desestimara su hipótesis. Aseguró que esos incidentes se debían al estrés causado por la intensidad de los duelos de supervivencia. No iba a molestar al director con rumores sobre alguna absurda teoría de conspiración.

Así que, sin la ayuda de la dirección de la escuela, ¿a quién acudir?

La Sociedad de la Luz fue un rotundo no. En los últimos días había comenzado a sentirse enfermo cada vez que su Ojo de Oricalco se posaba en sus miembros. Era casi como si una especie de energía maliciosa viviera dentro de ellos.

Eso dejaba a Osiris, la segunda facción dentro de Central. Era fácil decir que actuaban como una suerte de resistencia en contra de la Sociedad de la Luz. Y por supuesto, Kenzan estaba con ellos. A pesar de cómo se sentía su Ojo de Oricalco en presencia de Judai, decidió darle el beneficio de la duda a causa de su amistad con este último.

Con eso en mente, ese fin de semana luego de la hora de la cena, se encaminó en dirección al dormitorio de Osiris.

—¡Jim, amigo! —lo saludó Kenzan con alegría en cuanto entró en la cafetería.

Jim vio con interés que al parecer todo el dormitorio estaba allí, practicando su duelo de la forma tradicional en las mesas, mientras Rei, Sho, Fubuki y Kenzan se paseaban entre ellos como si fueran los jueces de un torneo.

—Llegas un poco tarde, pero si quieres cenar estoy seguro de que al profesor Daitokuji no le importará si hacemos uso de la cocina. Eres un invitado en la Academia, después de todo.

Jim negó con la cabeza y agradeció la atención de su amigo.

—Tengo que hablarles de algo, es sobre las biobandas.

Gracias al Ojo de Oricalco, Jim notó que esto atrajo la atención de Judai, quien hasta ese momento había permanecido sentado cerca de la barra al parecer distraído jugando con su PDA. No pasó desapercibido que tanto Rei como Fubuki y Sho levantaron la cabeza y miraron en su dirección. Un simple asentimiento de Judai con la cabeza fue suficiente para que los otros decidieran que era bastante práctica por esa noche.

—¿Qué pasa con las biobandas? —le preguntó Kenzan confundido.

Jim esperó a que los desanimados estudiantes de Osiris abandonaran la cafetería. Al final sólo quedaron él, Fubuki, Kenzan, Rei, Sho y Judai.

Judai finalmente abandonó su lugar en la barra y caminó hacia ellos con las manos metidas en los bolsillos pareciendo despreocupado.

—Supongo que también notaste el patrón —dijo Judai yendo directo al grano.

Jim entrecerró su ojo. Kenzan parecía confundido. Los otros tres claramente sabían a qué se refería Judai por la forma en la que sus expresiones cambiaron a unas más serias.

—Las biobandas son la causa de los desmayos —respondió.

Judai asintió con la cabeza para darle la razón.

—Intenté avisar a la dirección de la escuela, pero el subdirector Napoleón desestimó mis sospechas. Sin embargo, estoy seguro de que las biobandas de alguna manera están robando nuestra energía cada vez que participamos en un duelo.

—¡Espera! ¿Cómo es posible eso? —lo cuestionó Kenzan.

—Es lo que quiero averiguar. He tenido mis sospechas sobre el profesor Cobra desde hace un tiempo. Es claro que esto es parte de algún plan más grande del cual la escuela no es consciente.

—Bueno, ciertamente suena como una teoría de conspiración —admitió Fubuki—. Pero viendo lo que ha pasado la última semana…

—¿Qué hacemos? —preguntó Rei con un deje de preocupación. Jim notó como su mirada se desvió hacia Judai, como buscando una respuesta o una indicación de su parte.

Sho agitó la muñeca en dónde llevaba la biobanda.

—Parece que el seguro se atascó —dijo.

—No es eso —le indicó Jim—. Al parecer después del anuncio de la segunda etapa de los duelos de supervivencia, el profesor Cobra activó alguna suerte de dispositivo de seguridad. O eso es lo que creo. Tampoco he podido quitármela desde esa tarde.

Los demás comprobaron sus biobandas demostrando su punto.

Kenzan frunció el entrecejo mientras se cruzaba de brazos en un gesto pensativo:

—Bueno, está claro lo que hay que hacer: si la dirección de la escuela no va a hacer nada sobre esto, entonces debemos buscar al profesor Cobra y forzarlo a detenerse.

Las puertas correderas de la cafetería se abrieron y todos se giraron a ver quién había entrado.

En la puerta se encontraba Johan Andersen. Apoyado en él, ya que parecía apenas capaz de ponerse de pie, estaba Daichi Misawa.

Daichi había cambiado desde la última vez que lo vieron. No usaba más el uniforme blanco, sino que había vuelto a su uniforme de Ra Amarillo. A su vez, el tinte blanco de su cabello casi había desaparecido, dejando ver su color negro natural.

—Creo que podría ayudarlos con eso —aseguró Daichi con voz claramente cansada.

Johan lo ayudó a sentarse en una de las mesas. Daichi sacó una pequeña laptop y la puso frente a él.

—Superior Misawa —habló Rei con voz algo dudosa—. ¿Se encuentra bien?

—Mejor que en los últimos ocho meses, a pesar del cansancio. —Hizo una mueca de dolor—. No recuerdo mucho de lo que pasó desde que perdí el duelo contra la señorita Tenjouin. Cuando desperté hace unas horas, mi mente comenzó a despejarse. Fue como si mi duelo contra Austin O'Brien hubiera levantado un velo que cubría mi mente.

Suspiró.

—La única cosa que se me ocurre es que la Sociedad de la Luz usó una especie de hipnosis en mí.

Cerró los ojos y respiró profundamente.

—Pero no es eso de lo que quiero hablar. Revisé mi laptop y descubrí lo último que hice para la Sociedad de la Luz: una investigación sobre las biobandas y a dónde envían la energía robada.

Esto sin duda atrajo el interés de todos los presentes.

Daichi tomó su Laptop y comenzó a buscar algo en ella.

—¿Qué hay de ti, chico del norte? —preguntó Kenzan a Johan con el ceño fruncido.

—Estaba dando un paseo cuando encontré a Misawa cerca de las puertas de la Academia. Me ofrecí a llevarlo a la enfermería, pero en cambio él me pidió que lo trajera aquí.

Jim aceptó la explicación de inmediato. El Ojo de Oricalco, por otro lado, notó que Judai no parecía muy convencido de esa historia.

—Aquí está. Localicé un punto en el interior de la selva, cerca de la playa, desde dónde se están emitiendo una serie de ondas electromagnéticas. Creo que el profesor Cobra las usa para controlar las biobandas a distancia.

Los presentes pronto se enfrascaron en una discusión al respecto. ¿Investigar más o ir a buscar respuestas ya mismo? La segunda opción tenía más partidarios. Kenzan, Daichi, Johan, Fubuki y el mismo Jim creían que atacar por sorpresa antes de que Cobra se percatara era lo mejor.

En algún punto, Judai, quien se había mantenido al margen de la conversación desde que Daichi y Johan aparecieron, salió de la habitación sin decir nada. Solamente Jim, Johan y Sho parecieron darse cuenta de esto. Jim notó que Sho miraba hacia las puertas de la cafetería con el ceño fruncido, luego, al parecer de la nada, asintió y volvió a dar sus argumentos de porque debían esperar.


Judai se fundió con las sombras. Había sentido al espía casi desde el comienzo de la noche. Ahora que estaba en retirada, decidió que era momento de actuar. Lucifer apareció a su lado, asintió lentamente, y luego se adelantó para interceptar al espía.

O'Brien era un soldado experto, pero hasta él quedó desconcertado cuando alguien invisible lo golpeó haciéndolo caer hacia atrás.

Antes de que pudiera levantarse, sintió algo filoso siendo presionado en su garganta. Judai Yuki estaba de pie frente a él. En su mano derecha tenía una espada bastarda con la cual le apuntaba directamente de tal forma que el más mínimo movimiento por parte suya terminaría con su muerte.

—¿Sabes? Si hay algo que detesto, es que me espíen. Suelo castigar con la muerte a quienes se atreven a hacer eso. Sin embargo, creo que puedo perdonarte. Como puedes ver, hemos descubierto la pequeña operación de tu superior.

O'Brien sintió un escalofrío recorrerle la espalda cuando los ojos de Judai se transformaron en dos orbes brillantes con el color del oro fundido.

—Vas a llevarme a dónde está Cobra —le ordenó.

O'Brien no pudo hacer más que asentir. Todo su entrenamiento le gritaba que debía proteger la ubicación de su superior. En cabio, su sentido común, y una voz desconocida en su cabeza, lo instaban a obedecer a este chico, antes de que decidiera cortarle la cabeza de un tajo.

Judai sonrió satisfecho. Si podía deshacerse de Cobra esa misma noche sería un ganar-ganar para él. Eso le permitiría centrarse en la Sociedad de la Luz y acabar con ella de una vez por todas.