Disclaimer: Yu-Gi-Oh! GX no es mío. De otra forma, la parte de Haou habría durado al menos el triple, y posiblemente habría acabado con un Sho vs Judai para salvar a su amigo.


Capítulo 25

Hubo un tiempo en el que Edo confiaba ciegamente en el Destino. Después del asesinato de su padre y la incapacidad de la justicia para atrapar al culpable, incluso siendo un simple niño de cinco años, casi seis, se había dado cuenta de que la justicia no funcionaba. O al menos había sido así antes de que conociera a Saio.

Saio entendía lo que era perder la fe en la humanidad. Él y su hermana habían sido discriminados y apartados de la sociedad por ser diferentes. Sus dones especiales para conocer el futuro y desentrañar los misterios del Destino los habían convertido en blancos de burlas y desprecio por parte de las demás personas. Eso cuando no eran acusados de ser brujos o de algo peor. Ni hablar de aquellos seres sin escrúpulos que intentaron aprovecharse de sus dones para obtener gratificación económica.

Ninguno de ellos tenía verdadera fe, le explicó una vez Saio. Sólo eran hombres tristes que no creían en nada más que en el dinero. Esa percepción había corrompido sus almas, los había transformado en seres impuros y llenos de Oscuridad.

Siempre había habido una Luz en Saio que encandilaba a Edo y lo hacía confiar ciegamente en él. Su amigo jamás se equivocó en ninguna de las cosas que le dijo. Cuando comenzó su carrera profesional, con solamente catorce años, ganó cada uno de sus duelos, justo como Saio le dijo que pasaría.

—Es el Destino. La Luz que ilumina mi camino algún día iluminará el tuyo. Traerás justicia a este mundo de Oscuridad.

Edo únicamente quería justicia sobre el asesino de su padre, pero cuando Saio comenzó a hablarle de eso, poco a poco fue creyendo más y más que ese era su destino. Por eso se creó un alter ego para combatir a los criminales, seres que habían perdido el camino y vagaban por la Oscuridad. Confiaba en Saio y sus palabras, a la vez que confiaba en sus Héroes del Destino, lo único que su padre dejó para él.

Entonces, Saio falló. Aseguró que la fuente de la Oscuridad a quien debía vencer para asegurar su camino como el Campeón de la Luz de la Justicia estaba en la Academia de Duelos. Algo dentro de Edo dudó, pero prefirió ignorar ese presentimiento. Saio jamás se había equivocado, esta vez no sería diferente. Sin embargo, falló. No encontró al portador de la Oscuridad en la Academia de Duelos. Fue una pérdida de tiempo completa el ir allí.

Saio estaba tan desconcertado como él. Edo comenzó a pensar que, después de todo, su amigo era humano. A pesar de sus dones, alguna vez tenía que fallar. Incluso el mejor duelista profesional a veces saca malas manos, algo así debía haber pasado con la predicción de Saio.

Y luego, Saio falló de nuevo. Le aseguró que vencería a Hell Káiser. Ryo Marufuji, el mejor duelista de la Academia de Duelos, quien se había graduado de esta apenas tres meses atrás, había caído en la Oscuridad. Era un duelista brutal. Edo debía aplastar su orgullo para devolverlo al buen camino, o eso fue lo que Saio dijo. A Edo no podía importarle menos el destino de un novato. Conocía su récord perfecto en la Academia de Duelos y entendió que solamente era un niño recién salido de su confortante mundo de halagos y duelos estudiantiles. Káiser no era más que otro de esos niños graduados de las escuelas de élite que no habían probado todavía una dosis de realidad. Él iba a asegurarse de que entendiera el lugar que le correspondía.

Perdió.

Comenzó ese duelo demostrando su superioridad contra Hell Káiser jugando con su «Dragón Cíber Final» como si fuera un cachorro. Tras divertir un poco al público con eso, se decidió acabar con Káiser. Estaba listo para destruir a su monstruo más poderoso y aplastar sus puntos de vida con sus Héroes del Destino.

Ese fue el momento en que Káiser activó una carta Mágica de Juego Rápido que le permitió invocar un monstruo de Fusión devolviendo materiales de su campo y su Zona de Destierro. En el propio turno de Edo, una bestia llena de oscuridad con 5000 puntos de ataque, «Dragón Ciberoscuro Final», se irguió impidiéndole acabar con su adversario ese turno.

A partir de allí el duelo fue en picada para Edo. La bestia de metal oscuro era inmune a los efectos de sus cartas, podía equiparse monstruos desde cualquier Cementerio y atacar tantas veces como monstruos tuviera equipados. Se vio forzado a ver como la bestia metálica absorbía uno a uno a sus Héroes del Destino destruidos, para posteriormente desatar toda la furia de sus puntos de ataque contra él. No fue capaz de recuperarse tras ese turno. Estando a sólo quinientos puntos de una victoria, tuvo que ir a la defensiva y al final todos sus intentos por deshacerse del monstruo fueron infructuosos.

Edo cayó en una espiral descendente. Tenía pesadillas en dónde veía unos ojos amarillos que lo miraban con burla desde la Oscuridad.

Ese tiempo le permitió meditar. Saio había fallado de nuevo. ¿Qué tal si en realidad nunca tuvo el don en el que creía ciegamente? ¿O si todas esas supuestas predicciones eran meras coincidencias? ¿Qué pruebas tangibles tenía de que el Destino del que tanto hablaba Saio era real? Hell Káiser había resoplado con burla ante su discurso sobre el Destino. Esa fue la razón por la que Edo decidió humillarlo en lugar de acabar el duelo de forma veloz como planeó originalmente. Al finalizar el duelo, Hell Káiser tenía la razón y Edo era quien estaba equivocado.

Decidió ir a enfrentarlo de nuevo. Tener una revancha privada en la cual resolver sus dudas. No le avisó a Saio de sus planes, algo dentro de él sabía que iba a intentar convencerlo de que no hiciera eso.

La segunda vez que cayó ante Hell Káiser, esta vez sin siquiera haber podido tocar sus puntos de vida, Edo se convenció de que sus caminos habían estado equivocados. No es que pensara que Hell Káiser tenía la razón respecto a su discurso del poder y la voluntad para destruir lo que se interpusiera entre él y sus objetivos. Incluso si eso algo era un supuesto destino escrito en piedra.

En realidad, no sabía qué pensar. Había pasado demasiado tiempo escuchando a Saio y sus promesas. Tal vez era hora de intentar comprender a la Oscuridad en lugar de simplemente descartarla como la fuente de todo el mal en el mundo.

Abandonó a Saio y comenzó a pasar cada vez más tiempo cerca de Káiser, incluso inscribiéndose con él como compañero para los torneos de la temporada Tag.

Tras un año de que comenzara ese camino no estaba seguro de que había logrado. Vio desde lejos como Saio se convertía en una especie de líder de culto en la Academia de Duelos. Hell Káiser todavía conservaba un contacto en la Academia a través de su mejor amigo, Fubuki Tenjouin, y fue este quien les habló sobre la Sociedad de la Luz.

Al comienzo Edo no creyó que Saío hubiera hecho eso. Entonces, tras conocer en persona a Asuka Tenjouin, la hermana de Fubuki y representante de Saio entre los estudiantes de Obelisco Blanco, se dio cuenta de que su discurso era el mismo que su amigo intentó grabar en su cabeza durante años. No podía negar la verdad: Takuma Saio, el hombre a quien llamó su único amigo, la única persona en quien confió tras la muerte de su padre, era el líder de una especie de culto que estaba lavando el cerebro de un grupo de incautos adolescentes que acudieron a él en busca de esperanza. Tal como un día lo hizo el mismo Edo.

Edo dejó ajustó el curso en la computadora del piloto automático de su yate en dirección a la Academia de Duelos. Normalmente el viaje tomaba veintiséis horas en ferri. Un yate más pequeño podría hacer ese viaje en la mitad del tiempo. Si todo iba bien, estaría allá antes de las diez de la mañana.

Le tomó sólo una hora ponerse en movimiento tras recibir la llamada de Ryo.

—Lo que sea que Saio planea hacer con la Sociedad de la Luz, comenzará en pocas horas.

La familia Marufuji era poderosa, quizá más que la agencia fundada por Saio. Usando ese poder, Hell Káiser había contratado a los mejores para espiar a la Sociedad de la Luz y a su líder. Asuka era una de las mejores amigas de Ryo, así que Edo no cuestionó el que estuviera interesado en mantener una estrecha vigilancia sobre ese culto. Si él decía que algo pasaría pronto, le creía y por tanto se aseguraría de estar allí.

Edo había sido el mejor amigo de Saio, el primero en caer en sus manipulaciones, el primero que pudo darse cuenta de que algo andaba mal y no fue capaz de hacerlo al estar cegado por sus promesas del Destino y la Justicia. Le correspondía a él arreglar todo eso. Y tal vez, al hacerlo, podría recuperar al verdadero Saio, aquel chico más sencillo que le había mostrado que todavía podía sonreír a pesar de lo cruel que el mundo había sido con él al arrebatarle a su padre.

Desde el muelle, Hell Káiser sonrió satisfecho. Su misión estaba cumplida. Edo Phoenix enfrentaría a la Sociedad de la Luz asegurando que Cobra recolectara toda esa energía de duelo a fin de completar el plan del Rey Supremo.

Únicamente esperaba que Edo no derrotara a Asuka antes de que él llegara para la fiesta final. Si alguien iba a derrotarla, sería él.

—Vámonos —ordenó.

A su lado, Mizuchi Saio asintió con obediencia. Hell Káiser debía admitir que tener a un Ganado con la capacidad de ver al futuro era de mucha utilidad. Era una lástima que dentro de poco tendría que devolvérsela a Haou.


Judai siguió a O'Brien a través del bosque. Sin que el otro lo supiera, sus Héroes y los Ángeles Caídos de su hermana mayor lo vigilaban por si intentaba hacer algo. No es que Judai creyera que fuera hacer así. A pesar de su entrenamiento militar, O'Brien no habría podido hacer nada contra su Dominio. Quizá su mente era lo suficientemente fuerte para darse cuenta de que algo lo estaba manipulando, pero no era suficiente para romperlo. No era lo mismo saber que algo estaba allí a ser inmune como Sho.

Llegaron a la entrada de uno de los túneles que recorrían el subsuelo de la Academia. Por la forma en que O'Brien vigilaba su entorno desde que entraron allí, Judai supo que Cobra debía tener bien protegidos esos túneles. Era claro que estaba pensando que su superior no dudaría en activar las trampas para deshacerse del intruso, incluso a costa de su «estudiante».

Avanzaron con relativa tranquilidad, casi como si no hubiera trampas. De igual forma, las puertas parecían abrirse a su paso de tal manera que parecía que los estaban esperando. La única señal de que eran vigilados eran las cámaras de seguridad que pasaban cada pocos metros.

Por fin llegaron a un laboratorio. Era similar al que estaba junto al «Hábitat» de Mokeo. Sin duda otra de las instalaciones secretas abandonadas por Kaiba cuando canceló los proyectos que llevaba a cabo en la Isla Academia.

—Los estaba esperando —la voz de Cobra les llegó desde una plataforma elevada.

El hombre descendió en una especie de elevador. Sonrió con satisfacción al verlos.

—La verdad, esperaba que encontrara este lugar antes, Príncipe Judai, considerando que ha estado vagando por la Isla tratando de destapar todos sus secretos.

Judai entrecerró los ojos con sospecha.

—Por favor, su alteza, le aseguro que puede confiar por completo en mí. Incluso me aseguré de que sus aliados en Osiris no sufrieran mucho a causa de las Biobandas. Por supuesto, no podía reducir la recolección a cero, a fin de no levantar las sospechas de la Sociedad de la Luz.

—Asumo que trabajas para mi padre.

Judai no lo entendía. Si iba a enviarlo a la Academia, ¿por qué no avisarle sobre Cobra? No habría perdido el tiempo pensando que era un enemigo y podría haberse concentrado en los esclavos de la Luz.

—Es curioso que mi padre no mencionara nada sobre esta operación.

—Por supuesto que no. Debía ser creíble que había un tercer bando en el juego, a fin de que la Sociedad de la Luz se sintiera acorralada.

Judai no podía creer eso. Parecía demasiado arriesgado, si la Sociedad de la Luz creía eso, la resistencia en Osiris podía caer en la misma trampa. No parecía algo que su padre hubiera planeado. Él no le habría ocultado esos detalles.

El vampiro recorrió el laboratorio, teniendo cuidado de no perder de vista a Cobra.

—Exactamente, ¿qué es lo que hará con esa energía de duelo?

Cobra pareció orgulloso antes de explicar.

—Hace tiempo, algunos de mis contactos consiguieron copias de una investigación sobre la energía de duelo llevada a cabo en esta misma Isla. Pensaban que, con la carga adecuada de esta energía, era posible abrir una puerta hacia un mundo alterno en dónde encontrarían secretos que impulsarían el desarrollo de la humanidad hasta un punto que antes sólo se creían posibles en la ciencia ficción.

»Por supuesto, Seto Kaiba desestimó sus logros y canceló el proyecto. Yo decidí que era algo que valía la pena investigar. Desafortunadamente, no tenía los fondos necesarios para hacerlo. Hasta que conocí a su padre y me ofreció una solución: a cambio de llevar la Academia Central entera a esa otra dimensión, obtendría los secretos de aquel mundo.

¿Una puerta a las Doce Dimensiones? Su padre había sido muy insistente respecto a tomar la Academia de Kaiba y usarla para entrenar a sus futuras tropas, pero nunca imaginó que deseaba llevarla a las Doce Dimensiones. Siempre había asumido que haría eso una vez que cumpliera su promesa de extender la Noche Eterna a todos los rincones del universo.

¿Por qué confiar este plan a Cobra y no avisarle a él? A menos que temiera que hubiera espías. Desde que recordaba, El Concejo de los Ancianos siempre había intentado conspirar contra su padre. ¿Tenía algo que ver con eso?

Cobra accionó un interruptor. Al instante emergió una especie de capsula o tanque llena de energía de duelo. Era tanta que incluso había obtenido un estado físico.

—Casi está lleno —dijo Cobra—. Esta noche, la Sociedad de la Luz ha perdido a uno de sus pilares fundamentales. Daichi Misawa es un verdadero genio, uno de esos pocos que nacen sólo una vez por generación. La Sociedad de la Luz intentará recuperarlo.

Judai quiso correr de inmediato de regreso a Osiris. Si iban por Misawa, Sho quedaría en el fuego cruzado.

—No tema, no actuarán por la noche. Ellos, o al menos los líderes, son conscientes de lo que es usted. Esperarán hasta mañana al medio día. Para entonces, tendremos un aliado que ellos no están esperando. Cuando la Sociedad de la Luz esté lista para su asalto final, la Academia no estará más en este mundo.

—Parece muy seguro de que las cosas sucederán como dice, profesor Cobra.

El hombre se dirigió a un escritorio. Oprimió un botón en un computador y al instante se mostraron una serie de documentos y fotografías en una pantalla.

—Hell Káiser envió esto hace unas horas. Sus investigadores descubrieron que Takuma Saio, el líder de la Sociedad de la Luz, llegará hoy mismo a la Academia Central para dirigir en persona todo lo que sucederá mañana.

»Por lo que pudieron averiguar, sus objetivos son varios: la recuperación de Daichi Misawa, la asimilación del resto de la escuela (incluyendo al personal), la embestidura del Campeón de la Luz y la destrucción del Heraldo de la Oscuridad.

Cobra oprimió otro botón y los documentos cambiaron. Ahora se mostraban los expedientes de varios estudiantes a los que Judai conocía, algunos mejor que atros: Asuka Tenjouin, Rei, Fubuki, Kenzan, Sho, Hayato Maeda, Jim Crocodile Cook, Johan Andersen, Jun Manjoume y Daichi Misawa.

—No conozco los detalles, pero su alteza desea que todos, o los más posibles, de esta lista estén dentro de estas instalaciones cuando sea el momento de activar la puerta. Sé que algunos de ellos son sus aliados. Por supuesto, está también su novio. No entiendo por qué querría a la «líder» de la Sociedad de la Luz.

A Judai sólo se le ocurría una razón por la que él querría tenerla frente a frente: había matado a Camula y se atrevió a amenazar a Sho estando él presente. Por supuesto, no había forma de que ella se presentara allí de buena gana.

—La mayoría de ellos planeaban asaltar este lugar por sorpresa. Tal vez esta misma noche.

—Soy consciente de eso. Estoy preparado para entretenerlos hasta que llegue la hora de ejecutar el plan.

Judai asintió con la cabeza.

—Hayato no participará en esto. Rei, Kenzan y Fubuki han intentado incluirlo en sus planes dentro de Osiris desde hace un tiempo sin éxito. No sé nada respecto a Jun Manjoume.

—Ha sido asimilado por la Sociedad de la Luz —respondió Cobra—. Desafortunadamente, no me percaté a tiempo a fin de arreglar un duelo en el cual pudiera ser liberado de su control, como si hice con Misawa.

Judai vio de reojo a O'Brien. Permanecía rígido en su lugar, como un buen soldado en posición de firmes, sin cuestionar nada de lo que estaba escuchando.

—No será necesario entretener al grupo de asalto —dijo Judai—. Después de todo, he capturado a un espía que nos dará la información necesaria a fin de hacer una incursión mejor planeada el día de mañana. Estarán aquí a la hora pactada.

Judai notó que por primera vez O'Brien tenía una reacción. Su pulso se aceleró un poco en clara señal de miedo.

Cobra asintió de acuerdo con su plan.


El camino de regreso fue mucho más sencillo. Habían llegado antes con el método de O'Brien, ahora usarían el de Judai: moverse a través de las sombras. Por supuesto, siendo un humano, O'Brien casi había vomitado a pesar de su entrenamiento militar.

Una vez que mostró al espía que capturó, los otros se prepararon para extraerle toda la información necesaria. O'Brien entonces decidió jugar la carta de la traición: su malestar actual se debía a que Cobra intentó deshacerse de él cuando se dio cuenta de que Judai lo había descubierto. Inteligente, ya que era difícil creer (para quienes no sabían su secreto) que él pudiera haber dejado a un soldado claramente experimentado en ese estado.

O'Brien aseguró que quería la oportunidad de «retribuirle» a Cobra su traición. Jim, Misawa y Johan no confiaron en su palabra. Para su desgracia, eran minoría a la hora de votar respecto a que hacer: Sho, Rei, y Fubuki aceptarían cualquier decisión que Judai tomara, y Kenzan se aliaría al instante a la opinión de Rei.

Se acordó que O'Brien los llevaría al laboratorio al día siguiente. Con ese fin, se reunirían a las ocho de la mañana, después del desayuno, allí mismo.


Nada más estuvieron solos en su habitación, Sho miró a Judai con los brazos cruzados.

—Muy bien, ¿qué pasó realmente? Tardaste demasiado para solo haber ido a atrapar a un espía.

Judai suspiró.

—Todo esto, es un plan de mi padre.

Lo único que Sho pudo hacer fue emitir un quedó «Oh».

—Nunca me ocultó nada, sin embargo, me envió aquí sin decirme que Cobra era parte de esto. Invertí tiempo y recursos valiosos cazando a un supuesto enemigo. Al final, sólo fui un perro persiguiendo su propia cola.

—No entiendo cómo trabaja tu padre —dijo Sho tras pensarlo un rato—. Pero, tal vez, el engaño al enemigo debía ser lo más creíble posible y en realidad no pretendía dejarte fuera, solamente que no encontró la forma correcta de hacer esto.

Judai suspiró.

—Tal vez.

Judai había demostrado ser más que un buen actor. Habría podido mantener el engaño sin problemas…

A menos que todo estuviera planeado para que se dieran cuenta en ese punto, cuando la energía necesaria para ejecutar el plan estaba casi por completo reunida.

Los duelos de supervivencia duraron meses, y sólo durante la última semana Daichi se percató de las ondas electromagnéticas que parecían controlar las biobandas. Además, Cobra arregló el duelo entre O'Brien y Misawa únicamente hasta que este tuvo su investigación completa, a fin de que esos datos terminaran con la resistencia de Osiris y no con la Sociedad de la Luz.

¿Sería parte del plan para llevar a los objetivos al laboratorio? ¿Por qué quería a esas personas en específico? Bueno, estaban él, Sho, Rei y Fubuki, sus agentes infiltrados (sin contar a Daitokuji); pero, ¿por qué los demás?

Demasiadas preguntas que esperaba responder al día siguiente.


La «infiltración» no fue tan simple como esperaban. Misawa se quedó atrás al cuidado del profesor Daitokuji, todavía muy agotado como para caminar por el bosque. A mitad del camino, Jun Manjoume decidió aparecer mostrándose abiertamente como un miembro de Obelisco Blanco con un grupo de peones menores. Johan decidió quedarse atrás para intentar hacer entrar en razón a su amigo. Si había funcionado con Daichi, esperaba que tras ese duelo el verdadero Jun Manjoume emergiera del interior del autollamado Trueno Blanco.

Judai habría preferido que los siguiera, a fin de tener a más de sus objetivos en el lugar pactado.

Una vez dentro de las instalaciones, tuvieron que lidiar con las trampas. Esto acabó por separarlos. Judai, Rei y Sho quedaron por su cuenta. El resto contaba con la guía de O'Brien.

Por supuesto, una vez que esto sucedió, Cobra desactivó las trampas en el camino del grupo de Judai.

Para cuando el otro grupo llegó a la sala de comando, ellos ya estaban allí.

Mientras esperaban, a través de las cámaras de seguridad habían visto llegar a Edo Phoenix exigiendo ver a Takuma Saio. Por supuesto, los miembros de la Sociedad de la Luz se interpusieron en su camino.

Judai tenía que admitir que el chico era un buen duelista. Sho, por su parte, notó algo: parecía que algo del estilo agresivo de duelo de su hermano se había contagiado a él. Eso fue bueno para su causa. Cuando una docena de Obeliscos Blancos de alto rango cayeron ante él, la energía de duelo en el tanque se llenó por completo.

Para cuando el grupo de Jim llegó allí, Cobra había comenzado a ejecutar los comandos que abrirían la puerta.

—¡No dejen que lo haga! —gritó Jim.

Kenzan al instante intentó llegar hasta Cobra.

Judai asintió con la cabeza en dirección a Fubuki y O'Brien. En cuestión de segundos, el primero derribó al dino-duelista, mientras el segundo saltaba interponiéndose en el camino de Jim.

—¡Superior Fubuki! —gruñó Kenzan. Su voz estaba entre la decepción y la rabia.

Logró quitarse a Fubuki de encima y trató de llegar de nuevo a Cobra. Esta vez fue Rei quien se interpuso en su camino.

Kenzan se detuvo en seco. Parecía conmocionado. Negó con la cabeza varias veces. Judai sintió el olor salado de las lágrimas que se negaba a derramar.

—Lo siento, Kenzan —dijo Rei con voz afecta—. Pero mi príncipe lo ordena, así que no puedo dejarte pasar.


El techo del laboratorio se abrió, dejando salir una especie de cañón láser hacia la superficie. La energía de duelo almacenada fue disparada hacia el cielo. Luego, fue como si un enorme trueno hubiera caído cubriendo la isla entera.

Unos momentos después, todos los habitantes de la misma se levantaron del suelo. Se miraron aturdidos sin saber que había pasado.

El director Chronos se asomó por el ventanal de su oficina. Más allá del bosque, en dónde debería estar el mar, ahora sólo había un inmenso océano de arena blanca. Miró al cielo, que debía ser azul y despejado, únicamente para encontrar un firmamento lleno de estrellas las cuales no reconoció en lo absoluto.