Disclaimer: Yu-Gi-Oh! GX no es mío. De otra forma, la parte de Haou habría durado al menos el triple, y posiblemente habría acabado con un Sho vs Judai para salvar a su amigo.


Capítulo 26

Por un momento, Jim pensó que estaba muerto. Cuando Cobra activó la máquina fue como si el mundo entero hubiera explotado. El Ojo de Oricalco en su cuenca vibró con tanta intensidad que, por un breve instante, creyó que iba a estallar.

Ahora que todo había pasado, el geólogo se puso de pie con lentitud. Kenzan, Fubuki, Rei y O'Brien también se estaban levantando del suelo. Judai estaba de pie, un poco apartado de ellos, con los brazos envueltos alrededor de Sho. Los Héroes Elementales y algunos Vehicroids los rodeaban protegiéndolos.

Jim lo supo en cuanto vio a los monstruos: no eran hologramas, de verdad estaban allí.

Su atención, sin embargo, no estaba en los monstruos reales. Los ojos de Judai se habían tornado de un color amarillo dorado que le provocó escalofríos. Eran como los ojos de un gato, uno grande, mirándolo desde la oscuridad. Su cuerpo lo supo antes incluso de que su mente acabara de procesar ese extraño fenómeno: Judai Yuki no era humano. Tampoco era un monstruo de duelo, era algo más que no alcanzaba a identificar. Cualquier cosa que fuera, era un depredador y ellos eran su presa.

El Ojo de Oricalco pulsó, como siempre lo hacía cuando estaba cerca de Judai, pero esta vez de una forma más enérgica. Jim tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para que eso no lo distrajera.

—¿Qué sucedió? —preguntó Kenzan todavía un poco aturdido, sobándose la cabeza con su mano izquierda, mientras apoyaba la derecha en el piso tratando de levantarse.

Jim miró hacia dónde estaba Cobra. Lo encontró de pie mirándolos con una sonrisa de triunfo. Luego, su mirada cambió a una de sorpresa cuando los computadores detrás de él comenzaron a emitir un pitido de alerta. Se giró y miró la pantalla. Lo que fuera que pasara, no estaba dentro de sus planes.

—Alguien abrió un portal hacia otra de las Doce Dimensiones —anunció Héroe Elemental Burstinatrix.

La expresión de Judai cambió a una de seriedad.

—Fubuki, Rei, asegúrense de que Jim y Kenzan no me sigan.

Tanto Fubuki como Rei asintieron activando sus discos de duelo.

—¿Estarán bien? —preguntó Sho a Judai con clara preocupación—. Si ellos pierden…

—No morirán mientras estén dentro de la Isla —le aseguró Judai—. La Isla es un trozo del mundo humano que fue arrastrado a las Doce Dimensiones. Sus reglas de duelo son las mismas que en aquel mundo, salvo que el dolor de los ataques se sentirá real.

Sho asintió con la cabeza, aunque por su rostro se podía decir que no le agradaba del todo eso último.

—¡Espera, Judai, tienes muchas explicaciones que dar! —gritó Kenzan con furia.

El Ojo de Oricalco permitió a Jim ver como una especie de aura se generaba al alrededor de su amigo de Central. Tenía la forma de un dinosaurio terópodo, similar a un T-Rex.

—Kenzan, ¿por qué no te relajas? —le pidió Rei con voz tranquila, aunque el que tuviera su disco de duelo listo para entrar en combate no la ayudó en nada para lograr su cometido—. El Príncipe Judai les explicará todo a su debido tiempo.

Kenzan la fulminó con su mirada. Rei soltó un suspiro resignado.

—Quiero respuestas ahora: ¿Por qué nos traicionaron? —Jim sintió el dolor en las palabras de Kenzan. Un dolor profundo que lo hizo sentirse mal por su amigo, aunque apenas si lo había conocido por unos dos meses.

Rei se mordió el labio, claramente afectada por el tono de Kenzan; sin embargo, al instante su mirada se llenó de resolución y sostuvo su disco de duelo con más fuerza.

—¡Muy bien! Si es necesario te sacaré las respuestas con un duelo. —Kenzan intentó avanzar hacia Judai.

Rei se interpuso en su camino. Hubo un momento en el que sólo se miraron, como si fuera una película del viejo oeste. No debieron ser más de unos pocos segundos, que se sintieron como minutos a causa de la tensión que había entre ellos.

—Muy bien, si lo quieres así —gruñó Kenzan, antes de él mismo desplegar su disco de duelo.

Jim apartó la mirada de ellos y la centró de nuevo en Judai. Este le estaba ofreciendo su mano a Sho en una clara señal para que lo siquiera. Sho miró en dirección a dónde Kenzan y Rei estaban comenzando su duelo, luego, tras cerrar los ojos y respirar profundamente, tomó la mano de Judai y comenzó a alejarse del resto de sus «amigos» con él.

—¡Esperen! —les gritó Jim.

Hizo el intento de ir hacia ellos, igual que Kenzan antes. No logró avanzar más de tres pasos, cuando Fubuki estaba frente a él con su disco de duelo preparado.

—El Príncipe Judai dijo que no puedes pasar.

Jim entrecerró los ojos. Había asumido que Rei tenía un enamoramiento platónico por Judai, y por eso se le escapaba llamarlo príncipe de vez en cuando. De hecho, eso ponía furioso a Kenzan. Escuchar a Fubuki decirlo le hizo saber que era algo que iba más allá.

—¿Qué es Judai? —cuestionó Jim a Fubuki—. Me doy cuenta de que no es humano.

—Es algo complicado —respondió Fubuki—. Bueno, no exactamente así, aunque si difícil de creer para la mayoría. Como sea, lo averiguaras pronto. El Rey viene en camino.

Así que Judai era un verdadero príncipe. ¿Pero de qué? ¿Qué era este rey que venía? El simple hecho de pensar en eso, hizo que el Ojo de Oricalco vibrara con más fuerza. Casi podía sentir que estaba tratando de decirle algo. Lo que fuera no le gustaba. Más que una advertencia, parecía la vibración emocionada de un gatito expectante por ser alimentado por su amo.

Usando toda su fuerza de voluntad para contener al Ojo de Oricalco, activó su disco de duelo. Fubuki no iba a moverse, entonces tendría que derrotarlo.

—¡Espera! —Cobra llamó a Judai. Este se detuvo de su camino hacia la salida de la sala de comando y lo miró con el ceño fruncido—. No se suponía que se abriera otro portal.

—No es un portal a la Tierra, si es lo que piensas —respondió Judai—. Mi padre viene en camino. Le aconsejo, profesor Cobra, que se prepare para recibirlo.

Siguió su camino junto con Sho, todo el tiempo con los Héroes y los Vehicroid actuando como si fueran su séquito de guardaespaldas.

Cobra miró a O'Brien. Asintió una vez y luego ambos siguieron a los estudiantes de Central.


Edo sintió que la cabeza iba a estallarle. Tardó un momento en recuperarse lo suficiente como para volver a ser consciente de su entorno. Se dio cuenta de que alguien lo sostenía, alguien que lo había protegido con su cuerpo cuando se produjo la explosión, o lo que fuera que hubiera pasado.

Se apartó con un salto y se giró para ver a esa persona. Edo se jactaba de ser capaz de mantener la compostura en todo momento, salvo cuando sucedían cosas que desafiaban sus paradigmas, como esa derrota en manos de Káiser. Esto lo superaba: frente a él, cara a cara, estaba Héroe del Destino – Disk Commander. Sus instintos le decían que no era un holograma, sino el mismo monstruo de duelo en persona; su mente se negaba a creerlo.

Por un momento, Edo creyó notar una ola de tristeza que venía de su monstruo, antes de que este desapareciera.

Aturdido, Edo negó con la cabeza y miró a su alrededor. Los miembros de la Sociedad de la Luz a quienes había derrotado seguían en el suelo, inconscientes. Los que esperaban su turno creyendo que podían impedirle ver a Saio, comenzaban a ponerse de pie.

Edo notó entonces que las farolas del camino que conectaba el dormitorio Obelisco con el edificio principal estaban encendidas. No debía ser, ya que casi era el medio día. Al mirar arriba, se sorprendió de encontrar el cielo estrellado.

Los miembros de la Sociedad de la Luz comenzaron a hacerse a un lado. Edo volvió su mirada hacia la puerta del dormitorio. Saio apareció allí, con Asuka Tenjouin y sus amigas rodeándolo como si de sus guardaespaldas se tratasen.

—¿Qué está pasando aquí? —exigió saber.

Saio le dedicó una mirada de resignación.

—Me temo que la Oscuridad se ha vuelto más poderosa de lo que creí posible.

Miró a los miembros caídos de la Sociedad de la Luz y suspiró con pesar.

—¿Tú hiciste esto? —lo cuestionó Edo avanzando en su dirección.

Asuka se movió al instante para proteger a su líder, sólo para que Saio pusiera su mano en su hombro. Asuka se giró para luego retroceder cuando Saio negó con la cabeza hacia ella.

Saio volvió a mirar a Edo:

—Te aseguro, Edo, que no he provocado el fenómeno que ha movido a la Academia a otro plano de existencia.

Edo frunció el ceño.

—Eso es imposible. Este lugar…

—¿Alguna vez te he mentido?

—Dijiste que nunca podría perder ante Káiser…

—Y no debería haber sido así. ¿Recuerdas lo que te dije cuando te envié a la Academia a comienzos del año pasado? ¿Qué aquí encontrarías a alguien capaz de cambiar el destino? No estaba equivocado en mi predicción. Pero la Oscuridad nubló mi visión para que no tuviera la fecha exacta.

Saio soltó un suspiro resignado.

—Igual que nubló tu vista para que cayeras en sus garras. Káiser es un instrumento de la Oscuridad. No sé si trabaja para ellos conscientemente o solamente sucumbió a su manipulación a través de las promesas de poder, creo que a estas alturas no importa mucho. Debemos reagruparnos, tomar el control de la escuela, vencer a los enviados de la Oscuridad y asegurarnos de llevar a todos de vuelta a salvo a nuestro propio mundo.

Saio extendió su mano indicándole a Edo que lo siguiera.

—Debo admitir que la Oscuridad también nubló mi visión respecto a tu destino como el Campeón de la Luz. Eso no significa que no puedas ayudarlo. Ven conmigo, es hora de conocer al portador elegido para llevar a la Sagrada Luz de la Verdad.

Edo apretó los puños. ¿Debía creer en Saio o no?

—No confió en ti —dijo—. No como lo hice alguna vez.

—Es justo. Te fallé cuando más me necesitabas. Sin embargo, por nuestra amistad, te pido que al menos vengas a conocer a esta persona. Cuando lo hagas, podrás decidir si digo o no la verdad.

Edo cerró los ojos.

—Muy bien.

En su mente, Saio sonrió triunfante. Tal vez, incluso con las ideas que Káiser había metido en la mente de Edo, todavía podría serle útil.

Hizo un asentimiento a Asuka. Ella inclinó la cabeza en señal de respeto, luego se separó de ellos. No se molestaron en ayudar a los que habían caído ante Edo. Primero debían recuperar a Misawa, ya que su conocimiento sobre Física del Duelo era la llave que los sacaría de allí. Antes de atacar la escuela, irían a por Osiris, el lugar donde Daichi se ocultaba. La Luz le indicó que sus líderes estaban fuera. Si había un momento para acabar con la pequeña resistencia armada por el Heraldo y sus aliados, era ese.


Judai se detuvo en cuanto salieron del laboratorio y se encontraron en el bosque.

—Regresa al dormitorio Osiris.

Sho se detuvo en cuanto escuchó esa orden por parte de Judai.

—¿Qué? ¡No! Vamos a recibir juntos a tu padre.

—Sho, la Sociedad de la Luz planea dar el golpe hoy. Debes ir a organizar a nuestras tropas para resistir la batalla.

Sho no parecía conforme.

—¿Olvidas que tu padre quería que estuviera aquí cuando se completara el plan de Cobra? Creo que es porque pensaba venir desde el comienzo. Somos su sequito de bienvenida.

—Él entenderá —replicó Judai—. Nos envió a preparar una resistencia. Es momento de que está entre en acción.

Besó a Sho suavemente saboreando la dulzura de sus labios.

—Te alcanzaré en cuanto pueda… junto con Rei y Fubuki.

Por un momento pareció que Sho quería replicar. Al final asintió con la cabeza. Judai se quedó viendo un momento como se alejaba por el sendero que iba en dirección a la Academia, y por tanto a los dormitorios, todo el tiempo protegido por sus monstruos.

—Lucifer —llamó al monstruo As de su hermana mayor.

El primero de los Ángeles Caídos se manifestó frente a él. Lucifer jamás se inclinaba. Era un rey por derecho propio. Veía su relación con Judai como nada más que una alianza.

—¿Pueden cuidar de él?

Lucifer asintió. En realidad, a los Ángeles Caídos no les interesaba el niño. Lo hacían por dos cosas: era un Osiris, y su Maestra siempre se preocupó por ellos, a veces incluso más de lo que el propio director del dormitorio lo hacía. También por Judai. Sin importar lo que había pasado, seguía siendo el hermano pequeño de su Maestra. Ese simple hecho era más que suficiente para querer protegerlo. Y sabían que parte importante para que Judai se mantuviera a salvo era que Sho Marufuji estuviera bien.

Judai se concentró en el lugar en donde se sentía la presencia de su padre. Yubel estaba con él. Era raro que ambos dejaran el Reino de la Noche Eterna al mismo tiempo. Los planes que su padre tenía para la Academia de Duelos eran muy importantes sí ambos estaban allí.

Tomó aire, aunque en realidad no lo necesitaba, y luego comenzó su camino para reunirse con su padre.


Johan sintió a las Bestias de Cristal rodeándolo. Topacio y Amatista lo habían sostenido para evitar que cayera. Rubí trepó a sus hombros y lamió su mejilla en un intento de tranquilizarlo.

—Estoy bien —les dijo.

El estallido de energía de duelo lo había tomado por sorpresa. Como a todos.

—¿Qué sucedió? —preguntó.

—Alguien sobrecargó la puerta hacia las Doce Dimensiones —respondió Topacio. Las Bestias de Cristal le habían advertido que la puerta estaba allí, pero no le tomaron importancia dado que llevaba siglos, si no es que milenios, cerrada. Por supuesto, inyectarle cantidades masivas de energía de duelo hizo que se reactivara y, como un volcán que lleva años acumulando presión, lo hizo con un gran estallido que envolvió a toda la isla.

Miró hacia el frente. Jun estaba levantándose trabajosamente.

—¡Estás bien! —le preguntó Johan. Tal vez había cambiado por lo que sea que la Sociedad de la Luz le había hecho, pero eso no significaba que Johan dejaría de preocuparse por él.

Jun apretó el puño.

—Sigamos.

Johan suspiró. Miró a los otros miembros de la Sociedad que habían venido con Jun. Ellos habían caído inconscientes nada más los derrotó. Eso, seguido de un largo duelo contra Manjoume, lo había agotado. Desafortunadamente, toda esa energía había servido para completar el plan de Cobra, el cual ahora podía decir que era trasladar la escuela entera al mundo de los espíritus de duelo.

—No creo que sea buena idea —respondió Johan. Quería liberar a su amigo del control de la Luz, pero no a costa de su salud ni de los demás estudiantes. Debían llevar a los caídos a la enfermería, esperar noticias del grupo de infiltración y luego ver la forma de volver a casa.

—Es suficiente. Joven Manjoume, puede detener este duelo.

Johan se tensó cuando escuchó esa voz. Se giró y vio a un hombre y a un chico salir de una arboleda.

Jun miró al hombre.

—Maestro, estoy seguro de que puedo traer a Johan a la Luz, sólo…

Una mirada del hombre hizo que Manjoume retrocediera. Agachó la cabeza y apagó su disco de duelo.

—Lo siento por mi exabrupto, Maestro. No volverá a pasar.

Johan miró al hombre con furia. Sus Bestias de Cristal aparecieron rodeándolo, como formando un muro defensivo entre él y ese hombre.

Johan reconoció al chico que estaba con el hombre joven como Edo Phoenix.

—¿Johan Andersen? —preguntó Edo con cierto grado de desconcierto—. ¿Él es el Campeón de la Luz?

—¡No más! —rugió Topacio. Johan jamás había escuchado tanta furia en su voz.

El hombre le dirigió una mirada melancólica.

—Puedo entender su furia y frustración. Pero les aseguro que los errores del pasado no volverán a suceder.

Johan sintió como su pecho se contraía de dolor. ¿Los errores del pasado? Por algún motivo, sus ojos se desviaron hacia el cielo estrellado. No eran las estrellas de la Tierra, pero le resultaban familiares.

—No escuches a este hombre, Johan —le pidió Gata Amatista—. Es el Profeta de la Luz de la Destrucción.

Edo entrecerró los ojos tras escuchar eso.

—¿Luz de la Destrucción? —preguntó.

—Están equivocados —dijo Saio—. La Luz de la Verdad no busca destruir el mundo. Por el contrario, traerá la purificación necesaria para salvarlo.

Johan bajó la mirada y se encontró con los ojos púrpura del hombre. Había algo en ellos, algo que le resultaba muy familiar. Un profundo sentimiento de nostalgia y tristeza lo invadió. Lo mismo que había sentido cuando recibió a las Bestias de Cristal de manos del presidente Pegasus.

—¡Johan! —la voz de Mamut Ámbar lo trajo de regreso a la realidad.

—Por favor, joven Andersen, tiene que escucharme.

—Lo hicimos una vez —dijo Gata Amatista—. De verdad pensamos que la Luz traería paz al mundo. Pero únicamente hizo que las guerras se volvieran peores. Nos usó para sembrar la discordia, volviendo a amigos contra amigos, familia contra familia, hermanos contra hermanos.

Edo activó su disco de duelo.

—Creo que escuché suficiente. Lo siento, Saio, pero tengo que detenerte.

Saio suspiró resignado.

—De verdad lo siento —dijo—. Siento que no sean capaces de ver lo que está sucediendo. Como la Oscuridad…

—La Luz dijo lo mismo la última vez —gruñó Tigre Topacio—. Nos convenció de que el Heraldo de la Oscuridad era quien traería la desgracia y la destrucción al mundo. —Miró a Johan y su mirada se suavizó—. Sin embargo, cuando ambos, tú y él, cayeron heridos de muerte en el campo de batalla, la Luz no dudó en abandonarte a tu suerte, mientras la Oscuridad se aferró a su Heraldo tratando de hacer hasta lo imposible para salvar su vida.

—Y es a causa de eso que estamos metidos en este problema —explicó Saio—. En su afán de salvar la vida de su Heraldo, la Oscuridad le permitió sobrevivir lo suficiente para que alguien se presentara y corrompiera su esencia.

Saio extendió las manos.

—Este es el resultado. La Isla Academia, con todos esos estudiantes indefensos e inocentes, ha sido trasladada a este lugar.

—Esto fue obra de Cobra —le aclaró Johan.

—Trabajando para el Heraldo. Lo has visto. —Su mirada se dirigió a las Bestias de Cristal—. Ustedes también. Debieron haberla sentido: la corrupción dentro del Heraldo, su existencia que desafía la misma naturaleza. Un ser que debería estar muerto y, sin embargo, camina todavía entre los vivos.

Johan negó con la cabeza.

—Judai fue con los otros a detener a Cobra…

—¿De verdad? —lo cuestionó Saio—. Sin embargo, el plan del profesor Cobra se ha completado. Así que, o fallaron, o todo fue parte del plan.

—¡Ellos no!

—¿Cómo puedes estar seguro? No debes haber conocido a Judai Yuki por más de unas horas.

—¿Él es real? —preguntó Edo.

—Por supuesto que es real. ¿Crees que te mentiría?

Edo frunció el ceño. A decir verdad, ya no estaba seguro de que creer. Káiser le dijo que obtendría sus respuestas si volvía a la Academia.

Saio cerró los ojos y suspiró de nuevo.

—Muy bien, si lo que quieren es pruebas, entonces se las mostrare. Les mostraré al verdadero Judai Yuki.

Johan escuchó a las Bestias de Cristal suplicarle que no escuchara a ese hombre. De verdad quería, eran su familia y nunca le mentirían. Pero, ahora que pensaba en Judai, se dio cuenta de que cada uno de sus encuentros con él se dieron en una situación incómoda. No, fue más que eso: cada vez que lo veía, algo dentro de él sentía que ese chico no debería estar allí, que no debería existir.

Miró de nuevo al hombre frente a él, el auténtico líder de la Sociedad de la Luz. Luego miró a Manjoume. Era por su culpa que su amigo… El destello de luz volvió a brillar en los ojos de Saio. Johan sintió que debía confiar en este hombre, o al menos darle el beneficio de la duda.

—Muy bien, creo que no debo sacar conclusiones hasta no haber visto las pruebas.

Las Bestias de Cristal miraron a su duelista con tristeza.

—Gracias. Es lo único que pido —dijo Saio con un tono de voz agradecido.

Edo volvió a apagar su disco de duelo.


Haou sonrió a su hijo en cuanto lo vio llegar.

—Supongo que no lograste reunir a todos —dijo, aunque sin reproche en su voz.

—Era casi imposible, como están las cosas…

Haou asintió.

—Muy bien, tendremos que buscarlos uno por uno —dijo Yubel sonriendo con diversión. Era la diversión de un cazador expectante por ir tras su presa.

Judai miró a su padre.

—Tienes una pregunta, habla.

Judai respiró.

—¿Por qué no me dijiste sobre Cobra? No habría perdido el tiempo persiguiéndolo sí…

—No era necesario. Cobra tenía su función. Tú tenías tu propia tarea. —Haou miró hacia el cielo.

—Creo que debiste decirme.

—Tal vez —reconoció Haou—. Sin embargo, el plan salió como debía. Judai, ¿alguna vez he hecho algo que no estuviera calculado?

—Querías que el enemigo tragara por completo el anzuelo.

—Lo hicieron.

La conversación tuvo que ser interrumpida por la llegada de Daitokuji.

—Siento la tardanza, su alteza —dijo el hombre mientras se postraba ante el rey—. Mis colegas están desconcertados. El joven Phoenix llegó como pensamos: un vendaval de rabia reprimida buscando respuestas a como diera lugar. Eso, y la apertura de la puerta, han hecho que todos los maestros se refugien en la enfermería. Deben seguir discutiendo sobre qué hacer, mientras Chronos trata infructuosamente de contactar a los estudiantes para que se reúnan en la escuela.

Por la expresión de Haou, fue claro para Judai que su padre ya esperaba eso.

—¿Qué hay con respecto a Amon Garam?

—Oh, su familia mordió el anzuelo —respondió Daitokuji con diversión—. Pasé por la oficina de Chronos antes de venir. Las llaves no están. Es obvio que, como esperábamos, aprovechó la confusión para hacer su movimiento.

Cobra y O'Brien por fin aparecieron.

—Justo a tiempo —dijo el rey.

—No esperaba que vinieras —gruñó Cobra.

—Oh, ¿en serio? —Se burló Yubel—. Te dimos lo necesario para lograr esta hazaña, ¿y pensaste que no vendríamos a supervisar personalmente el resultado?

Cobra no pareció contento con eso.

—El trato era que me deshacía de la Academia y ustedes…

—Obtendrás lo que quieres: la sanación de tu hijo —le interrumpió Haou—. No solamente eso: nunca más tendrás que temer a que sufra el mismo destino. Ahora mismo, Hell Káiser está cumpliendo nuestra parte y está por despertar al niño. Verás a tu hijo pronto.

Cobra entrecerró los ojos. Por la forma en que Haou habló, era casi como si estuviera insinuando que la situación de Rick era a causa suya.

—¿Qué quieres decir? ¿Acaso tú…?

Antes de que pudiera terminar de hablar, Cobra se dio cuenta de un círculo mágico debajo de él. De pronto fue como si estuviera atado: por más que quería no podía moverse. Estaba atrapado en un Círculo Atahechizos.

O'Brien intentó atacar a Haou disparando con su disco de duelo, sólo para ser detenido por Yubel.

—No hagas eso —dijo—. Tenemos un uso para ti y preferiría no tener que lastimarte mucho.

Haou se dirigió hacia Judai y Daitokuji:

—Alcancen a Garam y recuperen a los Demonios Fantasma. —Miró a Yubel y a O'Brien—. Vas a ir con ellos —ordenó al estudiante, controlándolo con su dominio a través de su miedo como Judai había hecho antes. O'Brien, completamente aterrado, únicamente pudo asentir.

Judai miró a su padre, claramente con más dudas sobre sus planes allí. Haou, en silencio, le hizo saber que le explicaría más tarde. Judai asintió y siguió a Daitokuji junto con O'Brien.