Disclaimer: Yu-Gi-Oh! GX no es mío. De otra forma, la parte de Haou habría durado al menos el triple, y posiblemente habría acabado con un Sho vs Judai para salvar a su amigo.


Capítulo 31

Saio se detuvo para confirmar su camino. La Luz permanecía callada, mientras el bosque a su alrededor se sentía como un laberinto a cada paso que daba. El hecho en sí carecía de sentido: sólo había un camino que conectaba la central eléctrica con el edificio principal. En ningún momento abandonó dicho camino. ¿Por qué entonces de pronto se sentía como si estuviera dando vueltas en círculos? Lo peor era que incluso perdió la noción del tiempo.

—¿Una ilusión? —Era lo único que se le ocurría que pudiera estar causando eso. Pero, ¿qué ilusión podía ser tan fuerte como para cortar su comunicación con la Sagrada Luz, e incluso embotar sus sentidos hasta el punto de perder la propia noción del espacio y del tiempo?

Cerró los ojos y trató de concentrarse en esa parte de su mente que contenía lo que los fanáticos de la New Age ahora denominaban «tercer ojo». Si no podía confiar en sus sentidos físicos, entonces usaría su don para ver el futuro para encontrar la salida de ese laberinto ilusorio.

—Inteligente —susurró una voz en su cabeza.

Saio abrió los ojos de nuevo, encontrándose con el punto en el cual el camino que conducía a la central eléctrica se interceptaba con el camino principal, ese que conectaba el puerto con los demás edificios de la Isla Academia.

En el centro de dicha intercepción se encontraba la indiscutible figura de Johan Andersen. Su ropa estaba en un estado deplorable, como una clara señal de que había sobrevivido a un duelo de gran intensidad, aun estando en ese mundo en el que todo daño era real.

Johan no parecía haber notado que él estaba allí, más ocupado mirando sus manos como si fueran lo más interesante del mundo.

—Joven Andersen —lo llamó mientras avanzaba hacia él.

Si podía deshacerse de la corrupción en el mazo del Campeón de la Luz, tendría una oportunidad de terminar eso de una vez por todas. Incluso podría arreglárselas para asegurar la destrucción del Heraldo Corrupto antes de volver a casa con todos esos pobres estudiantes. Por supuesto, una vez que toda la escuela estuviera «bautizada» y hubieran visto la grandeza de la Luz.

Detuvo sus pensamientos cuando Johan alzó la mirada y le sonrió. Había algo diferente en él. Tal vez lo estaba imaginando, pero por un momento pensó que un brillo dorado y hambriento había cruzado por los ojos del joven estudiante del Norte.

—¡Señor Saio! —lo llamó el chico, antes de correr, casi saltar, hacia él y abrazarse a su cuello.

—¿Joven Andersen?

Si bien había escuchado que era un chico efusivo y alegre, principalmente del joven Manjoume quien no paraba de quejarse de lo pegajoso que era algunas veces, no parecía haber razón alguna para una reacción como esa hacia él, a quien no había conocido por más de media hora.

—Hueles delicioso —susurró Johan en su oído.

Saio apenas si tuvo tiempo de responder, antes de sentir como la mano de Johan se apresuraba a romper el cuello de su abrigo para tener acceso a la piel de debajo. Luego, la sensación de dos pinchazos como de agujas, tras lo cual se sintió envuelto por una sensación cálida y agradable que lo hizo desconectarse del mundo.


Johan se sintió más vivo que nunca, algo irónico puesto que, en términos estrictos, acababa de morir unos momentos atrás. La sangre de Saio era deliciosa, no tanto como la de su Padre, pero lo suficientemente cerca. Oh, y había tanto dolor allí: el dolor de la pérdida, del abandono, de la vida llena de penurias. Una hermana desaparecida, unos padres muertos y una familia que no quiso hacerse cargo de ellos. ¿Por qué cuidarían a esos engendros que su hijo fue a tener con una vulgar gitana? Arrojados a la calle, forzados a sobrevivir por su cuenta en un mundo hostil, que no conforme con eso los separó cuando solamente se tenían el uno al otro. Saio encontró su propósito cuando la Luz lo eligió y desde ese momento dedicó toda su vida a servirla y a encontrar a su Campeón siguiendo una serie de mensajes crípticos.

Johan detestó esa parte. Odiaba a la Luz. Nunca antes había odiado nada, su madre solía decir que era un niño con demasiado amor como para pensar en esas cosas terribles. Pero la Luz había hecho lo imperdonable: lo alejó de su familia.

Su padre le había mostrado todo eso que había pasado en su vida anterior, miles de años atrás justo en el mundo de arena que ahora yacía destruido a su alrededor (destruido por la acción de la Luz). Ese desierto fue en el pasado un paraíso lleno de bosques, valles, lagos y riachuelos de aguas cristalinas. El hogar de un reino ancestral que resguardaba el poder del heraldo. Y él y Yubel, su hermano mayor, por haber nacido en la familia del Sumo Sacerdote, fueron elegidos para ser las sombras y guardianes del joven príncipe Judai, el Heraldo de la Oscuridad Gentil.

Fue una vida feliz. A pesar de que como Huscarles teóricamente eran «esclavos» del príncipe, Judai siempre los trató como si fueran sus hermanos. Al menos hasta que fue y se enamoró de Yubel y, en su décimo cumpleaños, le prometió que cuando cumpliera la mayoría de edad (dieciséis años en ese mundo antiguo) iba a casarse con él, incluso le hizo prometer a él, al Johan del pasado, que sería su padrino.

Al comienzo, su hermano mayor pensaba que el príncipe sólo lo decía como parte alguna clase de amor platónico e infantil. Sin embargo, el príncipe siguió insistiendo que esos eran sus verdaderos sentimientos. No le importaba si sus padres lo habían prometido a la princesa de un reino lejano.

«Como si Asuka fuera a aceptar eso», decía. «Ella me dijo que está enamorada de alguien más. Incluso amenazó a su tío: si sigue intentando forzarla a cumplir ese tonto contrato, va a escaparse y nunca más volverán a verla. Es capaz de eso y más».

El príncipe mantuvo su palabra, incluso cuando Yubel se unió al Dragón Guardián de las Pesadillas, tras lo cual le juró amor eterno.

Por supuesto, Johan no fue testigo de esto último. A los catorce años (un año antes de que Yubel se sometiera al ritual), fue enviado a buscar las ruinas del antiguo reino de las gemas. Debía localizar y ganar la lealtad de las Bestias de Cristal y su Dios Protector: El Dragón Arco Iris.

Encontró las ruinas del reino y tardó meses en ganarse la confianza de las Bestias de Cristal. Sin embargo, una vez que lo consiguió fueron inseparables y comenzaron su viaje para encontrar al Dragón Arco Iris. Un viaje que los unió hasta volverlos familia. Sin embargo, la Luz los acechaba.

No recordaba mucho de cómo entró en contacto con ella. Su mente era un amasijo de imágenes sin sentido después de eso. Caos, guerra y mucha rabia. ¿Culpaba a su príncipe por el nuevo aspecto de Yubel? Parecía ser el caso, pero, si era así, ahora estaba seguro de que era la Luz alimentando lo peor de él para controlarlo mejor.

En todo caso, mientras moría en manos de Judai, su mejor amigo, abandonado por la Luz, deseó no tener que recordar eso nunca más. Olvidarse de todo el daño que hizo y únicamente recordar cuando fue feliz. Estaba seguro de que era por eso que no recordaba nada en su vida actual de lo que fue su pasado. Y por eso la Luz casi logró arrastrarlo al mismo destino.

Haou, el Rey de los Vampiros, el ser en que su príncipe se convirtió tras ser abandonado a su suerte, el único superviviente del en otro momento majestuoso Reino de Kronet, le recordó todo eso mientras bebía su sangre con la intención de destruirlo. También le mostró como se convirtió en un conquistador implacable, mientras servía en la Corte de Darkness, el primer vampiro, mientras este intentaba cumplir su deseo de unificar a toda su familia bajo una única bandera. Sueño que Haou heredó cuando Darkness decidió inmolarse por voluntad propia al sentir que la Bestia estaba ganando la batalla contra su cordura. Ese era el precio de vivir más allá de lo que los mortales debían y de soportar la soledad.

Le mostró como abandonó el nombre de Judai, cuando fue claro que la Oscuridad Gentil necesitaba de otro Heraldo que no fuera él y lo abandonó. Sólo Yubel, siempre fiel a su lado y manteniendo sus votos de amor eterno, le dio la fuerza para cumplir el sueño de su Padre de Sangre y buscar la forma de desterrar la Luz definitivamente de ese mundo; para que nunca más lastimara a nadie de la forma en que los lastimó a ellos.

—Lo siento —fue todo lo que atinó a decir mientras sentía al abismo de la muerte tratando de reclamar su alma una vez más.

Luego, sintió que alguien apretaba algo húmedo en su boca. Sediento como nunca antes, no pudo hacer sino beber.

—La Luz lo engañó también, señor Saio —susurró en la mente de su presa—. Fue la Luz lo que alejó a su hermana de usted. Mi Padre la encontró mientras huía de sus acólitos. Ahora qué sabe esto, puede morir tranquilo…

—Johan —la voz de su Padre interrumpió su banquete.

Se apartó del cuello del hombre y miró a su Padre, y luego le sonrió con timidez.

—Necesito vivo a mi vidente para poder Engendrarlo —le recordó.

Johan sólo atinó a reír mientras dejaba caer el cuerpo semiinconsciente de Saio.

—Lo siento —se disculpó con voz tímida.

Haou le hizo una señal a su Cría para que se acercara a él. Johan lo hizo con gusto. Cerró los ojos mientras Haou usaba un pañuelo para limpiar la sangre que manchaba sus mejillas y su mentón.

—Hiciste un desastre. Tienes que aprender a comer de forma más ordenada. Judai no derramó una sola gota la primera vez que bebió directo de la fuente.

Johan frunció un poco el ceño.

—No soy Judai —masculló.

—No los he presentado formalmente y ya son rivales —suspiró Haou.

—¡Tú empezaste!

Una mirada severa de Haou fue suficiente para que Johan retrocediera y se disculpara por su exabrupto.

Fue ese justo el momento que Yubel eligió para aparecer. Miró al vampiro y luego a Haou, sonriendo de forma burlona.

—¿No ibas a matarlo? —preguntó.

Johan agachó la mirada. No le gustaba recordar que su Padre no había tenido la intención de Engendrarlo. ¿Eso lo volvía un hijo no deseado?

—Iba a convertirlo en mi Sirviente —respondió Haou cruzándose los brazos.

—¡Ah, ya veo! —se burló Yubel—. Tu subconsciente te traicionó. Le perdonaste la vida, prefiriendo castigarlo con la esclavitud. Pero, al final, la familia es la familia.

Johan, todavía con la mirada fija en el suelo, sintió que los ojos de Yubel estaban fijos en él, analizando cada parte de su cuerpo.

—¿Terminaste tu parte? —preguntó Haou a su consorte, fingiendo que no había escuchado su burla de antes.

—No estaría de regreso si no fuera así —replicó Yubel—. Los Demonios están de regreso en sus antiguos territorios. Custodiarán este sitio como lo hicieron antes. También, plante las semillas que robamos del Árbol Naturia. Daitokuji hizo un buen trabajo al modificarlas: eventualmente restaurarán el desierto a su forma original y sin necesidad de la molesta luz solar.

Johan sintió las manos de Yubel sujetarlo por la barbilla. Levantó su rostro para obligarlo a verlo directo a los ojos.

—Hiciste un buen trabajo —elogió a su Padre, luego, se dirigió él—: Bienvenido a casa de nuevo, Johan. —El mencionado no pudo hacer más que sonreír.

Ahora su familia estaba completa. Bueno, tal vez a las Bestias de Cristal y al Dragón Arco Iris les tomaría un rato acostumbrarse a sus nuevas formas, pero eventualmente todo estaría mejor.

—¡Gracias!

Johan vio a su Padre dirigirse hacia Saio. El hombre era resistente, ya que todavía se negaba a dejar que la inconsciencia lo venciera. De forma instintiva entendió que así era mejor: entre más se aferrara a la vida, más fácil sería para la Sangre cambiarlo.

El aroma de una fuente de sangre incluso más deliciosa que la de Saio inundó los sentidos de Johan. Sintió a sus colmillos punzar en su boca y el hambre estalló. Quería un trago de esa sangre. Alzó la mirada para encontrarse a Edo, quien los miraba con un gesto de horror puro, más por el estado de su amigo que por el aspecto de todos allí.

—¿Puedo…? —preguntó Johan a su Padre.

—No. Hell Kaiser reclamó a este como propio.

Johan suspiró decepcionado.

Antes de que Edo pudiera hacer nada, Yubel estaba detrás de él. Los HÉROEs del Destino intentaron detenerlo, pero ante un espíritu más antiguo y poderoso sus intentos resultaron ser nada. Johan no vio lo que hizo Yubel, únicamente escuchó el grito de los otros espíritus al ser sellados en sus cartas, y alcanzó a ver la mirada aterrada de Edo antes de desplomarse inconsciente en el suelo.

Johan escuchó los gritos agónicos de Saio mientras la sangre lo cambiaba. Sintió empatía por él. Había sentido lo mismo cuando su Padre le dio la sangre.

—¿Saio ahora es mi hermano? —preguntó.

—No. Es un Sirviente.

—Oh, entiendo —respondió Johan.

—Terminamos aquí —aseguró su Padre. No se tomó la molestia de ver como concluía la transformación de Saio—. Ve a cambiarte de ropa. No es decoroso que un Príncipe vaya por allí vestido de esa forma.

Una parte de Johan, sus memorias recién despertadas, quiso recordarle los días en que él era el Príncipe, y se vestía como plebeyo (tras obligarlos a él y a Yubel a hacer lo mismo) para ir a jugar con los niños de la plaza. Por supuesto, la Sangre se impuso a esos recuerdos. Lo único que le debía a su Padre era su lealtad absoluta.

Johan miró el camino y el edificio pintado de blanco a lo lejos. Hizo una mueca de desagrado. Alguien debía deshacerse de ese horrible color cuanto antes. Dejando eso de lado, se preguntó cuánto le tomaría llegar allí ahora que había renacido gracias a la Sangre de su Padre.

Obtuvo su respuesta en instantes: menos de treinta segundos. Por supuesto, hacer eso hizo que se sintiera sediento de nuevo.

—Igual que en un duelo consumes tu energía, al usar tus poderes de vampiro consumirás la sangre que hayas ingerido —aclaró la voz de su Padre en su mente.

Asintiendo para indicar que comprendía, a pesar de que su Padre se había quedado demasiado lejos para verlo, Johan se apresuró a entrar camino a su habitación. Cuando pasó frente a la puerta del cuarto de Jun, no pudo evitar sonreír. Necesitaba encontrarlo pronto. Iba a hacer que se deshiciera de ese horrible uniforme blanco y volviera al negro, y luego, bueno, ansiaba ver como se vería una vez que la Sangre lo hubiera cambiado.

Había decidido que ya nunca más perdería nadie ante la muerte. Cuando encontrara alguien que le gustara, iba a tomarlo y lo Engendraría para que nunca lo dejara. Ojalá y sus padres, los de esta vida y los de la pasada, todavía estuvieran allí para compartir su nueva fuerza con ellos.

Mientras Johan se cambiaba su ropa a algo más decoroso, sintió como la isla se estremecía por tercera vez. Se preguntó que sería aquello. Luego, se encogió de hombros. Si era importante, su Padre se lo diría, claro, si consideraba que era algo que debía saber.

—Judai —susurró una vez que estuvo listo. Quería reencontrarse con su hermano mayor cuanto antes y, esta vez, presentarse de la forma adecuada.


El director Chronos gruñó con fuerza. ¿Cómo se atrevía ese Cobra a asumir funciones que no le correspondían? Podía ser el director de la Academia Oeste, pero en Central él era que mandara. Sería quien decidiera cuando las cosas estuvieran bien. Ciertamente no era el caso: todavía tenían a docenas de estudiantes inconscientes, los pocos que estaban en pie necesitarían terapia psicológica (junto con todo el personal) y, la cereza en su pastel de desgracias, estaban atrapados en ese maldito mundo desconocido sin capacidad para conectarse con la Tierra.

El joven Misawa llevaba horas encerrado en la sala de comunicaciones, junto con el profesor Satou, intentando restablecer el contacto con el Presidente Pegasus y su equipo, sin éxito. Emi no estaba feliz con eso. En primer lugar, el joven había salido de la enfermería sin que lo diera de alta. En segundo, se notaba que estaba al borde de un colapso nervioso. No sabían que lo había aterrado tanto, sólo que era obvio que su dedicación al trabajo era una forma de evitar lo que sea que lo hubiera puesto en ese estado.

«Tendré que forzarlo a tomar un descanso», se dijo. Claro, primero debía arreglar el asunto con Cobra.

Chronos pensaba en todo eso mientras avanzaba por los pasillos de SU escuela en dirección a su oficina. Unos minutos atrás, Cobra usó el sistema de comunicación de la escuela para anunciar que «la isla estaba pacificada y todo estaba en orden». Pues bien, ese no era el caso según el punto de vista de Chronos.

Se detuvo en seco en la puerta de su oficina cuando, antes de que pudiera abrirla, sintió un arma apuntando en su cabeza. Con un gesto rígido y aterrado, se giró hacia su derecha.

—¡Signore O'Brien!

—Tengo órdenes de no dejar pasar a nadie.

—¡Es mi oficina!

Chronos retrocedió cuando el estudiante del Oeste preparó su escopeta de cartas para demostrar que no estaba bromeando.

De pronto, se paralizó un momento, luego asintió y abrió la puerta.

—Puede entrar, profesor Chronos.

Chronos quiso corregirlo («¡Soy el director!»), en cambio, solamente tragó saliva y se apresuró a entrar.

Se detuvo en seco. Su escritorio estaba ocupado, pero no por Cobra como creyó. De hecho, su colega del Oeste estaba de pie detrás de esa persona, perfectamente quieto en posición de firmes como un soldado esperando órdenes, a la vez que custodiaba a un superior.

—¿Signore Yuki? —preguntó Chronos al joven sentado en su escritorio.

Se parecía mucho al joven prodigio transferido a Osiris desde una escuela europea, pero no era él. Sus facciones eran más maduras y sus ojos, ¡Oh, Dios, los ojos!, eran dos orbes dorados de aspecto escalofriante.

Sonrió, de una forma que sólo hizo que Chronos deseara salir corriendo.

—Lo estaba esperando, profesor Chronos. Es momento de discutir el rumbo que tomara mi escuela a partir de este momento.

Chronos únicamente pudo asentir, antes de sentarse en una de las sillas frente a su escritorio. Por supuesto, pronto descubrió que Haou, el joven que usaba su oficina, usó la palabra «discutir» como una mera formalidad. Chronos no tenía capacidad real de elección sobre lo que pasaría con la Academia de Duelos a partir de ese momento. Si quería que sus estudiantes tuvieran oportunidad de vivir, acataría cada una de las órdenes de su nuevo rey y se aseguraría que el personal a su cargo hiciera lo mismo. Por supuesto, para asegurar eso, Cobra ocuparía el puesto de director a partir de ese momento.


Sho despertó al cabo de un par de horas. En cuanto la profesora Emi le aseguró que estaba bien, se levantó y salió del gimnasio junto con Judai.

—¿Quieres ir a descansar? —le preguntó su novio.

—He estado durmiendo por horas, ¿por qué no recogemos algunos de los Sándwiches de la señorita Tome y subimos a la azotea? Podemos contemplar las estrellas mientras cómo. Luego, podría darte un pequeño «bocado».

Judai suspiró.

—No quiero beber de ti, acabas de recuperarte.

—Por favor, casi tres años insistiendo que soy más fuerte de lo que me doy crédito, y ahora quieres cuidarme como si fuera un niño pequeño.

Judai sonrió con timidez.

—¿Puedes culparme? Ese fue un duelo intenso y en este mundo.

—No fue peor que otros que he tenido. Al menos perder no me mató.

Judai hizo una mueca de dolor ante esas palabras.

Hicieron lo que Sho sugirió: recogieron algo de comida y subieron a la azotea.

El cielo estrellado era maravilloso. Sho sentía que no podría cansarse de él. En Japón era raro ver un cielo así, debido a la contaminación lumínica, y en el Reino de la Noche Eterna la única luz que atravesaba la niebla perpetua era la de su Luna de Sangre.

Cuando a Sho se le terminó el jugo, Judai se ofreció a ir por otro para él. Sho iba a replicar, pero decidió que podía dejarse consentir por un momento. No era que Judai no hiciera lo posible por ser atento con él, pero estaba especialmente «meloso», por decirlo de alguna forma, tras todo lo que ocurrió en las últimas horas (que casi parecían días).

Dado que la sangre de Judai todavía estaba en su sistema, Sho sintió cuando otro vampiro se acercó a él. Se tensó un momento y se puso de pie de un salto, con su disco de duelo listo por si era una amenaza.

Antes de que siquiera pudiera sacar una carta, sintió unos brazos envolviéndolo.

—Hueles delicioso —susurró una voz en su oído.

—¿Johan? —preguntó Sho con voz entrecortada por la impresión.

—No tengas miedo —susurró—. Sé que estás fuera de los límites. Mi hermano mayor se molestaría conmigo si…

No terminó de hablar. Johan sintió como unas poderosas manos lo tomaban por la espalda, lo apartaban de Sho, y lo siguiente que supo fue que estaba siendo arrojado por el aire. «Bestia de Cristal Avanzada Zafiro Pegaso» detuvo su caída y lo ayudó a regresar a la azotea de la Academia.

Miró a Judai haciendo un pequeño puchero.

—Eres muy cruel conmigo, hermano mayor.

—¿Johan? —volvió a preguntar Sho todavía no creyendo que el estudiante del Norte fuera ese vampiro.

—Hola —lo saludó Johan agitando la mano.

—¿Qué te sucedió?

Johan entrecerró los ojos.

—¿No es muy obvio? —Miró a Judai—. ¿Cuándo vas a Engendrar a Sho? Creo que se verá increíble cuando la sangre lo transforme. Pasé una hora entera viendo lo que les hizo a mis ojos.

Sho pudo entender por qué: los ojos de Johan brillaban como si fueran gemas.

Judai gruñó en respuesta.

—Vaya, bueno, espero que sea pronto. Tengo que ir a buscar a Jun. Estoy ansioso por ver que hace la sangre con él.

—No debes Engendrar a otros por capricho. Y, ciertamente, no debes hacerlo cuando eres tan joven.

Johan entrecerró los ojos.

—Pensé que serías más divertido —se quejó—. Bueno, mejor me voy antes de que Yubel me encuentre.

Judai suspiró. No quería tener un hermano, menos a Johan como hermano menor.

—¿Qué le pasa? —preguntó Sho.

—La sangre no se ha asentado. Al igual que con Kaiser, sólo que en su caso lo volvió alguien infantil y caprichoso. Por eso es que no debe Engendrar todavía. Además, si lo hace, su Cría será muy débil. Una Cría que no puede defenderse a sí misma es más una carga y puede hacer que otros se aprovechen de eso para atacarlos.

Sho asintió entendiendo. Había demasiadas traiciones en el mundo de los vampiros. Tendría que acostumbrarse a eso.


Durante los siguientes meses, la escuela regresó poco a poco a la normalidad. O a la normalidad que podía tener con su nueva situación. El personal no estaba feliz y mucho menos los estudiantes. Hubo muchos que necesitaron consuelo en el momento en que se dieron cuenta de que no podrían volver a la Tierra y había una gran posibilidad de que jamás volvieran a ver a sus familias. Curiosamente, el consuelo no solamente vino de sus profesores y de sus compañeros, sino de los propios espíritus que sin que lo supieran estaban viviendo en sus cartas. O al menos para aquellos que las trataron con el suficiente respeto y cariño como para que un espíritu decidiera quedarse con ellos.

Los estudiantes tuvieron que acoplarse a un sistema más estricto, lo que volvió la Academia Central en una Academia Militar. O'Brien, el estudiante del campus Oeste, y quien era la mano derecha de Cobra, se convirtió en el prefecto y principal instructor de aquellos que, por sus notas y habilidades, fueron asignados para ser futuros soldados. Para mantener el orden, Cobra sometió a la señorita Igarachi (Presidenta del Comité de Disciplina Académica) y a sus hombres a una especie de hipnosis que los convirtió en una suerte de máquinas que sólo seguían sus órdenes. No es que hubiera mucha diferencia, siempre fue una mujer rígida que atemorizaba a los estudiantes, en especial a los de Osiris. Ahora, cualquier signo de insubordinación podía acabar con que fueras atrapado por ella y su grupo, para posteriormente ser llevado a la oficina del director Cobra. Si regresabas de allí con siquiera un poco de libre albedrío, significaba que eras muy afortunado. Pero, en general, significaba volver como un «robot» sin mente. Había quienes decían que Cobra tenía a un cirujano experto en lobotomías para encargarse de esos «desertores».

Por otro lado, el sistema de los dormitorios ahora era cosa del pasado. Todos los estudiantes ahora dormían en las instalaciones de Obelisco. Ra pasó a ser un lugar para hospedar a los visitantes (espíritus de duelo en su mayoría) que llegaron para hacer los ajustes necesarios. Osiris pasó a ser lo que llamaban un establo, y el siniestro dormitorio abandonado se reconstruyó para ser el hogar de aquellos que recibirían una «educación especial» a cargo de Daitokuji. Traducción: los que dejarían de ser humanos y pasarían a unirse a las filas de los vampiros.

Hablando de ese lugar, la mayoría de los que estaban allí eran ex estudiantes de Osiris. No fue una sorpresa, con su director como profesor y habiendo convivido por meses con el mismo Príncipe, era más que claro que serían los primeros en aceptar que de ahora en adelante esa sería su vida. Por supuesto, debido a lo especial de su educación, esos elegidos rara vez interactuaban con el resto de los estudiantes. Tenían sus clases, dormían y comían en su dormitorio. Era como una segunda Academia dentro de la Academia.

De lo poco que sabían sobre ese lugar, era que incluso en ese dormitorio había una pequeña élite. No fueron sorpresa los nombres que se rumoraba formaban parte de esta élite. Los hermanos Tenjouin, Rei Saotome, Tyranno Kenzan, Hayato Maeda (bueno, ese nombre sí fue una sorpresa para varios, y no era raro que algunos reaccionaran con incredulidad al escuchar el rumor), dos de los estudiantes de los otros campus (específicamente el chico australiano con el cocodrilo y Jun Manjoume), también Daichi Misawa, Mokeo Motegi y, de forma inesperada, Edo Phoenix, el duelista profesional más joven de Japón (porque a nivel mundial ese récord seguía siendo de Rebecca Hopkins).

Nadie sabía que había pasado con Amon Garam, el estudiante visitante de la Academia Este, aunque era fácil asumir que había muerto durante todo el desastre que fue su llegada a ese mundo.

También se hablaba del hermano menor de Kaiser, Sho Marufuji, aunque muchos no creían que fuera realmente un estudiante. Al menos ya no. Pasaba más tiempo vagando por la Isla en compañía del mismo príncipe de los vampiros que estudiando en aquel dormitorio. Claro, todos sabían que eran novios, aunque ahora comenzaban a pensar que tal vez solamente era que el príncipe lo usaba como alguna suerte de juguete sexual o algo así. No es que se atrevieran a siquiera pensar eso muy alto cerca del príncipe. Dos estudiantes casi habían muerto por siquiera considerar insinuar eso.

Por supuesto, también llamó su atención el hecho de que Johan Andersen, el otro estudiante de la Academia Norte, era ahora un vampiro y pasaba mucho tiempo persiguiendo a Judai Yuki a quien llamaba su «hermano mayor». No estaba confirmado si de alguna forma también había sido un príncipe infiltrado, pero si eras humano preferías estar lejos de él. Un par de chicas se atrevieron a ignorar los rumores, y terminaron en la enfermería recuperándose después de ser desangradas hasta un punto crítico. Aunque, por lo que sabían, eso era mejor que terminar siendo desgarrados por las Bestias de Cristal Avanzadas.

Hell Kaiser era otro tema de conversación. No estaba mucho por allí, pero cuando lo hacía su presencia imponía. Atrás quedó ese chico educado y silencioso que despertaba el respeto y la admiración de toda la escuela. Como vampiro era alguien a quien temer. Sus visitas significaban que algunos de ellos recibirían una «invitación» para un duelo con él. Esto en realidad era una especie de examen, ya que un comité especializado formado por varios vampiros y monstruos de duelo, presenciaban el enfrentamiento. Si estaban satisfechos con tu desempeño de inmediato eras enviado otra parte. ¿A dónde? No lo sabían.

Quizá esa era la idea de «graduación» de la nueva administración de la Academia de Duelos. En todo caso, o te adaptabas al nuevo sistema, o terminabas en el establo como Ganado para vampiros.


El desierto poco a poco se fue convirtiendo en otra cosa. La arena fue desapareciendo, reemplazada por tierras fértiles en las cuales comenzaron a surgir pequeños oasis, que poco a poco se convirtieron en arboledas y, al cabo de un año, en bosques. El lugar en donde ahora estaba la Academia resultó ser el centro de un lago de agua dulce el cual pronto se llenó de abundante vida marina. Lo que incluía un «Kairyu - Shin» que nadie sabía de donde había salido. En todo caso, el monstruo parecía ser una especie de custodio que asustaba a cualquiera que intentaba abandonar la Isla Academia sin permiso, devolviéndolos a la playa.

Justo en ese momento, Sho encontró a Judai sentado en la orilla de esta última, disfrutando de contemplar las estrellas. Tenía una manta en el suelo y un delicioso pastel que sin duda había mandado traer de la Tierra. Claro, la comida era para Sho, ya que ese día era el aniversario desde que decidieron formalizar su relación y, a ojos de la sociedad vampírica, se convirtió en el prometido del príncipe.

—Se ve delicioso.

—Es tu favorito —le respondió Judai.

—Enviar a alguien a ciudad Domino a conseguirlo debió ser complicado.

Por lo que sabían, Seto Kaiba estaba de pie una vez más, y muy furioso. Lo mismo se podía decir de Yugi Muto. Al parecer, no se tomó a bien que alguien fuera «contra estudiantes inocentes». A veces Sho también lo sentía por ellos, sin embargo, en el mundo que Haou iba a construir, la educación de esa Academia sería la mejor forma de sobrevivir.

Tal vez algunos años atrás Sho se habría horrorizado de eso. Pero, tras todo lo que vivió, comenzaba a hacerse a la idea de que no podía cambiar nada. Al menos no desde afuera. Rei, cuando asumiera su posición dentro de las Guardias Reales, y él intentarían cambiar las cosas para que al menos vivir en un mundo regido por vampiros fuera más soportable para los humanos.

Johan también estaba en esa «conspiración», ahora que su sangre se había calmado un poco. El joven nórdico estaba convencido de poder encontrar el camino para que Haou viera las cosas de su manera.

—Alguna vez fue alguien menos brutal y empático con los otros seres. Sólo es cuestión de recordárselo. Sé que el príncipe que conocí todavía está dentro de mi Padre y voy a hacer que salga.

Esa fue la promesa de Johan.

Sho, por su parte, sabía que podía hacer que Judai entendiera como se sentía y ayudarlos a mejorar las cosas. Aunque él se crio entre vampiros, sabía que si se lo proponía podía ser empático con otros. Lo fue con él.

—Sí, por fortuna ya no será necesario —aseguró Judai haciendo que Sho volviera al presente—. Contraté al cocinero.

Sho frunció el ceño. «Contratar» podía significar literalmente eso, o secuestrar a un humano y forzarlo a servir bajo su Dominio.

—¿Hablas de un verdadero contrato o…?

Judai sonrió culpable.

—¡Judai!

—Considera que es mi regalo de bodas.

Sho refunfuñó.

—No querrás decir Dote.

—No, esa tiene que dármela tu hermano a mí.

—¿Insinúas que soy la chica en esta relación?

—Claro que no, pero tu rango nobiliario es menor que el mío. Desciendes de samuráis, yo desciendo de una auténtica Familia Real, con castillos y todo, incluso dragones. ¿Sabes que Jun Manjoume en su vida pasada criaba dragones para ser montados por nuestros caballeros?

—No cambies el tema.

—Bueno, de todas formas, todo está listo. Partimos mañana hacia el reino de los magos. No podrás ver el amanecer de la Tierra, pero ese es prácticamente lo mismo, además, serán dos meses enteros de amaneceres y atardeceres, si quieres ver cada uno de ellos. Y, quien sabe, tal vez nos encontremos con la Chica Maga Oscura.

—Eso sería lindo.

—Mientras no me dejes por ella —bromeó Judai.

—Quien sabe. Si sigues secuestrando cocineros inocentes podría considerarlo.

—¡No es justo! —Sho lo calló besándolo en los labios.

—En dos meses más, eso será imposible —le recordó.

—Seremos uno —confirmó Judai—. Tú y yo, siempre por la eternidad.

Judai lo besó de forma más apasionada, hasta que tuvo que alejarse porque, a diferencia de él, su Sho necesitaba respirar… al menos por los siguientes dos meses.

—Hace cinco mil años terrestres, en esta misma playa, mi padre juró a Yubel que lo amaría a él y sólo a él por toda la eternidad.

Judai sacó un anillo y lo puso en el dedo anular derecho de Sho.

—Te hago la misma promesa. Te amaré a ti y únicamente a ti, siempre.

—Y yo a ti, Judai. Te amo.

Y sellaron esa promesa con un beso.