CAPITULO 2 : PROTECCIÓN - día 8 desde tiroteo
La semana siguiente pasó como un borrón, tras el día más intenso de su vida el resto fue mundano y rutinario.
Había habido una explosión enorme y el mayor centro de Inteligencia del país ahora era un cráter aún humeante mientras HYDRA había salido a la luz para anunciar su disolución y erradicación.
Moira no se creyó una palabra, conocía lo suficiente de asociaciones similares para estar segura de que tarde o temprano alguien la recordaría e iría a exigirle su trabajo. Con un poco de suerte sería tarde y su padre ya habría hecho su magia para sacarla de ese lio.
Mientras tanto actuó como si nada hubiese pasado.
Adrian estaba contento porque HYDRA lo estaba con sus armas y le había comprado el lote completo a un precio superior al esperado justo antes desaparecer. Ahora tenía los almacenes vacíos y energía para continuar trabajando. No habían hablado del final de HYDRA, no lo hacían porque ninguno creía que una organización de ese calibre se hubiese eliminada del todo.
Apenas había salido de su vivienda en todos los días construyéndose protección sin minar el trabajo en sus investigaciones para HYDRA. Aspiró sintiendo el sol en la cara con el café humeante entre las manos, la terraza bullía conversaciones ociosas y la hacía sentirse normal y mundana por primera en días por la milésima de segundo en que su mente se apagó antes de seguir dándole vueltas al problema.
No iba a darles la solución para fabricar dispositivos que alteraban para siempre la memoria de una persona. No después de haberla visto funcionar. Necesitaba abrir una línea de trabajo hacia una solución que pareciese prometedora pero no lo fuese en realidad. Le estaba llevando mas tiempo del esperado.
- Adrian, la semana que viene me pasaré por el taller, pero tengo encargos prioritarios – le repitió por enésima vez.
- Te pago un sueldo para que trabajes para mí – se quejó Adrian desde el otro lado del teléfono.
- Fuiste tu quien les habló de mi "Y me metiste en este enorme lio" Pensó – No tienes derecho a enfadarte ahora porque tengo menos tiempos para tus artilugios- replicó –
- Tengo material nuevo, cosas interesantes. Llegará el viernes y los chicos se llevarán las mejores piezas – comentó él haciéndola sonreír exasperada desde la otra línea del teléfono.
- Está bien, el viernes. Peleare por el mejor mordisco con dientes y garras. –
- Se que lo harás Rojita – se despidió Adrian.
Colgó sonriendo con simpatía. HYDRA aún no había contactado con ella y ya tenía el grueso de los amplios estudios sobre compuestos extraterrestres que le pidieron, su padre no había dado señales de vida lo cual era bueno. En definitiva, estaba siendo una buena semana recientemente mejorada por la posibilidad de escarbar entre basura sideral.
" ¡Otra exposición del Capitán América! Deberían dejarla como permanente, de todas formas, la montan todos los años" La conversación ajena en la cola del super había llamado su atención era misma que había oído esa mediodía.
Se fue de la terraza caminando tranquila en la tarde soleada.
Casi un año y apenas conocía Brooklyn, paseó sin rumbo en una soleada tarde de mayo, vagabundeó por sus calles durante horas consciente de lo que estaba buscando, pero negándose tercamente a preguntarle a nadie donde estaba la exposición.
Había anochecido hacia rato y el estómago rugía de hambre cuando en la calle de detrás de su portal la vio.
- Hay que joderse, si lo tenía al lado – farfulló incrédula antes de asomarse a cotillear.
La chica de la taquilla mascaba chicle desganada.
- Son cinco dólares la entrada ricura –
Se sentó en el banco central de la exposición masajeando sus tobillos doloridos, era una rata de laboratorio poco acostumbrada al aire libre y a caminatas así. Miró a su alrededor con interés creciente.
Nunca se había terminado de creer el cuento de Steve Rogers el super soldado congelado en el hielo y rescatado décadas después. Le resultable increíble y demasiado comercial para ser verdad. Imaginaba que era un tipo con poderes que habían envuelto en una capa de historia dramática y patriótica.
Pero lo tenía delante de sus ojos en fotografía y cortos de la Segunda Guerra Mundial y era él mismo hombre que vió pelear a un escaso metro de ella 70 años mas tarde. Las implicaciones de un suero capaz de sobrevivir en sangre a una congelación, al paso del tiempo y a una descongelación la fascinaba. ¿Qué combinación química debía llevar? No se le ocurrió nada ni remotamente.
Cruzó los tobillos estirando las piernas agarrotas y subiéndolas por encima del banco, giró el cuerpo entero para ver la parte posterior de la exposición. Jadeó incrédula al ver el mural principal donde en blanco y negro ataviados con uniforme militar se palmeaban los hombros Steve Rogers y el Soldado.
" El hombre del puente..¿Quien era?. Yo le conocía"
Se levantó como un resorte a leer el mural.
Sargento James Buchanan Barnes "Bucky"
" El Capitán Rogers lo llamó Bucky en el tiroteo" recordó tapándose la boca con la mano incrédula sin dejar de leer los murales que hablaban del Sargento Barnes.
Era su mejor amigo
Se criaron juntos
Un héroe de guerra
Muerto en combate en 1945
Se dejó caer de nuevo en el banco mirando el corto donde ambos hombres se abrazaban, perpleja de haber encontrado un giro tan cruel del destino.
- Disculpe, pero es la única que queda en la exposición – Moira estuvo cerca de chillar sobresaltada al ver a la chica de taquilla inclinada hacia ella con las manos en las caderas.
- Pensaba…pensaba que cerrabais a las 6. – murmuró respirando hondo para calmar su corazón agitado.
- Lo se, pero es la única que queda. Lleva una hora aquí sentada. – "Lárgate y déjame cerrar joder" No lo dijo pero Moira lo escuchó alto y claro. Se levantó obediente y salió fuera.
Se alejó un par de metros sentándose en el primer banco del pequeño parque en la esquina de un callejón. NO era el lugar perfecto para ensimismarse sola y de noche, pero tenía su moser con ella y pensaba freír al primero que la molestase.
La trabajadora de la exposición salió poco después dando saltitos de alegría antes de lanzarse sobre un joven alto y desgarbado, se besaron durante un rato sorprendente y al separarse Moira esperó oír un sonido de ventosa. Cruzó la mirada con la muchacha quien le dedico una sonrisa radiante agarrada al brazo de su pareja.
Llevaba sola unos minutos cuando un ruido ahogado tras ella la puso alerta, sujeto el moser a través del bolsillo de su chaqueta y agudizó el oído quedándose completamente inmóvil mirando el callejón oscuro.
Levantó la esquina del labio superior con repugnancia al captar sonidos familiares: Respiraciones trabajosas y pesadas y algo que parecían gemidos ahogados. Pensó en una prostituta con un cliente o dos adolescentes cachondos y se levantó con asco lista para regresar a casa.
Un gimoteo la detuvo de inmediato y se siguió de otro que estaba convencida era de dolor. Conteniendo la respiración, se asomó por el callejón dispuesta a auxiliar a cualquier víctima.
Al principio sólo advirtió su sombra a la luz de la luna, la de una silueta en cuclillas tras el contenedor de basura: con gorra de beisbol se sujetaba la cabeza con las manos, jadeaba y respiraba ruidosamente. Sobre el hedor a basura destacaba la acidez del vomito que no tardó en identificar manchando el pavimento. Con el ceño fruncido Moira avanzó un par de pasos esperando ver a un drogadicto en crisis apretando el moser precavida.
No lo reconoció de inmediato con la gorra y la penumbra de la noche, aunque la luz de una farola lejana y la luna le mostrasen unos hombros anchos, el borde de una mandíbula cuadrada y el brillo del sudor empapándole el rostro. La escuchó y levantó la cabeza, ojos febriles rebuscaron por el callejón hasta encontrarla quedando en silencio mientras Moira exclamaba "¡Joder! "Al quedar cara a cara con el hombre una vez conocido como Bucky Barnes.
Le picaron los ojos de no parpadear y dolieron los dedos de apretar el moser sin embargo no movió un músculo mientras barajaba todas las posibilidades ante un hombre inestable, peligroso y trágico.
Él tampoco se movía y la forma en que sudaba indicó que sufría algún síndrome de abstinencia.
- Eres el sargento Barnes ¿Lo recuerdas? – intentó tener la voz más suave y conciliadora.
Él se tensó como un arco y despacio se puso en pie, tan sólo dejó de atravesarla con los ojos para dirigirlos tras ella donde estaba la calle principal.
Moira no supo que la empujó a hablarle a intentar razonar con él, pero estaba enfermo, herido y claramente desorientado. La idea de que volviesen a ponerlo en esa máquina la repugnó.
- Me llamo Moira. Se que te buscan unos tipos porque es probable que me busquen a mi pronto. Podemos ser socios –
- LARGATE – rugió arrojándole un trozo enorme de algo que chocó con la pared tras ella y cayó al suelo, Moira lo esquivo de milagro y lo miró boquiabierta. "Me ha lanzado un trozo de contenedor"
El resto del contenedor se tambaleó, volcando tras rebotar contra la acera, estaba lleno, las bolsas de basura se desperdigaron algunas desparramando su contenido. Moira se encogió ante el enorme estrepito y miró hacia las ventanas de los pisos superiores nerviosa.
- No hagas ruido – Siseó enfadada apuntándolo con un dedo acusador. El pecho del Sargento Barnes subía y bajaba demasiado rápido, una mancha de sudor se extendía por la amplia y descolorida camiseta roja que Moira agradeció que llevase. El uniforme de combate de cuero y la máscara siniestra no hubiesen ayudado a empatizar con él.
- Largo – Repitió en un tono moderado, seguía en posición defensiva listo para atacar o defenderse entre un parpadeo y el siguiente pero no intento lanzarle nada más. Moira lo tomó con una victoria y presionó.
- Vas a desmayarse. Tu cuerpo quiere drogas y te está poniendo enfermo. Necesitas agua, comida y dormir. Sabes que es una mala idea dormir enfrente del museo donde sale tu cara, ven conmigo.
El sargento Barnes entrecerró los ojos desconfiado y la miró de arriba abajo un par de veces con detenimiento no debió ver ninguna amenaza porque dio un par de pasos hacia ella.
- ¿Por qué? – Preguntó con voz ronca que Moira se forzó a pensar era de la falta de uso y no de los gritos por la tortura.
- Se quien te busca – susurró mirando a ambos lados sin atreverse a decir HYDRA en voz alta, no allí – Se de lo que son capaces y no podré dormir tranquila si te dejó aquí tirado a su merced. –
No respondió ni la atacó se quedó paralizado sudando y lamiéndose los labios agrietados con ojos vidriosos y nublados. No se decidía y Moira empezaba a sentirse inquieta por estar en una situación tan sospechosa y comprometida durante tanto tiempo.
- Está a sólo unos metros. Camina detrás de mi o a mi lado y agacha la cabeza por si nos vigilan. No estamos seguros aquí fuera. -
Giró lentamente sobre sus talones y emprendió una lenta marcha a casa conteniendo la respiración. Aún no había girado la segunda esquina cuando escuchó sus pasos pesados tras ella a una distancia más que prudencial, resistió el impulso de girarse y sólo siguió adelante manteniendo la puerta de la calle abierta para él, la luz del portal, la de las escaleras. Giró la llave abriendo la pesada puerta de su casa con el corazón palpitando errático contra su pecho.
Encendió la luz, cogió la jarra llena de agua de la cocina y dos vasos, sentándose en el sofá a esperarlo.
Su presencia llenó la pequeña estancia desde el momento en que abrió la puerta.
- Cierra la puerta Sargento Barnes – Saludó palmeando el sofá bajo ella – Espero que encuentres cómoda tu cama – Añadió con humor.
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"¿Qué estoy haciendo, siguiendo a esta mujer?" "Es una trampa"
La mezcolanza de pensamientos no lo detuvo, ni siquiera lo ralentizó. Caminó tras ella mirando a todas partes buscando enemigos en las sombras, aunque era difícil mantenerse vigilante cuando no cesaba "esa" sensación acuciante y agónica de estar perdiéndose algo importante, veía fogonazos de luz y un latigazo de dolor intenso y fugaz le partía en dos la cabeza.
Tuvo ciertas certezas como que la chica no era una amenaza o que el lugar donde lo había llevado no era un hogar al uso ni el sótano lúgubre de sus visiones. Lo supo, aunque cuando intentó recordar alguna otra cosa su memoria estuviese en blanco y sufriese un latigazo que le cortó la respiración.
Empapado en sudor la ropa húmeda se le pegó a la piel, se notaba demasiado caliente, con el estómago revuelto y la garganta llena de arenisca.
Los sonidos llegaban distorsionados y la luz le quemaba en los ojos.
- Intenta bebértelo todo. – De alguna manera consiguió abrir la boca y tragar el líquido tibio que se sintió como una bendición. "Caldo de carne" Le informó su mente provocando un nuevo estallido en su mente.
Mantenerlo en las tripas fue difícil, se dejó caer sobre su costado sudoroso y febril concentrándose en las náuseas y en no vomitar.
En algún momento de su miseria debió quedar inconsciente por que el despertar fue repentino y violento, se tiró del sofá gateando hacía atrás sacando un cuchillo militar y blandiéndolo al aire. Retrocedió hasta que su espalda chocó con la pared y jadeó mirando a su alrededor.
"Sargento James Buchanan Barnes" Era su nombre, estuvo seguro de ello, entre fogonazos de dolor intracraneal oyó labios sin rostro pronunciarlo. La voz de una mujer lo reñía sin ira "James Buchanan Barnes ¿cómo se te ocurre?"
Otras voces lo llamaban juguetonas, socarronas…voces amigas y cálidas "Bucky" le decían y él supo que así solían llamarlo, pero no recordaba porque ni quien.
- Oh! Estas despierto – Lo saludó la chica, "Moira" recordó satisfecho de poder ponerle nombre a una cara, asomándose desde otra habitación con una cuchara de madera en la mano mirando el cuchillo que Bucky seguía blandiendo con cautela.
Emergió con el utensilio de cocina aún en una mano y una jarra de agua en la otra. Bucky bajo el arma lentamente su instinto le dijo que no había peligro en esa mujer pálida y flacucha que se acercaba a él con los pies desnudos.
- Espero que hayas sudado la mayoría de las drogas. Bebe y dúchate, toda mi casa empieza a oler a ti. A la comida aún le falta un buen rato. Te he preparado un baño –
Bucky escuchó a medías un montón de indicaciones sobre algo que no le interesaba, una voz familiar en el fondo de su cabeza estaba indignada "Se darme un baño, muchas gracias".
Moira parloteaba agitando de vez en cuando la enorme cuchara entrando y saliendo de la cocina.
Bucky recordó haberse despertado antes, varias veces, beber zumos, agua, arrastrarse por el suelo lastimosamente y vomitar. Se apartó el pelo de la cara encontrándose la piel pegajosa y desagradable.
Se puso de pie con el cuchillo en la mano laxa y caminó algo inestable. La mujer lo guio manteniendo una distancia prudencial.
El baño era tan grande como el salón donde había dormido y lo dominó una enorme bañera llena de agua humeante con botes de colores y formas variadas descansaban en el borde, encontró ropa sobre el wáter y evito a toda costa mirarse al espejo supo de algún modo que hacerlo le traería dolor.
El agua caliente le sacó un gemido de placer, se frotó a conciencia curioseando por los distintos botes que resultaron ser tipos de jabón con fragancias dulces y frutales.
Gruñó con un mohín de labios. Eran aromas de mujer y la idea de oler así lo disgustaba.
"Tu misión es eliminar a Steve Rogers" Resonó en su mente a voz de grito junto a un martillazo de dolor. Jadeo y se removió salpicando el agua fuera.
- Listo para cumplir – murmuró automáticamente. Jadeo con pánico cuando el control se le deslizó entre los dedos y asustado se hundió en el agua huyendo de esa voz cruel de su cabeza.
"Tu nombre es Bucky Barnes, sargento de la 107. Te llamas Bucky" Se repitió angustiado mientras el aire se escapaba de sus pulmones.
Su mente nadaba a la deriva entre la consciencia, la inconsciencia y un estado autómata en el que caía sin remedio.
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En el sofá de nuevo, pero no recordó haber salido de la bañera, el pelo húmedo le moja los hombres y el abdomen ruge. Miró hacia abajo: ropa ancha, camiseta azul y pantalón gris, es cómoda, huele a limpio y la tela es liviana. Apretó los labios buscando el momento en que se vistió, pero sólo consigue un latido doloroso en la sien.
La chica está delante de él con pecas en las mejillas, un mono de trabajo vaquero mal cortado sobre las rodillas, el pelo es rojo irlandés y lo lleva recogido en una pequeña coleta en lo alto de la cabeza.
"irlandeses come patatas" No es su voz, alguien lo dice con desprecio. Se percató de que era un insulto, también ha debido murmurarlo entre dientes porque ella alzó las cejas y chasqueó los labios.
- No es lo peor que me han llamado – Replicó sin levantar la vista de la enorme olla. Le ofreció un enorme cuenco lleno de guiso de carne.
Él no le respondió. Un rubor caliente le tiño las mejillas, una más de tantas reacciones extrañas y ajenas. El Bucky que dormitó dentro de él le susurró sin palabras que insultar a su anfitriona era de mal gusto. Se tragó una disculpa con terquedad bajando los ojos y removiendo el caldo oscuro y espeso. Los trozos de ternera estaban tiernos, la patata dorada en su punto.
Cada vez que se acabó el plato Moira se lo rellenaba junto al vaso de agua. Comió hasta que suspiró adormecido y saciado recostándose de lado pesadamente sobre el sofá. El tacto era distinto y pasa la mano por la tela nueva, esa mañana era púrpura y de lana, ahora es fina y verde, ella debe haberla cambiado en algún momento entre su baño y sus lagunas.
Lo supo porque lo recordó y eso lo hizo sentir bien.
- Pensaba echarle pimiento y zanahoria, ¿Te hubiese gustado más? – Se giró a mirarla y luego al techo buscando una respuesta.
Sabía que la chica era ridícula. Había comido sentada en el suelo frente a él, con las piernas cruzadas mostrando la piel desnuda hasta los muslos, bajo los tirantes del mono llevaba una camiseta oscura, vieja y con el cuello roto que caía por su hombro mostrando un tirante de sostén de un color chillón. Supo que era inapropiado igual que conoció la respuesta a su pregunta.
- No, mejor sin pimiento – respondió sorprendiéndose a sí mismo.
Moira terminó de masticar el último gajo de mandarina pensativa, estiró la espalda y las piernas cruzando los tobillos sus pies quedan cerca de donde esta Bucky, casi tocaba el borde del sofá con ellos.
- ¿Cómo lo sabes? – Le preguntó ella, movió los pies siguiendo alguna clase de ritmo Bucky los miró por el rabillo del ojo: son pequeños y tiene las uñas pintadas del mismo morado brillante que luce en las manos.
Reflexionó la respuesta, debería ser fácil localizar algo tan sencillo como una hortaliza, porque él sabía lo que era y como se veía, incluso su sabor, pero al evocar imágenes de él comiéndola, todo está nublado y jadea ante el dolor de cabeza. Hacerse preguntas le causó jaquecas, se tapó con el antebrazo los ojos protegiéndose de la luz.
- No te angusties, creo que tus recuerdos van a ir volviendo por sí solos – La escuchó levantarse y con un chasquido el salón quedó en penumbra. – Es mejor que no los fuerces, será mejor que regresen como un goteo constante que como una tromba de agua. Estaré trabajando en el laboratorio. Descansa Sargento –
- Bucky. – dice lánguido en el sofá, una tristeza subida y repentina le empañó los ojos – Me gustaba que me llamasen así –
- Duerme Bucky, mejorará pronto. – La puerta se cerró tras ella. Bucky tragó saliva amargamente e intentó no pensar.
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El paso del tiempo le resultó distorsionado cuando despierta más tranquilo "Sargento James Buchanan Barnes de la 107. Bucky. "
Se desperezó con un gruñido ahogado, ha dormido sobre el brazo de metal y tiene el cuello dolorido pero la mente más clara cómo si hubiese tenido la cabeza sumergida en el agua mucho tiempo y emergiese por primera vez a la superficie.
Animado se levantó y paseó con el machete bien amarrado a una cadera y el arma en la otra. Golpeó suavemente con la mano de metal la puerta de la entrada, era gruesa, fortificada y tenía código de seguridad para entrar y salir lo que despertó sus alertas.
" ¿Por qué necesitaría una puerta blindada una chica así?" pensó inquieto ella le había confesado que conocía la existencia de HYDRA " Se quien te busca." "Podemos ser socios" recordó entrecerrando los ojos con sospecha, una veta de violencia creció por su espina dorsal lista para liberarse.
"No volveré allí" Fue una convicción rotunda y evitó darle vueltas sabiendo que le llevaría a terrenos fangosos junto al sótano lúgubre y los gritos de sus visiones.
Pasó la mano metálica por los dibujos de la pared todas llenas de grafitis propios de una fábrica abandonada no dejaban apenas un espacio en blanco y eran de todos los gustos y colores lo que era raro, además todo el techo estaba insonorizado.
- ¿Es una casa genial verdad? – La tela que estaba colgada en la pared se apartó mostrando un enorme agujero en el que debía haber habido una puerta en algún momento, Moira gateó por el colchón y apoyándose en la pared se incorporó. La tela multicolor debía ser pesada pues volvió a caer escondiendo de nuevo la habitación, Bucky apenas echó un vistazo, pero atisbó un espacio minúsculo y muy atiborrado.
Moira se desperezó con un gemido satisfecho, una especie de camiseta gris enorme y sin forma que le caía por un hombro y no le cubría las rodillas era su pijama, caminó frotándose los ojos somnolienta agarrándolo de la mano para guiarlo hasta la cocina.
- Necesito café. Me he dormido y se me van a estropear las fórmulas – murmuró poniendo una enorme cafetera al fuego. La cocina era pequeña pero nueva. Varias neveras pequeñas y medianas ocupaban la mayoría del espacio. Ella le señaló la nevera de la comida y abrió otra para que viese tubos de ensayo con líquidos de colores en ella.
"No lo toques, algunos pueden explotar"
Bucky dedujo que debía ser una científica de alguna clase y arrugó la nariz; la gente de ciencia le causaba rechazo cómo los espejos o los espacios cerrados y oscuros. Intentó averiguar la raíz de la emoción, pero un latigazo de dolor lo hizo desistir.
- ¿Qué tipo de lugar es este? - Preguntó a su espalda mientras Moira tecleaba un código de seguridad con un café humeante en la mano y pies descalzos. La puerta gruesa y de hierro forjado se abrió y ella lo cegó con una sonrisa deslumbrante invitándolo a entrar con un gesto de la mano.
- Fue una productora discográfica en los años 80 que quebró, fue "okupada" durante años por bandas callejeras, estaba destrozada cuando la compre. – Explicó mientras lo paseaba por las estancias de atrás – Originalmente estas dos salas eran los estudios de grabación y las otras dos salas de ensayo. Son geniales porque la insonorización es perfecta y las he reconvertido en salas de laboratorio y las otras dos son el taller y el almacén– Sus ojos brillaban con orgullo mientras bebía su café y troteaba alegremente entre cachivaches con aspecto caro y complejo.
El laboratorio estaba bien equipado con complejos sistemas de medición y toda clase de instrumental.
Moira se apresuró a tomar algunos cálculos y apartar un matraz donde los restos de un líquido naranja brillante burbujeaba entrando en una red de tubos y maquinas que ella manipuló hasta que emitió un característico sonido de apagado.
- ¡Menos mal! Hemos llegado justo a tiempo – exclamó apurando el café y arrojándolo con puntería a una papelera cercana, se colocó las gafas de vidrio protectoras y sujetó la probeta con unas largas pinzas indicándole el mecanismo para abrir la puerta desde dentro.
Bucky obedeció con un rictus molesto en los labios y al salir la agarró del codo empujándola hacia fuera. Moira se desequilibró, tropezando y chilló.
- ¿Qué haces? Apártate, apártate ¡Apártate! - Consiguió equilibrar de milagro la probeta, pero unas gotas salpicaron el suelo siseando e hirviendo al caer.
Ambos se quedaron mirando los cuatro agujetos crecientes en el suelo del salón, Moira chasqueó los labios con disgusto y entró en la cocina saliendo de ella sin probeta y con un liquido blanquecino y opaco que derramó en los cráteres que rondaban el tamaño de una pelota de tenis y los tres centímetros de profundidad. El salçon se llenó de un olor terroso y a goma quemada.
- Eso podrías haber sido tú. O peor aún, podría haber sido yo. – le recriminó en cuclillas hundiendo un trapo en los agujeros para limpiar la sustancia ahora inofensiva – Mentiría si dijese que es la primera vez que pasa y tengo para hacer cemento fresco así que tienes deberes que hacer Sargento Barnes -
Bucky no se dejó ablandar con su alegre discurso y la cogió con firmeza de la muñeca guiándola en dos zancadas hasta el sofá.
La sentó y se sentó enfrente dejando el arma entre ellos con una amenaza evidente y tácita ante la que Moira alzó las cejas.
- Vas a contarme porque sabias de mí, de HYDRA. Que haces aquí y porque una chica como tu vive en unas instalaciones con material tan avanzado - El control se deslizaba de él con una sensación gélida y entumecida.
- ¿Puedo ir a por otro café antes? – Preguntó suspirando ante su tajante NO.
- Bien, esto va a darte un buen dolor de cabeza – le advirtió antes de narrarle como lo conoció en el tiroteo con Steve Rogers y luego en la base de HYDRA.
Tuvo razón, apretó tanto los dientes para evitar gritar de la migraña que los escuchó crujir. "Steve" un niño flacucho y rubio dio paso a un hombre fornido de honestos ojos azules. Lo vió mientras Moira le contaba con todo lujo de detalles como casi mata al que fue su mejor amigo.
- En definitiva, estoy esperando instrucciones para salvarme el culo y de paso te estoy ayudando también. Deberías ir a por mí café – Sugirió y siendo ignorada.
- ¿Porque me ayudarías? – preguntó Bucky desconfiado. Moira se lamió los labios pensando antes de responderle.
- No me sentía bien dejándote tirado medio muerto en un callejón además, eres un tanque viviente y yo fabrico los mejores explosivos y armas del mercado negro pensé que nos iría bien como socios fugitivos. -
Bucky la miró fijamente a los ojos mientras hablaba y el pulso del cuello buscando un latido acelerado o una mirada huidiza sospechosa pero no halló nada que le hiciese dudas de su honestidad y por algún motivo eso lo inquietada. La confianza no era algo que recordase, pero sabía que era frágil, delicada y podía herirte, era reacio en depositarla en Moira, aunque no es que tuviese muchas otras opciones.
Su relato de la base de HYDRA había sido rápido en no más de una docena de palabras y la instrucción de Bucky en interrogatorio le hizo saltar las alarmas. "Me llevaron a la base y el comandante Krupin pidió mi colaboración en unos estudios científicos. Aún no me han contactado"
- ¿Qué no me estas contando? – ladró Bucky. Moira bajo los ojos avergonzada y se mordisqueó el lateral del pulgar apretujándose contra el costado del sofá.
- Te vi – susurró, tragando pesadamente – Te vi, en la máquina. Por eso no te acuerdas del tiroteo. El secretario Pierce estaba allí. Dijiste que conocías a Steve Rogers y él te hizo olvidar. Por eso fui al Smithsonian a ver la exposición. – la esquina de su boca se torció en una pequeña sonrisa amarga – Tal vez el destino quiso que te ayudase Bucky –
No la escuchó, estaba lejos y luchando. La frente perlada de sudor y la respiración entrecortada. Moira cerro la mano que se extendió hacia él para un roce tranquilizador sin llegar a su destino. En su lugar agarró el arma y la escondió bajo el colchón, antes de volver al trabajo.
"Vence la batalla Bucky y no te pierdas por el camino"
