*Disclaimer: Los Juegos del Hambre pertenecen a Suzanne Collins, yo solo tengo la autoría de este fanfic secuela sin ánimo de lucro. Espero que os guste.
Capítulo 1: El libro- ¿Así que ya lo habéis terminado? –dijo entusiasmado mi psiquiatra por correspondencia, el doctor Aurelius.
- No le llamaría de no ser así –hasta la fecha, solo había respondido a sus llamadas cuando Peeta había descolgado el teléfono y no me había quedado otro remedio que hablarle.
Nunca salía de mí responderle ni llamarle, pero era de los pocos enlaces que tenía en el Capitolio. Cosa que me repugnaba y tranquilizaba a la vez. Me habían enseñado a temerle al Capitolio incluso antes de que me destrozaran la vida personalmente. Y ahora, dos años después del nuevo gobierno, seguía sin ser capaz de pensar en él sin que mi cuerpo fuera sacudido con temblores, jaquecas o incluso arcadas.
- Se lo hemos enviado esta misma mañana –dije enredando mis dedos en el cable del teléfono.
- ¡Perfecto! Lo espero con ansias.
- ¿Realmente cree que vamos a poder publicarlo?
- Sin ninguna duda –me aseguró él–. No solo ha sido una excelente terapia para vosotros, sino que podrá serlo para mucha gente. Además, ya sabes cómo os aprecian. Nadie querrá perdérselo –bufé ante eso. Nunca me he fiado del aprecio del público, pero aparentemente tendría que volver a lidiar con él.
- Entonces queda en sus manos –dije ansiando colgar ya el teléfono pese a que no llevábamos ni dos minutos de conversación. Peeta salió de la cocina y se acercó a mí, secándose las manos en el delantal.
- Si, descuida. Os mantendré informados y ya sabes, llámame para lo que necesites. Saluda a Peeta de mi parte.
- Gracias, hasta la próxima –y colgué–. Pues ya está avisado, por cierto, te envía recuerdos.
- Tengo ganas de ver cómo queda la edición –dijo Peeta con una sonrisa. Yo asentí.
- Por fin nuestro pequeño va a conocer mundo –Peeta solía decir que ese libro era como nuestro hijo, pero lo mejor de todo es que nadie nunca podría hacerlo participar en los Juegos del Hambre.
- Si –dijo él con una sonrisa–. Por cierto, ya he terminado de hacer la comida.
- Genial, tengo mucha hambre –cuando pasé por su lado me detuve un momento. Al final habíamos conseguido construir una relación. Después de mucho miedo, dolor, esfuerzos y noches en vela, habíamos podido restablecer la confianza. Peeta volvía a ser el chico dulce que siempre fue, no pude evitar acariciarle la mejilla–. Gracias por hacerla.
- Eso dímelo una vez la hayas probado, igual no sabe bien –dijo haciéndose un poco el difícil, con una mirada burlona en sus ojos azules.
- Tú no sabes hacer las cosas mal. Además, la cocina es tu especialidad –él cogió mi mano y besó el dorso.
- Tienes razón, no sería capaz de dejarte comer algo que no estuviera bueno –le sonreí, cuando era tan dulce conseguía que mi corazón maltrecho latiera un poco más rápido de lo normal.
La comida estaba deliciosa, por supuesto. Hablamos poco durante la comida, cosa bastante habitual porque solíamos compartir muchos silencios que, lejos de ser incómodos, nos unían y nos llenaban con un sentimiento de calma. Le ayudé a recoger y nos tumbamos en el sofá. Yo con mi cabeza en su pecho y él sujetando un libro en mi cintura. Solo dejaba ocasionalmente de acariciarme el pelo para pasar las páginas del libro. Yo había tenido muchas pesadillas la noche anterior, de modo que apenas había podido dormir. Así que ahora tocaba hacer una siesta, porque los párpados se me caían solos y yo no dormía si no tenía a Peeta a mi lado. Así que me acurruqué a su lado en el sofá, mientras que él hojeaba su nuevo libro de recetas.
Cuando me desperté el libro de recetas estaba en el suelo. Peeta había terminado por dormirse también, cosa muy predecible, porque si yo tenía pesadillas por las noches significaba que él tampoco podía dormir, pero le gustaba hacer ver que no necesitaba esas siestas. Como estaba prácticamente utilizándolo de almohada y colchón, no me atreví a moverme por miedo a despertarle. Así que me dediqué a escuchar el latido de su corazón. Mi día a día era muy pausado y monótono. No había grandes eventos ni sorpresas y, después de una vida llena de circunstancias desagradables, no podía adorar más esa monotonía.
Sae nos limpiaba la casa y nos cocinaba cuando Peeta no estaba inspirado, pero cada vez empezábamos a depender menos de sus servicios. Mi rutina consistía en levantarme, hacer la colada, hacer los recados en el pueblo, cazar, pasear y visitar a Haymitch ocasionalmente. Pero mi mayor entretenimiento consistía en pegarme a Peeta y gozar de su compañía. Él sí trataba de mantenerse ocupado: cocinaba, limpiaba, arreglaba el jardín, pintaba, leía… yo me limitaba a estar a su lado y observar cómo trabajaba. Por eso no tenía ninguna prisa porque Peeta despertara; estaba disfrutando de mi pasatiempo favorito.
Creo que di alguna que otra cabezada, pero al final Peeta se despertó con un susto. Él no solía tener pesadillas pero seguíamos teniendo la costumbre de estar en guardia y cualquier cosa nos alteraba con facilidad. Era muy difícil perder ese hábito.
- Perdón, ¿te he asustado?
- No, tranquilo. ¿Estás bien?
- He oído un ruido… –agudicé mi oído y lo detecté. Unos golpecitos en la ventana. Instantes después la cola de Buttercup nos saludó.
- Hacía tiempo que no lo veía –dijo Peeta sonriendo, Buttercup aparecía y desaparecía como quería. Entonces intentó moverse pero claro, tenía mi cuerpo encima. Así que me senté para que él pudiera estirarse. Él nunca me apartaba, pero sabía que más de una vez se le había dormido medio cuerpo por mi culpa.
Seguimos con nuestra tranquila rutina. Le ayudé a preparar la cena y nos quedamos un buen rato hablando entre susurros en la cama. Claro, no teníamos sueño. Pero tampoco teníamos que madrugar mañana, así que tampoco pasaba nada por acostarnos un poco tarde. Casi nunca hablábamos del pasado, ya lo habíamos revuelto bastante con el libro. Además, las preguntas de real / no real cada vez frecuentaban menos. Así que nuestros temas de conversación habían conseguido ser banales en su mayoría, pero conseguíamos hacer bromas y reírnos de nosotros mismos (y de Haymitch, claro). Deseaba con todas mis fuerzas que esa cotidianidad y monotonía no desapareciera jamás.
Había pasado una semana cuando llamaron. Yo no le estaba haciendo caso al artefacto como era costumbre, pero Peeta descolgó el auricular. Él siempre me decía que podía ser Annie, Johanna, Effie, mi madre, o cualquier otro conocido nuestro y que debíamos responder. Pero yo seguía sin hacerlo, prefería aislarme.
- Hola doctor –saludó él animadamente. Yo estaba de pie al lado de la mesa, doblando la ropa y con la oreja puesta en lo que decía–. Sí, estamos bien… –me lanzó una mirada– Dice que en un mes ya lo tendrán todo listo –dijo Peeta apartándose el auricular.
- ¿Le ha gustado? –Peeta me miró con reproche.
- ¿Qué le ha parecido? –preguntó por mí. Calculaba que tenía el margen de una pregunta más antes de que intentara pasarme el teléfono– Oh, gracias, es usted muy amable –se apartó del auricular y me susurró–. Está muy emocionado, cree que será un éxito –luego volvió al auricular–. ¿La distribución? Nos es indiferente, solo queremos que llegue a la mayor cantidad posible de gente... –entonces Peeta estuvo mucho rato callado, me preocupé cuando me lanzó una mirada de soslayo.
- ¿Qué pasa? –con la mano me indicó que guardara silencio.
- No puedo garantizárselo –dijo serio–. Sí, lo hablaré con Katniss, pero de momento es mejor que no cuente con ello… –mi curiosidad me obligó a dejar la ropa ahí y a acercarme a él– sé que es importante pero… si, lo pensaremos, le llamaré cuando hayamos decidido algo… gracias, adiós –y colgó. Peeta dejó escapar un largo suspiro.
- ¿Y bien? –dije ya nerviosa.
- Quieren promocionar el libro –analicé sus palabras. No noté nada amenazante en su contenido.
- Me parece bien, que lo hagan –pero él seguía serio.
- Quieren que nosotros lo hagamos. Que vayamos al Capitolio, a los distritos y que demos charlas y firmas –se me dispararon todas las alertas. Así que se trataba de eso. Endurecí mi expresión.
- Me prometí no hacer más giras en lo que me quedaba de vida.
- Lo sé, a mí tampoco me apetece en absoluto, ya has oído lo que le he dicho.
Peeta había mejorado muchísimo, ya prácticamente no tenía ataques pero eso no quería decir que hubiera desaparecido el peligro de volver a tenerlas. Volver a revivir todo nuestro pasado iba a ser, sin duda, el perfecto detonante para que Peeta volviera a perder el control. Por no hablar de mí, yo me consideraba ya un poco loca y hacer esa gira seguro que no iba a ayudarme en mi condición. Expuestos otra vez, hablando frente al público… no, gracias. Prefiero mi escondrijo de calma, monotonía y tranquilidad del 12.
- ¿No pueden poner una foto nuestra y ya está? No será porque no tengan vídeos y fotos nuestras ¡Tienen material de sobra!
- Lo sé, pero insiste en que deberíamos hacer algo igualmente –dijo pensativo.
- Ya hemos hecho el libro, que pongan algo de su parte –me cerré en banda, Peeta sabía que no me sacaría de ahí así que dejó el tema. Además, él tampoco estaba muy cómodo con eso.
No volvimos hablar de ello hasta que la insistencia del doctor nos obligó a abordar el tema una vez más.
- ¿Por qué no dais una entrevista? –nos preguntó Haymitch mientras masticaba su pavo.
- Porque ya hemos dado suficientes, ¿no crees? –dije enfadada. Hablar de eso me ponía de mal humor.
- Además no nos moveremos de aquí, eso no es negociable –me alegré de oír decir eso a Peeta.
- Podríais hacerla aquí –eso me dejó desconcertada. No lo había pensado. Inmediatamente recordé a Cinna y a mi equipo de preparación que habían venido un par de veces a mi casa. No me gustaba el giro que estaba tomando la conversación, me hacía recordar demasiado.
- ¿Gente del Capitolio husmeando por aquí? –a Peeta tampoco le hacía gracia. Esta era nuestra casa, habíamos peleado mucho por nuestra intimidad y no íbamos a ceder así como así.
- No son la misma gente que solían ser –nos recordó Haymitch, pero era un recordatorio inútil porque él seguía confiando tan poco en ellos como nosotros–. Además es una gran oportunidad para decir lo que os venga en gana. Nada de maquillaje, ni tarjetas, solo vosotros diciendo lo que queráis. No tiene ni que ser larga. Dos minutos contando por qué queréis que la gente lea el libro y ya está –y dio un trago a su bebida. Peeta y yo nos miramos, buscando la respuesta en los ojos del otro. No fuimos capaces de decidir nada–. Sois muy cabezotas –sentenció.
- ¿Quieres darla tú la entrevista? –presioné a Haymitch. Era obvio que a él le hacía incluso menos gracia que a mí dar entrevistas.
- ¿Yo? Este es vuestro proyecto, vuestra idea, ¿recuerdas? A mí dejadme al margen.
- Pero tú participaste también –me lanzó una mirada asesina.
- No es lo mismo.
Terminamos de comer y nos despedimos de Haymitch. Cuando llegamos a casa le pregunté directamente.
- ¿Qué crees que deberíamos hacer? –Peeta lo meditó.
- No les quiero de nuevo en nuestras vidas –dijo muy serio.
- Ni yo tampoco.
- Pero por otro lado… –sabía a lo que se refería. El libro ya era nuestra vida, nuestro legado y nuestro corazón. Seguramente esa era la única forma de asegurarnos que le darían el enfoque adecuado y que lo tratasen con cuidado– ¿tú quieres? –me encogí de hombros.
- Suponiendo que lo hiciéramos y solo es una suposición… –quise dejar claro ese punto– pondríamos condiciones –esa idea le gustó.
- Nada de grabar el 12, ni la casa ni nada, solo se graba lo que nosotros queramos.
- Y nada de maquillaje ni vestidos –añadí.
- Vendrían muy pocas personas, solo las imprescindibles y de confianza –le di vueltas a ese concepto. ¿A quién admitiría en mi casa? ¿Tenía algo parecido a algo como "persona de confianza"?– Entonces, ¿tenemos algo así como un plan? –asentí.
- Eso creo. Pero solo si el entrevistador es Ceasar –dije muy seria. Peeta no lo cuestionó.
- O lo toman o lo dejan. Si no cumplen estos requisitos no la hacemos.
.
.
.
**Nota autora: ¡Hola, bienvenidxs! Esta es la continuación del OneShot "Nuestra Canción". Es una fanfic un poco más reflexivo sobre los Juegos del Hambre. Personalmente le tengo bastante aprecio a este fanfic, ya que creo que dice todas esas cosas que los personajes pensaron y no dijeron. Como siempre, le he puesto mucho cariño y esfuerzo, espero que os guste.
Lo tengo bastante avanzado así que iré publicando la continuación a buen ritmo. ¡Muchos besos y cuidaos!
