La historia tiene lugar en Argentina, se va a usar su respectivo dialecto y se va a aclarar que significan algunas palabras para evitar confusiones.

Todo empieza en la escuela Juan Domingo Sarmiento, una escuela secundaria con muy buena reputación. A principios de Junio un nuevo alumno se inscribe, su libreta de calificaciones muestra que es muy estudioso, sin embargo las observaciones que adjuntó el consejero de la escuela de procedencia indican que el alumno tiene problemas para socializar con los demás estudiantes.

Al día siguiente, el alumno asiste a la escuela con sus útiles escolares listos. Los estudiantes se quedan mirando a aquel adolescente de dieciseis años (en edad humana); tiene piel verde, y no tiene nariz ni orejas. El estudiante se dirige hacia el aula donde su grado tiene clases sin dejar de mirar atentamente a los demás, para su sorpresa nadie le tira bollos de papel ni pelotas.

Llega al aula y observa a los humanos que allá se encuentran: parecen estar metidos en sus propios asuntos, conversando o mirando el celular. Los únicos pupitres libres están del lado derecho del aula, así que se sentó en uno de ellos a esperar que toque el timbre. Mientras espera, se percata de que un estudiante se acerca a el; se le hace predecible que es para tratarlo de una forma nada amable. En ese momento, una estudiante llega al aula.

_¿Viniste desde Muy Muy Lejano, Shrek? -dice el estudiante, y se ríe.

El estudiante de piel verde no le responde, no entiende la referencia pero por el tono usado se da cuenta de que lo que le dijo fue un insulto. El atacante es un adolescente gordo y de pelo castaño y con rulos; vestido con remera de marca, jeans rotos, y zapatillas deportivas viejas.

Las palabras de ese adolescente llaman la atención de la estudiante, quien se dirige hacia ellos.

_Acá mando yo, así que si no querés terminar con algunos huesos rotos vas a tener que hacer todo lo que yo te diga.

La estudiante se coloca detrás del adolescente brabucón.

_Nadie me dice qué hacer -responde el estudiante de piel verde-, menos un miserable humano como vos.

Esas palabras enfurecieron al brabucón, en seguida se preparó para dar un puñetazo al nuevo estudiante, quien puso expresión de desesperación al ver lo que se venía.

_¡Axel! -exclamó la estudiante a sus espaldas.

El adolescente en cuestión pasa de tener una expresión de enojo a otra de miedo en segundos, lentamente se da vuelta para ver a la estudiante.

_Tu comportamiento es inaceptablemente hostil, te vas a disculpar con tu compañero y lo vas a dejar tranquilo, ¡ahora! -ordenó la estudiante mirandolo fijamente a los ojos.

El estudiante de piel verde no entendía que pasaba, una desconocida lo estaba defendiendo sin siquiera saber su nombre.

_Ya te metiste demasiado en mis asuntos en lo que va del año, si querés conseguir algo vas a tener que pelear por eso -dijo el brabucón mientras se preparaba para una pelea física.

Ana lo miró inexpresiva, sabía lo que venía. Cuando el brabucón tiró el primer puñetazo, Ana le agarró la mano y con una técnica de artes marciales hizo que el brabucón termine con el brazo a la espalda e inclinado (posición que permite fácilmente la dominación), Ana lo llevó hacia su pupitre y lo sentó contra su voluntad.

_Y ahí te quedás o le cuento lo que hiciste al director.

_Abrís la boca y te va a ir peor -amenazó el brabucón, con cierta desesperanza en sus propias palabras.

_¡Ja! ¿A quien le va a ir peor? -dijo ella, incrédula.

El brabucón bajó la mirada, había quedado claro que ella no lo iba a dejar dominar al nuevo estudiante, se dió por vencido.

Ana volvió a su pupitre y se dispuso a consolar al nuevo estudiante.

_No te asustes -dijo la estudiante-, ese brabucón solo te estaba probando, quiso saber si sos dominable.

_Está bien -respondió el estudiante de piel verde-, ¿por qué saliste en mi defensa?

_Porque no tolero las faltas de respeto. Estuve en el lugar de víctimas de brabucones antes, aprendí a enfrentarlos, y ahora defiendo a aquellos que lo necesitan.

Pasaron unos segundos, el estudiante de piel verde seguía sin entender del todo bien lo que estaba pasando.

_Por cierto, me llamo Anastasia, pero podés llamarme Ana -dijo la estudiante, y ofreció un apretón de manos.

_Soy Zim -dijo el estudiante de piel verde mientras correspondía a ese apretón de manos.

Ana se sentó en el pupitre que estaba al lado de Zim.

_¿Cuales son tus intenciones conmigo? -inquirió Zim.

_Me voy a sentar cerca tuyo el tiempo que necesites para sentirte a salvo.

_Está bien -dijo Zim, algo incómodo.

La tocó el timbre y la clase de Literatura empezó, todo transcurrió normalmente. Durante el recreo, Zim se fue al baño de hombres y, una vez adentro, se teletransportó a su casa. No perdió el tiempo, fue a su laboratorio e hizo una videollamada con sus superiores.

_Saludos desde la Tierra -saludó-, los he llamado para preguntarles algo.

_¿Que querés saber ahora? -dijo el alto de ojos rojos.

_¿Me enviaron algún nuevo robot esclavo? Hoy creí haber sido protegido por uno.

_¿Estás bromeando? -dijo el alto de ojos violetas-. Ya tenés tu robot esclavo y es el único que te va a acompañar durante la invasión, a menos que construyas otro por tu cuenta.

_Bueno -dijo Zim, más confundido que antes-, eso era todo, adios.

Y apagó la pantalla. Si quien lo defendió no era un robot destinado a servirle, ¿como se explicaba lo que le pasó? Aunque no lo supiera, Zim estaba empezando a aprender lo que es la amistad.

Se teletransportó de vuelta a la escuela. El recreo justo terminó, así que volvió al aula. Al llegar al aula, buscó con la mirada a quien lo había defendido, la vió sentada en su pupitre leyendo el libro "El juego de Ender", de Orson Scott Card.

Esa humana parecía tener algún tipo de interés en su bienestar y le sacó un obstáculo en su misión, por alguna razón supo que podría serle útil.

La siguiente clase era de Biología, la cual terminó después de que la profesora les dejara como tarea investigar por qué los frutos de las especies pertenecientes al género Citrus se endulzaban en el invierno.

_¿Que te parece si hacemos la tarea juntos? -propuso Ana de golpe.

Zim la miró con curiosidad, si bien no entendía las relaciones humanas se dió cuenta de que le agradaba esa humana a pesar de su olor a perfume floral (que para él era desagradable).

_Vayamos a tu casa entonces -dijo, porque no queria que Ana tan solo pensara en ir a su base.

_Bueno, te veo a la salida de clases. Mi casa queda a ocho cuadras de la escuela, podemos ir caminando.

Con Ana al lado, Zim podía quedarse tranquilo de que nadie le iba a faltar el respeto. No hubo ningún comentario negativo respecto a su apariencia, ni humanos intentando demostrar que él es un extraterrestre, y los profesores no querían amargar la existencia de sus alumnos. El resto de las clases fue un regocijo para él.