Capítulo 5: A pesar de las adversidades
Cortó lentamente aquel pedazo de carne en pequeños trozos para luego embadurnarlo en la salsa que descansaba en la esquina del plato. Sin mayores contemplaciones, se llevó el trozo a la boca y masticó calmadamente, permitiendo que sus ojos estudiaran el lujoso salón donde se encontraba junto a otras familias de la alta sociedad.
Volviendo su mirada a su plato, a aquel corte exquisito de carne de res rodeado de vegetales varios y acompañado de una salsa secreta, Anna Kyouyama se lamentó estar degustando tan deliciosa cena en compañía tan desagradable. Prácticamente le quitaba el gusto a la comida. Por supuesto que no podía mostrar eso abiertamente, así que seguía comiendo pausadamente como si no tuviera ningún problema en el mundo.
Un poco más allá de su plato yacía una copa de vino vacía, al lado del cual se encontraba descansando una botella a mitad y otra completamente vacía. Un poco más allá había otra copa de vino, este medio llena, y más allá había otro plato con el mismo contenido del suyo. Sentado frente a ella se encontraba su esposo, entretenido mirando la tarima donde un presentador hablaba sobre la finalidad de la velada, la recaudación de fondos con fines de Beneficencia, como lo era darle un hogar a los niños que no tenían un techo sobre sus cabezas y que deambulaban por las calles sin lugar a donde ir.
Precisamente ese tema, a pesar de la gran hipocresía que ella sabía existía en muchas de las familias, fue la razón que la impulsó a asistir al evento. Para su infortunio, debía ir con su esposo, porque la invitación había sido para ambos. Aparecerse sola habría dado de qué hablar, más con lo chismosos que eran todas aquellas familias adineradas. Ese era el problema de pertenecer a un círculo pequeño, si no tenías cuidado, todos tus secretos se sabían, y así mismo podían ser utilizados en tu contra para destruirte.
Eso lo había aprendido de mala manera, la sonrisa falsa de aquellos que se autoproclamaban amigos, mientras preparaban a oscuras una forma de derribarte. Eso le sucedió a su padre hace muchos años, pero para mala suerte de ellos, las fundaciones de la familia Kyouyama eran demasiado fuertes, un ataque de ese tipo no llegaría a estremecerlos. No obstante, la afectación emocional que sufrió su padre fue muy fuerte, y su salud empeoró bastante con eso.
Ahogando un suspiro por el rumbo que tomaron sus pensamientos, Anna volvió a dirigir su vista al plato de comida, tomando otro trozo de carne y uno de los vegetales.
—Vuelvo enseguida —le avisó su esposo sin mirarla, levantándose de su asiento para dirigirse a un grupo de conocidos que charlaban en una esquina del salón.
Anna no levantó la mirada al escuchar sus palabras, viendo por el rabillo del ojo cómo se levantaba y se alejaba. Cuando se comió el último pedazo de carne de su plato, tomó una servilleta y se limpió quedamente la boca, cuidando de no arruinar el maquillaje. Sólo después de eso, se permitió alzar la cabeza, viendo cómo en la tarima una pequeña banda tomaba lugar y empezaba a tocar una suave melodía.
Algunas de las parejas se levantaron de sus mesas para ocupar el espacio de baile que había en el salón. Otros se mantenían sentados hablando discretamente entre ellos, seguramente juzgando o intercambiando los últimos chismes que navegaban por aquellos círculos, mientras que algunos se conglomeraban en pequeños grupos para debatir asuntos de negocios, hacer conexiones o hablar de política.
Con su pequeña inspección, sus ojos terminaron captando a unas figuras muy familiares. Había estado tan concentrada en su introspección que no se percató en ningún momento de que Manta Oyamada también estaba en la fiesta de recaudación de fondos que estaba organizando la compañía Lasso. A su lado estaban sentados Yoh Asakura con un aire aburrido, y Lyserg Diethel con su sonrisa cortés.
Al ver su imagen, su mente la transportó a una semana atrás, cuando el gran detective contratado por Ren llegó a Japón y el Asakura la llamó para acordar una reunión con el fin de conocerlo y plantear lo que ella deseaba que él investigara.
La reunión, al igual que todas las otras, tuvo lugar en el restaurante "Best Place" en su salón privado. Esta vez había llegado media hora antes y se había sentado frente a la puerta a esperar a sus invitados. Faltando cinco minutos, Yoh Asakura entraba seguido por un hombre de alta estatura, curioso cabello verde y sonrisa amable que seguramente rompía corazones a su andar.
—Hola, Anna —la saludó Asakura con un nivel de entusiasmo que la dejó un poco perpleja. Fue tal la sorpresa que hasta olvidó reprocharle el uso casual de su nombre.
—Buenos días, señora Anna —la saludó el otro con un poco más de respeto, ganándose una buena primera impresión en su libro.
—Buenos días —saludó neutralmente.
Ninguno de los dos pareció verse amedrentado por su falta de emoción, tomando asiento frente a ella antes de empezar a hablar.
—Este es el detective que te comentamos, su nombre es Lyserg Diethel, uno de los mejores detectives de Inglaterra —presentó Yoh con una gran sonrisa.
—Yoh, creo que exageras un poco.
Anna no pudo evitar quedarse viendo al Asakura cuando sonrío de esa forma. Se veía tan diferente a cómo lo conoció la primera vez, incluso no pudo evitar que un traicionero pensamiento saliera a flote en su mente dando una especial apreciación a su sonrisa, recordándole aquel día donde Asakura la acompañó en su desayuno familiar, y lo feliz que estuvo Hana de verlo.
—Y ella es nuestra clienta, Anna Kyouayama —siguió el Asakura, ignorando las palabras de Diethel y mirándola con aquella sonrisa.
Anna parpadeó varias veces para alejar su mente de aquellas imágenes distractoras, especialmente aquellas que estaban relacionadas con un sonriente Yoh Asakura jugando con Hana, unido a los pensamientos de lo gran padre que sería el Asakura de no haber ocurrido aquel accidente que se llevó la vida de su esposa e hija.
—¿Señora Anna?
Sus ojos se movieron instintivamente al otro invitado, utilizando su imagen como un ancla para concentrarse en aquella reunión. No entendía cuál era su extraña fijación con el Asakura ese día, pero no podía permitir que nublaran su juicio cuando tenía un asunto tan importante que resolver.
—Imagino que le han contado los detalles del caso, detective Diethel —mencionó con naturalidad, como si su mente no se hubiera abstraído un momento por culpa de Yoh Asakura—. Cuando Asakura me llamó le di autorización para contarle todo.
—Tiene razón, Yoh y Manta me han contado todo.
—¿Cree estar a la altura de esta asignación?
—Sólo el tiempo lo dirá —Diethel le sonrió con modestia, apenas respondiendo con aquellas simples palabras.
Con aquella primera reunión Anna quedó lo suficientemente convencida para autorizarle a Lyserg Diethel la investigación clandestina de su familia.
El movimiento de aquel detective la trajo de vuelta al presente, y sus ojos lo siguieron de manera casi involuntaria hasta el grupo de hombres que charlaban con su esposo en medio de risas estruendosas. Instintivamente su mano se cerró sobre su rodilla al ver al Diethel entablar conversación precisamente con su esposo. No había recibido ninguna actualización de la firma desde aquel encuentro, así que estaba al oscuras sobre el tipo de metodología que estaban empleando, o la información que habían logrado recolectar.
Sólo podía confiar en su instinto que le decía que Diethel sabía leer el ambiente y adaptarse a las circunstancias, sin dejarse intimidar ni soltar información confidencial. Sin embargo, el hecho de verlo claramente actuando en la asignación, sin antes haberle informado nada, le producía cierto sentimiento de malestar por no ser mantenida al tanto de lo que estaba haciendo.
Una vibración la distrajo hacia su cartera. Dirigiendo una última mirada al detective, sacó su teléfono móvil para ver quién la estaba contactando. Tuvo que controlar sus facciones para evitar que una expresión de sorpresa tomara lugar al ver el nombre que aparecía en su pantalla.
Tiene un nuevo mensaje de Yoh Asakura.
Alzó sutilmente la cabeza para mirar al Asakura, que ahora hablaba con Oyamada con un rostro cansado. En su mano derecha sostenía el móvil sin dirigirle la mirada. Tuvo que darle puntos por actuar sin levantar ningún tipo de sospecha sobre sus acciones. Una vez confirmado que el mensaje venía del Asakura, Anna lo abrió.
"Lyserg sabe lo que hace, no te preocupes."
"No estoy preocupada." Tecleó en respuesta.
"Lo siento, parece que vi mal."
Anna miró su pantalla por un largo minuto, un poco sorprendida de que el Asakura haya notado aquel breve momento de incertidumbre sin estar observándola abiertamente. Tuvo que admitir mentalmente que quizá subestimó un poco al Asakura. A lo mejor las referencias de Ren y de Oyamada no eran tan subjetivas después de todo.
Aprovechando que tenía el móvil fuera, decidió llamar a Horohoro para ver cómo se encontraba Hana. Había hecho prioridad llamar al menos tres veces al día, por la mañana, por la tarde y por la noche, para saber cómo su hermano estaba manejando la llegada del pequeño a su apartamento. Afortunadamente las cosas marchaban bien de ese lado, con Horohoro tomando unas vacaciones de dos semanas de la empresa para acomodar a Hana y crear alguna especie de balance. Por supuesto que la principal impulsora de todos los cambios era ella, porque si se lo dejaba a su hermano, estaba seguro de que el primer día estaría dando el grito al cielo por no saber lidiar con su nueva situación.
Así que ella hizo la solicitud para sus vacaciones y le elaboró una rutina bien estricta sobre lo que debía hacer cada día de aquellas dos semanas. Hana era bastante obediente, así que de ese lado no tenía ningún problema. El principal inconveniente era asegurarse de que Horohoro acatara sus órdenes al pie de la letra, cosa con la que el mismo Hana estaba contribuyendo. Increíble que un niño de seis años fuera más responsable que un adulto de 23.
Para su buena dicha, su madre no estaba enterada del asunto. Su odio hacia los hermanos Usui, y su completo despecho de su existencia, jugaron a su favor para evitar que indagara demasiado en las razones por las que Horohoro salió inesperadamente de vacaciones.
También aprovechó para visitar a Oknox y demandar los papeles de adopción de Hana. No fue difícil, Anna tenía conocimiento de ciertas actividades ilegales en las que estaba metido el gordiflón. No tenía pruebas concretas de lo que eran, pero ambos sabían que, si se cruzaba en su camino, Anna no tendría piedad sobre él y lo aplastaría sin pensarlo dos veces. La única razón por la que andaba libre era por ser uno de los antiguos socios de su padre y este le había pedido que no se involucrara mucho en esos asuntos.
—¿Anna, no se supone que estás en esa elegante cena de beneficencia? —Fue lo primero que escuchó cuando su hermano aceptó la llamada.
—¿Crees que por eso iba a dejar de llamar?
—¿Sabes que soy un adulto perfectamente responsable y que no tienes que estar llamando a cada rato para chequearme?
—¿Lo eres? —Preguntó sarcásticamente. Al instante pudo escuchar unos alaridos de dolor seguido por unas exclamaciones que reconoció del dialecto ainu. Horohoro sabía que en presencia de Hana no podía andar diciendo palabrotas de ningún tipo, así que brillantemente llegó con aquella idea.
—¿Señora Anna? —Escuchó esta vez la voz de Hana—. El tío Horo se tropezó con un mueble, jijiji…
Anna sonrió para sus adentros al escucharlo, más después de saber el motivo de las exclamaciones airadas de su hermano. Por fuera, sin embargo, mantenía un semblante serio, dando la impresión de que estaba en medio de una llamada relacionada con el trabajo.
—¿Cómo estás, Hana? —Preguntó en voz baja. A pesar de la música que sonaba de fondo, lo mejor era mantener la naturaleza de su llamada lo más discreta posible.
Hana empezó a contarle todo lo que habían hecho desde que les llamó aquella tarde, sin omitir ningún detalle, algo que Horohoro siempre intentaba evitar. Anna respondía con algunos monosílabos, dejando que el pequeño fuera quien llenara la conversación. De esa forma se enteró de que su hermano tenía planes de llevar a Hana a un parque de diversiones en unos días, y lo entusiasmado que estaba el pequeño con la idea.
Anna mantuvo un ojo sobre el salón mientras escuchaba las palabras de Hana. Gracias a eso se dio cuenta cuando una persona empezó a acercarse a ella. Sin cambiar la expresión en su rostro, se despidió de Hana, prometiéndole que se volverían a ver pronto, y colgó.
—Señora Anna, me alegra que haya aceptado nuestra invitación.
—Sabes que no me perdería este tipo de eventos, Luchist.
Lushist Lasso, un hombre de gran estatura y complexión delgada, con un corto cabello negro y una barba del mismo color alrededor de la barbilla y la mejilla, vestido con un elegante traje negro, a juego con sus pantalones y zapatos, se encontraba parado delante de ella sosteniendo una copa de vino.
—La fama altruista de la familia Kyouyama es bien sabida por todos —comentó con una sonrisa caballeresca.
—¿Cómo va la fundación? —Preguntó a su vez, mirando la cruz de plata que colgaba visible del cuello de aquel hombre.
—Hemos estado trabajando duramente y hemos conseguido ampliar nuestras influencias a China finalmente.
Anna asintió, recordando la última conversación que tuvieron, precisamente en otro evento social para recaudar fondos, donde Luchist le había informado sus intenciones de crear una rama de su fundación en China.
La fundación, X-Laws, se había establecido en Europa veinte años atrás por Luchist Lasso, un prestigioso comerciante dedicado a la venta de vehículos de lujo, que además era heredero de una familia involucrada con la venta de armas. Los rumores decían que Luchist no estaba de acuerdo con los objetivos de su familia y había decidido fundar su propia empresa. Más tarde, por algún hecho desconocido para todos, Luchist decidió crear los X-Laws, una organización de beneficencia cuya finalidad era ayudar a los niños sin hogar, especialmente aquellos que vivían en el Medio Oriente y África, que se veían afectados por conflictos continuos y eran obligados a tomar armas para poder subsistir.
A partir de entonces se habían ido expandiendo, llegando a Japón apenas unos años atrás y haciendo contacto con su padre, que les ayudó a asentarse en poco tiempo. Así fue cómo Anna lo conoció. Desde ese momento siempre intercambiaban unas cuantas palabras cada vez que se encontraban e incluso Lushist fue uno de los invitados a su boda. Sin embargo, eso no significaba que fueran amigos.
Aparte de aquella información general, sabía que era alguien bastante enigmático, pero hasta el momento no había escuchado ningún rumor adverso sobre él o su fundación.
—Espero que pueda seguir apoyándonos en el futuro, señora Anna —le dijo finalmente Luchist con un asentimiento de cabeza.
Anna lo vio acercarse a otros invitados para extender su agradecimiento por su presencia aquella noche y su apoyo a su noble causa.
Al volver su vista a su propia mesa, sus ojos se distrajeron nuevamente en la mesa ocupada por Yoh Asakura. Esta vez el castaño estaba solo, jugando con su copa de vino. Un pequeño vistazo alrededor le reveló que Oyamada estaba hablando con unos hombres en una esquina del salón, pero Diethel no se veía por ningún lado.
Volviendo su mirada al Asakura, se llevó una momentánea sorpresa cuando él levantó la copa en su dirección, como si quisiera hacerle un brindis. Sin saber bien por qué, tomó su propia copia y lo imitó, obteniendo una pequeña sonrisa del Asakura.
Una pregunta se infiltró en su mente en ese momento, sobre la presencia del Asakura en ese evento. A Oyamada lo había visto antes, sabía que era un invitado recurrente de las actividades de la familia Lasso, pero era la primera vez que veía a Yoh Asakura en algún encuentro social. Además, por lo que observaba, era obvio que él era ajeno a ese tipo de actividades, manteniéndose recluido en su asiento con un aire de aburrimiento.
Después de verlo de nuevo, ahora como su abogado, le entró la curiosidad por saber más sobre su pasado. Así que le preguntó a Horohoro e hizo algunas investigaciones por su cuenta, descubriendo así que los Asakuras eran una importante familia asentada en Izumo, muy vinculada con las artes espirituales. En la actualidad, la familia había caído en declive, debido a la creciente incredulidad que las personas tenían sobre todo lo relacionado a la espiritualidad. Quizá por eso nunca se enteró de la existencia de los Asakura, y por ende de su heredero.
¿Habría sido por eso que Yoh Asakura se mudó a Tokio y se independizó de su familia?
—Anna, has estado aquí sentada un largo rato. ¿No quieres saludar a las otras familias?
Al escuchar aquella voz, Anna desvió la mirada a un lado, encontrándose con la sonrisa carismática de su esposo. Cualquiera caería rendido a sus pies por sus encantos, pero ella sabía muy bien lo falso que era. A pesar de eso, tuvo que obligarse a sonreír y tomar la mano que le ofrecía. Este era el peor lugar para permitir que su disgusto se viera. Demasiados ojos sobre ellos, esperando cualquier paso en falso para lanzarse como buitres.
Como era de esperarse de ambos, por ser los socios mayoritarios de la familia Lasso, Anna fue llevada por su esposo donde estaban las diferentes familias para platicar superficialmente unos minutos. Muchas de las mujeres, Anna notaba, veían a su esposo con ojos de predador. Ella sabía que físicamente era bastante atractivo, y su fama cómo actor de cine le ganaba varios puntos. Más si se tomaba en cuenta que su película estaba en boca de todos.
Pero a Anna nada de eso le llamaba la atención. La apariencia no era más que un disfraz que ocultaba cómo eran realmente. El ejemplo más cercano era su propio esposo, todo un galán delante de los demás, pero un cínico egoísta en la privacidad de su propio hogar. Luego estaba su madre, que todo el mundo respetaba y admiraba por la increíble manera en como sobrellevó el escándalo de su esposo todos esos años atrás. Por fortuna ella no solía asistir a ese tipo de eventos, porque tener que lidiar con ambos le habría agriado la noche de mala manera.
Por último, estaba su hermano mayor, el hijo favorito de su madre, y el que ella consideraba que debió heredar la empresa. Pero todos sabían el tipo de persona que era, mujeriego, desaprensivo y un total desastre en los negocios. Su padre la había elegido a ella por ser la única que mantenía los valores familiares.
—Una excelente velada sin lugar a dudas —elogió su esposo a Luchist cuando llegaron junto a él.
—Me alegra que haya cumplido con tus expectativas, Boris.
Boris Stoker, su esposo, sonrío falsamente y le extendió una mano para estrechar la de Luchist. Anna simplemente se mantuvo al margen mirando el intercambio, antes de aburrirse y mirar a los demás invitados prepararse para retirarse. No sabía de dónde ambos se conocían, pero había cierta tensión cada vez que se encontraban.
—Señor Asakura, verlo con buenos ánimos otra vez me llena de felicidad —escuchó mientras se alejaba con su esposo.
—Verás, hay una razón por la que estoy aquí en el día de hoy.
La voz del Asakura se fue haciendo más difusa a medida que aumentaba la distancia entre ambos. Tenía curiosidad por aquel intercambio, por aquella familiaridad que pudo captar en la conversación, pero no podía simplemente detenerse y darse la vuelta.
Un auto negro se detuvo delante de ellos poco después de salir de aquel edificio. Su esposo, actuando como todo un caballero, abrió la puerta trasera y le sonrío. Anna apenas lo miró mientras se montaba en silencio. ¿Quién mejor para fingir lo que no era que un actor de renombre? Pero Anna también tenia sus destrezas, y de no ser por su ocupada agenda y sus responsabilidades con la empresa Kyouyama, quizá ella también habría podido ingresar al mundo del cine.
De hecho, el mismísimo Tom Cruise, a quien tenía como ídolo, le dijo que podría llegar lejos si decidía dedicarse a la actuación. En ese entonces tenía unos 15 años, y estaba acompañando a su padre en una gira de negocios por Estados Unidos. Como sorpresa de cumpleaños, su padre la llevó a Hollywood, al set de rodaje de la película Misión Imposible, para que pudiera conocer a su actor favorito. Una foto y un pequeño autógrafo quedaron como recuerdo de aquel encuentro.
—Iré a visitar a Kibou —comentó cuando tenían unos minutos en el camino—. Confío en que no tendrás problema con eso.
—Creo que es buena idea —coincidió Boris con aquella sonrisa que tanto odiaba—. Así me puedo poner al día con tu madre.
Anna lo miró de soslayo por aquellas palabras, entendiendo bien el significado de ellas. No obstante, no dijo nada, permitiéndole dar las instrucciones al chofer para que cambiara el rumbo hacia la casona Kyouyama donde residía su madre, en vez de la mansión donde ambos vivían.
El trayecto se desarrolló en silencio, ninguno en plan de iniciar conversación. Parecía que Boris estaba de buen ánimo ese día, quizá por aquella velada tan entretenida que tuvo hace poco. Así era mejor, no soportaba cuando quería venir con su arrogancia a demandarle cosas.
—Hemos llegado —anunció el chofer después de que se abrieran las vallas metálicas que rodeaban la residencia y el auto se detuviera frente a la puerta principal.
Alguien abrió la puerta del carro al instante. Boris fue el primero en salir, ofreciéndole su mano para ayudarla a salir. Anna tuvo que reprimir el bufido de molestia que le producía la situación. Su esposo lo estaba haciendo en modo de burla, eso lo sabía bien. Frente a espectadores no podía permitir que se viera la horrible persona que era, así que debía mostrarse como un esposo bien atento y preocupado por su esposa.
Por eso tenía tan difícil denunciarlo. Con su famoso carácter, la mayoría pensaría que ella llevaba las riendas de la relación. De hecho, en más de una ocasión fue testigo de las palabras de compasión que algunos le dedicaban a su esposo por haber caído en su trampa, como si ella fuera la bruja que le puso una maldición para obligarlo a casarse con ella. Cuán equivocados estaban.
—¿No piensas saludar a tu madre? —Le preguntó Boris cuando empezó a caminar en una dirección diferente a la del salón principal.
—Después de ver a mi hermano —respondió sin mirar atrás.
Kibou estaba en unos de esos raros momentos buenos, donde podía estar en casa y no encerrado en el hospital. Pero eso también tenía sus desventajas, porque eso significaba que para verlo tenía que pasar por la casa de su madre y saludarla por obligación filiar. Después de lo que hizo lo que menos quería Anna era volver a verle la cara, porque sabía que su temperamento un día explotaría y le diría par de palabras mordaces, pero debía aguantar, por su pequeño hermano debía hacerlo.
Caminó hasta el segundo piso manteniendo un paso ligero y una mirada indiferente. Nadie que la viera sería capaz de dilucidar la ansiedad en su corazón y el tumulto en su alma, resultado de la constante preocupación por su hermano menor.
Al llegar a la habitación, entró con cierta agresividad, espantando un poco a la criada que alimentaba a su hermano.
—¡Hermana! —Saludó el pequeño al reconocerla, con un tono de jubilo y una chispa de alegría al verla.
Anna sonrió con una mezcla de felicidad y melancolía al verlo sentado en aquella cama que parecía gigantesca para su pequeña figura. Su corto cabello rubio, con una tonalidad más clara que la de ella, lucía desordenado, mientras su cara se veía demasiado delgada para su gusto.
—Yo le daré la cena —anunció acercándose más—, puedes retirarte.
—Pero la señora Kyouyama…
Una mirada fue suficiente para que la criada cerrara la boca antes de completar la oración. Moviendo un poco la mano, le señaló en silencio que le entregara el plato. La criada se apresuró a obedecer, saliendo inmediatamente después de la habitación.
—No has perdido el toque —su hermano empezó a reír un poco, acostumbrado a la forma en la que todos parecían temblar bajo su presencia y encontrándolo divertido.
—Espero que te estés portando bien, siguiendo las recomendaciones de Fausto y tomándote los medicamentos a tiempo.
—¡Claro que sí!
—Yo sé que eres un niño obediente —comentó Anna revoloteándole los cabellos—, así que, a comer, abre la boca.
Anna tomó asiento en la cama y le fue alimentando. Parecía que esa noche le prepararon una sopa de pollo con fideos, acompañado de papas y zanahorias.
—¿Sabes? —Empezó a decir Anna después de unos minutos—. Conocí a un niño muy parecido a ti hace unos días. Quisiera que lo conozcas porque estoy segura de que ambos se llevaran muy bien.
—¿Un amigo? —La mirada de ilusión en el rostro de Kibou casi le parte el alma, al recordarle que su pequeño hermano no tenía ningún amigo por su condición—. ¿Crees que quiera jugar conmigo?
Anna tuvo que reprimir las lágrimas que amenazaban por salir al escuchar el entusiasmo en sus palaras. A pesar de la vida que le había tocado, Kibou siempre se mantenía optimista y alegre, manteniendo aquella sonrisa sincera cada vez que la veía, como si fuera su forma de decirle que todo estaba bien y que no tenía que preocuparse demasiado por él.
—No estés triste, hermana —aún podía recordar las palabras que él le había dicho en una ocasión cuando unas cuantas lágrimas se le escaparon al verlo postrado en aquella cama de hospital—. Ser tu hermano es lo mejor que me pudo haber pasado.
—Estoy segura de que querrá jugar contigo —le respondió con una sonrisa, haciendo a un lado la tristeza que la embargaba.
Fin del capítulo 5.
N/A:
1) Creo que olvidé mencionar que Oknox es un personaje que aparece en Shaman King Zero 4. Él fue el responsable de acoger a Lyserg luego de la muerte de sus padres. Para evitar dar spoilers, no diré nada más.
2) La elección para el esposo de Anna estuvo bien reñida, pero al final Boris ganó. Sin embargo, decidí cambiar el apellido Tepes por Stoker.
3) No podía dejar pasar por alto la fijación de Anna por Tom Cruise lol.
4) Creo que no me falta más nada...En fin, muchas gracias por leer. Hasta la próxima.
