- Thomas, cielo, ¿te queda mucho?

Caroline Potter se apoyó en la puerta del dormitorio de su hijo y le dedicó una cálida sonrisa. Él se dio la vuelta y puso cara de disgusto.

- Mamá, ¿de verdad no puedo quedarme en casa?

- Ya te he dicho que no. – Se aceró a él y se cruzó de brazos, aunque no cambió el gesto.

- Pero, ¿por qué no?

- Porque Rose y Scorpius se molestarían. – Negó con la cabeza. – Además, ¿qué te cuesta?

- Es que no tengo ganas de ver a la estúpida de Carina.

- No digas eso de ella. – Le reprendió ligeramente. Nunca entendería por qué su hijo y su ahijada se llevaban tan mal. – Es una chica encantadora.

- Se nota que no la conoces de verdad. – Suspiró y se revolvió un poco el pelo. – Termino de vestirme y bajo, ¿vale?

- ¿Todavía no estás listo?

Jane, ya perfectamente arreglada, entró al dormitorio de su hermano pequeño, que no pudo evitar bufar.

- Papá debería levantar de una vez la prohibición de cerrar las puertas. – Murmuró. – O, al menos, imponérsela solo a Jane.

- ¡Eh! – Protestó su hermana mayor. – Esa norma es exclusivamente culpa tuya, enano.

- Si no te hubieras encerrado en el cuarto con Matt, papá no la habría impuesto.

- Si tú no se lo hubieras dicho… - Negó con la cabeza.

- Hablaré con vuestro padre, no os preocupéis. – Los interrumpió su madre. – Aunque no sé por qué tenéis tantas ganas de cerrar las puertas de vuestros dormitorios.

- Ya somos mayores, mamá. – Contestó Thomas.

- Además, papá solo lo hace para que no me encierre en el cuarto con Matt, pero ni loca lo traigo a casa con él aquí.

- Ya, Jane, cariño, prefiero no saber si traes o no a Matt cuando no hay nadie.

- No he dicho nada. – La rubia lanzó una carcajada.

- Venga, Thomas, termina de prepararte de una vez.

- Sí, ¿qué has estado haciendo hasta ahora?

- Preparar las cosas para ir a Hogwarts. – Se encogió de hombros. – Yo no soy como otras y prefiero recogerlo solo.

- Oye, que mamá solo me echaba una mano.

- Siendo sinceros yo recogía el 90% de tus cosas. – Caroline sonrió. – Pero no me importaba ayudarte, igual que tampoco me importaría ayudar a Thomas.

- Ya soy mayor.

Su conversación se vio interrumpida entonces por el sonido del timbre. Jane dio un pequeño salto y su hermano no pudo evitar reír.

- Debe ser Matt. – Dijo. – Me voy corriendo abajo antes de que papá le diga algo. Por cierto, deberías pensaros lo de darle permiso para aparecerse dentro de una vez.

- Ya sabes que tu padre no quiere que se cuele en casa – Caroline puso los ojos en blanco. Su marido era el ser más exagerado del mundo.

- Por favor, mamá, si quiere colarse, va a colarse igual.

Puso los ojos en blanco y salió del dormitorio y su madre no tardó en seguirla para que su hijo pequeño pudiera terminar de prepararse. En menos de media hora tenían que estar en la Mansión Malfoy.


- Tengo que irme ya.

Cassie se separó levemente de Ryan y le dedicó una mirada triste. Odiaba tener que separarse de él, el resto del mes se le hacía larguísimo.

- Lo sé. – Él le dio un beso en la frente y otro en los labios. – Nos veremos pronto, no te preocupes.

- En un mes. – La rubia suspiró. – No es justo. Tú no hiciste nada, no deberías estar aquí.

- Técnicamente sí que lo hice. – Él sonrió levemente y negó con la cabeza. – Un mes más es un mes menos. Ya he cumplido casi la mitad de la condena.

- Supongo que sí.

Cassie salió de la cama y recogió su ropa del suelo. Se vistió rápidamente bajo la atenta mirada del chico. Todavía le costaba creerse que estuvieran saliendo. Sabía que su condena había sido relativamente corta gracias a la intervención de la chica, pero siempre creyó que todo terminaría ahí. Creía que había intervenido únicamente porque la había salvado y que lo del besó habría quedado en el olvido, pero se había equivocado por completo. Al poco tiempo recibió una carta de ella y, aunque al principio había dudado si responder o no – ¿qué opinarían los Malfoy de aquella amistad? –, finalmente lo hizo. Empezaron a enviarse cartas diarias. Cada vez le gustaba más aquella chica, si antes de entrar en Azkaban ya sentía algo por ella, gracias a esas cartas creció pero, ¿cómo iba ella a salir con él? ¡Estaba en prisión y no podría salir en años! Cassie se merecía una juventud normal, un novio libre con el que poder salir a pasear y del que no avergonzarse. Por eso mismo se quedó mudo el día que la vio entrar a su celda. Acababa de cumplir 17 años – hasta cumplir esa edad no podía entrar allí – y estaba de vacaciones de Pascua. Le había dicho a sus padres que iba con unas amigas al Londres muggle, pero fue a verlo a él. Estaba cambiada, había crecido un poco y estaba aún más guapa si es que eso era posible. Casi sin dejarle tiempo para recuperarse, se acercó y lo besó. "No me dejaste responder aquel día y llevo años esperando esto". Al principio se resistió a empezar algo con ella, pero la rubia podía llegar a ser muy convincente y a él le gustaba demasiado. A partir de ese día siguieron con sus cartas, pero ella iba a verlo en secreto cada vez que podía. Les fue bien aquel verano y durante las vacaciones del curso siguiente, pero poco después de la graduación de Cassie, Albus Potter descubrió que la hija de su querida prima y su mejor amigo llevaba un tiempo yendo a Azkaban a ver a un preso. Ryan jamás olvidaría la expresión enfadada de Scorpius Malfoy. En cuanto se enteró, pidió un permiso especial y fue a verlo. Le dijo que no sabía qué le había dado a su hija, pero que se mantuviera alejado de ella y él únicamente pudo responder que sabía que no la merecía y que ya intentó en un principio mantener las distancias, pero que su hija y él se querían y al final aquello había sido más fuerte. Creyó que, después de eso, no volvería a verla, que sus padres no la dejarían regresar más pero, de nuevo, se equivocó. Cassie volvió puntual al mes siguiente. Se puso a llorar nada más verlo y le pidió perdón por el numerito que había montado su padre. Le confesó que apenas se hablaba con él y que su madre prefería no mencionar siquiera el tema, que Lyra y Orion habían estado a punto de sufrir un infarto al enterarse y que entre todos habían tratado impedirle ir, pero ella había conseguido volver. "Estamos juntos", le había dicho, "y no dejaré que nos separen por una tontería". Sabía que desde ese momento las cosas no terminaban de ir bien con sus padres – que no aprobaban aquella relación –, aunque con sus hermanos habían mejorado.

- ¿Cómo puedes andar con esas cosas? – Le preguntó mientras ella, ya completamente vestida, se ponía los tacones.

- No seas plasta como mis hermanas, son cómodos. – Respondió sonriendo. – Sabes que siempre llevo tacones. Además, hoy tenemos reunión en casa.

- ¿Quiénes van?

- Las amigas de mi madre, ya sabes. – Se encogió de hombros. – Mi madrina, la madre de Jane y las demás. Sophie me dijo que vendría con Gideon.

- ¿Irá Leah?

- Claro. – Asintió.

- Salúdala de mi parte. – Ryan sonrió tristemente. Para él, Leah siempre sería la novia de Chad, pasara el tiempo que pasara. – ¿Cómo está el peque?

- Muy bien, cada día es más adorable. – Contestó. – Pronto podrás conocerlo.

- Sí.

- Tengo que irme. – Lo besó y acarició su mejilla. – Te veré en un mes.

- Hasta el mes que viene, cariño.

Cassie le dedicó una última sonrisa y salió de la celda. Cerró la puerta a su espalda y cerró los ojos sin poder evitarlo, conteniendo las lágrimas a duras penas. Un par de ellas resbalaron por sus mejillas y el auror que estaba esperándola para acompañarla a la salida – y al que ya conocía después de más de dos años de visitas – le dedicó una sonrisa comprensiva.

- Anímese, señorita Malfoy, ya queda un mes menos.

- Sí, lo sé. – Abrió los ojos y sonrió. – ¿Me acompañas fuera?

- Para eso estoy aquí. Vamos.


Carina Malfoy terminaba de preparar la mesa, ayudada por los elfos domésticos. Siempre le había encantado organizar comidas, cenas y eventos en general y era de esas anfitrionas que cuidaban hasta el más mínimo detalle. Su abuelo Draco decía que había sacado eso de su bisabuela Narcissa.

- ¿Todo bien, señorita Carina? – Le preguntó uno de los elfos cuando todo estuvo colocado.

- Sí, gracias. – Contestó con una sonrisa. – Está todo perfecto.

- Te doy completamente la razón.

Rose entró al comedor, se acercó a su hija y rodeó sus hombros con un brazo.

- ¿Te gusta, mamá?

- Mucho, cielo, gracias por tu ayuda. – Contestó. A veces pensaba que Carina era la única de sus hijos que no estaba malcriada y echaba una mano en casa. – Los demás deben estar al llegar.

- ¿Vendrán todos? – Preguntó, un poco dubitativa.

- Sí y, antes de que lo preguntes, eso incluye a Thomas. – La mujer negó con la cabeza. – Nunca entenderé por qué no te cae bien.

- Es un imbécil y un niñato. – Respondió mientras negaba con la cabeza.

- Yo creo que es muy simpático.

- No lo conoces.

- Lo que tú digas. – Rose suspiró. No sabía por qué se llevaban tan mal, pero no se soportaban desde que ambos eran pequeños. – Compórtate.

- Lo haré, no te preocupes. – Se encogió de hombros. – Debería haber invitado a Ian.

- Todavía estás a tiempo de llamarlo si quieres, aunque te recuerdo que pensabas que era demasiado pronto para presentarlo a la familia de forma oficial.

- Y lo sigo creyendo, llevamos muy pocos meses. – Se mordió el labio. – Supongo que con ignorar a Thomas me irá bien.

- Seguro. – La pelirroja le dio un beso en la mejilla. – ¿Vienes conmigo al salón?

- Sí, vamos.

Las dos se dirigieron hacia allí, donde estaban sentados Scorpius, Draco y Astoria Malfoy.

- ¿Ya está todo listo? – Le preguntó su padre, dedicándole una amplia sonrisa.

- Ha quedado genial. – Contestó Rose. – Carina tiene un don para organizar estas cosas.

- La sangre Malfoy.

Draco sonrió al decir aquello y su nieta no pudo evitar imitarlo, pero no pudo contestar nada ya que, de repente, la chimenea se iluminó y un pequeño de pelo moreno salió corriendo hacia ella, riendo sin parar.

- ¡Chad, estate quieto! – Exclamó su madre, sacudiéndose la ceniza y negando con la cabeza.

- Hola, pequeñajo. – La pelirroja lo cogió y el niño le dio un abrazo.

- Hola, Ina.

- Hola a todos. – Saludó Leah, sonriendo. – Siento la entrada, lleva toda la mañana muy nervioso deseando ver a todo el mundo.

- Es normal, está en la edad. – Contestó Rose, dedicándole una sonrisa comprensiva. – ¿Y tu madre?

- Discutiendo con mi padre para variar. – La morena puso los ojos en blanco. Sus padres jamás cambiarían. – Dan debe estar al llegar, ha ido a por Alex. ¿Lyra todavía no ha llegado?

- No, aunque no creo que tarde mucho. – Respondió Astoria. – Y Cassie está en Azkaban viendo a Ryan.

Scorpius no pudo evitar gruñir al escuchar el comentario de su madre y Rose apartó la mirada y apretó los labios. La mayor de los Potter, al darse cuenta de aquello, suspiró, al igual que la hermana pequeña de la aludida.

- Bueno, las esperaré sentada, si no os importa. Estoy agotada, el peque lleva despierto desde las seis y anoche volví tardísimo del Ministerio.

- Sabes que esta siempre ha sido tu casa, Leah.

La chica se sentó en un sofá libre y Carina, todavía con Chad en brazos, se colocó a su lado. Se entretuvieron jugando con el niño hasta que los demás empezaron a llegar. Primero Cassie, que se excusó por la tardanza; luego, Lyra, Ingrid y Orion; después Dan y Alex, seguidos poco tiempo después por Gideon, Sophie, Fred y Martha; luego Eliza, su marido, Angela y Remus – que llegaron en el autobús noctámbulo – y, por fin, James y Lizzy, que aparecieron dedicándose miradas un poco molestas, pero ya bastante más relajados que un rato antes. Comenzaron a saludarse unos a otros y en seguida el pequeño Chad se convirtió en el centro de atención. Todos querían jugar con él, le hacían cosquillas y carantoñas y lo cogían en brazos, pero el pequeño los ignoró en cuanto vio a aparecer a una de las pocas personas que faltaban.

- ¡Tito! – Exclamó, saltando de los brazos de Ingrid. Corrió hacia Matt, que lo levantó del suelo y le dio un par de vueltas en el aire.

- ¡Hola, campeón!

Carina suspiró entonces. Sabía quién venía ahora. Jane no tardó en aparecer seguida por sus padres y, por último, la única persona que no quería que estuviera allí. Thomas puso los ojos en blanco al verla y negó un poco con la cabeza. Lo único que esperaban ambos es que aquella comida terminara rápido.


¡Hola y bienvenidos a esta nueva historia! :)

Como muchos sabréis, es una "continuación" (por así llamarlo) de "Una nueva amenaza" y los protagonistas son los chicos de la 4 generación (la "saga" comienza con "24 años después", podéis encontrar todas las historias ordenadas en mi perfil).

Espero que os guste, ya me contaréis. ¡Bienvenidos de nuevo!

Un beso,

María :)

PD: Esta historia también está ya terminada en Potterfics e intentaré publicar todos los días (si no surge nada).