Los personajes están basados en los libros de Richelle Mead.
La trama está planteada como medieval y distópica . Habrá RoMitri. De una manera poco usual. Advertencia. Algunos conceptos pueden -y van a sonar- ofensivos y humillantes a la luz moderna. Pero es una distopía medieval.
El Nido
Aquí fue donde Anna Fyodorovna -la hija que el l Rey Fyodor tuvo con la Isha de fuego- reposó tras su larga huída. Aquí fue donde el Rey Rogelio Dragomir creó el primer refugio para los dhampirs -los hijos que ellos mismos engendraron en las simples humanas y mortales- perseguidos... o eso nos dijo -nos dijeron- por milenios. Y aquí que descubrieron que éramos mejores que ellos -y que sus magias y brujerías- para pelear.
Partió -primero- con el tentar a los que salían de la infancia -a quienes observaban en sus juegos de fuerza y destreza- para ser entrenados como algo menor a un Vigilante. Mucho menos que un Guardia. Pero mejor que un pastor de ovejas o un trampero.
Ni hablar de las Mujeres. Al inicio, querían separarlas de nuestros Hombres. Pero descubrieron que con ellos no se reproducían. Luego, incluso hablaron de sacrificarlas, así nunca más nacerían híbridos de la carne -así nos llamaban sus líderes de Culto- y al final, decidieron encerrarlas aparte. Renovarían la sangre tan mezclada con los humanos de su raza. Vivirían adentro. Por siempre. Eran de cría. No era más su valía.
Así fue como mi madre nació un día. Por decirlo así, claro. Las... Las nuestras parían. Pero no eran madres. Eso era sólo permitido para las Isha. Las que eran como nosotras -Mujeres- con magia, con derechos. Que gestaban y alumbraban a sus hijos... y los criaban. Bueno, eso decían. Se traían a las Amas de Crianza del Nido y se las devolvía... preñadas. Y sus crías -nosotros- éramos criados en ese gran Nido. Nadie era la cría de nadie.
La -me niego a decirle hembra, como llamaban a las preñadas- así que le diré Dhampir -que es cómo nos llamaban- que parió a mi madre -así aprendí a decirle a escondidas de todos, pues era como los Niños le decían a las suyas- fue llevada a ser Ama de Crianza de una Geveret -Señora- a la que llamaban Lady Alma. Era la Consorte de un Señor. Tenía un Niño ya -varón y orgullo de su Señor- y ahora esperaba el nacimiento de otro más. Si fuera Niña, sería intercambiada -en el futuro- por otra para su Niño.
Fue Niña -a la que llamaron Daniella-. Y era todo lo deseado. Acuerdos se firmarían. Y la Niña fue otorgada. Llegaría otra, -llamada Rhea- para su Niño Erik. Pero en el futuro, cuando Niña Daniella creciera.
Por muchos veranos, la Dhampir de mi madre -su madre- alimentó con su leche a Niña Daniella, hasta que ella ya lo la requirió más y fue entonces que devolvieron a la madre de mi madre -con otro como ella- en el vientre. Nunca supo de quién... ¿para qué?.
Cuando Niña Daniella y Niña Rhea entraron en sus lunas, se produjo el intercambio solemne. La Joven Daniella iría a un Joven Nat -en Casa Ishkov- y La Joven Rhea -de Casa Ozra- al Joven Erik. Pero apenas habían salido de sus infancias. En ese tiempo, aprenderían de sus nuevas Casas y el poder dentro de ellas. Cuando finalmente fueran consideradas listas -entre los 15 o 16 veranos- entonces consumarían y se volverían Ishas. Dejarían de serlo cuando fueran -finalmente-, madres. Entonces serían Geveret, un rango sólo superado por las Ladies, Consortes de los Señores de las Casas.
La Madre de mi madre -como ya había dicho- había llegado con Cría. Así eramos llamados. Y así fueron sus ciclos, eternos. Parió a su Cría y fue llevada a otra Casa y sirvió por otros veranos y llegó con otra Cría. Los Hombres servirían como Vigías y nosotras, las Mujeres... bueno. Eso no es necesario decirlo.
¡Ah, mi madre!, salió hermosa. Buena Cepa -decían de ella- Pequeña como Los Seres del Bosque -que a veces se invocaban en Lunas Llenas- pero era fuerte y más que muchos. Cuando llegó a sus lunas, fue enviada a servir, pedida por la Casa de Lady Alma misma. Eso sólo significaría una cosa... sería vendida.
A esa edad nos llamaban Colombas y Palomos. Mi madre era Colomba al ingresar a esa Casa. Serviría bebidas y comidas. Lavaría y plancharía. Y por los rincones se escondía. Tenía apenas 11 veranos. Afortunadamente, no sería vendida hasta estar bien madura para preñarse. Entre los 15 o 16 veranos. Para entonces, llevaría un lazo rojo en su cintura.
Y Él la vio ese día. Él -de los ojos oscuros, del cabello sedoso como un león, del cuerpo duro como piedra y de Magia de Tierra-. Se llamaba Señor Zmey. Ya tenía su Geveret y Niños. Peo puso sus ojos en la pequeña Colomba. Mi madre, Janie.
"Quiero a La Colomba de pelo rojo", dijo a Lady Alma, directo. "¿Cuánto por ella?".
"¿Pelo rojo, dices?, ah, La Colomba Janie. Hermosa, para ser Dhampir. Sí. Buena Cepa. ¿La llevarás a tu Casa, Señor Zmey?".
"No. Mi Geveret no me lo permitirá. Tengo negocios por aquí. Estaré por aquí. Pagaré bien por ella. Será mi Concubina por el tiempo que esté por aquí".
"Conoces las reglas, Señor Zmey. La Colomba...".
"Claro. Saldrá de mi Casa como corresponde. Será Mujer y -por sobre todo- probará ser Hembra. Sería una pérdida si no lo fuera. Ya hay demasiado pocas".
Así fue como mi madre -Janie- fue llevada a los aposentos que hospedaban al Señor Zmey. Vestida de blanco -era Colomba, una Dhampir virgen- y lista para entrar a su cama como su Concubina, como sería llamada desde ese momento y hasta que quedara preñada y pariera a su Cría.
Janie lloraba, cuando fue llevada. La edad no era importante para ellos. Los strigois los diezmaban, los Guardias, Vigilantes -ni que decir los Dhampirs Vigías -sus Hombres- morían jóvenes. Por eso tomaban Consortes muy jóvenes y ellas no podían ser mayores a ellos, no mucho, en todo caso. La muerte innatural se los llevaba pronto.
Janie lloraba cuando él entraba. Lloraba por su madre que apenas pudo conocer -muerta en el parto del último de ellos-, una cría macho que muy pronto a los lobos sería arrojado. Los mayores ya morían. Los menores... pronto lo harían.
Lloraba por su cruel destino. En la cama de ese Señor Zmey. Si, sabía como -o porqué- se parían los niños. Y había sido vendida a él. Él -quien se ocuparía de preñarla- para abandonarla más tarde. En un ciclo sin fin.
"No voy a hacerte daño", le dijo él, sentándose a su lado, "eres hermosa, como Los Seres del Bosque... en mi tierra les diríamos Jinn... ¡ah, está tan lejana, más allá que el Lejano Oriente!, las mujeres usan un velo sutil que vela sus hermosos rostros y nos enciende el deseo... sus ojos son oscuros como la noche y la piel es cálida como las arenas del desierto... Mi Geveret no es de ellas... Mi hermana Fatma fue dada a otra familia, apenas de 13 veranos y a cambio, yo recibí a Soraya... No hay paz entre nosotros... Pero no podemos quebrar la Unión hasta que todos nuestros Niños fructifiquen en los suyos propios... Allá... las Dhampirs no son encerradas... Muchas son tan hermosas que caminan custodiadas entre sus pares... Sí, tampoco pueden tener hijos con su raza -una pena para ellas- pero no las tratamos como las esclavas que aquí son...".
"¿Qué soy para tí?".
"¡Y la hermosa Genio del fuego habla!, quisiera llevarte conmigo, Sihaya, pero nunca podría, hasta convertirme en abuelo y -para entonces- ambos estaremos viejos y ajados... No, Hermosa. Quedarás para siempre marcada como mi Concubina. Nadie podrá tocarte -jamás- y sólo yo podré reclamarte como Mía".
"Pero, eso es una Utopía... Eso implica...".
"Que recibiré a tu bebé en mis rodillas, cuando el momento sea propicio".
"¿Porqué quieres hacer esto conmigo?, soy sólo una Colomba".
"Eres una doncella. Dhampir. Y quiero protegerte. Yo iré y vendré y siempre estaré contigo. Si en el tiempo ya no quiero que estés conmigo más... Te liberaré a mitad de camino... pero no serás una más ente las yegua de cría de este lugar. Produciendo ladrillos contra los cuales los strigois se estrellan... o más Doncellas para generar crías".
"¿Y cómo lo hacen en tu tierra?".
"Magia, obviamente", sonrió. "Y no sólo de Tierra -la mía- todo tipo de Magia".
El Señor Zmey la depositó sobre la cama blanca como la nieve, sin soltar su vestido de su cuerpo. No, no la violaría -como lo eran todas las inocentes Colombas- sino que, lentamente, iría revelando su delicada piel de ángel. Besó su piel y acarició su cuerpo, subiendo sus manos por bajo el ruedo y llegando a su copa virginal. La otra, soltó los lazos a la altura de los pechos y los reveló -abundantes, no como su pequeño cuerpo- y los cogió a mano llena. Una en su copa, la otra en sus pechos y Janie abrió los ojos, enrojeciendo.
Cuando -ya sobre ella- sintió la intrusión de su miembro como ariete en fortaleza, ya su cuerpo no le pertenecía, estaba en las nubes eternas. La sangre corría -fresca- pero por sus venas. El corazón le latía como en una carrera y un grito gutural salía de entre sus entrañas, liberado como una tormenta. Ya no era virgen, ni menos una Colomba. Y al término del día -La Mujer- Janie fue llamada Concubina.
El Señor Zmey no era como los débiles hombres Magos de su tierra natal. Era sol y piedra. Calor y fuerza. Ella era joven y fresca. Él era fuerte. Fértil como los oásis. Y las entrañas de Janie se abrieron a su influjo. Concibió. ¡Ah, la Dulce Espera!
"Mi Concubina no ha de ser tocada", dijo firmemente al Señor Fredik, cuándo éste sugirió devolverla a su lugar y traerle a una más fresca, "lleva una criatura en su vientre y quiero que lo conserve en mi Casa, mientras yo no estoy acá. Yo iré y vendré. Y la quiero permanente en mi cama. Pagué por ella. No por una, Señor Fredik. Lo acordé con Lady Alma".
"Inusual".
"Vengo de Lejanas Tierras, Mi Señor. Mi Geveret me espera y sabe que voy y vengo. Tengo mis Niños -como cualquiera- y mis negocios por allá y por acá... Mi Concubina no ha de ser tocada".
"Así se hará, Mi Señor. Nadie tocará a su Concubina Janie. Estará... en servicio en Mi Casa. Nadie le hará daño. Inusual. Pero pasa".
Así fue como Janie fue retenida en la Casa de Lady Alma. Fue asignada como cuidadora del Niño Ander -hijo mayor de Geveret Rhea con el Señor Erik- mientras su vientre crecía y crecía.
Fue entonces que, muy cerca del parto, una buena noticia llegó a sus oídos. Geveret Rhea estaba nuevamente encinta. Y sería ella quien nutriría a su nuevo bebé. Con la leche del que ella misma pariría... en esos mismos días.
El Señor Zmey llegó de vuelta días antes del parto de su Concubina, a quien se llevó a sus aposentos, para su tranquilidad absoluta.
El dolor del parto despertó a Janie en el alba de ese día. El Festival Equinoccial. Día de Fiestas y regocijos. La partera no estaría. Y ella no tenía a nadie más que a si misma.
"Yo recibiré a tu bebé en mis rodillas", le dijo el Señor Zmey, "He recibido a cada uno de los míos con Soraya. Éste es mío, también. Está decidido".
Agua hirviendo -para limpiar los artilugios- sábanas y mantas limpias, para recibir lo que sería suyo. Janine era pequeña. Él -fornido como un toro semental- el parto sería lento... y sufrido.
Un llanto trajo la luz de su día. ¡Una bebé, una cosita preciosa!. Una pelusa oscura coronaba su cabeza pequeña y somnolientos ojos oscuros que pestañeaban y se cerraban, reclamando el horario y el tiempo.
"Rossa, la llamaremos Rossa. ¡Tengo una hija Dhampir!", gritó a todo pulmón, a sabiendas que nadie lo escuchaba, pero era parte del ritual de nacimiento. "Rossa, Zmeyette, mi hija hermosa".
Dos días después, partió a su Casa -con su Geveret-, dejándolas solas. Sería así, siempre. Pero antes de irse, un consejo debió darle.
"Rossa deberá irse. Te protegí. No podré hacerlo con ella. Puedo llevarte a tí. No a ella. Lo sabes. Prepárala. Como mi Concubina, nadie podrá tocarte. Nadie la tocará... hasta volverse Colomba, también. Yo me iré y volveré. Pero deberás estar lista para verla partir".
Verla con su hija a cuestas era algo inusual. Las Dhampirs no eran madres -se decían- no nacía de ellas serlo. Entonces, ¿porqué no la entregaba al Nido?. Pero allí iba ella con su cría. Su Rossa. Zmeyette -le decían- porque su madre era La Concubina del Señor Zmey y él las reconocía como propias.
Geveret Rhea dio a luz a una Niña -Wissa- y Janie fue de inmediato llamada. Estará allí hasta que Niña Wissa ya no la necesitara y ambas -Niña y Cría Dhampir- crecerían juntas.
Isha significa mujer y Geveret es -literalmente- Señora. Sihaya es Primavera en el Desierto. Lo tomé de Duna. Colomba significa paloma. Pero en algunos usos, son parte de una hermosa tradición similar a vírgenes vestales. Sostienen los Cirios en un templo. Son la pureza de la luz.
