Después de la carta amor.
Capítulo 20
-La neblina oscura es muy espesa…- susurraba Eriol dentro de su nueva mansión, siempre con un aire oscuro y tenebroso.
Frente a él, descansaba una suerte de tablero de madera negra y toques dorados, sobre la cual descansaban 3 cartas que flotaban desprendiendo un aura color morado. Las cartas eran "Tiempo", "Luz" y "Verdad". Con ellas intentaba vislumbrar qué había sucedido aquella terrible noche de navidad.
Sin embargo, el manejar estas cartas absorbía muchísima energía y aunque Eriol era el mago más experimentado en Tomoeda, esto no significaba que después de un rato utilizándolas, no empezara a sentirse agotado.
Además, existía una niebla oscura que nublaba la visión casi por completo. Había podido percibir una batalla donde participaban todos, incluidos los visitantes de Australia, contra lo que parecía ser una bestia enorme.
Sin embargo, todas eran sólo interpretaciones. Los fragmentos de realidad que percibía eran muy escasos y cortos en el tiempo. Era como armar un rompecabezas a oscuras.
Eriol decidió detener su magia un momento y sostuvo su cabeza con una mano, en señal de agotamiento. Spinel voló hasta él, preocupado.
-Amo, ¿estás bien?- sonó su voz infantil y aguda.
-Sí Spinel, no te preocupes por mi… sólo… sólo es que no puedo lograr ver qué sucedió ese día por más que me esté esforzando. Algo o alguien generó también un escudo mágico que me impide ver… y lo que sea que lo haya creado, es alguien más poderoso que yo…-
Spinel voló en silencio un momento y afirmó con su cabeza antes de regresar a una mesa cercana donde descansaba.
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Tomoyo se había ausentado ya 3 días, todas las mañanas, para ir a la casa de Eriol. Esto era todo lo que sabía Sakura y aquello le resultaba curioso.
-¡Regreso más tarde Sakura!- Este era el cuarto día y Tomoyo se despedía desde la puerta de su habitación. Sakura, aún bajo las cobijas, se despedía sonriente.
La ojiverde, incluso le había pedido a Tomoyo el acompañarla el día anterior, pero su amiga con mucho pesar le había tenido que explicar que sólo podía ir ella. Tuvo que mentirle, diciéndole que estaban realizando negocios entre las empresas Daidouji y Eriol quería invertir económicamente en ellas.
Sin embargo, aunque Sakura era inocente y despistada, no era tonta, por lo que percibió en el nerviosismo de su amiga, un secreto.
Pero, en lo que no atinó Sakura, era en el significado de dicho secreto. Notaba a Tomoyo nerviosa por ver a un chico y lo único que se le ocurrió fue que Eriol y su mejor amiga, estaban teniendo un romance.
Aun así, Sakura despertó una emoción de curiosidad extrema y se debatía en hacer algo que consideraba terrible. Espiar a Tomoyo.
Pensó, en que Tomoyo solía hacer eso a menudo con ella y no sólo lo hacía con su mirada, si no que solía grabarlo todo. ¿Qué tan malo era si ahora ella, por curiosidad, decidía investigar el secreto de su mejor amiga?
Además, Sakura tenía una gran ventaja, ella podía usar sus cartas para ingeniárselas. Tomoyo sólo usaba sus inigualables técnicas de espionaje. Así, que después de debatirse por unos segundos, se decidió a saber el secreto que su amiga no le estaba confiando.
Primero utilizó la carta "Espejo" para dejar a una doble de Sakura en casa, sólo por si era necesario. Le pidió que se mantuviera en cama y fingiera sentirse enferma, para que no tuviera que interactuar mucho con nadie.
Aquello le recordaba viejos tiempos en los que tenía que hacer esto para que su hermano no la descubriera como una Card Captors.
Después, utilizó la carta vuelo desde la ventana de su habitación, no sin antes asegurarse que nadie la estaba viendo y decidió volar muy alto para no ser observada con facilidad.
Desde las alturas, pudo notar que Tomoyo estaba caminando por la calle, algo extraño ya que ella siempre solía usar su limosina. Dos guardias le acompañaban escoltándola.
Permaneció en su vuelo mientras notó que su mejor amiga había rodeado el cuadrante de su mansión y se había detenido justo en la mansión de atrás, que hasta donde Sakura sabía, también era una propiedad de la familia Daidouji.
Tomoyo entró a esta mansión y fue recibida por Eriol. Aquello molestó a Sakura, ya que Eriol se había encontrado todo este tiempo tan cerca y no la había invitado, por lo menos a tomar el té.
Eriol y Tomoyo entraron a su mansión y se perdieron de la vista de Sakura, por lo que la ojiverde descendió rápidamente para tratar de seguir observando lo que sucedía. Aterrizó silenciosamente en los jardines de la mansión de Eriol y se apresuró a usar la carta "Lucid" con la cual podría ser "invisible" a los ojos de sus amigos.
Saltó por una ventana abierta y logró ver que Eriol y Tomoyo salían a un pequeño jardín trasero, techado como si se tratara de un invernadero.
Eriol, cerca de Tomoyo, le susurró.
-Sakura está aquí, parece ser que la curiosidad la ha vencido…-
Tomoyo abrió los ojos con sorpresa.
-Sígueme el juego Tomoyo, tenemos que despistarla…- comentó nuevamente Eriol con suspicacia.
Eriol y Tomoyo tomaron asiento en la mesa del jardín. El galante chico se apresuró a hacer crecer su báculo frente a su acompañante y utilizó la Carta "Naturaleza" para hacer aparecer las más bellas rosas silvestres. Después utilizó la Carta "Regalo" para envolverlas adecuadamente.
Posteriormente se arrodilló frente a Tomoyo, que miraba todo con las pupilas dilatadas. Ella comprendía que esto era un espectáculo para que Sakura no supiera aún del entrenamiento mágico que estaba teniendo todos los días, pero el cómo estaba encubriéndolo, le ponía los nervios de punta.
El chico se aclaró la garganta antes de hablar.
-Tomoyo, hoy no he querido esperar más. Hoy quiero darte estas flores como muestra de mi aprecio y deseo revelarte mis más profundos sentimientos. Quiero pedirte… no, más bien, quiero implorarte que seas mi novia y que nuestro amor dure y jamás se vea en peligro, salvo por una amistad cercana que se atreviera a traicionarnos haciendo algo malo o prohibido, como espiar una reunión privada…-
Ante aquellas últimas palabras, Sakura abrió los ojos impactada. ¿Eriol ya sabía que ella estaba ahí? Porque si no lo sabía, ella no podía permitir que Tomoyo aceptara esa promesa tal cual Eriol la había pronunciado. Ella, Sakura, estaba ahí y no quería ser la causa de que su amor fracasara.
-¡Esperen!- gritó Sakura, apareciendo junto a ellos en el jardín. -No hagan esta promesa ahora. Lo he arruinado, es toda mi culpa…- sus ojos verdes empezaron a inundarse.
-¡Sakura!- pronunció Tomoyo con voz 2 octavas más aguda, simulando sorpresa.
Eriol observaba todo con tranquilidad, sonriente.
-Es imposible que no notara tu magia, querida Sakura… ¿Porqué has decidido venir aquí a escondidas?- comentó el chico con una voz suave, pero reprendiéndola.
Sakura bajó la mirada, molesta y triste por haber arruinado la ocasión.
-Por favor perdónenme… se que lo he arruinado, pero por favor, vuelve a pedírselo Eriol…- Sakura parecía muy preocupada porque al final, la proposición fuese hecha.
Eriol afirmó con la cabeza.
-Tomoyo, lamento la interrupción. Volveré a empezar. Hoy no he querido esperar más. Quiero darte estas flores como muestra de mi aprecio y deseo revelarte mis más profundos sentimientos. Quiero pedirte… no, más bien, quiero implorarte que seas mi novia y que nuestro amor dure y jamás se vea en peligro, ¿Quieres ser mi novia?… -
Tomoyo no sabía qué responder. ¿Era esta una proposición real? ¿Era parte de la mentira que estaban creando para que Sakura no descubriera la situación del entrenamiento mágico?
Eriol era un gran actor, realmente parecía implorar su amor, eso sí, sin perder el porte. ¿Qué debía responder?
-E… Eriol… ¿Puedo pensarlo?- respondió Tomoyo precavida.
-¡No, Tomoyo, no!- gimió Sakura molesta. – Sé que lo he arruinado, pero por favor, responde que sí…- la castaña se acercó a Tomoyo y se arrodilló a su lado, implorándole no negarse.
Aunque el ruego de Sakura parecía cumplir efecto, un silencio incómodo apareció en la reunión.
-Sakura, Tomoyo tiene todo el derecho a pensarlo. Por mi está bien que ella se tome el tiempo que considere necesario para responderme…- respondió Eriol tranquilo y sonriente, mientras hizo desaparecer las flores y en cambio, apareció un juego de tazas de porcelana, té y galletas.
Sakura vio como desaparecían las flores con terror. Lo había arruinado, como nunca, estaba enfurecida con ella misma.
-Pero, no vamos a desperdiciar esta ocasión ¿verdad? Por favor, Sakura, acompáñanos a tomar el té mientras hablamos de negocios…-
Eriol apareció una tercera silla para Sakura, donde la castaña se sentó cubriendo su mirada con el cabello. Estaba muy triste y enojada, emociones no muy comunes en ella. Tomo una galleta y se la llevó a la boca en silencio y así se mantuvo prácticamente toda la reunión, donde Eriol llevó una junta de negocios ficticia, que de todas formas Sakura no comprendía.
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En este cuarto día, Shaoran, Ranma y Genma ya habían avanzado aproximadamente 600 kilómetros. Se encontraban bien adentro de la China continental y se dirigían al Norte, rumbo a la triple frontera donde se encontraban los lagos encantados de Jusenkio.
La comida se les había acabado esa mañana, por lo que a partir de ahora tendrán que estar listos para cazar cualquier animal silvestre que pudiera servir de comida.
Shaoran a lo largo del tiempo crecía en talla y en altura. Poco a poco su cuerpo se iba fortaleciendo, iba creciendo y convirtiéndose en un guapo jovencito que se asemejaba más a Ryoga, el amigo y enemigo de Ranma.
Los días bajo el sol eran largos, con rutas de 18 horas diarias al menos. Aunque pronto podrían refrescarse cuando tuvieran que pasar horas enteras nadando, al cruzar el mar de Japón.
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Por otro lado, Ryoga, de quien hablábamos hace un momento, es un excelente guerrero de artes marciales, además de poseer un corazón noble y comprometido.
Él, estuvo enamorado de Akane durante muchos años y procuró evitar que Ranma se casara con ella siempre que pudo. Sin embargo, al final, el amor de Ranma y Akane floreció. Ryoga tuvo que aceptar que había perdido a su amada y que jamás tendría otra oportunidad.
Mientras esto sucedía, vivió un romance con Ukio, una bella chica japonesa, también especialista en artes marciales y excelente cocinera. Sin embargo, su romance no llegó al punto de formalizarse en matrimonio, ya que Ukio deseaba que Ryoga le ayudara en su negocio de comida, mientras que el chico, deseaba seguir teniendo viajes de entrenamiento para algún día vencer a Ranma en batalla.
Dentro de esos viajes, varios años atrás, Ryoga también había visitado los Lagos encantados de Jusenkio y había sufrido su maldición. Al contacto con agua fría, se convertía en un cerdito negro, que solía usar un pañolete amarillo.
Así, ahora Ryoga viajaba una vez más en su deseo de fortalecerse y caminaba en Tomoeda, completamente perdido. Una característica particular en él era tener un pésimo sentido de la orientación y terminar en el extremo contrario del país.
Aunque en honor a la verdad, en esta ocasión Tomoeda y Nerima no estaban tan retiradas una de la otra.
Por la noche de ese mismo día, Ryoga se encontraba frente a una enorme mansión, justamente la de Eriol y tocó el timbre. Fue recibido por el propio Eriol, que lo miraba con sorpresa.
-So… soy Ryoga Hibiki… por fin he llegado…- comentó el chico japonés, cayendo al piso inconsciente, claramente agotado.
Eriol lo miró con una sonrisa en el rostro.
-Has llegado 2 semanas tarde… honestamente creí que nunca vendrías…-
-Lo lamento mucho… me he perdido varias veces en el camino. Salí con 1 semana de anticipación y aun así no logré llegar a tiempo… le ofrezco mis disculpas…-
Eriol ayudó a levantar al chico y lo hizo pasar a su mesa de jardín, donde disfrutaba llevar sus reuniones.
Pronto hizo aparecer abundante comida con su magia y la carta "Banquete" mientras Ryoga miraba todo con mucha sorpresa.
-¿Esto se puede comer? es magia…- comentó desconfiado.
-Sí, puedes comerlo. Efectivamente es magia, no son alimentos reales, pero te aseguro que su efecto en tu cuerpo será exactamente el mismo. Repondrás energías y saciarás tu apetito- comentó Eriol con tranquilidad.
Ryoga empezó a morder un pedazo de pan y una pierna de pollo cocinada con especias. Descubrió con sorpresa que el sabor era exquisito, por lo que empezó a devorar la comida rápidamente.
-Ryoga, gracias por venir. Noto que te ha tomado más esfuerzo de lo esperado. Te he citado aquí porque necesito un maestro de artes marciales para entrenar a un equipo de guerreros mágicos.
Probablemente conoces a Ranma Saotome, el cual parece ser el maestro joven de artes marciales más famoso de Asia…-
Ryoga frunció el ceño al oír el nombre de su amigo y enemigo.
-Pero, he escuchado que un guerrero fue el único capaz de vencerlo en varias ocasiones y ese eres tú, Ryoga. Yo sé que el nivel de sus poderes siempre ha estado muy cerca el uno del otro y creo que tú eres la mejor opción…-
Eriol había omitido que realmente sí había intentado contratar a Ranma como maestro, pero que no había podido dar con aquél guerrero, ya que se encontraba de viaje en China.
-¿Cómo sabe esa información?- comentó Ryoga aún masticando.
-Me lo dijo Akane Tendo, de Nerima. Ella fue quien me recomendó tus servicios y me explicó lo fuerte que eres…-
-¿Akane le habló de mí?- sonrió Ryoga, pensando en su amada y en el cómo la había perdido.
-Efectivamente, ella respondió al teléfono cuando llamé…-
Ryoga afirmó complacido con la comida y las noticias.
-Sólo pido un lugar donde poder dormir y algo de comida…- comentó el guerrero en artes marciales.
-Oh… descuida, en realidad ganarás más que eso. Te ofrezco un sueldo de 100,000 yenes mensuales, alimentos incluidos, una habitación en esta mansión y entrenamiento mágico para que no sólo seas un gran guerrero físico, si no también mágico…-
Ryoga se atragantó con la comida mientras oía todo. 100,000 yenes mensuales era al menos 3 veces lo que solía ganar en el restaurante con Ukio.
-Entonces es un trato, joven Eriol…- comentó Ryoga con respeto.
-Perfecto. El día de mañana iniciaremos los entrenamientos, hoy tienes la noche libre…- comentó Eriol con una sonrisa, mientras hacía aparecer un brazalete con una brújula que le entregó a Ryoga.
-¿Qué es esto, joven Eriol?-
-Úsala como muñequera. Sigue siempre la flecha para regresar aquí. Es una brújula especial que impedirá que te pierdas en Tomoeda…-
Ryoga siguió la orden y se la colocó con alegría.
-Esto será de mucha utilidad…- agradeció.
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Las aventuras no terminan en "Después de la carta amor. Preludio" así que sigue atento a los siguientes capítulos, para que podamos gritar juntos: ¡Libérate!
