Capítulo 5: ¿Puedes guardarme un secreto?

Aquella noche de octubre la niebla había invadido casi por completo el valle en el que se encontraba localizado el antiguo pueblecito de Pequeño Hangleton, una villa fundamentalmente habitada por muggles, situada en la parte norte de Inglaterra.

La espesa niebla, sumada a la oscuridad reinante, reducía drásticamente el ratio de visión a unos escasos dos metros, por lo que las tenues lucecitas que emitían algunas de las chimeneas y candiles encendidos en las viviendas apenas eran apreciables, dando la impresión de luciérnagas perdidas en medio de la bruma.

La brisa fresca de la noche, agitaba con intensidad las hojas de los árboles, enfriando cada centímetro de tierra a su paso.

No era ni mucho menos la noche más idílica para ir a pasear por el pueblo, por lo que la mayoría de sus habitantes se encontraban ya en sus respectivos hogares con sus familias, resguardándose del frío junto a las llamas del fuego. Incluso los propietarios del Ahorcado, la concurrida taberna del pueblo, habían decidido cerrar sus puertas por ese día.

No obstante, había una intensa luz que si era visible aquella tétrica noche, la que emitía la ancestral mansión de la familia Ryddle, y que al estar situada en lo alto de una colina, presidiendo el pueblo, no había sido invadida completamente por la neblina, como había sucedido con el resto de viviendas.

Hacía un tiempo que los habitantes habían notado movimiento en la siniestra mansión, pero nada comparable a lo de ese día, por suerte no había ningún testigo para dar cuenta de ello.

Y es que precisamente esa noche se celebraba una reunión de vital importancia en la misma, decenas de magos de las más destacables familias sangre limpia del país, habían acudido sin dudarlo a la cita, alentados por una promesa de cambio.

Un cambio que llevaban esperando demasiado tiempo.

—Mi Señor Oscuro, los invitados ya han llegado y le esperan en el salón principal — informó una joven de ondulado cabello oscuro y cinceladas facciones, desde el umbral de la puerta de la habitación principal de la mansión.

—Está bien, joven Bella, infórmales que enseguida me reuniré con ellos — contestó un apuesto hombre de cabello negro, sin separar en ningún momento la mirada del empañado vidrio de los cristales de la ventana y sin volverse para mirar a la chica.

—Mi señor, espero que no le moleste que le pregunte esto pero, ¿ya ha pensado qué hará con la chica? — se atrevió a preguntar la muchacha invadida por la curiosidad.

Para la mayoría de los magos, el autoritario hombre parado a pocos metros de ella inspiraba como poco terror. No solo por su semblante serio, que solo era sustituido en contadas ocasiones por sonrisas sádicas, si no porque era capaz de matar a cualquiera que se atreviera a decirle alguna palabra inconveniente.

Pero curiosamente a la muchacha no le inspiraba temor, más bien admiración.

Posiblemente tuviera atrofiado su instinto de supervivencia, o había sido completamente invadida por la locura, pero a decir verdad, eso era lo que le gustaba tanto de ella, y por lo que la había permitido acercarse tanto a él, pues era de las pocas personas en el mundo que no le temía.

—Todo a su debido tiempo, querida Bella — sonrió complacido por su valentía — Por lo pronto, es imperativo aumentar cuanto antes nuestra influencia en Hogwarts, ¿has hablado ya con tu sobrino? — preguntó con curiosidad.

—Aún no he tenido oportunidad, pero lo haré en cuanto vuelva a casa por Navidad — prometió la morena con decisión.

—Bien, será una pieza fundamental para nuestro plan, así que lo necesitamos de nuestro lado. Y en cuanto a la chica, tengo ojos en todas partes por lo que no tienes de qué preocuparte, no habrá ningún problema para atraparla — la tranquilizó, a la vez que se aproximaba hacia ella y le acariciaba el rostro con sus heladas manos.

La chica cerró los ojos y se estremeció ante su contacto.

No acostumbraba a tener gestos de cariño con nadie, después de todo el amor era algo que nunca había conocido, pero ella le agradaba y era una buena forma de tenerla controlada.

—Bajemos — ordenó autoritario separándose de golpe, para a continuación, pasar junto a ella y atravesar la puerta en dirección al piso inferior.


Regulus Black iba camino de las Mazmorras, tras tres horas de intenso estudio en la biblioteca. Era sábado por la tarde y sentía que la cabeza le explotaría de un momento a otro. Posiblemente hubiera dado demasiado de sí mismo aquel día, pero a decir verdad, sus padres solo aceptaban la excelencia y los primeros exámenes del curso estaban cerca, por lo que debía dedicar todas las horas que le fuera humanamente posible, para conseguir sacar Excelente en todas las materias.

Normalmente no le costaba tanto esfuerzo, pero desde que cierta rubia se había colado en sus pensamientos y en sus rutinas de estudio, sentía que tenía que esforzarse el triple para conseguir centrarse.

El moreno atravesó la pequeña biblioteca que daba paso a la puerta de la mazmorra donde se encontraba situada la sala común de Slytherin, y accedió completamente perdido en sus pensamientos, sin reparar en la existencia del resto de alumnos que estaba allí en ese momento.

—Mirad quién ha decidido honrarnos con su presencia, el señor Regulus Black — expuso Alexander Nott en tono de burla cortándole el paso al muchacho, seguido muy de cerca por sus leales gorilas, Avery, Crabbe y Goyle.

—Nott — saludó Regulus sin demasiado entusiasmo, tratando de zafarse cuanto antes del muchacho.

El slytherin comenzó entonces a dar vueltas alrededor del moreno como si estuviera estudiándolo con detenimiento.

—¿Necesitabas algo? — preguntó Regulus en tono cortante, incómodo por su repentina cercanía.

—El resto de chicos y yo nos preguntábamos desde cuándo tú y Alison Potter sois tan cercanos — inquirió con una sonrisa maliciosa dibujada en el rostro.

Regulus le fulminó con la mirada.

—Es la prometida de mi hermano — contestó tajante, sin hacer ninguna aclaración más al respecto.

No deseaba hablar con nadie de la naturaleza de la relación que tenía con la rubia, y mucho menos con alguien como Nott.

—¿Estás seguro de que sólo eso? — insistió el slytherin observándole desafiante — Después de todo, ya sabes quiénes son sus compañías habituales, sangre sucias y traidores a la sangre, por lo que entenderás que nos preocupe ligeramente que lo que hacemos aquí, trascienda de la sala común de Slytherin — inquirió en tono serio, cada vez más cerca de Regulus.

—No es nada de eso — aseguró el muchacho, sin apartar los ojos en ningún momento de los de su compañero de casa.

Nott pareció meditarlo durante unos segundos antes de volver a hablar.

—No te creo — escupió con desprecio, haciendo patente la rabia y desconfianza que sentía, y que hasta el momento había ocultado su característico sarcasmo y bravuconería.

—Pues ese es tu problema, no el mío — replicó Regulus con valentía.

Es posible que no fuera tan valiente como su hermano Sirius, pero tampoco era el tipo de persona que se deja pisar. No dejaría bajo ningún concepto que nadie le dijera de quién podía ser amigo y de quién no, y mucho menos un par de fanáticos palurdos que no juntaban entre todos un par de neuronas operativas.

—Respuesta incorrecta — escupió el slytherin para, acto seguido, lanzar un derechazo directo al estómago del muchacho.

Regulus gimió y se dobló de dolor como consecuencia del impacto, llevándose instintivamente las manos al dolorido estómago.

Nott sonrió complacido, secundado por las risotadas de sus gorilas.

—Regulus, Regulus, son tiempos difíciles y deberías empezar a tener claro a quién estás dispuesto a brindar tu lealtad — aseveró volviendo a caminar alrededor del moreno, que todavía no había logrado recuperarse del primer impacto.

Y tras pronunciar estas palabras, volvió a lanzar su puño en dirección al muchacho, esta vez contra su rostro.

Regulus le miró con rabia.

—No sé qué es lo que esperas que diga exactamente, pero no vas a conseguir meterme en tu juego. Tú haz lo que quieras, yo no voy a tatuarme nada en el brazo, para después ir por el colegio creyéndome inmortal, sólo eres un niñato insignificante, Nott. Él ni siquiera repara en tu existencia, no eres más que un insecto minúsculo en sus planes.

Se atrevió a decir Regulus, y tras hacerlo escupió sobre sus pies la sangre que contenía en la boca como consecuencia del golpe, manchando con ella los carísimos zapatos italianos de su compañero de casa.

Nott, cegado por la rabia de su desafío no tardó demasiado en reaccionar, lanzando al moreno contra el suelo. Tras lo cual, tanto él como sus amigos, comenzaron a pegarle patadas por todas las partes del cuerpo, mientras el muchacho hacía lo imposible por cubrirse, tratando de evitar la mayor cantidad de golpes posibles.


Alison Potter caminaba por el pasillo de las Mazmorras en busca de algunos ingredientes con los que preparar una buena dosis de poción alisadora, con el fin de adecentar su pelo y el de sus amigas para la fiesta de Halloween que se celebraba el día siguiente.

El profesor Slughorn le había dado hacía ya tiempo una copia de la llave del armario de los ingredientes, para que la muchacha pudiera practicar cuánto quisiera, dada su maestría y el profundo interés en la materia que acostumbraba a demostrar, con la condición de que los empleara con responsabilidad y únicamente con fines académicos. Y vale que una poción alisadora no era el sumun de la maestría en Pociones, pero era útil, por lo que no malgastaría ingredientes, y no podía hacerle daño a nadie con ella.

No obstante, para su sorpresa, cuando se disponía a abrir la puerta del aula de Pociones, divisó a pocos metros de ella a un alumno tirado en el suelo, que no era otro que su amigo Regulus Black, por lo que corrió rápidamente hacia él.

El chico estaba completamente cubierto de sangre y tenía una mueca de dolor constante dibujada en el rostro. Pero por suerte, estaba consciente, por lo que por un momento respiró tranquila, antes de arrodillarse junto a él.

—Reg, ¿estás bien? ¿qué te ha pasado? — interrogó preocupada, sosteniendo con cuidado la mano del muchacho.

—Yo, intenté llegar al baño — trató de explicar el moreno tragando saliva.

Regulus tenía una pinta horrible, su rostro estaba completamente lleno de rasguños y de su labio partido emanaba un hilillo de sangre, por no hablar del morado intenso que lucía su ojo derecho.

—¿Ha sido…? — se atrevió a preguntar la rubia sin ser lo suficientemente valiente como para pronunciar su nombre.

—¿Mi hermano?. No — aseguró leyendo automáticamente el pensamiento de la chica.

Alison respiró algo más tranquila, mientras ayudaba al muchacho a incorporarse del suelo con gran dificultad.

Regulus era bastante delgado pero aún así debido a su altura, superaba bastante a la rubia en lo que a peso se refería, por lo que levantarlo no fue precisamente fácil.

—Tenemos que ir a la enfermería — constató observando de cerca la gravedad de cada una de sus lesiones.

—No puedo ir a la enfermería, Alison. Si lo hiciera tendría que dar explicaciones de por qué estoy así y no puedo hacerlo — suspiró el chico, apoyando parte de su peso sobre el hombro de la muchacha.

Estaba tan dolorido que a duras penas conseguía mantenerse en pie

—Pero Reg… — trató de decir ella, visiblemente preocupada.

—No puedo — insistió fijando sus ojos en los de la chica, para que entendiera que hablaba completamente en serio.

Alison suspiró no demasiado convencida.

—Está bien, pero deja al menos que te cure — suplicó con un hilo de voz.

Regulus simplemente asintió, a decir verdad, no tenía demasiadas fuerzas para discutir con ella en ese momento.

La rubia le guío en dirección al séptimo piso, hacia la sala que había compartido con Sirius tantas otras veces. Quizás no era la mejor opción, pero a fin de cuentas, era un sitio seguro, donde no acostumbraba a ir nadie.

Por suerte para ellos, dado que la mayor parte de los alumnos se encontraban en los exteriores del castillo aquella tarde, no se cruzaron con nadie por el camino.

—Espérame aquí, por favor. Voy a la habitación a por mi botiquín y vuelvo enseguida — anunció dejando al moreno solo en la sala.

Y tal y como había prometido no tardó más de un par de minutos en regresar.

—Listo — pronunció atropelladamente, tratando de recuperar el aire que había perdido como consecuencia de la intensa carrera hasta su habitación.

Regulus sonrió agradecido y se sentó sobre la mesa de madera, para estar a la altura de la muchacha, y que así le fuera más fácil curarle.

La rubia abrió el maletín y partió un pedazo de algodón con sus manos para, al instante, empaparlo en una especie de líquido transparente que desprendía un olor realmente fuerte.

La muchacha limpió con cuidado la sangre de la barbilla de Regulus, antes de hacer presión con el algodón sobre el labio partido del muchacho, provocando que el moreno soltara un quejido de dolor.

—Necesitarás hielo para ese ojo — observó.

Y tras decirlo, conjuró con su varita unos cubitos de hielo y los envolvió en un paño, antes de pasárselos al muchacho.

—Creo que ya estás — informó, poniendo instintivamente una mano sobre el pecho del chico, que inevitablemente, se estremeció de dolor ante su contacto.

Alison sorprendida le miró interrogante.

—Quítate el jersey y la camisa — exigió autoritaria, sin un ápice de diversión en su tono de voz.

—No creo que… — trató de decir el moreno.

Pero la mirada de ella le impidió continuar la frase, por lo que devolvió a la muchacha el paño con el hielo, y en la medida que le fue posible, se deshizo tan rápido como pudo de su jersey y su camisa.

Todo su cuerpo pálido estaba completamente cubierto de moretones violáceos.

Era mucho peor de lo que la chica había imaginado.

En un primer momento pensó que quizás Regulus se había metido en una pelea, pero estaba claro que no había sido así, al moreno le habían dado una paliza entre varias personas, si no no tendría esas lesiones tan graves.

Instintivamente, pasó las yemas de sus dedos por el pecho del muchacho, que giró la cara a un lado completamente avergonzado.

Se sentía inútil. No era y nunca sería como su hermano. Era un cobarde, era débil.

Las manos de la chica continuaron recorriéndole con ternura, examinando con detenimiento cada una de las magulladuras, sin poder evitar que una expresión de preocupación se instalara de forma permanente en su rostro.

—Reg, tienes que ir a la enfermería, es posible que tengas alguna costilla rota. Los moretones son muy feos — informó notablemente preocupada.

—Yo no… — trató de decir el muchacho, antes de que ella le interrumpiera.

—Por favor, no me obligues a soldarte los huesos yo misma, no quiero que acabes en San Mungo con costillas de gelatina por mi culpa — bromeó en tono de súplica.

El muchacho sonrió.

—He oído por ahí que tengo ante mí a una futura medimaga — comentó divertido, tratando de quitarle hierro al asunto.

—Sí, pero aún no lo soy. Y en cualquier caso...¿quién te ha hecho esto, Reg? — se atrevió a preguntar la muchacha — Creo que deberías informar al profesor Slughorn — opinó, posando la palma de su mano con delicadeza sobre el hombro del chico, para evitar hacerle daño.

—Soy consciente de que en Gryffindor las cosas funcionan diferente, pero en las mazmorras no se tolera a los chivatos. De hacerlo, probablemente las consecuencias serían aún peores — sonrió con tristeza, conmovido por la preocupación de la chica.

—¿Han sido slytherin? — preguntó Alison, aún sabiendo de sobra cuál sería la respuesta.

—Sí, no está demasiado bien visto "confraternizar" con la prometida de otro sangre limpia, y menos aún si es amiga de sangre sucias y traidores a la sangre — explicó Regulus con sinceridad, desviando la mirada hacia las baldosas del suelo.

Sabía que había cosas que no debía contarle, pero en ese momento, le dio absolutamente igual todo.

—¿Ha sido por mi culpa? — preguntó Alison horrorizada con la boca abierta.

—No, ha sido culpa mía, dije un par de cosas que no debía — se corrigió rápidamente, volviendo a centrar su mirada en los ojos azules de la chica.

—Lo último que quería era causarte problemas — suspiró arrepentida — Y no quiero que pienses que lo hago por fastidiar a Sirius o por vengarme, porque no es así. Es solo que me gusta hablar contigo. No esperaba que pudieras caerme bien, pero lo haces, y no quiero dejar de acercarme solo porque la gente opine que no debemos hacerlo — confesó con valentía.

—Tú también me caes bien — reconoció Regulus dejando escapar una carcajada, que como no podía ser de otra forma, dolió como mil demonios — Entonces, ¿somos amigos? — preguntó una vez se hubo recuperado un poco de la punzada de dolor.

—Sólo si me dejas llevarte ahora mismo a la enfermería — replicó, ayudando al moreno a incorporarse de la mesa.

—Eres una amiga muy exigente — rió divertido.

—Nunca dije que no lo fuera — contraatacó ella, devolviéndole la sonrisa.


Cuando tras ayudar a Regulus a ponerse la ropa de nuevo, Alison y el muchacho salieron al fin de la sala dispuestos a ir en dirección a la enfermería, la ley de Murphy cumplió su oportuna función, y nada más abrir la puerta de madera, encontraron al otro lado de la misma a un enfadado Sirius Black que los observaba fijamente con los brazos cruzados, tratando por todos los medios de contener la rabia que sentía en ese momento.

No era ni mucho menos casualidad que el moreno estuviera allí en ese preciso momento pues para la mala suerte de los muchachos, los había visto juntos en la dichosa sala, mientras observaba distraídamente el Mapa del Merodeador aquella tarde de octubre, e impulsado por la ira había acudido a enfrentarlos.

Se sentía completamente traicionado, se habían reído de él en su cara. Su hermano y su prometida.

Ambos le observaban con sorpresa sin ser capaces de articular palabra alguna, conscientes de la película que muy probablemente se habría montado el merodeador en la cabeza, al verlos juntos de la sala.

Sirius no pudo controlarse por mucho más tiempo y trató de abalanzarse sobre Regulus.

No obstante, Alison fue mucho más rápida que él y se interpuso entre ambos.

Entendía lo que podía estar pensando el muchacho en ese momento, pero bastante mal estaba ya Regulus, como para pagar a golpes los absurdos celos de Sirius.

—Ni se te ocurra ponerle un dedo encima — pronunció con seriedad, sin despegar sus ojos de los del chico que la miraba con rabia.

—¿Vas a volver a decirme a la cara que no hay nada entre vosotros? —escupió con sarcasmo, a escasos centímetros del rostro de la chica.

—No hay absolutamente nada entre Regulus y yo. Si te lo quieres creer bien, y si no, me importa bastante poco ahora mismo. No tengo tiempo para discutir contigo sobre tus absurdos celos — declaró enfadada, mientras tomaba con fuerza la mano de Regulus para tirar de él.

El muchacho tragó duro al cruzar una mirada con su hermano, pero no fue capaz de pronunciar palabra alguna.

Por mucho que disfrutara de la compañía de la rubia, no quería hacer daño o molestar a su hermano. Jamás le haría algo como eso, después de todo, aunque él posiblemente lo ignorara, era la persona más importante de su vida y a la que sin lugar a duda, más quería.


Cuando Alison llegó a la habitación completamente agotada, después de acompañar a Regulus a la enfermería, sus amigas ya se encontraban allí.

—Hola Ali, pensábamos que vendrías más pronto para tener tiempo de hacer la poción — comentó Lily extrañada, al ver a su amiga aparecer por el umbral de la puerta, visiblemente cansada.

—Es una larga historia. Mañana si queréis os la cuento, ahora mismo la verdad es que prefiero olvidar todo lo que ha pasado hoy — suspiró — ¿Vosotras qué tal? — preguntó, dejándose caer sobre la colcha de su cama.

—Bueno, acabé los deberes de Cuidado de Criaturas Mágicas, e incluso Sarah y yo fuimos a ver un rato el entrenamiento de quidditch de Gryffindor, así que supongo que entretenido — relató Lily no demasiado convencida de sus palabras.

Sarah soltó un largo suspiro involuntario, mientras dejaba de escribir en el cuaderno frente a ella, consiguiendo que sus dos amigas confundidas enarcaran una ceja.

—¿Te pasa algo, Sarah? — preguntó Alison observando con detenimiento a su amiga.

—¿Tú cuando supiste que estabas preparada para eso? — preguntó la castaña algo avergonzada, haciendo hincapié en la palabra eso.

—Para ¿eso? — preguntó Alison aún más confundida — Ah, te refieres al sexo — exclamó con obviedad en un tono de voz ligeramente elevado.

Sarah abrió mucho los ojos espantada por las palabras de la rubia, y Lily observó a Sarah con atención.

—Pues no lo sé, creo que nací con ese instinto de fábrica. Pero tampoco es que haya estado nunca con alguien a quién quisiera, así que no creo que pueda ser de mucha ayuda. ¿Por qué? ¿Te ha dicho Remus que él quería…? — preguntó notablemente sorprendida.

A decir verdad, nunca había imaginado a Remus de esa forma. El castaño le inspiraba ternura y adorabilidad, no atractivo sexual.

Lily por su parte, abrió los ojos impactada, no estaba demasiado segura de querer hablar en esos términos de su amigo Remus.

—No, no — corrigió rápidamente Sarah — Es solo que cada vez estamos más cerca, y pasan más cosas, y yo no estoy muy segura de saber que hacer, ni cómo hacerlo bien — confesó algo apurada, sincerandose por primera vez respecto a sus inseguridades.

—Pero, ¿lo has hablado con él? — intervino Lily — Estoy segura de que Remus jamás te presionaría para que hicieras nada que no quieras — opinó la pelirroja, a la vez que se levantaba para tomar asiento junto a su amiga.

—Yo...lo sé. Sólo es que él tiene mucha más experiencia y me da miedo meter la pata y estropear todo entre nosotros — suspiró con tristeza bajando la mirada.

Alison se levantó de su cama instantáneamente y se agachó frente a la castaña, tomándola del mentón para obligarla a mirarla a los ojos.

—Sarah, lo harás bien. Te prometo que no hay ningún misterio, ni hay que estudiar a fondo para ello. Lo único importante es que estés convencida de que quieres ir más allá y te relajes, el resto simplemente llegará — sonrió con dulzura.

La muchacha se levantó de golpe de la cama y abrazó con fuerza a su amiga, comenzando a descargar la inseguridad que llevaba varios días sintiendo en forma de gruesas lágrimas.

Lily también se levantó y se unió al abrazo, acariciando su pelo castaño con ternura.

—Pero Sarah, tienes que hablar esto con Remus — le advirtió Lily.

—Lo sé — suspiró ella dejándose abrazar con gusto.

Y cuando al fin se hubieron separado cada una volvió a su respectiva cama.

—Por cierto, para que luego no me echéis en cara que no os lo conté, el otro día en la clase con James, descubrí que mi patronus es una cervatilla — confesó Lily de carrerilla,cerrando los ojos con fuerza.

Sarah y Alison la observaron con estupefacción incapaces de creer lo que acababa de decir.

Pero justo cuando Sarah iba a comentar algo al respecto, Alison la interrumpió.

—Y a mí me ha pillado Sirius hoy metida con Regulus dentro del cuarto donde acostumbrábamos a liarnos. Pero, juro que no estábamos allí por nada de lo que os pensáis — confesó en voz alta, a la vez que maldecía su mala suerte.

Sus amigas abrieron la boca estupefactas, e instantáneamente las tres muchachas se sentaron sobre el suelo de madera de la habitación, para comenzar una larga tertulia de cotilleos y largas explicaciones, que no terminó hasta pasadas las dos de la madrugada.