Capítulo 7: Una pizca de valentía y toneladas de malas decisiones
La noche que siguió a la fiesta de Halloween no fue especialmente fácil para Alison, no les había contado a sus amigas nada en relación a su conversación con Regulus, ni a la decisión que había tomado, ni mucho menos el golpe de realidad que se había llevado en la fiesta, con respecto a la persona que hasta ese entonces había creído amar con cada partícula de su corazón y de su alma.
A decir verdad, nunca pensó que algo pudiera doler más que la decepción de creer que lo que había surgido entre Sirius y ella no había sido más que una apuesta, pero desde luego verlo besar y tocar de esa forma a Liss mientras la observaba, había superado con creces cualquier otro dolor que hubiera podido sentir hasta ese momento.
Se sentía destruida, si su corazón ya estaba roto a pedazos, esos pedazos habían acabado completamente pulverizados la noche anterior, sin posibilidad aparente de reconstrucción.
Y fue por esa misma razón por la que tras el incidente del pasillo, no volvió a derramar ni una sola lágrima más. Se había cansado de hacerlo, y estaba decidida a no volver a llorar o sufrir por alguien que desde un primer momento nunca la había merecido.
Quizás se hubiera equivocado y metido la pata una y otra vez, pero jamás habría sido capaz de hacer daño a Sirius de la manera en la que él se lo había hecho a ella. Y precisamente por eso mismo, ya no podía ni quería perdonarlo. No después de lo de Liss, no después de haberle demostrado que lo que una vez hubo entre ellos, no había significado nada en absoluto para el muchacho.
Lo había decidido. Volvería a su anterior versión, a sus normas y a su hasta ahora olvidada lista. No más lágrimas, no más dramas, y sobretodo, no más sentimientos.
—No puedo creer que otra vez esté castigada — gruñó Lily contra la almohada, lamentándose cual alma en pena, mientras deseaba con todas sus fuerzas que lo ocurrido la noche anterior, no hubiera sido más que una espantosa pesadilla.
—Ni yo que le dijeras a McGonagall que tú también habías sido responsable de la fiesta — comentó Sarah con voz adormilada, a la vez que trataba de replantearse su existencia, lo cual se traducía en preguntarse una y otra vez en qué momento le pareció buena idea ir a una fiesta un domingo, cuando a primera hora del día siguiente, tenía una clase de dos extenuantes y largas horas de Runas Antiguas con la profesora Bathsheda Babbling.
—Sarah tiene razón, empiezo a pensar que te gusta mi primo — intervino Alison dejando escapar un bostezo, mientras se incorporaba a duras penas de la cama.
Le dolía cada milímetro del cuerpo. Claramente, la noche anterior no solo le había pasado factura a su corazón, también se había ensañado de mala manera con sus músculos, estómago y cabeza, que clamaban a gritos por una poción calmante.
—No digas tonterías, no me gusta. Es solo que...empieza a agradarme — reconoció la muchacha, incapaz de creer que esas palabras acabaran de salir de su boca, ante las miradas escépticas de sus amigas.
Alison se levantó de un salto de su cama y corrió hacia la de la pelirroja, dejándose caer sobre el colchón de rodillas.
—Sarah corre a por el termómetro, estoy segura de que Lily está muy grave, es probable que tenga algún tipo de enfermedad terminal, peligrosa e incurable. Creo que incluso podría ser viruela de dragón — bromeó la rubia mordiéndose el labio con fingida preocupación, mientras apoyaba la palma de la mano sobre la frente de la muchacha, simulando medir su temperatura.
—¿Y tú eres la que aspira a ser medimaga? ¿No crees que si existiera la más mínima posibilidad de que tuviera viruela de dragón, no sería demasiado recomendable que te acercaras a menos de dos metros de mí, ni mucho menos que me tocaras? — replicó Lily poniendo los ojos en blanco, a la vez que apartaba la mano de Alison de su cara.
—No, pero hablando en serio, ¿no sería genial que fuéramos familia, Lils? — insistió la rubia con ojos de cachorrito.
Desde que la relación con su primo había mejorado notablemente, el muchacho había dejado de parecerle una mala opción para su amiga, y dado que lo de Amos no había funcionado demasiado bien y Snape quedaba totalmente descartado, no perdía nada por tratar de hacer de celestina entre ambos muchachos. Sobre todo teniendo en cuenta que desde hacía ya varios meses había notado una conexión especial entre ellos, que tanto el castaño como la pelirroja, se habían esforzado incansablemente en negar y tratar de camuflar de amistad.
Total, Sarah estaba feliz cual perdiz con Remus y ella se quedaría sola eternamente, obviando el dichoso matrimonio concertado, por lo que no estaba de más invertir sus energías en ayudar a su amiga, con su hasta entonces, prácticamente inexistente vida amorosa.
Siendo completamente sincera, James continuaba siendo bastante inmaduro, y a decir verdad, elegía a sus mejores amigos de pena, o al menos a uno de ellos específicamente. Pero a pesar de ello, Alison había tenido la oportunidad de descubrir tras esa fachada de arrogante redomado, a un buen chico que no solo era leal, honesto y considerado, sino que además luchaba y daba todo por aquellos que le importaban y a los que quería, alguien para quien la familia significaba algo más que un apellido con el que presumir del estatus de sangre.
—No va a pasar, así que no te hagas ilusiones ni te montes películas, Ali. Pero, en definitiva y contestando a tu pregunta, Sarah, sabía lo de la fiesta y lo permití porque yo también quería pasarlo bien. Puede que no lo organizara, pero soy prefecta de Gryffindor y creo que lo justo es que ambos carguemos con la culpa, no solo James.
—¿Ahora es James y no Potter? — provocó Alison con una sonrisa pícara, moviendo las cejas de arriba a abajo
—Cállate anda — replicó la pelirroja divertida, estampando merecidamente uno de los cojines color escarlata que acostumbraban a decorar su cama, contra el rostro de su amiga.
—Puedes agredirme si quieres, pero tanto tú como yo sabemos la verdad — apuntó Alison, señalando a Lily con su dedo índice de forma acusadora.
—Deja de fabricar pociones sin supervisión, los vapores están empezando a nublarte preocupantemente el juicio — replicó Lily divertida, negando con la cabeza.
Alison en respuesta, sacó la lengua de forma infantil antes de volver a su cama, y comenzar a rodar sobre las sábanas, enrollando su cuerpo con ellas.
—Por circe, Alison. ¿En serio no piensas bajar a desayunar con nosotras? — preguntó Sarah con indignación.
—Yo no soy la que eligió el EXTASIS de Runas Antiguas por amor al arte — replicó mientras se acurrucaba en la mullida cama.
—Solidaridad, se llama solidaridad — resopló la castaña, observando con envidia como su amiga rubia, remoloneaba apaciblemente abrazada a la almohada.
—Déjala Sarah, cuando ella tenga clase de Adivinación con Trelawney ya nos reiremos. Sigo sin entender por qué decidiste seguir con Adivinación, si no te sirve de nada para ser Medimaga, ni para ninguna otra cosa — comentó Lily con confusión, mientras preparaba a desgana las prendas del uniforme para vestirse.
—¿Cómo que no?. Necesito saber a qué oscuros peligros tendré que enfrentarme una vez salga de la escuela — bromeó la rubia con una sonrisa de oreja a oreja dibujada en el rostro, mientras abrazaba con fuerza la almohada, disfrutando de la tranquilidad que le daba tener las primeras horas de la mañana libres.
Las tres muchachas, como no podía ser de otra forma, habían aprobado con buena nota todos los TIMOS a los que se habían presentado el curso anterior. No obstante, mientras que Sarah y Lily, habían elegido continuar con todas las asignaturas troncales y con las optativas de Aritmancia, Runas Antiguas y Cuidado de Criaturas Mágicas, para evitar cerrarse puertas al no tener claro del todo a que se dedicarían en un futuro, Alison había desechado Historia de la Magia y únicamente se había quedado con las optativas de Adivinación y Cuidado de Criaturas Mágicas. Tenía más que claro lo que deseaba hacer en el futuro, por lo que le parecía una tontería continuar con asignaturas que no le servirían de nada para el acceso a su trabajo soñado. A excepción de adivinación claro está, que para ella no era más que un hobby con el que desconectar un poco del resto de clases. Además, por raro que pudiera parecer, la excéntrica profesora Trelawney le caía bien.
—Buenos días, Black — saludó Nott con una sonrisa de oreja a oreja sentándose en el banco del Gran Comedor junto a Regulus, a la vez que pasaba el brazo por detrás de los hombros del muchacho, como si fuera su amigo de toda la vida y no el responsable de que le hubieran dado una paliza de muerte hacía apenas unos días.
El moreno no tardó en apartarle de un manotazo sin miramientos.
—¿Qué quieres, Nott? — preguntó sin rodeos.
Eran las nueve de la mañana del lunes, y lo que menos deseaba en ese momento era iniciar una afrenta en medio del Gran Comedor con su insoportable compañero de casa.
—¿Yo? Nada. Sólo quería asegurarme de que captaste el mensaje del otro día — explicó en tono calmado, sin disminuir en ningún momento ni un ápice su sonrisa.
—No voy a decir nada. Lo que hagáis o dejéis de hacer no es de mi incumbencia, no pretendo ser el héroe que salve el mundo de la oscuridad si eso es lo que te preocupa — replicó Regulus completamente apático, deseando que el indeseable slytherin se marchara de una vez y le dejara desayunar tranquilo.
—Bien, así me gusta — sonrió el chico satisfecho, alborotando con su mano el cabello de Regulus para molestarlo.
No obstante su contacto no duró mucho, pues como si de un huracán se tratara una enfurecida rubia tomó al slytherin con brusquedad de la parte trasera de la capa, obligándole a levantarse, para a continuación empujarle con fuerza contra la pared de piedra e incrustar su varita en su cuello, ante la mirada atónita del resto de alumnos que desayunaban en el comedor a esa hora.
—Buenos días a ti también, Potter — saludó Nott, visiblemente divertido por el arrojo de la muchacha.
—Se que fuiste tú — aseguró mirándole a los ojos fijamente.
La rubia había bajado a desayunar sola mientras sus amigas acudían a la clase de Runas Antiguas, y nada más entrar por la puerta del Gran Comedor y dirigir involuntariamente la mirada hacia la mesa de Slytherin, había podido observar como Nott estaba sospechosamente cerca de su amigo Regulus, que como no podía ser de otra forma, no parecía demasiado feliz con su presencia.
Ya había deducido que seguramente habría sido él el responsable de las lesiones del moreno, pero la actitud retraída de su amigo ante la presencia del slytherin, no hizo más que confirmárselo. Por lo que sin pensar demasiado en las consecuencias e impulsada por la rabia, se decidió a confrontarlo, olvidando por completo el lugar en el que se encontraba en ese momento, y que decenas de ojos curiosos serían testigo de sus acciones.
—Si te atreves a volver a ponerle un dedo encima a Regulus, te prometo que será lo último que hagas — amenazó incrustando con fuerza la punta de la varita en el cuello del muchacho.
Nott sonrió complacido.
—Me encanta cuando sacas las garras, brujita — contestó pasando la lengua por sus labios para humedecerlos — Puedo entender por qué le suscitas tanta curiosidad, eres irracionalmente valiente e impulsiva. No hay rastro de la imagen de señorita educada que venden los embusteros de tus padres — añadió sin despegar sus ojos de los de la chica.
Era más que evidente que el muchacho no sentía ni un poco de temor por su amenaza, y eso hacía enfurecer aún más a Alison.
—Deja de decir estupideces, Nott. Entre Regulus y yo no hay nada, así que no hay ningún motivo para que te ensañes con él, si tanto me odias, métete conmigo directamente — escupió la rubia, haciendo patente la debilidad que sentía por el moreno y su necesidad de protegerlo.
Nott dejó escapar una sonora carcajada, haciendo que un gesto de confusión se dibujara en el rostro de la muchacha.
—Esta vez no me refería a Regulus, pequeña Potter — rió — Pero, no estaría de más que tuvieras en cuenta que destacar en ocasiones te coloca en una posición de vulnerabilidad, a veces quien gana el juego es el que consigue pasar desapercibido — apuntó enigmáticamente.
—¿De que hablas?, se te ha ido la cabeza, Nott. Deberías plantearte volver a tomar la medicación — replicó con confusión, tratando de analizar la expresión de satisfacción que se había instalado de manera permanente en el rostro del muchacho.
—Puede, pero se me pone dura sólo de pensar en el día en que te atrape — pronunció casi en un susurro, con la intención de que únicamente la muchacha pudiera escucharlo.
Alison reaccionó ante su comentario separándose de golpe para apuntarle directamente con su varita, pero cuando se disponía a lanzarle un merecidísimo maleficio Mocomurciélago, escuchó pronunciar con claridad el hechizo 'Expelliarmus' a su espalda de parte de una voz demasiado conocida para ella, antes de que su varita saliera despedida de su mano.
La rubia se giró enfadada para enfrentar al responsable.
Sirius.
Pero antes de poder siquiera reclamarle, el moreno se hizo paso entre la rubia y el slytherin y se situó justo en frente de Nott con cara de pocos amigos, tomándole con fuerza del cuello del jersey, ante la mirada atónita de la chica.
Regulus por su parte, hacía tiempo que había sido retenido a la fuerza por el resto de gorilas de Nott para evitar que pudiera meterse en medio de la discusión, por lo que observaba la escena en silencio, sin poder evitar que la culpa lo invadiera al sentirse directamente responsable de la pelea que se había generado.
—Quiero que escuches con atención porque solo te diré esto una vez, Nott. Si vuelvo a ver a Regulus con un solo rasguño, Alison será el menor de tus problemas. Créeme ella tiene límites, pero si vuelves a ponerle una mano encima a mi hermano yo no los tendré — amenazó sin un ápice de broma en su tono de voz — ¿Te ha quedado claro? — bramó sin soltar en ningún momento el agarre de su jersey.
Tampoco era como si Alison le hubiera dicho que Nott era el responsable, pero al percatarse de que la rubia había hecho eso delante del resto de alumnos sin importarle el castigo que inevitablemente iba a recibir, el moreno no tuvo más que sumar dos y dos.
—Como el agua — contestó divertido, observando desafiante a Sirius.
—Señor Black, suelte inmediatamente al alumno Nott — ordenó una airada profesora McGonagall, a la que un prefecto de Hufflepuff había alertado diligentemente de la discusión.
Sirius bufó y a regañadientes soltó el jersey del slytherin, alejándose de él unos pasos.
—Los quiero ahora mismo a ambos en mi despacho — informó con severidad, señalando alternativamente a Sirius y Alison.
—¿Por qué te has metido? Era más que capaz de enfrentarlo yo sola — reclamó Alison en un susurro, observando con incredulidad a Sirius.
Ambos muchachos caminaban uno junto al otro tras la profesora McGonagall, en dirección al primer piso de la torre de Defensa contra las Artes Oscuras, donde se encontraba oportunamente situado el despacho de la docente.
—Perdona por evitar que te expulsen de la escuela por hechizar al imbécil de Nott delante de la mitad de alumnos de Hogwarts — resopló el moreno exasperado.
—No soy ninguna damisela en apuros que necesita que la salven, Sirius. Soy más que capaz de defenderme yo sola — replicó enfadada, cruzándose de brazos.
No acababa de entender por qué el moreno se había metido entre medias, después de todo no parecía muy unido a su hermano en ese último tiempo. Pero quizás tuviera algo de sentido, Regulus era sangre de su sangre y como se suele decir, puedes discutir todo lo que quieras con un hermano, pero ay del pobre que se atreva a meterse mínimamente con él.
—Soy consciente de ello, pero debes ser más inteligente, Alison — trató de hacerle entender el moreno, relajando por un momento su tono de voz.
—Tú no fuiste el que encontró a Regulus. Podían haberle matado, no viste como estaba, y encima él muy estúpido se enorgullece burlándose en mi cara — resopló notablemente enfadada.
—Alison, si por mí fuera le habría partido los huesos uno a uno, cuando me he dado cuenta de que había sido él quien le había hecho daño a mi hermano. Porque si, es mi hermano y le quiero, aunque te cueste creerlo. Tú no le conoces ni de cinco minutos — le echó en cara el moreno, desviando la mirada.
La muchacha bufó molesta por su comentario.
—¿Quieres una insignia o algo por ello?. Es mi amigo y por alguna razón los slytherin han decidido ensañarse con él porque piensan que tenemos algo — explicó removiéndose incómoda, por tener que sacar ese tema delante de Sirius.
—No sé quién te ha dicho eso, pero eres muy ilusa si piensas que ese fue el motivo — aseguró el moreno bajando aún más el tono de voz.
—Pero Regulus me dijo… — trató de decir, antes de ser interrumpida por Sirius.
—Te mintió. Sabes que Nott tontea con las fuerzas oscuras desde el curso pasado, está más que claro que están tratando de silenciar a Regulus porque sabe algo y tienen miedo de que te lo cuente — explicó con obviedad, consiguiendo que involuntariamente la boca de la muchacha se abriera en forma de o por la sorpresa.
—¿Y tú cómo sabes eso? — cuestionó algo escéptica.
—No lo sé, pero lo intuyo. Como os contamos el curso pasado, los chicos y yo pensamos que el misterioso mago oscuro del que tanto se habla últimamente, está usando la casa slytherin como una cantera de la que sacar a sus futuros acólitos. Y si nosotros nos hemos enterado, es más que evidente que Regulus sabe mucho más, por lo que teniendo en cuenta que somos el enemigo para ellos, no creo que les haga mucha gracia que confraternice contigo — explicó sin rastro de broma en su tono de voz.
—Pero Regulus nunca… — musitó en un hilo de voz la rubia.
Sirius rió.
—Sé que piensas que conoces a mi hermano, Alison. Pero no te confundas, no le conoces en absoluto, así que ándate con pies de plomo con lo que le cuentas o le dejas de contar — le advirtió fijando sus ojos grises en los de ella, para que entendiera que hablaba completamente en serio.
—Me parece increíble que digas eso de tu hermano —bufó enfadada.
Nunca había conocido a nadie tan bondadoso y gentil como Regulus, y se negaba a creer que las palabras de Sirius pudieran tener ni una mínima parte de verosimilitud.
—Y a mí me parece increíble que con lo inteligente que eres no te hayas dado cuenta de que no te puedes fiar tan fácilmente de alguien a quien apenas conoces — insistió el moreno elevando las cejas.
—¿Esto es porque es slytherin? Porque no todos los slytherin… — interrogó la rubia, tratando de encontrar una explicación lógica a las palabras del muchacho.
—No Alison, esto es porque es un Black. Podrá extrañarte o no, pero por algo soy la oveja negra de la familia y Regulus el hijo predilecto. Yo no trago y acato, él sí. La familia es y será siempre lo primero para él, no pienses que vuestra amistad cambiará ni un ápice eso — insistió con desesperación, gesticulando con las manos movido por la frustración que sentía en ese preciso momento.
—Estás celoso — contraatacó Alison negando con la cabeza.
Sirius rió sin gracia.
—Puede que fuera eso al principio, pero después de lo de Nott, te prometo que lo que te estoy diciendo no tiene nada que ver con los celos ni con nuestra relación, rubia. Sólo estoy tratando de ser sincero contigo y de advertirte. No digo que Regulus sea un mal chico, Alison. Maldita sea, es mi hermano — exclamó en un susurro, para que no pudiera escucharlos la profesora McGonagall — Es solo que el apellido Black implica muchas cosas que quizás no estás preparada para asumir — musitó completamente deshecho, sin despegar la mirada de los ojos de la rubia.
—Silencio, muchachos — regañó la profesora en tono serio, harta del parloteo de los jóvenes, sin dejar de caminar con paso firme en dirección a su oficina.
Lily Evans y James Potter buceaban entre las decenas de miles de expedientes que había puesto a su disposición la profesora McGonagall para que los ordenaran por fecha y gravedad de la sanción, como castigo por haber organizado la fiesta de Halloween clandestina.
En un primer momento Lily se había planteado seriamente permanecer callada para evitar el castigo, pero era una gryffindor y como tal, no podía dejar que James cargara solo con la culpa de algo en lo que ambos habían estado involucrados. Por lo que ahí estaba, sentada sobre el suelo del despacho de la jefa de la casa Gryffindor, junto a su ya habitual compañero de castigos, James Potter.
—¿Sabías que en 1969 un tal Sturgis Podmore embrujó todas las snitch del castillo para que persiguieran al profesor Kettleburn por los terrenos de Hogwarts?. Kettleburn corrió despavorido huyendo de ellas durante una hora seguida — comentó James divertido soltando una carcajada, mientras hojeaba uno de los expedientes. — ¿Por qué no se me habrá ocurrido una broma como esa?. Es brillante — comentó emocionado, sin despegar la vista de las cómicas instantáneas del pobre profesor tratando de huir de los artefactos sin demasiado éxito, que habían servido de prueba para castigar al muchacho.
Lily sonrió involuntariamente cuando James le mostró la fotografía.
No obstante rápidamente se distrajo al visualizar un expediente significativamente abultado frente a ella, con el nombre James Potter grabado en letras doradas en la esquina inferior.
La pelirroja lo tomó, para a continuación levantarlo con incredulidad frente al rostro del chico.
—No puedo creer que este sea tu expediente, definitivamente has batido el récord histórico de sanciones — apuntó notablemente sorprendida, pasando la mano instintivamente por la carpeta con sumo cuidado.
—Gracias, gracias — agradeció el castaño orgulloso, haciendo una reverencia como si acabara de recibir un importante galardón — Aunque reconozco que no estoy seguro de ostentar el récord, es posible que el bueno de Sirius me saque una o dos sanciones de ventaja — explicó con una sonrisa inocente, mientras miraba a su alrededor tratando de localizar el expediente de su amigo para compararlo con el suyo.
—Reconozco que me moriría si tuviera este expediente — suspiró algo apurada la pelirroja, ante la improbable posibilidad de haber sido castigada tantas veces como James.
El merodeador sonrió.
—Adelante, echa un vistazo. Estoy seguro de que será entretenido como poco — bromeó el castaño, invitando a la chica a leer el extenso historial delictivo, que se había esforzado en cosechar desde su llegada a Hogwarts el primer curso.
La chica asintió y retiró con indecisión las gomas de la carpeta antes de empezar a leer.
Había un poco de todo, desde soluciones agrandadoras vertidas en el zumo de calabaza de los slytherin y polvos Bulbadox esparcidos por el uniforme de trabajo del conserje Argus Filch, hasta retretes regurgitantes e incluso inundaciones parciales de las aulas, cualquier ocasión parecía haber sido buena para gastarle una broma a alguien. Por no hablar de las múltiples afrentas entre los merodeadores, Lily y sus amigas, recogidas con un nivel de detalle increíblemente preciso.
No obstante, según iba avanzando en su expediente, los castigos por bromas habían ido siendo sustituidos por sanciones por haber sido descubierto por profesores y prefectos, en indecorosas situaciones en los más insospechados recovecos y salas del castillo.
Lily abrió los ojos sorprendida y automáticamente sus mejillas se tiñeron de un color rojo intenso.
—Si, puede que tenga que empezar a plantearme elegir mejor los horarios y lugares en los que hacer ciertas cosas — carraspeó James avergonzado, adivinando por su expresión que era exactamente lo que estaba leyendo la pelirroja en ese instante.
La muchacha levantó la vista del expediente por un momento, y se atrevió a preguntar algo que había estado rondando su cabeza, desde la embarazosa conversación que había mantenido con Sarah y Alison en relación a la intimidad.
Probablemente James no fuera el más indicado con quién charlar acerca de ese tema, pero no le apetecía demasiado hablar de eso con sus amigas y, después de todo, era más que evidente que el merodeador tenía una dilatada experiencia en ese ámbito.
—¿Qué se siente? — preguntó con curiosidad.
—¿Qué se siente cuándo? — contestó James con confusión, fijando sus ojos marrones en los de la chica — Ah eso...pues supongo que es divertido y placentero — explicó algo cortado, aflojándose los botones del cuello de la camisa, que por un momento habían parecido empezar a asfixiarle.
Lily meditó las palabras del chico durante unos segundos y asintió.
—Aunque tampoco tengo la experiencia de haberlo hecho con nadie por quién tuviera sentimientos, dicen que así es diferente — añadió el muchacho aclarándose la garganta, a la vez que desviaba la mirada, fingiendo revisar uno de los expedientes.
—A veces me siento un poco tonta porque parece que todos tenéis mucha experiencia, y yo apenas he besado a un par de chicos — reconoció sin saber muy bien porque le confesaba algo como eso al castaño sentado frente a ella.
El muchacho levantó la mirada sorprendido.
—No debes hacer las cosas porque otros las hagan, ni meterte prisa a ti misma. Cada persona tiene sus tiempos — declaró James en tono comprensivo.
—Es solo que Alison es Alison, Sarah ahora está con Remus, y yo...yo estoy estancada y parece que no hubiera nadie ahí fuera para mí — suspiró con frustración, a la vez que comenzaba a dibujar distraídamente con sus dedos sobre las tablas de madera del suelo de la sala.
—Me parece increíble que precisamente yo tenga que decirte esto, Evans. La mitad de los chicos de nuestro curso matarían por tener una cita contigo — aseguró convencido, incapaz de creer que alguien tan fuerte como la pelirroja, tuviera inseguridades tan banales e infundadas.
—No digas tonterías. Casi todos se fijan en Ali porque vamos…¡quién no lo haría!, es guapísima, sexy, atrevida, valiente... Y no sé, a veces desearía tener aunque solo fuera una pizca de la confianza que tiene ella en sí misma. Cuando Alison lo hace, todo parece tan fácil… — musitó pensativa, sin despegar la mirada del suelo.
—No tienes que ser como ella, no tienes que ser como nadie en realidad. Yo creo que eres perfecta tal y como eres. Espero que no te incomode que te diga esto, pero desde mi punto de vista eres preciosa, divertida, bondadosa e increíblemente inteligente. Y estoy más que convencido de que no soy el único que piensa eso de ti, cualquiera en su sano juicio se sentiría afortunado de que lo eligieras — sonrió con timidez, a la vez que elevaba con su mano la barbilla de la chica para obligarla a mirarlo.
La pelirroja no supo con exactitud qué diantres pasó por su cabeza en ese preciso momento, pero impulsada por algo que ni siquiera podía explicar, se incorporó de golpe hasta quedar sentada sobre sus talones y de forma sorpresiva, se acercó a James lo suficiente como para chocar sus labios contra los de él.
El muchacho abrió los ojos notablemente sorprendido.
No esperaba volver a sentir nunca el contacto suave de los labios de la chica, al menos no sin alguna poción en mal estado de por medio.
Lily Evans acababa de besarle y lo había hecho voluntariamente.
El mundo definitivamente se había vuelto loco.
No obstante, su tacto cálido era lo más agradable que había tenido la oportunidad de experimentar nunca. Los labios aterciopelados de la chica se movían sobre los suyos en perfecta sincronía, acariciando cada centímetro de su boca con una delicadeza casi etérea.
Cada partícula de su cuerpo le incitaba a seguirla, negándose en rotundo a separarse ni un ápice, por lo que instintivamente envolvió con sus brazos la pequeña cintura de la chica, atrayéndola aún más hacia él para recortar ligeramente la distancia que los separaba.
Las temblorosas yemas de sus dedos acariciaron con cuidado cada una de las arrugas que habían inundado la fina tela de la camisa de la muchacha, manteniendo sus manos fijas en ese punto durante todo el tiempo que duró el beso, para evitar por todos los medios incomodarla de algún modo.
No tenía ni la menor idea de lo que estaba haciendo.
Había besado a chicas cientos de veces, pero aquella tarde, en el suelo del despacho de la profesora McGonagall, por alguna razón se sintió torpe e inexperto, como si esa fuera la primera vez que besaba a alguien.
Los ojos del castaño permanecieron en todo momento cerrados, disfrutando de cada segundo de su contacto, abandonándose a cada sutil roce de los rosados labios de la chica.
Probablemente hubiera sido el beso más delicado y tierno que le habían dado nunca, pero sin lugar a dudas, también fue curiosamente el que más sensaciones despertó en él. Casi podía sentir cómo su cuerpo comenzaba a levitar sobre el suelo.
Y por una vez no tuvo prisa, deseaba con todas sus fuerzas que ese instante durase eternamente.
El muchacho se atrevió entonces a acariciar uno de los mechones del sedoso cabello pelirrojo de la chica, del que emanaba un hipnotizante e intenso olor a fresias. Aroma que reconoció al instante, por ser esta variedad concreta de planta, una de las que inundaba los parterres situados frente a su casa, en la villa de Godric's Hollow.
No obstante, tras unos minutos más de intensos besos y caricias, Lily se separó sorpresivamente del muchacho, llevándose instintivamente las manos a la boca.
No podía creer lo que acababa de hacer, había perdido completamente el juicio.
James la observó confundido, sin acabar de entender qué era exactamente lo que estaba pasando por su cabeza en ese preciso momento.
—Yo...lo siento muchísimo. Me tengo que ir — balbuceó temblorosa, a la vez que se levantaba del suelo, para inmediatamente después, abandonar la sala sin pronunciar ni una sola palabra más.
