Capítulo 10: Una atracción casi magnética (parte 1)
Con la llegada del mes de diciembre y las vacaciones de Navidad a la vuelta de la esquina, llegó también una de las citas más esperadas y exclusivas que tenían lugar entre los muros del castillo, la fiesta de Navidad organizada por el profesor Horace Slughorn para los estudiantes más selectos, lo que como no podía ser de otra forma, incluía a aquellos que conformaban su famoso Club de las Eminencias.
La fiesta se celebraba la noche del veinte de diciembre en el despacho del maestro de pociones del sexto piso, y como de costumbre, aquellos afortunados que habían sido elegidos por el profesor para asistir, podían ir acompañados de una pareja a su elección, independientemente de que esa persona hubiera recibido o no una invitación para la fiesta.
—¿Vas a ir a lo de Slughorn? — preguntó Caroline en un susurro, señalando con la cabeza el sobre verde esmeralda con elegantes ribetes plateados, que descansaba en el pupitre frente a Alison.
La muchacha levantó la cabeza ipso facto del pergamino que estaba escribiendo, alertada por la suave voz de la castaña.
—Para ser completamente sincera, no creo que tenga mucha opción — explicó Alison encogiéndose de hombros, mientras una sonrisa ladeada se dibujaba en su rostro al pensar en cuán obvia era la respuesta a esa pregunta.
El profesor Slughorn no acostumbraba a cortarse en mostrar su evidente favoritismo por aquellos alumnos que despertaban su interés, bien por pertenecer a familias de renombrado apellido, o bien por poseer habilidades destacadas en alguno de los ámbitos que suscitaban el interés del docente, y para su suerte o desgracia, Alison Potter entraba en ambos grupos, por lo que el profesor acostumbraba a demostrarle especial simpatía con respecto al resto de sus compañeros.
Esto en su caso en concreto, se traducía en resolver todas las dudas que pudiera tener la muchacha en relación a la materia, clases particulares de pociones avanzadas cuando el profesor tenía algún rato libre, e incluso, en confiarle a menudo las llaves del aula, para que la chica pudiera servirse de las instalaciones y materiales de la misma para elaborar sus pociones de práctica con mayor seguridad. Y precisamente por todo eso, aceptar las invitaciones a las fiestas y cenas que organizaba el maestro se había convertido casi en una obligación moral para la rubia.
Podía decir sin lugar a dudas que Slughorn era de lejos su profesor favorito, pero ese tipo de fiestas definitivamente no eran lo suyo. Alison estaba hecha de otra pasta y en consecuencia, la fama, los apellidos y el poder no eran algo que la impresionara demasiado, por no decir que no la impresionaban en absoluto, pero para su desgracia, a diferencia de Sirius o James, ella no podía escaquearse tan fácilmente.
—Supongo que esa es la parte mala de ser el ojito derecho del profe de pociones — rió Caroline divertida, chocando cariñosamente su hombro contra el de la gryffindor.
Era jueves por la mañana y el profesor Flitwick les había mandado dedicar la clase del día a elaborar una redacción de dos mil palabras sobre las diferencias existentes entre los distintos encantamientos de movilidad, mientras él se encargaba de ultimar los detalles del concierto que daría el Coro del Sapo durante el festín de despedida, antes de la vuelta a casa de los alumnos con motivo de las festividades navideñas.
—Al menos va Lils, de lo contrario estaría completamente sola rodeada de tanto ego e ilustres apellidos — suspiró con resignación la muchacha rodando los ojos — ¿Tú irás?.
—Para ser sincera no soy tan inteligente ni tan relevante como para que se hayan planteado invitarme nunca, y dado que a los chicos no les va demasiado ese rollo, tampoco he tenido la oportunidad de ir con ellos — sonrió tímidamente la castaña.
Alison la observó durante unos segundos analizándola con detenimiento, siempre había pensado que no había nadie tan crítico consigo mismo como lo era ella, pero Caroline Rose claramente le llevaba la delantera. Casi parecía que sus ojos celestes fueran completamente ajenos a sus innumerables virtudes, como si solo fueran capaces de apreciar la belleza ajena y no las cualidades que ella misma poseía.
No solo era tan guapa que era difícil no quedarse embelesado admirando su innegable belleza, sino que por imposible que pudiera parecer, ésta acostumbraba a quedar opacada por su enorme corazón peludo.
—¿Pues sabes que te digo? Hoy te vienes como mi pareja y no hay más que hablar, te advierto que no aceptaré un no por respuesta — avisó Alison con una amplia sonrisa, cortando de raíz cualquier queja o intento de réplica por parte de su amiga.
Caroline asintió agradecida.
No podía describir con palabras lo que sentía en ese momento, pero sabía de buena tinta que no solo tenía que ver con la gratitud por la invitación a la fiesta, sino más bien con el hecho de que se sentía parte de algo importante, y esas tres muchachas que hasta hace bien poco había considerado casi unas extrañas, habían ocupado en muy poco tiempo un lugar en su corazón.
—¿En serio vas a ir a lo de Slughorn? — preguntó Sirius con cara de espanto, mientras observaba embobado como James trataba sin demasiado éxito de hacerse un nudo Windsor con la corbata de seda que rodeaba su cuello.
El castaño se volvió para mirar a su amigo.
—Sí, ¿qué tiene de malo? — preguntó a la defensiva, elevando las palmas de las manos interrogante.
Remus y Peter sonrieron desde sus respectivas camas, y el primero, algo nervioso por la repentina incapacidad de su amigo para hacerse el nudo de la corbata, se levantó sin decir ni una palabra y se acercó hasta donde estaba James para ayudarle.
El castaño sonrió agradecido, aunque notablemente nervioso y apartó sus temblorosas manos de la tela.
Había hecho ese nudo una y mil veces pero por alguna ilógica razón, su mente había decidido oportunamente olvidar los pasos a seguir ese día. Lo cual muy probablemente tuviera que ver con las razones que le impulsaban a acudir a una fiesta a la que anteriormente fue invitado en innumerables ocasiones, pero siempre rehusó ir.
¿Y por qué iba? Muy simple, estaría ella.
Sí, esa muchacha pelirroja que había logrado confundirle tanto que ya no era capaz de pensar con claridad cuando se trataba de ella. Aclararse empezaba a convertirse en una necesidad imperiosa, pues a duras penas podía sacarla de su cabeza en momentos puntuales, y si no conseguía poner palabras a lo que sentía o encontrarle una explicación racional pronto, acabaría por volverse completamente loco.
Estaba convencido de que sus amigos se reirían si fueran capaces de leerle la mente, probablemente pensarían que era imposible que alguien como James Potter, el eterno soltero, aquel que juró no enamorarse ni con una maldición imperius o un filtro de amor de por medio, se planteara seriamente sentir algo así de fuerte por alguien, especialmente cuando ese alguien era la chica que más había llegado a odiarlo sobre la faz de la tierra.
Además, aunque Lily Evans no le odiara ya, o al menos no tanto como antes, eso no significaba ni mucho menos que ella estuviese sintiendo lo mismo. Quizás solo intentaba ser amable y dejar atrás las rencillas del pasado. Pero entonces…¿por qué le besó?. No tenía respuesta alguna para eso, ni a decir verdad, respuesta para nada en absoluto.
De lo único que estaba convencido era de que quería ir a la fiesta para verla y tener la oportunidad de interactuar más allá de las clases y del resto de sus amigos, quizás así sería más fácil para él resolver las dudas que le martilleaban la cabeza y el corazón desde hacía ya unas semanas.
—Moony, Wormtail, creo que le ha dado demasiado el sol en el entrenamiento de quidditch de hoy, deberíamos arrastrarlo a la enfermería para que le vea la buena de Poppy — bromeó Sirius, a la vez que ponía una mano sobre la frente de su amigo para tratar de medirle la temperatura.
James, que a esas alturas se había sentado sobre la cama del moreno para atarse los zapatos, le apartó la mano de un manotazo tratando de aparentar que estaba molesto por sus palabras.
No obstante, no podía molestarse, no con Sirius, y menos aún por algo con lo que él mismo habría bromeado si hubiera sido cualquier otro el que hubiera decidido acudir a la fiesta.
—Eres un idiota, Padfoot. Simplemente quiero ir y ya, no le des más vueltas, además a Moony no le dijiste nada cuándo fue voluntariamente hace dos años — le reclamó en tono de queja.
Sirius le observó incrédulo.
—¿Qué quieres ir y ya? — preguntó elevando las cejas escéptico — Eso es casi como decir que Snape acostumbra a lavarse el pelo a diario — ironizó incapaz de creer ni una sola de las palabras de su amigo.
Tenía mucha razón, no tenía ni pies ni cabeza que quisiera ir voluntariamente sin motivo alguno, pero no les confesaría las razones que lo impulsaban a hacerlo, no esa noche y no todavía, primero necesitaba aclararse él mismo y poner en orden sus ideas.
—Pues a mí me parece muy guay que vaya — se atrevió a opinar Peter, sonriendo con amabilidad en dirección a su amigo.
Sirius puso los ojos en blanco.
—Podrías venir conmigo, Wormtail — propuso James, enormemente agradecido por que el rubio hubiera salido en su defensa, desviando ligeramente sin quererlo el foco de la conversación.
—Nah, no creo que al profesor Slughorn le hiciera demasiada gracia verme allí — replicó negando enérgicamente con la cabeza al contemplar tal posibilidad.
Y era verdad, Peter se moría por ir a una fiesta como esa, pero más que como invitado le habría gustado poder acudir por derecho propio, algo que parecía del todo fuera de sus posibilidades dadas sus nulas habilidades para la magia, y más concretamente, para las pociones. Lo que siendo el profesor Slughorn, el maestro que impartía la materia, no ayudaba en absoluto.
—Bueno, quizás la próxima vez — aceptó James algo ansioso por tener que acudir solo — ¿Tú no vienes, Rem?.
—¿Y perderme la posibilidad de tener una cita a solas con Sarah sin alumnos pululando a nuestro alrededor? Ni loco — río Remus, tratando de peinar el indomable pelo con el que se había despertado aquella mañana, para estar lo más presentable posible para acudir a la cita con la chica de sus sueños.
Todos los muchachos sonrieron ante la confesión del castaño y tras hacerlo, cada uno volvió la atención a sus respectivas labores. Sirius a la quaffle que lanzaba reiteradamente en dirección al techo para entretenerse, Peter a su colección de Cromos de Brujas y Magos Famosos, Remus a su cabello desaliñado y para algunos impeinable, y James a los enredados cordones de sus zapatos.
—¿También has olvidado cómo se atan los cordones? — preguntó Sirius con una sonrisa burlona dibujada en el rostro, mientras observaba divertido como a su amigo le estaba costando más de lo habitual realizar las lazadas.
—Vete a la mierda, Padfoot — bufó James en respuesta, arrojándole uno de los cojines que descansaban a los pies de la cama que, como no podía ser de otra forma, el merodeador cazó al vuelo.
Lily Evans llegó al despacho del profesor Slughorn la noche de la celebración, ataviada con un elegante vestido de fiesta de color azul cobalto, y sus temblorosas y desnudas manos ocultas bajo la pequeña pecera ovalada que portaba, y que contenía un pétalo de color escarlata flotando en la superficie del agua.
La pecera no era más que un pequeño obsequio que había decidido hacerle al profesor en agradecimiento por haber sido siempre tan atento y gentil con ella, y en especial, por el Extraordinario que había obtenido en el T.I.M.O. de su asignatura, pues gracias a sus inmejorables y únicas lecciones había logrado esa nota sin apenas tener que estudiar. Por lo que, dado que casi era Navidad, pensó que sería el mejor momento para tener un detalle por pequeño que fuera con el docente.
No obstante, no se lo daría directamente, su intención no era ni mucho menos que todo el mundo le viera hacerlo, odiaba ese tipo de atención, por lo que prefería que el profesor se llevara una sorpresa al encontrarlo, una vez finalizada la fiesta. Sabía que no era mucho, y quizás nada en comparación con el resto de obsequios con que acostumbraban a agasajarle el resto de sus compañeros, pero a pesar de ello, no quería quedarse sin mostrarle su agradecimiento, aunque fuera con un regalo tan simple como ese.
Una vez hubo dejado la pecera sobre la mesa junto a la nota que la acompañaba, la muchacha volvió a la parte de la estancia donde se celebraba la fiesta, cuyas paredes y techo habían sido decorados para la ocasión por cortinas de tela de colores que la envolvían por completo, dando la sensación de estar en el interior de una enorme tienda de campaña.
Una luz cálida emanada por la gran lámpara de cristal que coronaba el centro del techo, iluminaba de manera tenue la sala, proporcionando un ambiente agradable de reunión que en consonancia con la agradable música emitida por las cuerdas de un par de arpas que había embrujado el profesor, creaba el ambiente perfecto para la celebración de la distinguida fiesta.
El despacho estaba abarrotado hasta los topes de alumnos de distintas casas, y una decena de elfos domésticos que paseaban de un lado a otro enormes bandejas de plata repletas de delicatessen.
Lily se puso de puntillas para tratar de divisar a Alison y Caroline entre tantos invitados, lo cual parecía del todo improbable. Pero cuando estaba a punto de perder la esperanza de encontrarlas, divisó a pocos metros de ella a un muchacho que conocía demasiado bien, parado junto a la mesa de bebidas completamente solo y con la mirada fija en la muchedumbre, como si estuviera tratando de localizar a alguien.
—Has venido. Pensaba que estas fiestas no eran lo tuyo — afirmó a modo de saludo, acercándose hasta donde se encontraba el chico.
El muchacho giró la cabeza en su dirección de improviso, ligeramente sorprendido por la interrupción, y automáticamente le regaló una reluciente sonrisa.
—Sí, quería ver si las fiestas de Slughorn son tan alucinantes como acostumbran a describir — contestó rápidamente en respuesta, tratando de contener por todos los medios el temblor que amenazaba con apoderarse de su voz.
Estaba nervioso. Muy nervioso a decir verdad. Tanto que habían empezado a sudarle las palmas de las manos, y su corazón latía desbocado amenazando con salir despedido de su pecho.
El castaño había estado tratando de localizarla desde su llegada, pero como de costumbre, la muchacha se le había adelantado una vez más, pillandole de improviso y completamente fuera de combate, situación que empezaba a convertirse en un hábito que, por raro que pudiera parecer, no le disgustaba en absoluto.
James Potter siempre había llevado la voz cantante en ese tipo de situaciones pero por alguna razón que aún no lograba comprender, ella conseguía desarmarle, haciendo añicos su escudo de fingida indiferencia, que aderezado con su innata arrogancia, se desvanecía por completo cuando Lily Evans se encontraba parada frente a él. Y en apenas un suspiro, el muchacho engreído e increíblemente seguro de sí mismo que siempre había jurado ser, se evaporaba en su totalidad como si nunca antes hubiera existido.
Todo en él le impulsaba a ser mejor, ser mejor para ella, pero sobre todo, ser mejor para sí mismo. Ansiaba convertirse en alguien de quien pudieran sentirse orgulloso todas aquellas personas que significaban tanto para él, aquellas a las que amaba con todo su corazón, y a las que consideraba ya una parte indispensable de su familia.
Sin apenas darse cuenta se había quedado completamente paralizado observándola, mientras los enormes orbes esmeralda de ella le analizaban en silencio, con tal intensidad que por un momento pensó que se olvidaría de respirar.
Muy probablemente fuera la mujer más preciosa que sus ojos color avellana habían tenido la suerte de capturar, y con el tiempo a su favor, completamente congelado en el espacio que los rodeaba, el muchacho se permitió a sí mismo disfrutar de ese instante de silencio en el que las palabras hacía tiempo que habían empezado a sobrar entre ambos y sus cuerpos, parecían saber mucho más de ellos que sus confusas conciencias
No obstante, tras unos minutos James se obligó a sí mismo a desviar la mirada y tragó saliva.
— Yo… — trató de decir la muchacha algo sobrepasada por la situación.
No obstante, en el momento en que la pelirroja se disponía a romper el sepulcral silencio que se había instalado entre ambos, James la interrumpió de improviso, al divisar en ese preciso instante a pocos metros de ellos a un apuesto Amos Diggory ataviado con un elegante traje de gala, y unos metros más lejos a su amiga Caroline, bailando en el centro de la pista.
Los planetas parecían haberse alineado como una señal del destino, por lo que el muchacho decidió que era el momento idóneo para echar una mano a su amiga castaña. Era ahora o nunca, así que muy a su pesar, la conversación que tenía pendiente con la pelirroja tendría que esperar.
—Oye Lily, sé que muy probablemente la pregunta que voy a hacerte te resulte un poco rara e increíblemente inconveniente, pero por favor simplemente respóndela con sinceridad — pidió distraídamente, mientras dirigía su mirada de forma reiterada en dirección a la pista de baile.
La muchacha tardó unos segundos en reaccionar algo desconcertada por el repentino cambio de actitud del chico, que hacía unos segundos había estado completamente sereno, y en ese instante parecía significativamente intranquilo.
—Ya no te interesa Diggory, ¿no? — preguntó sin tapujos, volviendo su mirada a los ojos de la chica.
Ella le observó entre confundida e incrédula, preguntándose cómo y por qué diantres se le había ocurrido preguntarle algo como eso. Vale que tuvieran más confianza que al principio, pero no estaba segura del todo de que fuera tanta como para hablar de los antiguos intereses amorosos del otro.
—¿Por qué me preguntas eso? — interrogó algo aturdida, sin terminar de decidirse a contestar la pregunta del muchacho.
—Solo responde, por favor — insistió James decidido, mirándole fijamente a los ojos.
—No — contestó finalmente la pelirroja algo insegura, a la vez que desviaba la mirada para evitar tener que enfrentarle.
No porque no estuviera convencida de lo de Amos, sino más bien por lo vulnerable que se sentía al revelarle a James Potter una información tan íntima y personal como esa.
Pero ahora confiaba en él, o al menos deseaba hacerlo.
—Perfecto — replicó James con una sonrisa de oreja a oreja dibujada en el rostro.
Y antes de que la pelirroja pudiera decir ni una palabra más, el chico la tomó de improviso de la mano y la arrastró hasta la pista de baile, recogiendo de igual forma a una despistada Caroline por el camino, que se tambaleaba tratando de seguir el ritmo del muchacho.
—¿Se puede saber que haces, James? — interrogó confundida la castaña, mientras se dejaba llevar por su agarre — No, por favor no...— suplicó en un hilo de voz, cuando al acercarse hasta donde se encontraba cierto rubio de la casa hufflepuff tomando una copa de champán, pudo al fin adivinar las verdaderas intenciones de su amigo.
—Shhhh — susurró James volviéndose para mirarla, a la vez que ponía un dedo sobre sus labios para indicarle que bajara la voz.
Lily por su parte, permaneció en silencio sin entender absolutamente nada de lo que estaba pasando.
—Hola Diggory, ¡Cuánto tiempo! — saludó James con una efusividad insólita, soltando las manos de Caroline y Lily para inmediatamente después, pasar el brazo por detrás de la espalda del rubio y darle algunas palmaditas en la misma a modo de saludo.
Amos le observó con confusión, ligeramente contrariado por su afectuoso e inusual gesto, pues el gryffindor acostumbraba a ignorar su existencia la mayor parte del tiempo, y nunca habían sido tan cercanos como para que lo abrazara de esa forma.
—Emm, hola Potter, ¿qué tal? — preguntó algo incómodo por su cercanía — ¿necesitabas algo? — interrogó, observando alternativamente a Lily y a Caroline en busca de alguna respuesta a la extraña actitud del castaño.
No obstante, a esas alturas ambas muchachas habían desviado la mirada en dirección al suelo, deseando por momentos no estar presentes en una situación tan incómoda como esa.
—La verdad es que sí — contestó rápidamente — Conoces a mí amiga Caroline, ¿verdad?, es una gran admiradora de tu formación cabeza de halcón y le encantaría que le explicaras en qué situaciones acostumbras a usarla, solo que a ella le daba un poco de vergüenza pedírtelo, así que he pensado que dado que tú y yo somos grandes amigos, podría pedírtelo de su parte — explicó James con naturalidad, consiguiendo que Caroline levantara la cabeza de golpe, y observara alternativamente a ambos muchachos sin saber muy bien que decir al respecto.
¿Grandes amigos? ¿En qué extraña e improbable realidad paralela había sucedido algo como eso?.
James acababa de arrojarla a los leones sin red alguna, si no fuera porque estaba completamente paralizada por la vergüenza, le lanzaría un más que merecido cruciatus sin ningún tipo de miramientos.
Pero antes de que ninguno de los dos muchachos pudiera siquiera reaccionar o decir palabra alguna, James se despidió fugazmente antes de tomar nuevamente la mano de Lily y se marchó de allí como alma que lleva el diablo, dejándolos completamente solos.
Caroline sonrió con nerviosismo en dirección a Amos y tragó saliva, mientras el hufflepuff la observaba confuso sin entender absolutamente nada, completamente ajeno a lo que estaba sucediendo en realidad.
Odiaba a James, bueno en realidad no lo hacía, pero deseaba hacerlo con todas sus fuerzas en ese momento.
¿Qué haría? ¿Qué diría? Estaba a punto de quedar como una tonta ante el muchacho que le había gustado en secreto durante tantos años y por ello, lo único que le reclamaba a gritos su instinto, era buscar una salida rápida al terrible embrollo en que la había metido su amigo del alma.
—No sé por qué ha dicho eso James, siento mucho la interrupción y las molestias que te hemos causado — se disculpó Caroline avergonzada, a la vez que hacía ademán de marcharse.
No obstante, cuando se disponía a dar un paso para dirigirse de vuelta a la pista de baile, el rubio la tomó con delicadeza de la manga semitransparente del vestido de gasa que portaba para tratar de retenerla.
—Espera, no te vayas, por favor — pidió el muchacho en tono amable, con una sonrisa tímida dibujada en el rostro.
La castaña dirigió una mirada fugaz a los ojos azules del chico.
¿Realmente quería que se quedara o lo decía por mero compromiso? Su sonrisa parecía sincera, pero su insana inseguridad le impedía estar segura del todo de su percepción.
—Te llamas Caroline, ¿no? — preguntó tratando de entablar conversación.
La muchacha asintió algo dubitativa.
—Puedo explicarte esa jugada y otras muchas si tanto te interesa. A no ser que…¿no serás un topo del equipo de quidditch de gryffindor? — preguntó el hufflepuff medio en broma medio en serio, dibujando en su rostro una sonrisa ladeada.
—Si te soy sincera, no me interesa demasiado el quidditch, ni siquiera sé que es una formación de halcón — confesó entrecerrando los ojos algo avergonzada, a la vez que se mordía mecánicamente el labio inferior con fuerza.
Acababa de cargarse de un plumazo la excusa de su amigo y no tenía explicación alguna para ello, pero peor hubiera sido haber sido pillada en el brete de tratar de hacerse la entendida en un tema que desconocía por completo.
—Oh bueno — balbuceó el muchacho pensativo — En ese caso podemos hablar de cualquier otra cosa — propuso atropelladamente, dejando entrever sus hasta entonces inapreciables nervios.
Siempre había visto a Amos Diggory como un muchacho completamente seguro de sí mismo, pero descubrir que él también se ponía nervioso en ocasiones, aunque solo fuera un poco, le dio a la castaña algo de confianza para soltarse y controlar ligeramente el temblor de sus rodillas, que para su suerte estaban ocultas tras las múltiples capas de tul de color violáceo que conformaban la falda de su vestido.
—Claro, pero no quiero molestarte, si has venido con alguien…
—Vine solo — contestó rápidamente el muchacho — El profesor Slughorn puede llegar a ser muy insistente en ocasiones, y dado que mis amigos preferían quedarse en la habitación ordenando su ropa interior por colores, lo cual en sus propias palabras es mucho más divertido que acudir a una pomposa fiesta de Slug, me decidí a pasarme un rato para al menos hacer acto de presencia — bromeó el rubio, recordando las absurdas excusas que le habían dado sus compañeros de casa para no asistir con él a la fiesta — ¿Y tú?, ¿viniste con Potter?.
—Oh no, ni siquiera sabía que él vendría y para ser sincera a estas alturas aún estoy preguntándome qué hace él aquí, no le van demasiado estas cosas — explicó la muchacha algo descolocada — En realidad vine cómo pareja de Ali, pero la he extraviado hace como una hora, así que supongo que también estoy sola — confesó con timidez, volviendo nuevamente la vista hacia la moqueta granate que cubría el suelo de la sala.
—En ese caso, y dado que ambos estamos solos, ¿me concederías un baile? — propuso a la vez que hacía una elegante reverencia frente a ella — Prometo tratar por todos los medios de no pisarte — aseguró en tono de broma guiñándole un ojo.
Caroline rió divertida y manteniéndole la mirada, tomó su mano con decisión.
—A mi no me engañas, sé que eres un gran bailarín — señaló a la vez que se dejaba guiar por la mano del hufflepuff, que sonrió para sí mismo al escuchar su réplica, pero no dijo ni una palabra más al respecto.
Una vez en la pista, sus manos temblorosas se enlazaron alrededor del cuello del chico, a la vez que las ásperas y curtidas palmas de él, envolvían su estrecha cintura, llegando a duras penas a rozar la tela de raso de la parte superior de su vestido.
Estaba claro que no deseaba incomodarla, más bien disfrutar de un rato agradable con la desconocida que se había cruzado en su camino de una forma ligeramente accidentada aquella noche invernal.
—¿No te parece increíble que nunca antes hayamos hablado? — preguntó Amos con curiosidad.
Caroline levantó la vista en dirección a los ojos del chico.
—Bueno, creo que en una ocasión te pedí tinta para la pluma — bromeó la castaña tratando de quitarle importancia.
—Me refiero a hablar de verdad, a una conversación como la de ahora — aclaró insistiendo nuevamente en lo curioso del hecho de que durante seis años consecutivos siendo alumnos de Hogwarts, compartiendo alguna que otra clase y yendo a las mismas fiestas, nunca hubieran intercambiado más de dos palabras seguidas.
Lo que el muchacho no sabía era que Caroline tenía buena parte de culpa de ello, pues se ponía tan nerviosa cuando él estaba mínimamente cerca, que acostumbraba a huir despavorida para evitar tener que enfrentarse a una conversación con él.
—En realidad no es tan raro, hay muchas personas bajo el techo de este castillo — opinó encogiéndose de hombro, pues evidentemente no tenía intención alguna de sincerarse con el muchacho en relación a su pánico irracional a tener una simple conversación con él.
No se consideraba a sí misma una cobarde, era una gryffindor después de todo, y además nunca antes había tenido tapujos a la hora de hablar con alguien del sexo opuesto, pero por alguna razón que no lograba entender, toda la valentía y seguridad que acostumbraba a tener se disipaba cuando el hufflepuff estaba cerca, cosa del todo absurda dado que ni tan siquiera le conocía en profundidad.
—Aún así, creo que eres de las pocas personas con las que no he hablado nunca — insistió nuevamente, mientras trataba por todos los medios de buscar una explicación racional a por qué sus ojos nunca se habían percatado de la existencia de la castaña.
Es decir, la chica parada frente a él tenía ese tipo de belleza que inevitablemente destacaba entre el resto aunque hubiera un centenar de personas presentes en la sala, esa tan característica y natural a la que involuntariamente acostumbraban a volar tus ojos cuando aparecía ligeramente reflejada en su campo de visión.
¿Dónde habría estado escondida todo ese tiempo?.
—Cierto, se me olvidaba que eres mister popularidad — replicó en tono burlón la muchacha, observándole divertida.
—No quería decir eso — se corrigió, a la vez que se le escapaba una involuntaria sonrisa como consecuencia del sutil ataque de la chica — Pero en serio, pareces un enigma andante, y yo empiezo a sentirme un poco ravenclaw — confesó en tono de broma, tratando de camuflar ligeramente la parte de verdad que escondían sus palabras.
—Creo que esos amigos tuyos a los que les gusta ordenar la ropa interior por colores no estarían contentos al escuchar eso — replicó en tono juguetón, olvidando por completo la inseguridad que acostumbraba a apoderarse de ella en más ocasiones de las que le gustaba admitir.
—Después de dejarme tirado se lo merecen un poco, ¿no crees? — bromeó, consiguiendo que ambos se sonrieran mutuamente — No, pero hablando en serio, creo que tu mejor amigo tiene gran parte de culpa de que no nos conozcamos, siempre estás con él y siento que no soy santo de su devoción precisamente, de hecho cada vez que me mira siento que si pudiera me partiría una escoba en la cabeza — confesó con fingida cara de pavor.
Una carcajada se escapó de entre los labios rosados de Caroline.
—Y yo que creía que erais amigos del alma — rió recordando la efusividad con la que había abrazado James a Amos hacía un momento — Pero, fuera de bromas, no se lo tengas muy en cuenta, eres el capitán del equipo rival y James puede ser en ocasiones ligeramente temperamental — explicó negando con la cabeza, al pensar en su irracional y loco mejor amigo.
—Creo que su animadversión hacia mí tiene un poco que ver con Lily, le gusta ¿verdad? — preguntó fijando su mirada en los ojos cristalinos de la castaña.
—Yo… — titubeó la chica sin saber muy bien qué contestar, pues evidentemente no tenía intención alguna de delatar a su amigo.
—Perdona por la pregunta, no debí habértela hecho — se reprendió a sí mismo desviando la mirada de la de la castaña, arrepentido por su atrevimiento y descaro.
No era ella a quién debía preguntar algo como eso, y mucho menos tratándose de la mejor amiga de James Potter.
Después de tanto tiempo, había olvidado por completo a Lily pero aún así, le habría gustado recibir una explicación por parte de la muchacha respecto a su distanciamiento para poder así cerrar por completo esa puerta, que se había obligado a mantener ligeramente abierta por si ella decidía acercarse nuevamente a él. Pero era absurdo, debía pasar página de una vez. Quizás ella no estuviera con Potter, pero claramente tampoco estaba interesada en él, así que no tenía mucho sentido esperar por algo que a esas alturas, estaba claro que nunca llegaría.
—¿Ella te sigue gustando? — se atrevió a preguntar Caroline tímidamente.
Amos la observó con detenimiento durante unos segundos y recuperó su característica sonrisa.
—No, definitivamente no, creo que lo único que esperaba por su parte era una conversación sincera, pero no parece que vaya a llegar así que...— pero de pronto se interrumpió — Además, no es justo que te cargue con una responsabilidad como esa, sobre todo teniendo en cuenta que eres su amiga.
—Puedes hablar conmigo, te prometo que no le diré nada — aseguró con sinceridad la castaña, ocultando parcialmente la tristeza que luchaba por apoderarse de su tono de voz.
—Es que no quiero hacerlo, prefiero disfrutar de esta velada con la chica preciosa que ha aceptado bailar conmigo esta noche, y que muy probablemente sea una espía del equipo de quidditch rival, aunque finja no tener ni la menor idea de quidditch — confesó entre bromas, sin dejar de iluminar en ningún momento a la muchacha con su irresistible y perfecta sonrisa.
La castaña asintió complacida por su respuesta y tras hacerlo, disfruto de una divertida y amena noche de conversaciones interminables, bromas y bailes con el chico que hasta ese entonces no había sido más que un amor platónico para ella.
