Capítulo 15: Electricidad, duchas ajenas y castigos del todo merecidos
Lily Evans arrastraba a duras penas su abultado baúl a lo largo de la plataforma de hormigón frente a la cual descansaba el expreso escarlata. El ingenioso plan de su padre de instalarle unas pequeñas ruedas en uno de los laterales no había sido tan buena idea como había parecido en origen, y situada justo frente a la primera puerta que daba acceso al tren, se preguntaba a sí misma cómo diantres haría para subirlo sin perder los dientes ni terminar metiendo el pie entre el tren y el andén en el proceso. La lista mental de las cosas innecesarias que había introducido en el mismo empezaba a pesarle en la conciencia por momentos.
—¿Te ayudo? — preguntó en tono amable una conocida voz a su espalda.
Tras ella se encontraba situado un sonriente James Potter con las manos metidas en los bolsillos, y cuando sus miradas al fin se encontraron, un sutil brillo dibujado en sus esferas avellana impactó de lleno contra la retina de la pelirroja.
Por un momento deseó con todas sus fuerzas olvidar las limitaciones que se había obligado a imponerse a sí misma y abrazarlo con todas sus fuerzas, volver a sentir el cálido tacto sobre su piel, dejarse envolver por los reconfortantes brazos del muchacho, y que su perfume masculino nublara sus sentidos, agitando con intensidad cada célula de su cuerpo. Pero no, no podía hacerlo, debía sobreponerse, ser paciente y esperar, eso era lo mejor, o al menos esperaba ser capaz de convencerse de ello.
Nunca había experimentado algo así, esa necesidad que te impulsa a permanecer cerca de la otra persona, como los polos opuestos de un imán, que inevitablemente acaban por atraerse aunque trates de oponer resistencia, como un misterio que te empuja a saltar a la oscuridad, al agujero más profundo y recóndito, con tal de hallar una respuesta a las preguntas que martillean incansablemente tu cabeza.
La más mínima separación entre sus cuerpos se sentía como una dulce y agónica tortura, pero a la vez era consciente de cuan racional debía obligarse a ser en ese preciso momento, dejarse llevar por un impulso o por sus crecientes sentimientos por el castaño podría llegar a ser un error catastrófico, sin tener antes una certeza de que eso era realmente lo que ansiaba. Necesitaba asegurarse de que eso que estaba sucediendo entre ellos, nada tenía que ver con la mal llamada tensión sexual no resuelta, sino con algo mucho más profundo e intenso, que había derribado todas aquellas certezas que ambos creyeron tener hasta ese momento, instalándose poco a poco en sus corazones de manera casi imperceptible.
James parecía otro, y ansiaba con todas sus fuerzas creer que eso que sucedía entre ellos era lo que aparentaba ser y no una simple fantasía, quería confiar en él y poder entregarse en cuerpo y alma a ese sentimiento que amenazaba continuamente con hacerle perder el control, pero antes debía estar segura, y para ello necesitaba algo de tiempo antes de hacer partícipes al resto de sus amigos de lo que estaba sucediendo entre ella y el gryffindor, al que tantas veces había jurado odiar con todas sus fuerzas.
—Si no te importa..., creo que lo he cargado por encima de mis posibilidades — sonrió la pelirroja en respuesta algo apurada.
James asintió y sin hacer ningún comentario más al respecto, pasó junto a ella y tomó el baúl del suelo, para inmediatamente después subirlo al tren con una facilidad casi pasmosa, que hizo a Lily quedarse congelada en el sitio, sintiéndose tonta por momentos por no haber sido capaz de hacerlo ella misma.
No obstante, su ensimismamiento se vio interrumpido cuando el muchacho tendió la mano en su dirección para ayudarla a subir al tren. No es que necesitara ayuda, sino más bien parecía un gesto gentil por su parte, y tener una excusa para sentir la aspereza de sus manos sobre su delicada piel hizo que la muchacha no lo pensara ni un segundo y correspondiera su gesto, subiendo al tren sin romper en ningún momento el contacto con el castaño.
La calidez de su unión era irracionalmente adictiva, tanto que no pudo evitar que su pulgar se deslizara en forma de caricia a lo largo del dorso de la mano del chico.
James sorprendido levantó la cabeza en su dirección y tragó saliva, no es que la pelirroja nunca hubiera tenido un gesto como ese con él. Por Merlín, habían llegado mucho más lejos en cuanto a contacto físico que una simple caricia, y los interminables y anhelantes besos que habían compartido entre los muros del castillo y que habían amenazado con hacerle perder la cordura, daban buena cuenta de ello, pero había sido la primera vez que la chica había tenido un gesto de ese tipo en público, y aunque no les estaba viendo nadie en ese preciso momento, una chispa de ilusión encendió su acelerado corazón.
—Pensé que no llegarías nunca, Lils — interrumpió Alison haciendo que los muchachos separaran de golpe sus manos en acto reflejo.
Por suerte para ellos, la rubia no parecía haberse percatado de la escena, más bien lucía algo ansiosa, demasiado intranquila por sus propias preocupaciones como para darse cuenta de la escena que acababa de interrumpir sin quererlo.
Alison tomó a Lily por el brazo y la arrastró en dirección al compartimento donde había dejado sus cosas, mientras James las seguía de cerca, sin poder borrar en ningún momento la sonrisa de ilusión que se había dibujado en las comisuras de sus labios.
Cuando al fin todos se hubieron reunido, abrazado y puesto al día sobre los últimos acontecimientos que habían tenido lugar durante sus vacaciones, se instalaron como pudieron en el compartimento que había reservado Alison. No obstante, claramente empezaban a quedarse cortos de espacio, pues desde que habían unido los grupos, un solo compartimento se hacía del todo insuficiente para todos ellos.
James se encontraba sentado junto a Peter, justo al lado de la ventana, en el asiento frente a él estaba Lily y a su lado Sarah y Remus, mientras Sirius y Alison por su parte, permanecían de pie junto al umbral de la puerta.
Caroline se había pasado a saludar al inicio del trayecto, no obstante se disculpó anunciando que Amos le había pedido que pasará el viaje en su compartimento junto a él y sus amigos, cosa que lejos de molestar a los chicos, no pudo alegrarles más, sobre todo al ver la cara de ilusión de la castaña al informarles de ello.
—Oye Sirius, ¿podemos hablar un segundo? — preguntó Alison en tono bajo para que solo el moreno pudiera escucharla.
El chico levantó la cabeza de golpe en su dirección y la observó interrogante. Si bien, las cosas entre ellos habían mejorado notablemente desde el inicio del curso, la petición de la muchacha de querer hablar a solas con él no dejaba de sorprenderle.
—Claro rubia — terminó por decir, antes de escabullirse ambos en dirección al pasillo, no sin antes avisar a sus amigos de que en seguida estarían de vuelta.
Caminaron sobre la moqueta del pasillo sin pronunciar ninguna palabra, hasta el cuarto reservado para el equipaje de los alumnos, donde tras cerrar la puerta, Sirius se dejó caer sobre uno de los baúles a la espera de que la rubia empezara a hablar.
—Tú dirás — apremió el muchacho con curiosidad, observando a la indecisa muchacha de pie frente a él.
Alison jugueteó nerviosa con un mechón de su cabello entre sus dedos. Pero al oír las palabras del chico, dejó escapar el aire que hasta entonces había estado conteniendo en los pulmones y se sentó junto a él en el baúl.
—Espero que no te moleste que te pregunte esto, pero estoy bastante preocupada y tú eres el único que quizás pueda ayudarme con esto — trató de justificarse Alison sin despegar la mirada del suelo, visiblemente incómoda por la situación en la que estaba a punto de ponerlos a ambos.
—Tranqui, rubia — trató de tranquilizarla Sirius, tomando las temblorosas manos de la chica entre las suyas para ayudarla a calmarse — Sabes que a mí puedes contarme lo que sea — aseguró buscando su mirada esquiva.
Alison sintió una corriente eléctrica sacudir con fuerza su cuerpo ante el contacto del moreno, pero aunque su parte racional trataba de advertirle que lo mejor era soltarlo, su yo más egoísta y nostálgico se aseguró de disfrutar cada segundo de esa conexión.
La rubia dirigió fugazmente la mirada a sus manos entrelazadas y a continuación la elevó en dirección a los profundos ojos grises de Sirius, que tantas veces se había obligado a evitar.
Deseaba con todas sus fuerzas que sus palabras no le hicieran el más mínimo rasguño, pero era un riesgo que debía correr, no podía vivir con esa incertidumbre que se había apoderado de sus pensamientos desde aquella extraña visita al Callejón Diagon.
—Estoy algo preocupada por Regulus, ¿sabes si él está bien?. He estado mandándole cartas pero no me contesta a ninguna y...no sé imaginé que como vivís en la misma casa quizás tú sabrías algo — tanteó volviendo a desviar nuevamente la mirada algo avergonzada por su pregunta.
Una sombra de duda se reflejó en el rostro del moreno.
¿Qué habría pasado para que su hermano no respondiera las cartas de la chica?. Era más que evidente que como poco la apreciaba. Además, Regulus no sería precisamente el tipo de persona que omitiera contestar una carta específicamente dirigida a él, eso sería del todo inapropiado, y su hermano era demasiado correcto y educado como para tener un gesto tan descortés como ese.
—Pues — empezó Sirius algo confundido rascándose involuntariamente la cabeza — Es que después de Navidad, me fui a casa de James y no volví a Grimmauld Place, así que no he sabido nada de Regulus desde entonces, a excepción de el par de escuetas cartas de rigor que acostumbramos a mandarnos durante las navidades, así que no sabría qué decirte — explicó en tono de disculpa.
Sorprendentemente no estaba molesto porque Alison le hubiera apartado del grupo para preguntarle por su hermano, quizás finalmente estuviera empezando a madurar, o simplemente había visto a la muchacha tan perdida y confundida con la desaparición de Regulus, que inevitablemente se había activado su yo más protector, ese que ansiaba que la chica que hace tiempo era propietaria del corazón que siempre pensó no tener, sufriera el más mínimo daño.
Extrañaba su sonrisa, aquella que había tenido la oportunidad de ver en numerosas ocasiones durante el curso pasado, pero que durante ese último año había parecido disiparse y ser enterrada bajo un montón de restricciones, decepciones y mentiras.
—No te preocupes, de igual forma, trataré de hablar con él — aseguró más para sí misma que para el moreno — Gracias igual por escucharme — agradeció regalándole una sonrisa sincera.
—No hay de qué — dijo Sirius restándole importancia, correspondiéndole de igual forma con una de sus características sonrisas ladeadas.
Ambos muchachos se quedaron mirándose durante unos segundos, antes de levantarse y salir nuevamente al pasillo.
En ese mismo instante, un grupo de chicas de Ravenclaw, ataviadas con sus impolutos uniformes azul y plata, pasaron por su lado interrumpiendo el aura de cercanía que se había generado a su alrededor.
—Hola Black — saludaron al unísono entre risitas.
Alison desvió la mirada incómoda, reprendiéndose a sí misma por molestarse por algo como eso, sobre todo cuando ella misma había sido quien había elegido no estar con Sirius. Lo cual no evitaba que sintiera una punzada en el corazón cada vez que alguna de las admiradoras del moreno se deshacía en atenciones con la persona que había conseguido poner patas arriba su mundo, que había derribado una por una todas sus barreras, para acabar por colarse bajo su piel, arrasando todo a su paso e instalándose de forma permanente en su alma.
Y se reprendió aún más al recordar que toda esa situación era fruto de su terquedad, de su incapacidad para afrontar los problemas en lugar de huir, y por un momento pensó en que quizás fuera mejor así, el moreno se merecía a alguien mucho mejor que ella, alguien que no saliera corriendo a la primera de cambio y que fuera capaz de plantarse ante las injusticias, en lugar de acabar siendo cómplice de ellas por omisión.
Sirius saludó a las muchachas algo incómodo con un asentimiento de cabeza, y tanto él como Alison continuaron su camino en dirección al compartimento en completo silencio.
—Entonces, ¿qué tal la experiencia de dormir en una celda? — preguntó Lily divertida en dirección a Remus.
—Creo que la peor parte no fue la celda, sino lo de tener que compartirla con los cazadores de osos expertos que me arrastraron hasta allí — explicó con sarcasmo, negando con la cabeza.
Sarah puso una mano sobre el hombro del castaño para tratar de animarlo.
—Eres un quejica Remus, reconoce que fue la experiencia más estimulante de toda tu vida — exigió James fingiendo estar ofendido, mientras intercambiaba una mirada cómplice y una sonrisa disimulada con Lily, sentada frente a él.
—Teníais que haber visto la cara de Remus cuando el guardia dijo que llevaban sin avistarse osos en ese bosque unos cincuenta años, casi asesina a James y a Peter ahí mismo — rió Sirius desde el pasillo, con el hombro apoyado sobre el marco de la puerta.
—Y tú por supuesto no tuviste miedo en ningún momento, ¿verdad? — tanteó Alison, observándole con escepticismo desde el otro lado del marco de la puerta.
—Estaba igual de acojonado que nosotros, el único valiente aquella noche fue Remus, y tampoco mucho, porque gritó como el resto cuando pensábamos que la criatura que habíamos capturado iba a matarnos —relató James en tono de burla, regalando una mirada pícara a su amigo castaño.
Remus en respuesta puso los ojos en blanco, mientras Sirius, ignorando por completo las palabras de James, se dirigió hacia Alison divertido cruzando los brazos.
—¿Por qué te interesa, rubia?. ¿Te estás preguntando si seré capaz de protegerte de los osos cuando nos casemos? — bromeó juguetonamente, olvidando por completo la conversación que había tenido lugar entre ambos hacía apenas escasos veinte minutos.
—Visto lo visto, creo que seré yo la que tenga que protegernos a ambos de los osos — contraatacó divertida, haciendo que Sirius se llevara las manos al pecho dolido, y el resto rieran a carcajadas.
—Por cierto, prima, no nos has contado qué tal la apasionante mañana de compras con Narcissa Adams. Quiero decir, Black — bromeó James.
A Alison se le borró la sonrisa de la cara de golpe cuando la imagen de Reg parado frente a ella en la tienda de Madame Malkin volvió a su memoria, pero intentó arreglarlo rápidamente obligándose a sí misma a sonreír de nuevo.
No obstante, como no podía ser de otra forma, a diferencia del resto, Sirius sí se percató de ello.
—Pues insufrible, tanto ella como el plan, pero tampoco esperaba menos — explicó con simpleza encogiéndose de hombros — Aunque conocí a alguien aquel día — sonrió para sí misma al traer a su memoria la parte más especial de su visita al callejón.
—¿Si? ¿Era guapo? — preguntó Lily emocionada.
—Oh, muchísimo, era apuesto, caballeroso, divertido... — enumeró con los dedos.
A Sirius se le secó la boca de golpe y deseó con todas sus fuerzas que la tierra lo tragara para no tener que escuchar el relato de la rubia, hasta que Ali volvió a hablar.
—Y calculo que medía como un metro diez — volvió a sonreír.
Sus amigos se miraron unos a otros confundidos.
—Era el hijo mayor de los Weasley, tiene seis años y se había perdido en el callejón — sonrió con nostalgia — Pero, naturalmente Narcissa tuvo a bien señalarme mi impropio comportamiento con traidores a la sangre — explicó la chica rodando los ojos.
Sirius sintió como le empezaba a hervir la sangre al escuchar esas palabras, y apretó los puños instintivamente. No había nada que deseara más que mantener a Alison alejada en la medida de lo posible de su familia y sus ponzoñosas y dañinas convicciones, y por un momento se sintió culpable por no haber ideado alguna excusa para librar a la rubia de aquel infernal compromiso con su prima.
—Era tan educado y caballeroso...¿Cómo es que os estropeáis tanto con el paso de los años? — bromeó divertida, pasando la mirada por James, Peter, Remus y Sirius alternativamente.
No obstante, antes de que ninguno pudiera contestar haciéndose el ofendido, Sarah interrumpió la conversación.
—¿Qué lees, Peter? — preguntó la castaña con curiosidad cambiando de tema.
El rubio observaba ensimismado la sección de deportes del último número del Diario El Profeta.
—Parece que a Klaus Koppler le han ofrecido una oferta los Montrose Magpies, ¿Creéis que se irá a Irlanda? — preguntó Peter, tratando de asimilar la noticia de que el mejor buscador que había tenido Hogwarts, después de James claro, estaba a punto de abandonar la liga inglesa.
—No se irá — aseguró James convencido — Al menos yo si fuera él no lo haría ni por todos los galeones del mundo, los equipos ingleses les dan mil vueltas — aseguró totalmente convencido de sus palabras.
Alison aprovechó el despiste para arrebatarle sorpresivamente la revista a Peter, y poder así observar más de cerca la foto del atractivo buscador.
—Creo que oficialmente ha empezado a interesarme el quidditch — dijo abriendo mucho los ojos mientras se abanicaba con las manos teatralmente, antes de pasarle la revista a Sarah.
Sirius puso los ojos en blanco y Alison en respuesta aprovechó para sacarle la lengua.
—Es bastante apuesto, pero a decir verdad no es mucho mi tipo — opinó Lily, asomando la cabeza por encima de la revista que sostenía su amiga castaña, para automáticamente después dirigir la mirada hacia James que la observaba divertido.
—¿Y cual es tu tipo, Evans? — preguntó con fingido interés el muchacho, haciendo a la pelirroja abrir mucho los ojos como consecuencia de sus palabras.
—Tú desde luego no — contestó por ella Alison, consiguiendo inevitablemente que una sonrisa se dibujara en los labios de James.
—Pues a mí no me parece para tanto, su trabajo es atrapar snitch y no dejarse golpear por una bludger en el camino, no parece ser una eminencia precisamente — opinó algo inseguro Remus, mientras observaba con detenimiento a Sarah, cuyos ojos castaños permanecían fijos en la imagen en movimiento del buscador, flotando a varios metros del suelo sobre su escoba, con la snitch encerrada en el puño y su brazo alzado en señal de triunfo, mientras el resto de su equipo volaba alrededor del campo a modo de celebración.
—Remus, no te pongas celoso que Fawley solo tiene ojos para ti, ¿a qué sí, Fawley? — preguntó Sirius divertido.
Sarah se puso roja como un tomate.
—Igual no creo que se vaya, dicen que está saliendo con MacDonald — informó Sirius recordando el rumor que había escuchado hacía apenas un mes en la sala común.
—¿Mary Macdonald, vuestra compañera del equipo de quidditch de Gryffindor? — preguntó entonces Lily con curiosidad.
—La misma — aseguró Sirius — Aunque bueno es un secreto a voces, ella ha hecho las pruebas para las Arpías de Hollyhead y estoy seguro de que la seleccionarán, es buenísima.
James asintió corroborando las palabras de Sirius.
—Que suerte tienen algunas — suspiró Alison, mirando embelesada la imagen del atractivo buscador en el periódico que descansaba nuevamente sobre las rodillas de Peter.
—Tú tampoco puedes quejarte, después de todo eres la prometida del más apuesto de los Black — bromeó Sirius elevando y bajando las cejas cómicamente.
—No me recuerdes mi inexistente y agónica fortuna — contraatacó la rubia sin dejar de sonreír golpeando su hombro con el del moreno, que no pudo sino envolverla entre sus brazos y dejar un beso sobre su cabellera dorada, mientras ella trataba sin demasiado empeño de zafarse.
Alison trató de coincidir con Regulus durante una semana sin ningún éxito en absoluto. Por ingeniosos o elaborados que fueran sus planes, el slytherin siempre encontraba alguna forma de escabullirse de ellos y la rubia empezaba a estar harta de esa situación. Había tratado de esperarlo después de cada una de sus clases, de pillarlo de improviso en la biblioteca, e incluso, había permanecido durante horas frente a la puerta de entrada a la sala común de slytherin, teniendo que soportar en consecuencia miradas de desconfianza de decenas de estudiantes de la casa que susurraban la contraseña contra la madera de la puerta, con tal de que la muchacha no fuera capaz de escucharla, pero de igual forma nunca pilló al moreno tratando de entrar o de salir de la sala, casi parecía tener un radar que le avisaba de donde estaba la gryffindor en todo momento para poder así evitarla con facilidad.
Sus amigas habían tratado de convencerla de que quizás había sucedido algo con su familia y necesitaba un poco de tiempo y espacio. Pero a decir verdad, no era más que un consejo a tientas, pues Alison no se había atrevido a contarles nada de lo sucedido en Madame Malkin. Eso habría significado tener que considerar posibles explicaciones que hasta ese momento había evitado plantearse a toda costa, y de igual forma afrontarlas, cosa para la que no estaba segura de estar preparada. Regulus era más importante para ella de lo que pudieran llegar a imaginar sus amigas, o Sirius o James, o cualquiera, y no se rendiría tan fácilmente sin luchar, al menos se merecía una respuesta, necesitaba un buen motivo que explicara por qué el moreno la había separado tan repentinamente de su vida sin siquiera molestarse en darle una explicación al respecto.
Por ello no cesó en su empeño, y estrujándose la cabeza tanto como pudo, elaboró el plan maestro del que su amigo no podría escapar por mucho que lo intentara. Le gustara o no esa tarde tendría que hablar con ella. Huir ya no sería una opción para él, y la rubia obtendría lo que había estado buscando incansablemente, tanto para bien como para mal.
Había escuchado a James hablando con Sirius sobre que el domingo se celebraría el partido de quidditch de Ravenclaw contra Slytherin, equipo del cual Regulus era buscador, y de la nada, como si de un lumos se tratara, la más brillante de las ideas iluminó su mente.
Durante esos días preguntó incansablemente a James cientos de detalles en relación al partido para no dejar espacio a la improvisación, lo que inevitablemente hizo pensar al castaño que su prima había perdido el juicio. Incluso llegó a decirla, 'Si que te ha dado fuerte con el tal Klaus Koppler'.
Pero sin duda prefería que pensará eso antes que conocer la verdadera razón que le impulsaba a hacerle compulsivamente preguntas tan extrañas, como qué equipo se situaba en cada vestuario, o sobre a qué hora acostumbraban a finalizar los partidos.
En efecto, Alison iba a colarse nuevamente en los vestuarios masculinos del estadio. Regulus no esperaría encontrarla allí ni en un millón de años, por lo que no tendría las alarmas encendidas intentando a toda costa evitarla. Sería la encerrona perfecta.
James le había contado que cada miembro del equipo acostumbraba a ducharse en el cubículo situado frente a su ropa, era algo así como una norma no escrita, y que casi la totalidad de los jugadores acostumbraban a acceder a las duchas vestidos, para más tarde arrojar la ropa por encima del cubículo.
Sonrió al recordar esa incómoda conversación con James, que ante su pregunta pareció tratar de hacer cábalas sobre la razón por la cual la rubia querría saber un dato tan extraño como ese.
El domingo, tal y como había planeado meticulosamente, se escabulló de sus amigas alegando que se acercaría a los invernaderos a pedir algunos ingredientes para sus pociones a la profesora Sprout, y pidió prestada la capa de invisibilidad a James, a cambio de prometerle que haría sus deberes de pociones durante dos semanas si no le hacía preguntas en relación a para qué la usaría.
Se aventuró hasta el estadio total completamente oculta bajo la capa y accedió al interior de los vestuarios masculinos, para a continuación revisar uno por uno los nombres escritos en las bolsas posadas en los bancos frente a las duchas, y tras encontrar la de Reg, se quitó finalmente la capa y se escondió tras la puerta del cubículo que estaba frente a la bolsa del moreno.
Pensándolo bien, era su segunda vez en ese mismo vestuario encerrada en una de esas inhóspitas duchas.
No obstante, rápidamente sacudió la cabeza reprendiéndose a sí misma por pensar en eso en ese preciso momento, debía concentrarse en el plan que la había llevado a estar escondida, con la espalda pegada a los helados azulejos de la ducha, esperando a que el equipo de quidditch de slytherin accediera finalmente a los vestuarios tras el partido.
Para su suerte, había calculado el tiempo casi a la perfección, pues los jugadores no tardaron en llegar, las voces de entusiasmo indicando que habían ganado el partido, hicieron palpable su presencia en los vestuarios. No escuchó en ningún momento la voz de Regulus, no obstante intuía que el moreno debía estar ahí, pues sus compañeros de equipo no dejaban de alabar sus jugadas.
Pero como no podía ser de otra forma, la rubia no había analizado con detenimiento todas las opciones posibles de su imprudente plan, de haberlo hecho, probablemente se habría dado cuenta de que en lugar de brillante, era una idea realmente terrible. Lo cual no tardó en descubrir al escuchar una voz significativamente grave elevar el tono al otro lado de la puerta de la ducha.
—Oye Black, no te importa que entre yo primero, ¿verdad?. La ducha del fondo está averiada.
—No, tranquilo, ve tú primero si quieres — escuchó decir por primera vez a Regulus.
Alison puso cara de pavor y trató por todos los medios de buscar una solución cuanto antes.
Quizás la capa de invisibilidad habría sido una buena idea, pero estaba guardada en el fondo de su mochila, y no le dio tiempo siquiera a darse la vuelta para tratar de sacarla, cuando un corpulento Goyle desnudo de los pies a la cabeza abrió de golpe la puerta.
El chico la observó completamente paralizado y ella maldijo entre dientes su suerte.
—¡Ahhhhhh! — gritó el muchacho, antes de salir corriendo en dirección al banco en busca de una toalla con la que cubrirse las vergüenzas.
Todos en los vestuarios sacaron la cabeza de sus respectivos cubículos y se asomaron al lugar de donde provenía el grito, tratando de enterarse de lo sucedido.
Alison se mordió con fuerza el labio y ante la estupefacción de la totalidad del equipo de quidditch de Slytherin, cuyos integrantes en su mayoría se encontraban en paños menores sino completamente desnudos, al fin salió del cubículo.
—Creo que no fue aquí donde dejé mi caldero —se excusó, antes de dirigir una mirada fugaz a un confuso Regulus, y salir corriendo de allí como alma que llevaba el diablo.
—¿Y a esta que le pasa ahora? — preguntó James, observando como Alison sentada en el suelo con la espalda apoyada contra la pared del pasillo, tenía la cara tapada con las manos y no paraba de murmurar reprendiéndose a sí misma.
—No lo sabemos, no para de decir que ha visto desnudo a Goyle — explicó Lily, mirando con desconfianza a su amiga.
Sirius y James intercambiaron una mirada de asombro.
—Venga Ali, cuéntanos qué ha pasado, seguro que no ha sido para tanto — trató de estabilizarla Sarah sentada junto a ella, mientras acariciaba su cabello lacio con cariño.
Y en contra de lo esperado, sus palabras hicieron reaccionar al fin a la rubia, que levantó la cabeza de golpe mirando con horror en dirección a sus amigos.
—Me colé en las duchas del estadio de quidditch —explicó en un tono de voz con el que parecía estar relatando el más horrible de los traumas.
—¿Qué tú qué? — cuestionó Lily incrédula — ¿Por qué hiciste algo tan absurdo como eso?.
Sirius y James dejaron escapar una carcajada y Sarah la observó preocupada.
—Pensé que quizás así Regulus no podría escabullirse y tendría que hablar conmigo — suspiró —Pero parece que él tenía otros planes, como por ejemplo, cederle su ducha a Goyle — negó volviendo a esconder el rostro tras las palmas de sus manos.
—Tienes una obsesión insana con colarte en las duchas ajenas del vestuario masculino del estadio —comentó divertido Sirius.
Sarah y Lily se miraron con estupefacción.
—¿Cuándo ha pasado exactamente eso? — preguntó James atónito.
Pero Sirius ignoró la pregunta de su amigo y se agachó situándose justo en frente de la rubia, a la vez que tomaba sus manos para obligarla a mirarlo.
—Hablaré con él — prometió el moreno.
La rubia asintió agradecida.
—Bueno entonces, ¿qué tal la experiencia de ver a Goyle en paños menores?. ¿Has decidido ya si prefieres hacerte una lobotomía o arrancarte los ojos? — preguntó James entre carcajadas al imaginar la cómica escena.
No obstante, antes de que Alison pudiera contestarle una voz autoritaria retumbó contra las paredes del pasillo.
—¡Señorita Potter! A usted la estaba buscando — dijo la profesora McGonagall acercándose en dirección a dónde se encontraban los muchachos — Ha llegado a mis oídos que se ha atrevido a irrumpir sin autorización en el vestuario masculino del estado de quidditch, violentando a sus compañeros de la casa Slytherin. ¡¿En qué pensaba?! — la reprendió notablemente enfadada.
—Yo...—trató de decir la chica.
—Ayudará a la señora Pomfrey durante una semana en la enfermería desde esta misma noche, y si vuelvo a enterarme de que ha hecho algo similar de nuevo, me veré obligada a escribir a sus padres — advirtió sin un ápice de diversión, fulminando a la rubia con la mirada.
