La recuperación completa de Sofía había demorado unas cuantas semanas, pero seguía siendo un tiempo record en cuanto a recuperación de situaciones mortales se trataba.

Los primeros días había estado constantemente rodeada por Amber y Calista, quienes le habían brindado risas y matado el aburrimiento de estar postrada en cama. Se agotaba con facilidad, pero agradecía tener gente que la acompañara. Sus padres también la visitaban varias veces al día, al igual que Baileywick y, por supuesto, Cedric para chequearla y la administración diaria de ungüentos y pociones. Ah, también estaban las sirvientas que entraban a entregarle cartas, ordenar la habitación y ayudarla con sus tareas diarias. Y no olvidemos a sus amigos animales, pues en el reino animal sí que habían corrido los rumores, y las aves, ardillas y otras criaturas entraban constantemente por su ventana.

A medida que los días habían ido pasando, Sofía había empezado a hartarse de estar constantemente rodeada de gente y sin poder moverse. Era sabido que Sofía era una muchacha de espíritu libre amante de la aventura, y pasar semanas y semanas en una cama no era de sus pasatiempos favoritos.

Llegó un momento en que la gente empezó a agobiarla. Agradecía que la familia real hubiera tratado el tema con extrema confidencialidad porque no sabía si podría soportar a más gente entrando y saliendo de su habitación. Según su papá, nadie más en el reino sabía respecto al accidente a parte del castillo. Todo esto para tratar las investigaciones de la manera más profesional y segura posible.

El único que notó el cansancio de Sofía, fue Cedric, y la chica lo agradeció. Un día en que cinco personas parloteaban en el lugar, Sofía cruzó su mirada con la del hechicero y le dedicó una cansada sonrisa. Él, de alguna forma, entendió de inmediato lo que pasaba por su cabeza y asintió en su dirección. Luego procedió inmediatamente a echar a la gente de la habitación diciendo que tanto ruido y movimiento no harían funcionar bien las pociones dentro del organismo de la princesa. Sofía sabía que eso era una mentira, pues en una conversación unos días atrás, Cedric le había explicado todo acerca de los medicamentos a petición de ella.

Al día siguiente, supuso que Cedric debió haber interferido, porque recibió la mitad de visitas que lo usual y solo pudo suspirar en paz y agradecer al hombre en silencio en su mente.

El nuevo desafío en su vida se había convertido en su motricidad.

Había empezado a moverse de a poco y estaba trabajando en su caminata. Cedric le había conjurado un par de muletas, pues por muy repuesta que estuviese la columna, no significaba una recuperación al cien por ciento. Aunque, de todas formas, Sofía no sabía para qué tenía las muletas si no la dejaban ni caminar fuera de su pieza.

Aún así, cada día era un día más de progreso, y estaba progresando muy rápido. Ya había caminado por todos los pasillos y corredores del segundo piso del castillo, descubriendo rincones que no sabía que existían. Cada día que pasaba era un día que necesitaba menos el apoyo de sus muletas.

Esa mañana, Sofía había despertado con muy buenos ánimos. Con el día hermoso que se veía a través de la ventana, Sofía decidió que iría a pasear en serio. Si lo lograba, incluso podría llegar a los jardines.

Mientras Violet la ayudaba a ponerse un vestido simple, le comentó su plan, sabiendo que no le agradaría a la sirvienta.

"Quiero ir afuera." Le dijo mirando hacia la ventana con una sonrisa.

Violet la miró feliz pero preocupada.

"Oh, ¡Qué buena idea! Pero ¿Está segura? ¿Quiere que llame a Baeyliwick para que me ayude a llevarla?"

"Oh no, no te preocupes. Me gustaría ir por mi cuenta. Ya puedo caminar casi sin mis muletas y me gustaría un tiempo a solas. No recuerdo la última vez que tuve tiempo para estar sola." Le comentó con una risa.

Acto seguido, la puerta de la habitación se abrió dejando entrar a Miranda.

"Sofía, ¿puedo pasar?" Preguntó desde la puerta.

"Sí mamá." Dijo mientras miraba a Violet como diciéndole ¿ves? No hay tiempo a solas. "Buenos días."

"Buenos días, mi amor. ¿Cómo te sientes?"

"Excelente." Respondió a la vez que Violet terminaba de abrochar el vestido y con una reverencia las abandonaba, dejando la discusión entre madre e hija."Estaba pensando ir a dar un paseo por los jardines. Sola." Recalcó al ver a su madre abrir la boca para ofrecerse de voluntaria a acompañarla.

"¿Estás segura?"

"Por supuesto. Tengo que empezar a recuperarme más rápido. Extraño mucho el aire fresco y hacer mis actividades al aire libre. No puedo esperar a mejorar por completo para volver a montar a Minimus, visitar las Islas Místicas, ir a..."

"¡Sofía!"

La aludida miró a su mamá extrañada.

"Solo han pasado dos meses desde que casi... casi... Sofía, no puedes ya estar pensando en volver a ponerte en riesgo."

"Pero, mamá, no es riesgo..."

"No, Sofía, por favor prométeme que no volverás a hacer algo así de arriesgado de nuevo."

Sofía miró la expresión destrozada de su madre. Se veía exactamente lo que era: el rostro de una madre que casi pierde a su hija.

Pero no podía prometerle eso a su madre, porque no era algo que pudiera cumplir. Sin embargo no quería hacerla sentir peor.

Decidió, por el momento, evadir el tema y hacerle una oferta que no rechazaría.

"¿Quieres acompañarme al jardín?"

Miranda suspiró y la miró con una pequeña sonrisa.

"Por supuesto."

Cogieron las muletas y se dirigieron al pasillo, Miranda a su lado preocupándose de que no perdiera el equilibrio.

Sofía caminaba a paso lento pero seguro. Si bien seguía sintiendo dolores, no se comparaban a la alegría que le daba el poder caminar y moverse libremente una vez más.

Agradecía constantemente el haberse librado de un destino fatal, al igual que sabía que el resto lo hacía. Sabía que su suerte había sido inmensa y que bajo circunstancias normales ella no estaría ahí. Por ello, mientras caminaba en silencio junto a su madre por los pasillos del palacio, solo podía pensar en que quizá, y solo quizá, mamá tenía razón.

Desde que se había convertido en una princesa, tantos años atrás, su vida había sido una corridilla de aventuras y acción. Siempre lo había adorado, y no lo cambiaría por nada, pero eso casi le costó la vida. No solo hace un mes, sino también en muchas otras ocasiones. Solo tenía 12 cuando casi queda atrapada junto con una hechicera malvada por toda la eternidad dentro de su propio amuleto. De no haber sido por Cedric... vaya. Le debía mucho a Cedric.

Siempre habían tenido una muy buena relación. Como en su infancia habían sido hechicero y aprendiz por un tiempo, se habían hecho buenos amigos, y él le había tenido un cariño especial desde que, gracias a ella, no lo colgaron cuando intentó apoderarse del reino.

La amistad de ambos seguía existiendo, siempre tendrían esa complicidad, pero no era lo mismo que hacía casi 10 años. Sabía muy bien que a medida que se había comenzado a convertir en una mujer, no hubiera sido bien visto que la princesa pasara el día encerrada a solas con el hechicero real. Incluso como aprendiz.

Pero esa ni siquiera había sido la razón principal. Ella hubiera adorado continuar ejerciendo magia, incluso ante malintencionados rumores, pero su tiempo no se lo había permitido. Su trabajo en la Biblioteca Secreta y sus misiones como guardiana le habían dejado poco tiempo incluso para su familia, sin mencionar sus labores reales. Continuar practicando hechicería había sido simplemente imposible y había terminado distanciándose inevitablemente de su amigo. Pero Cedric le agradaba mucho, y ni siquiera había podido darle las gracias aun como correspondía. Sus padres le habían contado todo lo que había hecho el hechicero real y que, de no ser por él, jamás hubiera salido con vida.

Nota mental: darle las gracias a Cedric, pensó, justo cuando llegaron a las escaleras.

Miranda la miró complicada, sin atreverse a hacerla bajar en su delicada situación y, justo como si lo hubieran invocado, Cedric apareció caminando con un canasto lleno de plantas, probablemente para pociones, recién recolectadas del huerto.

"¡Hola Señor Cedric!" Exclamó con una sonrisa la princesa. Él la miró con sorpresa y sonrió de vuelta, subiendo las escaleras para ir al encuentro de las mujeres.

"¡Sofía! Qué agradable es volver a verte caminar por el castillo. Buenos días su majestad."

Miranda le sonrío cálidamente.

"Buenos días, Cedric. Veo que Rollie te tiene ocupado." le dijo jovialmente mientras señalaba las plantas.

"La verdad la mitad son para más pociones cicatrizantes y antiinflamatorios." Contestó mirando esta vez a la princesa. "Nos hiciste pasar mucho susto, Sofía. Recuerda que, si necesitas cualquier medicina extra, solo tienes que avisarme."

"Oh, Señor Cedric, sobre eso, no sé por donde empezar. No he tenido la oportunidad e agradecerle apropiadamente y creo que ningún agradecimiento sería suficiente. Sé que usted es básicamente el responsable de que yo siga con vida."

Cedric hizo un gesto con la mano restando importancia, pero en el fondo Sofía vio que agradecía sus palabras.

"No es nada, es el deber del hechicero real después de todo."

"Es trabajo de un médico, Cedric." Dijo Miranda con seriedad. Sofía percibió que no era la primera vez que tenían esa conversación. Probablemente el rey y la reina ya habían agradecido en privado a Cedric. Esto hizo sentir más culpable a Sofía. "Lo que hiciste fue ir más allá de tus obligaciones y la familia real completa está en deuda contigo. De no ser por tus hechizos y pociones..."

Miranda miró a Sofía y su rostro se contrajo en una mueca amarga.

"En fin, no queremos quitarte más tiempo. Adelante." Miranda se apartó para dejarlo pasar y seguir con el camino, pero él las miró con interés.

"¿Van a bajar?"

Las dos se miraron y Sofía se sonrojó, sintiéndose inútil. Odiaba ser una carga y que por un capricho hubiera que organizar una operación llamada 'bajemos a la princesa por las escaleras'.

Cedric comprendió en seguida la situación y con un movimiento de su varita los hizo aparecer a los tres a los pies de la escalera en el primer piso.

Sofía sonrió ampliamente. Extrañaba mucho el olor a magia y sentirla, al menos en algo que no fuera relacionado con sus dolores y heridas.

"Muchísimas gracias." Dijo Miranda aliviada.

Cedric con una sonrisa y una reverencia volvió a agitar su varita y desapareció, dejando solo un humo mágico de color verde. Que Sofía volvió a aspirar con ojos cerrados como si fuera un perfume y no un hechizo.

Luego Miranda y Sofía continuaron su lento camino.

"Qué buen hombre." Comentó su madre con genuino agradecimiento. Parecía conmovida.

Sofía quedó pensativa. Qué impresión cómo cambiaban las cosas.

Cedric se veía tan seguro y confiado, nada parecido al Cedric que fallaba los hechizos y tropezaba nervioso ante Roland o Goodwin hace unos años. Incluso se le veía relajado... bueno, no justo en esos días, con la vida de la princesa en sus manos, pero durante los años había habido un gran cambio en él. Sofía veía lo mucho que se había desarrollado magicamente. Era un hechicero real envidiable, renombrado. Sofía sonrió. Le alegraba ver como había crecido su amigo. De hecho, se lamentaba el haber dejado estar su amistad.

Realmente estimaba a Cedric. Admiraba sus conocimientos, su sentido del humor, su enigmática y oscura escencia.

Bueno, ahora que su madre no la dejaría abandonar el castillo en mucho tiempo, quizá toda la vida, pensó irónicamente, tendría tiempo para retomar esos lazos de amistad.

Sofía se detuvo y su madre la miró preocupada.

¡Eso es! Podía retomar sus lecciones de magia a falta de poder salir a las Islas Místicas o la Biblioteca Secreta.

"¿Quieres volver a tu habitación?" Preguntó su madre tomándola del brazo.

Ella negó con la cabeza con ánimos renovados ante la revelación.

"¿Y perder un espléndido día de sol?"

Miranda rió ante su Sofía optimista y Sofía continuó su camino a un precioso día madre e hija con una nueva misión en mente: volver a la hechicería y volver a su amigo.


¡Hola! Me dieron ganas de recuperar esta historia!

Edité un poco los capítulos anteriores (Solo detalles) y pretendo continuar. Tengo las ideas en mi cabeza y voy a tratar de escribir harto, pero no puedo prometer actualizaciones tan rápidas esta vez :(

Por otro lado, pueden a pasar a leer la traducción que estoy haciendo del fanfic de cedfiafics Ofrece Tu Garganta al Lobo. Es M y muy dark, pero si les gusta cedfia, VAYAN A LEERLO, es increíble y está lista la traducción, así que estaré subiendo capítulos todas las semanas.

Si dejan review con su opinión, sería genial! De hecho, viendo los reviews que habían aquí me motivé a seguir esta historia!

Saludos a todes y besitooss!