Epílogo.
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Hermione llevaba más de dos horas en el escalón del porche llorando en silencio cuando su madre la encontró.
Janet, con el gato canela de su hija en brazos, pasó unos segundos viendo la espalda temblorosa de la chica antes de comprender que lloraba. Alarmada, dejó al animal en el suelo y corrió. En cuanto se sentó a su lado la rodeó con los brazos, preocupada.
—¿Qué pasó?—preguntó sin entender nada mientras su hija lloraba en su hombro.
Se suponía que esa noche sería mágica. Irían a ver a su cantante favorito y usaría un vestido perfecto. Había imaginado el regreso. Había imaginado la sonrisa soñadora de su hija al atravesar la puerta y contarle cómo le había ido en su cita sorpresa con Fred.
Pero Hermione estaba hecha un desastre. En su rostro sólo había lágrimas y manchones de maquillaje. Por un segundo una idea horrible atravesó su cabeza parándole el corazón y destrozando toda la buena imagen que tenía de aquel chico pelirrojo. Con ojo de águila estudió a Hermione de pie a cabeza, buscando lo que fuera y rezando para no encontrarlo.
—¿Fred te hizo algo…? — preguntó controlando la voz, al tiempo que se imaginaba cruzando el parque y dándole una paliza a aquel Weasley.
Hermione negó con la cabeza con fuerza.
—Fui yo. Le rompí el corazón.—soltó secándose el rostro a manotones —Él fue increíble conmigo esta noche y yo le he roto el corazón…
—¿Por qué dices eso? ¿Qué pasó?
—Intentó besarme en el concierto y luego en el auto dijo que me quería…
Janet se mordió el labio para no sonreír. Ella había ganado…. Aunque siempre había pensado que Hermione sería más feliz cuando ocurriera.
—¿Por qué dices que le rompiste el corazón?
—Lo rechacé…—contó mirando el césped del jardín —Entre en pánico y me aparté…
Su madre, aún abrazándola le dio unas palmaditas en la espalda.
—El primer beso puede ser algo intimidante —intentó animarla. —Sientes que es super importante pero lo cierto es que no. Van estar inseguros y nerviosos, no te preocupes si no es un beso de película. La práctica es lo divertido. —Sonrió —solo díselo y él te entenderá, estoy segura que Fred también estaba nervioso
—Me dijo que me quería y yo solo bajé del auto, mamá. Le dije que era mi mejor amigo… le di a entender que eso es lo único que habría entre nosotros.
Janet la quedó mirando sin dar crédito a lo que decía.
—Te gusta Fred. Te gusta hace mucho tiempo…
—Si…
—¿Entonces por qué le dijiste eso?
Hermione se tapó la cara con las manos. Ya no lloraba pero parecía completamente avergonzada con sus acciones.
—Soy una de ellas. Soy como una de esas estúpidas protagonistas de las comedias románticas que tanto odio. Me boicoteo a mi misma como la reina de las idiotas, mamá. —Apretó los puños hasta que los nudillos quedaron blancos — Quería evitar perder su amistad y ahora la perdí de todos modos…
—No creo que Fred…
—Me lo dijo, dijo que no podía ser solo mi amigo y que deberíamos dejar de vernos por un tiempo.
—Está dolido —dijo comprensiva. Hacia unas semanas aquel chico había aparecido en su consulta dental para hablar con ella. Le había contado sobre sus planes para esa noche y estaba tan entusiasmado que era obvio lo que buscaba con todos esos planes. Janet le había dado su apoyo, lo había alentado.
Solo podía imaginarse lo que debió ser para ese chico el rechazo después de ser alentado por todo el mundo. No pudo enojarse con él por buscar su espacio.
—Debe odiarme.
—No comprendo. ¿Si tu lo quieres, por qué dijiste eso?
—Es mi mejor amigo—respondió mirándola como si fuera obvio.
—Y así comienzan los mejores amores, Hermione.
—Papá era tu mejor amigo. ¿Fue un gran amor, antes o después del divorcio?
Janet se quedó inmóvil, como si le hubieran dado un golpe en la cabeza. ¿Esa era la razón por la que su hija se guardaba sus sentimientos hasta no poder parar de llorar? ¿Era su culpa?
—¿Por eso le dijiste no a Fred? ¿Por tu padre y yo?
—No quiero odiarlo, ni que él me odie a mí… No quiero dejar de ser su amiga…
—Robert y yo aún somos amigos…—Hermione la miró como si creyera que había perdido la cabeza. —Bueno, tuvimos un mal momento, pero lo superamos…
—Pues yo no quiero tener un mal momento con Fred.
—Niña mira a tu alrededor, creo que ya están en un mal momento.
Hermione cerró los ojos intentando respirar. Jamás se había peleado de verdad con Fred. Jamás habían estado en tan malos términos que la opción de tomar la linterna junto a la ventana de su habitación, fuera inaceptable.
Él siempre estaba. Él era su roca…. Pero ahora no quería verla. Quería tiempo. Un tiempo que ella se sentía incapaz de darle. ¿Y qué pasaría después? ¿Volverían a ser amigos? Sentía que no, que nunca las cosas volverían a ser como antes. Lo había estropeado todo para siempre.
—Ven, te estás congelando aquí —Janet la rodeó con un brazo y la obligó a ponerse de pie.
Hermione se dejó. Antes de que se diera cuenta estaba en la mesa de la cocina con una taza de té en las manos. No lo tomó, pero al menos la distraía. Su madre se sentó frente a ella mirándola con atención.
—Tú no eres yo. —Comenzó a decir —Jamás lo serás, y eso está bien. Tienes que ser tú misma y cometer tus propios errores. Yo no me arrepiento de casarme con Robert.
—¿Aunque se hayan divorciado?
—Por supuesto. Fuimos felices y te tuvimos a ti. —Se inclinó para tomarla de las manos —Mira, no te diré que Fred es el definitivo. No puedo, nadie sabe lo que pasará mañana. Pero no puedes esconderte y huir por la posibilidad de que no funcione. Mírate, ¿me dirás que tu corazón no se rompió al decir no? Sufres tú, sufre él. ¿Y para qué? ¿Para no sufrir más tarde?
—Soy tonta…
—No, eres joven. —sonrió. —Y deberías seguir un poquito más a tu corazón, en estas cosas él sabe más que tu cabeza.
—Fred no quiere verme más, dice que verme le hace mal.
—No te enojes con él por querer proteger su corazón
—No lo hago. Lo lastime…
—Pero puedes arreglarlo si es que lo quieres de verdad —le dio ánimos.
Su madre le dio un beso al pasar por su lado, dejándola sola con sus ideas.
Soltó un suspiro larguísimo mientras ordenaba su cabeza. Tenía dos caminos y tenía que elegir uno.
Su madre tenía razón en muchas cosas, pero aún así era la mujer que se había divorciado de su mejor amigo….
Pero ella no era su madre. Ni Fred su padre.
Eran similares en muchos aspectos pero el resultado no por eso debía ser igual.
Mientras pensaba eso sus pies se estaban moviendo. Tenía que hablar con Fred y para eso tenía que convencerlo de que quisiera verla.
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George apenas estaba acariciando los primeros minutos de sueño verdadero, cuando un golpeteo en su ventana lo trajo de nuevo a la realidad. Aturdido por un segundo, encendió la luz de la mesilla. Aún seguía solo en la habitación, Fred todavía no había aparecido, aunque hacía un buen rato que había escuchado al auto entrar al garaje. Sonrió al imaginarse dónde habría ido su hermano después de dejar el auto. No sería la primera vez que Fred se escabullía para pasar la noche entera con la vecina.
Al menos esta vez las cosas serian más interesantes. O así lo pensó hasta que comenzó a escucharse música en el patio, justo afuera de su ventana. Sonaba una canción de The Beatles. No sabía cuál era, pero estaba seguro que él friki de su gemelo seguramente sabría el nombre y hasta la fecha de lanzamiento.
Bostezando se asomó a la ventana. Se frotó los ojos, completamente despabilado. Abrió la ventana con rapidez, solo para asegurarse que el cristal no le estuviera dejando ver con claridad lo que ocurría en el jardín.
Allí, como si el mundo de pronto fuera una peli ochentera, Hermione Granger tenía puesto un saco color crema que le rozaba los tobillos y tenía que llevar arremangado en las mangas para poder usar las manos. La música salía de un radio viejo que la chica sostenía sobre su cabeza.
George no sabía si reírse o no
—¿Qué diablos haces, Granger? —preguntó reprimiendo una carcajada.
—¡Necesito hablar con Fred, George! —susurró a gritos.
—Él no está aquí.
Hermione bajó el radio y lo apagó.
—¿Y dónde está?
—Ni idea, creía que estaba contigo besuqueándose por ahí. —La miró fijo por un momento— Se supone que tú y él… ¿Qué pasó?
—Lo arruine todo…
George pareció entender porque se limitó a negar con la cabeza mientras se daba un golpe en la frente con la palma de la mano. Hermione se sintió aún peor. Fred debió haber estado tan emocionado con esa noche que inevitablemente le había contado sus planes a su gemelo. Y claro está, no había querido ir a su cuarto solo para admitir que todo se había ido por el inodoro.
Antes que pudiera pensar dónde diablos podía haberse metido Fred, escuchó pasos por el camino que daba al patio de atrás. Al voltear, se encontró con el chico que más deseaba ver en el mundo.
—¿Qué haces aquí? —preguntó mirándola de pie a cabeza con el ceño fruncido.
—Yo... —En la teoría todo se veía fácil, pero estar allí parada con el viejo radio de su padre pesándole en las manos y aquella mirada azul sobre ella, la había dejado sin palabras.
—Dios, eres lento ¿eh? — resopló George desde la ventana de su habitación. Se había quedado allí mirando todo con la astucia y atención de una señora jubilada plantada en la puerta de su casa mientras su vecina discutía con su marido.
—Está aquí disfrazada de Lloyd Dobler y con un radio sobre la cabeza ¿de verdad tienes que preguntar? —agregó Ginny abriendo la ventana de su cuarto un piso más abajo y asomando la cabeza.
—Supongo que es mi culpa, me quedé con lo guapo y con el cerebro—se lamentó George negando con la cabeza.
—¿Lo guapo? —Le tomó el pelo Ginny estirando el cuello para mirar a su hermano. —Uff entonces no había nada que sacar
—Hablas de envidiosa. —se inclinó lo suficiente para que la chica lo viera sacarle la lengua. —¡Enana, cara de mantequilla!
—¡¿Cómo que enana?! ¡Ven aquí y dímelo en la cara si tienes pelotas!
—¡Dejen dormir al prójimo, carajo! —se escuchó la voz de Ron desde alguna parte de la casa.
—¡¿Qué diablos pasa con ustedes?!
Todos quedaron congelados al escuchar los gritos de la señora Weasley.
—Ven. —Fred le hizo señas y la apremió con gestos para que caminarán por un lado de la casa, y salieron a la calle. Días antes la hubiera tomado de la mano sin dudar y arrastrado mientras corría, pero ahora era obvio que no quería ni rozarla. Cuando llegaron a la acera las luces de la casa estaban casi todas encendidas. —Vaya lío.
—Necesito hablar contigo, Fred.
El chico la miró por un momento. Tomó el pesado radio que a duras penas podía llevar Hermione y con el pulgar de su mano libre señaló el parque.
Caminaron en silencio por un par de minutos hasta llegar al área de juegos. Fred dejó el radio junto a los columpios antes de volver a ver a Hermione. La chica parecía diminuta metida en aquel saco y a pesar de todo no pudo evitar sonreír.
—¿Por qué llevas esa cosa?
—¿No adivinas quién soy?
—¿Un mendigo que huele a naftalina?
Hermione arrugó su pequeña nariz.
—Lloyd Dobler… —soltó, temblando de pie a cabeza.
—¿Por qué…? —se detuvo en seco. De pronto recordó aquella conversación frente al televisor el septiembre pasado. Sintió el corazón apretarse en su pecho.
"Si una dama quiere poner un anillo en este dedo, como mínimo debe aparecer bajo mi ventana con un equipo de música sobre su cabeza, como si fuera el jodido Lloyd Dobler."
—Ginny dice que pienso demasiado y comienzo a creer que tiene algo de razón…. Lo que quiero decir es que…. —Buscó las palabras correctas desesperadamente. De camino allí había practicado todo su maldito discurso y ahora las ideas se le entremezclaban. ¿Por qué tenía que mirarla tan fijo? Todo sería más simple si él no la mirara de la forma en que lo estaba haciendo en aquel momento. "Algún día, cuando deje de doler tenerte cerca." ¿Le dolería tenerla frente a él en ese instante? ¿Su corazón estaría tan acelerado como el suyo? ¿También sentiría que se iba a morir si no alzaba la mano y lo tocaba? — Lo que trato…
Volvió a tomar el pesado radio y lo encendió, aunque esta vez sus brazos le temblaban tanto (como el resto del cuerpo) como para alzarlo sobre su cabeza.
Hey Jude, don't make it bad.
Take a sad song and make it better.
Remember to let her into your heart,
Then you can start to make it better…
Su canción favorita.
La que había sonado al final del concierto.
La única canción que hacía que los ojos de Fred brillaran….
La canción que debía sonar durante su primer beso, si Hermione no lo hubiera arruinado con su inseguridad.
Fred siempre había sido bueno para entenderla sin necesidad de palabras, pero en ese instante miraba la radio y a ella en turnos, incapaz de llenar los espacios el mismo. Hermione no lo culpaba, le había roto el corazón y a la vez lo había hecho dudar de su capacidad de percibir las cosas a su alrededor.
"Bueno, obviamente me equivoqué ¿no? Interprete mal las señales que me diste".
Él no había malinterpretado absolutamente nada. Había sido ella la cobarde que no había sido fiel a sus sentimientos.
—Lo que trató de decir es que si voy a perderte como amigo…
—Yo siempre voy a ser tu…—empezó a decir casi como un reflejo
Hermione dejó en el suelo el radio y usó sus manos para taparle la boca. Quedando tan cerca que la nariz del chico comenzó a picarle a causa de la mezcla de su perfume y la naftalina.
Hey Jude, don't make it bad.
Take a sad song and make it better.
Remember to let her under your skin,
Then you'll begin to make it
Better better better better better better, oh…
Si dejaba que Fred hablara, jamás lograría decirle lo que tanto quería.
—Si voy a perder tu amistad en algún momento, quiero que al menos sea diciendo la verdad… que sea por arriesgarme y no por ser una cobarde, huyendo como una niña asustada.
Apartó sus manos de su rostro pero no se alejó ni un centímetro.
—¿Qué quieres decir?
—Qué no malinterpretaste ninguna señal. Qué estoy loca por ti desde que tenía once años y fuiste por mí esa noche al bosque….
La castaña se mordió la mejilla, conteniendo la respiración mientras sus palabras parecían filtrarse pausadamente en la cabeza del chico. De pronto aquellos ojos azules se abrieron como un par de platos.
Hermione esperó que la llenara de preguntas, pero así no era como funcionaba Fred. Menos que menos, si hablar equivalía a tartamudear como un tonto.
Tomó su rostro entre las manos y volvió a inclinarse sobre ella como había hecho en el concierto. Pero esta vez Hermione no se apartó. Se puso de puntitas de pie, acortando la distancia que los separaba.
Besarla era mejor de lo que hubiera imaginado. Por un tiempo se había llegado a preguntarse si había algo mal en su programación para que no le gustara dar besos, pero por lo visto el asunto no era la acción en sí, sino la compañía. Los labios de Hermione eran suaves y pequeños pero sentirlos contra los suyos era la experiencia más gloriosa que había tenido en la vida.
Una mano en su nuca, hundida en su cabello castaño y la otra bajo aquel feo abrigo, acariciando su cintura.
Intentó controlarse, intentó ser gentil, pero Hermione lo contagió de un entusiasmo inflamable que lo devoraba todo. Era un huracán de sensaciones que lo dejaron a sus pies, jadeante y suplicando más.
—Te lo dije… –le sonrió, en cuando se separaron lo suficiente para recuperar el aliento —Te dije que la chica correcta lo haría.
Hermione soltó una risa temblorosa. Se había abrazado a su cintura con todas sus fuerzas, consciente de que sus piernas le temblaban tanto que sin él sujetándola terminaría en el piso.
—Si yo soy Lloyd Dobler ¿tu quien eres? ¿Diane Court? ¿Mi Diane Court?
—Seré quien quieras, siempre y cuando el "mi" esté delante. —le prometió volviéndola a besar.
Fueron lento, suave, conscientes de que había tiempo, muchísimo tiempo.
—Fui tonta. —le dijo Hermione dos horas después mientras ambos se mecían en los columpios del parque. Estaba uno junto al otro, con las manos fuertemente, como cualquier otra tonta pareja de adolescentes. —Me esforzaba tanto en no cometer los mismos errores que mis padres, que de pronto estaba haciendo otros aún peores.
Fred la miró comprensivo. Él también tenía sus miedos. ¿Y si todo salía mal? Lo único que lo mantenía allí sujetando la mano de aquella chica, era el conocimiento de que él no era Robert ni ella Janet. Que al final del día seguía amándola con todo el corazón, y no se podía ni imaginar haciendo algo que pudiera lastimarla. ¿Estaba siendo ingenuo? Tal vez. ¿Cuántos podían decir que habían encontrado al amor de su vida a los trece años?... Él quería poder hacerlo.
—Ginny tiene razón, piensas demasiado
—Lo lamento.
Alzó una de sus manos tomando uno de sus mechones castaños y colocando tras su oreja, dejando sus dedos contra su piel todo el tiempo que quisiera. Hermione sintió escalofríos ante el contacto.
—No lo lamentes, pensar tanto es parte de ti, y a mí me gusta cualquier cosa de ti…. Hasta ese horrible abrigo — sonrió con sinceridad, inclinándose en el columpio para besarla.
Hermione rodó los ojos y también se inclinó. Por muchas bromas que le hiciera por seguir con el abrigo de su padre, no se lo iba a sacar. Cada vez Fred que apartaba sus labios o sus manos, sentía que se moría de frío. Aún así, no se lo iba a decir. No le iba a dar ese poderoso conocimiento, no esa noche. Pero si le daría otra cosa. Se puso de pie sin cortar el beso y se paró frente a él. El chico rodeó su cintura atrayéndola aún más. Solo con él sentado, podía ser un poco más alta y que tuviera que ser él quien alzara su rostro para buscar sus labios.
—Te quiero.—susurró sobre sus labios sonriendo de puro alivio de poder decirlo al fin sin que todo se desplomara a su alrededor.
Fred alzó los ojos para mirarla, sorprendido pero también sonriente. El azul de sus ojos brillaban más que las farolas del parque.
—Y yo te quiero a ti, Hermione.
La abrazó con todas sus fuerzas como si temiese que se esfumara. Apoyó su mejilla sobre su pecho y ella comenzó a acariciar su cabello. No se escuchaba nada más que el sonido de sus corazones retumbando en la noche. Todo era perfecto en ese momento.
Pero Hermione pensaba demasiado. Se apartó lo suficiente para mirarlo a los ojos. Parecía que la felicidad lo había dejado atontado.
—¿Y qué pasará después? ¿Qué pasará cuando te vayas a Londres? —preguntó. De pronto era muy consciente de la grandísima cantidad de tiempo que habían desperdiciado.
—Nos queda todo el verano antes de tener que pensar en eso—le aseguró confiado.
—¿Y luego?
—No sé, Hermione. Pero por el momento, quiero concentrarme en este preciso instante.
Sonriendo como un tonto volvió buscar sus labios. Fue fácil, ella también buscaba los suyos con las mismas ansias.
—¿Nos perdemos en el bosque? —preguntó contra sus labios.
—Nos perdemos en el bosque… —Lo calló con el mejor beso hasta ese momento.
No había Londres en septiembre, ni siguiente año en el instituto. En aquel instante robado, ya no existían más que ellos dos.
El chico enamorado de Hermione Granger.
Y la chica enamorada de Fred Weasley.
Quince.
Hey Jude - The Beatles
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Muchas gracias por estar conmigo en esta aventura.
Los quiero 3001!
Luz
PD: Hey Jude es mi canción favorita de los Beatles y me alegro poder compartirla con ustedes :3
