Cold Water

Sus pensamientos fueron una maraña de ideas difusas, no estaba seguro de lo que pasaba, pero tan pronto recibió el mensaje de su amiga, las alertas se dispararon en su mente y con claras razones, no todos los días Karin le mandaba un mensaje tan seco y corto diciendo: Necesito verte pronto.

Partió hacia el departamento, disculpándose con Yukio por dejar su juego a medias, y aun con los reclamos, Toshiro corrió al edificio de la Kurosaki, sus manos se sintieron sudorosas una vez llego a la puerta, y aunque pensó en tocar la puerta, al final decidió usar la llave de emergencia que la misma chica le había dado. La escena que lo recibió le dio un vuelco al corazón: la morena llorando en el sofá de la pequeña sala. No lo pensó dos veces y tomó asiento junto a ella atrayéndola hacia él y brindándole un abrazo cálido.

Todo el mundo tienes momentos difíciles, eso era algo obvio, pero Toshiro podría jurar que ese fue el momento más doloroso de todo su vida, con tan solo diecinueve años, estuvo seguro de ello. En un férreo intento por controlar sus emociones el albino se mordió el labio, dedicándose únicamente a pasar su mano por la espalda de la morena que ahora se aferraba a su torso como si su vida dependiera de ello, después de todo no había nada más que él pudiera hacer en esa situación.

– ¿Qué sucede? –pregunto, una vez que sintió que los espasmos que recorrían a la menor disminuyeron.

–Estoy jodida –murmuró, contra su pecho.

Antes de que pudiera preguntar la razón la menor le extendió aquel plástico que le hizo entender su estado de inmediato.

Embarazada… Karin… Esto debía ser una broma, una muy mala broma.

Conteniendo todas aquellas palabras, se limitó acariciar su espalda en un acto de reconfortante para con la morena.

–Todo… Estará bien –susurro, aun con el shock de la noticia. Tal vez esas fueron las peores palabras que podía pronunciar, sin embargó era lo único que le veía a la mente en ese momento.

–Mi hermano y mi papá me van a matar, dudo que esto vaya a estar bien –murmuró, secándose las lágrimas aun sin mirarle a los ojos. –Lo peor es que… –sorbió nuevamente por la nariz –ni siquiera recuerdo quién fue –las lágrimas volvieron a recorrer su bello rostro marcando nuevos caminos de lágrimas.

– ¿Qué? –la pregunta salió de sus labios en apenas un murmullo. – ¿Cuándo…? –las palabras se agolparon en sus labios siendo así incapaz de decir más.

–La fiesta de hace dos meses –contestó ella, mirando a un punto incierto en el suelo.

–Pero… ¿cómo…? –Los recuerdos de aquella noche regresaron a su mente.

–Insisto, no quiero estar aquí –se quejó, por lo que pareció la enésima vez, siendo ignorado nuevamente por sus amigos.

–Vamos, no seas tan aguafiestas –pidió Karin. –Es una simple fiesta, pronto volveremos –añadió siendo apoyada por un asentimiento del rubio.

–Deja de quejarte –gruño el ojo esmeralda, estacionando el auto cerca de su destino. –Eres demasiado amargado para ser un enano –una sonrisa ladeada acompañó el comentario.

–No recuerdo haber pedido tu opinión –contestó, malhumorado por su suerte.

Su discusión continúo durante todo su viaje, las risas ocasionales de Karin inundaron el camino, hasta que finalmente se encontraron dentro del departamento donde sería la fiesta.

–Ya, ya, deben relajarse un poco los dos –al fin les freno Karin, tocando la puerta que fue atendida rápidamente por un chico que ninguno de ellos reconoció. –Iré con Soi, los veo más tarde, intenten no matarse en ese tiempo –fueron las apresuradas palabras de la morena antes de perderse en la multitud.

Toshiro nunca fue una persona a la cual le gustasen las fiestas, nunca había sido muy bueno para socializar, aunque claro eso poco importó después de un par de tragos. Para cuando fue consciente ya se encontraba sentado en el suelo, con Yukio a lado y varias chicas intoxicadas frente a ellos. Mientras Yukio conseguía un beso fácil por parte de una chica linda, él pudo mirar a Karin a lo lejos, conversando animadamente con Soi Fong y un grupo de chicos que no reconoció.

–Iré afuera –anuncio, una simple cortesía siendo ignorado deliberadamente.

Para su suerte, el pequeño balcón fuera del departamento se encontraba vacío, probablemente por el clima frio que había fuera. Inhalo profundamente, el aire frío se sintió refrescante entrando a sus pulmones, y golpeando su rostro de lleno. Guardo sus manos en los bolsillos de sus jeans, regresando su vista al interior del lugar, dio una rápida mirada buscando a su amiga de cabellos negros, encontrándose solamente con la amiga de esta.

– ¿Seguirás de paranoico? –preguntó Yukio, deslizando la puerta, dejando que un poco del calor del interior viajara hasta él.

– ¿Sabes dónde está Karin? –pregunto de vuelta.

– ¿No está con Soi Fong? –regreso la pregunta el rubio.

Su seño se frunció ante la respuesta.

–No la he visto desde que se separó de nosotros –murmuró, caminando hacia el interior del departamento.

–No seas paranoico, Karin se sabe cuidar –bufó, deteniendo sus pasos. –Es más, justo ahora debe estar con Soi Fong –le restó importancia, sacando una cajetilla de cigarros, tomando uno y ofreciéndole el resto.

Pensó un poco antes de tomar uno y al mismo tiempo desechando la idea de ir tras la azabache.

Si no la hubiera dejado sola, si no hubiera preferido pasar el resto de la velada bebiendo y riendo de cosas de verdad absurdas, sí solo la hubiese buscado.

–De verdad no lo recuerdo, para cuando el alcohol desapareció él ya no estaba –las lágrimas continuaron recorriendo su hermoso rostro, haciéndole más difícil el soportar esta situación. – ¿Cómo les voy a decir esto? Mi papá va a estar muy decepcionado –sollozo.

–Yo… –murmuró, inseguro de cómo continuar con sus palabras, más al verla llorar de esa forma, tomó la decisión –Me haré cargo.

Aun cuando el volumen de sus palabras fue apenas un susurro, la morena pudo entenderlo pues su mirada le demostró su confusión.

– ¿Qué?

–Tus hermanos están tan concentrados en matarme o celebrar como para pensar en toda la situación –aseguró, sosteniendo las pequeñas manos de la chica.

–Es una broma ¿no? –El silencio que continuó a la pregunta de la morena le confirmó la seriedad tras sus palabras –No, Toshiro, no necesito que hagas esto –negó.

–Karin, quiero hacerlo.

–No, no quieres hacerlo –corto, poniéndose de pie. –Agradezco que quieras ayudarme, pero no necesito que te hagas cargo de algo que ni siquiera es tu culpa –continuó, secándose los rastros de lágrimas –Yo… Hablaré con ellos este fin de semana.

Un suspiro escapó de los labios del albino.

– ¿Al menos puedo ir contigo? –preguntó, resignado.

– ¿Prometes que no dirás nada?

–Lo prometo.

El viaje de regreso a Karakura fue largo, aunque silencioso, Karin miró su celular durante todo el transcurso, con las uñas golpeando la carcasa de su celular, probablemente pensando en cuáles serían sus palabras.

–Le diré a Yuzu en cuanto lleguemos –declaró, en algún momento de su viaje.

Toshiro la miro solo un segundo, sonriendo ante la mujer decidida a su lado, asintiendo sin saber que agregar. Claro que tampoco pudo evitar reírse cuando apenas cruzaron la puerta fue arrastrado junto a la morena hacia su habitación.

– ¿Cómo se los diré? –preguntó, una vez cerró la puerta tras ellos.

Toshiro miro a la chica tirar de sus cabellos azabaches. Una sonrisa tiró de sus labios, tal vez era un poco extraño, pero esta escena le recordaba un poco a las tardes de secundaria en las cuales Karin caminaba de esta misma forma, en esa misma habitación, sin saber cómo decirle a su familia que había reprobado alguna prueba.

Poniéndose de pie caminó hasta detener los pasos de la chica.

–Solo respira, estoy seguro de que ellos lo entenderán –la mirada insegura que le transmitió la pequeña mujer le dio un vuelco en el corazón, de verdad ella se encontraba abrumada, la situación la estaba sobrepasando y él tenía que ser el pilar que ella necesitaba. –Estoy aquí para ti.

–Gracias –sus palabras se acompañaron con un abrazo. –Aunque aún no sé cómo decirles que estoy embarazada.

– ¡¿EMBARAZADA?! –la calma desapareció en cuanto la puerta se abrió de par en par revelando a un furibundo peli naranja, quien no tardó en abalanzarse en su contra. – ¡¿QUÉ LE HICISTE A MI HERMANITA?! –escupió en su rostro la pregunta.

– ¡¿Estabas escuchando desde la puerta?! –más que una pregunta, fue una afirmación.

–No intentes eso, Karin, sabes que eso no es lo importante aquí –gruño su hermano, caminando en su dirección -¡¿Qué le hiciste a mi hermana?!

–Ichi-nii, él no hizo nada –gritó la morena.

–Karin, no trates de protegerlo

–No lo estoy protegiendo –quiso refutar, aunque cualquiera que conociera al peli naranja sabe que eso no es suficiente cuando se trata de calmar al chico. –En serio, el no hizo nada.

– ¿Qué está pasando aquí? –Karin sonrió, al encontrarse con su melliza ahí quien de inmediato frunció el ceño al ver a su hermano a punto de golpear al albino -¡Onii-chan! ¡Suelta a Toshiro-kun!

–Yuzu, no te metas en esto –gruño, antes de regresar su atención al más bajo –Ahora, explícame ¿cómo es eso de que mi hermanita está embarazada? –cada una de sus palabras fueron pronunciadas con la muy segura amenaza de que sin impostar lo que dijera lo golpearía en cuanto algo saliera de sus labios.

– ¡¿Embarazada?! –chillo Yuzu, mirando a su hermana en busca de respuestas, aunque esta solo pudo atinar a mirar a un punto en el suelo, y aun cuando Ichigo se encontraba exigiendo respuestas, Toshiro no pudo más que sentir ese tirón en su pecho al ver a la siempre fuerte y segura Kurosaki Karin sin saber que decir o hacer.

No pareció ser el único en notarlo, un suspiro muy audible escapo de los labios del único integrante de la familia que no había hecho acto de presencia. Decir que el ambiente en la habitación se hizo más tenso sería poco.

–Ichigo, déjalo, bajaremos a cenar.

El aludido estuvo a punto de objetar, sin embargo, la mirada que le dedico su pequeña hermana pareció ser lo suficiente firme para que soltara su camisa y caminara con ella, no sin antes gruñir un sonoro:

–Aun quiero esas explicaciones –gruño, dando un fuerte portazo tras él.

–Estamos jodidos –murmuró Karin, llevándose las manos a la cara y caminando hasta su cama para tirarse en ella.

–De verdad no esperaba que esto terminara así –admitió, tumbándose junto a ella.

Un bufido escapa de los labios de la menor y aun cuando no la ve, sabe que ella ha rodado los ojos.

–Claro, ¿Y qué esperabas después de que solo te quedaras ahí sin siquiera explicarles que no es tuyo? –se burló, con sorna. –No sé cómo aclara esto, Ichi-nii no querrá escucharme, y esta no es ni por asomo la reacción que esperaba de Yuzu o el viejo.

Aun con la pequeña risa que escapa de sus labios, se escuchaba fatigada, no tenía que ser muy inteligente para notar que toda aquella palabrería era el resultado de tener los nervios crispados.

– ¿Y si no se los explicas? –interrumpió.

– ¿Qué? –preguntó, girándose para mirarlo.

– ¿Y si no les explicas a tus hermanos que no es mío? –reitero, mirándola de vuelta.

–No estoy para bromas –replicó, tumbándose en la cama.

–No es una broma –se irguió para continuar con sus palabras. –Solo piénsalo, Yuzu y tu padre están felices, y aunque Ichigo se opone, creo que preferiría que yo fuera el culpable y atormentarme, a no saber quién fue el infeliz que se aprovechó de su hermanita.

– ¿Y tú eres mi caballero de armadura reluciente? –pregunto, sarcástica rodando los ojos. –Toshiro, de verdad necesito aclarar esto antes de que mi padre le diga a Rangiku, si eso sucede sabes que estamos perdidos.

–Karin, ¿de verdad no has pensado en lo que te dije? –cuestiono, dejándose caer en la cama.

El silencio siguió sus palabras, muy probablemente ella estaba ignorándolo justo ahora, y pronto saldría con algún comentario que demuestre esto.

– ¿Por qué quieres hacerlo?

– ¿Eh? –balbuceo, de verdad no esperaba que ella al fin considerara su oferta. –Somos amigos, quiero ayudarte eso es todo.

Siendo honesto, y ahora que lo expresado, le hace sentir un poco estúpido, pero ya lo había dicho así que espera aquello fuese suficiente para la morena.

–Yukio también es mi amigo, y él no está aquí intentando hacerse pasar por el causante de esto –contestó, divertida.

–Eso es diferente –bufo, con el ceño fruncido recibiendo una risa a cambio.

–Yo creo que es lo mismo –farfullo ella, acomodándose para al fin verlo a la cara –Toshiro, hablo en serio, ¿por qué quieres hacerlo? Esto no es algo que puedas negar después, en el momento en el que aceptes la responsabilidad, todo va a cambiar.

Un suspiro escapó de sus labios, de verdad no necesitaba toda esta conversación. Poniéndose de pie se dirigió a la puerta.

–Iré a casa –anunció, tomando su maleta.

–Aún no has contestado mi pregunta –señalo ella, deteniendo sus acciones.

–Ya te lo dije, somos amigos y quiero ayudarte, eso es todo –sin mediar más palabra, salió de la habitación.

–Oh, Toshiro ¿no te quedaras para la cena? –preguntó, la melliza castaña con una amable sonrisa.

Negó levemente.

–Tengo algunas cosas que hacer –fue su simple respuesta.

La caminata hasta casa fue un mar de cosas que pasaban por su mente sin parar. El aire frío golpeó de lleno su rostro, su casa quedaba un par de calles cerca de la colina, tal vez podría pasar un rato ahí pensó notando lo cerca que estaba del lugar necesitaba tiempo para refrescar su mente.

Sonrió al notar lo poco que había cambiado ese lugar aun a pesar de los años. Pasó la barandilla, y tomó asiento en la misma. ¿Cuántas tardes compartió junto a Karin? Era un poco extraño asimilar la idea de que ahora estuviera embarazada y se negara a recibir su ayuda.

Una mueca apareció en su rostro mientras palpaba su celular a través de sus jeans, tras pensarlo un momento sacó el aparato, se desplazó por la pantalla hasta encontrar lo que buscaba.

Un pitido… dos… tres…

Pensó nuevamente lo que estaba haciendo ¿qué tan desesperado debía estar para considerarlo siquiera?

¿Qué es lo que quieres? –la voz cansada fue inconfundible.

Rodó los ojos al escuchar de fondo los inconfundibles disparos y diálogos pregrabados de un videojuego.

– Crees… ¿Es una estupidez querer hacerme cargo del embarazo de Karin? –preguntó, esta fue la primera vez que dudaba de eso, necesitaba alguien, una respuesta, cualquier cosa, y por mucho que quisiera negarlo por la mañana, Yukio era el indicado para eso.

Una risa ahogada fue lo que recibió a cambio, quiso colgar de inmediato, pero al menos necesitaba escuchar algo que le hiciera sentir mejor, aunque el rubio no estaba siendo de mucha ayuda.

– ¿De verdad te importa ahora? –rodó los ojos reconsiderando su idea inicial, en primer lugar ¿por qué creyó que él sería un buen apoyo moral? –Aunque creo que eso no importa mucho, tomando en cuenta que ella seguirá rechazando tu oferta –continúo el rubio.

–Su familia cree que soy el padre –interrumpió.

– ¿Se los dijiste? –preguntó, dubitativo y hasta cierto punto sorprendido.

–Su hermano nos escuchó –explicó.

¿Karin lo negó?

–Lo intentó, pero Kurosaki no la escuchó, después su hermana entro, intento ayudarme pero Kurosaki grito lo del embarazo –gimió, recordando la escena –su padre entro y se llevó a Ichigo con él, no sé qué paso después –soltó un suspiro involuntario. –Karin le explicara todo mañana cuando esté más tranquilo.

Eres más patético de lo que recordaba –frunció el ceño ante sus palabras.

–Jodete –murmuró.

Eso no cambia el hecho de que Karin no dejará que te hagas cargo del bebe ¿por qué quieres hacerlo? Si estás enamorado de Karin podrías simplemente decírselo.

– ¡No estoy enamorado de ella! –gritó.

Lo que sea, solo… ¡Maldición! –la tonada de Game Over sonó alto al fondo ganándose una sonrisa suya y un gruñido del rubio. –No sigas insistiendo, sí ella aún no se ha dado cuenta lo terminará notando.

–No siento nada por ella…

Su celular vibró con un nuevo mensaje que no tardó en abrir. "¿Tardaras mucho en llegar a casa?" contestó con un simple: "Estoy en camino".

–Y esperare a mañana para saber qué es lo que ella quiere hacer –colgó después de decir eso, necesitaba llegar a casa pronto, comer algo, tomar una ducha y dormir un largo rato.

Soltó un suspiro demasiado largo antes de ponerse de pie. Se sentía tan agotado con todo esto que incluso las pocas dos cuadras que faltaban para llegar a casa le parecían eternas y su maleta mucho más pesada de lo que podían serlo un par de cambios de ropa, y algunos libros.

– ¡Bienvenido! –antes de siquiera poder decir nada la mujer de gran delantera lo atrapó en un abrazo que amenazaba con asfixiarlo.

– ¡Matsumoto! –grito, una vez que pudo zafarse de su agarre.

–Mo~ eres tan amargado –se quejó, con un mohín.

– ¿Qué hay de cenar? –preguntó, caminando en dirección a su habitación.

–Compre ramen, sé que odias que cocine –murmuró, cruzando los brazos.

–Bajo en un momento –sentenció, antes de desaparecer en la planta alta.

Se removió inquieto al escuchar los pasos fuera de su habitación. Las horas de sueño parecían no haber sido suficientes, a pesar de que había cenado rápido excusándose con Matsumoto de haber tenido una semana difícil en la universidad, ella sonrió como siempre y lo mandó a dormir antes de que él pudiera decir nada y aun cuando había dormido prácticamente en cuanto tocó la superficie mullida de su cama, la cabeza le dolía, sentía los párpados pesarle y todo el cuerpo doler.

Los pasos siguieron escuchándose por todo el departamento y, sumado a algunas cosas caer, supuso que Rangiku estaba preparándose para ir a trabajar, y como siempre, se la había hecho tarde. Tiró de las mantas hasta que estuvieron sobre su cabeza, usualmente no era una persona perezosa, eso fue algo que define más a la peli naranja, sin embargo esta mañana no se encontraba con ánimos de levantarse de la cama.

–Toshiro, ya es hora de levantarse~ –canturreo la voluptuosa mujer, desde afuera de su habitación.

Gruño ante sus palabras, sofocando sus quejas contra las mantas, un par de minutos después escuchó el timbre, a la voluptuosa mujer soltar un grito y finalmente la puerta principal cerrarse, supuso que se trataba de Gin, esta no sería la primera vez que el hombre iba por la peli naranja y le entregaba algún presente antes del trabajo.

– ¿Toshiro? –sus ojos se abrieron con sorpresa al reconocer a la dueña de esa voz.

– ¿Qué haces aquí? –pregunto, irguiéndose de inmediato.

–Matsumoto me dejo entrar, no pensé que seguirías durmiendo –contestó, cruzándose de brazos y con una sonrisa un tanto forzada tirando de sus labios.

Soltó un suspiro llevándose las manos al rostro y tallarlo en un pobre intento por calmar todos sus pensamientos.

–Eso no es a lo que me refiero Karin.

No esperaba encontrarse con una mueca llena de duda cuando sus ojos se volvieron a posar sobre ella, iba a preguntar más fue ella quien empezó.

–Hable con Yuzu esta mañana, me pidió que le explicara todo.

– ¿Y qué le dijiste? –el agarre sobre las mantas se intensificó.

–Que estoy embarazada, aproximadamente de dos meses y que… –sus orbes ónix se clavaron en el suelo –que tú eres el padre.

– ¿Qué?

–Al principio ella parecía tan sorprendida como ayer, tal vez pensó que todo había sido un malentendido, aunque no tardo en emocionarse y preguntarme si de verdad tú eras el padre, no tuve el valor para decirle que estaba tan borracha para recordar con quién me acosté, preferí que ella pensara que estaba tan borracha que me acosté contigo –una sonrisa llena de sorna se plasmó en sus lindas facciones –eso sonaba mejor de alguna forma.

–No estás muy feliz con la situación ¿cierto?

Una nueva mueca de molestia apareció.

–No quería involucrarte en esto –caminó hasta sentarse en la cama junto a él – ¿soy egoísta al no dejarte más alternativa?

–No sí yo lo sugerí primero –su mano busco la pequeña de ella –Y si sientes que te estás hundiendo, yo saltaré al agua fría por ti.

Una sonrisa tiró de los labios de la morena.

–Eso no es justo, no cuando eres un cubo de hielo.

–Entonces… –Karin se removió un poco incomoda ante la mirada de todos sobre ella.

–No fuimos las personas más responsables –murmuro, jugueteando con sus dedos.

– ¡¿Embarazaste a mi hermana y eso es lo mejor que puedes decir?! –exploto Ichigo, por lo que podía ser la vigésima vez desde que empezaron con esta conversación.

– ¿Ninguno de los dos pensó en que podía esto suceder? –cuestiono Matsumoto, con lo que él pudo decir fue un tono cargado de decepción.

–Lo hicimos –su vista viajo de inmediato a la morena, quien continuo –solo que fuimos de ese uno por ciento al que los malditos condones les fallan, supongo –explico, haciendo que el calor en su rostro subiera un poco.

– ¿Y cuál es su plan? –se sorprendieron por la pregunta tan tranquila por parte de Isshin, esta es la primera vez que Toshiro puede ver tanta seriedad inundando las facciones del hombre y no se siente nada bien ser el causante de eso.

–Me haré cargo –declaro.

–Eso es obvio, estaría loco si te dejara aprovecharte de mi hermanita sin consecuencias –bramó el mayor.

– ¿Piensan casarse? –interrumpió el pelinegro, haciendo de sus rostro un poema.

– ¡¿Que?! ¡NO! –Karin negó, agitando la cabeza en una rotunda negativa –Viejo no me voy a casar, solo vamos a tener un bebé –exclamo, antes de fruncir el ceño. – ¡Maldición! sonaba mejor en mi mente.

–No sé cómo puede sonar mejor –admitió su hermano cruzando los brazos.

–Solo… tendremos al bebé –aclaró Karin antes de soltar un suspiro –Terminaré este semestre y después me tomaré un año para cuidar de él –determinó.

–Usare parte del dinero que me dejó la abuela para cubrir los gastos –añadió, recibiendo de inmediato una negativa de la voluptuosa mujer.

–Invertiré eso para el futuro, por el momento Karin-chan y tú no deben de preocuparse por gastos, yo me haré cargo –ofreció, con una sonrisa.

–Gracias, pero creo que debemos hacernos responsables como los adultos que somos –explico Karin.

–Cariño, no tengo nada mejor que hacer con ese dinero a parte de comprarme ropa linda, creo que puedo ayudarles con eso –la mirada que les dedicó la mujer hizo que Toshiro quisiera más que nunca agradecerle. –Y pueden usar la casa que dejó la abuela de Toshiro una vez que terminen la escuela -continuó la mujer.

–Hasta entonces Karin se quedara aquí –declaro el mayor.

– ¡No dejaré que mi hermana se vaya con él! –reclamo el peli naranja.

–No nos casaremos –replicó el albino.

–No, sin embargo ese bebé necesita un hogar, al igual que Karin-chan –contradijo la voluptuosa mujer.

–Es muy pronto para hacer planes –por primera vez recibió un asentimiento por parte del furibundo Kurosaki.

–Tonterías, haré una cita con el médico, tal vez ya podamos saber si será niño o niña -comienza la elocuente mujer.

El resto del fin de semana había pasado tan rápido.

Matsumoto, fiel a sus palabras, había hecho una cita ese mismo día, se ofreció para acompañarla, sin embargo Karin declino la oferta alegando que se sentiría un poco más cómoda estando solo con su hermana y Matsumoto. Fuera de eso, muy poco había sido lo que se habló del embarazo, Karin permaneció en su casa el resto del sábado y toda la mañana del domingo, hasta este momento, donde ambos colocaron sus maletas en el auto para regresar.

– ¿Qué tal la cita? –preguntó, en un intento de romper el silencio sepulcral en el que se habían sumergido al entrar al auto.

–Mejor de lo que esperaba –admitió, con un suspiro. –Llevo nueve semanas –añadió llevando la mano a su abdomen.

Karin no parece tan entusiasmada y bueno, era comprensible. Este fin de semana no parece haber ido como alguno de los dos hubiera deseado, y aunque Ichigo no había terminado por golpearlo e Isshin no parecía odiarlo en absoluto, simplemente las cosas no eran lo que les hubiera gustado.

– ¿Sucede algo? –pregunto, después de un momento de silencio.

Una mueca cruzó su rostro antes de desviar la mirada a su regazo.

–No quiero que nadie lo sepa, no aun -su ceño se frunció–, mierda no sé ni siquiera que haré cuando comience notarse.

Ver a Karin en este estado era muy raro, ella era una chica valiente, impulsiva pero inteligente, siendo siempre acompañada de un gran carácter, era raro ver a esa chica llena de miedo, sin saber a dónde mirar para evitar romper en llanto.

–No te preocupes, te ayudare con eso. –Una sonrisa mordaz tiro de los labios de la chica.

– ¿Por qué sigues ayudándome, Toshiro?

–Somos amigos, ya te lo dije –una pequeña sonrisa tiró de sus labios – ¿quieres ir a comprar ropa la próxima semana? creo que la necesitarás pronto.

– ¡¿Me estas llamando gorda?! –Recibió un golpe seguido de las palabras de la morena –Tienes suerte de ir manejando, de lo contrario no lo contarías –una enorme sonrisa iluminó su bello rostro mientras miraba por la ventana. –Eso me recuerda, ¿cómo es que Yukio se enteró de esto? –mencionó, casualmente.

–Oh… eso –divago, sin saber si lo siguiente que decir.

La sonora carcajada de su acompañante interrumpió sus pensamientos.

–No creí que fuese tan cotilla señor cubito de hielo –bromeo picando su mejilla. –Hablando de eso, necesito un poco de helado –murmuró soltando un bufido.

– ¿Ahora? –Pregunto mirando por un momento a la orilla del camino–. Estamos a la mitad del camino, ¿no puedes esperar? –preguntó con una ceja enarcada.

–Lo necesito ahora.

–Creo que ya te estas tomando muy en serio esto del embarazo. –El ambiente se sintió más liguero de repente mientras Karin reía y le contaba sobre las muchas cosas interesantes que había escuchado en su cita al ginecólogo.

Mientras Yukio conducía el auto, Karin continuo bufando por lo bajo y él se limitó a mirar su rostro compungido por el retrovisor, usualmente era él quien bufaba y maldecía por lo bajo escuchando la activa conversación de sus amigos, era raro encontrarse del otro lado de la situación.

–Quita esa expresión de tu rostro, estamos aquí para ayudarte –menciono el rubio, con tono cansino.

–No sé cómo ir a una fiesta va ayudarme –bufó la chica.

–Ya hablamos de esto Karin –comento el rubio, una vez más.

–No me vengas con eso, no acepte venir así que déjame regresar o terminare vomitando en este asiento –gruño, con los brazos cruzados.

–Deja de actuar como una maldita perra.

Toshiro logró ver la expresión de Karin distorsionarse en algo parecido a la sorpresa, antes de que el rojo invadiera su rostro de una forma que no debería hacerlo.

–Yukio regresa –exigió, sin esperar Karin explotara.

-No lo haré.

–No te pregunte, así que regresa –su voz fue firme, Yukio lo miró por el rabillo del ojo mientras su ceño se fruncía de una forma muy poco usual.

Un gruñido escapó de sus labios, sin embargo no fue necesario que dijera más, en el primer retorno que encontró Yukio dio vuelta, Karin siguió enfadada en el asiento trasero, y ninguna palabra fue pronunciada mientras regresaban al edificio. No es hasta que el auto se aparca frente al edificio que Karin vuelve a pronunciar algo:

–Vete al diablo –gruño, mirando a Yukio mientras salía del auto, dando un fuerte portazo tras ella.

–Es una maldita loca –bufa Yukio, apagando el motor.

–No puedes obligarla a ir -intentó razonar, él no suele ser comúnmente la voz de la razón, esa es Karin en todo caso, sin embargo, con ella teniendo un arranque de furia, tal vez es su turno de ser el mediador aquí. –En primer lugar, no entiendo por qué querías llevarla ahí.

–Vaya que eres lento -una sonrisa ladina tiró de sus labios. –Soi Fong estará ahí, puede que el chico con el que se acostó Karin también esté ahí.

Su ceño se frunció ante tal idea, ¿Saber quién es… el padre del hijo de Karin?

Notas de la autora:

1.- Bueno, esperaba estar más activa en esta semana, pero pues no se ha podido, espero les guste esta aportación que participa en la categoría de embarazo no deseado, espero funcione y les guste, aun falta un largo camino para concluir esta historia, pero pues no he podido continuar así que lo dejare aquí… por ahora.

2.- Agradezco a quienes leen y un poquito más a quienes dejen review.

3.- Personajes de Tite Kubo, historia mía, inspirada en la canción de Theory of a Deadman del mismo nombre, la verdad creo que va muy bien, ¿ustedes que dicen? Sin más me despido, cuídense, y sayonara.