—Ah~.
A pesar de que las luces se encontraban apagadas, el piso ciento cincuenta y ocho del edificio era iluminado apenas por unas cuantas luces rojas y moradas de neón. La galra que se encontraba adentro del piso trataba desesperadamente de complacerse sexualmente. Cada vez que lo hacía, la imagen del humano que había conocido hacía diez meses atrás aparecía en su cabeza. Estaba en celo, y al tratarse de una alfa galra era consciente de que no podía controlar sus celos y que tendría que dejar de un lado el pudor para poder acabar pronto con la tortura del periodo del celo.
—¡No pensaba que te gustaba mucho la carne putrefacta, Krolia! —una voz a sus espaldas llamó por completo la atención de la alfa. Sabía de quién se trataba, y escucharlo, por alguna extraña razón, le cesaba sus ganas de satisfacerse.
—Y yo no sabía que te gustaba jalartela viendo a otros galras satisfacerse para cesar su celo, Sendak —atacó Krolia, divertida. Sabía que molestar a uno de los galras más mortíferos de la ciudad de Altea y del Vrepit Sa era un acto suicida, pero ella no le tomaba importancia a eso. Era fuerte, ya se había enfrentado a centenares de galras con anterioridad que había considerado mucho más fuertes que Sendak.
—Vaya, vaya. Tienes agallas, ¿eh? —rió Sendak—. Pero al menos no planeo llevar a cabo acciones sucias, ¿verdad, Krolia? Parece que la reproducción sexual entre galra y humano... está prohibida, ¿verdad? Creo que uno recibiría cadena perpetua por llevar a cabo aquel delito, pero... ¿qué te parece si te rebano parte por parte mientras veo caer tu putrefacta sangre al suelo en lugar de entregarte a la policía? ¿No te molestaría, verdad?
Sendak avanzó veloz y decididamente hacia Krolia, acechándola desde sus espaldas. A pesar de ello, Krolia no se inmutó siquiera; la alfa no podía tomar en serio al otro alfa a sus espaldas. Incluso si este último trataba de utilizar su poderosa voz para atemorizar a la alfa de menor estatura, Krolia ni siquiera se vería afectada por ello. Porque, a pesar de su corta estatura a comparación de Sendak, era mucho más fuerte, poderosa y lideraz que él.
—¿Me lo permitirías, mi querida Krolia?
Krolia soltó una pequeña pero divertida risa. Realmente este alfa la mataba a carcajadas. Sabía que si se llegaba a dar una pelea entre ellos dos, ella se llevaría el triunfo. Le era ridículo escuchar las supuestas amenazas de Sendak cuando, en realidad, era un galra débil.
—Eres, sin duda alguna, patético —como una ráfaga, Krolia pronunció mientras rompía a toda velocidad varios cristales de la ventana que tenía frente a ella.
Aquella acción distrajo a Sendak.
Instintivamente, Sendak se apresuró a cubrirse de los cristales que podrían dejarlo en malas condiciones. Se apartó velozmente de donde estaba y evitó el cúmulo de cristales que caía sin piedad por el piso del edificio; sin percatarse de que Krolia había aprovechado el momento para huir de la escena.
—No... Krolia —al cabo de unos segundos, Sendak se percató de la ausencia de la alfa. Su distracción había ayudado a la alfa a huir de él. Y al pensarlo, su sangre hirvió de cólera.
Había dejado ir una oportunidad para evitar un cataclismo total en la sociedad galra.
—¡VUELVE AQUÍ, KROLIA!
—No me dejaré sermonear por ustedes —la solitaria alfa contemplaba la nocturna y carmesí ciudad de Altea que se cernía frente a ella, mientras el feroz viento de la noche golpeaba con fuerza su rostro—. Las reglas están para romperse. Voy a cambiar a la sociedad por completo de una vez por todas.
La alfa, harta de contemplar la ciudad atestada de ignorantes individuos, brincó del edificio para huir del sitio. Caer de tal altura no era una dificultad para ella, sabía ingeniárselas.
Era una alfa galra enamorada de un omega humano, después de todo.
