El presente fic participa del reto de aniversario "Crossover o Adaptación" del foro "Anime y algo mas"
Fandoms: Hetalia x Cazadores de Sombras.
Formato: Adaptación
NOTA IMPORTANTE: Los personajes y la historia usados en este fic son de Himaruya y de Cassandra Clare, y algunos OC son mios o de unos amigos.
Sin mas espero les guste.
Personajes:
Will Herondale: 2P Estados Unidos.
Jem Carstairs: Macau
Tessa Grey: Nyo Polonia
Las hermanas oscuras: 2P Nyo Italia y 2P Nyo Romano.
Prologo.
Londres, Abril de 1878
El demonio explotó salpicando Icor y entrañas.
Allen J. Jones retiro la daga que sujetaba, pero era demasiado tarde. El viscoso ácido de la sangre del demonio ya había comenzado a corroer la brillante hoja. Allen soltó una maldicion y lanzo RL arma lejos; esta cayo sobre un sucio charco y comenzó a humear como una cerilla recién apagada. El demonio, claro, había desaparecido; de regreso al infernal mundo, fuera cual fuera, del que había venido, aunque no sin dejar asquerosos restos tras él.
- ¡Icaro! - Llamo Allen mientras se volvía - ¿Donde está? ¿Has visto eso? Lo he matado de un golpe! No esta nada mal. ¿Verdad?
Pero no hubo respuesta a su llamada; sólo unos instantes antes, su compañero de cacería se encontraba tras él en aquella calle húmeda y retorcida, guardándole las espaldas, de eso Allen estaba seguro; pero en ese momento estaba solo entre las sombras. Fruncio el ceño, molesto; era mucho menos divertido alardear sin que Icaro estuviera delante para oírle. Miro hacia atrás, hacia donde la calle se estrechaba y formaba un pasaje que acababa a lo lejos, en las aguas negras y jadeantes del Tamesis. Al fondo, Allen llegaba a ver las oscuras siluetas de los barcos amarrados, un bosque de mástiles como un manzanar deshojado. Ni rastro de Icaro por allí; quizá hubiera vuelto a Narrow Street en busca de una mejor iluminación. Allen se encogió de hombros y volvió por donde había llegado.
Narrow Street atravesaba Limehouse, entre los muelles del río y las superpobladas barriadas que se extendían por el oeste hacia Whitechapel. Era una calle estrecha, flanqueada por almacenes e inclinados edificios de madera. En aquel momento, se hallaba desierta; incluso los borrachos que solían tambalearse de regreso a casa desde The Grapes, un poco mas arriba, habían encontrado ya un sitio donde desplomarse para pasar la noche. A Allen le gustaba Limehouse, le gustaba la sensación de estar en el extremo del mundo, donde los barcos partían todos los días hacia puertos inimaginablemente lejanos. Que fuera el área por donde acostumbraban a rondar los marineros, y por tanto estuviera llena de garitos de juego, fumadores de opio y burdeles, tampoco le iba mal. Era fácil perderse en un sitio así. Ni siquiera le importaba el hedor: humo y suciedad, sogas y alquitrán, especias exóticas mezcladas con el olor del agua del río Tamesis.
Mientras miraba a un lado y al otro de la vacía calle, se pasó la manga del abrigo por la cara, tratando de limpiarse el icor, que le picaba y le quemaba la piel. La tela quedo manchada de verde y negro. También tenía un corte en el dorso de la mano, un corte feo. Le iría bien una runa curativa. Una de las de Alice, a poder ser. Ella era especialmente buena con los Iratzes.
Una silueta se despegó de las sombras y fue hacia Allen. El dio un paso adelante y se detuvo. No era Icaro, sino un policía bastante corriente que hacia su ronda, con un casco en forma de campana, un pesado abrigo y una expresión de extrañeza. Miro a Allen, o mejor, a través de Allen. Por muy acostumbrado que este al glamour, siempre resultaba extraño que miren a través de ti como si no estuvieras allí. Allen sintió el repentino impulso de hacerse con la porra del guardia y observarle mientras el hombre daba vueltas en redondo, tratando de averiguar adonde habría ido a parar, pero Icaro la había regañado las pocas veces que había hecho eso antes, y aunque Allen nunca había llegado a entender las objeciones de Icaro a ese asunto, no valía la pena hacerlo enfadar.
El policía se encogió de hombros y parpadeo al pasar frente a Allen, meneando la cabeza y mascullando algo sobre dejar la ginebra antes de que realmente empezara a ver visiones. Allen se apartó para dejarle pasar, luego lanzo un grito.
- ¡Icaro Da Silva! ¿Donde estas, bastardo desleal?
Esta vez obtuvo una débil respuesta.
- Por aquí. Sigue la luz mágica.
Allen se dirigió hacia el lugar de donde provenía la voz de Icaro. Parecía surgir de una oscura abertura entre dos almacenes; se vislumbraba un tenue brillo entre las sombras, como la fugaz luz de un fuego fatuo.
- ¿Me has oído antes? Ese demonio shax pensó que me podía atrapar con sus malditas pinzas, pero lo arrinconé en un callejón...
- Si, te he oído - El joven que apareció en la boca del callejón parecía muy pálido bajo la luz de la farola, incluso mas pálido de lo que estaba normalmente, que ya era mucho. Llevaba la cabeza descubierta, lo que de inmediato atraía la mirada sobre su cabello, que era de un extraño color plateado brillante, como un chelín nuevo. Sus ojos eran del mismo color plata, y su rostro era angular y de huesos finos, con la ligera curva de los ojos como única indicación de su ascendencia.
Tenia manchas negras sobre la pechera de la camisa, y las manos cubiertas de rojo.
Allen se tensó
- Estas sangrando. ¿Que ha pasado?
Icaro rechazó con un gesto la preocupación de su amigo.
- La sangre no es mía - Volvió la cabeza hacia el callejón situado a su espalda - Es de ella.
Allen dirigió su mirada hacia las sombras mas espesas del callejón. En el rincón del fondo había una forma hecha un ovillo; solo una sombra en la oscuridad, pero cuando Allen miro mas fijamente, pudo distinguir la silueta de una pálida mano, y un mechón de cabello rubio.
- ¿Una mujer muerta? - Pregunto Allen - ¿Una mundana?
- Una niña, en realidad. De no mas de catorce años.
Al oír aquello, Allen maldijo a todo volumen y sin miramientos. Icaro esperó pacientemente a que acabara.
- Si hubiéramos pasado por aquí un poco antes - Soltó Allen finalmente - Ese maldito demonio...
- Eso es lo curioso. No creo que esto sea obra del demonio - Icaro fruncio las cejas - Los demonios Shax son parásitos, parásitos de nidada. Habría tratado de arrastrar a su víctima a su cubil para ponerle huevos en la piel mientras aun seguía viva. Pero a esta niña... La han apuñalado repetidas veces. Y Tampico creó que sucediera aquí. La sangre que hay en el callejón no es suficiente. Creo que la atacaron en otra parte, y luego se arrastro hasta aquí para acabar muriendo a causa de las heridas.
Allen tensó la boca.
- Pero el demonio Shax...
- Te lo estoy diciendo, Allen, no creo que haya sido el Shax. Creo que el shax la estaba persiguiendo... Cazándola por algo, o para alguien.
- Los shax tienen un sentido del olfato muy aguado - Acepto Allen - He oído que algunos brujos los usan para seguir el rastro de los desaparecidos. Tienes razón: parecía estar moviéndose con alguna extraña intención -Miro mas allá de Icaro, a la triste pequeñez de la forma acurrucada en el callejón - Has encontrado el arma, ¿Verdad?
- Aquí la tengo - Icaro se saco algo de la chaqueta; un cuchillo, envuelto en un trapo blanco - Es una especie de misericordia, o daga de caza. Mira lo fina que es la hoja.
Allen la tomó. La hoja era realmente fina, y acababa en un mango de hueso pulido. Tanto la hoja como el mango estaban manchados de sangre seca. Frunciendo el ceño, paso la parte plana de la hoja sobre la áspera tela de su manga y la limpio, frotándola, hasta que un símbolo, grabado a fuego en la hoja, se hizo visible. Dos serpientes que se mordían mutuamente la cola, formando un circulo perfecto.
- ¡Uroboros! - Exclamo Icaro acercándose mas para ver bien el cuchillo - Uno doble. ¿Que crees que signifique?
- El fin del mundo - Contesto Allen sin dejar de mirar la daga, mientras una leve sonrisa jugueteaba en sus labios - Y el principio.
Icaro fruncio el ceño.
- Entiendo la simbología, Allen Joseph. Me refiero a que crees que significa su presencia en esta daga.
El viento del río alborotaba el cabello de Allen, quien se lo aparto de los ojos con un gesto de impaciencia y continuó observando el cuchillo.
- Es un símbolo alquímico, no de un brujo o un subterráneo. Eso suele significar humanos: la clase de estúpido mundano que cree que tontear con la magia es su pasaporte a la fama y la fortuna.
- De aquellos que suelen acabar como un montón de harapos ensangrentados en medio de algún pentaculo - Icaro parecía lúgubre.
- De esos a los que les gusta rondar por las partes subterráneas de nuestra hermosa ciudad - Después de envolver de nuevo la daga en el pañuelo, Allen la metió en uno de los bolsillos de la chaqueta - ¿Crees que Alice dejara que me encargue de la investigación?
- ¿Crees que se puede confiar en ti en el submundo? Los garitos de juego, los antros de vicio mágico, las mujeres de moral ligera...
Allen sonrió como podría haber sonreído Lucifer momentos antes de ser arrojado de los cielos.
- ¿Crees que mañana sera demasiado pronto para empezar a investigar?
Icaro suspiro resignado.
- Haz lo que quieras, Allen. Siempre lo haces.
Southampton, Mayo.
Felka no podía recordar no haber amado el ángel mecánico. Hubo un tiempo en que pertenecía a su madre, que lo llevaba puesto al morir. Después lo habían guardado en el joyero de su madre, y un día su hermano Filik lo había sacado para ver si aun funcionaba.
El ángel no era mayor que el meñique de Felka, una figura minúscula hecha de latón, con unas alas plegadas de bronce del tamaño de las de una cigarra. Tenia un delicado rostro de metal con los párpados cerrados en forma de media luna y las manos cruzadas al frente sobre una espada. Una fina cadena pasaba por detrás de las alas permitía llevar el ángel colgando al cuello como una medalla.
Felka sabia que el ángel era un trabajo de relojería porque si lo acercaba a la oreja podía oír el ruido de la maquinaria, como el de un reloj. Filik había lanzado una exclamación de sorpresa al ver que aun funcionaba después de tantos años, y había buscado en vano un cierre o un tornillo, o algún otro método por el que se le pudiera dar cuerda al ángel. Pero no había nada que encontrar. Así que se encogió de hombros y le paso el ángel a Felka. Desde ese momento, Felka nunca se lo había quitado; incluso por la noche, el ángel reposaba sobre su pecho mientras ella dormía, con su constante TIC TAC , TIC TAC, como los latidos de un segundo corazón.
En ese momento lo tenia sujeto entre los dedos, mientras el Main iba metiendo la proa entre otros enormes vapores para encontrar un amarre en el muelle de Southampton. Filik había insistido en que Felka fuera a Southampton en vez de a Liverpool, donde atracaban la mayoría de los vapores trasatlánticos. Había insistido en que Southampton era un lugar mas agradable donde arribar; por eso Felka no había podido evitar sentirse un poco decepcionada de su primera visión de Inglaterra. Era gris y deprimente. La lluvia tamborileaba al caer sobre las torres de una distante iglesia, mientras humo negro se alzaba de las chimeneas de los barcos y manchaba un cielo ya suficientemente gris. Una multitud vestida con ropas oscuras esperaba en el muelle al abrigo de sus paraguas. Felka trato de ver si su hermano se hallaba entre la gente, pero la neblina y la fina llovizna que salpicaba el barco eran demasiado espesas para distinguir los rasgos individuales de nadie.
Felka se estremeció. El viento del mar era frío. En todas sus cartas, Filik había comentado que Londres era bonita, que el sol brillaba todos los días. Bueno, pensó Felka, con suerte el tiempo seria mejor que el de allí, porque no sea había llevado ropa de abrigo, salvo un chal que había pertenecido a su tía Ewa y un par de guantes finos. Había vendido la mayoría de su ropa para pagar el funeral de su tía, convencida de que su hermano le compraría ropa nueva cuando fuera a Londres a vivir con él.
Se oyó un grito. El Main, con su casco negro resplandeciente por la lluvia, había echado el ancla, y ya había remolcadores cruzando las aguas grises, dispuestos a transportar el equipaje y a los pasajeros a la orilla. Estos salían en un flujo continuo, ansiosos por sentir tierra bajo sus pies. Tan diferente de su salida de Swinoujscie, pensó Felka. Aquel día, el cielo había sido azul y tocaba una banda de viento. Aunque, sin nadie que la despidiera, tampoco había sido un momento muy alegre.
Felka agacho los hombros y se unió a la fila de pasajeros para desembarcar. Gotas de lluvia le pincharon en la cabeza y en el cuello como heladas agujas, y noto las manos, dentro de los finos guantes, frías y mojadas por la lluvia. Al llegar al muelle miro alrededor, buscando a Filik. Habían pasado casi dos semanas desde la ultima vez que habló con alguien, porque a bordo del Main no se había relacionado casi con nadie. Seria un placer volver a tener con quien hablar.
No estaba allí. Los muelles estaban llenos de equipajes y todo tipo de cajas y cargamento, incluso pilas de frutas y verduras, que se marchitaban y disolvía bajo la lluvia. Cerca de allí, un vapor se disponía a partir hacia Le Havre, y unos marineros mojados se arremolinaron junto a ella gritando en francés. Trato de apartarse, pero estuvo a punto de ser pisoteada por una avalancha de pasajeros que desembarcaban apresuradamente en busca del refugio de la estación de tren.
Pero Filik no se le veía por ninguna parte.
- ¿Es usted la señorita Lukasiewickz? - La voz era gutural y con un marcado acento.
Un hombre se había colocado ante Felka. Era alto y llevaba un largo abrigo negro y un sombrero de copa, que recogía el agua de lluvia en el ala como una cisterna. Sus ojos eran curiosamente saltones, casi protuberantes, como lis de una rana, y su piel parecía áspera como la de una cicatriz. Felka se esforzó para controlar el impulso de apartarse temerosa de él. Pero aquel hombre conocía su nombre. ¿Quien podría saberlo sino alguien que también conociera a Filik?
Felka asintió con la cabeza.
- Si.
- Me envió su hermano. Venga conmigo.
- ¿Donde esta Filik? - Quiso saber Felka, pero el hombre ya se había puesto a caminar. Su paso era irregular, como si cojeara por alguna antigua lesión. Felka se agarro las faldas y corrió tras él.
El hombre avanzaba entre la multitud con velocidad y determinación. La gente se apartaba de su camino y murmuraba sobre su grosería mientras él se abría paso a empujones, con Felka casi corriendo detrás para no perderlo. De improviso, el hombre torció junto a una pila de cajas y se detuvo ante un carruaje negro brillante, con letras doradas en lis costados. La lluvia y la espesa niebla impidieron a Felka leerlas con claridad.
Se abrió la puerta del carruaje, y una mujer se inclino hacia afuera. Llevaba un enorme sombrero de plumas que le ocultaba el rostro.
- ¿La señorita Felka Eliza Lukasiewickz?
Felka asintió con la cabeza. El hombre ayudo a la mujer a bajar del carruaje, y luego a otra mujer. Ambas abrieron sendos paraguas y se protegieron de la lluvia. Luego fijaron sus miradas en Felka.
Era un extraño par de mujeres. Una era muy alta y delgada, con un rostro huesudo y angustiado. Un cabello incoloro estaba recogido en la nuca en un moño bajo. Llevaba un vestido de seda violeta brillante, salpicado aquí y allí por gruesas gotas de lluvia, y guantes violetas a juego. La otra mujer era baja y gruesa, con ojillos muy hundidos en la cara; los guantes de color rosa brillante que cubrían sus grandes manos las hacían parecer coloridas pezuñas.
- Felka Eliza - Dijo la mas baja - Que placer conocerla al fin. Soy la señora Flavia y esta es mi hermana, la señora Luciana. Su hermano nos envía para acompañarla a Londres.
Felka, empapada, helada y anonadada, se apretó el mojado chal sobre los hombros.
- No lo entiendo. ¿Donde esta Filik? ¿Porque no ha venido el mismo?
- Unos asuntos ineludibles le han retenido en Londres. Zondervan no ha podido dejarle marchar. Pero ha enviado una nota para usted - La señora Luciana le tendió un papelito enrollado, ya húmedo por la lluvia.
Felka lo tomó y se volvió para leerlo. Era una corta nota de su hermano disculpándose por no haber podido ir al muelle a recibirla, y explicándole que confiaba en las señoras Luciana y Flavia.
("Las llamo las hermanas Oscuras, por razones obvias, Y parece encontrarme muy agradable!')
Para que la condujeran hasta la seguridad de su casa en Londres. Eran, decía la nota, sus caseras, y las recomendaba con vehemencia.
Eso la hizo decidirse. La carta era sin duda de Filik. Estaba escrita con su letra, y nadie mas la llamaba Fely. Trago con fuerza y se metió la nota dentro de la manga antes de volverse hacia las hermanas.
- Muy bien - Dijo mientras trataba de controlar la sensación de decepción que la rondaba; Había esperado con tanto anhelo ver a su hermano! - ¿Llamamos a un mozo de cuerda para que recoja mi baúl?
- No es necesario, no es necesario - El alegre tono de la señora Luciana no casaba con sus angustiadas facciones - Ya lo hemos arreglado para que lo envien por delante. No cabria en el carruaje - Chasqueo los dedos hacia el hombres de ojos saltones, que se subió al asiento del cochero en la parte delantera del carruaje. Luego le puso a Felka la mano en el hombro - Vamos, niña; salgamos de la lluvia.
Mientras Felka se acercaba al carruaje, impulsada por la huesuda sujeción de la señora Luciana, la niebla se aclaró y dejo ver la brillante imagen dorada pintada en la puerta. Las palabras " Club Pandemónium" se retorcian intrincadamente entre dos serpientes que se mordían mutuamente la cola, formando un circulo. Felka fruncio el ceño.
- ¿Que significa eso?
- Nada de lo que tengas que preocuparte - Contestó la señora Flavia, que ya había subido al carruaje y tenia las faldas extendidas sobre uno de los asientos, que parecían cómodos. El interior del carruaje estaba elegantemente decorado con lujosos bancos de terciopelo morado situados frente a frente, y con cortinas de doradas borlas cubriendo las ventanas.
La señora Luciana ayudo a Felka a subir al carruaje, y subió tras ella. Mientras Felka se acomodaba en uno de los bancos, la señora Flavia se inclino para cerrar el carruaje en cuanto entró su hermana, dejando fuera al cielo gris. Cuando sonrió, los dientes le destellaron en la penumbra como si estuvieran hechos de metal.
- Acomodate, Felka Eliza. Nos queda un largo camino.
Felka se llevó la mano al ángel mecánico, que le colgaba del cuello, y se reconfortó con su constante TIC TAC, mientras el carruaje comenzaba a avanzar bajo la lluvia.
Bueno este es solo el prólogo y una pequeña aclaratoria.
Algunas cosas las cambie y otras no tanto, por lo que espero no me maten y no se preocupen pronto sabran el porque del cambio de apariencia de Shun.
