Se encontraba sentado en su oficina, mirando por la ventana. Admirando el paisaje que se mostraba bajo sus pies. La gente paseaba tranquila, los niños revoloteaban alrededor y todos parecían felices disfrutando.
El coronel suspiró.
-¿Qué le pasa?-pregunto una chica seria con traje militar. De pelo rubio, amarrado y grandes ojos marrones.
-Nada teniente-intentó desviar el tema. No quería admitir su pesar delante de ella- ¿Ese es el informe?-notó el pedazo de papel que tenía en su mano.
-Si-se lo entregó para que lo revisara al igual que 20 páginas más de otros documentos. El coronel volvió a suspirar y continuó con su trabajo.
La gente de la oficina lo observaba como "realizaba" su tarea, puesto que cada cinco minutos se distraía y empezaba a realizar otra tarea. Miraba por la ventana, o jugaba con un clip, garabateaba algo en unas hojas en blanco o se levantaba para tomarse un café.
Riza particularmente lo tenía en la mira. Siempre se distraía pero nunca lo había visto tan desganado. Desde que se instalaron en la ciudad del este, Roy se mostraba un poco apático y muy apagado. Pronto salió de sus cavilaciones ya que una voz al lado de ella la interrumpió.
-Deben ser problemas de bragas-dijo una chica, quien se dedicaba a contestar el teléfono en esa oficina-los hombres se deprimen por dos motivos. Dinero o mujeres-
-Puede ser-ella sabía que el coronel tenía fama de mujeriego y buen vividor, pero la verdad es que el tan solo convivía con esas mujeres por la información que les proporcionaba la red de espionaje que se ocultaba detrás de ellas.
-¿Estas celosa?-dijo la chica intentando que su compañera demostrara algo más que seriedad en ese rostro.
-No-se alejó ya que la conversación no era de su agrado. Era insulsa y estúpida. Fue a revisar algunas cosas pendiente que tenía, no podía controlar ni vigilar todo lo que hiciese el coronel. Ella también tenía trabajo que hacer.
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Era de noche, tiempo de volver a casa. El pelinegro tomó su larga chaqueta negra y se la puso. Era una noche fría. Cerró con llave su oficina y salió del edificio. Caminaba contemplando la gran luna llena.
-No pensé que fuera así-dijo en voz alta. Roy quería ser Fuhrer, todo el mundo sabía ello. Tenía la convicción y la meta bien clara pero lo que no sabía, era cuan tedioso iba a ser el camino para llegar hacia allá. Los papeleos incesantes le aburrían y hastiaban ¿Cuánto podía soportarlo?
-¿Señor?-en la puerta de la reja estaba su subordinada. La teniente Hawkeye. Lo miraba inquisitivamente con esos grandes ojos marrones
-Teniente-le dedico una sonrisa, pero se notaba un deje de cansancio en sus facciones.
-¿Ocurrió algo?-volvía insistir con la pregunta.
-Nada, no se preocupe-caminó hacia su auto negro. Era un último modelo (beneficios que venían con ese gran cargo)
-Roy-solo ocupaba ese tono cuando de verdad estaba preocupada. Jamás le faltaba el respeto a delante de nadie.
-Riza, solo estoy cansado y aburrido-admitió al entrar al auto. Ofreció llevar a la teniente a su hogar. Ella aceptó, subiéndose en el asiento del copiloto.
-Es solo un paso más-
-Lo sé, pero no le quita lo aburrido- suspiró ¿Cuántos llevaba en ese día? Pronto llegaron al departamento de la teniente. Ella lo invitó a pasar y este gustoso aceptó tal ofrecimiento.
-¿Gustas de café?-
-Claro-ella ya sabía que bebida prefería, Habían estado juntos más de la mitad de sus vidas. Pronto la tetera hirvió y sirvió los dos café y los llevo a la mesa.
-Está bueno, como siempre-sonrió al degustar ese delicioso brebaje.
-Gracias-tragó- Roy-dijo volviendo al tema anterior-sé que no es lo que esperaste, pero debes entender que es solo un escalón para cumplir tu sueño-
-¿De verdad? Parece que estuviera estancado aquí-
-No puedes rendirte. Hazlo por ti, por la gente y por mí-lo miró intensamente. Él sabía que la rubia había puesto todas las esperanzas en su persona. Verla allí intentando subirle el ánimo, le proporcionaba fuerzas renovadas para que pudiera cumplir con sus deberes.
-Gracias-sonrió de verdad por primera vez en la noche-que haría sin ti Elizabeth-
-Morir-dijo segura. Los dos rieron ante esa afirmación. Pronto el coronel se despidió, se dirigió a su auto y se puso en marcha hacía su destino final. Su hogar.
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Varios días después recibió una llamada del general Grumman. Lo invitaba a una partida de ajedrez como siempre lo hacían y el general había ganado, como siempre pasaba.
-Me gano otra vez-aceptó su derrota Roy.
-Muchacho, te faltan años para superarme-se jactó el anciano- por cierto ¿Cómo está mi nieta?-
-Bien. La cuido siempre-
-Lo sé. Debes hacerla primera dama cuando te conviertas en Furher- Este comentario logro perturbar un poco a Roy. No ha pensado jamás en hacerla su primera dama, ella se hará cargo de la nación junto a su lado. Será su mano derecha pero su ¿esposa?...
-Veremos-intentó desviar el tema.
-Por cierto, tengo que decirte algo importante-
-¿Qué ocurrió?-
-Te trasladarán a central, muchacho. Podrás elegir un grupo selecto de hombres y mujeres a tu cargo- esa noticia hizo que abriera los ojos de par en par. No podía creerlo, al fin saldría de esa asquerosa ciudad. Podría ir a central, donde pasa toda la acción y podría ascender más rápido.
-No puedo creerlo-
-Pues es verdad, partes la próxima semana. Prepara tus cosas- Roy no cabía de felicidad. Le dio un fuerte apretón de mano en modo de despedida y se fue hacia su oficina. Necesitaba contarle las buenas nuevas a Riza.
Cuando el anciano general quedó solo en su oficina, tomó el teléfono y realizó una llamada.
-Hola-
-Hola general-
-Ya le dije la noticia-
-Muchas gracias por tomar mi recomendación-
-No hay de que, querida. Yo sé que es un hombre capaz-
-Yo también. Muchas gracias. Le enviaré el nuevo juego de ajedrez que le prometí- cortaron la comunicación. Una sonrisa ladina se posicionó en los labios del general. Ese juego de ajedrez lo había esperado por meses. Tenía fichas de vidrio coleccionables, edición limitada.
-No puedo esperar-rio en su oficina.
Al otro lado del teléfono se encontraba la rubia teniente. Ella había hablado con el General Grumman para que pudiera transferir al coronel a Central. Donde sabía que tendría más acción y más motivación para alcanzar sus sueños.
-Teniente, escuche-era Roy entrando por su oficina. No pudo evitar sonreír ante aquello. Se veía tan feliz.
