Prohibido

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Kishimoto. Si fueran míos habría encontrado la manera de que Ino se chapara a Deidara (?.


Capítulo 5

El tono de su celular inundó sin piedad su oficina y la sobresaltó en sobremanera, al mismo tiempo que unas maldiciones se escapaban de sus labios.

Tomó el celular entre sus manos y se masajeó la cien cuando leyó el nombre en la pantalla.

—Maldito infeliz —gruñó y atendió llevándose el celular a la oreja—. No digas nada, espera un momento —Se limitó a decir antes de silenciar la llamada y levantarse de su asiento.

No se podía permitir hablar libremente con él en su oficina, sin embargo, no había demasiados lugares privados en el departamento de policía; por eso, luego de meditarlo unos segundos, un único lugar se le vino a la mente, uno que no deseaba frecuentar.

Mientras tanto, del otro lado de la línea, el rubio pelilargo se encontraba entrando a su casa, conteniendo una retahíla de insultos que clamaban por salir a la luz.

No había manera de estar en paz con esa mujer, le había bastado atenderle la llamada para sacarlo de quicio. Y si bien era cierto que él era famoso por su prácticamente nula paciencia, aquella oficial estaba transgrediendo todos sus límites.

—¿Estás ahí? —La voz de ella se volvió a escuchar por la línea, capturando su atención nuevamente.

—No lo sé, ¿ahora puedo decir algo, uhm? —masculló entre dientes, irritado.

Una ligera risa, que no supo clasificar, lo tomó por sorpresa.

—Qué susceptible.

Deidara abrió la boca, dispuesto a rebatir, pero ella se le adelantó.

—No podía atenderte en mi oficina, debes ser más cuidadoso, prefiero que antes me mandes un mensaje —suspiró.

Él pudo sentir como una vena de su frente se hinchaba. Sin lugar a dudas, Ino Yamanaka parecía encarnar a la perfección los términos "antipatía" y "soberbia".

—¿Ah sí? ¿Y entonces qué hiciste? ¿Te escondiste bajo el escritorio? —Se mofó imaginando la situación.

Un bufido se escuchó como respuesta de su interlocutora.

—No seas idiota, tuve que encerrarme en el baño para hablar tranquila, lo cual no encuentro... placentero —pronunció incómoda.

Al segundo se arrepintió. Realmente debió preveer el comentario que él soltaría ante esa información.

—Oh —Sonrió con picardía, a pesar de que ella no podía verlo—. Por supuesto que no, mejor no hablemos de las actividades que encuentras placenteras en un baño, uhm.

Ino se mantuvo callada por unos segundos.

—No me obligues a cortar —Rodó los ojos, hastiada, del otro lado de la línea.

—Qué susceptible —soltó él con una sonrisa de la que ninguno fue consciente, pero que curiosamente se reflejó en el rostro de ella también.

—Como sea, no tengo todo el día, ¿qué quieres? —Sacudió ligeramente la cabeza, apartando cualquier pensamiento anodino.

—Pues, a que no te imaginas el bonito presente que recibí nuevamente en la puerta de mi casa —Observó con fastidio el maldito sobre que estaba encima de la mesa de su comedor.

—No me digas que... —se detuvo a media oración, sin creer necesario acabarla.

—Un bonito sobre blanco, ¿a ver si adivinas que contiene?

—Información sobre mí —Suspiró frustrada.

—¡Bingo! Qué perspicaz eres, preciosa, deberías ser policía, uhm —bromeó mientras caminaba hacia la heladera en busca de algo para comer.

—Hilarante —gruñó ella.

—Aunque no es información nueva —Sostuvo el celular entre su hombro y oreja mientras rebuscaba dentro de la heladera—. Si quieres mi opinión unas cuantas fotos en lencería me vendrían bien, necesito inspiración para una escultura, ¿crees que me las consiga si se las pido, uhm? —Sonrió cuando un plato con una pata de pollo de la noche anterior capturó su atención.

—¿¡Puedes tomarte esto en serio!? —levantó la voz en un susurro, reprendiéndolo con frustración.

—Pero si estoy hablando muy en serio —Mordió la pata de pollo, haciendo intencionalmente ruido al masticar.

—¿¡Estás comiendo justo ahora!? —chilló ella, escandalizada.

—Te ofrecería, pero ya sabes... la distancia condiciona la caballerosidad, uhm.

Ino se masajeó el puente de la nariz mientras sentía una opresión en su pecho, aquella sensación de descontrol e incertidumbre que tanto odiaba estaba volviendo a tomar fuerza, mermando su seguridad.

—En unas horas me pondré en contacto contigo para ver cómo proceder. Hasta entonces, no te atrevas a llamarme —sentenció, y sin esperar respuesta cortó la llamada.

Colocó su celular en su regazo mientras llevaba su otra mano al pecho y lo presionaba.

—Calmada, calmada —susurraba aquello como un mantra mientras procuraba poner su mente en blanco.

Los pensamientos rápidos, los peores escenarios posibles y el poco hallazgo de soluciones parecían arremolinarse directamente en su cabeza, sin piedad.

Hace años se había vuelto propensa a sufrir ataques de pánico luego de salir de un severo cuadro depresivo. Pero lejos de dejar que aquello condicionara su trabajo, había optado por trasladarse a otra ciudad y a otro departamento policial, había optado por sentirse útil en otro sitio, lejos de sus errores.

Pero Ino sabía que no podría escapar por siempre, que su mente no abandonaría de forma tan sencilla un capítulo no cerrado. Y que una herida cubierta, asfixiada entre vendas, no podía sanar.

Y al final había vuelto, pero ni sus peores escenarios mentales podían anticipar su encuentro con Deidara, su colisión disfrazada de coalición.

Y como si de invocar al mismísimo diablo se tratase, un molesto sonido anunció la llegada de un mensaje, proveniente del susodicho, a su celular.

"¿No quieres que te llame? Auch.", rezaba en la pantalla.

La mujer no tuvo ni tiempo de quejarse antes de que un nuevo "plin" anunciara la entrada de un nuevo mensaje.

"PD: no dijiste nada sobre mensajes."

Cuando todo acabara iba a matarlo, eso lo tenía claro.

.:°•°•°• •°•°•°:.

Él, aburrido, dejó su celular en la mesa cuando se aseguró de que ella no iba a responderle los mensajes.

—Qué mujer, uhm —masculló y se levantó de la silla en la que estaba, rumbo a su habitación.

Abrió la puerta y presionó el interruptor, encendiendo la luz.

La visión de una escultura sin acabar y una desordenada mesa de trabajo, repleta de arcilla y utensilios para esculpir, lo recibió ni bien dirigió su mirada dentro.

—Tengo que limpiar, uhm —se quejó antes de acercarse a la mesa y comenzar a ordenar.

Entre medio de su tarea no pudo evitar que sus pensamientos volvieran a girar en torno a Ino, o más concretamente a la carta sobre ella.

Ciertas preguntas pululaban por su mente sin descanso, molestándolo. Deidara no era una persona que disfrutara la ignorancia, y mucho menos si el asunto lo involucraba a él.

Alguien quería perjudicar a Yamanaka, eso no resultaba difícil de deducir. Pero... ¿por qué, quién sea, recurriría a él? O lo que era más importante, o escalofriante, ¿cómo supo que él también deseaba hundirla?

Fuera de su círculo de informantes de confianza, que se reducía a los miembros de Akatsuki, su organización, nadie podría haberse enterado que él estaba en busca de aquella policía, y mucho menos de los propósitos que le competían para con ella.

—¿Un espía...? —murmuró mientras apretaba un trozo de arcilla en su mano.

Todavía no podía estar seguro de aquello, no hasta confirmar de que ninguno de los demás miembros le había enviado las cartas.

Dentro suyo esperaba que alguno lo hubiera hecho, que se hubieran cansado de escucharlo parlotear acerca de lo mismo y alguien se hubiera dignado a ayudarlo, aunque sea para silenciarlo. Pero dudaba de ello, conocía a sus compañeros, y su instinto le decía que la respuesta no sería tan sencilla.

Lo que bien sabía es que no permitiría que nadie lo manipulara a su antojo. Antes muerto que ser el títere de algún bastardo anónimo. Y todos sabían que si Deidara llegara a morir... no se iría solo.

Ino Yamanaka era su asunto pendiente, la mancha en su reputación, y el trabajo de limpiarla le correspondía únicamente a él.

Por eso, una vez acabó de ordenar, tomó su teléfono y marcó el número de alguien que sabía que podía ayudarlo. No existía vieja chusma con la oreja más parada que él. Si algo sucedía en los suburbios, era seguro que él lo sabía.

El tono se escuchó dos veces antes de que el destinatario atendiera el celular.

—¡Pero si es la nena más linda de Akatsuki! ¡Tenías tiempo sin llamar! —La molesta voz burlona no tardó en irritarlo.

—Cierra el pico, Hidan, llamo por algo importante, uhm.

—Si ese "algo importante" tiene pelo rubio y te dejó las pelotas moradas, no quiero saber nada más —Se burló de manera desvergonzada.

Deidara contó mentalmente hasta diez para no acabar insultándolo. Odiaba que Hidan se metiera con él.

—No. Necesito información... de los cazarrecompensas, ¿sabes en qué bar se reunirán hoy?

Hidan guardó silencio por dos segundos, tiempo récord tratándose de él, antes de responder con un tono más monótono.

—Si llamaste es porque sabes que lo sé, ¿por qué los buscas?

Deidara meditó un segundo si decirle o no, pero al final optó por informarle a medias.

—Creo que alguien intenta hacerme cazar a una persona, necesito saber si esta persona está siendo buscada por más gente. Quiero llegar al imbécil que intenta usarme como monigote.

Hidan rió sonoramente.

—No es la primera vez que te quieren como su puta —Continuó burlándose hasta acabar con la paciencia del rubio.

—¡Cierra tu boca de mierda y responde a mi pregunta! —levantó la voz y golpeó la palma de su mano contra la mesa.

Hidan continuó riendo, como si fastidiar a Deidara fuera su actividad favorita.

—Tranquilo, playboy, nadie duda de tu hombría —Realizó una pequeña pausa que no anticipaba nada bueno—. Aunque tu cercanía con Sasori...

—¡Imbécil! —gritó—. ¡Te juro que voy a volarte la cabeza en mil pedazos!

Esta respuesta desató un nuevo ataque de risa en su interlocutor.

Deidara ya estaba maquinando un plan de cómo le explicaría a la organización que tuvo que explotarle la cabeza a Hidan, cuando este volvió a hablar, esta vez empleando una voz seria.

—Hoy estarán en el "Aoi Uma", te diría la dirección pero creo que ya la conoces muy bien.

Deidara frunció el ceño y se masajeó la cien.

—Escucha, rubio de bote, más te vale no provocar ningún problema con los cazarrecompensas ni con...

Deidara, previendo lo que estaba por decir, lo interrumpió antes de que pudiera acabar.

—Ya sé qué hacer, Hidan, uhm. Ahora hazle un favor al mundo y cortate la lengua en tu próximo ritual de porquería —sentenció de mal humor y colgó inmediatamente, sin esperar respuesta.

Con sus manos corrió su largo cabello hacia atrás y suspiró.

"Aoi Uma".

Esta vez no podía evitarlo, al final... el destino había logrado llevarlo de vuelta a Iwagakure.

.:°•°•°• •°•°•°:.

Hacía unas horas que había superado su incidente en el baño y el resto del día había transcurrido con tranquilidad. La comisaría se encontraba sumida en un desánimo colectivo debido al nuevo secuestro de aquella joven, y el ambiente no se prestaba para socializar.

Debido a esto, Ino acabó sus tareas más temprano de lo usual y se aisló en el patio trasero de la comisaría. Necesitaba despejar su mente antes de tomar su auto y volver a casa.

Agarró su teléfono y lo encendió para luego rebuscar entre sus contactos, no sin antes observar discretamente a su alrededor para asegurarse que estaba sola.

La ansiedad estaba comenzando a picarla y quería hablar con Deidara rápidamente, tenía planeado ordenarle escuetamente que en la noche fuera a su casa para que pudieran charlar en paz.

No pensó que aquello pudiera traerle ningún problema. Después de todo, con la tobillera podía mantenerlo bajo control.

Buscó hasta llegar a la D y allí encontrar el nombre "Darita".
Se mordió el labio para no sonreír al imaginarse a alguien llamándolo así en persona. Con la poca paciencia que este aparentaba tener...

—¿Quién es Darita? —Una voz tranquila y monótona se escuchó tras ella, sobresaltándola.

Volteó y se topó de lleno con el rostro pálido de uno de sus compañeros, Sai.

—S-Sai, ¿qué estás haciendo? ¿Siempre espías el celular de una dama de esa manera? —bloqueó el aparato y se cruzó de brazos, para limitarse a mirarlo con el ceño fruncido.

Sai se llevó una mano al pecho y sonrió.

—Me disculpo, estabas muy ensimismada mirando la pantalla y cuando te vi sonreír no pude evitar sentir curiosidad, ¿es una amiga? —Arrugó ligeramente su nariz sin perturbar su sonrisa.

Ino suspiró y negó sutilmente con la cabeza.

—No debería responderte, Sai, porque lo que hiciste fue grosero, pero en este caso no era nada importante. En efecto, es una amiga —pronunció tranquilamente, sin una pisca de nerviosismo, lo cual, teniendo en cuenta el día que tuvo, lo consideró una hazaña.

—Ya veo, qué bueno —respondió él aún sonriendo.

Ino asintió y sonrió falsamente antes de empezar a retirarse.

—Bien... hasta luego, Sai.

—Espera —bloqueó su camino con su cuerpo—, me gustaría hacerte una pregunta.

Ino deseó poder ser más seca con él, pero no quería perturbar su ambiente de trabajo tan tontamente.

—Claro, dime —Por eso optó por sonreír lo más amablemente que pudo.

Sai desvió la mirada hacia un costado e Ino notó como su imperturbable sonrisa tembló por un segundo.

—Verás... cerca de mi casa abrió un restaurante nuevo de comida italiana, me han dicho que es excelente —en ese momento la miró directamente a los ojos—. ¿Te gustaría ir conmigo?

Ino lo miró con cierta pena y se dispuso a rechazarlo, pero cuando abrió la boca para decir algo, él la interrumpió.

—No es una cita, tampoco tiene que ser en estos días. Verás, no... he logrado afianzar vínculos correctamente, y leí en un libro que para ser mejor en tu trabajo debes...

Ino decidió interrumpir su verborrea agitando una mano.

—Está bien, Sai, tranquilo, no tienes que explicarme nada.

Él la miró sin expresión, aunque ella pudo percibir que la situación también le estaba resultando incómoda.

Hasta el momento Sai siempre había sido amable con ella, y era cierto que rara vez lo invitaban a reuniones sociales o lo incluían en conversaciones cotidianas.

De repente, un ligero sentimiento de culpa emergió de su pecho. Ella tampoco estaba esforzándose por ser muy buena compañera para nadie.

—Acepto —Finalmente soltó sonriendo y él la imitó—. En la semana podemos organizar un día, ¿te parece?

Sai asintió y su sonrisa se expandió aún más.

—Gracias, Ino.

Luego de ese pequeño intercambio se despidieron y ella caminó hacia su auto. Así, una vez dentro de este, volvió a tomar su celular y se dispuso a realizar la llamada que anteriormente fue frustrada.

El tono apenas sonó una vez antes de que Deidara respondiera.

—¿Y bien, uhm? —pronunció bruscamente.

Ino apretó el celular en su mano y observó a su alrededor, temiendo que nuevamente una persona apareciera y la escuchara.

—Ven hoy a mi casa antes de que caiga la noche, tenemos que hablar.

Deidara silbó, sin dejar pasar la oportunidad de fastidiarla.

—Vaya, ¿ya me quieres nuevamente en tu casa? Qué osada, Yamanaka. Y yo esperando que me lo hicieras todo más difícil, uhm —Negó con la cabeza, fingiendo decepción.

—No tienes idea lo difícil que te resultará todo si no te muerdes la lengua de vez en cuando —pronunció Ino entre dientes, irritada.

Deidara respondió con una miserable risa burlesca y ella decidió que no seguiría dándole el gusto.

—Además, no sabrías qué hacer con tanta mujer. Tu desempeño en el baño fue... lamentable. Y mejor ni hablemos de tu visita nocturna —Sonrió mientras se miraba las uñas de su mano.

—¿¡Disculpa!? —Se quejó él, claramente indignado.

—Lo lamento, no dejo que me decepcionen dos veces. Hasta más tarde —Colgó sin esperar a que él respondiera.

Una risa se escapó de entre sus labios cuando vio que un par de segundos después él volvía a llamarla.

Negó con la cabeza y encendió el auto, deseando llegar a su casa. Se daría un baño y luego se tiraría en la cama con Inuyasha.

El rubio terrorista que no dejaba de llamar a su celular sería un problema para más tarde. Ahora era tiempo de gozar de su pequeña victoria.