Atemporal
Disclaimer applied.
Resumen: Han pasado tres años desde la última vez que se vieron las caras. Sakura era una ingenua niña y Sasuke un joven cabeza dura, aun así, ella lo amaba. El cambio de estaciones parece no haber influido en nada al volverse a encontrar en un día de lluvia, pues lo enterrado vuelve a renacer.
Prólogo.
La inquietud se disparó dentro de sí misma en cuanto notó que el rostro, usualmente serio, de su compañero de banca lucía aún más estoico. A sabiendas que irse por las ramas no la llevaría a ninguna parte, decidió preguntarle sin rodeos acerca de su estado de ánimo.
—A veces… me cansa ir a la escuela.
Amplió los ojos al conseguir por primera vez en años una confesión de sus labios fríos y conteniendo la emoción, aprovechó la oportunidad de poder ser confidentes por al menos un momento.
—Te entiendo, ¡odio madrugar!—Adepta a parlotear, movió las manos arriba abajo, inflando las mejillas sin darse cuenta. — Si no fuera por mi alto promedio… agh, faltaría más.
Negó con la cabeza un par de veces el moreno y recargó la espalda contra la silla, con una expresión pensativa.
—Ah sí… las calificaciones. Altas o lo miserable de la calle.
Sus ojos volvieron a ensancharse y por un segundo su labio inferior tembló, renuente a asumir lo que su mente había pensado.
—¿Es decir que sin altas notas no seremos alguien y vivire…?
Ni siquiera la dejó acabar su pregunta, cortante y letal le dio una nueva apuñalada a su corazón de muñeca.
—No entiendes nada.
A pesar de su decepción, ella le dedicó una sonrisa pequeña y colocó una de sus manos sobre su hombro delgado.
—Sí lo entendí Sasuke-kun.
La profesora de física entró al salón resonando fuertemente sus tacones de cinco centímetros y con un fuerte "buenas tardes jóvenes" llamó la atención de ambos. La burbuja fue rota sin remedio, pero aun así, fue inevitable que su interior se sintiera feliz de haber podido rozar con la yema de los dedos las inquietudes de su amado.
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Capítulo 1: Sakura
De niña solía sentarse en el jardín de su hogar y mirar hacia el cielo cuando acababa de colorear sus láminas de Disney, cuestionándose todo y nada a la vez. En una ocasión en lo que esperaba que su abuela le sirviera de comer, externó una de sus dudas principales:
—Abuela, ¿por qué llueve?
La mujer de graciosas canas echó un último cucharón de sopa en el plato de porcelana y se lo extendió, quedándose pensativa un momento.
—Sóplale primero, no te vayas a quemar Sakura. —Ésta asintió obediente y le miró con insistencia, ansiosa de saber la respuesta a su pregunta. —Bien, lo que pasa es que Dios está llorando y las nubes están derramando sus lágrimas sobre nosotros.
—¿Y eso es malo?
Su abuela negó con la cabeza un par de veces y metió en el consomé una cuchara.
—Todos necesitamos un equilibrio a veces, hija.
Suspira de ternura ante el recuerdo y el vaho que sale de sus labios le recuerda la incesante tormenta que hay afuera y por lo tanto, el frío asesino que incluso dentro del autobús le cala hasta los huesos. Un número considerable de mala suerte se ha ido acomodando casi en cadena a lo largo de su día: primero en la mañana hubo una fuerte manifestación en una de las carreteras principales, desencadenando un tráfico de mierda, en segundo lugar se suponía que hoy era el día en que salía más temprano de la facultad pero por un trabajo en equipo tuvo que quedarse más tiempo, en tercer lugar la ya mencionada lluvia y bueno, está por llegar una cuarta. Contiene un gran gemido cuando el bus frena de golpe y por poco impacta la cara contra el asiento de adelante, curiosa eleva la mirada para ver que ha pasado y el resultado no puede ser peor.
—¡Joder, qué pasó! —exclama una señora de la mediana edad, sumamente molesta.
"¿Acaso es ciega?" La respuesta no puede ser más obvia con tremendo tráiler pegado a la ventana fragmentada frontal.
—Chocamos. Lo siento por la lluvia pero tendrán que bajar.
Sakura suelta un bufido para nada disimulado y no contiene a su lengua.
—¡Pero oiga, debemos de esperar hasta que llegue otro autobús para no mojarnos!
—Señorita, con este tráfico, ¿en verdad cree que llegará otro pronto? Este era el último que salió del día y quien sí llegará será la grúa, de todos modos tendrán que ba-
No se queda a escuchar más y más molesta que la señora anterior, se cuelga su mochila y se abre paso a través de las personas que iban paradas, con dirección a la salida. Los demás no tardarán mucho en seguirla así que se obliga a no lamentarse.
—Al diablo. —masculla y abre su paraguas al encontrarse sobre la encharcada avenida. Sus pasos son largos y acelerados, ignorando todo a su alrededor. —Me iré en el tren y-
Quinta cosa que sale mal: en cuanto logra ver de lejos una estación, un cartel con la tinta corrida anuncia un despiadado y cruel anuncio de que el servicio se ha suspendido por hoy. La idea de un taxi la tienta y se repliega contra una pared, el lugar tiene un pequeño techo que la cubre de la lluvia así que cierra el paraguas. Cinco, diez, veinte minutos, ¿más o menos? En el poco avance que ha habido de los automóviles, los escasos taxis siempre van llenos y poco a poco ha ido perdiendo el balance. Casi con ganas de llorar empieza a pensar opciones. El servicio de uber sería perfecto sino fuera porque se atrasó en el pago del plan y no cuenta con internet en estos momentos, para pedirle ayuda a alguno de sus amigos tendría que conseguir un teléfono público por la misma razón y la idea de mandar algún mensaje por cobrar se va al caño porque nunca aprendió cómo hacerlo. Sexta cosa: la lluvia de pronto ha aumentado su intensidad.
Está a punto de nuevamente abrir su sombrilla y vagar hasta encontrar algo útil, cuando sus ojos verdes captan a una anciana corriendo en su intento de huir del agua. La mujer llega a su lado totalmente empapada y llevándose una de sus manos hacia la frente, con expresión angustiosa.
—Ni porque corrí me salvé de la lluvia. —Le comenta confiada la menuda viejita.
—¿Hacia dónde va, señora? —pregunta amablemente.
La viejita adopta un semblante fastidiado y ligeramente desesperado.
—Ay niña, tengo que subir todavía parte del cerro y no he hallado transporte, podría esperarme aquí pero dejé a mis nietos solos por ir a comprar unas cosas. —En ese momento Sakura repara en la bolsa que cuelga de sus manos, por la transparencia de la bolsa de plástico nota que lleva pan y leche. —No sé qué hacer.
No puede evitar compadecerla y en un arranque de altruismo, y quizás de estupidez, le extiende su sombrilla. No pudo evitar recordar a su abuela al mirarla.
—¿Eh?
—Si quiere tómelo, por favor.
—Te vas a mojar, no muchacha.
—De verdad hágalo, yo todavía tengo camino que recorrer y puedo conseguir un transporte.
La viejita no muy convencida toma el paraguas y le regala una sonrisa que logra alegrarle un día por un instante.
—Que niña tan hermosa eres, iré rápido a ver a mis niños. Solo que bueno, no sé cuándo podré devolver-
—Tómelo como un regalo, vaya con cuidado.
La ve marchar y le cae como un balde de agua fría, al perderla de vista, su situación. No tiene con qué cubrirse así que tendrá que correr y cubrirse como pueda. "Mis apuntes joder, y justo hoy se me ocurrió llevar mi laptop a la escuela", piensa y al ver un nuevo taxi pasar levanta con ganas su brazo derecho, para encontrarse con el resultado de siempre: lleno. Se echa a correr hacia la siguiente calle y otra y otra, no hay ningún rastro de teléfono público. Su cuerpo no para de temblar debido a lo mojada que está y en su fastidio no puede evitar exclamar, ganándose la mirada extrañada de gente que sí tiene sombrilla y está en la avenida:
—¡Dios, deja de llorar!
Conoce todo el fenómeno atmosférico, ¡qué va, el ciclo del agua!, que ocasiona la lluvia pero decide desquitar su rabia contra el mito que le contó su abuela aquel día nublado. Ya sin ninguna esperanza y abandonando la idea de contactar a alguien, toma la resolución de que esperará alguna oportunidad bajo cualquier techo, pero nuevamente la vida se ríe de ella y gracias a que el tráfico se ha despejado un poco, un auto con considerable velocidad ha pasado sobre un charco, salpicándola de pies a cabeza.
—¡Ten cuidado cabrón! —Grita a todo pulmón, ya sin importarle nada.
Se conoce lo suficiente para saber que ha palidecido en cuanto el conductor frena a unos cuantos metros adelante y está abandonando su asiento de piloto. "Santa mierda, santa mierda, ¿y si quiere hacerme algo por lo que le dije? Pero tampoco quiero decirle perdón…" Al darse cuenta del intenso cabello negro y la piel blanquecina, Sakura entreabre los labios y hace un gran intento porque sus piernas no se doblen. Por un momento considera la idea de tallarse los ojos pero la desecha por ridícula.
—¿Sasuke?
Ese rostro lo reconocería en cualquier parte por más que hayan pasado tres años desde el último día de la secundaria. Tiene que reconocer que ha crecido considerablemente, si antes estaban parejos en estatura, ahora él le saca cabeza y media. Su torso ha adquirido forma hercúlea, el cabello le roza la barbilla y cubre parcialmente uno de sus ojos, además sus facciones se han endurecido.
—Ah, eres Sakura.
La lluvia sigue cayendo sobre ellos pero él parece ser el único en notarlo, abriendo la sombrilla que ella ya no tiene.
—Te estás mojando.
Asiente como una tonta y se repliega contra la pared, el incidente del agua ha quedado parcialmente olvidado.
—¿Qué haces por aquí, Sasuke? —murmura, mas por el ruido de los motores alrededor se ve obligada a repetirlo más fuerte. —Según sabía te habías mudado a Otogakure…
El joven da un par de pasos hacia Sakura, arrebatándole el aire por un segundo.
—Solo fueron un par de años Sakura. Veo que te mojé con el auto. —Sakura muerde el interior de su mejilla para contenerse de insultarlo, aun así, se da el permiso de rodar los ojos. Le ha impresionado su presencia, sí, pero ahora el coraje va viajando por su torrente sanguíneo, ni siquiera le ha pedido disculpas. —¿Qué no tienes sombrilla?
Frunce los labios y niega con la cabeza un par de veces, tiritando al momento.
—Digamos que hoy fui muy altruista y se lo di a alguien que lo necesitaba más que yo. —Fija los ojos en el coche detrás de su dueño y una peligrosa idea le pasa por la cabeza. —Joder, me estoy congelando y no he podido agarrar un taxi.
Desde que tiene memoria, Sasuke siempre ha sido una persona perspicaz, ningún detalle es capaz de escapar de aquellos ojos oscuros. Él sigue la línea de su mirada y con una expresión parca, señala con la barbilla el auto.
—Súbete.
En modo imperativo, porque después de todo no ha dejado de ser Sasuke Uchiha, le ha pedido que suba al auto con él. En el fondo, su lado más efusivo festeja emocionada, sin embargo, en el exterior su mirada verdosa luce perpleja y se muerde los labios.
—¿De verdad?
Sasuke sin decir ninguna palabra más da media vuelta y abre la puerta del piloto, cerrando el paraguas para después meterlo en los asientos de atrás.
—Si no quieres-
—¡Sí quiero! —Casi ha gemido, saliendo disparada hacia donde está Sasuke. —Ay muchas gracias, aunque bueno, también me lo debes por haberme mojado.
El joven quita el seguro de la puerta del copiloto y ella ni sosa ni perezosa toma asiento y cierra la puerta, casi extasiada de poder volver a sentir el calor después de un largo rato.
—Quítate el saco y échalo al asiento de atrás, vas a mojar mi asiento. —espeta, echando andar con un suave ronroneo el auto.
Obedece sin replica alguna y recordando uno de los motivos de su angustia, abre su mochila con ansia, pasando la mano por cada rincón. No, no se mojaron sus cosas de forma catastrófica.
—Uff, ya me había angustiado. —susurra, con una pequeña sonrisa.
—Veo que sigues teniendo esa manía de pensar en voz alta.
Sakura da un respingo demasiado notorio al escucharlo y sus mejillas se llenan de color para su descontento. Sasuke se ve más serio y adulto, ella así continúa pareciendo una niñita.
—Ejem, sí… ¿Cómo te ha ido con la lluvia y el apestoso tráfico?
Él se detiene en un semáforo y la mira por un segundo que es más que suficiente para ruborizarla más. Lo atractivo que es ese hombre desarma a cualquiera y lamentablemente a pesar del tiempo, ella no ha ganado inmunidad ante eso.
—Estuve varado un buen rato allá por la avenida Ashura, chocó un autobús con un tráiler y quitaban carril la grúa y los que chocaron. —Sakura emite una risita nerviosa y Sasuke alza una ceja. —¿Qué es gracioso?
—Yo iba en ese bus.
—Ah, por eso estabas aquí vagando.
—Así es.
Sasuke nunca fue adepto a las conversaciones pero por alguna razón se está mostrando conversador, quizás ha cambiado más allá de su físico. Extiende su mano hacia el pequeño estéreo y lo enciende, dejando sonar una estación de música de los 70's- 80's.
—Mama, i just killed a man… —canturrea Sakura, meciéndose en su lugar. —Este clima apesta. ¿Qué estás estudiando?
—Física.
—Oh sí, recuerdo lo bueno que eras en esa materia.
—¿Y tú estudias medicina?
Nuevamente parpadea perpleja ante las atenciones recibidas.
—No me mires así, te la pasabas repitiendo a cada segundo cuanto querías ser doctora como tu tía.
En todo el camino no vuelven a abrir la boca, cada quien metido en sus pensamientos y en el sonido de la radio. Sin darse cuenta la pelirrosa comienza a dormitar y está a punto de quedarse profundamente dormida, hasta que siente su cuerpo dispararse hacia el frente.
—¿Qué pasa, chocaste? —comenta sarcástica, dirigiendo su vista hacia delante.—Oh no…
La avenida que la lleva hacia casa está completamente cerrada. "Diantres, la ciudad hoy es un completo caos".
—Sakura.
—¿Hmm?
—¿Te parece si vamos a mi departamento en lo que abren la avenida? Está ubicado por aquí subiendo la calle…
—¿Ya viven en un departamento, qué pasó con…?
—Vivo solo.
Dos cosas: vive solo y la llevará a su departamento. No suena bien, insiste su yo interna, pues aunque no sospecha para nada alguna doble intención, no lo ha visto en años y parece muy repentina tanta confianza.
—Bueno, no sé… —Sasuke la mira con una pisca de aprehensión y entonces se da cuenta del otro problema, el indicador de gasolina se está inclinando hacia empty. —Ah, ya entiendo. Está bien, en cuanto baje la lluvia me iré.
Cuando Sasuke estaciona frente a un modesto complejo de departamentos, él y ya bajan corriendo para evitar ser mojados por la incesante lluvia, el Uchiha toma la delantera y mete la llave en la cerradura del largo portón. En cuanto éste es abierto, la imagen de un enorme perro corriendo hacia su lugar le sonsaca un pequeño grito a la pelirrosa, quien cierra los ojos esperando lo peor. Pero al pasar un par de segundos sin sentir nada, descubre sus ojos y nota como el can disfruta risueño las atenciones de Sasuke hacia él.
—No seas miedosa, no te hará nada.
—Lo siento, su raza siempre me ha dado miedo… ya sabes, niños mordidos.
—Niños que los molestaron. Para toda acción hay una reacción.
—¡Hey, que estés estudiando física no significa que quieras meter sus leyes en donde sea! —ríe para aligerar un poco las cosas y Sasuke con la mirada le indica las escaleras. Solo suben dos pisos hasta que se detienen frente a la puerta con el número 10. —No puedo creer que vivas solo, yo no me he independizado.
El departamento no está muy amueblado, lo nota al entrar, el living solo cuenta con un sillón largo, un gran librero, una mesita, una televisión sobre un mueble pero eso sí, todo está impecable. Sakura se mira de arriba abajo y decepcionada ve que sigue igual de mojada, sabe que a este paso agarrará un resfriado y que debería bañarse y cambiarse, pero no está en su casa.
—Sasuke, ¿tendrás té? —murmura apenada.
El aludido asiente y camina hacia la que parece ser la cocina.
—¡Gracias!
En menos de diez minutos el olor de la manzanilla ha invadido al lugar, sonsacándole una sonrisa satisfecha la cual se amplía aún más cuando Sasuke llega con una taza llena y la pone en la mesita de centro.
—Gracias otra vez, ¿qué tú no vas a beber?
—En realidad iré a bañarme, ¿no quieres hacerlo? Lo necesitas sobre todo tú por lo mojada que estás.
"¿Qué últimamente ya tiene el poder de leerme?" Cuanto ansía decir que sí mas recuerda cada contra como un speech* bien planeado.
—No tengo ropa de cambio, de verdad gracias.
Sasuke se encoge de hombros y la deja sola de nuevo, sin pensar en lo extraño que le parece su actitud a su ex compañera. Hacía una media hora parecía ser más simpático y abierto, pero de un segundo al otro, ha vuelto a comportarse fríamente. Se bebe el té disfrutando de cada trago mientras se contiene de mirar a otra parte que no sea el televisor, el cual encendió sin reparar en permisos, ha leído la cantidad suficiente de novelas románticas y sabe que hay una alta probabilidad de que coincidentemente verá el momento en el que Sasuke salga del baño con una toalla enrollada en la cintura, generando una tensión nerviosa. "Ah, mis estupideces…"
El sonido de la puerta al abrirse le confirma que él ha salido y se repite como una mantra "no voltees, no voltees" al escuchar su aterciopelada voz.
—¿Segura que no quieres bañarte?
Joder que sí y está nuevamente dispuesta a negarse, pero su boca le gana. No le conviene resfriarse a estas alturas de su vida.
—Bueno… sí.
De un momento a otro ya está dentro del baño con baldosas en tonalidades azules, mirándose en el espejo sobre el lavabo, ciertamente su rimen se ha corrido un poco y no hay ni rastro del brillo labial que tenía puesto hacía unas horas. Con suma lentitud se va retirando cada prenda, primero la blusa de manga larga y después el pantalón de mezclilla, sin despegar los ojos de su reflejo. Internamente un piquete de frustración le llega al pensar en su poco pecho y las pocas curvas que tiene. "Hasta pareciera que no me llegó la pubertad". Termina de desvestirse y abre la llave del agua caliente, metiéndose justo después para aliviar el frío que le llega hasta los huesos. Emite un placentero suspiro al sentir el calor extenderse por cada rincón de su piel y un poco dubitativa toma el champú presentación man, sigue sin creer que está en el baño donde Sasuke Uchiha se ducha cada día. Obtiene un poco de jabón en su mano y lo acerca a su nariz, el aroma para su sorpresa no es de naturaleza masculina. Evita tomar el jabón en barra y se talla el cuerpo con el mismo champú, se está dejando llevar por sus pensamientos así que espera que no le llegue la cuenta del agua alta a su viejo compañero.
"—¿Quieres hablar?
—No crees que si hubiera querido hablar, ¿ya lo hubiera hecho?"
La secundaria. No fue su mejor etapa, debe reconocer, estuvo eclipsada por las malas habladurías y el dolor del desamor, durante los tres años siempre intentó acercarse a Sasuke, llegar más allá de lo que cualquiera lo hubiera hecho. Ahora le suena estúpido, pero en realidad quería ser ese placebo, que en ella hallara la felicidad. No guarda ningún rencor, sin embargo, sabe que nunca dejó de dolerle, ni porque tuvo otro desamor los años siguientes. "El primer amor es inolvidable", sí, esa frase cliché tiene mucho de razón. Cuando se da cuenta de lo arrugados que lucen sus dedos toma consciencia de su tardanza y busca con la mirada el estante de toallas, que Sasuke le había indicado, mientras cierra la llave del agua pese a sus ganas de quedarse eternamente allí. Tiembla como gelatina al sentir el frío de nuevo, por lo que más apurada se pasa la toalla por el cabello y el cuerpo, para finalmente envolverse en ella.
—¿Sasuke? La ropa, ya sabes…
Escucha los pasos afuera y se abraza a sí misma, moviendo los pies de atrás hacia adelante. En lo que espera a su próxima salvación contra el frío, como una película rememora cada evento del día, desde el estrés del examen de bioquímica de la mañana, la maqueta del sistema digestivo, lo ocurrido con la viejita, cuando por ironías del destino Sasuke la mojó más de lo que ya estaba… El pomo de la puerta gira un poco sacándola de sus divagaciones y ella retira el seguro con la idea de sacar la mano y recibir la ropa, mas Sasuke empuja la puerta más de lo esperado, tomándola por sorpresa. Este factor junto con la humedad del piso le arrebatan todo equilibrio y en un parpadeo ha terminado chocando contra el pecho de Sasuke, quien para mantener la estabilidad y no caer la ha sujetado de la cintura. Ambos emiten un gemido, ella por la fuerza ejercida contra su cintura y el otro por la impresión.
—¡Sasuke!
La ropa ha terminado en el piso y con lentitud sus ojos se encuentran, los dos están visiblemente incómodos a la vez que el rojo colorea sus mejillas. Interiormente se regocija porque no ha sido la única ruborizada. No obstante, ninguno de los dos rompe el contacto, sin quererlo ella también se ha aferrado, sujetando con firmeza la camiseta de él. Es entonces que todos los acontecimientos explotan como una supernova en su interior y se suelta a reír como una maniaca, ya retrocediendo un par de pasos.
—¿Qué es gracioso, Sakura?
Su ceja alzada la hace disminuir su risa la cual no tarda en convertirse en pequeños sollozos.
"—¿Y qué tal, te agrada la compañía de Sakura?
—Me da igual."
—No, no…
—Sakura-
—¡Es que joder, como la vida es una ruleta! —El periodo le estará llegando en los próximos días y ha decidido atacar por ahora con tremendo cambio emocional. —No puedo creer que te he visto otra vez.
—No es que Konoha sea muy grande… —repone Sasuke, evitando mirarla a toda costa. —Bueno me voy-
—¡No! —Brama y lo rodea con sus brazos, sin sopesar ni un poco sus acciones. —Ay Sasuke tú no sabes nada…
Sollozos otra vez. Hasta apenas le ha caído el veinte de cuánto lo había extrañado, su yo de quince años ha tomado el control de su cabeza y hela aquí, abrazando semidesnuda a Sasuke Uchiha en el baño de su departamento, definitivamente jamás hubiera imaginado tal situación. Tan impersonal como ha sido siempre, por esta vez él la deja llorar en lugar de separarla y así pasan los segundos y los minutos, si hay una escala para medir su dignidad, por el día de hoy está en los números negativos.
—Sakura-
—¡Oh dios, cuanto lo siento! —Se separa de él de golpe, cubriéndose la cara con las manos. —No sé qué me pasó, yo…
Sus labios han sido interrumpidos y las conexiones nerviosas de su cerebro desconectadas, el Uchiha está besándola mientras ella se ha quedado de piedra. Su sorpresa pronto se transforma en duda y después en curiosidad, por lo que dubitativa inclina la cabeza para hacer encajar como un rompecabezas el cuerpo de ambos. De manera lenta él la hace retroceder, quedando ella atrapada entre su cálido cuerpo y la humedad de la pared. Su piel se pone de gallina cuando siente las manos de él bajar por sus caderas hasta acercarse al límite de la toalla, jamás alguien le ha tocado de esa manera, sin embargo, por curiosidad lo deja proseguir. ¿Tiene que volver a subir no? Abre los ojos alarmada en cuanto siente la yema de sus dedos inmiscuirse entre sus muslos.
—¡No!
Sasuke rompe el contacto entre ellos ante su grito, mirándola a los ojos por un par de segundos, Sakura no es ninguna experta pero podría jurar que su mirada está nublada, reflejando un anhelo inexplicable. Apretando los labios, él da unos cuantos pasos hacia atrás, señalando con la barbilla la ropa que aún no ha sido levantada.
—Esto no debió ocurrir. —espeta y la deja sola en el baño con los labios hinchados, los ojos vidriosos y un revoltijo en la cabeza.
Un pants que le queda ancho y la camisa ni que se diga, agradece el gesto pero en cuanto está vestida llama a Sasuke.
—¿Qué pasa?
—¿Tienes plancha para planchar la ropa? —Internamente se ríe de sí misma por el juego de palabras. —Ya sa-
Casi no se miran y en el fondo resuena el audio del televisor anunciando que la lluvia por fin ha parado y han abierto todas las calles de la zona norte. Él deja el aparato en sus manos y se dirige, supone, a su habitación. El aroma masculino de Sasuke está impregnado en cada centímetro de su ropa y para no sentirse una fetichista rápidamente pone manos a la obra para intentar secar un poco sus prendas. Después de más de diez minutos afanada en su labor, reconoce que lo mejor que ha logrado es que esté tibia, así que presurosa se coloca su ropa. Es hora de irse y por cortesía debe de decir adiós y gracias, por lo que apenada se para debajo el umbral de la puerta de su recámara.
—Muchas gracias por todo Sasuke, de verdad no sé qué hubiera hecho sin ti, fue un gusto verte.
Sus ojos profundos le causan brasas debajo de la piel cuando se fijan en ella, sin duda Sasuke debe de estar enterado de las reacciones que provoca, así que… ¿no debería evitar mirar a los ojos?
—Está bien Sakura. Adiós.
"Adiós, ¿eso es un hasta luego o un hasta nunca?" Se pregunta internamente mientras da media vuelta pero recuerda algo sumamente importante de pronto.
—Eh, Sasuke.
No hay respuesta así que asume que él la está mirando para que continúe.
—Mi saco se quedó en tu auto, ¿me acompañas a sacarlo?
El breve sonido del colchón al perder el peso de encima y los pasos, le hacen saber que se dirige hacia la salida. Perpleja lo ve pasar junto a ella sin haberle prestado la más mínima mirada, niega con la cabeza y se apresura en seguirle el paso, pues por la enorme diferencia de estaturas un paso de él son dos de ella. Se cuelga la mochila al pasar frente al living y le da un último vistazo al lugar antes de salir tras Sasuke. No hay rastro alguno del simpático can que los había recibido así que asume que ha de estar dormido, lo cual le parece un gran alivio, y silenciosa observa a su ex compañero abrir la puerta del portón. La visión del cielo y las calles medianamente oscuras la saludan al salir, no le está agradando la opción de caminar sola hacia su casa sola, ¿pero acaso tenía otra opción? Sasuke saca de los asientos de atrás su sombrilla y su abrigo, extendiéndole lo segundo.
—¿Segura que puedes ir caminando sola hacia tu casa?
La pregunta la toma por sorpresa y mientras se abrocha los botones del saco, mordisquea su labio inferior.
—Queda a veinte minutos.
—Hmph.
El Uchiha cierra ambas puertas, la del lugar y la del auto, y sin siquiera haberle dado una respuesta decente comienza a andar sobre sus pasos, girándose para verla de reojo.
—¿Qué estás esperando?
Recuerda claramente como en sus tiempos de secundaria y bachillerato se sentía perdida en la asignatura de física, sobre todo en los temas de electricidad y calor, sentía que no había cosas más difíciles de entender que aquellas, pues bien, esta afirmación ha sido abolida tajantemente: Sasuke Uchiha es aún más difícil de comprender.
—S-sí.
El camino transcurre en absoluto silencio, no resulta incómodo pero considerando los últimos altercados, no es nada grato caminar de esta manera. Aclara la voz llamando un poco su atención.
—Sasuke, ¿por qué vives solo?
El aludido tiene las manos metidas en sus bolsillos y por la mirada desapasionada que le dedica, por un instante cree que no le responderá. Uno, dos, la respuesta llega después de algunos largos segundos.
—Itachi se independizó hace ya algún tiempo así que no le vi caso continuar en la casa de mis padres, en cuanto decidieron volver a Konoha se los dije.
Se lleva un mechón de su largo cabello rosado hacia atrás, digiriendo tal información, nunca conoció a Itachi pero sí a Mikoto y a Fugaku en una ocasión en que tenían que hacer una tabla rítmica y ensayaban en la casa de Sasuke por ser la más espaciosa. La tierna mujer lucía muy hermosa y esbelta, con una sonrisa tenue, pero cuando estaba Fugaku, Mikoto parecía marchitarse un poco.
—Entiendo. Yo sigo en el nido pero quisiera independizarme, me mata el transporte para ir a la facultad, en ese tiempo podría hacer tarea y… oh bueno, hablé de más.
Ambos miran hacia al frente y las farolas en las calles armonizan el ambiente un poco, en algún lado los grillos cantan y las estrellas han salido a lucirse. Sakura contabiliza cinco calles para llegar hacia su hogar y por alguna razón, desearía que fueran más, su compañía no la está asfixiando como cuando era niña, el peso de no haberlo visto en años desequilibra la balanza.
—Sasuke de verdad lamento haber llorado así, por más que trato no puedo evitar sentirme mal y…
—No te preocupes. Si no mal recuerdo, por aquí quedaba tu casa, ¿verdad?
—Yep.
El gran portón blanco llama la atención entre una serie de casas con puertas de colores primarios. Sakura emite un suspiro admirando el vaho que sale de sus labios, "No hay nada más que hacer", y nuevamente saca las agallas para mirarlo a la cara y sonreír.
—Nuevamente gracias. Cuídate mucho… Sasuke-kun.
Omitió el sufijo durante toda la tarde pero esta vez lo ha retomado, no hay explicaciones, simplemente sabe que no podía ser de otra manera. En realidad, debería angustiarle más el hecho de que no se ha comunicado por horas con sus padres y la recibirán si no con un sermón, con la noticia de que han alertado su desaparición en la estación de policía.
—Adiós, Sakura.
Nuevamente ese adiós. Mete la llave en la cerradura y menea su mano libre como despedida, para su decepción Sasuke ha regresado sobre sus pasos. Tal vez, si la hubiese visto, se habría topado con un rostro desilusionado. Sacude su cabeza para librarse de aquellos malos pensamientos y se impregna del calor de su hogar.
—¡Sakura, ¿dónde estabas?!
Demasiado calor en realidad.
N/A: La verdad me puse a reeditar el fanfic porque ya no estaba tan a gusto, así que bueno, saludos tanto a los viejos lectores como a los nuevos. Editado el 03/10/2019.
