Y como lo prometido, es deuda... Les traigo el epílogo y final de esta preciosa adaptación.

Disfruten n.n

Adaptación serie Seducción de Laura Lee Gurhke "En el lecho del deseo" (libro 3)

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Epílogo

—Quiero subir —dijo Touya dando vueltas por el largo pasillo de Hammond Park, mordiendo la uña de su pulgar mientras se acercaba a la escalera—. Maldita sea, ¿por qué no puedo subir?

Shaoran le sirvió una copa de oporto y se la ofreció.

—No se permite entrar a los maridos —dijo quizá por duodécima vez.

—Qué estupidez —murmuró Touya—, si nosotros somos los culpables de todo. —Se alisó el cabello. Odiaba aquella espera, aquella sensación de indefensión. Estaba tan asustado que pensó que iba a desmayarse.

Su cuñado volvió a ofrecerle la copa.

—Tómate otra.

—No quiero otra copa, ¿cómo puedes estar tan tranquilo?

Shaoran suspiró y dejó el oporto sobre la mesa, ante un cuadro del décimo vizconde de Hammond, bisabuelo de Touya.

—Sé lo que sientes, créeme. Y no estoy tranquilo, simplemente se me da mejor ocultarlo que tú.

Un grito llegó hasta ellos desde lo alto de la escalera, un grito de intenso dolor, sofocado a la vez por un portazo. El grito les revolvió las entrañas.

Shaoran lo arrastró hacia sí.

—No puedes.

—Dios —susurró Touya, y empezó a forcejear de nuevo—, ya es medianoche, ¿cuánto tiempo va a durar esto?

—Siempre.

Se oyeron unas pisadas sobre sus cabezas, pero pasó otra hora y nadie bajó. El miedo de Touya se agudizaba con cada vuelta que daba a la galería y casi se le salió el corazón por la boca al oír otro grito de dolor de su mujer, retumbando en la escalera.

—Voy a subir, me necesita. —Shaoran intentó agarrarlo, pero él se evadió y empezó a subir la escalera. En el rellano, se encontró con Sakura, que bajaba.

Nada en la vida de Touya sería como aquel momento. Se detuvo.

—¿Tomoyo?

—Está bien —le dijo su cuñada—, he venido a decírtelo porque supuse que estarías preocupado.

—¿Preocupado? —Esa era una descripción tan increíblemente suave de cómo se sentía que Touya casi se echó a reír.

Ella posó la mano sobre su hombro.

—Ven —dijo y lo guió abajo, pero él se resistió—. Touya —dijo con firmeza—, no puedes ayudar, tan sólo molestarás, vamos.

Aunque reacio, permitió que lo empujara escaleras abajo.

—Este tipo de cosas lleva su tiempo —dijo Sakura—, yo tardé dos días.

—¡Dios! —Dos días y se volvería loco.

Sakura le dio una palmadita en el hombro.

—Lo está haciendo bien, de verdad.

Volvieron a la galería.

—Todo va bien —le dijo Sakura a Shaoran, y regresó arriba.

Pasó otra hora, otra eternidad antes de que Sakura volviera a bajar. Estaba al otro lado de la galería cuando lo llamó.

—¿Touya?

Él fue corriendo y, casi a medio camino, ella dijo.

—Ahora puedes subir.

—¿Está bien? —gritó, corriendo hacia su cuñada.

—Sí —contestó ella, siguiéndolo mientras subía la escalera.

Tenía que verlo por sí mismo, subió los escalones de dos en dos y entró en el dormitorio, pasando de largo al doctor Maurice. Touya miró a su esposa, la cara pálida y el pelo enmarañado, y clamó al cielo, junto a la puerta, con el corazón en la garganta. ¡Parecía tan cansada!

—Tomoyo —dijo acercándose a la cama y, al hacerlo, vio un bebé en sus brazos, con la carita colorada, una cosita con una nariz absurdamente diminuta—. Tomoyo —dijo de nuevo, porque no podía pensar en decir otra cosa salvo su nombre. Sus rodillas flojearon.

Ella alzó la mano y le acarició el pelo.

—¿Qué le ha pasado al diablo con pico de oro con el que me casé?

Su corazón empezó a latir con violencia, entrelazó su mano con las suyas y la besó. ¿Qué demonios se supone que debe decir un hombre en esas ocasiones? No había palabras.

—Touya —dijo ella mientras él besaba sus mejillas, su cabello—, estoy bien, el bebé está bien.

—¿Seguro?

Ella asintió mordiéndose el labio, mirándolo. Entonces dijo:

—Hemos tenido una niña.

—¿Una niña?

Sorprendido, se levantó y miró al bebé de nuevo. Lo contempló, mirándola mientras sus fieros y enfadados gritos se agotaban en pequeños hipidos mientras se hacía un ovillo ante el ribete del camisón abierto de Tomoyo, buscando su pecho.

«Tiene hambre», pensó.

Una niña.

Se acercó más, estudiando al bebé ante la luz mortecina de la lámpara, y entonces vio el pequeño hoyuelo en la comisura de su boca. La alegría estalló en su pecho como una ola y comenzó a reír. Una niña.

—¡Es tan bonita! —gritó—. ¡Dios mío, es igual que su madre!

—¡Oh, para! —dijo Tomoyo casi riéndose.

—Sí —miró a Sakura, que estaba ante la puerta, junto al doctor—, ¿acaso no es igual?

Sakura sonrió.

—Creo que tienes razón.

—Por supuesto que la tengo —y dándole la espalda a su esposa, dijo—: Mira —señalando la cabeza del bebé y acariciando la pelusa negra azulada, fina, apenas visible, que la coronaba—. Tiene tu cabello y ese pequeño hoyito, cielos, tiene esa boca tan, tan bonita. —Se rió de nuevo—. Sus ojos son del color de las piedras del estanque; haré cientos de estanques para ella.

Esta vez fue Tomoyo quien se rió. Contempló a su hermosa niñita y a su hermosa mujer. Sí, pensó, sus ojos eran como las piedras amatistas que habían en el estanque, el cabello negro azulado como un ónix especial y un corazón tan grande como para amarlo incluso a él. Y arriba estaba aquel muchacho fuerte y sano, su hijo, durmiendo en el cuarto de los niños. Maldita sea, ¿cómo un canalla tan irresponsable y temerario como él podía haber tenido tanta suerte?

Fin

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Bueno, doy por concluída, después de taaanto tiempo la tercera parte de la serie "Seducción" de Laura Lee Gurhke...

Espero le haya gustado y disfrutado tanto como yo el haberla adaptado.

Gracias por la paciencia y la buena onda... Pido disculpas otra vez por mi ausencia en este tiempo, pero no se preocupen, que no hay mal que por bien no venga y todo tiene solución menos la muerte...

Voy a volver con todo... Sólo debo organizarme y resolver algunas cosas que me tienen ocupada...

No sé que más decir, que gracias, otra vez y nos estamos leyendo en la adaptación que viene. Recuerden que le queda una última y cuarta parte (Casi una princesa)

Igual me voy a pasar por acá por si doña Inspiración me cuenta algo digno de compartir... n.n