U es por Única.
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—¡IDIOTA! ¡EL MÁS GRANDE IDIOTA! ¡IMBÉCIL, ESTÚPIDO Y UN REVERENDO INÚTIL! —Otro golpe a la pared. El concreto se sacudió al tiempo que el crujido del impacto de sus huesos acompañó el dolor. No era nada comparado a golpearlo como quería, pero si lo hacía, sería castigada severamente y en el peor de los casos, expulsada. No podía permitirse aquello— ¿¡QUÉ NO ESTÁ LISTO PARA ESTAR CONMIGO!? ¡NI QUE LE ESTUVIERA PIDIENDO MATRIMONIO!
Era una suerte que las clases hayan terminado y ya no quedara nadie en la escuela. Porque si la vieran en ese estado, su de por sí mala presencia, resaltaría aún más por razones equivocadas.
—AAAAAHG, LOS CHICOS SON TAN ESTÚPIDOS ¡LOS ODIO TANTO! —continuó insultando y golpeando la pared, hasta que dolió tanto que tuvo que parar— Aunque… no es cómo si las chicas fueran diferentes.
Ellos no eran el problema.
Ella lo era.
Una punzada en su pecho le dio la razón. No quería llorar, pero estaba a nada de hacerlo. Sus ojos picaban.
—¿Cuál es el propósito de estar en Shibusen? —Sentía un cierto dolor en la garganta donde sus palabras se quebraban.
No quería admitirlo, el hecho de que tenía miedo.
Debería sentirse orgullosa, motivada y feliz de entrar a la escuela de sus sueños. Desde niña le dijeron que pertenecer a Shibusen era un honor y una gran muestra de valentía. Ser guerreros que protegían al mundo de la creación de los demonios, y que se encargaban de cosechar las almas de los que tenían ese potencial.
Traer paz y orden mundial. Ese era el propósito de los Técnicos y Armas que se graduaban de la Academia del Shinigami.
Una elección de justicia.
Claro que, eso era para los técnicos.
Para las armas, era un poco más complicado. Sin importar la edad que tuvieran cuando descubrieran que podían transformarse, debían entrar a la Academia. No era una elección como tal, era el medio para tener una vida normal. Todos ellos no eran más que el resultado de atroces experimentos con brujas, humanos y armas en el pasado. Hijos de hijos de hijos de hijos que sufrieron el infortunio de caer en las manos de una bruja poderosa que los usó.
Si no aprendían a controlar su habilidad, podrían terminar hiriendo a otros e incluso así mismos.
No había mejor forma de decir que eran un peligro latente. Razón por la cual, solían ser temidos, discriminados y rechazados por la sociedad. En algún tiempo incluso fueron asesinados, obligando a muchas familias a esconderse y morir en soledad.
Fue en esa época, junto al nacimiento del Kishin, que Shibusen surgió. Armas se unieron en la lucha, protegiendo y acabando con los demonios que asolaron la tierra. Personas valientes que, en el fulgor de la guerra, encontraron compañeros con quienes luchar y potenciar su poder para ganar.
La visión de las armas cambió de peligrosos a héroes, y junto a sus compañeros se aclamaron y alzaron en gloria. Fueron ellos los primeros técnicos y armas, los primeros profesores de Shibusen.
Desde entonces, la Academia se encargaba de forjar guerreros que protegieran la paz en todo el mundo, así como de entrenar y ayudar a controlar su poder a todas las armas para darles un espacio dónde vivir.
Con la meta de consumir 99 almas de demonio y 1 alma de bruja, podían obtener un poder sin igual que los convertía en Death Scythe, las armas más poderosas de la Tierra. Era un sueño digno, una meta leal y honesta.
En ese contexto, parecía una vida menos complicada el ser arma, bien podía sólo aprender a vivir con sus habilidades y mezclarse sin problemas en la sociedad después de graduarse, o convertirse en un héroe que salvara el mundo. Ahí estaba su real elección.
Aunque de nuevo, elegir era una palabra muy grande para ella.
Su madre era una técnico famosa, y su padre era el arma más poderosa hasta ahora. Ambos eran la élite de Shibusen. Su madre era la mejor técnico al servicio del Dios de la Muerte y su padre era la Death Sycthe oficial. Salvaban día tras día incontables vidas humanas, en sus hombros pesaba la justicia y la tranquilidad del mundo.
A sus ojos, eran las mejores personas que podía existir y ella estaba orgullosa de ser su hija. No podía ni concebía la idea de haber dejado de lado su herencia familiar, no cuando veía la felicidad de las personas que se acercaban llenas de admiración y agradecimiento, o cuando miraba en las noticias y la gente les agradecía con lágrimas su ayuda por haberlos salvado. Día tras día, veía a dos grandes héroes de cuentos en su casa.
Al menos, en la poca buena visión que aún tenía de ellos, porque en el interior de su hogar, las cosas eran diferentes y la figura de heroísmo se caía a pedazos cuando se trataba de la familia.
No los juzgaba, no podía hacerlo. Era consciente de que ellos la amaban a su modo, es sólo que… su padre era tan ojo alegre con las mujeres y su madre tan ensimismada en su trabajo, que la visión de una familia feliz era sólo un cuento de hadas.
Maka quería ser diferente, quería demostrar que podía ser un arma que representara la palabra heroísmo en toda su expresión. Alguien capaz de llevar a cuestas el destino de vidas inocentes y protegerlas siendo la mejor persona.
Si su gen de arma no se hubiera activado, ella habría entrado como técnico a la Academia. No importaba las circunstancias, su alma clamaba por luchar.
Era su deber, así es como Maka Albarn veía su propósito de nacer.
Un propósito que estaba flaqueando en esos momentos con el único obstáculo que nunca pensó; no lograba conectar con ningún técnico.
Desde que se dio cuenta de que era un arma, se dedicó a entrenar y estudiar con la meta de ser lo suficientemente fuerte para ser una heroína más. Se concentró tanto en ello, puso todo su ímpetu e inteligencia que se olvidó de la cosa más simple y sencilla para triunfar: sociabilizar.
Bien, su carácter era ciertamente… difícil. Lo reconocía.
No le gustaba tratar con quien no se tomaba en serio la escuela ni con quien creía que luchar sólo daba fama y dinero. Mucho menos compaginaba con quienes preferían la diversión que la seriedad o que hicieran chistes de cualquier cosa. Odiaba las tendencias de moda, casi no veía televisión prefiriendo los libros, no sabía de música ni de cine y mucho menos le interesaba (aún) el romance.
Lamentablemente, el 99% de los estudiantes de Shibusen encajaban en todo eso.
Y a eso le sumaba otro hecho insignificante que, al parecer, significaba mucho para el resto, ella era una guadaña. Las chicas querían armas no tan intimidantes que les diera cierta "imagen", y los chicos pensaban que una guadaña es demasiado para una mujer, ¿quién querría a una chica-guadaña con aspecto de " niña de pre-escolar"? Todos eran estúpidos superficiales.
—¿Estoy condenada a estar sola? ¿Ser un arma sin técnico? ¿Podré luchar así?
Esas preguntas formulaban su mayor miedo. No poder encontrar a alguien que conectara con ella, no poder ser la persona que anhelaba, ¿de qué servía ser un arma entonces? No veía su vida teniendo una gran habilidad desperdiciada.
Medio año ya había transcurrido desde que inició su primer año, y era la única que nuevamente no tenía un técnico. En todo ese tiempo había estado con tres personas diferentes y con ninguno pudo establecer una buena conexión con sus almas, siempre la terminaban botando o rindiéndose en intentarlo.
Ah, que maldición fue que Black*Star tampoco haya podido sincronizar con ella. Uno diría que por ser amigos de infancia y que se conocían lo suficiente los haría perfectos para estar en un equipo. Lamentablemente, el carácter ególatra, impulsivo e hiperactivo del chico era demasiado para soportar.
Al menos, después de su fiasco de intento, él sí pudo encontrar a alguien lo suficientemente paciente para lidiar con sus aires de grandeza. Tsubaki era el arma perfecta para un ninja como él. Era como si estuvieran destinados a estar juntos.
—Es un grandísimo idiota con suerte —musitó, sonriendo a la nada.
Pensar en ellos calmó un poco la turbulencia de su alma, si él pudo encontrar a alguien que fuera compatible, ¿aún tenía esperanzas?
Quería creer que sí.
Para cuando su tren de pensamientos pesimistas se detuvo, las luces de los pasillos se encendieron dando aviso de la caída de la noche.
Suspiró, alejándose de la pared donde descargó su furia y frustración. Arregló su uniforme negro y ajustó su corbata blanca lo mejor que pudo. Lista para enfrentar a sus padres y decirles que fue botada otra vez.
El solo pensamiento la volvía a deprimir.
Salió de la escuela para ir a casa. La noche afuera era fresca y cada vez se ponía más y más fría. La luna arriba sonreía, ajena a los pensamientos y problemas por los que atravesaban las personas abajo. Maka la miró, admirando su figura y preguntándose si alguna vez podría verla más de cerca.
Vagó a paso lento por las calles de Death City. No quería ir a su hogar tan pronto, no quería ni necesitaba ver la cara condescendiente y comprensiva de su madre, ni escuchar los ánimos de su padre diciendo que tendría más oportunidades cuando los tres sabían perfectamente, que no había otra oportunidad más que un milagro. Estaba condenada a quedarse en ese año sin poder ir a misiones o librar batallas. No obtendría almas de demonios para comer y mucho menos estaba cerca de conseguir la de una bruja, la meta de ser una Death Scythe sería imposible de cumplir.
Su vida era un total fiasco, un fraude y una vergüenza para su familia.
Lo peor es que ni siquiera le satisfacía el apoyo de sus padres, no cuando a pesar de los habilidosos que eran, su vida familiar era un desastre. Tenía un cierto resentimiento con ambos. Sólo quería demostrarles lo fuerte y genial que podía ser sin arruinar su vida. Algo en lo que estaba fracasando horriblemente.
Caminando por el laberinto de calles de Death City, una música se filtró en sus oídos.
Al principio creyó que había escuchado mal, pero al seguir avanzando, la melodía se escuchó con más fuerza. Supuso que estaba volviéndose loca, que la frustración le hacía imaginar cosas. Sin embargo, el sonido era tan claro que no podía salir solo de su imaginación.
Era… extraño, le costó un poco reconocer el instrumento que emitía las notas. Un piano. La curiosidad se apoderó de ella. Podía percibir el aporreo de teclas que producía la melodía… inquietante. Nada parecido a lo poco que alguna vez escuchó, donde las canciones eran tranquilas, lindas y melódicas. Esto era diferente.
Había una furia representada en cada nota, un compás de resentimiento y oscuridad. Su pecho se oprimió.
Por alguna razón, sentía que escuchaba sus sentimientos. Todo el dolor, el fracaso y soledad.
Era hermoso.
Sus pies se movieron solos. Cambiaron de dirección, se metió por callejones, giró en esquinas trazando una ruta desconocida. Necesitaba ver por sí misma quien era capaz de emitir lo que su alma gritaba. Cada vez, la música se escuchaba mejor conforme encontró el camino hacia el origen.
Se detuvo en una pequeña cafetería, lejos de los sonidos de la ciudad.
La melodía era más clara y más penetrante ahí. Cerró los ojos disfrutando de ella. Sintiendo su alma vibrar con cada toque. Una lágrima solitaria escapó de su ojo, y ella se lo limpió, sorprendida.
La música paró. Un sentimiento de vacío se hizo presente mientras miraba su dedo húmedo.
Abrió la puerta. Sus ojos recorrieron el lugar vacío.
Las sillas estaban sobre las mesas, ya limpias y acomodadas. El lugar estaba decorado con cuadros y póster de bandas de música, desde clásicos hasta de rock y metal. Había discos colgando de las paredes, etiquetados con nombres que no lograba reconocer. El olor a café aún inundaba el local. Por la hora, parecía que estaba a punto de cerrar.
—Bienvenida —dijo el hombre tras la barra que se encontraba limpiando con un paño los vasos. Era robusto y alto. Tenía la pinta de algún grupo de delincuentes, una imagen que desentonaba con los lentes y su sonrisa amable—, ¿qué puedo ofrecerle a alguien de Shibusen?
No se sorprendió de ser reconocida, después de todo, portaba en su corbata blanca, el broche emblema de la máscara del Shinigami.
—Yo… —dudó, ni siquiera sabía qué estaba haciendo. No estaba en su mente entrar, y, sin embargo, lo hizo— ¿Eras tú quién tocaba?
Cómo si respondiera a su pregunta, la música volvió a sonar con fuerza. El hombre sólo sonrió más.
—En algún pasado lo hice, pero como ves… —dejó de limpiar, sacó la mano que sostenía el paño y se lo dejó ver, no tenía la muñeca—. Un demonio me la quitó.
No supo qué decir.
—Por suerte, Shibusen apareció a tiempo y sólo se llevó eso —continuó explicando, su sonrisa nunca desapareció de su rostro—. Al menos aún puedo hacer café, te haré uno… ¿si puedes tomarlo verdad?
En otras circunstancias se habría ofendido por completo, esta ocasión sólo sonrió reprimiendo el impulso.
—Por supuesto.
—Bien —El hombre lo aceptó encantado. Dejó su lugar de limpieza para ir por los ingredientes—. Mientras acabo, el chico que buscas está ahí.
La cafetería tenía un segundo cuarto en la parte de atrás, igual de vacío con las sillas sobre las mesas y las ventanas cerradas. La fuente de la música venía de lo más apartado del espacio, un pequeño piano negro estaba ahí, y la persona que oprimía las teclas con una habilidad asombrosa de rapidez y elegancia, no era más que un chico, tal como el señor había dicho.
Él no se percató de su presencia. Su rostro estaba inclinado en extrema concentración hacia las teclas, sus ojos fijos en el recorrido de sus manos a lo largo del instrumento. Era joven, de facciones finas y cabello blanco.
Vestía pantalones carmín, una sudadera amarilla con mangas negras y una curiosa bandana que le sostenía el cabello.
Era bastante extraño. No se veía más grande que ella, y aún así, la destreza con que tocaba el piano lo hacía ver como un profesional. No se atrevió a interrumpirlo. Dejó que la música fluya, se metiera en sus oídos y atravesara su alma.
Cuando terminó, él suelta el aliento, cómo si su energía se apagara. Es el mismo momento en que el hombre entra y le ofrece el café a Maka, llamando la atención del chico.
—Ha sido increíble como siempre, ¿realmente no quieres venir más temprano? Estoy seguro de que a los clientes les gustará, es el tipo de melodía que pega con Death City.
Él no respondió. Sus ojos se encontraban fijos en ella. Rojo brillante, su mirada le robó el aliento.
—Oh, parece que tienes una fan.
El comentario le calentó la cara. Se tomó el café de golpe, una acción descuidada porque sintió el escozor inmediato en la garganta.
—Agh, maldición.
El hombre se rió y el chico intentó en vano reprimir la risa.
—Es café, tiene que estar caliente, ¿no lo sabes?
Las primeras palabras que salieron de él fueron una burla. Maka logró captar dientes filosos que entonaban con el tono sarcástico.
Frunció el ceño y murmulló maldiciones en lo poco que su lengua sensible le permitió.
Un "bip bip" interrumpió su perorata. El dueño de la tienda miró su reloj y arrugó las cejas.
—Por mucho que me encantan los nuevos clientes y la buena música, me temo que es hora de cerrar. La noche es peligrosa en esta ciudad, y aunque sean de Shibusen, es mejor que vayan seguros a casa.
Ambos chicos se miraron unos segundos antes de volver a ver al hombre.
—El café corre por mi cuenta —le dijo a ella—, espero que te animes muchacho —le dijo a él—. Regresen pronto.
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Caminaron juntos por las calles oscuras de la ciudad. Gracias a su increíble memoria, no fue difícil para Maka reconocer el camino que anduvo para llegar. Tenían que bordear unas cuantas calles antes de salir a la principal dónde seguramente se separarían. El chico a su lado caminaba con los brazos tras la cabeza, despreocupado. No parecía tener nada que decir.
Por más que le echaba vistazos de reojo no lograba reconocerlo. El señor mencionó que eran de Shibusen, pero estaba segura de que nunca se había topado con él ni llevaba nada que lo identificara como tal. Ya era extraño haberlo encontrado ahí. Y pese a saber que entablar una conversación no era su punto fuerte, se encontró interesada en él.
—Así que… también eres de Shibusen. No te he visto por ahí.
—Lo mismo digo —respondió apático.
—¿Será que acabas de llegar? Escuché de nuevos alumnos. Si es así, bienvenido.
—Ah, gracias.
—Si necesitas un recorrido, puedes contar conmigo, conozco Shibusen de pies a cabeza.
—Me lo pensaré.
—Entonces… ¿Eres técnico o eres arma?
—¿Es realmente importante?
Las escuetas respuestas terminaron de irritarla.
—Bien, ¿cuál es tu problema? Sólo estoy tratando de ser amable.
—No necesito que lo seas, además, ¿por qué entraste ahí?
De pronto comprendió que la evasiva del chico tenía que ver con su presencia en la cafetería.
—¿No debía entrar? La entrada no estaba prohibida por lo que vi.
Las cejas del chico se fruncieron. Maka lo observó atenta, preguntándose qué es lo que él pensaba.
—Me gustó —dijo. Vio cómo los ojos del chico se agrandaron y cómo casi tropezó con sus propios pies.
—¿Qué? —Él finalmente se detuvo para mirarla.
—La música me gustó, ¿eso era lo que querías oír?
—Yo no… —El chico se llevó una mano al cuello, la poca atención que obtuvo de él se fue hacia la luna—. ¿De verdad te gustó? ¿No suena… malo?
Con una mano en la barbilla, hizo como si lo pensara.
—Para ser honesta, no tengo ningún interés en la música. Prefiero leer libros y sumergirme en las historias que cuentan. No suelo ver programas así que desconozco de artistas. Mi padre incluso dice que carezco de sentido musical… pero, hoy por primera vez, escuché una melodía que me conmovió. No sé cómo describirlo, sólo… mi alma se sentía escuchada. Sentí mucha ira y frustración, sentí el dolor y sentí el enojo. Mi cuerpo estaba temblando, fue la primera vez que escuché algo tan… loco. Lo siguiente que supe, es que estaba de pie, parada frente a ti en ese piano —Terminó de explicar con un encogimiento de hombros.
No estaba segura de que haya dicho las cosas adecuadas. Le tomó unos segundos para recapitular cada palabra y arrepentirse. De nuevo sintió que los colores se le subían al rostro.
—N-No quería decir que fuera una música mala, ¡lo de locura era una expresión… juro que no era mi intención ofenderte…!
—Puff, ¡qué cool!
El chico se echó a reír en su cara, con una risa tan escandalosa que incluso se agarró el estómago. Un destello de la luz de la luna le confirmó la existencia de dientes afilados, que, junto al brillo de sus ojos carmín y el cabello blanco, le daban un cierto aspecto más que de misterio, a problemático.
Sólo en ese instante, Maka pensó que no era el tipo de chico con el que debería entablar una amistad, y al mismo tiempo, algo en él le provocaba una cierta afinidad inexplicable.
—Una locura, ¿eso te pareció mi música? Suena conveniente.
—De nuevo, no fue intencional… ¿no estás enojado?
—¿Enojado? Es el primer cumplido real que recibo, no puedo estar más satisfecho.
Fue un gran alivio ver que no se lo tomó a mal, tal vez debería leer algo relacionado con la música para no hacer el ridículo de nuevo. Ambos continuaron la marcha, ahora mucho más relajados.
—Puedo preguntar… ¿qué es lo que querías transmitir?
Él la miró de reojo brevemente, una sonrisa se coló en su rostro relajado.
—No lo sé, todo lo que dijiste fue correcto. Estaba enojado y frustrado. Pero también… contento de estar lejos de lo que me retenía. Yo… elegí venir aquí porque quería experimentar nuevas cosas. Quiero que me reconozcan por quien soy, no por quienes me trajeron al mundo. Quiero demostrar de lo que soy capaz y en lo que me puedo convertir, ¿eso tiene algún sentido?
Vaya que lo tenía. Era lo mismo que sentía Maka. Por eso es que sintió esa canción como parte de ella, porque ambos compartían el mismo dolor y la misma convicción de demostrar quienes eran. Claro que no pudo decirle todo eso.
—Lo tiene —contestó, sonriendo.
Llegaron hasta la esquina dónde se separarían. Pese a lo extraño del encuentro, para Maka fue algo… revelador escuchar esa melodía. Al igual que esas notas que eran libres y únicas, ella seguiría luchando por forjar su destino. Con o sin técnico, ella se encargaría de ser fuerte y quitarse de los hombros el peso de sus padres. Sería una Death Scythe, le demostraría a todos que una chica como ella no necesitaba de influencias, sólo de su espíritu y su coraje.
Ella lucharía contra todos por cumplir su meta.
Ignoraba si volvería ver a ese chico rondando por ahí, y aunque no sucediera, le estaría agradecida por despejar su mente y renovar su energía. Apenas era el comienzo de su nueva convicción.
—Supongo que es un adiós —Maka tomó la iniciativa de despedirse, aun si a él no le importaba—. Espero escuchar una vez más tu música, prometo estudiar un poco para eso.
—La música es para oír, no para leer. Te van a salir hongos en la cabeza si sólo devoras libros. Quien sabe y esa sea la razón de que no crezcas, tienes pinta de una niña pequeña —le dijo en tono burlón.
—¡¿Qué?!
—Por eso es me sorprendí al verte en la cafetería, pensé, ¿qué hace una niña aquí de noche? Y luego el viejo dijo que eras de Shibusen, eso me sorprendió totalmente.
—Pero qué demonios, ¿cómo te atreves a insultarme después de darte cumplidos! —resopló indignada.
Con las manos en los bolsillos, el chico se dio media vuelta riendo.
—¡Nos vemos luego, Maka Albarn!
—¡Espero no verte nunca más! —le gritó, dando pisadas fuertes en dirección contraria—. Todavía que le digo que me gustó… un momento, ¿c-cómo sabe mi nombre?
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Era otro día en Shibusen, un lunes por la mañana luego del desastroso fin de semana con sus padres histéricos por la pérdida de su técnico y discusiones sin sentido de quién tenía la culpa.
Y si pensaba que, ignorando ser la comidilla de comentarios y burlas, tendría clases tranquilas, la llamada a la oficina del profesor Sid, fue una total sorpresa.
Sentada en el asiento, ver al imponente hombre frente a ella sonriéndole fue una escena muy extraña.
—Soy un hombre sincero, Maka, y debo decir que pensé que después de recibir la renuncia de tu anterior técnico, sería todo para ti.
Escuchar esas palabras del maestro que respetaba tanto, fue un golpe duro a su orgullo como arma. Fue incapaz de sostenerle la mirada.
—Pero, cuando entré esta mañana y alguien se me acercó a preguntar por ti y solicitar ser tu técnico, algo dentro de mí me dijo que era el indicado. Y que, si lo aprobaba, vería grandes cosas en el futuro.
Levantó la vista de golpe, sorprendida de lo que había escuchado.
—¿Alguien? ¿Quién es ese alguien?
—Ese es…
Dos golpes en la puerta interrumpieron lo que el profesor estaba a punto de decir.
—Supongo que él mismo puede presentarse, ¡adelante!
Si su corazón pudiera escucharse, estaba segura de que alarmaría a media ciudad.
¿Quién en su sano juicio podría quererla como arma?
La puerta se abrió, revelando a un chico de caminar despreocupado, cabello blanco, ojos rubí despreocupados y una media sonrisa aburrida.
—Profesor Sid, soy Soul Eater y vengo por mi compañera.
Sus miradas chocaron.
—Debe ser una maldita broma.
—Hey, Maka, espero que nos llevemos bien —sonrió ladino, tomando asiento en el lugar vacío.
—Tú de todas las personas.
Él no se inmutó por el desprecio. Era como si, a pesar de lo evidente, podía saber que en realidad ella estaba asombrada de que estuviera ahí.
—¿Cuál es el problema? Tú eres una guadaña, como la Death Scythe de Shinigami. Si puedo hacer un arma mucho más poderosa que él, ¿no me haría a mí el tipo más increíble?
—¿Lo haces por la fama? Agh, claro que lo harías por eso. Sólo estabas mintiendo antes. Me niego a trabajar con alguien como tú —objetó. Cruzándose de hombros.
—¿Dónde quedó toda esa amabilidad? ¿Acaso fue un engaño? Vaya, y yo que creí que encontré a alguien tan única y especial.
El tono burlón del chico solo encendió aún más su enojo. Y ver al profesor Sid riendo sólo le hizo hervir más.
Suspiró, relajando su postura y alzando la cabeza.
—Soy especial. Tengo el poder y la fuerza y me voy a convertir en la mejor Death Scythe, no por la fama, sino para proteger la paz de las personas que lo necesitan. Me voy a asegurar de que su felicidad no termine por un maldito demonio. Esa es mi razón de ser, ¿lo entiendes?
En vez de una risa o una burla, el chico, que ahora sabía que se llamaba Soul, hizo algo que nunca, ni en su más remota mente, pensó que alguien haría.
Tomó su mano, y la llevó a su pecho. La miró de frente, con una expresión seria mientras sus cuerpos se acercaban. Estaba embelesada en el momento.
Hubo un pequeño resplandor cuando se tocaron. Una corriente eléctrica que le recorrió la mano y vibró en su propio corazón.
—¿Lo sentiste?
Le costó un poco encontrar sus palabras y, aun así, no supo qué decir.
—Resonancia de almas —explicó el profesor Sid, llamando su atención. Soul la soltó y asintió ante las palabras del hombre. Maka no estaba lejos del término, después de todo, había intentado hacerlo con sus compañeros anteriores sin resultados—. Sus vibraciones concuerdan. Están en la misma sintonía y es muy poco probable un rechazo. Pienso que harán un buen equipo.
No necesitaba una lección extra para saberlo. Ese pequeño chispazo no fue sólo una demostración cualquiera. Por esos segundos, sus almas se conectaron y ella pudo ver la mentira de Soul.
No estaba ahí por la fama ni por el éxito ni por el dinero.
Era una razón mucho más fuerte y poderosa.
"Quiero demostrar de lo que soy capaz y en lo que me puedo convertir"
—Y bien Maka, ¿quieres intentarlo?
No era de seguir intuiciones ni creía en cosas como la superstición, pero algo en él le hizo confiar.
—De acuerdo. Está bien. Lo haré funcionar —dijo finalmente tras segundos en silencio.
Soul sonrió y ella compartió su sonrisa.
—Ese es el ánimo —El profesor aplaudió, complacido—. Si todo está en orden, escuchen atentamente, les asignaré su primera misión.
Los días tristes y solitarios quedaron atrás.
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N/A:
¿Otra versión de un primer encuentro? Sí, otra versión (?). Aunque en realidad la idea de este OS fue alguna vez idea de una historia mucho más larga, créditos y saludos especiales a Deysi Assasing (pueden encontrar su perfil de FF). Hice el rescate de esa idea para traerlo en esta nueva versión.
¡Gracias por todo el apoyo! Por sus comentarios, follows, votos y por hacer que este abecede llegue a más. Estamos cerca del final~
Próxima letra: V de Victoria, y un breve adelanto de la idea que, de hecho, fue sugerencia de un lector: En el universo del anime, ¿qué pasaría si Maka continúa puliendo su gen de arma? ¿Acabará bien o mal? Al estilo de Marvel, ¿qué creen ustedes? Esperen mi versión uwu
