X es por Xilófono
.
.
.
NOTA: Se recomienda buscar y escuchar el sig. video de Youtube como acompañamiento:
T. Mayuzumi "Concertino for Xylophone and Orchestra" : I Movimento
Ahora sin, continuamos ;D
.
..
Había algo en el bullicio de susurros, el aire impregnado de perfumes y el sonido de pasos sigilosos y rápidos, que hacía que su corazón latiera pesadamente.
Respiró profundo.
Necesitaba calmarse.
No recordaba ser tan nervioso, nunca se consideró alguien que flaqueara visiblemente, aunque por dentro estuviera dudando. Siempre se mostró serio, estratégico y cuando lo requería, sarcástico.
Pero, ¿nervioso? No era algo que demostrara nunca. Porque si alguien como él se ponía tímido, ¿quién tomaría las riendas de la situación? ¿Quién sería el apoyo que todos necesitaban?
Necesitaba ser seguro y asertivo. Algo que, justo ahora, no lograba hacer.
Había una sensación de frío resbalando por su nuca. Sus manos se sentían débiles y calientes.
Nunca en su vida, creyó que tuviera que estar de vuelta ahí, tras una cortina roja gigantesca, oculto de la vista de una cantidad enorme de desconocidos, expectantes de lo que podría ofrecer.
Miró sus manos temblorosas, ¿cómo podrían ellas oprimir esas teclas para que las notas salieran y se creara algo hermoso? Miró al frente de nuevo. El instrumento negro ocupaba el centro. Las luces se reflejaban en su tapa. Destellos pequeños y algunos grandes que hechizaban la vista.
No le era ajeno, después de todo, su infancia, adolescencia y trabajo giró en torno suyo. Huyó de su presencia, y este, volvió a alcanzarlo para librar infinidad de batallas. Sólo que… había olvidado lo que era tocar para un público, porque se acostumbró a hacerlo en un pequeño cuarto oscuro, lejos de ojos críticos, palabras filosas y sentimientos de repudio.
Sólo el piano y él. Aún con la vieja presencia del diablillo, siempre fue él. Ni siquiera Maka ni sus amigos lo veían tocar. Lo escuchaban, lo sentían, pero no lo vieron. Y pensó que sería así por siempre. Tocando en su soledad, demostrando sus emociones con notas fuertes y música diferente a cualquier otra.
La música de su alma.
Pero ahora, estaba ahí. En el mundo exterior, esperando el llamado para salir y ser visto.
No le gustaba esa atención, ni esa luz. No le pertenecía más.
—¿Tienes miedo? —La repentina calidez le hizo mirar hacia su costado y bajar la vista.
Vio su mano antes temblorosa, ahora sostenida precariamente por el diminuto tamaño de una pequeña mano.
Una sonrisa abarcó su rostro. El dueño de la mano era un pequeño niño, de mejillas regordetas, ojos vidriosos color jade y un color único de cabello rubio cenizo. Lo miraba con una preocupación tan enternecedora, que casi le costaba creer que podía existir alguien tan puro como él.
Tan difícil de creer como el hecho de que era su hijo.
—¿Miedo? Por supuesto que no Mike, tu papá no le tiene miedo a nada —murmuró mientras lo cargaba. Tenía apenas cinco años y vaya que estaba creciendo bien. En poco tiempo ya no podría cargarlo más.
—¿Y por qué corres cuando mamá agarra un libro?
—E-En primera, no es con todos los libros, sólo esa maldita enciclopedia de las almas… en segundo, e-es un trauma postraumático que algún día te explicaré…. Oh ¡mierda! Tercero, no le digas a mamá que dije maldita en frente tuyo… ni mierda…
Estaba tan jodido si Maka se enteraba.
—Papá es un mandilón, eso dice el tío Black Star.
—El tío Black Star es un imbécil… —Se dio una palmada en la frente provocando una risa en el pequeño—. Bien, tampoco quiero que repitas ninguna de esas dos palabras… y a ver Mike, ¿dónde está la tía Tsubaki? Se supone que debes estar con ella.
El niño se puso a jugar con su corbata, jalando y enredándola entre sus manos. Soul se alejó del escenario, con la música en el fondo, intentando no ser asfixiado por su hijo.
—Tía se fue corriendo cuando alguien le dijo que el tío estaba colgado del techo en la entrada. Me dijo que me quedara sentado en lo que volvía, pero me aburrí. Quería verte. Extraño a mamá.
Dejó al niño sobre unas cajas de lo que suponía era utilería, no sin antes cerciorarse que estaban firmes.
—Yo también la extraño. Mucho. Sé que le gustaría estar aquí también. Es una lástima que tuviera que trabajar.
—¿Puedo ir contigo? —El niño lo miró, con ojitos esperanzados y brillosos— Así ya no tendrás miedo si estoy contigo. Es lo que hacen cuando tengo pesadillas de esa cosa roja.
A veces sentía que su corazón no podría con tanto amor.
¿Un niño en mitad del escenario en un concierto para gente desconocida? Si, sonaba cool. Aunque no estaba seguro de que a su compañera música le agradara la idea. Bueno, no es como si tuviera más opciones. Mike era un niño en extremo curioso y había pasado demasiado tiempo con Black Star como para temer que se metiera en algún lado peligroso.
—Bien, tú ganas Miky, pero… —Empuñó su mano dejando sólo libre el meñique apuntando al niño— Tienes que prometer que estarás muy quieto y sólo nos verás tocar, ¿entendido? Si no, no volverás a ir a casa del tío Black a jugar básquet. Y tampoco querrás ver a mamá enojada.
El niño prensó su meñique con el de él.
—Hecho, papá.
Soul abrazó al pequeño, y justo enseguida, escuchó a alguien del staff llamándolo para entrar a escena.
Tener a Mike ahí, le hizo por un momento olvidar la ansiedad que sentía. Ya no quedaba rastros de ello.
Bajó al niño de las cajas y lo tomó de las manos, caminando juntos hacia el escenario.
Cuando entraron en escena, escuchó algunos exclamos de sorpresa, y otros de ternura entremezclados. A ninguno le tomó importancia. Su atención estaba en el piano y en la otra persona que lo esperaba incrédula, junto a su propio instrumento. Sus ojos rojos se encontraron.
—Todo en familia es mejor, ¿no crees? —Le dijo, levantando los hombros en una disculpa disfrazada de no hay nada qué hacer.
La chica levantó una ceja, apenas hizo una mueca de molestia, reemplazada fácilmente por una sonrisa y un ánimo sin igual. Sus manos acomodaron sus largos y hermosos cabellos blancos sobre su espalda.
—Supongo que no hay nada qué hacer —Ella dio voz a sus pensamientos, demostrando la conexión familiar que los unía—. Ya es demasiado genial que aceptaras tocar conmigo después de muchos años. Vamos papá, demos el mejor concierto a esta gente que nunca ha oído algo tan bueno.
Su sonrisa afilada, heredada de él, fue todo el orgullo y valentía que necesitó para alejar cualquier restante que su hijo no eliminó.
—Eres fabulosa Life. Siempre te lo dijimos, has lo que te guste hacer. Estamos orgullosos de ti.
—¿Y de mí? —preguntó Mike, a su lado en su vocecita infantil.
Se le escapó una risa.
—De los dos. Son nuestros mayores tesoros.
—Sí, bonito momento familiar, pero es momento de seguir con esto.
Soul estuvo de acuerdo.
Junto con Mike, tomó asiento en el taburete mientras Life se acomodaba de vuelta en el xilófono.
Ambos instrumentos, tan diferentes y únicos como ellos, estaban juntos para dar la mejor música.
Life era una chica de quince años hermosa y talentosa. Su primera y amada hija. La misma que había nacido con el don musical como él, sólo que ella estaba mucho más segura de que era lo que quería, en vez de ser un arma o un técnico. Ni él ni Maka la reprimieron. Ya lo habían decidido, que sus hijos harían lo que quisiesen con su vida, sin obligaciones ni figuras a seguir ni errores que cargar.
Life se enamoró de la música cuando Kid le regaló un pequeño xilófono de juguete. Ella amó aporrear las baquetas y que salieran sonidos tan guayes de ahí. Su técnica sólo fue creciendo y creciendo desde ese momento hasta convertirla en la mejor xilofonista del continente. Tanto que comenzaba a dar conciertos.
¿Quién diría que era su hija quién seguiría a la música fuera de las sombras?
Y su hijo aún pequeño, parecía estar interesado solamente en el deporte.
Vidas fuera de batallas, de peleas por el mundo y pérdidas de cordura.
Él y trabajaban por darles ese mundo perfecto donde serían felices con las decisiones que tomaran. Por eso eran sus padres.
—¡Son los mejores! —Lejos del murmullo del público, una voz se alzó fuerte y clara, bien conocida por los tres arriba.
—¡Mamá!
No necesitó de mucho para encontrar a Maka en la multitud, ya sentada en los asientos principales animándoles con leves aplausos y una grandiosa sonrisa. Había logrado llegar. Vio los ojos de sus hijos iluminarse de alegría y supo, que el show estaba listo para empezar.
—Bien, hagamos esto.
Una tecla, una nota. Un golpe de la baqueta y otra nota.
Una tras otra, ambos siguieron tocando.
No existía mejor melodía que la de su familia.
.
.
.
N/A:
Un día, nuevo récord asdfghjklñ
Y con esto se termina el antepenúltimo relato del abecede, ¡qué emoción! Y okey, sé que ya había una versión sad de Soul y Maka con un hijo, bueno, esta es la versión feliz (?) También, estuve bastante indecisa de si Xilófono sería la palabra correcta pero luego de buscar y buscar videos, me topé con el que sugerí para la lectura y como se darán cuenta, me imaginé que era como ver a Soul en el piano y a Life en el xilófono, ¡entonces supe que era la correcta!
Y es que ¿he dicho cuánto amo el gender bender? Estoy segura de que sí y amo aún más poderlos incluir en el universo "canon" que lloro.
Aprovecho igualmente para avisar, que los dos últimos relatos serán UA, algo que graciosamente no toqué antes Xd Espero cerrar esta aventura con broche de oro. ¡Espero que les guste cómo ha ido todo hasta ahora!
