— Pensé que no tendría que verla de nuevo. — La voz masculina a sus espaldas la sobresaltó, dio media vuelta para encarar al pelirrojo.—, después de todo, usted renunció a la corona para irse a juguetear por el bosque.

— Príncipe Hans. — Dijo ella alzando la mirada. Le era difícil creer que él estaba allí, lamentablemente él no era una figura de nieve a la cual podía deshacer con solo tocarlo, él era el verdadero Hans y estaba allí frente a ella.

— Elsa, supongo que así debo llamarte, después de todo, no tienes una corona. — Dijo él.

— Creo que tenemos eso en común, ¿No lo cree? — Contraatacó ella con un tono burlón. —, según he escuchado ninguna princesa heredera ha aceptado su propuesta de matrimonio.

— Tengo algunas opciones aunque lo dudes, no puedo decir lo mismo de ti, ahora que no tienes una corona y un reino rico en textiles y minas de gemas preciosas, ¿Quién le propondría matrimonio a una hechicera helada?

— No es algo que me quite el sueño, alteza. — Respondió ella. —, ahora si me disculpa, preferiría no seguir con esta conversación, su compañía no me es grata.

— Oh, hiere mis sentimientos. — Comentó él con un toque de sarcasmo. —, aunque créame, nadie aquí está exactamente interesado en conversar con usted, quizá con el descubrimiento de que existe un bosque encantado en Arendelle haya gente interesada en obtener algo de él y también gente más que dispuesta a destruirlo, pero encanto, eres un cero a la izquierda aquí, no perteneces a este lugar, están consiente de ello, ¿Por qué no vas y regresas a tu bosque mágico y hablas con esa voz de la que todos hablan? — Elsa no pudo ocultar su sorpresa al escucharlo mencionar aquella voz. — Anna no fue precisamente discreta, los rumores se expanden rápido, Elsa. Pero, considera esto un consejo amistoso, quizá debas de ir con un médico a revisar ese asunto de la voz en tu cabeza, es preocupante.

— No escucho voces. — Dijo. — Por lo menos ya no. — Pensó. —, y para que lo sepa, tengo el mismo derecho que usted de estar aquí, quizá ya no sea la Reina de Arendelle, pero vengo en representación.

— ¿Arreglando los estropicios de tu hermana?, ¿Evitándolos? — Cuestionó. — Lleva 6 meses a cargo y aún no he sabido de una catástrofe, no pensé que tardaría más que tú en poner a Arendelle al borde de la destrucción, ¿cuánto te tomó a ti?, ¿Menos de un día después de ser coronada?

— Anna es perfectamente capaz de gobernar Arendelle, sino lo fuera no le hubiese cedido la corona.

— O simplemente querías escapar de las presiones que supone estar a cargo, no te culpo Elsa, alguien tan mentalmente inestable como tú jamás podría soportar eso por mucho tiempo.

— No me conoces en lo absoluto, tú no sabes de lo que soy o no capaz. — Dijo ella. —, te crees tan superior, pero no eres más que un príncipe más del montón, ¿Crees que tú serías mejor Monarca de lo que yo fui o mejor que Anna?, te tengo noticias, darles mantas, refugio y comida caliente a las personas durante una nevada no te convierte en el Rey perfecto, eres bueno tratando con la gente; lo admito, sin embargo no fuiste preparado para reinar, y jamás lo harás, todos saben la clase de persona que eres, nadie dejaría que su hija desposara a un ser humano despreciable como tú.

— ¿Lo dices por qué intente decapitarte o simplemente te molesta que jamás intente conquistarte a ti?

— ¿Por qué me molestaría por eso?, Jamás he deseado y nunca desearé sus atenciones, usted me parece despreciable, no es más que un traidor, doble cara y él hombre más engreído con el que he tenido la desdicha de cruzarme. — Dijo ella. — Disfrute de la velada y si no es mucho pedir, aléjese de mi.

La rubia se dispuso a dirigirse a otra parte del salón, estar lo más lejos posible de Hans Westergaard y con suerte no volver a conversar con el príncipe.

— Elsa. — Ella se giró a mirarlo, frunció el ceño aguardando escuchar lo que aquel desagradable sujeto.

— Quizá algún día vaya a visitar tu bosque.

— Quiero verte intentarlo. — Dijo ella en tono amenazante. Elsa dio media vuelta y siguió con su camino, perdiéndose entre los asistentes. Hans sonrió antes de tomar una copa de vino.

Sin duda había encontrado algo entretenido que hacer en aquel aburrido baile.