Capítulo 6: Orgullo Destrozado
Sakura frotó sus doloridos ojos, apenas había dormido en los últimos días. Había trabajado incluso más duro que antes porque por alguna razón el beso de Madara no salía de su mente. Estaba segura de que era porque tenía piel demasiado sensible.
Debía ser por eso… ¿verdad?
Los ojos de Sakura viajaron hacia el reloj en el muro de su oficina. Era tiempo de checar a Madara y empezar su terapia. La sensación familiar de aleteos llenaron su estómago y frunció el ceño hacia sí misma. ¡Por supuesto que no iba a sentir mariposas en el estómago como una adolescente!
La médico de ojos verdes tomó la taza en el extremo de su escritorio y bebió un sorbo del caliente líquido. Cafeína. Debía ser que le faltaba cafeína, el por qué sentía mariposas… tenía ser un síntoma de abstinencia. Sakura asintió para sí misma.
Síntomas de abstinencia. Eso era todo.
Se vistió en su bata médica y se esfumó hacia la celda del Uchiha.
Cuando Sakura entró a la celda de Madara el Uchiha estaba bastante despierto, para su pesar, ya que eso significaba que tendría que hablar con él. En realidad, quería evitar tanta interacción como fuera posible. Solo porque no lo odiaba tanto como antes no significaba que quisiera conversar con él.
No obstante parecía que el Uchiha tenía otros planes.
"Médico, ¿qué te tomó tanto tiempo hoy?" Madara preguntó, su voz era notablemente mas fuerte. Se incorporó en la cama, su cabello largo cayendo alrededor de él como una cortina oscura.
Sakura, quién se había ocupado leyendo su historial médico, se tornó rígida. Estupendo. Él estaba de humor para hablar.
Las mariposas revoloteaban en su estómago de nuevo. Había dejado su café en su oficina.
Maldición.
Sería profesional.
"Uchiha-san tengo otros pacientes y responsabilidades aparte de usted," Sakura dijo, su tono firme, educado y totalmente profesional. Las mariposas en su estómago revolotearon más.
Madara sonrió engreidamente a la pelirosa, había sido extremadamente "profesional" desde que la había besado. Podía sentir que estaba ocultando algo.
"Yo tengo prioridad," Madara respondió simplemente, su sonrisa se amplió cuando vio la ceja de Sakura crisparse en señal de molestia. Sin embargo no llegó a decir nada más ya que Sakura hundió una jeringa en su brazo y él esbozó una mueca.
"Es solo tu medicación," Sakura explicó, su rostro era una máscara perfecta de profesionalismo, pero sus ojos brillaban triunfantes. Madara frunció el ceño. Le enseñaría a esa mocosa pelirosada a no meterse con él. Extendió su mano para agarrar su muñeca, y tiró de ella hacia él.
Un jadeo de sorpresa escapó de los labios de la médico y Madara sonrió satisfecho. Pero cuando el miedo destello en sus ojos esmeraldas, suavizó su agarre un poco. No podía entender muy bien porqué, pero no queria que ella le temiera.
"Vendrás más temprano la próxima vez," gruñó Madara, su voz era oscura y profunda. Sus ojos se deslizaron hasta los labios rosados de Sakura, parecían brillar ligeramente hoy.
Sakura alzó una ceja escépticamente. La arrogancia de los Uchiha no era una broma. Tomó un respiro profundo y respondió firme.
"Vendré el momento que mi agenda me lo permita, así que solo tendrá que esperarme Uchiha-san."
Madara miró fijamente a Sakura, su mente trabajando. ¿Acababa de ignorar su amenaza? La decepción inundó su cuerpo y soltó la muñeca de la pelirosa.
Una risita escapó de los labios de Sakura cuando Madara se apartó de ella. Pareciese como si el gran Uchiha estuviera haciendo un puchero.
"Siempre podría decirle a Sasuke que lo visite si esta aburrido… Estoy segura de que tienen asuntos Uchiha que arreglar," Sakura dijo, su voz y rostro traicionando nada de el brillo juguetón en sus ojos. El rostro de Madara giro repentino y tomó la muñeca de Sakura de nuevo, sus ojos destellando con enojo.
"¡No menciones a esa patética excusa de Uchiha frente a mi, médico!" siseó, su mano aferrándose más a su muñeca. Sakura rodó sus ojos, los Uchiha eran tan infantiles.
"Mmm, entonces solo tendrá que lidiar con el aburrimiento," respondió y se deslizó del agarre de Madara, ocupándose con su historial médico. El Uchiha se quedo callado, pero su mirada se fijó intensamente en la médico pelirosa moviéndose por la habitación.
Madara frunció el ceńo. Se sentía extraño. La médico le había hecho algo de nuevo.
No podía decir con precisión lo que era, pero se había hecho bastante dependiente en su presencia. Era como una bocanada de aire fresco en su húmeda celda y luz en la oscuridad que rodeaba su existencia.
Nadie lo había intrigado tanto antes. No estaba seguro de que le complacía el hecho de que una mocosa pelirosada de Konoha le intrigara, pero no podía pararse a sí mismo de querer saber más acerca de ella.
Mientras continuaba observando a Sakura, Madara sintió el ya familiar escalofrío de inestabilidad mental.
'¡No ahora!' pensó, su mandíbula se tensó cuando la sangre lentamente distorsionó su vista de la médico pelirosa. De la nada era incapaz de respirar. Un sonido ensordecedor llenó sus oídos y el cuerpo de Izuna flotó ante él.
Locura e ira surgieron a través de su cuerpo y emitió un aullido estrangulado, sus brazos y piernas instantáneamente luchando contra las cadenas que lo retenían.
Sakura dejó caer el portapapeles que había estado sosteniendo y se apresuró al lado de Madara. Cuando se inclinó frente a él para examinar sus ojos la mano del Uchiha se disparó y se enroscó alrededor su cuello, dejando a sus pulmones sin aire.
'¡Mierda!' Maldijo Sakura mentalmente cuando manchas oscuros danzaron frente a sus ojos. Sin embargo, no era la cabeza del departamento médico por nada. Extendió su palma y la posó sobre el brazo de Madara rápidamente canalizando su chakra curativo a través de su mano. Casi tan pronto como su chakra entró en su cuerpo su agarre se debilitó y sus gritos se redujeron a quejidos suaves.
La tensión abandonó el cuerpo de Sakura y tuvo problemas para mantenerse de pie. Estaba bastante segura de que su cuello iba a tener marcas. Pero cuando miró abajo hacia el tembloroso Uchiha, Sakura se encontró a sí misma incapaz de sentir ira hacia él por tratar de estrangulara.
Frunció un poco el entrecejo y un pensamiento asaltó su mente. En realidad no quería hacer lo que se le acababa de ocurrir, pero era un doctor y era su deber hacer que sus pacientes se sintieran mejor.
Con este pensamiento en la mente, Sakura calmó sus palma temblorosa y la colocó en la frente de Madara. Con la gentilidad y cuidado que demostraba a los niños en el centro médico, Sakura acarició el cabello de Madara y el Uchiha se desplomó sobre ella.
Una sonrisa triste adorno sus labios. Parecía que el Uchiha no era tan distinto a los niños del centro médico. Con miedo y heridas en su corazón.
Los ojos de Madara parpadearon mientras que emergía de su pacífico sueño. La última cosa que podía recordar era la oscuridad que se había escabullido hasta a él, pero parecía que la médico la había aliviado una vez más.
Los ojos del Uchiha se dispararon de un lado a otro. ¿Dónde estaba la médico?
Un ligero pánico se instaló en él mientras tenía problemas enderezandose de su lugar de reposo. Repentinamente no quería estar solo. La quería allí.
Un peso significativo sobre sus piernas llevó a su mirada hacia abajo y cuando sus ojos se toparon con familiares hebras rosadas un suspiro casi inaudible escapo sus labios resecos.
No se había ido.
Madara carraspeó y se forzó a volver a su fachada estoica. No sería bueno que la médico le sorprendiera comportándose como algo menos que un Uchiha.
"Médico," Madara dijo con voz áspera, sus brazos cruzados mientras miraba a la mujer de pelo rosa recostada sobre su cama.
No le respondió. La Uchiha frunció el ceño y se inclinó hacia adelante para tocar a Sakura. La tomó por los hombros y ella se dejó caer en su agarre. Sus oscuros ojos rápidamente tomaron nota de las marcas con forma de dedos impresas alrededor de su cuello y repentinamente un pensamiento lo golpeó como un bloque de cemento.
La había matado.
El rostro de Madara palideció y su visión comenzó a girar. Su boca instantáneamente se secó y sintió su pulso acelerarse. La había matado. No era que estuviese temeroso de matar… no, lo había hecho en incontables ocasiones… pero todas hablan sido intencionales.
La removió con su mano, su mente negándose a procesar el hecho de que él de alguna manera había matado a la única persona que había podido estar cerca de comprenderlo. Ella no respondió de ninguna manera.
"No…" murmuró, sacudiéndola débilmente con su mano. Su cabeza se movió inerte, sus párpados no cubrían en su totalidad sus ojos desenfocados y sus labios estaban separados.
"No, no puedes estar muerta todavía. Ni siquiera me has traicionado aún… No hay razón para que mueras," Madara balbuceó, sin estar completamente seguro de lo que estaba diciendo, pero necesitaba decir algo. Tan extraño como sonaba, esa era la primera persona que mataba por accidente y lo estaba alterando.
"Ayuda… necesito ayuda," balbuceó, dirigiendo su mirada hacia sus débiles y confinadas muñecas. "Médico, despierta…" Cuando ella no respondió, Madara se rindió y alzó su voz tanto como pudo.
"¡AYUDA!" Bueno, su intención había sido gritar pero su garganta aun estaba dolorida a causa de su último episodio, un quejido ronco fue todo lo que produjo. Lo intentó de nuevo, ignorando el dolor, que se sentía como si la columna interna de su garganta estuviera siendo destrozada.
"¡GUSANOS DE KONOHA, HAY UN MÉDICO MUERTO AQUÍ" gritó, sin importarle la sangre que podía sentir en la parte de atrás de su lengua. Su garganta lo estaba matando pero claramente ese no era su mayor problema. De repente Madara sintió náuseas ante el pensamiento de tener que existir en aquel hoyo infernal sin Sakura y su cabello rosa que iluminaran su día.
Sin sus suaves manos que…
¿Qué estaba pensando?
"¿ACASO NO ME OYEN?" gritó de nuevo, ahogándose en la saliva ensangrentada en su garganta y conteniendose para no vomitar sobre el cuerpo tendido sobre su estómago. Podía sentir su cuerpo y estaba frío.
Sus ojos escocían como si hubiesen sido atacados por abejas y la sensación los hacía humedecerse de manera irritante.
Pero no estaba llorando. No lo estaba.
"¡POBRES EXCUSAS DE SHINOBI! CÓMO ES QUE NO PUEDEN ESCU-"
"… llate…" un suave murmullo interrumpió su discurso.
"-charme…" finalizó lentamente, sus ojos deslizándose hasta el origen de aquél sonido. Sakura lo miraba a través de ojos entrecerrados, su rostro denotaba molestia.
"¿Por qué tienes que ser tan ruidoso?" murmuró, hablaba con un adorable tono adormecido. "Casi estrangula la vida fuera de mi y ahora no me deja dormir…" continuó irritablemente, frotando sus ojos e incorporándose de su posición. Madara la observo incrédulo. "Esto es lo que me gano por preocuparme por mis pacientes… haciendo un maldito alboroto si llego tarde y luego siendo tan malditamente ruidoso que no puedo dormir incluso aunque me quedé, Kami esto es tan molesto…" y continuó, ajena a la debilidad que recorría a Madara con tal fuerza que sintió que se desmayaría.
Sakura se incorporó y estiró sus extremidades, regalándole brevemente un vistazo de piel pálida cuando el borde de su camisa se levantó. Desvío su mirada rápidamente, parpadeando para deshacerse de la humedad molesta en sus ojos.
"Bueno, quién te dijo que durmieras sobre mí," contestó bruscamente, de repente se sentía enojado y frustrado y apenado y nervioso y totalmente inseguro de sí mismo. Y estaba atado a esa endemoniada cama que lo hacía incapaz de darle la espalda. Se contentó con girar su cabeza lejos de ella y fijar su mirada en el muro con resolución.
"¿Sabes lo difícil que es quedarse dormido sentado?" Sakura gruñó. "¿O estás sugiriendo que duerma en el piso? Bastardo grosero," refunfuñó. "En todo caso pareces estar bien, así que me iré a la sala de descanso de la prisión para dormir más," finalizó, resoplando.
Madara giró su cabeza.
"No."
Cuando ella alzó una ceja, él continuó.
"No te vayas."
La ceja rosada se alzó aún más.
"Puedes dormir aquí. Yo… no haré ruido. Pensé que estabas muerta… así que yo…" se apresuró a explicar. Pero luego, sintiéndose vulnerable de alguna manera, se retrajo. "Bueno, tal vez si te ataco de nuevo solo me quedaré callado… si eso es lo que quieres. Hn. Gusano malagradecido…" murmuró malhumorado.
Sakura parpadeó observando al Uchiha. ¿Le estaba pidiendo que se quedara con él? Por un momento la médico pelirosa no supo qué decir, luego su mente finalmente procesó las palabras y sus mejillas se encendieron con una emoción que no supo identificar.
"Tú… ¿me acabas de pedir que me quede?"
Madara encaró una ceja oscura y una sonrisita engreída se formó en sus labios. Repentinamente Sakura quiso arrojarle algún objeto.
"¿Te sientes incomoda durmiendo con el gran Uchiha Madara?" los ojos negros del Uchiha se deslizaron sobre el cuerpo de Sakura y ella instantáneamente tuvo que reprimir un escalofrío.
Sakura rodó sus ojos y decidió ignorar a Madara. No le permitiría alterar sus emociones. Con esto en mente, la pelirosa le dio la espalda y ajustó su vía intravenosa, después tomó su historial y empezó a rebuscar un papel con información.
Madara frunció el entrecejo cuando Sakura le dio la espalda. ¿Lo estaba ignorando?
Nadie ignoraba a Uchiha Madara.
Nadie.
En un movimiento rápido el shinobi de cabellos oscuros enredó su mano alrededor de la muñeca de Sakura y tiró de ella hacia él.
Ella emitió un chillido de sorpresa cuando chocó contra su pecho y el Uchiha solo sonrió arrogante. No había manera de que ella le ignorara ahora.
"¿C-Cuál es tu problema?" Sakura preguntó bruscamente, su paciencia agotándose peligrosamente. Odiaba ser despertada de su siesta y el Uchiha acababa de hacerlo, para luego proceder a ponerla de un humor terrible. La pelirosa frunció el ceño. ¿Por qué su corazón insistía en latir tan rápido cada vez que el Uchiha la tocaba?
Definitivamente era por el cansancio.
Madara la acercó más a él, sus labios rozaron su oreja. Ella tembló sin darse cuenta. El Uchiha esbozó una sonrisita, ella no podría serle indiferente ahora.
"Estoy aburrido," Madara dijo sedosamente, su largo cabello oscuro rozando a Sakura mientras que se acercaba a ella.
La ceja de Sakura tembló peligrosamente al tiempo que su temperamento empezaba a relucir. Había sido un error bajar su guardia alrededor del Uchiha porque aparentemente, tenía la impresión de que podía hacer lo que quisiera con ella.
"¿Crees que puedes simplemente hacer lo que te venga en gana conmigo?" Sakura siseó, girando repentinamente para encarar a Madara, sus ojos verdes destellaban. Una sonrisa oscura curvó los labios de Madara y este carcajeo, sus ojos brillantes miraron hacia abajo a la médico.
"¿Acaso no puedo?"
Sakura arrancó su brazo fuera del alcance de Madara y se puso de pie, su brazo cosquilleaba con la necesidad de golpearlo hasta la inconsciencia. Abrió su boca para gritar al exasperante hombre cuando cayó en cuenta de que lo había hecho de nuevo. Él había jugado con su cabeza. La había invadido como un veneno y ella no había sido nada más que otra víctima de sus juegos mentales.
"¡Maldición!" pensó Sakura, parecía que el Uchiha definitivamente no había perdido su habilidad para manipular. De repente una ola de mareo recorrió a Sakura y ella rápidamente tuvo que sostenerse de la orilla de la cama de Madara para mantener el balance.
"¿Médico?" preguntó, apoyando una mano sobre la de ella. Cuándo la visión de Sakura se aclaró, ella lo vio observándola con un gesto… preocupado.
"Estoy bien," Sakura dijo apresuradamente.
"Cuando apreté tu cuello… ¿acaso es…?" empezó a preguntar, sus dientes apretados mientras pronunciaba las palabras. No queriendo que el Uchiha descendiera a otro episodio, Sakura rápidamente hizo un gesto negativo con su mano.
"No," refutó. "No comí lo suficiente en el almuerzo, así que…" Su voz no termino la frase cuando ella notó que él observaba su cuello fijamente, el cuál estaba segura que mostraba marcas a ese punto. Sin realmente pensar en las consecuencias, Sakura rápidamente canalizo chakra en sus palmas y las colocó sobre su cuello para sanar las heridas.
Apenas había tocado su cuello cuando un agudo ardor atacó sus muñecas. Jadeó de dolor y tuvo problemas continuando con la técnica sin que Madara notara su malestar. Su cabeza se sentía como si estuviera rellena de algodón y su visión se distorsionó peligrosamente.
"Debe ser…reacción… alérgica," jadeó, metiendo sus manos en los bolsillos de su bata blanca para esconder sus muñecas de su vista.
La garganta de Madara se comprimió y su corazón se estrujó en su pecho. Un sentimiento extraño lo inundó cuando vio a la médico pelirosa tan débil. ¿Acaso estaba preocupado por ella? El Uchiha entrecerró los ojos. No estaba preocupado. No había sentido tal emoción desde que perdió a Izuna… para ser sincero no podía realmente recordar como se sentía.
"Médico," Madara dijo bruscamente, sintiéndose un poco incómodo. Brindar confort no era su estilo.
"Estoy bien… solo iré a casa a descansar," Sakura respondió débilmente y sacudió su mano despreocupada mientras que se tambaleaba fuera de la habitación.
Madara se movió de su cama para ponerse de pie pero el frío metal alrededor de sus muñecas mordió su piel.
'Malditos grilletes,' Madara pensó cuando dirigió su mirada a las cadenas que lo aprisionaban.
Solo pudo mirar como Sakura salía de su celda sin mirar atrás. Sintió su corazón caer en caída libre y de repente la habitación se torno fría. No pudo deshacerse del sentimiento de oscuridad que empezó a acecharlo el momento que la pesada puerta se cerró detrás de la médico pelirosa.
Se había ido.
Tan pronto como Sakura salió de la celda de Madara se apoyó de los muros de piedra del pasillo fuera de la prisión. Sus piernas temblaban mientras trataban de soportar su peso y su visión se distorsiono frente a ella. Sakura reconocía los síntomas de exhaustion de chakra desde la distancia. Sabía que tenía que descansar, si no, estaría en bastante peligro.
Sakura reunió sus fuerzas y se forzó a enderezarse, logrando ejecutar un shunshin que la llevó afuera del edificio de interrogación. Una muy mala idea. Con sus reservas de chakra tan bajas, usar el shunshin no había mejorado su situación, pero estaba desesperada por llegar a casa tan pronto como fuese posible.
Manchas negras aparecieron ante Sakura y lentamente crecieron en tamaño hasta nublar su vista.
'Demonios, parece que la técnica de Aroma de Chakra tiene efectos secundarios después de todo…' Sakura pensó cuando sus rodillas se rindieron y chocaron contra el pavimento.
No fue capaz de oír una voz profunda llamando su nombre y mientras su visión desaparecía no vio a Sasuke apresurarse hacia ella.
Sakura se removió, su cabeza estaba palpitando y sentía como si sus extremidades estuvieran hechas de madera. Un pequeño gemido escapó sus labios mientras luchaba por recuperar la consciencia.
Se sentía terrible.
"Oh, estás despierta ahora…" una voz familiar se filtró a través de la red de semi-consciencia enredada alrededor de la pelirosa, forzándola a emerger de su estado inconsciente.
Los ojos de Sakura parpadearon y se abrieron, y cuando su vista se ajustó empezó a reconocer sus alrededores. Se encontraba en su cama en su apartamento. ¿Cómo había llegado hasta allí? La última cosa que recordaba era a ella tratando de llegar a casa.
"Te vi colapsar en la calle," Sasuke dijo bruscamente, sus ojos oscuros estaban ocultos tras sus párpados, los mantenía cerrados para conservar su imagen indiferente. Ella no necesitaba saber que su corazón estaba martillando en su pecho.
Sakura arrugó su nariz, pensando, y luego recordó. Se había sentido extremadamente indispuesta después de dejar la celda de Madara.
'Ugh' Sakura pensó cuando alzó una mano para frotar su frente dolorida. Esto era definitivamente un efecto secundario de la técnica de aroma de chakra. Tendría que ser más cuidadosa durante las sesiones con Madara y tal vez incluso reducirlas a dos o tres veces por semana.
La pelirosa le sonrío débilmente a Sasuke y se desplomó de nuevo en su cama.
"Gracias Sasuke-kun pero por favor no le digas a nadie acerca de eso… estaré en problemas por trabajar tan duro," Sakura dijo, sus cejas arrugadas con disgusto.
Sasuke asintió, negándose a reconocer que había estado mirando previamente su hombro desnudo, que había quedado descubierto cuando su camisa se había deslizado. Luego, antes de poder pararse a sí mismo las palabras que estaba pensando dejaron sus labios.
"¿Qué me darás a cambio de guardar tu secreto?"
Sasuke esbozó una sonrisita satisfecha cuando los ojos de Sakura se agrandaron, aquellos pozos esmeralda brillaron y un leve sonrojo coloreó sus mejillas. A Sasuke le complació.
"U-Uhm… ¿A qué te refieres?" Sakura preguntó, estaba empezando a sentirse mareada de nuevo.
Sasuke se inclinó hacía delante hasta que sus labios estuvieron a punto de tocar la mandíbula de Sakura. Vio como el leve tinte en las mejillas de Sakura se oscureció, estaba tan cerca que podía escuchar su corazón palpitando en su pecho.
Le gustó.
"Piénsalo," Sasuke dijo, su voz baja y llena de emoción. Pero antes de que Sakura pudiera responder él se aparto y caminó fuera de la habitación, con un aire satisfecho y de triunfo a su alrededor.
Madara estaba tendido sobre su espalda, sus ojos oscuros miraban desenfocados el techo de su celda.
Ella lo había abandonado.
Habían sido tres días desde la última vez que la había visto. Otros médicos habían ido a examinar su condición y esta vez no se había molestado en intimidarlos, solo ignoró sus viles presencias. Se sentía muerto por dentro. Sin la médico pelirosa a su alrededor se sentía aún peor que en su forma edo tensei. No tenía nada por lo que vivir si ella no estaba ahí.
Los tres días de su ausencia estuvieron plagados de pesadillas y sus alucinaciones incrementaron mientras anhelaba su calmante esencia.
Estaba adicto.
Estaba desesperado por que ella regresara y lo sacara de ese infierno de nuevo, pero él había sido el que la había alejado… así que ni siquiera podía quejarse.
Solo tendría que esperar.
Los ojos de Madara se abrieron abruptamente cuando Sakura entró a su celda, su presencia trayendo la esencia calmante que había ansiado por tanto tiempo.
La miró con cierto tipo de anhelo en sus ojos mientras ella caminaba hacía él, su paso era confiado, y sus ojos parcialmente suaves con la típica mirada de 'doctor' que le regalaba a todos sus pacientes.
La ceja de Madara se frunció. Algo estaba mal.
"Uchiha-san me disculpo por mi ausencia injustificada pero no me encontraba en la mejor salud," Sakura dijo, su tono calmado y parejo. Se dirigió a tomar su registro médico, rodeando su cama en su camino. No lo miro ni siquiera una vez y no se acerco tanto a él como solía hacerlo.
¿Estaba asustada de él? A Madara no le agradó aquel pensamiento.
"Hn," gruñó antes de cerrar su ojos de nuevo. De repente no quería que ella estuviera en su presencia. No quería sentir su miedo cuando estaba cerca de él. No queria sentirse… sucio, que era exactamente cómo se sentía ahora.
Su aroma rozó sus sentidos y tuvo que contenerse seriamente para no abalanzarse sobre ella.
Quería que fuera solo de él. Su médico y su sanador. Para que lo fuera, necesitaba que ella no le tuviera miedo. Lo que significaba que tendría que contenerse.
Una alucinación lúgubre amenazó con entrar la mente de Madara y el esbozó una mueca, tratando de suprimirla con toda su fuerza. Luego, antes de poder registrarlo, Sakura estaba a su lado con la parte posterior de su mano presionada contra su frente. Fue demasiado para él.
Madara se inclinó hacia adelante, aprisionando los brazos de Sakura con suficiente fuerza para dejar marcas. Su respiración era rápida e irregular.
"¿Por qué te fuiste?" siseó, su cuerpo estaba temblando. Su cabeza se disparó hacia arriba, sus ojos oscuros ardiendo con una mezcla de emociones que se asemejaban a la locura.
"¡No te dije que podías irte! ¡¿Crees que porque estoy en esta sucia celda puedes tratarme como alguien cualquiera?!" Madara bramó, sus labios curvandose, podía sentir su sanidad escurriéndose como agua a través de sus dedos. "¡Soy el Uchiha Madara, ustedes patéticos gusanos de Konoha no son nada más que títeres de las mentiras de los Senju!" dijo enfurecido, su mente empezaba a nublarse con locura. Su aroma lo abrumaba.
"Uchiha-san por favor cálmate," dijo Sakura, su profesionalismo severo se suavizó cuando miró hacía el Uchiha. Su corazón se estrujo incómodamente. El Uchiha se asemejaba a los niños traumatizados en su guardería… solo que él no era un niño. Su beso definitivamente había probado eso.
Él dirigió su mirada hacia arriba, sus ojos grandes y desequilibrados. Sakura esbozó una mueca de dolor ligeramente cuando él apretó sus brazos con más fuerza. Sabía que dejaría marcas pero no se apartó. Cuando los pacientes estaban inestables si te movías fuera de su alcance lo verían como un rechazo y se hundirán más en su declive mental.
"Te fuiste…" Madara dijo, casi ahogando las palabras. Su voz estaba llena de emoción y su cuerpo continuaba temblando mientras batallaba con las tenebrosas emociones circulando en su interior. "Te fuiste como Izuna."
"No me fui, estaba enferma y no pude venir," Sakura dijo, su voz suavizándose aún más. Odiaba el sufrimiento. Aun no sabía exactamente que pensaba acerca del Uchiha ahora que su percepción de él había sido destruida después de las varias cosas que había descubierto. Pero sí sabía que sus instintos de médico odiaban verlo sufrir.
Sakura se concentró y canalizó su chakra en sus palmas mientras apartaba la mano del Uchiha de su brazo y la sostenía en las suyas, transfiriendo el chakra curativo y calmante a su sistema. Sakura vio como Madara se relajaba visiblemente y el alivio recorrió a la médico. Pero no duró mucho. Madara apartó su mano violentamente de su agarre y Sakura fue incapaz de reprimir un escalofrío de miedo ante su mirada. Estaba furioso. De repente estaba extremadamente aliviada de no haberle quitado los grilletes.
Madara sintió su cuerpo relajarse cuando el suave chakra de Sakura entró en su sistema, su aroma de flor de durazno rozó suavemente su nariz. Paz revoloteo frente de él, pero antes de que pudiera tomarla otro aroma invadió sus sentidos.
Sasuke.
Su médico de pelo rosa había sido tocada por Sasuke. Podía olerlo en su chakra.
"¿Que hiciste con mi sobrino?" Madara preguntó. Su ira, apenas controlada se extendía como una cuerda tensa, lista para reventar en cualquier minuto.
"¿Con Sasuke?" Sakura preguntó, su ceja arrugandose en confusión. La ceja de Madara se frunció y se abalanzó sobre Sakura, sus cadenas produjeron un sonido parecido al de un cascabel cuando entraron en contacto con el borde de metal de su cama. Sus dedos se hundieron dolorosamente en su hombro y los rasgos de Sakura se contrajeron de dolor.
"¡NO ME MIENTAS!" gritó, sus ojos se agrandaron mientras estos intentaban activar su Sharingan, sangre emanó de sus ojos, deslizándose por sus mejillas y goteando en la mano de Sakura.
"¡Puedo olerlo! ¡Ya no está solo la esencia de flor de durazno!" siseó, sus ojos oscuros. "¡Eres como el resto de los gusanos de Konoha! ¡No eres más que una traidora!"
Las palabras de Madara golpearon a Sakura como una bofetada. Había mencionado que su chakra olía a flor de durazno. Un hilo de emoción se originó en su estómago a pesar de la situación. Parecía que sus teorías acerca de la técnica de aroma de chakra habían sido acertadas.
Sakura trató de ignorar la realización de que obviamente tenia una conexión fuerte a Madara, pero no pudo. El aroma de chakra incrementaba conforme el paciente se volviera más unido al médico, y Madara había ido mas allá de ser capaz de percibir el aroma de su chakra, también pudo percibir que había tenido contacto con alguien. Sospechó que desde que Madara estaba relacionado con Sasuke le era más fácil sentir su presencia. Había usado la técnica muchas veces con los niños en el hospital antes de ir a revisarlo y él nunca se había dado cuenta.
Un pensamiento alarmante cruzó la mente de Sakura y su corazón se acelero en su pecho.
Tal vez se había vuelto más dependiente en su chakra porque no había recibido ningún tratamiento de ese tipo en tres días, que era el tiempo más largo que había pasado sin el.
¿Acaso eran… síntomas de abstinencia?
Sakura mordió su labio y se forzó a salir de sus pensamientos. Lidiaría con sus sospechas más tarde. Tenía que calmar al Uchiha primero.
"Cuando salí de tu celda la última vez, colapse camino a casa y Sasuke me llevó hasta mi apartamento," Sakura dijo, su voz más suave de lo que habría querido. "No use ninguna técnica médica en Sasuke."
Los ojos de Madara se entrecerraron en señal de desconfianza al tiempo que observaba las expresiones de Sakura con atención, sus atormentados ojos oscuros clavándose en los de ella, calmados y verdes.
"Mentira," siseó, pero a su voz le faltaba mucho del veneno de antes. Sakura disimuladamente canalizó su chakra curativo en él de nuevo, solo una pequeña cantidad para que él no lo notara, pero que aun así calmaría sus nervios.
"No estoy mintiendo," Sakura dijo solemne, sus ojos aún fijos en los de Madara. "Cómo médico no puedo mentirle a mis pacientes," continuó, aumentando el flujo de chakra en sus palmas.
"¿Así que no te fuiste?" Madara preguntó en voz baja, su tono era inusualmente suave. Estaba expuesto y vulnerable, sus murallas de odio y poder le habían sido arrebatadas para revelar su debilidad. Ella podía sentir la oscuridad que lo invadía, amenazando con empujarlo al vacío. La garganta de Sakura se comprimió, y antes de que pudiera evitarlo olas de lástima la invadieron.
La sombría locura del clan Uchiha se encontraba ante ella en su máxima expresión. El corazón de la pelirosa se estrujo cuando las cosas que había leído en los manuscritos acerca de los Senju aniquilando a los Uchiha cruzaron su mente. Se dio cuenta de algo.
Prejuicio.
Prejuicio era lo que había empezado esto. El prejuicio general contra los Uchiha habían causado su aniquilación, lo que sólo alimentó la maldición de la que sufría el clan, y así resultando en locura y tendencias homicidas que se mostraban desinhibidas entre sus miembros.
Las piernas de Sakura se tambalearon ligeramente y sacudió su cabeza, tratando de organizar sus pensamientos revueltos. Tenía que concentrarse en su paciente.
"No lo hice," respondió Sakura, canalizando más de su chakra en Madara. La tensión se drenó del Uchiha y sus manos cayeron a sus costados. La peligrosa locura se desvaneció de sus ojos, dejando detrás un mar de vacío.
Sakura extendió su brazo y tomó un paño de la bandeja médica cerca de ella y gentilmente limpio la sangre del rostro de Madara. Él no se movió. Su alma parecía haberse desprendido completamente de su cuerpo. Sakura alzó su mano para acariciar el cabello de Madara pero dudó. No queria mostrarle afecto al Uchiha, pero ya había llegado tan lejos y era su deber sanar a sus pacientes, y sanar requería confortar.
Con ese pensamiento en mente, la pelirosa suavemente acarició el cabello oscuro de Madara mientras continuaba canalizando su chakra a través de él. De estar de pie pasó a sentarse en la cama junto a él y su cuerpo se desplomó sobre ella, su rostro enterrado entre su cuello y su hombro y su largo cabello negro rozaba su piel.
Madara se relajó en el tacto de Sakura. Odiaba lo vulnerable que lo hacía sentir. Odiaba como le arrebataba su poder y lo reducía a nada. El Uchiha rechinó los dientes. Había masacrado a muchos en su larga vida, había evadido a la muerte, había muerto más de una vez para después revivir, casi había erradicado al mundo, era el infame Uchiha Madara, era una leyenda. Pero a pesar de todo eso, la patética médico de pelo rosa era capaz de desarmarlo completamente. Dependía completamente de ella. Con ella no era nada más que un barco hundiéndose tratando de aferrarse a un salvavidas. Sabía que sin ella no podía mantener a su locura a raya. No podía controlar el odio ni la amargura si ella no estaba allí. Probablemente terminaría en la posición en la que estaba antes de haber sido resucitado; lleno de venganza, odio y oscuridad. La segunda, no, tercera oportunidad que se la había brindado no significaría nada si no estaba con ella. Se daba cuenta de eso ahora.
"Médico," murmuró en el hombro de Sakura. Cuándo ella no respondió, se corrigió a sí mismo.
"Haruno Sakura…"
"¿Mmm?" respondió, y él sintió su rostro inclinarse ligeramente en su dirección. Abrió su boca, pero nada salió. Fue todo lo que pudo hacer para evitar rendirse ante la necesidad que lo abrumaba. Fue todo lo que pudo hacer para detenerse a sí mismo de rogar. Él no rogaba. Madara sabia lo que queria decir. Sabía lo que quería decir pero su orgullo prohibía a las palabras dejar sus labios. Su orgullo ya había sido fragmentado y aun se aferraba a los pedazos. No diría por favor.
"¿Qué?" preguntó ella de nuevo. En vez de la confiada demanda que había querido, su voz resultó baja y llena de emoción.
"No te lastimes. No te enfermes… y no me dejes de nuevo. Lo prohibo."
