Disclaimer: Esta increíble historia es obra de Dakkaman777, basada en los personajes de los libros de George R. R. Martin y la serie producida por HBO, la traducción es completamente mía, con el debido permiso del autor. Y un agradecimiento especial a mi hermana (que ODIA leer) por haber sido la beta de este capítulo, ¡gracias Andy Pandy!


Nota: Quien haya llegado a esta historia, ¡felicidades! Es una pequeña joya que Dakkaman777 nos regala, una de las mejores historias que he leído jamas, totalmente acorde con los personajes y la historia que se desarrollo por más de 10 años. Mucho mejor que él cannon en esta octava temporada.

El autor escribe una nota muy larga como presentación, pero en pocas palabras dice lo que todos sabemos y sentimos, D&D nos jodieron duro y feo, acabaron con personajes increíbles, dándoles líneas pésimas, historias terribles y finales totalmente desastrosos. ¿Qué puedo decir? Así que él se puso a escribir lo que le hubiera gustado que pasara en al temporada, y en mí muy personal punto de vista, lo hace increíblemente bien, tiene sentido y contexto, sin dejar de lado la verdadera esencia de los personajes.

Esto lo comenzó a escribir después del capitulo 4, creo, y toma varias cosas de la temporada dándoles siempre un giro para que encajen perfectamente con la historia que esta construyendo, son capítulos muy largos y completos, actualmente esta en el capítulo 11 y no tengo idea de que tan larga vaya a ser la historia, así que lo vamos a ir descubriendo juntos.

Pienso actualizar todos los domingos de ser posible, y que haya actualizaciones constantes, aunque claro, como es una historia aun en proceso si llegamos a la par de la original ahi sí dependerá del autor cada cuando haya actualizaciones.

Aquí hay varios detalles, jamás he visto la serie en español y los libros apenas estoy comenzando a leerlos, pero verdaderamente me NIEGO a escribir Jon Nieve o Señor Nieve, incluso Señor Snow, es por eso que me di la libertad de conservar algunas palabras en ingles (igual que en los libros) como Lord, Lady, Winterfell (no hay forma de que pueda decirle Invernalia) So sorry.

Si al final hay varios a los que les molesta podemos cambiarlo, pero de entrada es como lo decidí.

Personalmente amo interactuar con los lectores, y después de tantos años sin publicar nada, ya sea original o traducción, regreso con una historia que me hace muchísima ilusiono y que amé con todo el corazón. Verdaderamente una de las mejores que he leído en todos los años que llevo en esta página. Así que los reviews, PM, comentarios y opiniones son siempre recibidas y apreciadas, sin olvidar que están entrando a una historia clasificación M. Gracias :)

Una vez dicho todo esto los invito a pasar y leer esta extraordinaria historia, y como dicen por ahi, FUCK CANON!

Disfruten :)

Caro.

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Capítulo 1

Arribo Real

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El sonido de las marchas pesadas llenaron el aire mientras pequeñas gotas blancas de nieve bailaban hacia abajo, toda la gente de Wintertown estaba asombrada ante la vista frente a ellos. Hombres, mujeres y niños de todas las edades estaban de pie con los ojos como platos y boquiabiertos mientras legiones de hombres cubiertos de pies a cabezas con una armadura negra pasaban en perfecto unisón por la calle.

El crujido de la nieve y hielo bajo sus pies, era ahogado por fuertes órdenes gritadas en Alto Valyrio, el sonido de escudos y lanzas traqueteando mientras sus portadores avanzaban hacia el castillo que se veía a la distancia a través de la nieve.

Un niño pequeño trepó un árbol cercano para tener una mejor vista de el ejército que se aproximaba, no se decepcionó con las vastas legiones de Inmaculados que parecían extenderse en la distancia, sus números eran miles. Detrás de ellos, grandes números de hombres montados en caballos, gritando y chillando mientras giraban sus arakhs en el aire, era un espectáculo que siempre estaría grabado en la memoria del Norte durante eones.

La llegada de Los Últimos Dragones, si sobrevivían a La Noche que se aproximaba.

Una niña sonrío entre la multitud al ver al niño mirando en la distancia, esa niña era Arya Stark, una de los tres hijos sobrevivientes de Lord Eddard Stark.

Vestida con los cueros del Norte, con su daga y su aguja escondidas debajo de la capa, mezclada con la multitud, fue bastante fácil para Nadie desaparecer en una multitud de rostros.

La joven Stark tenía que admitir que estaba muy impresionada con la vista del ejército que se aproximaba, el impecable tempo de la marcha de los Inmaculados los hacía parecer un solo ser, en lugar de un ejército de miles. Debió haber tomado una insana vida de intenso entrenamiento para qué tantos hombres se forjaran en soldados tan disciplinados.

Como Arya sabía por experiencia, las personas se parecían mucho al metal, golpealos, dales forma y hazlos pasar por un infierno y pueden lograr cualquier cosa.

Justo cuando el pensamiento dejó su mente Arya vio a la persona que estaba esperando. Montado en un gran semental negro estaba el Rey del Norte, envuelto en piel de lobo, su coraza (1) portando el escudo del Lobo Huargo de los Stark, una hermosa y al mismo tiempo simple espada larga enfundada a un costado de su caballo, sus largos rizos obscuros estaban atados detrás de su cabeza, y su melancólico rostro adornado con cicatrices de batallas pasadas.

Jon había cambiado mucho desde la última vez que Arya lo había visto, se precia tanto a su padre que era irreal, pero lo que también sorprendió a la joven Stark fue la compañera de viaje de su hermano. Montando a horcajadas una yegua de pelo plateado, estaba tal vez una de las mujeres más hermosas que Arya había visto jamás. Largos rizos plateados atados en intrincadas trenzas, ojos lilas que habían visto el horror de primera mano, vestida con el abrigo blanco de pieles más fino con toques de rojo Targaryen debajo, Daenerys Targaryen; la reina Dragón en persona, sin duda lucía el papel.

Aryan nunca había pensado en todos esos años apartada de su familia, que Jon alguna vez llegará más lejos, que un defensor más de El Muro, Lord Comandante era la posición más alta que creía posible para su hermano. Ciertamente le había demostrado que estaba equivocada, un rey guerrero real y probado en batalla, flanqueado por legiones de los más grandes soldados del mundo, cabalgando junto a la más hermosa mujer en el mundo. Había recorrido un largo camino de ser el bastardo de Winterfell.

Jon no vio a Arya mientras pasaba, su entrenamiento de hombre sin rostro rindiendo sus frutos. Arya no quería que su primer encuentro con su hermano fuera público, su amor de hermanos siempre fue privado entre ellos dos.

Pero justo cuando Arya estaba a punto de irse, vio dos rostros surgir de la multitud, dos rostros que no esperaba ver aquí en el Norte de entre todos los lugares; la primer cara, medio quemada y velluda, vistiendo chaleco de cuero desgastado, muy diferente de la oxidada y rota armadura y el jubón que llevaba la última vez que lo vio, Sandor Clegane, el Perro, un hombre que Arya había dado por muerto.

La joven no tuvo tiempo de que esta revelación se asentará en ella, cuando noto el rostro del hombre cabalgando junto a el Perro, el otro hombre era una cara que había ansiado ver, otro hombre que había dado por muerto, Gendry Waters; el bastardo de Robert Baratheon. Ciertamente había crecido bien, ya no era ese joven herrero de pelo rizado, se había convertido en un hombre.

Arya se encontró sonriendo, feliz de verlo vivo y bien, y que no hubiera sido quemado en la hoguera por la mujer roja que lo secuestró. Muchas emociones pasaron por la cabeza de Arya en ese momento, al ver a dos hombres que la ayudaron tanto en sus viajes, ambos dados por muertos solo para aparecer vivos.

La joven loba se volvió y desapareció entre la multitud, como era su costumbre estos días. Se reuniría con sus amigos, tanto viejos como nuevos, cuando le conviniera, cuando tuvieran tiempo de instalarse.


El aire frío no iba con Missandei, su vida entera la había vivido en los lugares más cálidos del mundo, Naath, Astapor, Mereen, por nombrar algunos. Ni siquiera había visto la nieve antes de venir a Poniente; y si bien se veía hermosa, no iba con ella en lo más mínimo.

Pero aquí, sentada frente a Lord Tyrion y envuelta en una gruesa capa de piel, Missandei de Naath estaba teniendo dificultades para adaptarse al clima del Norte. Tyrion estaba bien vestido para el clima; siendo de Poniente estaba mucho más acostumbrado a climas más fríos que la lingüista, eso y que su barba ciertamente lo ayudaba a mantener caliente su cara.

—Diría que te acostumbras al Norte después de un tiempo, pero desafortunadamente o mueres de frío, o te vuelves como todos los demás aquí,— dijo Tyrion mirando fuera del carruaje hacia los Norteños reunidos afuera.

—Eso ciertamente explicaría porque Lord Snow es excepcional para parecer melancólico,— sonrío Missandei detrás de la capa. Tyrion levantó una ceja en respuesta y sonrió.

—Estoy comenzando a pensar que mis chistes te están contagiando,— Tyrion sonrió; feliz de que el clima no estuviera llegando a Missandei tanto como había pensado.

La traductora miro a la multitud de personas que le lanzaban miradas feas; muchos de ellos la miraban con ojos llenos de desconfianza. La gente aquí se veía muy diferente a lo que ella estaba acostumbrada; se veían ásperos, harapientos, como si hubieran pasado por un infierno, esa miseria era todo lo que conocían. Las miradas de dolor que vio en muchos de ellos sin duda le recordaron a los esclavos de Essos.

Missandei no quería sucumbir el miso odio al que los Norteños sucumbieron, el odio hacia otros, el odio hacia esos que eran diferentes. Ella quería creer que esas personas podían ser buenas, que todo lo que tenían era una trato de mierda con la vida, un acuerdo que su Reina mejoraría con el tiempo.

En cierto modo estas personas eran esclavas de la rueda que Daenerys tanto quería romper; habían sido pisoteados, aplastados, por lo tanto, no era una sorpresa que la vieran cómo lo hacían.

—Ya se suavizaran, dales tiempo,— dijo Tyrion cuando notó que Missandei miraba a la multitud.


Daenerys podía sentir los ojos que la penetraban, cada par de ojos dé Norteños decían miles de palabras; "¿Qué estás haciendo aquí?", "Invasora extranjera", "Hija del Rey Loco", "Puta Dragón", prácticamente podía oír el silbido cuando entró a la fosa de serpientes. No esperaba una gran bienvenida, pero por lo que Jon le había dicho, esperaba algo mucho peor.

Esperaba puertas cerradas, fruta podrida siendo arrojada hacia ella, una multitud de campesinos aullando y en busca de sangre. Podía soportar miradas sucias y ojos de odio.

—Te advertí… los Norteños no confían mucho en forasteros,— habló Jon desde la parte de atrás de su semental.

—Entonces voy a hacer mi meta cambiar eso,— contestó Dany con una sonrisa.

—Estoy seguro de que no sería la primer cosa imposible que has hecho— Jon le devolvió la sonrisa. La calidez en su mirada era suficiente para alejar las frías y amargas miradas de los norteños.

Un fuerte chillido llenó el aire, seguido de un poderoso batir de alas mientras Drogo volaba hacia abajo desde las nubes. Los Norteños entraron en pánico, un colosal Dragón negro como Drogo no era un espectáculo que inspirara esperanza en personas que conocían a los Dragones como poderosas armas de guerra y destrucción. Eso era solo una cosa más que ella iba a tener que cambiar.


Jon creyó conveniente que él fuera el primero en entrar por las puertas de Winterfell, aunque estaba dando la bienvenida a Daenerys como la invitada que era, también quería asegurarle a su familia que estaba vivo y bien. Además, pensó que era mejor prepararlos para la llegada de su Reina.

Pero mientras Jon cruzó las puertas, lo vio, al hermano pequeño que creía haber perdido. El hermano pequeño que estaba en un coma profundo la última vez que lo vio. Definitivamente había cambiado, parecía mayor, pero no había forma de confundirlo, era Bran.

Rápida y cuidadosamente Jon desmontó su caballo y corrió hacia el chico lisiado, arrojando sus brazos alrededor del niño al instante y plantando un firme besos contra su frente.

—Mírate… eres un hombre,— sonrió Jon, el vaho (2) de su aliento emergió mientras se llenaba de alegría.

—Casi,— contesto Bran, sin un indicio de emoción en su rostro. Solo entonces Jon notó sus ojos, no eran los ojos de una niño feliz, ni los ojos de un hombre adulto. Bran siquiera parecía sorprendido por el regreso de Jon o por cómo había cambiado.

Lo que fuera que le había pasado a Bran al norte del Muro, lo había cambiado para siempre.

Jon saludo rápidamente a Sansa, sosteniendo a su hermana en un cálido abrazo, pero incluso entonces, podía sentir que sus ojos y su atención no estaban en él, estaban fijos en la mujer con cabello plateado que estaba a unos pies de distancia.

—¿En dónde está Arya?— preguntó, notando la ausencia de su hermana favorita.

—Al acecho en alguna parte,— ella contestó, sin quitar sus ojos de Daenerys por un instante.

Jon ya podía ver de dónde llegarían los problemas; desde que se arrodillo ante Dany, sabía que Sansa sería la primera en armar revuelo acerca de eso. No estaba ansioso ante la inevitable charla que se avecinaba.

Justo cuando el pensamiento cruzó su mente, Jon se giró para ver a Daenerys aproximarse, Ser Jorah obedientemente de pie a su lado mientras lo hacía.

—La Reina Daenerys de la Casa Targaryen…— Jon le presentó a la Reina a Sansa, ya podía ver a Lyanna Mormont y Lord Royce del Valle mirarla con desprecio y sospecha.—… mi hermana, Sansa Stark; Lady de Winterfell— Jon presentó a su hermana.

—Gracias por recibirnos en su hogar, Lady Stark. El Norte es tan hermoso como afirmó su hermano, igual que usted,— Daenerys sonrió; tratando de ser lo más amigable y cortés posible.

No quería ser vista como una invasora, venía a salvar el Norte, no a quemarlo.

—…Winterfell es suyo… su alteza,— respondió Sansa después de una pausa. Ambos, Dany y Jon podían sentir el desprecio de Sansa, cualquiera con ojos podía ver que no estaba feliz.

—Creo que es mejor que entremos, ha sido un largo viaje y todos podríamos beneficiarnos de un poco de descanso,— sugirió Jon.

—El descanso puede venir más tarde Lord Snow; venimos a planear las defensas de Winterfell y el Norte; odiaría que todos los Señores y Señoras del Norte se hayan reunido simplemente para verme ir a descansar,— respondió Daenerys con una sonrisa tan leve que solo Jon la notó.

—Muy bien, Su Alteza, el salón principal está por aquí,— dirigió Jon. Dany lo siguió, seguida de cerca por su siempre protector caballero, Ser Jorah.


El silencio de los Señores del Norte reunidos no era algo que Dany o Jon estuvieran buscando. Tanto la Reina Dragón como el Lord Lobo sabían que los Norteños estarían resentidos por qué Jon renunció a su título de Rey del Norte, arrodillándose a una Reina Sureña que era la hija del Rey Loco. Pero sin embargo, parecían estar actuando tan respetuosos como podían.

Les gustará o no, Dany era su invitada, y ni un solo Lord o Lady presente sería acusado de no darle a su invitada la decencia que merece, especialmente después de que se hubiera dado la tradicional ceremonia del huésped en el Norte.

Lord Glover, Lord Manderly, Lord Cerwyn, Lady Mormont, Lord Umber y Lady Karstark, estaban todos presentes. Los Lords menores también estaban reunidos, así como un representante de la Gente Libre destinado al castillo. Lord Royce del Valle también se sentó cerca, dando miradas de advertencia a Sansa a lo que respectaba a la Reina Dragón.

Sentado a la cabeza de la mesa estaba Jon, a su derecha estaba su hermana, Sansa, a su izquierda la Reina Daenerys. Tyrion se sentó cerca del final, mientras Missandei y Grey Worm se pararon cerca, a lado de Ser Jorah; vigilando atentamente a su Reina.

Desafortunadamente Varys no estaba presente, Daenerys pensó adecuado que se quedara y manejara Dragonstone en su ausencia. Varys no era una mente para la guerra y Tyrion señaló que sería un pobre luchador, así que Daenerys le ordenó hacer lo que hacía mejor, ser el Consejero de los Rumores y encontrar una manera de derrotar a Cersei desde dentro.

Daenerys tenía que admitir, Tyrion tenía razón cuando dijo que era triste en el Norte. La gente no estaba bien atendida, se veían sucios, constantemente luchando contra el frío. La miseria mordiéndolos constantemente en todos los sentidos. Pero no era tan malo como había pensado, a un forastero los Dothraki le parecían salvajes brutales, pero por experiencia, Dany los conocía como poderosos y vigoroso guerreros.

Ella sabía, muy en el fondo, que los hombres del Norte compartían eso con ellos, así que les daría una oportunidad.

—Nosotros te nombramos Rey del Norte, Jon Snow. Sin embargo, regresas a nosotros como un simple Lord, un Guardián; depositamos nuestra fé en tí, y nos lo pagas sometiéndonos a una gobernante extranjera,— Lord Glover habló primero, como era su costumbre.

Muchos de los otros Señores del Norte golpearon sus puños contra las mesas de madera colocadas alrededor. Pero cuando Jon se levantó de su asiento, todo quedó en silencio; puede que ya no fuera el Rey del Norte, pero todavía imponía respeto con su presencia.

—Creo que ha olvidado mis razones para dejar Winterfell, en primer lugar, Lord Glover, deje el Norte para traer aliados en la guerra que se avecina, y la Reina Daenerys consideró oportuno suministrarnos dos ejércitos, dos Dragones adultos y todo el Vidrio de Dragón que necesitamos para la guerra,— contestó Jon.

—¿Qué hay de las provisiones? No me malinterpreten, estamos agradecidos por la asistencia, pero la última vez que contamos teníamos suficiente comida almacenada para que nos durará el invierno, pero no tuve en cuenta a los Dothraki, Inmaculados, y dos Dragones adultos…¿como esperas que los alimentemos a todos?— preguntó Sansa.

—Antes de emprender el viaje al Norte vaciamos nuestras despensas en Dragonstone. Junto con las provisiones suministradas de Bahía de Dragones tenemos suficiente comida para alimentar ambos de nuestros ejércitos y ayudar en la alimentación de las fuerzas del Norte,— recitó Tyrion. Se dió a sí mismo una palmadita interna por planear con anticipación. Sería una estupidez monumental prepararse para la guerra sin las previsiones adecuadas.

Daenerys le dió a su Mano una pequeña inclinación de agradecimiento, Tyrion tuvo sus errores recientemente, pero esta pequeña victoria fue notada por su Reina.

—Aún tenemos que ver el ejército que nos dice que está en camino. Historias para niños de Caminantes Blancos, sólidas arañas y Gigantes, no son suficientes para desviarnos de tu decisión, Jon Snow,— Lord Manderly se puso de pie, expresando su opinión.

—Un Gigante murió retomando este mismo castillo en el que está, Lord Manderly. Un Lobo Huargo deambula en estos mismos pasillos y hay dos Dragones sobrevolando los cielos sobre nosotros, en este mismo momento, ¿está diciendo que tiene problemas con los Caminantes Blancos después de ver todo esto?— respondió Sansa, poniéndose del lado de su hermano. Lords Manderly se dio cuenta de su error rápidamente y se sentó de nuevo.

—Mi hermano no es un mentiroso, si él dice que el Ejército de los Muertos es real, entonces debemos tomar su palabra,— añadió Sansa; sabía que Jon estaba tan lejos de ser un mentiroso como un hombre podía estarlo, y ella creía sus historias, de lo que acechaba detrás del Muro.

—Mis Señores,— Daenerys se puso de pie, ganando la atención inmediata de todos los reunidos. Con su abrigo de piel blanca y brillante cabello plateado, parecía iluminar la misma habitación.

—He volado al norte del Muro; antes de hacerlo pensaba como ustedes, que las historias de Jon Snow sobre Caminantes Blancos y el Ejército de los Muertos no eran más que eso… historias. Pero los he visto con mis propios ojos, son reales; rocíe fuego de Dragón sobre ellos y no hizo nada para reducir sus números…— Daenerys recordó el momento en que escuchó el mortífero chillido de Viserion, ese llanto de una madre que no pudo ayudarlo, y la lleno con feroz resolución.—…cuando vine a Poniente, tenía tres Dragones, hora tengo solo dos. El mismo Rey de la Noche derribó a mi hijo más joven con una lanza de hielo, después de eso casi cobro mi vida, junto con las vidas de Lord Snow y los valientes hombres que lo siguieron en su misión.— Daenerys habló con confianza y gracia, siempre la Reina.

—Con respeto, Su Alteza. No nos medimos con la opinión de un Sureño aquí, su padre se encargó de eso el día que asesinó a Lord Rickard y Lord Brandon en su Sala del Trono. Por lo que sabemos, usted es igual a él, y ha encontrado un cambio hacia el Norte jugando con las fantasías del Ejército de los Muertos de Lord Snow…— comenzó Lord Glover hasta que…

*¡BANG!*

Jon golpeó su puño en la mesa frente a él, un poco más fuerte y habría un agujero en donde su puño había impactado la madera. Una mirada de furia fría en sus ojos, una mirada que no muchos pudieron ver y seguir con vida, en ese momento el Bastardo de Winterfell dejó de existir, y en su lugar se encontraba un feroz Rey Lobo con el fuego de un Dragón que Balerion El Terror Negro, hubiera temido.

—Lord Glover, con respeto a su casa… hablaré con franqueza cómo usted lo ha hecho conmigo. La Reina Daenerys fue al norte del Muro debido a un plan concebido por mí para probar la existencia del Ejército de los Muertos a los Lannister. Durante esta misión perdimos mucho; Thoros of Myr, muchos hombres valientes de la Gente Libre y el Dragón de la Reina Daenerys, Viserion. No tomo esos sacrificios a la ligera, y si usted insinúa una vez más que estoy inventando esas historias, voy a hacer que se arrepienta,— Jon habló con todo el fuego de un comandante endurecido por la batalla.

Lord Glover fue visiblemente sacudido por la ferocidad de la respuesta de Jon.

—La Reina Daenerys no confiaba en mí cuando llegue a Dragonstone, y ¿porque debería hacerlo? Tenía tantas razones para confiar en mi palabra, como cualquier extraño que nunca había puesto un pie en Poniente, fácilmente podría haberme ejecutado por traición, o quemarme vivo; pero no lo hizo, en su lugar nos permitió extraer el Vidrio de Dragón y hacer armas de el. No tenía que venir a nuestro rescate más allá del Muro, ella no vino porque eso apoyaría su derecho al trono, ella vino porque era lo correcto por hacer. Vino al Norte con sus ejércitos y sus Dragones porque era lo correcto…—continuó Jon, con fuego en su voz.

Daenerys no pudo evitar mirar con asombro al hombre a su derecha, toda su vida había escuchado historias de feroces guerreros, reyes de leyendas, pero después de ver el mundo con sus propios ojos pensó que eran falsos. Fue solo al ver a Jon hablar con tanto fuego y pasión, que supo que le había dado su corazón al hombre correcto.

—Y solo para que estemos perfectamente claros, Lord Glover, si salimos de esta guerra vivos, será porque la Reina Daenerys Targaryen y sus ejércitos lo hicieron, y en caso de que alguno de ustedes lo haya olvidado, el enemigo real nos supera ampliamente en números, ellos no sienten miedo o pena, remordimiento ni hambre, no tienen sed, no duermen y no se detendrán hasta que todo ser viviente en el mundo sea parte de su ejército,— anunció Jon claramente, con poder en su voz.

Si Dany no lo supiera, diría que él era un Dragón, por lo feroz de su respuesta.

Lord Glover pareció conmocionado con la pasión que Jon uso en su pequeño discurso, habló de las mismas cosas de que solía hablar, pero sin el seco cansancio del acento Norteño. Sonó más como un Rey en ese pequeño discurso, que nunca antes.

Un fuego se había despertado en Jon Snow, un fuego que no sabía qué tenía.

—Las palabras de la Casa Stark siempre han sido "Se acerca el invierno" nosotros los Norteños lo sabemos mejor que nadie, pero no se equivoquen mi Señores, el invierno está aquí y los Muertos vienen con él. No podemos permitirnos que las pequeñas diferencias nos sigan dividiendo. Norteños, Sureños, gente de Poniente, Essos, La gente Libre, Ciudadanos del Valle, Starks, Lannister, Targaryen, no importa que seamos… todo lo que importa es que estamos todos vivos… y eso hace a La Muerte nuestro verdadero enemigo.

El silencio en el salón principal era tan tenso que se podía escuchar caer un alfiler. Lord Glover despacio pero seguro se sentó, su postura tensa hablaba en volúmenes de lo mal que lo había silenciado su Rey, Davos tenía una sonrisa pegada en su rostro, lleno de orgullo por el hombre que consideraba como a otro hijo.

—Lord Snow.— Lady Lyanna Mormont se puso de pie, a pesar de que apenas era una niña, ejercía el respeto de una Dama del Norte. —Cuando lo nombramos Rey del Norte, juramos nunca más arrodillarnos ante un gobernante Sureño,— Lyanna estaba por continuar hasta que Daenerys la interrumpió.

—Perdóneme, my Lady, no hemos sido presentadas,— dijo Daenerys tan educadamente como pudo.

—Lyanna de la Casa Mormont, Su Alteza,— ella contestó rápidamente sin tartamudear.

—Mormont… le debo a su Casa una gran deuda, my Lady. Su primo Jorah ha sido mi protector más firme durante muchos años.— Asintió Daenerys con una sonrisa amable.

—El primo Jorah fue desterrado del Norte hace mucho tiempo por Ned Stark; vendió hombres como esclavos y trajo vergüenza a nuestra casa,— contestó Lyanna, mirando de cerca a Jorah mientras hablaba.

—Soy muy consciente de ello, Lady Mormont. Pero, en los años que he conocido a su primo no ha sido más que un caballero honorable, un asesor leal y un amigo confiable. Solo espero que pueda encontrar en usted darle una segunda oportunidad,— contestó Daenerys. —Ahora, por favor, hable con confianza,—pidió Daenerys, cruzando las manos delante de ella.

—No la conozco, Su Alteza. Ninguno de nosotros lo hace, con la excepción de Lord Snow. No hemos tenido una buena historia con los gobernantes en nuestro tiempo, su padre era un hombre loco, el Rey Robert era un borracho que andaba de puta en puta, Joffrey era pura maldad, Tommen era un niño pequeño y débil, y Cersei… si los rumores son ciertos, encaja con el patrón. ¿Cómo podemos creer que es diferente a cualquiera de ellos?— preguntó Lyanna.

Las preguntas eran ciertas, la Osa era alguien a tener en cuenta, como Dany había descubierto. Jon le había advertido, así como Jorah, que Lyanna era feroz, una pequeña parte dentro de Dany susurró "Me gusta esta niña" y Jon le dirigió una mirada que practicante decía "Sabía que lo haría".

—Lady Mormont, sé qué Poniente ha tenido su justa porción de hombres locos, carniceros y aquellos que no son aptos ni siquiera de mirar la corona, aún menos de llevarla. Cualquier promesa que haga delante suyo caerá en oídos sordos, así que no voy insultarla o a su inteligencia y simplemente diré… haré de mi misión probar que se equivoca conmigo,— respondió Dany.

Lyanna y prácticamente todos los Lords presentes le dieron a Daenerys una mirada de sorpresa, sin esperar que la hija del Rey Loco diera una respuesta tan elocuente sin las palabras de un político corrupto. Dany sabía por Jon que sus palabras no influirían en los Norteños, tendría que ganarse su lealtad con acciones.

Y eso era exactamente lo que planeaba hacer.

Sentándose, Dany asintió a Jon, quien le devolvió una rápida inclinación en respuesta. Las miradas que Sansa le había estado dando a Daenerys todo el tiempo, habían cambiado lentamente de desconfianza, a confusión, a sorpresa. Dany podía decir que Sansa no había bajado al guardia aún, pero era un buen inicio considerando todo.

Un paso a la vez.

—Lord Umber,— llamó Jon al más joven Lord presente.

—Si, mi Lord,— Ned Umber contestó rápidamente tras oír el ardiente discurso de Jon y la elocuente respuesta de Dany.

—Su gente esta ubicada más cerca del Muro, si cae, Last Heart será la primer fortaleza que estará en contacto con los muertos. Comience a evacuar a aquellos que viajen lento, los enfermos, los ancianos, los niños, las familias pequeñas. Cuando los Muertos atraviesen no tendrán el lujo de viajar despacio,— ordenó Jon con un asentimiento.

—Necesitaremos mas caballos y carretas para ayudar a moverlos, mi Lord,— Ned Umber contestó rápidamente, no siendo lo bastante mayor o sabio para cuestionar a Jon.

—Tendrá los caballos y carretas que solicita, Lord Umber,— sonrió Sansa.

—Gracias, mi Lady,— asintió Ned, antes de regresar a su asiento.

—Maestre Wolkan,— llamó Jon al Maestre residente para que diera un paso al frente.

—Si, mi Lord,— respondió Wolkan obedientemente.

—Comience a enviar cuervos a los ciudadanos más cercanos a el Muro, deberán evacuar a Winterfell tan pronto como sea posible, asegúrese de decirles que traigan tanta comida, ropa y herramientas como puedan, solo lo esencial. Necesitaremos cada hombre, mujer y niño fuerte que podamos obtener para lo que está viniendo,— ordenó Jon.

—En seguida, my Lord,— asiento Wolkan y se fue para cumplir con su deber.

—Mis Señores, mis Señoras. Mañana nos reuniremos de nuevo para discutir planes de batalla, por ahora ha sido un largo día, así que, si me disculpan, debo mostrarle a la Reina Daenerys y a su gente sus aposentos,— Jon asintió a los Lords que comenzaron a dispersarse.


Las puertas de las habitaciones del Lord se abrieron con un crujido audible, Daenerys entró después de que Jon sostuviera la puerta abierta para ella, una vez su Reina estuvo dentro, Jon entró y cerró la puerta detrás de él. Esta era la primera vez que Jon y Dany estaban solos desde el día que habían llegado a White Harbour, y la tensión entre los dos se podía sentir.

—Entonces, ¿te gusta mi hogar?— preguntó Jon, rompiendo el silencio.

—Ciertamente tiene sus encantos,— volteó Dany y le sonrió.

Jon le devolvió la sonrisa, quitándose la capa de piel y dejándola caer sobre un banco cercano, llevando ahora solo su jubón (3) de piel; se quitó los guantes y desabrocho el cinturón de su espada. Dani levantó una ceja ante esto y le sonrió con una mirada de advertencia, el brillo naranja del fuego haciéndola incluso más etérea y hermosa de lo usual.

—Mi Lord Snow… ¿qué pensarían los otros Lords si pudieran verlo ahora?— sonrió Dany mientras caminaba hacia Jon; quitándose los guantes mientras lo hacía.

—¿Honestamente? Celos,— sonrió Jon mientras pasaba su brazo izquierdo alrededor de la cintura de Dany y la acercaba.

Dany y Jon ahora estaban separados por solo una pulgada; sus hermosos ojos lila se encontraron con sus hambrientos ojos gris hierro mientras el fuego criptó alrededor de ellos. La Reina Targaryen sonrió mientras ponía las manos sobre sus hombros con afecto.

—Debo decir, que el Norte es mas frió de lo que esperaba,— sonrío Dany, su aliento y el de Jon se mezclaban en el espacio entre ellos.

—No te preocupes… yo te mantendré caliente.— Jon, lenta y amorosamente encontró los labios de Dany; sus ojos se cerraron mientras disfrutaban de este momento de paz.

El dulce olor de la Reina Dragón llenó las fosas nasales de Jon, sus labios se sentían más suaves que la seda más fina, y los sonidos de satisfacción que ella hacía, llenaban su corazón de alegría. No pudo evitar subir su mano derecha y acariciar suavemente su cuello; su piel era más fina que todas las sedas del mundo y él era el único capaz de tocarla de esta manera.

Dany dejó escapar un suave suspiro cuando su beso se volvió más apasionado; Jon exigió la entrada a su boca, que ella con gusto le dió. Sus besos se volvieron cada vez más apasionados y acalorados a medida que el fuego se cumulaba entre ellos, la mano derecha de Jon ya no acariciaba a su Reina, sino que la acercaba, mientras su lobo interno tomaba el mando.

En este momento no eran la Rompedora de Cadenas y el Bastardo de Winterfell, no eran la Khaleesi del mar Dothraki y el antiguo Comandante de la Guardia de la Noche, no eran la Reina de los Siete Reinos y el Guardián del Norte, ni siquiera eran Daenerys Targaryen y Jon Snow en este momento.

Ella era su mujer, y él era su hombre.

Cuando Jon comenzó a dirigir a Daenerys hacia la cama; ella rompió el beso con un repentino jadeo y colocó sus manos contra su pecho. Inmediatamente saliendo de su aturdimiento, Jon se preguntó si había hecho algo mal. Él y Dany habían compartido muchas noches juntos desde que dejaron Dragonstone, pero no habían hecho el amor desde que desembarcaron en White Harbour.

¿Podía estar teniendo dudas?

—Tienes fuego dentro de ti Jon… debes aprender a controlarlo, o vas a quemar a alguien,— sonrió Dany después de recuperar su aliento.

Jon sonrió cuando se dio cuenta de que simplemente iba un poco rápido; mirando hacia abajo vio que ya estaba en el proceso de desvestir a su Reina. Respiro profundo y le sonrió amorosamente, no necesitaba apresurarse, estaban en su hogar y ella era su invitada.

—Supongo que es algo bueno que seas la que no Arde— Jon le devolvió la sonrisa mientras apartaba un mechón plateado de la cara de Dany.

Tomando un respiro profundo, Jon la dejo ir y fue a sentarse a un lado de la cama. Dany se unió rápidamente, y cariñosamente recostó su cabeza contra su hombro, tenían todo el tiempo del mundo justo ahora, para simplemente amarse el uno al otro.

—Estas solían ser las habitaciones de mi padre, hace mucho tiempo. Reservadas para el Señor de Winterfell, el poderoso Guardián del Norte,— Jon le dijo a Dany mientras ella se apoyaba en él felizmente.

—¿Qué pensaría de nosotros?, ¿Tu padre?— preguntó Dany.

—Necesitaría tiempo para acostumbrarse a ti… pero creo que te hubiera querido. Odió lo que los Lannister le hicieron a tu familia, no hay honor en masacrar niños inocentes por lo que hizo su abuelo,— explicó Jon mientras rodeaba con un brazo los hombros de Dany y la abrazaba fuerte.

—Desearía haberlo conocido,— susurró Dany después de besar suavemente la mejilla de Jon.

—Sí, yo también,— sonrío Jon mientras inclinaba su cabeza contra la de Dany.

Por unos momentos, Jon y Dany solo se quedaron ahí, sentados; escuchando el crepitar del fuego y el sonido de la respiración del otro. Lenta y suavemente, Dany agarro la mano derecha de Jon con la suya, el suave sentimiento de la piel del otro solo aumentó la paz y la felicidad que estaban sintiendo.

Al principio Jon pensó que lo que sentía por Daenerys era simple deseo o admiración, ella era hermosa, no había duda de ello, y tenía la fuerza y el coraje de un Dragón. Pero en momentos como estos, en donde simplemente podían dejar los títulos, las líneas de sangre, y los derechos de nacimiento se desvanecieran, en donde simplemente podrían ser ellos en su forma más pura el uno con el otro, Jon lo sabía.

Estaba enamorado.

Y por la forma en que ella reaccionaba, por la forma en que ella lo miraba, con afecto y vulnerabilidad, él sabía que ella lo amaba también. Eran dos personas diferentes, de mundos diferentes; él un guerrero del Norte que creció con frío y vergüenza; ella una princesa exiliada, sentenciada a caminar en el calor abrazador de Essos.

Aun así, el destino los había reunido, dos personas con tanto en común, pero aun así tanto para distanciarlas. Jon tenía que creer que los Dioses que existían, sean los Dioses Antiguos, o los Siete, o incluso el Señor de la Luz que lo trajo de vuelta de la muerte; que cualquier Dios que dominará este mundo consideraba adecuado unirlos.

Enamorarse era simplemente inevitable.

—Jon, por favor quédate conmigo esta noche,— susurró suavemente Dany.

—No creo que eso sea un buen mensaje para los Señores del Norte,— Jon susurro suavemente en respuesta, acariciando su sedoso cabello plateado.

—Que se jodan los Señores del Norte,— respondió ella con una sonrisa.

Jon soltó una sorprendida y pequeña risa; escucharla ser tan franca y burda fue una grata sorpresa, que le dejó saber que no estaba hablando con la Madre de Dragones justo ahora, estaba hablando con Dany.

—No creo haberte escuchado maldecir así antes,— Jon se rió entre dientes mientras levantaba la cabeza para encontrarse con su gentil mirada.

—Creo que eres una mala influencia. Eso, o lo aprendí de Ser Sandor en nuestro camino aquí,— ella sonrió mientras se inclinaba más hacia su amante, frotando su cara contra la de él.

—Espero que haya sido lo único que aprendiste él,— Jon se rió entre dientes mientras levantaba su mano para acariciar suavemente su suave mejilla, una vez más.

No podía tener suficiente de ella, y por la forma en que ella lo estaba acariciando, ella tampoco podía. Sentían como si hubieran sido hechos para complacerse el uno al otro; como si todo se redujera a eso, incluso si la forma de sus ojos, y la sensación de sus labios, se hubieran hecho a la medida.

—Tengo que ocuparme de algo primero… volveré, lo prometo,— Jon sonrío suavemente mientras acariciaba su mejilla.

—Apresúrate, por favor,— susurró Dany mientras se inclinaba y besaba amorosamente a Jon en los labios, que él con gusto devolvió.

—Lo haré… caliéntate para mí,— sonrío Jon mientras se levantaba y se dirigía a la puerta.

Dany miró a Jon cuando se detuvo en la puerta y se ponía la capa y el cinturón con la espada; mirando sobre su hombro Jon le dio un asentimiento tranquilizador. Él volvería, y ella estaría esperándolo. Tan pronto como la puerta se cerró, Dany se recostó en la cama y sonrío para sí misma.

No podía recordar la última vez que se sintió tan feliz.


El crujir de la nieve bajo los pies de Jon era siempre un sonido terapéutico; sabía que era irónico que la última parte de su nombre le brindara consuelo en este momento, cuando le había causado tanto dolor toda su vida. Una sonrisa adorno sus labios mientras caminaba a través de la nieve hacia el Bosque de los Dioses; pensando en el nuevo amor de su vida, esperando su regreso una vez hiciera lo que tenía que hacer.

El Árbol Corazón apareció a la vista; la corteza blanca contra la nieve blanca y pura, y las vibrantes hojas rojas contrastaban fuertemente con los alrededores. Este era el lugar al que venía a reflexionar; en donde hablaba con cualquier ancestro que estuviera con ganas de escuchar, un lugar en el que podía dejar salir la tensión y conectar con el Norte de nuevo.

Sentado sobre uno de los troncos cerca del árbol, Jon juntó las manos frente a él y comenzó a orar. Oraba por muchas cosas en estos tiempos, oraba por que su familia estuviera a salvo, por un invierno corto, por la felicidad donde quiera que pudiera encontrarla.

Pero justo ahora, simplemente quería orar a los Antiguos Dioses para que pudieran prestar alguna ayuda en la guerra por venir. Él había visto al Rey de la Noche, había visto el Ejército de los Muertos con su masa infinita, e incluso con Daenerys; sus ejércitos, sus Dragones y ambos fuerzas del Norte y el Sur no sabía si podrían ganar.

"Al menos les daremos una pelea a los cabrones" dijo alguna vez.

—Creí que te encontraría aquí,— dijo una voz familiar.

La cabeza de Jon se levantó de golpe y se dió la vuelta; encontrando los ojos de su hermana Arya Stark. Ciertamente había cambiado en el tiempo que habían pasado separados; pero no había duda, era ella.

—¿Como te acercaste a hurtadillas a mí?— preguntó Jon mientras se ponía de pie.

—¿Cómo sobreviviste a una puñalada en el corazón?— preguntó ella en vez de contestar.

—No lo hice,— él sonrió.

Una sonrisa subió lentamente por la cara de Arya mientras corría hacia Jon y prácticamente saltó a sus brazos que la esperaban. Jon y Arya siempre habían sido los más cercanos de los hermanos Stark, siempre las ovejas negras que no encajaban con nadie más.

—Ciertamente has crecido,— dijo Jon, mientras abrazaba con amor a su hermana.

—Tú no,— ella bromeó de vuelta, ganándose una risa de Jon mientras la soltaba.

—Aún la tienes,— Jon notó la pequeña espada que le había regalado cuando se separaron, colgando de su cadera.

—Aguja,— ella asintió antes de ofrecerle la espada para que la inspeccionara.

—La mantienes afilada, supongo que has tenido que usarla una o dos veces,— Jon le dirigió una mirada de complicidad.

—Mas de dos,— Arya sonrió cuando Jon le devolvió la espada.

—Y ¿qué es esto?— dijo, señalando la daga a su costado.

—Acero Valyrio, ¿celoso?— contestó ella, girando la daga hábilmente entre sus dedos antes de enseñarsela a Jon.

—No realmente,— sonrió Jon mientras desenfundaba a Longclaw y le presentaba la espada a Arya.

—¿Tiene nombre?— preguntó.

Longclaw.

—Le queda,— ella le devolvió la sonrisa mientras él la enfundaba.

—Vi a tu nueva Reina cuando regresaste,— dijo Arya mientras ella y Jon se sentaban a lado del Árbol Corazón.

—¿Qué piensas?— preguntó Jon, ansioso por saber qué pensaba su hermana favorita acerca de Dany.

—Ella es verdaderamente bonita. Lo estas haciendo bien por ti solo estos días, hermano,— Arya le dio un codazo a Jon y un guiño.

—Oh, detente,— sonrió Jon.

—Sansa no confía en ella,— continuo Arya.

—Entiendo porque Sansa tiene problemas al confiar en cualquiera estos días, después de todo lo que ha pasado, dudo que vuelva a confiar en alguien otra vez,— continuó Jon.

—Ella confía en ti,— contestó Arya.

—No completamente. Sé que piensa que mi honor y sentido del bien son una carga. Pasar mucho tiempo con Cersei y Meñique le hace eso a una persona… ¿en dónde está Baelish, ahora que lo pienso? No estaba ahí para darnos la bienvenida en las puertas,— preguntó Jon.

Arya simplemente desenfundó la daga e imitó cortarse la garganta con ella. Jon se quedó con los ojos abiertos antes de soltar un suspiro decepcionado. Arya levantó una ceja ante su reacción, pensó que su hermano estaría complacido de que Baelish estuviera muerto.

—¿Qué está mal?— preguntó Arya.

—Quería matar a esa víbora yo mismo,— contestó.

Arya sonrió, —no te preocupes, sus últimos momentos no fueron bonitos.— A Jon pareció gustarle eso. Ese hombre era una víbora que merecía lo que le pasó, lo único que lamentaba era que él mismo no pudo asentar el golpe mortal.

—Eso es algo bueno de escuchar, la verdad,— sonrío en respuesta Jon.

Por unos momentos, Jon y Arya conversaron de algunas cosas que habían pasado mientras estuvieron separados, no muchos detalles, sin embargo; si lo hicieran estarían sentados en el Bosque de Dioses todas la noche y Jon tenía una Reina que estaba esperándolo. Arya habló de cómo había escapado de Kings Landing y sus aventuras en Braavos, mientras Jon le dijo sobre sus aventuras más allá del Muro y sus excursiones con los salvajes.

Una vez que se pusieron al día, Jon naturalmente sorprendido de que Arya fuera la persona que causara la destrucción de la Casa Frey, y Arya sorprendida de que Jon haya literalmente regresado de la muerte; los dos se levantaron y comenzaron a caminar de regreso a la fortaleza. El crujir de la nieve un constante recordatorio de que estaba en casa.

Por un momento pareció que Winterfell se había convertido en casa de nuevo; con Jon y Arya conversando e intercambiando historias debajo de las ramas blancas del Árbol Corazón.


Después de que Jon y Arya se dijeran buenas noches, el Señor de Winterfell de cabellos obscuros, hizo su camino de vuelta a las habitaciones de la reina. Esperaba abrir la puerta y ver a su belleza de cabellos plateados esperándolo ahí sobre la cama con una sonrisa completa, desnuda como el día en que nació y rogándole que fuera a ella. Pero cuando se acercó a la puerta, escucho a Daenerys hablar con un tono alegre.

Cuando Jon abrió la puerta, vio una imagen que le derritió el corazón.

Ahí sobre sus rodillas estaba Daenerys en sus ropas interiores; extendiendo sus manos y acariciando suavemente la gran cabeza blanca del fiel Lobo Huargo de Jon, Fantasma.

—Oh, eres un chico guapo, ¿verdad?— arrulló Dany, mientras Fantasma disfrutaba de las atenciones que ella le ofrecía; su lengua saliendo por un lado mientras Dany acariciaba al enorme Lobo Huargo.

—Veo que ya se conocieron,— sonrío Jon mientras se quitaba la capa.

—Supongo que este es Fantasma,— sonrió Dany mientras seguía acariciando a su nuevo amigo. El Lobo Huargo parecía completamente a gusto con su cabeza acuñada en sus suaves manos.

—Sabía que le gustarías,— Jon sonrió mientras se quitaba el cinturón de la espada y caminaba para unirse a Dany y Fantasma. Arrodillándose junto a Dany; Jon rascó detrás de la oreja de Fantasma, en ese lugar que siempre había amado.

—Creí que estabas arañando a la puerta para burlarte de mí, imagina mi sorpresa cuando abrí y lo encontré a él esperando,— sonrió Dany.

—Probablemente olfateo mi aroma sobre ti,— sonrió Jon mientras se inclinaba y acariciaba con su nariz el lado de la cabeza de Dany.

—Es mucho más gentil de lo que pensé que sería,— Dany soltó una risita cuando Fantasma se levantó para acariciar con su cabeza a la Reina Dragón, teniendo gran cuidado cuando comenzó a acariciar contra su abdomen.

—Si, él es feroz contra nuestros enemigos, pero con los amigos y familia es un gran blando,— Jon rascó detrás de las orejas de Fantasma.

—¿Te hiciste cargo de tus asuntos?— preguntó Dany con una sonrisa.

—Si… y ahora tengo otros asuntos que atender,— Jon se puso de pie y extendió la mano a su Reina, ayudándola a ponerse de pie.

Fantasma se puso de pie y caminó hacia la puerta, pidiendo silenciosamente que lo dejaran salir. El Lobo Huargo podía oler a su amo y su nueva compañera, y decir muy bien qué iba a pasar esta noche. Jon rió ante la inteligencia tan humana de su Lobo Huargo, y Dany casi se sonroja frente el hecho de que el lobo quisiera darles privacidad.

Jon abrió la puerta, permitiendo que Fantasma hiciera una rápida y silenciosa retirada. El Lobo Huargo estaría de vuelta, había disfrutado las suaves manos de Daenerys demasiado para negarse más cariños y palmaditas. Jon se dio la vuelta y se encontró con los ojos de Daenerys mientras ella se subía a la cama; sus ojos brumosos de amor y lujuria.

—Lord Snow, su Reina está sola,— hablo seductoramente; Jon no pudo evitar mirar sus suaves piernas, sus mechones plateados, sus ojos lilas iluminados por el brillo naranja del fuego, una Diosa en su forma humana, si es que alguna vez hubo una.

—Como ordene mi Reina,— sonrió Jon mientras caminaba hacia ella; despojándose de sus ropas para encontrarse con la mujer de sus sueños.


(1) Cubierta resistente de metal que sirve para proteger el pecho y la espalda del guerrero.

(2) Vapor que despiden los cuerpos cuando la temperatura en el exterior es mas baja que la del cuerpo.

(3) Prenda de vestir ajustada que cubre el tronco del cuerpo, generalmente con faldones, sin mangas y hecha de piel.


Yo se que este primer capítulo es muy parecido en esencia a la serie, pero a partir del segundo las cosas empiezan a cambiar, y el tercer y cuarto capítulo, ni les cuento :)

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