CAPÍTULO 7: Una carta y una despedida

Remus entró en la sala común y buscó a sus amigos. Localizó a Sirius en uno de sus lugares favoritos, tumbado en el sofá frente a la chimenea.

- ¿Y los demás? - preguntó cuando llegó a su lado, sentándose en una de las butacas y dejando escapar un cansado suspiro. Se había pasado varias horas estudiando y se sentía agotado.

- James con Lily y Peter anda por ahí, jugando a los naipes con Alexia, Jonathan y algunos alumnos de sexto –. Sirius levantó un brazo y señaló hacia un lado de la sala, hacia donde se encontraban sus amigos.

- Parece que se lo están pasando bien.

Una especia de gruñido afirmativo fue toda la respuesta de Sirius. Había cerrado los ojos y parecía más dormido que despierto.

- Tú también pareces cansado. ¿Habéis estudiado mucho?

- James me obligó a estudiar dos temas de Defensa Contra las Artes Oscuras. Y pretendía que estudiara uno más. ¡Ja! Le mandé a freír espárragos. Al parecer, según el calendario de estudio de su querida Lily, vamos algo atrasados. Menos mal que solo quedan unos días para las vacaciones. ¿Te puedes creer que ha hecho una lista con lo que se supone que tengo que estudiar durante las vacaciones de Navidad?

A Remus se le escapó una pequeña risa.

- Al menos Lily consigue poneros firmes, ya que a mí no me hacéis demasiado caso.

- La pelirroja da más miedo que tú, en serio te lo digo. De todas formas, a quién mete en vereda es a James, no a mí, que conste. A mí nadie me dice lo que tengo o no tengo que hacer.

- Ya, claro. Pero como eres tan buen amigo y no te gusta ver a James sufrir solo, te sacrificas y le acompañas, ¿no?

- Exacto.

Remus desvió la vista y la clavó en sus amigos, que seguían jugando a las cartas, charlando y riéndose.

- Hace tiempo que no echo una partida a los naipes – comentó entonces Remus -. No sé si es por tantas horas de estudio o por el cansancio, pero ni siquiera me apetece leer.

- Remus rechazando la compañía de un libro. Lo nunca visto – comentó Sirius irguiéndose y sentándose en el sofá. Se desperezó y bostezó sonoramente -. ¿Te apetece entonces jugar a las cartas?

- Sí, ¿por qué no?

- Subo a por mi baraja. Vuelvo enseguida.

Remus se acomodó un poco más en su butaca y cerró los ojos un momento. Las conversaciones y el alboroto de la sala poco a poco se fueron convirtiendo en un tenue murmullo que lo arroparon.

Cabeceó y abrió los ojos de golpe, un poco desubicado. Parpadeó y miró a su alrededor. Sirius aún no había vuelto. Consultó su reloj. Habían pasado más de diez minutos.

Se levantó y se alejó del tentador sillón. Subió las escaleras, en busca de su amigo perdido.

Cuando entró en el dormitorio, en lugar de estar junto a su baúl o junto a su propio escritorio, se lo encontró sentado en el suyo, leyendo lo que parecía una carta dirigida a Remus.

En efecto, era una carta suya. Una que le había escrito su madre esa semana.

- ¿Pero qué estás haciendo? – Remus se acercó de prisa y le quitó la carta de delante.

- ¿Qué significa esto? – preguntó a su vez Sirius, molesto y señalando la carta.

- Esto es privado. Es de mala educación leer la correspondencia de los demás. Diría que es hasta ilegal.

- ¿Por qué dice tu madre estas cosas? ¿Por qué parece tan preocupada? – siguió preguntando Sirius, levantándose de la silla.

- No es asunto tuyo.

- Tal vez. O puede que sí. Creía que ya había quedado claro, Remus, que ya lo habíamos hablado. No estás solo. No vamos a dejarte solo. Nos tienes a nosotros, y a Dumbledore y a McGonagall. Lucharemos por ti y no permitiremos que tu licantropía te impida tener un futuro digno.

- No se trata de eso, Sirius.

- ¿Ah, no? – Sirius se acercó más a Remus y trató de arrebatarle la carta. Forcejearon un poco y ambos cayeron sobre la cama del segundo. Como Sirius quedó encima de él, lo tuvo más fácil para inmovilizarle y quitársela de las manos. - ¿Y por qué te pregunta tu madre el motivo por el que has rechazado entrar en la academia de magisterio de la magia? Creía que era lo que querías. ¿Es que no quieres seguir estudiando?

- Claro que sí. Pero… - Remus apretó los labios, dudando si hablar o no.

- Desembucha, Lunático. Ahora.

- Hace unas semanas Dumbledore me ofreció entrar a trabajar en una organización secreta fundada por él que lucha contra los mortífagos. Se llama la "Orden del Fénix".

- ¡¿Qué?! ¿La Orden del… Fénix? ¿Lo dices en serio o me estás tomando el pelo? Eso suena a locura total. – Sirius clavó sus ojos en él y le miró con intensidad, como tratando de averiguar si le estaba mintiendo o no. Debió quedar conforme con lo que fuese que le devolviese la mirada de Remus, porque relajó su expresión y añadió -: Aunque… bueno, viniendo del profesor Dumbledore, tampoco es que me sorprenda demasiado. ¿Y por qué no nos has contado nada?

- ¿Entiendes el significado de "organización secreta"?

- Bah – Sirius soltó un resoplido molesto -. ¿Y por qué no nos ha invitado también a nosotros? – Remus se encogió de hombros -. Si tú vas yo también quiero ir.

- No seas infantil, Sirius.

- Pero es que ese plan es mil veces mejor que el de seguir estudiando. Una organización secreta que lucha contra los villanos. ¡Yo quiero ir! Habrás aceptado, ¿no? Por eso le has dicho a tu madre que no irás a esa academia, ¿verdad?

- Bueno. Todavía no le he dado una respuesta a Dumbledore. Quería pensarlo con calma. Analizar los pros y los contras y …

- Vas a ir. Yo te lo ordeno. Tienes que ir, Remus.

- Esa decisión es mía. Tú no eres mi dueño. Y ahora, quítate de encima. Pesas.

Sirius no solo no se movió, sino que se tomó unos segundos antes de responder.

- No.

- ¿Cómo que no? ¿Por qué no? Tío, me estás aplastando.

Repentinamente, algo cambió en la mirada de Sirius. Algo en su expresión, en sus ojos, que Remus no supo explicar ni descifrar; pero ese algo inexplicable e inesperado hizo que en su interior todas las alarmas se disparasen de pronto. Sin embargo, no tuvo tiempo de reaccionar porque, de súbito, los labios de su amigo estaban sobre los suyos.

¡Sirius le estaba besando!

Dentro de su cabeza una voz lejana decía: "¡Detente! Es tu amigo. ¡Apártate!" . Pero su cuerpo decía otra cosa.

Y tampoco es que tuviese otra opción, atrapado como estaba bajo Sirius.

De pronto fue consciente aún más de su íntima cercanía, de la presión del cuerpo de su amigo sobre el suyo, y algo dentro de él se encendió. Le devolvió el beso con ganas, de pronto ansioso sin saber por qué.

Aquello se sentía bien. Estaba bien, pero que muy bien.

El beso se rompió cuando Sirius, con los ojos desorbitados y cara de susto, se apartó bruscamente de él, como si quemara.

Se levantó y se alejó.

- Emm, yo… Tengo que irme. Tengo que ir a, a buscar a James para… Para… Tengo que irme.

Y se fue, cerrando la puerta tras de sí.

Remus se irguió y se sentó en la cama, con el corazón a punto de salírsele del pecho.

¿Qué había pasado?

Se llevó dos dedos a los labios y se los tocó, ahí donde no hacía ni unos segundos que había estado la boca de Sirius.

Los notó calientes y húmedos.

La puerta se abrió de nuevo. Remus apenas tuvo tiempo de ver a Sirius cruzar decidido los metros que los separaban antes de que este se sentara a horcajadas sobre él, le agarrase la nuca con ambas manos y volviese a besarlo, sin decir ni una palabra.

Él tampoco dijo nada. No protestó ni trató de apartarse. Sólo cerró los ojos y se dejó llevar.

Hacía meses que lidiaba con sentimientos y sensaciones en su interior hacia Sirius que iban más allá de una simple amistad. Algo en lo que, sin embargo, no había querido pararse a pensar demasiado. Tenía demasiadas preocupaciones ya y sentía que ya no le quedaban energías para nada más. Además, eran sentimientos no correspondidos, así que, ¿para qué molestarse? Mejor enterrarlos.

Pero este beso… ¿Sería posible que, entonces…?

Sirius le estaba besando con todo su ser, con toda su alma. Remus podía sentirlo en cada célula de sus labios, de su lengua, de su cuerpo tembloroso. Le besaba con la fuerza arrolladora del sol. Y Remus trató de responderle con la misma intensidad.

Levantó sus brazos y acercó sus dedos al pelo de Sirius. Primero lo tocó con suavidad, pero después hundió ambas manos en su cabellera. Bajó una mano y recorrió despacio su espalda, acariciando su columna vertebral de arriba abajo.

A Sirius se le escapó un leve gemido de placer que le erizó el vello a Remus. Era el sonido más hermoso y delicioso que había escuchado nunca, miel en sus oídos. Y había sido por y para él. Quería más, necesitaba más. Inesperadamente, tenía un nuevo objetivo en la vida. Un único objetivo, ya que no podía pensar en ninguna otra cosa. Quería escucharlo de nuevo.

Sin embargo, no fue ese el sonido que llegó hasta sus oídos en ese instante. Se escuchaban pasos y voces en la escalera.

- ¡Viene alguien! – alarmado, Remus apartó a Sirius. Veloz como un rayo, el moreno se levantó y de un gran saltó acabó tumbado en su propia cama. Remus trató de recomponerse y cogió rápidamente el libro que tenía en la mesita de noche y lo abrió, justo en el preciso instante en el que James y Peter entraban por la puerta.

- ¡Adivinad! Los elfos domésticos han preparado tartas de tres chocolates para el postre de esta noche – anunció James muy alegre -. ¿Nos colamos en las cocinas y robamos una?

- A mí no me apetece mucho – respondió Sirius sin levantar ni siquiera la cabeza de la almohada.

- ¿Pero cómo no te va a apetecer? ¿Es que estás enfermo o algo así?

- La verdad es que no me encuentro muy bien.

James se acercó a su amigo con ojo crítico. El pulso de Remus se disparó todavía más. Ya está, era el fin. Lo sabrían. Lo averiguarían.

- Parece que tienes algo de fiebre – dijo James. Remus cerró de golpe la boca que se le acaba de quedar abierta por el asombro. Al parecer, los labios rojos e hinchados de Sirius y sus coloretes podían pasar por fiebre, al menos a ojos de James, ignorante por completo de lo que acaba de suceder allí -. ¿Quieres ir a la enfermería?

- No es necesario. Sólo quiero dormir un poco.

- Está bien, vale. Descansa. Madre mía, estos EXTASIS van a acabar con nosotros. ¿Vienes, Lunático?

- Oh, suena muy tentador, pero prefiero esperar a la cena. La última vez que robamos una tarta y nos la comimos no me sentó muy bien, ¿os acordáis?

- Es que comiste mucha y demasiado rápido.

- Ya, por eso. Esta vez me lo tomaré con calma. Además, me apetece seguir con lo que estaba un poco más. – dijo a la vez que levantaba el libro que tenía entre las manos.

- Bueno, pues nada. Más para repartir entre tú y yo, Colagusano.

- ¡Genial!

- Aunque voy a invitar a Lily.

- Oh.

- ¡¿Cómo que "oh"?! No seas tan goloso, Colagusano – James se despidió de sus amigos con la mano y salió de la habitación. Peter hizo lo mismo, pero se detuvo un segundo en mirar el libro de Remus.

- Está al revés.

- Oh, lo sé – respondió Remus como si nada. Peter se encogió de hombros y se fue tras James.

En cuanto se quedaron solos, Sirius se levantó y se fue a cerrar la puerta. Se giró, se apoyó en ella y miró a Remus.

- Casi, ¿eh? – dijo pasándose una mano por su alborotado pelo. Parecía aliviado y a la vez nervioso.

- Acabas de mentirle a James – dijo Remus, un poco asombrado.

- Lo sé – respondió. La culpabilidad cruzó su cara durante unos segundos, pero después fue sustituida por otra expresión, una mirada que Remus no creía haber visto antes en su amigo. Éste se acercó y se sentó a su lado en su cama. Se posicionaron el uno frente al otro. Sirius se mordió el labio inferior, gesto que hizo que Remus se olvidase de coger aire -. Tú también has mentido – extendió una mano y, con delicadeza, le quitó el libro de entre las suyas y volvió a dejarlo en su sitio.

- Técnicamente no.

- Lobito travieso – susurró.

Sirius levantó una mano y, con suma delicadeza, le acarició la mejilla a Remus, su mentón, sus labios.

Sin apartar sus ojos de Sirius, Remus estiró la suya sobre la colcha, buscando la otra mano de su amigo. Se encontraron y sus dedos se entrelazaron.

- Quiero besarte de nuevo. ¿Puedo volver a besarte?

Remus sonrió de oreja a oreja.

- ¿Desde cuándo Sirius Black pide permiso?

Sirius le sonrió de vuelta. Se acercaron poco a poco hasta que sus labios volvieron a juntarse.

Esta vez fue un beso lento, tranquilo y pausado.

La mano de Sirius bajó por el cuello de Remus, se deslizó por su camisa y buscó un resquicio por el que colarse, en busca de la piel desnuda de su torso.

Fue a Remus a quien se le escapó en esta ocasión un gemido, señal más que suficiente para Sirius para intensificar el beso. Unos segundos después ambas manos de Sirius se perdían bajo la camisa del castaño mientras este trataba de desabrochar los botones de la del moreno.

El beso se volvió más fogoso, tanto que a Remus le entró vértigo.

- Espera un momento.

- ¿Por qué? – protestó Sirius, volviendo a unir sus labios con los de Remus, negándose a separarse de él.

- Espera, Canuto. Aquí no. Vámonos a otro sitio. A uno donde nadie nos pueda interrumpir.

Ahora sí, Sirius se apartó. Le sonrío de medio lado. Se acercó de nuevo y le susurró al oído:

- Lobito travieso.

Un escalofrío de placer le recorrió a Remus por todo el cuerpo.

Sin decirse nada más, los dos se levantaron y salieron del dormitorio, en busca de un lugar más privado.

James terminó de frotarse el pelo enérgicamente con la toalla para, a continuación, hacer una bola con ella y lanzarla a la cima del enorme montón de toallas y ropa sucia del vestuario de quidditch de Gryffindor.

Se colocó delante de uno de los espejos, cogió su cepillo y procedió a peinarse. Probó a hacerse distintos peinados pero, como siempre sucedía, ninguno le convencía y al final se lo volvió a dejar como siempre.

Comenzó a silbar una alegre melodía mientras cogía el bote de colonia y se rociaba un poco. Sirius apareció a su espalda y le dirigió una mirada seria a través del espejo.

- Oye, Cornamenta. ¿No te importaría retrasar hoy un poco tu cita con Lily? Tengo que hablar contigo.

- ¿Y no puede esperar a la noche?

- Preferiría decírtelo ahora, antes de que me arrepienta.

James notó algo extraño en el tono de voz de su amigo. Parecía preocupado y nervioso.

- ¿Ocurre algo malo? ¿Qué pasa?

- No es nada malo. Es solo que… joder, no sé por dónde empezar. Quizás debería haberle hecho caso y escribir un guion… - Sirius parecía hablar más consigo mismo que con James.

- ¿Pero qué pasa? Me estás asustando. Ni cuando te fuiste de casa te vi así.

- Vale, iré directo al grano. Estoy saliendo con alguien.

- Ajá. ¿Y para eso tanto numerito? Aunque – James se cruzó de brazos y pareció ligeramente molesto -, ¿por qué son las primeras noticias que tengo? Vale que acabamos de llegar de las vacaciones de navidad, pero podrías haberme escrito. Ni siquiera sabía que te gustaba alguien. ¿Quién es?

- Bueno… no te había dicho nada porque no sabía qué pensarías al respecto – James le dirigió una mirada entre confusión y extrañeza -, y tampoco quiero que cambie nada entre nosotros. No quiero que me mires de otro modo o que…

- ¿Pero de qué narices hablas, Canuto?

- Es un chico.

James se quedó callado unos segundos, perplejo.

- Perdona, ¿qué has dicho?

- Que estoy saliendo con un chico.

James se apoyó contra el lavabo, con los ojos muy abiertos.

- Ah. Vale. Bien. Vale. Me parece bien. Me parece genial. Si es lo que a ti te gusta…

Permanecieron callados unos segundos.

- Oye… - empezó de nuevo Sirius.

- ¿Y por qué no me lo habías contado antes? – le interrumpió James. Su mirada lucía un poco triste - ¿Es que no confías en mí? Soy tu mejor amigo. Tu hermano. Puedes contarme cualquier cosa. Lo que sea. ¿Es que creías que no lo entendería? ¿O que no te aceptaría? Yo te confiaría mi vida, Sirius.

- Lo sé, lo sé. Y lo siento. Estas dos semanas han sido horribles. Quiero decir, no, han sido maravillosas – y momentáneamente una hermosa y un poco atolondrada sonrisa iluminó el rostro de su amigo -, pero me sentía fatal por ocultártelo o por tener que mentirte en algunas ocasiones.

- ¿Ya lleváis dos semanas?

- Sí.

- ¿Y quién es? ¿Puede saberse?

- Vale, no te asustes ni te enfades. Prométeme que vas a mantener la mente abierta.

- ¡No me jodas que estás con Snape! – gritó de pronto James -. ¡Me tiro por un puente ahora mismo!

- ¡¿QUÉ?! Nooo, buag. ¡Qué asco! No vuelvas a decir eso nunca. Arrrrgggh. ¿Cómo puedes ni siquiera pensarlo? ¡Retíralo ahora mismo!

- Joder, es que has dicho que tenga la mente abierta.

- ¿Y es lo primero que te viene a la cabeza?

- Vale, vale. Perdón. Lo siento en el alma. Lo retiro. Olvídalo. No he dicho nada. Pero, entonces, ¿de quién se trata?

- Es Remus.

- ¡Remus!

- Sí.

- ¿Remus Lupin?

- No hay otro.

- ¿Nuestro Lunático?

- Qué sí, James. Remus. Nuestro Remus. Mi Remus – añadió al final haciendo hincapié en el posesivo.

James guardó silencio unos instantes, sopesando lo que acababa de descubrir.

- No sé, Canuto. No sé muy bien qué decirte.

Sirius se cruzó de brazos, en una pose defensiva.

- Pues que te parece bien, por ejemplo. O al menos que no vas a poner pegas. Sería todo un detalle.

- Pero es que es un poco raro, ¿no? Somos amigos desde siempre y, no sé. ¿Qué pasa si la cosa no funciona? ¿Qué pasa si lo dejáis?

- Es un riesgo que existe con todas las relaciones. También entre Lily y tú.

- Pero Lily no es mi amiga de la infancia, no he compartido habitación con ella durante más de seis años. No es como una hermana para mí. Si Remus y tú rompéis, si os enfadáis, los merodeadores se van a la mierda.

- ¿Eso es lo único que te importa?

- No, no. Pero, Sirius, sé sincero, ¿no os preocupa la posibilidad de perder vuestra amistad?

En vez de contestar, Sirius dio media vuelta y salió del vestuario. James tardó unos segundos en recomponerse de la sorpresa. Para cuando terminó de calzarse y de coger su bolsa de deporte, Sirius ya casi estaba a medio camino del castillo.

- ¡Eh! ¡Sirius! ¡Eh! Espera – gritó entre jadeos mientras se pegaba la carrera del siglo subiendo la colina. Lo alcanzó cuando ya entraba por la puerta del castillo -. ¿Te has enfadado? Joder, Canuto, lo siento. Que no digo que me parezca mal. Que si vosotros estáis bien y queréis estar juntos, por mí perfecto. Solo estaba expresando en voz alta mis dudas. ¿Me estás escuchando? Te estoy diciendo que lo siento. ¡Black! No me ignores.

- Calla y sígueme – dijo simplemente.

James decidió que lo mejor era hacerle caso. Cerró el pico y se pegó a sus talones, subiendo tras él escaleras, recorriendo largos corredores y finalmente más y más escaleras hasta que llegaron ante el retrato de la Dama Gorda.

Una vez dentro de la sala común, Sirius se detuvo un segundo y barrió la estancia con la mirada. Acto seguido se puso en marcha. Se acercó hasta el grupo de sillones en el que se encontraban Peter, Alexia, Jonathan y Remus. Estos dos últimos estaban sentados juntos en el mismo sofá, ojeando uno de los cómics del chico y charlando animadamente.

- Perdón – dijo Sirius plantándose ante ellos -. Remus, ¿podrías subir un momento al dormitorio, por favor?

Remus le miró, y después a James tras él, y nuevamente a Sirius. Asintió en silencio, con un semblante ligeramente preocupado.

Los tres subieron en silencio las escaleras y entraron en el dormitorio. James no sabía muy bien dónde colocarse. ¿Se sentaba en su cama? ¿Se quedaba de pie? Ni siquiera sabía qué hacía allí exactamente. Miró a Remus y le pareció detectar en él las mismas dudas. Bueno, al menos no era el único que se sentía totalmente perdido.

Sirius cerró la puerta y se giró. Se los quedó mirando un instante, alternando la mirada entre uno y otro, muy serio. La verdad es que imponía un poco, ahí parado, con su alto y elegante porte, casi aristocrático. Hasta daban ganas de hacerle una reverencia.

Se movió y se acercó a Remus. Se pegó a él, hombro con hombro, y le tomó de la mano, entrelazando sus dedos con los suyos.

Remus se puso tenso y el pánico pareció instalarse en su rostro por unos segundos. Pero entonces Sirius y él intercambiaron una mirada y pareció que se relajaba un poco.

- Bueno – Sirius rompió el silencio incómodo, y hablaba con su habitual tono ligero y animado -, pues ya lo sabe. Se lo acabo de decir.

Remus le dirigió a James una rápida mirada.

- Me da miedo preguntar.

Sirius apoyó el peso de su cuerpo sobre el de Remus.

- Pues ha ido bastante bien, la verdad. Aunque no ha dudado en expresar sus dudas sobre qué pasará si rompemos, si nuestra amistad se irá al traste o los merodeadores dejarán de existir y bla bla bla – comentó mientras movía la mano en un gesto como restándole importancia a esas palabras. Pero a James no se le escapó el ligero resentimiento que se escondía bajo ese tono aparentemente despreocupado.

- Lo entiendo – comentó Remus, comprensivo y conciliador -. Lo hemos hablado y, créenos, a nosotros también nos preocupa, preocupaba – se corrigió -. Pero…

- ¿Sí? – preguntó Sirius al ver que su chico se quedaba en silencio. Como seguía sin responder, Sirius se posicionó frente a él, lo agarró suavemente por el mentón y se acercó tanto que James pensó que lo besaría allí mismo -. Pero ¿qué?

- Merece la pena correr el riesgo – respondió Remus con una sonrisa. Y entonces sí, Sirius le besó.

James miró a un lado y a otro, incómodo. Se miró los zapatos y volvió a levantar la vista. Carraspeó un poco y finalmente, mientras se dirigía hacia la puerta, dijo:

- Mejor os dejo solos. Vosotros a lo vuestro, que yo ya me voy. Luego hablamos. Y me parece genial, de verdad que sí – añadió justo antes de salir por la puerta.

No había bajado ni unos cuantos escalones cuando Sirius le llamó. Se detuvo y se volvió.

- ¿De verdad que te parece bien? James, tu opinión es muy importante para mí. Me gustaría saber qué es lo que piensas de verdad.

James guardó silencio un momento.

- Entonces, si te pido que lo dejéis, ¿lo harías?

Sirius dio un paso atrás, incrédulo y visiblemente dolido ante las palabras de su amigo.

- ¿Lo estás diciendo en serio?

James no respondió. Sirius se irguió cuan alto era y le dirigió una mirada feroz y altanera. De esas que James le había visto dedicar casi exclusivamente a los alumnos de Slytherin.

- No – respondió despacio -. No lo haría. No lo haré. Me duele que no lo apruebes, pero lo que hay entre Remus y yo es tan real o más que lo que hay entre Lily y tú. Si no lo quieres aceptar, es problema tuyo y…

- Sirius – le interrumpió James. Y el moreno se detuvo cuando vio que James sonreía, no solo eso, sino que su mirada se había dulcificado -. Era la respuesta que quería oír.

- Pero… ¿qué demonios? Joder, Cornamenta, que susto. Casi me da un infarto.

James rompió a reír.

- No tiene ni puta gracia – protestó Sirius.

- Vuelve ahí arriba con Lunático, anda, que lo has dejado solo. Menuda encerrona la tuya. Yo me voy ya, que seguro me espera tremenda bronca de Lily por haberla dejado plantada.

- Di que es culpa mía.

- Desde luego que la es – y se giró prosiguiendo su camino, despidiéndose de su amigo -. Nos vemos.

James bajó unos cuantos escalones más cuando de repente Sirius se le echó encima, abrazándolo por detrás.

- Gracias, hermano – susurró.

Y tan rápido como había llegado se fue.

...

*** SEIS MESES DESPUÉS.***

Remus contempló satisfecho su baúl. Ya lo había guardado prácticamente todo, la ropa bien doblada, los libros bien colocados, todo perfectamente organizado de una forma muy eficiente. Claro que había necesitado un par de intentos, pero ahora sí que sí, había quedado perfecto. Incluso aún había algo de espacio para alguna cosilla más.

Se levantó del suelo donde estaba arrodillado y miró a su alrededor. No se podía decir lo mismo del baúl de sus compañeros. Del de James sobresalía una enorme torre de ropa que sin duda necesitaría de algo de magia para que el baúl pudiese cerrarse; el de Peter algo similar y Sirius ni siquiera había comenzado a guardar sus cosas. Estas seguían esparcidas encima de su cama. Y, sin embargo, como venía siendo ya tradición, todos ellos habían preferido salir a pasear por los jardines en vez de terminar de empacar sus cosas. Siempre lo dejaban para el último momento.

Suspiró resignado y se acercó a la cama de Sirius. Comenzó a doblar minuciosamente su ropa y a colocarla dentro del baúl. Había varios calcetines desparejados por encima de la cama y del suelo. Algunos llegaban hasta la base de la cama de Remus. Se agachó para recogerlos y entonces vio algo bajo su cama. Parecía un pergamino. Estiró el brazo y lo recogió.

Estaba lleno de polvo y pelusas. Lo sacudió y leyó.

Sirius entró en ese instante y se acercó a Remus. Se colocó a su espalda y le rodeó con los brazos. Apoyó su mentón en el hombro de Remus.

- Vaya – dijo asombrado Remus después de echar un vistazo al pergamino.

- ¿Qué es? – preguntó Sirius curioso. Leyó rápidamente - ¡Oh! Fíjate. ¡Es la carta que lo inició todo! – exclamó con voz solemne -. ¿Dónde estaba?

- Debajo de mi cama.

- El servicio de limpieza de los elfos de este castillo deja bastante que desear, ¿no crees? ¿Qué haces? – casi gritó Sirius cuando vio que Remus iba a tirar la carta a la papelera -. Es un tesoro. Hay que enmarcarla.

- No digas tonterías.

- No es una tontería. Estábamos discutiendo por esta carta cuando nos dimos nuestro primer beso. Es un recuerdo muy importante.

- Está bien, toma, aquí tienes. Enmárcala y cuélgala sobre la chimenea del salón – bromeó Remus.

- Gracias – Sirius tomó la carta y la dobló con cuidado para después guardarla en el baúl - ¿Cuándo se lo vas a contar a tus padres?

- ¿El qué? – Remus continuó doblando la ropa de Sirius y se la fue pasando para que éste la guardara en el baúl.

- ¿Qué va a ser? Lo nuestro. Que llevamos juntos seis meses. Que hemos alquilado un piso acogedor y monísimo y que nos vamos a vivir juntos. Y que trabajaremos en la Orden del Fénix capturando malos. Bueno, esto último mejor no se lo cuentes, que igual se preocupan demasiado. Además, es secreto - añadió guiñándole un ojo.

- Tenía pensado decírselo este fin de semana, antes de mudarnos. Por cierto, eso del piso acogedor y monísimo… Yo lo describiría más bien como un apartamento enano, anticuado y un poco destartalado.

- Solo necesita un poco de cariño.

- Yo diría que mucho – pero al ver el mohín que estaba poniendo Sirius, añadió -. Lo reformaremos juntos. Como es pequeño, no creo que nos lleve mucho tiempo. Y será genial poder estar los dos solos, al fin.

- Sí, al fin.

Sirius se acercó, le agarró del mentón y depositó un dulce beso sobre los labios de su chico.

Mientras siguieron doblando y guardando la ropa de Sirius, hablaron y planearon ilusionados acerca del apartamento y las reformas que querían hacerle. Remus tuvo que frenar algunas de las alocadas y excéntricas ideas que se le iban ocurriendo a Sirius sobre la marcha, como la de instalar un tobogán que bajase a la calle (oculto a los muggles con magia, claro), ya que su edificio no disponía de ascensor.

- ¿Y tú? – preguntó de pronto Remus, aprovechando un momento de silencio -. ¿Se lo vas a decir a los tuyos?

- ¿A mis padres? Lo veo difícil, ya que no me hablo con ellos. Pero se lo diré a los de James.

- ¿En serio? Si yo lo decía en broma.

- Podría decirse que son mis padres de acogida, así que sí, me apetece decírselo. Si es que no lo saben ya. Seguro que James ya se fue de la lengua, el cotilla ese. Se lo contó a Lily ni dos minutos después de haberse enterado. Es un milagro que no lo sepa ya el castillo entero.

Al no recibir respuesta, Sirius levantó la vista. Remus estaba frente a su escritorio, con un pergamino en la mano que miraba con una triste sonrisa.

- ¿Qué es eso?

- Un dibujo que me hizo Jonathan. ¿Te acuerdas?

- Ah, sí, el súper héroe inmortal – se acercó a Remus y contempló el dibujo. Jonathan había dibujado a Remus como a un súper héroe, con su capa y todo – Para tener once años el mocoso dibuja mejor que yo.

- Espero de verdad que le vaya bien – comentó el castaño mientras doblaba el dibujo y lo guardaba con esmero en su baúl.

- Ya verás que sí. Alexia no le quita ojo. Y hasta ha hecho un par de amigos nuevos. En el fondo se hace querer.

- Me da un poco de pena pensar que seguramente no volvamos a verlos. Seguro que terminan olvidándose de nosotros.

- No lo creo. Yo nunca me olvidaría de ti – le dijo Sirius mientras le daba un fuerte abrazo y un montón de besos cortos y rápidos en el cuello.

Remus sonrió y se dejó mimar. Después dejó escapar un sonoro suspiro.

- ¿Y ahora qué? – le preguntó Sirius poniendo los ojos en blanco.

- Echaré esto de menos – dijo mientras contemplaba el dormitorio con nostalgia y tristeza -. Ha sido mi hogar todos estos años.

- Yo también. Pero empezamos una nueva etapa. Juntos. Y yo, por lo menos, lo estoy deseando.

- Juntos – repitió Remus.

- Sí. Juntos. Tú y yo. Ya te lo he dicho. Yo siempre estaré a tu lado. Y siempre lucharé contigo, sean causas perdidas o no – le besó suavemente en los labios y se apartó para añadir– Si tú quieres. Si tú me dejas.

Por toda respuesta Remus acercó su cara a la suya y ambos se fundieron en un tierno y dulce beso.

Una cabeza despeinada apareció en la puerta y miró hacia dentro.

- Ey, tortolitos – les llamó James -. Dejaros de arrumacos y bajad a cenar. Estamos todos en la sala común esperando. Solo faltáis vosotros.

- Ahora mismo vamos.

Sirius se apartó un poco y le ofreció una mano a Remus. Este la tomó sin dudar.

- Nuestra última noche en Hogwarts – susurró Sirius.

- Nuestra última noche – repitió Remus.

Y así, juntos, cogidos de las manos, los dos salieron del dormitorio. Al día siguiente les esperaba su nueva vida.

Fin


A los que hayáis llegado hasta aquí, gracias de corazón por leer. Este fic es muy especial para mí.

No será el mejor, el más romántico o el más ingenioso. Pero me ha encantado poder introducir el personaje de Jonathan [aunque en estos dos últimos capítulos prácticamente sólo se le menciona, pero es que quería centrarme en los cachorros ;) ]

Crear a Jonathan y meterlo en una historia era algo a lo que le tenía muchas ganas. No se ha comentado en el fic en ningún momento, aunque las señales están ahí, pero aprovecho ahora para decir que Jonathan es un niño con autismo. En algunas ocasiones no ha sido nada fácil ponerme en su lugar, pensar qué respuesta daría a esta u otra situación o a cómo actuaría. Aunque tengo buenas fuentes de inspiración a mi alrededor, cada persona es un mundo y cada niño con autismo es diferente.

Pero he creado al personaje de Jonathan con todo mi cariño, mi ilusión, admiración y respeto.

En cuanto a los cachorros, qué decir tiene que he disfrutado de todas y cada una de las escenas que he escrito de estos dos.

No sé cuándo volveré por aquí. Sé que he estado un poco inactiva y que esta historia ha quedado descolgada demasiado tiempo pero, hasta el otro día, no se me ocurría ningún final que me convenciera y así no quería escribir, aunque me moría de ganas de terminar este fic (me reconcome por dentro dejar las cosas a medias).

De nuevo gracias a los que la habéis seguido y a los que os habéis tomado unos segundos para dejarme un review.

Cuidaros mucho y nos vamos leyendo. Muacs.