Mudarme a Magnolia no era algo de lo que yo estaba de acuerdo. Estaría lejos de papá, de Yukino y de todos mis amigos. Pero el trabajo de Silver, mi padrastro, lo exigía y al tener mamá mi custodia no podía negarme.
Así fue como Silver, mamá, mi hermanastro Gray y yo acabamos mudándonos a una ciudad a cinco horas de Acalypha, ciudad donde nací y he pasado mis últimos diecisiete años de vida. En cierto modo el cambio de aires me vendría bien después de lo que había pasado con Sting, pero había sido algo tan inesperado que necesitaba aún asimilar que mi vida había cambiado de la noche a la mañana. Realmente no estaba de humor, pero Gray durante todo el viaje se había dedicado a intentar sacarme alguna que otra sonrisa, como siempre había hecho desde que nos conocíamos.
Cuando el coche se detuvo en un barrio residencial muy diferente al que yo estaba acostumbrada Gray y yo nos miramos, habíamos llegado a nuestro destino. Nos bajamos del coche y al ver la casa que se alzaba delante nuestra la mandíbula se nos desencaja.
—Dime que esta no es nuestra casa —asiento ante las palabras de Gray—. Pellizcame porque esto es un sueño.
Justo cuando iba a pellizcarle la puerta del copiloto se abre y y mi rubia madre sale riéndose al ver nuestras caras.
—Sí, esta es nuestra casa.
—¡Me pido la habitación más grande! —Gray me empuja para que siga su juego, pero no le hago caso, cosa que él nota y por lo tanto hace que me mire arqueando una ceja— Venga Lucy, quién llegue el primero recibirá la paga de cada semana del otro.
Miro a Gray, realmente no estoy de humor para seguirle sus juegos. Si entro en esa nueva casa diré adiós a toda mi vida en Acalypha, a mis amigos, al chico que me gusta... Suspiro porque tras lo ocurrido con Sting yo misma deseé irme de allí, y cuando tengo la oportunidad mi pasado me impide tener una nueva vida.
Veo como Gray me sonríe y como mamá y Silver sacan nuestras maletas del coche. Que le den la pasado Lucy.
Hoy empieza mi nueva vida.
—Gray, no tengo ganas de tus estúpidos juegos de niños de seis años —avanzo hacia él poniéndome a su lado Gray me mira haciendo una mueca y sonrío mentalmente— Lo siento pero... —empujo Gray hacia un lado y corro hacia dentro de la casa— ¡Esa habitación es para mí!
Entro y noto los pasos de Grey detrás mía. Me paro en seco en el recibidor de la casa y abro la boca sorprendida. Tan solo el recibidor es del tamaño de la cocina de nuestra antigua casa. Miro a la derecha encontrándome un comedor que podría ser perfectamente nuestros dos antiguos cuartos juntos, al igual que el salón. Entre el comedor y la escalera hay un pasillo con un arco, y atrapada por la curiosidad avanzo hacia allí encontrándome con una cocina americana con tonos negros y blancos igual de grandes que el salón y el comedor. Este último está unido a la cocina con otro arco de un tamaño mayor al del pasillo.
Al ver a Gray mirando su reflejo en un cristal de la puerta que da al patio trasero me giro y vuelvo a correr hacia el piso de arriba. Una vez arriba veo una puerta a la izquierda pero me decanto más por ir a la derecha, así que giro hacia la derecha y entro en la primera puerta a la derecha del pasillo.
Cómo suponía esa habitación era el doble de grande que la que tenía en Acalypha. Los pasos rápidos de Gray se dejan de escuchar cuando esta llega a la misma habitación que yo. Le escucho quejarse y me giro sonriendo, me sé de alguien que va a recibir paga extra.
—No parece que tengáis diecisiete años —Gray se mueve dejando ver en el pasillo a una versión más mayor que él— ¿Competir por quién se queda la habitación más grande? Todas las habitaciones son iguales.
—Joder papá, hubieras avisado antes y nos habríamos ahorrado la maratón —Gray suspira y yo arqueo las cejas por su comentario. Jugaba al baloncesto en el instituto, estaba todo el día corriendo ¿y tiene el valor de decir eso?
—Sí, sí, como sea. Lucy, tu maleta.
Silver mete mi maleta dentro de la habitación y yo se lo agradezco. Desde que empezó a salir con mamá Silver me ha tratado como si fuera su hija, y realmente estoy agradecida porque mi verdadero padre no está tanto tiempo conmigo, y ahora mucho menos.
—¿Y la mía? —Gray se gira para mirar a su padre cuando este sale de mi habitación, Silver le mira arqueando las cejas.
—No soy tu sirviente Gray.
—¡Oye! ¿Y por qué se la has subido a Lucy y a mí no? ¡Soy tu hijo!
Silver baja al piso de abajo justo cuando el camión de la empresa de mudanzas llega. Dejo la maleta en el suelo puesto que el único mueble que hay es un armario y es empotrado y la abro, Gray susurra algo indescifrable y se acerca a mí.
—¿Te lo puedes creer? ¡Yo soy su hijo!
—Sí, pero a mí me quiere más —le guiño un ojo a Gray y saco ropa de la maleta yendo hacia el armario.
—No te quiere a ti más, simplemente se acuesta con tu madre todas las noches, tiene que tratarte como una princesa.
Pongo cara de asco al escuchar a Gray y le miro. Era totalmente innecesario el comentario que ha hecho de que su padre se acuesta con mi madre, ¡no quiero imaginármelos!
Abro el armario y veo un uniforme dentro, tras colocar la ropa que llevaba en el brazo cojo el uniforme mirándolo, Gray lo mira conmigo.
—Hostia, es verdad. Mañana empezamos las clases, la madre de Natsu debe haber dejado es uniforme para ti.
¿La madre de Natsu? Tengo entendido que Natsu es el mejor amigo de Gray, y este desde que nos conocemos no ha dejado de contarme anécdotas de ambos.
Miro el uniforme y veo a la izquierda de la chaqueta un símbolo un tanto extraño. Tiene forma de ¿Llama? ¿De hada? Supongo que este último tiene más sentido teniendo en cuenta que el instituto de llama Fairy Tail.
—No sé conozco a ese tal Natsu ni tampoco sé quién es su madre, pero agradezco mucho que me hayan traído el uniforme para mañana por fin empezar lo bueno de este pueblo.
Gray definiría como rara. Soy una chica que le gusta leer, estudiar, soy bastante responsable y asistir al instituto es lo que más me gusta, por eso mi querido hermanastro me definiría así.
—Lucy ya en serio, a veces pienso que te quedas conmigo. No es normal que a una chica de tu edad le guste ir al instituto, eres idiota
Gray se gira para salir de mi habitación pero le agarro del cuello de la camiseta antes de que de un paso. Noto como tiembla y gira despacio la cabeza para mirarme.
—Gray, ¿qué me has llamado?
Gray tiene prohibido llamarme idiota. No me gusta que me llamen así y él lo sabe.
Mi hermanastro se quita la camiseta que tengo agarrada y sale corriendo de mi habitación hacia el piso de abajo.
—¡Vuelve aquí desnudista!
Por mucho tiempo que lleve viviendo con Gray nunca entenderé ese fetiche que tiene con desnudarse. Ni su propio padre lo entiende.
Salgo corriendo de mi habitación con la camiseta de Gray en la mano. Lo veo bajar las escaleras mirando hacia atrás por si me ve y cuando lo hace aumenta la velocidad. Los señores que han contratado nuestros padres para ayudarlos con la mudanza entran y salen con cajas y Gray se entromete entre ellos. Pero su suerte se acaba cuando mi madre sale de la cocina encontrándose con él.
—Gray ¿por qué corres?
—¡He dicho que vengas Fullbuster!
—¡Me ha empezado a perseguir de buenas a primeras!
Me paro en seco en mitad de la entrada y abro la boca sorprendida al escucharlo. Será rastrero, me está echando a mi toda la culpa.
—¡No mientas! ¡Mamá, me ha llamado idiota!
Dos horas después me encuentro en mi habitación y me tumbo
en la cama ya colocada, tras recibir el castigo que nuestros padres nos han puesto. Es sorprendente que por culpa de Gray me hayan castigado a mí también. Yo era feliz siendo hija única.
Alguien toca la puerta de mi habitación y rezo para que no sea el desnudista de mi hermanastro, pero cuando ésta se abre y efectivamente el desnudista de mi hermanastro entra por la puerta, suspiro.
—¿Qué quieres ahora?
—Tu madre dice que bajes a cenar —Gray se acerca a mi cama y yo le miro con el ceño fruncido— Venga Lucy, no me mires así. No te enfades, siento mucho haberte insultado y hacer que nos castigaran.
—¿Con qué te han castigado?
Gray suspira y se rasca la nuca, yo me incorporo en la cama y me cruzo de brazos.
—No puedo salir con Natsu durante una semana.
—A mí me han castigado sin poder ir a la biblioteca —mi madre a la hora de castigar da donde duele.
La biblioteca es como un paraíso para mí y que mi madre me castigue sin ir es como cortarme las alas. Realmente no sé cuál es la afinidad de Gray con ese tal Natsu para que le hayan castigado sin salir con él durante una semana.
—Siento mucho el siguiente comentario que te voy a decir pero es que si no lo suelto exploto: eres una friki. —le fulmino con la mirada y este retrocede un paso— Lucy por el amor de Dios, disfruta de tu nueva vida. Se una adolescente normal.
—¿Normal como este pueblo? Cuando entrábamos al pueblo he visto un cartel que ponía: "Magnolia es un pueblo normal"
—¡Es el lema del pueblo! Aquí todos somos normales.
Silver y Gray vivían aquí antes de la muerte de Mika, la antigua esposa y madre de Gray. Pero cuando esta murió cuando Gray tan solo diez años se mudaron a Acalypha, dónde Silver conoció a mi madre recién divorciada y a los dos años se casaron. Desde entonces Gray había venido a Magnolia en varias ocasiones, entre ellas cuando nuestros padres se fueron de luna de miel y él no podía quedarse en casa de nadie por lo que tuvo que venirse aquí a casa de un amigo. Yo me quedé con papá a consolarlo.
—Oh, he pensado en presentarte a unas chicas. Son mis amigas y creo que te llevarías bien con ellas.
—Si son amigas tuyas algo raro hay.
En cuanto suena mi despertador a la mañana siguiente me levanto para darme un ducha antes de ir a clase. Estamos en mitad de Octubre, así que debería ponerme al día con las asignaturas que implantan aquí. Aunque cogí las mismas que daba en Sabertooth no sabía como se daba clase en Fairy Tail.
Media hora después Gray toca a mi habitación y entra cerrando las puerta tras él, le miro frunciendo el ceño.
—Tenemos que irnos ya, Natsu nos está esperando.
Recuerdo que anoche le castigaron si ver a ese tal noche, cual Romeo y Julieta, y ahora ese tal Natsu nos está esperando ¿para exactamente el qué?
—¿No estabas castigado? ¿Para que nos espera tu amigo?
—Ag callate y tira. Esto va a ser un secreto ¿vale? Te ayudaré para que vayas a la biblioteca si no dices nada de que Natsu nos va a acompañar al instituto.
Miro a Gray sonriendo, sabía yo que algo raro había para que me pusiera a mi en sus planes.
—Por fin vas a conocer a Natsu, te va a caer genial.
Ambos salimos de mi habitación con nuestras respectivas mochilas y nos despedimos de nuestros padres, los cuales no desean un feliz primer día de clase. Yo les sonrío y Gray hace una mueca, tan típico todo.
Gray me lleva a rastras a una especie de parque. Hay más estudiantes con nuestro mismo uniforme pero yo me fijo en uno que me llama la atención más que nadie. Es un chico con el pelo de color rosa, moreno de piel, que lleva nuestro uniforme desaliñado y que está en mitad del parque hablando con un par de chicas. Seguro que es el tipico caso perdido.
Veo como Gray se acerca al chico de pelo rosa y entrecierro los ojos cuando veo como ambos se chocan las manos y se abrazan. A ver, Gray es un caso perdido también, es un negado en los estudios y bastante rebelde, pero ni de asomo se parece al chico de pelo rosa, por eso que sean amigos me parece extraño. ¿Dónde está el famoso Natsu Dragneel del que llevo escuchando hablar desde que conozco a Gray?
Gray se gira y yo le sonrío indicándole que deje de hablar con ese chico y busque a su mejor amigo. Pero cuando me devuelve la sonrisa y se hace a un lado para que yo pueda verle la cara al chico de pelo rosa sé que no nos vamos a ir porque ese es Natsu Dragneel.
—Natsu, te presento al fin a Lucy, mi hermanastra. Lucy, te presento a mi mejor amigo, Natsu Dragneel.
Natsu me mira sonríendo y juro por lo más sagrado que es la sonrisa más bonita que he visto en mi vida. Me ofrece la mano y yo se la estrecho sin dejar de mirarle. Tienes los ojos esmeralda, son precisosos.
—Un placer poder conocerte al fin Lucy, Gray nunca deja de hablar de la hermana tan guapa que tiene.
—¡Eh flamitas, relajate cinco tonitos!
Sonrío y me paso un mechón de mi pelo tras la oreja.
—Conociendo a Gray, dudo mucho que él haya dicho de mi que soy "guapa" —Natsu se ríe y me contagia su risa. ¿Me acaba de tirar la caña? Pues si.
—Vale, me has pillado. Gray no te describió así, pero es la impresión que he tenido de ti.
—El placer es mío Natsu, Gray nunca mencionó que su mejor amigo fuera así —señalo todo su cuerpo y me siento mal al hacerlo, he juzgado a Natsu por su apariencia, este no le da importancia y se vuelve a reír.
—Supongo que querrás decir desaliñado, pero estás equivocada. Yo venía con el uniforme bien, pero viniendo para acá me he metido en una pelea.
Ahora comprendía porque Natsu estaba así tan temprano en la mañana. Gray había mencionado que Natsu era ¿rico? No sé como decirlo, pero mencionó que tiene mucho dinero. Por eso al verlo he pensado que no era Natsu Dragneel.
—¿Otra vez Cobra y su banda se han metido contigo? Espero que les hayas dado una buena paliza.
Natsu vuelve a sonreír mirando a Gray— Pues claro hielitos, ¿por quién me tomas? Soy Salamander.
Miro la hora en mi teléfono y al ver que faltan diez minutos para el inicio de las clases entro en pánico. No quiero llegar tarde mi primer día de clase.
—Eh chicos...
Ambos me miran y Natsu se queda mirando mi uniforme. ¿Lo llevo mal? Gray no me ha dicho nada.
—Veo que el uniforme te queda bien. Mi madre no sabía que talla cogerte y tuve que pedirle ayuda a Juvia y las chicas.
Así que Natsu ha sido quien ha elegido la talla de mi uniforme, y entiendo que haya elegido la correcta cuando le han ayudado chicas, llega a elegirlo él y me veo con un mini uniforme. ¿Qué por qué lo digo? Todos los hombres son iguales.
—Gracias por el uniforme Natsu, dale las gracias a tu madre de mi parte. Pero... Si no nos damos prisa vamos a llegar tarde, y de verdad que no quiero llegar tarde mi primer día.
—¡Hostia es verdad! —Gray me agarra de un brazo y de buenas a primeras soy arrastrada por él en dirección a la que yo creo que está en instituto. Miro a Natsu el cual me está mirando y también es arrastrado por Gray. Natsu me sonríe.
¿Es posible que te comience a gustar una persona por su sonrisa? Porque si es así, creo que estoy perdida.
