CAPÍTULO 4


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Algo estaba mal.

¿Qué tan importante era el secreto que guardaban? Ellos prefirieron la muerte antes de revelar información alguna. En aquel instante, Sakura no lo comprendió.

Lo importante era que todos los pobladores estaban con vida.

Se le dificultó sanar la herida del señor Seihi. Pero la kunoichi sabía que con el paso de los días él se recuperaría por completo.

Dirigió su mirada hacia el cielo.

La puesta del sol fue maravillosa. Le hubiera encantado admirarla por unos instantes más, pero su deber como nuevo caballero mágico era imprescindible, rectificando que tenía una misión especial sin resolver.

Debían regresar.

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Se sentía muy feliz.

Tan rápido ya le habían dado un pago, y vaya, que para ser una novata le habían otorgado bastante dinero. Ni en sus misiones como Chunnin le pagaban así. La moneda de este lugar era de mayor valor.

Ya sabía en qué gastar ese monto. Para realizar una compra efectiva necesitaba más capital.

—¡Por supuesto! —La voz de Magna la hizo regresar a la realidad—. ¡Un hombre aumenta cien veces su salario!

No quería admitirlo, pero esa era una buena opción.

Sabía que 'apostar' era una de las tres prohibiciones ninja, pero en ese momento no le importaba. Después de todo, no estaba cerca de las Naciones Elementales, y aún debía esperar la respuesta de Tsunade.

Así que se acercó hacia donde estaba su sempai.

—Magna-san. —La de hebras rosadas captó la atención del joven.

—¿Qué pasó? —preguntó curioso.

—Quiero pedirte un favor. —Le dijo.

La chica le susurró al oído por un par de minutos. En cambio, el usuario de fuego se negó rotundamente ante la propuesta de la pelirrosa.

Según él, aún era muy joven para ese tipo de actividades.

Después de un par de derrotas, accedió a llevarla.

El de cabellos bicolor vió en ella un increíble potencial para las apuestas. Tal vez en esta ocasión sí lograría multiplicar su salario cien veces.

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Magna se quedó con la boca abierta al visualizar lo que acontecía frente a él.

¿Cómo era posible que una niña le ganara a una docena de apostadores experimentados? Él aún no había logrado vencer a muchos de ellos, ni con la ayuda de Yami.

No pasó mucho tiempo para que derramara lágrimas de felicidad. Estaba orgulloso de la chica, ya que gracias a su destreza en el juego de cartas, él fue capaz de multiplicar su salario veinte veces, al menos. Debía reconocerlo, ella era todo un hombre.

Tal vez le pediría algunos consejos para ser así de bueno.

Otra cosa de admiración era la cordura que había demostrado en todo tiempo. Parecía tolerar con facilidad las bebidas alcohólicas, hecho que ya había presenciado la primera vez que se presentó en la base.

La observó alejarse del grupo de apostadores y acercarse a una vejestoria, ubicada en una de las regiones más recónditas de la habitación.

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Sakura fue obligada a hacer apuestas en incontables ocasiones, gracias a los malos hábitos de su maestra. También sabía reconocer a los tipos de jugadores con tan solo mirarlos, pero solo una persona había logrado captar su atención: la anciana de la esquina.

La miró discretamente por un largo tiempo.

Parecía que la mujer sabía que estaba siendo observada. Ambas cruzaron miradas, y de inmediato la kunoichi se levantó de su lugar para tomar asiento frente a ella.

—Jugemos, oba-san.

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Partida tras partida. No había logrado ganar ningún juego. Sakura nunca había perdido una apuesta. "¿¡Qué clase de anciana era esa!?" La duda inundaba su ser.

Veía en cámara lenta cómo perdía cada una de las ganancias obtenidas previamente.

La de cabellos plateados veía detalladamente el rostro de frustración de la oji-jade. Sin poder evitarlo, soltó una risa suave.

—Puedo ver el futuro, querida.

Obtuvieron un par de partidas más, pero Sakura se detuvo, porque a ese paso ella perdería todo su dinero.

—Juguemos en otra ocasión, oba-san. Me aseguraré de vencerte la próxima vez. —Le dijo, esbozando una sonrisa. Cuando estaba por retirarse, la escuchó hablar.

—Chrononova. —La senil se presentó.

—Sakura. —Correspondió con formalidad.

Ambas estrecharon las manos, con la promesa de volver a verse.

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¡Las hierbas curativas de este lugar eran magníficas! Analizó minuciosamente las hojas frente a ella y vaya, eran de muy buena calidad.

Todo iba bien, hasta que escuchó un grito.

A unos cuantos metros estaba la misma anciana con la que había jugado hace unos instantes. La mujer estaba sangrando.

—¡Un ladrón! ¡Mis ganancias! —Vociferó.

Se acercó a ella con el objetivo de auxiliarla. Además, algunos de sus compañeros de orden estaban allí.

Permitió que sus camaradas se encargaran de atrapar al causante de dicho revuelo.

—No se preocupe. —Habló, en un intento de tranquilizarla—. Ellos se encargarán de todo, señora Chrononova.

Tomó con delicadeza la mano de la mujer y cerró la herida con chakra.

Los ojos de la anciana brillaban al ver cómo se había curado el corte, en tanto que abría y cerraba su puño derecho. Estaba maravillada.

La alegría de la mujer se vio interrumpida al sentir un bolso entre sus manos.

—¡Tenga más cuidado, oba-chan! —Asta anunció.

Y sin más por realizar, los demás se marcharon, dejando a la vieja sola.

—Negación mágica, ¿eh? Es un tipo de magia que no había visto. —El disfraz de la anciana desaparecía gradualmente—. De hecho… ¿es magia, siquiera?

El de cabellos dorados revisó nuevamente el dorso de su mano. Algo extraño estaba aconteciendo. ¿Por qué había alguien de las naciones elementales en el Reino del Trébol?

Debía vigilar a la chica.

Tal vez hablaría con Yami en su oficina.

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—Zagred. —Dijo en voz alta, llamando la atención de su actual compañero de trabajo.

—¿Zagred? —Cuestionó el castaño, dejando de lado el libro que estaba leyendo—. Mi nombre es Langris, toro negro.

El menor de la Casa Vauce se sentía cansado: revisar libro por libro, hoja por hoja... Era muy tedioso para él, ya tenía suficiente con la fila de montañas de papel interminable sobre su escritorio. Ni siquiera quería estar allí. Pero debía obedecer las órdenes del Capitán Vangeance.

—No. No me refiero a eso. —Intentó aclarar el malentendido. Tomó entre sus manos el escrito que descansaba en la mesa y se lo mostró—. Aquí dice «Zagred». —Señaló un tipo de escritura irreconocible con el dedo índice.

—Nunca había escuchado sobre algo así. — Respondió—. Es más, ¿cómo sabes que eso significa «Zagred»? —preguntó curioso. Ya llevaban algunos días buscando información, pero no encontraban nada, hasta este día.

La miró fijamente a los ojos. El color esmeralda de su mirada era idéntico al de él. Qué linda coincidencia.

Ella tenía unas ojeras terribles, pero parecía que los desvelos habían valido la pena, porque al fin encontraron algo de información.

La chica llevó una mano a su cabeza y sacudió con fiereza su cabellera rosada, en un intento de minimizar la jaqueca.

—Cuando exploré al chico por primera vez, pude sentir una energía maligna dentro de él. —Le enseñó un boceto con un patrón peculiar y un artículo de joyería—. El poder se concentró de esta manera. —Explicó.

El vice-capitán no lograba comprender lo que ella intentaba decirle.

Sakura notó la incredulidad en el rostro del joven, por lo que empleó las siguientes palabras cuidadosamente:

—Gracias a esto —señaló el collar— fue posible encontrar el lenguaje en el que el sello está codificado. Si comparas el tipo de escritura de ambos objetos —dijo refiriéndose al libro y la única letra visible en la canedilla—, son bastantes similares aquí y aquí.

El semblante del chico cambió. No quería admitirlo, la muchacha frente a él no dejaba de sorprenderlo.

No se esperaba eso.

La cercanía de la chica le permitió distinguir el olor que desprendía la chica.

«Cerezos». Pensó.

Ahora entendía el interés de su Capitán hacia ella.

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Después de un día desastroso, al fin, podría dormir un poco.

No le tomó muchó tiempo llegar a la base.

Abró la puerta principal, visualizando a cada uno de sus compañeros estar inmersos en sus asuntos.

Notó la ausencia de Asta, Noelle y Luck.

Yami adivinó los pensamientos de la kunoichi, por lo que le explicó que ellos habían salido a una nueva misión. Ella se limitó a dar el reporte de la investigación.

Por alguna extraña razón, se sentía como si la estuvieran dejando atrás.

Asta era un muchacho que merecía todo el amor del mundo. Su inquebrantable personalidad y sus grandes esfuerzos darían fruto. Estaba segura de ello.

Por otro lado, a Yuno parecía irle bien. Había ganado fuertes amistades y con el paso de los días se volvía más y más fuerte.

La rivalidad entre Asta y Yuno era la misma que la de Naruto y Sasuke.

No pudo evitar recordar aquella época.

Sí... Aquella época en la que ella tenía doce años y no se preocupaba de su crecimiento como kunoichi, sino que se la pasaba de tratamiento en tratamiento, de salón de belleza en salón para acaparar la atención del Uchiha.

No quería quedarse atrás.

Debía ser fuerte. Lo suficientemente fuerte para volver a caminar entre ellos. Ahora, la pregunta que rondaba en su mente era la siguiete: ¿Qué demonios estaba haciendo ahora?

Estaba frustrada.

Caminó por los oscuros pasadizos de la base.

No sabía con exactitud si se trataba del cansancio o no.

Pero lo que vió la dejó helada.

Ella no creía en los fantasmas, pero vio

deambular una figura muy alta con una gran cabellera blanca.

Pareciera que su mente le hizo una mala jugada.

Y por si fuera poco, estaba perdiendo fuerzas.

Parpadeó incontables veces. Dirigió nuevamente su vista hacia donde había presenciado tal acontecimiento pero nada.

De seguro sí fue su imaginación.

A paso arrastrado, se encerró en su habitación.

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«¿De verdad funcionará?»

—Estás distraída. ¿Qué es lo que sucede, Sakura-san? Espero no te hayas arrepentido. —El de cabellos chocolate estaba frente a ella.

La rosada negó.

—Hagámoslo. —La mirada de la chica mostraba determinación.

El ojo-celeste sonrió. A pesar de que solo se habían relacionado por cuestiones de trabajo, le tenía cierto respeto.

Ella no era como alguno de los miembros del Escuadrón de Yami. Tenía poder e inteligencia. ¡Por Dios! Él la vio durante el examen de caballería.

¿Por qué se había ido con los Toros Negros? No lo entendía. Pará él, sólo se trataba de un grupo de inútiles. La chica tenía el talento para entrar en cualquier otra orden. Estaba seguro que incluso el Amanecer Dorado la hubiera aceptado con los brazos abiertos.

«¿Por qué lo hizo?»

Los pensamientos de Langris se vieron interrumpidos al notar que una sombra humanoide lo cubría. Se estaba confiando de más.

Su vista se enfocó hacia el cielo. Y observó a la Haruno preparada para darle una patada.

—¡Shannaro!

Escuchó el grito de la chica, por lo que tuvo que alejarse rápidamente para evitar ser golpeado.

La tierra tembló, provocando que Langris perdiera el equilibrio. Esperó a que la cortina de humo se disipara, pero no la vió venir.

Escuchó el crujido de algunas de sus cosillas. El golpe lo mandó a volar unos cuantos metros.

Se incorporó con dificultad. Además, limpió un hilo de sangre que escurría de su nariz.

Miró atentamente al miembro de los Toros Negros.

El puño de Sakura se encontraba cubierto de cristal.

No.

Eso era jade.

Era una magia muy extraña. Y bella.

El campo de visión del vice-capitán se volvió borroso. Escuchó los pasos apresurados de la Haruno acercándose.

Sin poder evitarlo, terminó en la inconsciencia.

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Sakura estaba extremadamente arrepentida.

En realidad creyó que Langris se defendería.

Tal vez fue 'muy en serio'.

Debía buscar a otra persona que le ayudara a entrenar.

Emanó chakra curativo para curarlo de inmediato.

La pálida piel del chico comenzó a tomar color, despertando lentamente en el proceso.

—¿Qué fue lo que... — El joven no pudo articular más palabras al notar el rostro lleno de culpa de la rosada

A pesar de que Vauce aseguró que no era necesario, se disculpó infinitas veces. Además de que se ofreció a llevarlo a su escuadrón con la excusa de que llegara a salvo.

El castaño, a regañadientes, aceptó.

El hermano menor de Finral sabía que la muchacha tenía conocimientos médicos, por lo que entendió su preocupación.

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—Toma esto. —Sakura le tendió unos frascos con medicina, alegando que él podría recuperarse con mayor rapidez.

Estaba por darse la vuelta e irse, debido a que el Capitán la hacía sentirse rara. No quería verlo. No hoy.

Pero el destino siempre jugaba en su contra.

—Es un placer verte, Sakura-san. —Miró la sonrisa indescifrable del enmascarado.

—Capitán Vangeance. —Realizó una reverencia. Ya sabía que los miembros del Amanecer Dorado que pasaban por ahí, la veían expectantes. Se sabía por todo el Reino del Trébol que la orden de este lugar respetaban mucho a su capitán—. Se encontraba a punto de retirarse, pero la voz deleitosa del albino la hizo erizarse.

—Ven a tomar el té conmigo.

«¿¡Eh!?»

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N/A

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¡Gracias por leer!

1. Disculpen, me quedó algo cortito.

2. Esta historia es de actualizaciones lentas, lo quiero aclarar nuevamente jsjsj.

3. No estoy segura sobre el nombre de Julius cuando se hace pasar como una anciana. Si alguien puede verificarlo o corregirlo, sería excelente para mí. :c

Cuídense mucho.

BRB