CAPÍTULO 5
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—Ven a tomar el té conmigo.
«¿¡Eh!?»
El albino sonrió.
—Langris, acompáñanos.
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La vista era maravillosa. Los rayos crepusculares impresos en el cielo. Simplemente increíble.
A diferencia de la base de los Toros Negros, ésta lucía sotisficada.
Agradecía infinitamente a su madre por haberle enseñado etiqueta y modales cuando era más joven. Jamás creyó hacer uso de ello, pero... por lo visto, se había equivocado.
Se ubicaban en uno de los jardines de la retaguardia.
—El trinar de las aves es más pronunciado en esta zona. —Comentó el albino.
—Así que al Capitán le gusta escuchar el canto de los pájarós, ¿eh? —susurró.
«Que hombre tan extraño».
—¿Qué es lo que te gusta a tí, Sakura-san? —para sorpresa de la kunoichi, el oji-violeta la había escuchado.
—Supongo que los juegos de trivia — respondió—. Y los dulces.
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El castaño desconocía el por qué de las acciones de su superior.
El Capitán Vangeance siempre se negaba a recibir los reportes de esa misión oralmente. ¿Por qué hoy lo aceptaría? ¿La razón era la presencia de la chica? No lograba comprenderlo.
—¿Usted sabe algo sobre «Zagred?» —La voz de Sakura lo trajo a la realidad.
El oji-violeta pareció meditarlo por algunos momentos. Al final, negó.
La kunoichi resopló.
—Entonces... —la rosada eligió cuidadosamente sus palabras— ¿podría contarme más sobre la Casa Hapsass? — cuestionó, en un intento de obtener más información.
William llevó una mano hacia el mentón, pensando en algo que pudiera ser útil.
—Durante mucho tiempo sirvieron a la Familia Real Silvamillion Clover —respondió.
Con delicadeza, Sakura tomó la taza de té y bebió un poco del líquido ámbar, procesando lo que había escuchado.
Silvamillion... Noelle le había comentado una ocasión que de esa gran familia descendían los Silva y los Vermillion.
Ahora la siguiente pregunta era... ¿Qué relación tenían los «Silvamillion» con «Zagred»?
Necesitaba indagar más.
Pero... ¿Cómo?
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No pasó mucho tiempo para que el informe terminara.
«Al fin... La primer fase de la misión ha concluido». La kunoichi pensó con alivio.
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—Tus modales son parecidos a los de la realeza. Y tu poder mágico... —Langris dijo repentinamente—. ¿En realidad eres una plebeya? —interrogó. Había algo extraño en ella que le hizo preguntar. Después de todo, las formalidades habían culminado en el momento en que finalizó el reporte.
—Mi madre me enseñó un poco —sonrió tristemente. La extrañaba mucho. De hecho, añoraba a todos.
—En realidad... Ni siquiera debería estar aquí... —suspiró.
—¿A qué te refieres con que "no deberías estar aquí"? —El hermano menor de Finral la bombardeó de preguntas—. ¿Te refieres a Amanecer Dorado? ¿O acaso no eres del Reino del Trébol?
—¿Eh? —parpadeo varias veces, creo que había hablado de más—. ¿Hablé en voz alta?
Él asintió.
Los dos hombres notaron que la ojijade se tensó levemente.
—¿Cómo está tu herida? —la de hebras rosadas preguntó, cambiando inmediatamente el rumbo de conversación.
—Me duele un poco el pecho, pero es soportable. —Respondió, mientras tocaba la región afectada.
—Capitán Vangeance. —La mirada del enmascarado se posó en la joven—. El vice-capitán Vauce necesita reposar por un par de días.
Sakura terminó por contarle lo que había acontecido hace unas horas, por lo que el albino comprendió la preocupación de la chica.
—Lamento haber herido a uno de tus hombres —se disculpó ante el albino.
—Si tienes complicaciones, no dudes en buscarme, Langris-san —le dijo al castaño.
—No será necesario —el castaño interrumpió —. En nuestra orden también tenemos sanadores hábiles.
—Es bueno saber eso... —Ahora era otra cosa menos por la que preocuparse.
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—Muchas gracias por su hospitalidad. —Hizo una reverencia.
—Amanecer Dorado está encantado de trabajar contigo, Sakura-san. —El hombre la observó directamente a los ojos.
Una extraña sensación recorrió su cuerpo al verlo sonreír.
No.
Tal vez estaba pensando de más.
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A lo lejos observó unas figuras humanoides acercarse a gran velocidad.
Entrecerró los ojos para obtener un mejor panorama.
Era Yuno. Y un dúo que no reconocía.
—¡Yuno-kun! —Sakura saludó a lo lejos.
El mencionado bajó del carruaje grisáceo.
—Oh... Sakura-san —saludó el azabache.
—¿Sakura-san? —la voz de una fémina captó la atención de la kunoichi—. ¿Tú eres Sakura Haruno? Yuno-kun nos ha hablado mucho de ti—dijo, el rostro de la chica reflejaba inocencia.
—¿Y tu eres...? —no tenía idea de quién era la muchacha.
—Mimosa Vermillion —la de cabellos naranjas la tomó de las manos y se acercó a su rostro—: ¡Tu cabello es muy bonito! ¿Es su color natural? —los ojos de la chica brillaban.
—Lo es —las mejillas de la mayor se tiñeron de rosado—. Es un placer, Mimosa-chan.
Klaus se acomodó los lentes, observándola meticulosamente. Ella no concordaba con la descripción hecha por Yuno.
Él la imaginaba... Diferente.
—Sakura-san —el mago de viento habló—. Esté es mi sempai. —Señaló al peli-celeste, que recién bajaba de la estructura hecha de acero.
El de lentes se aclaró la garganta.
—Soy Klaus. Klaus Lunettes —se presentó, con todos los modales dignos de un noble.
—Mi nombre es Sakura. Mucho gusto, Klaus-kun.
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«¿¡Klaus-kun!?»
El oji-magenta sintió que la cara le ardía. Las únicas personas que lo llamaban así era su madre y sus tías.
—Ella es mayor que tú —la forma inexpresiva en la que lo dijo Yuno, la hizo sentirse vieja.
«Como siempre, su falta de delicadeza me cala hasta los huesos». Los ojos de la chica estaban en blanco.
—Klaus-kun~ —la rosada se acercó sonriendo, al joven, y le tocó el brazo—: Yuno no suele ser impulsivo, pero aún le falta experiencia —le dio unas palmaditas en el hombro—. Cuento contigo.
«Esta mujer... Da miedo». El hombre no paraba de sudar al sentir el aura sofocante que desprendía la rosada. Indirectamente lo estaba amenazando para que cuidara del pelinegro.
—S-Sí.
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—Luces como la mierda. —El moreno rió a carcajadas, burlándose del estado desastroso en el que se encontraba la mujer. Yami escuchó atentamente los resultados de la investigación que su subordinada llevaba junto a algunos miembros de Amanecer Dorado.
—Necesitas pedir un permiso directamente al Rey Mago y hacer una petición a los líderes de cada clan —sacó el cigarrillo de su boca—.
—Obtener información sobre las Familias Reales es difícil —mencionó la kunoichi.
—Por supuesto que sí, idiota —confirmó—. Todas las familias importantes tienen secretos que no deben salir a la luz.
Ella asintió, como muestra de conformidad.
—¿Cómo lo haces? —Yami dijo repentinamente—. Estoy seguro que ninguno de nuestros magos hubiera encontrado esas pistas tan rápido como tú.
—No podía perder el tiempo —respondió—. A ese noble no le queda mucho tiempo. Yo... No dejaré que muera —los ojos de la chica brillaban con determinación.
—Sabes... —el Capitán la miró de reojo—. Debería dejar que tú te hagas cargo de mi papeleo en vez de Magna.
El hombre se levantó del sofá y caminó en dirección a su habitación.
—Mañana tienes mucho trabajo por hacer, mocosa. Ve a descansar.
Después de haber mencionado eso, desapareció del campo de visión de la Haruno.
«¿Hacerse cargo del papeleo?» Ella recordó aquellos días en los que tenía que ocuparse del papeleo de Tsunade.
Tragó grueso.
—¡Espere, Yami-san!
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Abríó la puerta de su habitación y se recostó sobre la cama.
Debía agradecer infinitamente a las chicas, de seguro ellas se habían encargado de limpiar la habitación durante su ausencia.
Miró nuevamente el retrato que estaba sobre su escritorio y lo acarició con infinita ternura.
«En estos momentos... ¿Qué estarían haciendo los demás?» No pudo evitarlo. Las lágrimas no cesaron por un largo rato.
Con más calma, invocó a Katsuyu, como cada noche.
—¡Sakura-chan!
—Katsuyu-sama...
—¡Sakura-chan! —la babosa repitió—. ¡He logrado hablar con Tsunade!
—¿¡Qué dijiste!?
—Te manda esto —el pequeño animal le entregó dos desplazamientos.
Sakura quedó anonada. No le había costado mucho contactarla.
Ahora, ya no estaba llorando de tristeza, sino de alegría.
Tomó con fuerza los pergaminos y la babosa desapareció.
Antes de poder leer el contenido de los pergaminos, un toque suave en la puerta la hizo sobresaltarse.
Limpió todo rastro de lágrimas y abrió la entrada de la habitación para ver de quién se trataba.
—Sakura-chan... —la azabache entró con una bandeja de comida y se sentó en la cama.
—Charmy-chan... —ella siguió su ejemplo y tomó asiento a su lado.
—La misión te ha dejado muy cansada —le dijo.
—Toma —puso la bandeja en su regazo—. Te traje comida porque no llegaste a la cena.
Sakura sonrió. Era cierto que extrañaba a sus amigos en Konoha, pero debía admitir que aquí también habían personas que no se arrepentía de haber conocido.
—Gracias. —La azabache estaba por dejar la habitación, pero la oji-jade se lo impidió.
—Come conmigo, Charmy-chan. La comida sabe mejor cuando la compartes, ¿no crees?
La boca de la menor se le hacía agua al ver tantos alimentos deliciosos.
—¡Sí!
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Al día siguiente, Yami le informó que el Rey Mago solicitaba su presencia, para tratar asuntos relacionados a la investigación.
Sakura aceptó.
No era de lo único que hablaría con él, puesto que ahora tenía órdenes directas de Konoha.
Tenía la certeza de que todo iría bien.
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El trío de Amanecer Dorado y el dúo de los Toros Negros fueron convocados por pedido del Rey Mago.
—Lo cierto es que hoy se reunirán los caballeros que obtuvieron más estrellas para una ceremonia condecorativa. —Julius confesó—. Participen ustedes también.
—Hay preparado un pequeño banquete, así que disfrútenlo —les dijo a todos, incluyendo a los cinco.
—Por cierto, hoy tendremos a una invitada especial. Conversen con ella, por favor.
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—Las miradas del resto se clavan. Así no se puede disfrutar. —Klaus, Yuno, Mimosa, Noelle y Asta estaban algo alejados de los caballeros mágicos.
«¿Por qué nos invitaría el Rey Mago? Y por si fuera poco, se marchó...» El peli-celeste estaba confundido.
—¿Qué es esto? ¡Nunca había probado algo así! —El peligris se deleitaba con cada uno de los bocadillos. Ni la comida de Charmy sabía así de buena.
—Muy propio de Asta, es imperturbable. —El oji-magenta estaba asombrado por la paciencia del chico.
—Viles plebeyos... ¿Por qué los tolera el Rey Mago? —El comentario de un miembro del Amanecer Dorado fue el detonante para que todos los demás comenzaran a hablar entre ellos.
—No siento nada de poder mágico —una mujer con un parecido increíble a Noelle se acercó—. Superó la mazmorra porque tuvo suerte, sin duda.
—Que forma más ordinaria de comer —otro de ellos se rió a carcajadas.
—Es una rata que no pertenece a este lugar.
Cinco...
—Sin pelos en la lengua, ¿no? Aunque estoy acostumbrado. —Pareciera que al usuario de la anti-magia no le afectaba en lo absoluto.
—También hay plebeyos en su orden. —Un pelirrojo caminaba lentamente hacia los miembros de amanecer dorado—. El creído que elevaron por tener el grimorio del Trébol de cuatro hojas.
—No creas que esperamos algo de ese mocoso. —El peliverde le respondió.
Cuatro...
—Si me permiten... —el joven de gafas fue interrumpido por uno de sus compañeros de orden.
—Tu también Klaus. ¿No te avergüenza estar aquí con tu nivel?
Tres...
—¡Y tu Mimosa! —las miradas se dirigieron hacia la usuaria de magia vegetal—. En la mazmorra te lastimaron enseguida y tuviste que retirarte. ¿No eres de la familia Vermilion de sangre real? —la pelinaranja avergonzada, desvió la mirada hacia el suelo.
Dos...
—No, la inútil que menos merece estar aquí... Eres tú. —Un joven de cabellos plateados se acercó con una copa en manos—. ¿Verdad?, Noelle.
—Solid nii-sama. —La oji-violeta reconoció a su hermano mayor. . . . Asta bufó.
Estaba a punto de blandir su espada pero la mano de su rival lo detuvo.
Él le señaló a cierta persona. Y el enfado del peligris se esfumó.
¿Qué hacía ella aquí?
El rostro molesto del chico cambió a uno lleno de preocupación.
—Yuno... —el de ojos verdes le susurró, asustado—. ¡Hay que detenerla!
—Es imposible.
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—Una vergüenza sin precedentes que no sabe ni controlar su magia. —La mujer de antes fanfarreó—. Deberían haberla expulsado de la familia Silva. No sé cómo te atreves a pisar la capital de nuevo.
—Hermana Nebra... —la menor agachó la cabeza.
—Te confíaste por un único éxito, ¿y viniste expresamente a mancillar nuestro apellido? —las palabras fueron expulsadas venenosamente.
—Hermano Nozel...
—Este lugar no es para ti —le dijo—. Márchate. Matricida inútil.
Uno...
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La cuenta mental de Sakura había terminado.
Juró que no se dejaría llevar por sus emociones. No mientras estuviera aquí.
Ya había llegado a un acuerdo con el mismísimo Rey Mago y no quería echar a perder todo.
Debía mantener la compostura.
Respiró profundamente pero, sinceramente, no lo soportaría más.
¡Al carajo con la diplomacia! Aceptaría cualquier castigo.
No se iba a quedar con los brazos cruzados.
Porque ella no abandonaría a sus amigos.
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Solid intentó derramar el contenido de su bebida en Noelle.
No se fijó en qué momento había sucedido el cambio, pero la muchacha frente a él no era su hermana menor.
—No deberías derramar tu bebida en el cabello de una chica —la rosada se limpió
el rostro con el dorso de una mano.
—Sakura-san... —Noelle observó las gotas rojizas que escurrían de la cabellera rosada. ¿Por qué se había interpuesto? Ella no tenía nada que ver con los asuntos de su familia.
La mencionada la miró por unos segundos.
—Es bueno ver que estás bien, Noelle-chan.
Asta dio un paso al frente, intentado que la atención hacia Sakura recayera en él.
—No tienes por qué huir de esos tipos —Se dirigió hacia Noelle.
«¡Aprovecha la oportunidad, Yuno!» Le hizo un gesto al azabache que sólo él pudo comprender.
De inmediato el oji-ámbar le susurró algo a Klaus, el cual, sorprendido de ver a Yuno asustado, aceptó la petición.
Algunos fueron testigos de cómo el peli-celeste utilizaba un hechizo de atadura en la muchacha de los toros negros y la alejaba. . . .
—Pensé que serían impresionantes por llegar hasta aquí. —El usuario de anti-magia se subió en una de las mesas—. ¡Pero son como el resto!
—Que si plebeyo, rata, vergüenza, inútil. ¿¡Qué importa si somos dignos de estar aquí!?
—Juro que... —tomó una bocanada de aire para exclamar—: ¡Acumularé resultados y seré Rey Mago! ¡Y les cerraré el pico!
La sala se sumió en el silencio. Pero unos aplausos irrumpieron en el lugar.
Sakura se aproximaba lentamente. Ella dejó de aplaudir hasta que quedó frente a Asta, el cual solo reía nerviosamente.
Todos los demás la veían como si estuviera loca.
Por otro lado, Klaus estaba asustado. «¿¡Cuánta fuerza utilizó para romper el hechizo!?» Ella ni siquiera había utilizado su grimorio. . . .
—¿Qué te convertirás... /En Rey Mago?
La incredulidad se hizo evidente. —No me hagas reír.
Ambos hermanos plateados no quisieron perder el tiempo y sacaron su grimorio, lanzando un hechizo hacia donde estaba la oji-esmeralda.
—¡Magia de atadura de Agua: Enroscadura
de Serpiente Marina! /¡Magia de atadura de Niebla: Hilos de Araña de Niebla!
Una gran cantidad de agua y niebla rodearon el cuerpo de la kunoichi.
—¿Ven? —el joven de las águilas plateadas exclamó —los plebeyos siempre serán débiles.
Los Silva reían a carcajadas, pero se detuvieron al ver que una figura femenina emergía de la zona de ataque, caminando hacia ellos como si nada hubiera pasado.
—Con esta ropa pescaré un resfriado. —Jaló sus prendas, para que no se le pegaran al cuerpo.
—¿En dónde está tu hechizo? —la paciencia de la chica estaba agotándose.
—Maldita... —ambos hermanos estaban enfurecidos.
Solid concentró una gran cantidad de poder mágico para herir a la chica, pero no esperaba la intervención del Capitán de las Águilas Plateadas.
La presión era tan sofocante, que los hizo detenerse. Todos estaban retrocediendo, a excepción de una persona. . . .
—Solid, no desperdicies tu magia con plebeyos.
—Pero...
—Silencio. ¿Acaso quieres avergonzar a la Familia Silva?
Asta sentía escalofríos. «Es una presión fría, distinta a la que desprende el Capitán Yami.»
—¿Cómo lidiar con un plebeyo que se revela contra la realeza? —el hombre se detuvo a escasos centímetros de la rosada.
La kunoichi no se inmutó. Sabía que era poderoso, pero ya se había enfrentado a seres más aterradores. «Así que ese es el Capitán de Orden de las Águilas Plateadas.
Es fuerte».
—¿No les da vergüenza ensañarse con unos plebeyos? —Fuegoleon fue el encargado de detener esa disputa, la cual, iba de mal en peor.
—¿Alguien de la realeza que reconoce a un plebeyo como rival? —El mayor de los Silva no entendía las acciones de Leopold hacia el de cabellera grisácea.
—El Rey Mago Julius en persona le permitió estar aquí. —Le contestó—. Aunque sean plebeyos, merecen algo de nuestro reconocimiento.
—Jamás pensé que oiría a alguien de la realeza decir eso —confesó—. Los Vermilion se han ablandado. Son una deshorna como familiares.
Las palabras dichas por el peliplata fueron suficientes para que la presión mágica de ambos comenzara a aumentar exponencialmente.
—Detenganse.
Los demás miraron con asombro a la persona que se interponía entre la batalla.
«¿¡Es que acaso no le tiene miedo a la muerte!? Ahora entiendo porqué Yuno le tiene respeto». Klaus se acomodó los lentes, escudriñándola.
La chica, movió el brazo derecho y señaló con el dedo índice una de las ventanas del salón.
La capital estaba siendo atacada.
—No tenemos tiempo para discusiones entre nosotros —habló—. Cinco lugares fueron atacados al mismo tiempo.
—Mi cuerpo original ya está atendiendo a los heridos, pero necesitaré de tu ayuda, Mimosa-chan —después, desapareció en una cortina de humo.
—Es terrible. ¡La capital está siendo atacada! —un caballero abrió de golpe la sala en la que todos estaban reunidos.
—Aunque odien que les dé órdenes, escúchenme, caballeros.
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N/A:
¡Gracias por leer!
Me gustaría aclarar que la edad de Sakura será de veinte años (en este punto, vaya).
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BRB
