No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la maravillosa FlamingMaple. Yo solo me encargo de traducir y divertirme.
I do not own the copyright. The characters belong to the amazing Stephenie Meyer and the story is from the wonderful FlamingMaple. I'm just in charge of translating and having fun.
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Bella parpadeó hacia su teléfono mientras se sentaba en la cama. Se frotó los ojos.
No, se dijo a sí misma. No estaba imaginando cosas. Que definitivamente era el nombre y número de Edward el que se leía en la pantalla. Él le había enviado un mensaje acerca de esta exhibición en la galería de arte. Una exhibición de arte del siglo XVIII.
Ella había visto la publicidad. Casi lo arrojaban sobre el público, si era honesta. Al igual que Marie. El costo había hecho que el evento estuviera prohibido para ellos, ningún estudiante podría llegar a costearse algo así.
Otro mensaje llegó: Solo si estás interesada.
Maldito sea.
Él la conocía lo suficiente para saber que obviamente ella quería ir.
De verdad quería ir.
Ellos no se habían visto desde ese último, desastroso almuerzo. Era mejor, en muchas maneras, mantenerse alejados. Pero si era honesta contigo misma... quería verlo.
Aún lo... quería.
Y quería que él la quisiera.
Ugh, pensó, manos sobre su cabeza, un monstruoso y exasperado sonido escapó de sus labios.
El deseo de ver esa exhibición era bastante fuerte también.
Ella pensó, su mandíbula se apretó con indecisión.
Recuerda, le dijo la pequeña voz en su mente, recuerda lo mucho que quieres hacer las cosas por ti misma, ver cosas, experimentarlas, esto debe contar, ¿no?
Con una impetuosidad de la que deseó no arrepentirse luego, ella tipeó de regreso: Me encantaría.
Luego presionó enviar, antes de poder cambiar de parecer.
Edward respondió inmediatamente: ¿Te recojo a las seis?
Seis.
La exhibición no abría hasta las siete treinta.
Y, ¿dónde sería gastada la hora y media que tendrían de más? Se preguntó ella.
¿Si es que no te molesta que te lleve a cenar? Se leía en el siguiente mensaje.
Ella alzó una ceja. Al menos había preguntado esta vez. No lo había dado por sentado.
Eso sería lindo, escribió ella.
Al menos, esperaba que así fuera.
Ella se mordió el labio nerviosamente, recordando la última vez que lo había visto.
El resto del día pasó como si nada, y ella pasó su rutina de fin de semana sin ninguna molestia, incapaz de enfocarse en algo relacionado con sus exámenes. A la una, ella se rindió, tomó su abrigo, y se dispuso a dar un paseo.
Ella no escuchó el par de pasos que la seguían por atrás hasta que un par de brazos la rodearon. Jun sintió claramente el shock por la sorpresa que Bella estaba teniendo, sobre todo cuando ella se alejó temblorosa, el miedo y el horror parecían haber tomado el control de sus expresiones.
— ¡Lo siento! — dijo él, dejando ir rápidamente, y buscando tentativamente su mano, manteniéndose cerca. — Pensé que me habías escuchado llegar.
Bella estaba inclinada hacia delante, con las manos sobre las rodillas, intentando recuperar el aliento y poder respirar normalmente.
— Hey. — dijo él suavemente, esta vez envolviendo un brazo por la delgada espalda de ella. — De verdad te asusté, ¿no?
Ella asintió, más erguida.
Ella se había imagina un par más frío de brazos, y con propósitos menos divertidos.
Él la atrajo entre sus brazos.
— Lo siento — dijo él. —, no quería asustarte. Solo intentaba ser... — él perdió el hilo. Estaba a punto de decir "amistoso", pero ahora le sonaba... tonto.
— Me altere un poco. — dijo ella intentando sonreír.
Se había alterado, eso era seguro.
Él sacudió la cabeza.
— ¿A dónde te dirigías, antes de que consiguiera hacer que te asustaras como la mierda? — la sonrisa en su rostro estaba llena de curiosidad.
— La biblioteca. — dijo ella, intentando devolverle el gesto. Aunque sus labios no fueron capaces de estirarse por completo.
— ¿Quieres que camine contigo? — preguntó él. Recién había salido de un grupo de estudio en otro lugar del campus, y había sido toda una coincidencia encontrarla. "Estúpido" parecía ser su segundo nombre en este punto, y quería asegurarse de que ella estaba bien.
— No, estoy bien — dijo ella. —, tengo que estudiar.
Él asintió, pero sus cejas casi se tocaron en su frente
— De acuerdo. — dijo él. — ¿Estas libre más tarde?
La expresión de Bella fue un reflejo de la propia.
— Ummm... no.
— Okay. — dijo él, sin pensar en absolutamente nada sobre eso. Aunque le causó curiosidad el sonrojo de sus mejillas, pero lo atribuyó a haberla asustado. — ¿Qué te parece si mañana en la noche vamos a los bolos?
— Claro. — dijo Bella insegura, con las cejas alzadas.
— No me mires así. — dijo Jun con una nueva sonrisa. — Será divertido, ya verás.
— ¿Me llevarás también a la fuente de sodas por una malteada? — ella sonrió. — Desgraciadamente, dejé mi mejor crinolina en casa.
— No te limites con los calentadores y la vaselina, bebé. — él le devolvió la broma. — Debo irme. Tengo que llegar a mi grupo de estudio.
Ella tomó la oportunidad para balancearse sobre las puntas de sus pies y besarle en la mejilla.
— Oh, no. — dijo Jun. — He sido delegado a besos en la mejilla. — no se movió para hacer cualquier cosa más íntima, pero besó el reverso de su mano. — Nos vemos mañana.
— Nos vemos. — dijo Bella, retomando su camino hasta la biblioteca.
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Entre los estantes, ella dejó que sus dedos acariciaran los lomos de los libros, admirando las diferentes texturas, y llegando a tomar el libro cuya textura más llamara su atención. Milton. Ew. Tal vez no. Esta vez, ella usó sus ojos, escogiendo entre los tonos como si fueran moras, algunos simolesby resilientes, otros suaves y desgastados por el tiempo y el uso. Cuando tuvo llenos los brazos, regresó lentamente a su recámara, hablándose a sí misma mientras caminaba.
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Ella estaba realmente sumergida en un comentario de Wakefield, cuando se dio cuenta de la hora. Abriendo la puerta de su clóset, ella intentaba recordar si habría lavado su... y se detuvo ante las elegantes bolsas que colgaban junto a su ropa.
Aquellas cosas no le pertenecían.
Tampoco los vestidos. Porque eso era lo que había en aquellas bolsas.
Pinchado en uno de ellos estaba una nota de Alice: ¡Feliz Navidad Adelantada! Obviamente, yo no puedo decirte cuál te queda mejor, pero te luce bien el azul. El otro vestido que no era mencionado en la nota era un simple y corto vestido negro de cóctel. El vestido azul era largo, bastante modesto, pero lo suficientemente sugestivo en la línea del escote, y tenía unas delicadas mangas con forma de capa.
Bella rió, y tomó su teléfono para mensajear a Alice: Gracias. Son muy lindos.
El de nada no tardó mucho en llegar.
Después de intentar arreglar de cualquier forma su cabello, ella se rindió, decidió dejarlo suelto y libre antes de sumergirse de nuevo en su libro, demasiado nerviosa como para entender ninguna palabra.
Decidiendo que prefería esperar fuera que morir de nervios en su habitación, ella tomó su abrigo y su bolso, su cabeza estaba gacha cuando abrió la puerta.
Edward la detuvo gentilmente con las manos, antes de que se estrellara contra él, pero no la detuvo de emitir un ruidito de sorpresa.
Con el corazón acelerado, ella se sostuvo a sí misma contra la puerta.
— Lo siento. — dijo él. — Estaba a punto de tocar.
Ella sacudió la cabeza, intentando sacudir también el sentimiento, decirle que todo estaba bien.
— Solo... fue inesperado. — murmuró ella.
No era la forma en la que él quería empezar la velada, y se tomó un momento para mirarla, notó el ligero aroma de Alice cuando se concentró en la tela del vestido b que estaba usando.
— Te ves hermosa. — dijo él, queriendo decirle más. Deseando hacer mucho más que quedarse parado, con las manos pegadas a sus costados.
— Alice. — dijo ella sonriendo un poco, y dejando que sus propios ojos lo miraran. Impecable, como siempre, esta vez en un traje que favorecía a la perfección cada línea de su cuerpo. Sonrojándose, agregó: — Tu también te ves bien.
— También Alice. — sonrió él, haciendo un gesto hacia la salida.
Bella le siguió, dejándose a sí misma algunos pasos detrás de él, intentando controlar sus emociones, habían resultado ser inestables en el sorpresivo encuentro de hace unos momentos.
Edward forzó a su rostro a adoptar una expresión neutral, escuchando lo acelerado que estaba su corazón, se preguntó si ella estaría nerviosa por las mismas razones que él.
— ¿Emocionada por ver algunas antigüedades... además de mí? — preguntó él, manteniendo su tono ligero. Travieso.
Funcionó.
Ella sonrió, y su sonrojo aumentó.
— Mucho. — respondió, dejando que su entusiasmo por la exhibición saltara a la vista. — ¿Tu no lo estás? — preguntó, no que ella pensara que él estuviera interesado en la exhibición por otra razón más que llevarla a ella.
— Hay algunas cosas que estoy esperando poder ver en persona. — admitió él. Pero, más que nada sus ojos se seguían desviando a la belleza que estaba frente a él. Abriendo la puerta del coche, preguntó: — ¿Ya terminaste tu libro?
Ella se evidenció a sí misma con una risa.
— No. — respondió, sonriendo ante el pensamiento. Aquel libro era como de mil páginas. — Entonces — siguió diciendo. —, ¿a dónde vamos?
— Dijiste que querías tener nuevas experiencias, ¿cierto? — preguntó él, sus cejas se alzaron
— ¿Qué tan... ummm... nuevo?
— Viejo, en realidad. — él sonrió. — Más mi estilo de vintage que el tuyo.
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Él tenía razón. Los altos techos italianos, y los candelabros de cristal eran intimidantes. El host, mucho más. Su alta y oscura figura se asemejaba más a la forma vampírica tradicional que a la humana. Su cara no mostraba otra cosa que no fuera placidez y respeto.
Hizo que Bella se preguntara qué pensaría de aquel par de estudiantes que podían permitirse comer en tal refinado lugar.
— ¿Debería atreverme a preguntar qué es lo que piensa de nosotros estando aquí? — preguntó ella.
Los ojos brillantes de Edward mostraron sorpresa. Ella nunca había preguntado. Sabía que él intentaba proteger la privacidad de todos.
— Lo siento. — dijo ella, notando la duda de su acompañante. — Solo que, este parece un lugar extraño al que acudan dos personas jóvenes.
Él sacudió la cabeza con una ligera sonrisa. Bella sintió que las palmas de sus manos dudaban un poco.
— Ni siquiera cerca. — dijo Edward — Drama de cocina y entre los meseros. Ni siquiera llamamos su atención.
— Bueno, eso es nuevo. — dijo ella, pensando en las reacciones que normalmente causaba Edward cuando estaban en público.
— Bueno — dijo Edward —, él es increíblemente miope, y al parecer, perdió sus anteojos.
Bella se atragantó con su vaso de agua, y Edward se contagió de su risa, acompañándola.
— Pobre hombre. — murmuró ella cuando se sintió mal por haberse reído a costa del sujeto. Le recordó a Renee.
— Mmm... — dijo Edward, disfrutando del toque color en sus mejillas. Su risa.
Bella observó a otro de los clientes presentes en el restaurante, y Edward dijo:
— Adivina. Te diré si estás en lo correcto.
Ella sonrió ampliamente. Era uno de sus juegos que rara vez jugaban, pero de sus favoritos.
— Abogado. — dijo ella, haciendo con un movimiento de cabeza, la dirección de la persona.
— Bingo. — dijo él, sonriéndole.
La siguiente mesa fue más difícil.
— ¿Juez?
— Nop.
Así siguió, ligero y juguetón, junto con los cambios de dirección de sus conversaciones, hasta que el mesero se llevó sus platos.
— ¿Postre? — preguntó Edward.
Bella sacudió la cabeza. Ya quería llegar a la exhibición de la galería.
Cuando les regresaron sus abrigos, el host le dio su chaqueta a Edward, a lo que Bella alzó las cejas mientras sonreía, un poco incrédula de la suposición.
Edward se encogió de hombros, pero con una pequeña sonrisa de satisfacción, dejando que su expresión fuera igual a la de ella, cuestionando, esperando que se diera vuelta para colocarle el abrigo.
Jun era amable, pero Edward era extremadamente cortés, de una forma que dejaba claro su época. Su tiempo alejados hacía que sus modales se sintieran frescos, y su respuestas a todo eso eran casi inseguras.
Él deseó que ella fuera más abierta ante sus despliegues de cortesía, o que él pudiera hablar con los ademanes modernos para que ella le entendiera mejor. El espacio entre ellos y las elegantes vestimentas hacían que el ambiente fuera rígido y extraño.
Su juventud de nuevo los distinguió durante su recorrido por la Galería de Arte, apenas un poco concurrida, y los hacían el centro de pequeñas sonrisas de aprobación.
Mientras pasaron las pinturas, aquellas sonrisas y miradas se hicieron más pronunciadas, los visitantes más mayores parecían casi entretenidos e impresionados por el interés casual de aquellos jóvenes por el arte.
— Creo que somos populares. — dijo innecesariamente Edward, mirando el fuerte sonrojo de Bella cuando otra pareja mayor pasó a su lado y los miró fijamente, mientras intentaba mantener su vista en la pintura frente a ella.
Ellos se dedicaron a vagar por la galería, Edward se sentía feliz de solo seguirla y mirarla cuando encontraba alguna joya nueva en cada ala.
— Oh. — dijo ella, apenas apreció la pintura frente a ellos. — Eso es…
— La escena de la boda, de Pamela. — terminó Edward por ella. Él mantuvo su desdeño a raya. Él de verdad no soportaba aquella novela, pero no quiso arruinar su entusiasmo.
Ella tuvo que detenerse a sí misma para no tocar el cuadro, admiró las breves líneas del texto original que estaban presentadas, cada pincelada era precisa y muy bien cuidada.
— Él está realmente subestimado. — dijo la mujer a su lado. — Amo el trabajo de Highmore. — entonces se dedicó a compartir con Bella su opinión de los detalles del fondo de la pintura. Sin embargo, se detuvo al ver cómo Edward miraba a Bella. — Es una lástima que las personas solo tienen fotografías de sus bodas, ya nadie prefiere los retratos. — les guiño a ambos, alejándose con una sonrisa.
Bella se sonrojó ante la indirecta que les había arrojado a la cara.
Claro que la gente pensaría esas cosas, se recordó a sí misma. No significaba nada, se dijo a sí misma, pero era más difícil obligarse a creérselo.
Era más difícil, cada vez que estaba cerca de él, mantener sus barreras altas, el punzante dolor que su rechazo ocasionaba, y no poder manifestar todas las demás emociones que él ocasionaba en ella cuando estaba en su presencia.
Él. No. Te. Desea.
No lo suficiente para cambiarte.
O para estar contigo.
Ella se repitió aquellas frases, muchas veces.
Ella estaba de pie, mirando fijamente a la pintura a la que se había movido sin pensar, su mente parecía estar luchando en su batalla emocional interna. Cuando la niebla mentar se disipó, solo un poco, se dio cuenta del título de la pintura representaba su propia fecha límite.
Edward la estaba mirando, la preocupación empezaba a crecer en su propio rostro. Los colores cambiantes de su delicado rostro dejaban en claro lo cambiantes que eran sus emociones en aquel momento, pero él no lograba identificar ninguno. Su silencio le dijo que probablemente no eran cosas buenas, y notando en dónde descansaba la vista de Bella, él murmuró 'la casa de verano' un poco alto, preguntándose qué le había afectado tanto.
Verano, estaba pensando ella. Ella tenía hasta el próximo verano. Seis meses, tal vez siete como máximo.
Y, entonces, ella tendría que ser convertida.
¿Él la querría entonces?
Dejando que sus ojos chocolate recorrieran el entorno, su rostro se sintió caliente. ¿Qué tan estúpida podría ser ella, queriendo estar con él? Pensar que ella podría con aquello… podría no sentirse herida por su frustrada necesidad… ¿Podría soportar el continuo recuerdo de su rechazo?
Sus ojos cayeron, sus brazos se enroscaron a su alrededor, y una oleada de lágrimas amenazaban con salir. El permanente sonrojo flameó en sus mejillas y ella se volteó rápidamente.
— Necesito aire. — escapó de sus labios.
Ella escaneó aquel lugar en busca de una salida. Un balcón, algo… lo que sea. Ella lo encontró, a la distancia, unas puertas dobles de cristal de dejaban ver un pequeño balcón, una estancia lo suficientemente grande para que algunas personas estuvieran cómodamente fuera, ella casi marchó en esa dirección con Edward siguiéndola, confuso pero decidido, sus silenciosas pisadas no tardaron mucho en comenzar.
Estaba frío, pero ella se mantuvo allí, tomando varias respiraciones profundas, sus manos se sostuvieron de la delicada baranda, esperando a que la espiral de confusión pasara.
No lo hizo.
Ella escuchó el susurro de la tela cuando Edward comenzó a quitarse la chaqueta.
— Estoy bien. — dijo ella, sus dientes chocaron.
— Si estás lo suficientemente molesta como para no sentir el frío, lo dudo. — replicó él quedamente.
Ella se giró para enfrentarlo.
Si ella iba a ser humillada, bien podría enfrentarlo cara a cara.
— ¿Es que tú, solamente no me… deseas? — ella empujó las palabras para que salieran, la miseria podrida comenzó a salir en forma de las lágrimas que les siguieron a sus palabras.
— Sabes que eso no es verdad. Sabes que es porque no quiero lastimarte.
El pecho de Bella se apretó ante aquellas palabras, recordando la facilidad con la que él le había mentido. Cómo le dijo que no la quería. Cómo él se iría con tal de hacer su vida más fácil.
Aún lo seguía haciendo… seguía mintiendo… para proteger sus emociones.
— No lo harás. — susurró ella, su voz temblorosa. Ella sabía que él no la lastimaría, pero o no le creía, o solo no la quería… y una de esas opciones era más plausible que la otra.
La conversación era tan repetitiva, que ya era como leer un libreto.
Entonces, allí estaba él frente a ella, con apenas un espacio entre ellos como de un libro, susurrando, casi siseando, continuó diciendo Edward:
— Todo lo que tengo que hacer, Bella, es perder el control por una fracción de segundo… una fracción.
Ella alzó el rostro hacia el de él, ahora solo les separaba una pulgada. Tan cerca. Su aroma prácticamente la golpeaba en la cara, eliminando todo el aire limpio que podría existir entre ellos. Ella sintió los dedos de Edward deslizándose por su largo cabello, acariciando su cuero cabelludo hasta detenerse en las raíces de la nuca. Las palabras desaparecieron, y todo lo que ella podía hacer era respirar… brevemente, rápidamente, ocasionando que todo se viera ligeramente distorsionado.
— O besarte, solo un poco demasiado fuerte. — siguió susurrando él, la parte trasera de su mano ahora acariciando su mejilla. — Sostenerte con menos que perfecto control. — él tragó duro. — apretar demasiado… donde sea. — añadió, la vaga referencia fue suficientemente explicativa.
Ella estaba temblando ahora, pero no de miedo.
Entonces, él la besó, sus labios presionaron los de ella de forma más intensa de lo que Bella había sentido nunca, su mano la sostuvo fuertemente por la espalda, de tal forma que junto a las chispas de placer que invadieron su cuerpo, había una sensación de dolor.
Él no se detuvo. Su propio rostro estaba contorsionado ante la peligrosa danza de la dicha de simplemente tocarla, y el conocimiento de que cuando se detuviera, él no sabía cuándo o si lo haría, pasaría de nuevo.
Así que él la besó, y dejó sus manos en sus tibias mejillas, sus brazos, los contornos de su espalda, las lustrosas y suaves líneas que su vestido dejaba a relucir.
Fue Bella quien se alejó, su rostro empapado con lágrimas. Ella respiraba pesadamente, sintiendo como si su cuerpo estuviera dislocado, así como su corazón.
Edward sabía que se había excedido, que había cruzado una línea y que no había excusa para él. Abrió la boca para disculparse.
— Lo…
— ¿QUÉ? — exclamó ella. — ¿LO SIENTES? — inhaló, la furia creció más dentro de ella. — ¿POR QUÉ? ¿PRETENDER DEMASIADO BIEN?
— ¡Si te deseo! — dijo él, su voz se alzó más de lo que le hubiera gustado. Las personas en el interior de la galería comenzaban a mirarlos.
— ¿Para que puedas rechazarme? — preguntó ella, bajando la voz, notando las miradas, casi siseando. — ¿Para que me digas que me amas, me deseas, pero que no estarás conmigo?
— Sabes que eso no es verdad. — dijo Edward, igualando su tono.
— No, no lo sé. — dijo ella, los colores furiosos pintaron sus mejillas. — Tú te niegas. Incluso si estuviéramos casados. — dijo ella. — Haz sido tan claro como el cristal. — las últimas palabras fueron como un latigazo.
— ¿Eso es todo? — dijo él. — ¿Sexo? — él estaba enojado ahora. Más allá de sí mismo. El beso había aflojado todos sus límites establecidos, mandando a su control a la mierda.
Ella no respondió verbalmente, pero para él, el sonrojo de sus mejillas era suficiente.
— ¿Eso es lo que crees que es el amor? — demandó él.
Había demasiadas lágrimas furiosas dificultando el paso por su garganta, las palabras no lograban salir.
— Bella. — dijo él, su mandíbula se tensó y él susurró con furia: — Preferiría verte dormir con cualquiera, que ser un monstruo egoísta y matarte en el acto.
Entonces, antes de que él pudiera decir o hacer cualquier otra cosa parecida, o incluso más detestable, se dio la vuelta y caminó lejos, dejándola temblando en la entrada del balcón, un grupo de visitantes se disipó para darle paso a un furioso Edward quien estuvo a punto de chocarse con ellos al salir del edificio.
Bella se quedó allí, en shock más allá de las palabras y las acciones. Espero hasta que él tuvo tiempo para irse, y entonces, con tanta dignidad como pudo reunir, dejó la galería.
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Bueno, les dije que todo se iría al carajo jaja y créanme… no va a mejorar en el siguiente capítulo xd
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¡Nos leemos pronto!
