Navarone era una base que conocía de poco más que los archivos de Doflamingo. La infranqueable muralla natural hacía la base del G-8 una de las mejor defendidas, pese a la total falta de actividad que muchas veces hacía al resto de los escuadrones tachar aquel de acomodado en comparación a sus últimas vivencias.
La odisea en Skypiea había batido con creces las demás experiencias que había vivido June en el pasado, pero cuando parecía acabar en una tranquila travesía hasta la siguiente isla, el forzoso aterrizaje del Going Merry en el interior de aquella impenetrable base los obligó a huir del navío.
June apretó la mandíbula y respiró profundamente mientras intentaba asimilar la situación. Tal vez podría salir de aquella situación ilesa, pero las cartas no jugaban en su favor. Sus dedos golpearon su cinturón, haciendo un leve sonido tintineante y finalmente tomó una decisión. A paso valiente, salió de su escondite y caminó con confianza a través de los pasillos hasta que, tras unos instantes, encontró una ventana. La abrió lentamente y se se sentó sobre el alféizar mientras se recogía el cabello en un moño.
— Cuidado, estamos a mucha altura. Podrías hacerte mucho daño.
La voz de un joven la sobresaltó, haciendo que perdiera el equilibrio. June intentó agarrarse al marco de la ventana, pero sus manos se resbalaron de la madera. Levantó los brazos para intentar evitar su caída, pero finalmente la mano del muchacho la agarró, tirando de ella hacia sí. June se quedó quieta un instante, pero finalmente se relajó cuando el joven suspiró y aprovechó para analizarlo. Estaba claro que aquel muchacho no era la definición más fidedigna del estándar de soldado: su cabello color marfil y sus ojos púrpuras parecían más procedentes de un príncipe de una novela de fantasía que de una persona real. Aún pese a su aspecto inusual, June podía sentir que el aura que lo envolvía estaba lejos de ser la de un príncipe, sino la de un cruel asesino.
— Disculpe mi impertinencia— el marine la ayudó a bajar del alféizar y levantó su mano con delicadeza en un beso—. Creo que lo justo es que se presente usted primero, o voy a tener que avisar a mis compañeros de su presencia.
— Mi nombre es Bad Beat. Soy una de los agentes de Su Majestad Donquixote Doflamingo, estoy meramente de paso. Y puedes tutearme, estoy segura de que soy menor que tú.
— Así que Doflamingo te deja ir por libre y decides acomodarte aquí— comentó mientras la muchacha se acomodaba en una esquina de la ventana—. Mi nombre es Casto, alférez acompañando al comandante Shepherd. Espero que no vengas a provocar más alborotos y sea una simple visita de cortesía.
— Empiezo a sospechar que algo conoces de mí, ¿no es así?— June frunció el ceño—. Sencillamente llegué por casualidad a bordo de uno de los barcos por un problema que tuve en alta mar. Pensaba que se dirigiría a una isla, no a esta base.
Casto frunció el ceño y la pelirroja sencillamente sonrió. Sacó de sus bolsillos una hoja de papel que dejó sobre la mesa, a la vista del marine. El joven la escrutinó a conciencia, despertando la risa de la muchacha.
— Por si siguieras con dudas— dijo June mientras guardaba de nuevo la hoja—. Doflamingo me dejó permiso expreso para actuar con libertad. Me comprometo a que mi estancia sea pacífica, sólo estoy de paso.
— Ya lo habíamos confirmado con él que Bad Beat se encontraba en una misión, pero no sabemos realmente nada de ti. ¿Qué haces en la banda de Doflamingo? No tenemos reportes más que tu ingreso en la banda, así que disculpa mi interrogatorio.
— Soy cazarrecompensas, exploradora… Lo que me manden cada día, sólo obedezco órdenes del joven maestro. Ahora mismo sólo estoy siguiendo una recompensa para mi capitán. ¿Es una buena respuesta?
— Si es eso cierto, limita tus acciones al menor efecto posible. Aún queda mucho que quiero preguntar pero dudo que estés dispuesta a responderlas, no quiero presionar al perro de Doflamingo.
— ¿Y sabiendo mi posición no planeas detenerme ni avisar a nadie?
Casto sonrió y su mano soltó por fin la de la muchacha.
— Si te soy sincero, no está en mis intereses detenerte— Casto se encogió de hombros—. Jonathan sabe desde hace tiempo que estás aquí y quién eres, así que entre tú y yo: voy a apoyarte en tu huida. Márchate en silencio y sin armar un escándalo.
June asintió y Casto se alejó en silencio sin despedirse. Tras un breve suspiro, la muchacha se dejó caer en el suelo mientras cerraba los ojos para controlar su respiración. Sus manos temblaron un momento y se mordió el labio, pero finalmente sacudió la cabeza para sacar los pensamientos de su mente. Sin vacilar un instante más, se escabulló por los pasillos, en busca de la salida de la base. Comenzó a subir los pisos hasta el último y, finalmente, se decantó por entrar en una de las salas y asomarse por el ventanal.
La luna sobre aquella base de la Marina era digna de admirar. La luz proyectaba sobre el Mar las sombras de los altos muros y, desde aquel piso, June pudo observar el agua resplandecer bajo el sol. Se llevó las manos a la cabeza, rumiando por un instante qué hacer y, finalmente llegó a una conclusión. Tras un largo suspiro, se dispuso a abrir la ventana y salir al exterior pero antes de poder moverse su Den Den Mushi sonó. Apenas recordaba el sonido del aparato, pero estaba claro que Jonathan no había sido secretivo con su presencia. Con temblores en las manos, descolgó el Den Den Mushi y se colocó el auricular del comunicador en la oreja.
— ¿En serio?— Doflamingo no esperó a los saludos—. ¿De todos los sitios que podrían elegir tenía que ser una base de la Marina? Casi corro a buscarte cuando recibí el mensaje de que estabas allí.
June suspiró y se revolvió el cabello con la mano libre. Salió por la ventana y escaló el muro hasta alcanzar la cima. Pudo escuchar la respiración intranquila del hombre al otro lado de la línea, pero decidió ignorarla.
— No quise realmente hacerlo, pero fue inevitable. Sombrero de Paja y su tripulación terminaron aquí por pura casualidad. Lo siento muchísimo.
— ¿Y cuál es el veredicto entonces?— preguntó Doflamingo a través del comunicador—. Ha sido una larga semana sin oír de ti, tiene que haber sido una aventura fructífera.
— No tengas esperanzas en que frene la situación— June se cepilló el pelo con los dedos—. Su actitud es la misma, pero sus habilidades han mejorado significativamente. En el pasado lo podía derrotar fácilmente, pero ahora me daría guerra.
— ¿Significa eso que me volverás a desobedecer?
June se tensó por un momento, pero la risa del hombre la hizo relajarse. June se llevó una mano a su pecho y respiró profundamente para relajar su acelerado pulso.
— No es una broma graciosa— la muchacha notó sus pulsaciones descender—. Y si quieres saberlo, aún puedo con él. Tiene demasiadas aperturas en su estilo de pelea.
— Eso es lo de menos, no dudo de tus habilidades— el rubio suspiró—. No dejes que ese torbellino te absorba. Dirígete a Mock Town, te estaré esperando.
— De acuerdo. Mañana por la noche llegaré.
June se despidió y guardó de nuevo su comunicador. Respiró profundamente y se arrodilló en el suelo mientras sus alas se abrían sobre su espalda. Sus manos rozaron el suelo y se dio impulso hacia delante, alzando el vuelo.
Para cuando alcanzó el Merry, el sol había empezado a salir, pero los tripulantes del barco aún no habían conseguido desvelarse. Sin embargo, si no recordaba mal, sabía que aquella tarde madrugada había una última persona a quien podía visitar.
June aterrizó en la cofa silenciosamente. Sus pasos sobre la madera fueron amortiguados por la manta en el suelo, que cubría al pobre desafortunado que le había tocado guardia aquella tarde. La pelirroja sonrió y le dio un suave golpe en la cabeza al muchacho, que se removió en su pequeño cobijo.
— Durmiéndote en tu puesto… Así cualquiera se colaría en vuestro barco— June soltó una leve carcajada mientras el pelinegro se desvelaba—. Menos mal que solo era yo, pero podría haber sido un enemigo.
—Nunca pasa nada a esta hora, así que no importa— Luffy se rascó los ojos—. Los demás estaban preocupados por haberte dejado atrás en la base, pero Robin los convenció de que no podían hacerte nada. ¿Te habías metido en problemas o algo?
— No es nada, sólo es que mi jefe me había contactado para regresar de nuevo, mi última misión se había alargado demasiado. Creo que estar a tu lado me ha hecho relajarme de nuevo y olvidarme de mis deberes.
El sonido de las alas de June distrajo momentáneamente al capitán que rápidamente se puso en pie. Sus ojos escrutaron la imagen de la pelirroja frente a él, deteniéndose en su extrañamente relajado rostro.
Luffy no conocía nada sobre el pasado de aquella joven. Qué era, de dónde venía… Normalmente, aquellas preguntas habrían sido inverosímiles, pero cuando se trataba de alguien con unos ojos tan tristes, sabía que la especie y su pasado tenían un fuerte vínculo.
— Tengo una última pregunta— dijo finalmente—. Dijiste que Flint se pasó una década viajando. ¿Cuántas veces tuvo que dejar atrás a los que quería?
— Sacrificó muchos reencuentros por la seguridad de sus seres queridos. Siento que en eso puedo concordar con él, hay cosas por las que vale la pena rendirse por esas personas a las que aprecias.
— Y tú... ¿No te arrepentirás...?
Antes de poder continuar, June lo detuvo. Luffy alcanzó su mano, intentando reclamar una respuesta, pero las reticencias de la muchacha lo hicieron rendirse. No podía simplemente hacer lo que ya la ahuyentó una vez, y estaba seguro de que, si tenían la suerte de volver a encontrarse, no quería que fuera en malas condiciones.
— Suena a que te estoy rechazando, pero estoy segura de que volveremos a encontrarnos— sus palabras calmaron los nervios del capitán—. Esperemos que sea en el mismo bando.
Luffy respiró profundamente y se volvió a sentar. Sus ojos se dirigieron a las alas de la muchacha y sonrió. El oscuro tono de aquellas alas le daba un imponente aspecto a la muchacha, casi aterrador, pero para el muchacho del sombrero de paja eran hipnotizantes. Un recuerdo que había repetido en su memoria durante meses y por fin había confirmado que no fue una simple ilusión.
— Escucha, antes de marcharte—June se giró cuando Luffy la llamó una última vez—. Quiero saberlo. ¿Crees que esta vez podría derrotarte?
— Es posible— June sonrió—. Pero no quiero luchar contra ti, hay cosas que no deberían ocurrir.
Desde la montaña, apenas se podía distinguir una sola figura con la frondosidad del bosque. June se sentó en la puerta de la cabaña de Dadan, esperando al pelinegro mientras se levantaba de nuevo y se quitaba el polvo.
Tras su llegada a la isla hacía tres meses, Luffy había seguido a la muchacha a todos los sitios, preguntándole sobre sus viajes. Con el tiempo, June comenzó a acostumbrarse a la presencia del muchacho, como si se tratara de un buen compañero de aventuras.
Sin embargo, aquello no significaba que se hubiera adaptado a la incesante energía que emanaba, sobretodo cuando se trataba de su deseo de hacerse más y más fuerte. Su curiosidad la había obligado a tomar una vía más agresiva contra el muchacho, haciendo más y más difícil su misión. Aún así, las tácticas disuasión habían hecho el efecto contrario.
— Venga ya...— protestó Luffy una vez más mientras June se cruzaba de brazos—. No puede ser que volvamos a quedar en empate y no estemos ninguno cansado, ¡ni siquiera estoy cansado!
— Ya te he dicho que no tengo ganas de pelear— la pelirroja gruñó mientras levantaba una mano a su cabello—. Estoy aquí para investigar, no para jugar contigo. Un empate es más que válido.
Luffy hinchó los carrillos y corrió tras June para agarrarla del brazo. La pelirroja se apartó y golpeó su cabeza, haciéndolo caer al suelo del dolor. Sin embargo, aquello no detuvo al muchacho que, una vez más, se puso en pie.
— ¡¿Ves?!— exclamó mientras sacudía los brazos—. ¡Eso es muy raro! ¡No deberías poder hacerme daño, soy de goma!
June arrugó la nariz y saltó al frente. Agarró el cuello de Luffy y lo lanzó al suelo, dejando al muchacho apenas tiempo para reaccionar. Una vez se sentó a horcajadas sobre su cuerpo, apartó su cabello y sonrió.
Por un instante, sintió que el muchacho se sonrojaba y, pese a su calma inicial, por un instante sintió que flaqueaba ante aquel gesto. Su mano recorrió el cuello del pelinegro, sintiendo su piel temblar bajo su tacto y se acercó a su rostro.
— Mi maestro es muy muy bueno en la pelea— los dedos de June recorrieron su mejilla y Luffy se quedó hipnotizado en los ojos de la muchacha—. Pero no le gusta que cause problemas mientras estoy de viaje, por eso silencio los conflictos. ¿No crees que sería peligroso para ti?
Satisfecha, June se puso en pie. Se desempolvó la ropa y tendió la mano al pelinegro, aún en el suelo. Luffy frunció el ceño y se puso en pie, sin soltar la mano de la muchacha. Aquel instante pareció querer durar eternamente, pero June rápidamente soltó su mano y se giró. Intentó evitar levantar las manos a sus mejillas, pero podía presentir que estaban completamente enrojecidas.
— ¿Por qué te empeñas salir al mar?— preguntó finalmente y lo observó por el rabillo del ojo—. Vives en un mar muy tranquilo y tienes a gente que te quiere y te aprecia. Vas a dejar mucho atrás.
— Quiero vivir aventuras y cumplir la promesa que le hice a Shanks— Luffy sonrió mientras se llevaba la mano al sombrero—. Flint en tus historias hizo lo mismo, ¿no? Salió al mar para vivir nuevas experiencias.
— Pero al final terminó buscando una vida tranquila igualmente. ¿No crees que puedas terminar arrepintiéndote?
— No puedo saberlo sin haberlo intentado, ¿no?
— Fue una experiencia extraña— musitó la muchacha—. No me esperaba que un lugar así existiera realmente. Pero tú tampoco cuando te burlaste de ellos, ¿no?
Las manos de la pelirroja limpiaron las gotas de sangre que habían quedado sobre su arma. Se secó el rostro con la manga de su camisa y se giró. Doflamingo sonrió satisfecho cuando June envainó la espada y se acercó a él a zancadas.
— Ya está hecho— June observó por el rabillo del ojo a Bellamy—. Tal y como has mandado, no los he matado. ¿Qué planeas hacer con ellos?
Doflamingo levantó la mirada a la muchacha y enarcó una ceja. Se quitó las gafas para limpiarlas y regresó su atención al frente. Levantó su mano y tiró de los hilos a su alrededor para levantar a Bellamy del suelo, y June escuchó tras ella los gritos de los piratas. Congelada, sintió un ligero escalofrío por la espalda, a la espera de una respuesta a su inusual reporte. Sin embargo, el silencio se alargó unos segundos más, hasta que finalmente el rubio suspiró.
— Es una aventura interesante— murmuró el mayor, mientras se ponía de vuelta las gafas—. Y este es un trabajo impecable, me sorprende lo paciente que te has vuelto. Con tanta ira pensaba que lo habrías matado hace tiempo.
— Porque tú mismo me lo has mandado, tus órdenes van por encima de mi estado anímico.
El rubio levantó su mano hacia ella y acarició suavemente la cabeza de la muchacha. Se mordió el labio para reprimir una sonrisa de satisfacción y volvió su atención al pueblo.
— ¿Dónde está Sha-... Blind?— preguntó finalmente mientras levantaba la mirada—. No lo he visto desde que he llegado a la isla, ¿lo has mandado a algún sitio sin mí?
— No te preocupes por ello, en unos días te avisaré cuando sepa la situación de su misión pero es algo para lo que de momento no necesita de tu ayuda. ¿Quieres regresar a Dressrosa conmigo de momento?
June dudó un instante, pero finalmente negó con la cabeza. Aquel inesperado gesto despertó la curiosidad de Doflamingo, quien levantó las cejas y se cruzó de brazos. La pelirroja bajó rápidamente la mirada, temerosa.
— Creo que esta misión me ha dejado con un deseo de descansar un tiempo— murmuró mientras jugaba con las puntas de su cabello—. Si te parece bien… Quiero tomarme un descanso.
— Está bien, parece que te ha gustado lo de ir por libre, ¿no?— pese a la sonrisa en su rostro, el tono de Doflamingo era amenazador—. Haz lo que quieras, pero intenta no montar un escándalo. Y especialmente, no volvamos a repetir errores pasados.
