June aterrizó en Darville, un islote de pesca, oculta por la niebla de la mañana. El único lugar significativo de la zona eran los muelles y un pequeño bar de descanso de pescadores. Era el lugar perfecto para ocultarse y mantener personajes curiosos lejos de ella.

Había pasado más de una semana desde su despedida con Doflamingo y había disfrutado, en menor o mayor manera, de su libertad. Sin embargo, las circunstancias no habían jugado en su favor, especialmente cuando se trataba de discreción.

Su presencia en Mock Town entre tantos piratas, la llegada a Navarone y los estragos que Monkey D. Luffy había causado en ambos sitios no habían pasado desapercibidos por completo, y la muchacha sabía que la presencia de Doflamingo en su regreso lo había dejado claro.

Analizó el pequeño muelle, atraída por el inusual color de uno de los navíos atracados. Se acercó cautelosamente para abordarlo y observó a los hombres reunidos en él. Sus ojos se posaron en los de un hombre de tez pálida y profundas ojeras. Sus brazos, cubiertos de tatuajes, reposaban sobre la barandilla mientras acababa su whisky y se ponía una copa más.

— ¿Trafalgar?— preguntó June y el hombre se giró—. Cuánto has crecido.

Law le dedicó una sonrisa juguetona.

— No hace falta que uses esos jueguecitos conmigo, Bad Beat. Sólo han pasado unos meses. Pasa adentro y ponme al día de tus aventuras.

June se cruzó de brazos, dubitativa.

— Voy sola, así que no me llames así. Cuando lo haces normalmente terminamos peleando.

— Esta vez iré con cuidado, lo prometo.

Aquel pequeño acto de desconfianza se difuminó en una sonrisa y June finalmente siguió al pelinegro al interior de su despacho. Se dejó caer descuidadamente en uno de los sillones y suspiró mientras se soltaba la espada del cinto. El pirata se ofreció a invitarla a una copa, pero June rechazó la oferta con un gesto.

— No me esperaba encontrarte hasta llegar a Sabaody— dijo Law tras un segundo trago a su copa—. Sigues trabajando para él, ¿no? ¿Cómo van las cosas tras el incidente?

— Creo que por fin ha decidido soltar un poco las riendas. El otro día me habló sobre regresar a Dressrosa, creía que no podría volver a pisar la isla de nuevo.

Law frunció el ceño mientras se reclinaba hacia atrás en su silla, sus ojos estudiaron la apariencia de la muchacha. No estaba delgada ni parecía tener cicatrices sobre su piel. Quizás incluso podía decir que se encontraba más cerca de la etiqueta de "malcriada" que "maltratada", pero él no era capaz de analizar las cicatrices que podían causarse en su mente.

— Está claro que aún no ha dejado de jugar contigo, y cada vez pareces más tensa y estresada. ¿Te ha perdonado por fin?

Las manos de la muchacha temblaron por un instante, pero respiró profundamente y levantó la mirada al pelinegro.

— Me siento como si el asunto de East Blue me fuese a perseguir de por vida— Law enarcó una ceja—. Doflamingo ya no parece enfadado por eso, pero la destitución de Crocodile lo ha puesto en alerta. Se ha dado cuenta de que los novatos de ahora no son como lo eran antes.

— Es normal, el mar está comenzado a hervir— el pelinegro dejó frente a ella un periódico—. Pero dudo que ninguno pueda levantar un dedo contra él de momento. Es demasiado importante, ya lo sabes.

— Ya… Me parece que puedo morirme esperando a que cambien las cosas.

El cirujano procedió a sentarse junto a ella, cruzando las piernas.

— Te he avisado con antelación por respeto a lo que tu madre hizo por mí— June frunció el ceño y se giró hacia el muchacho—. Aunque me fío de tu palabra de no intervenir, aún me gustaría contar con tu ayu-...

— No intervenir salvo si son órdenes es más de lo que puedo hacer por ti— June lo interrumpió—. Por mí puedes irte a cavar tu propia tumba, no hay manera de que me apunte a un plan suicida. Además, aún tengo una gran deuda con él.

Law puso los ojos el blanco. El silencioso suspiro del pirata fue más respuesta de la que June pudo esperar y finalmente, el hombre le dio unas palmadas en la espalda.

— ¿Cuáles son tus planes? No estarás revoloteando por aquí mucho tiempo, supongo.

— Hmm… Ahora mismo no puedo regresar a donde estaba, ¿sabes? Voy a disfrutar por un tiempo mientras Doflamingo no me necesite.

Las risas de los jóvenes inundaron por un instante la sala, interrumpidas por el sonido del comunicador de la muchacha.

— No te durará mucho eso, por lo que veo.


Luffy se acarició la frente, intentando aliviar el dolor. Observó al anciano con desdén e hizo mohín. Garp escaneó la sala con la mirada y retuvo el suspiro de alivio que buscaba cuando no se encontró con aquella muchacha en el grupo.

La visita del vicealmirante no había tenido realmente otro objetivo que llevar a sus dos aprendices ante el amigo que en el pasado tanto habían luchado por defender. Donde aquella reacción entraba era una mera precaución, una que debía tomar para asegurar que la extraña condición que el ángel pidió en el pasado no fuera para enemistar al vicealmirante con su nieto.

El acuerdo que aquel día había pactado con June era ciertamente inusual para los objetivos que aquella muchacha tenía en su tierra natal, pero así era ella misma. Era una asesina y alguien que Sengoku había catalogado de compleja.

Aquellos encontronazos que el anciano había tenido con aquella cría habían sido breves y fortuitos. La madre que no figuraba en los informes, el padre que oficialmente jamás había tenido una amante… Todos los detalles que excluían los informes los había relatado el Almirante de Flota a su compañero y confidente a lo largo de los años.

— ¿Te has vuelto a encontrar con ella?— preguntó el marine—. La chica que estaba en Goa.

— Estuvo con nosotros durante un tiempo, pero hace días que se marchó. ¿Por qué me preguntas esto ahora?

Garp frunció el ceño y suspiró. Se revolvió el cabello nerviosamente y, tras rumiar durante un momento, se acercó al muchacho. Su mirada se dirigió a los tripulantes a su alrededor y de vuelta a su nieto.

— No cometas el error de volver a dejar que entre en tu vida de nuevo— el tono serio del anciano lo hizo vacilar por un instante—. Esa cría no os conviene tenerla cerca.

Luffy se incorporó de inmediato. Sus ojos rehuyeron la mirada de su abuelo, pero finalmente decidió responder.

— No entiendo por qué es un problema que me encuentre con ella— protestó el muchacho—. June no me ha hecho nunca daño y a ti tampoco.

— Eustass June es igual de irascible que su padre Flint, no es más que una bomba de relojería. Y si encima trabaja bajo las órdenes de Doflamingo, no es una aliada para ti y no lo será mientras siga con el Guerrero del Mar.

Nami dio un respingo y se acercó rápidamente a su capitán.

— ¡¿Eustass?!— exclamó la navegante—. ¡¿Ese era el apellido de esa chica?!

Luffy asintió dubitativo y los murmullos incrementaron. Aquella reacción lo hizo tensarse y se giró de nuevo hacia su banda en busca de una respuesta.

— Hace unos años, el nombre de Eustass Kidd apareció en el South Blue— explicó finalmente Robin—. Es uno de los novatos más peligrosos que hay ahora en Grand Line. Estamos hablando de uno de los más sangrientos en Grand Line.

— Aich… Se me ha escapado, no debería haber dicho nada...— Garp se rascó el cuello nerviosamente—. Olvida lo que te he dicho, pero no pienses que es una chiquilla pacífica, es un peligro para ti y para quien se enemiste con Doflamingo. No puedo garantizar que las cosas terminen bien si os enzarzáis en una pelea.


De alguna manera, la siempre meticulosa June había comenzado a flaquear severamente en su trabajo. No había sido fácil averiguar mucho: su objetivo era un familiar, fuera cual fuere. Su pareja, sus hijos, sus nietos… Aquella vaga descripción había ralentizado su búsqueda, hasta el punto de terminar completamente estancada.

Especialmente cuando a su alrededor revoloteaba lo que sólo podía describir como "una mosca cojonera".

Estaba claro que Luffy era demasiado perseverante para su propio bien. La muchacha y él forcejeaban en muchas ocasiones, a veces incluso llegando al punto de levantar los puños. June había demostrado ser una hábil luchadora, pero Luffy no se había quedado atrás en ninguna batalla, terminando una y otra vez en empate.

Y un día, entre peleas y risas, un cambio en su dinámica ocurrió. Una caricia, un beso y una sensación en su pecho que no fue capaz de detener. Eran adolescentes, la pasión surgió sola, pero June era lo suficientemente lista para no culpar sólo a su edad.

Quizás las cosas habían avanzado demasiado rápido entre ellos, pero ninguno de los dos parecía querer que frenase. Luffy se había convertido en una extraña luz de esperanza por una vida normal y June se preguntó si en algún momento debería continuar su misión o continuar viviendo en aquella farsa que el destino había preparado para ella.

Al final de la aventura, debía volver al lado de su Amo, por mucho que ya no la buscara. Aquellos diez meses se habían alargado demasiado y se acercaba su decimosexto cumpleaños. Estaba claro que aquella fecha iba a recordar a su jefe sobre su presencia.

Sin embargo, los hechos hablaban en contra de aquella suposición. El comunicador no había sonado desde hacía varios meses, siendo en la última llamada en la que Doflamingo había dejado claro que no necesitaba un "todavía no lo he encontrado" cada semana. Aquellas vacaciones improvisadas se estaban alargando demasiado, quizás él mismo terminaría apareciendo para llevarla de vuelta a "casa".

Y si aquel hombre llegase a enterarse en algún instante de su pequeño romance, estaba claro que no había muertes rápidas e indoloras para quien caía en ese tipo de vínculos. Sobretodo siendo esa la razón que le había hecho olvidar su misión y dejado de investigar.

June escuchó pasos sobre el camino y levantó la mirada. El pelinegro rodó hasta sus pies como una bola de bolos y la muchacha se apresuró a ayudarle a levantarse, pero una mano la agarró de la camisa, levantándola del suelo.

— ¡Vaya! ¿A quién tenemos aquí?— la voz del hombre sobresaltó a June, quien soltó a Luffy de inmediato—. Te pareces mucho a un viejo conocido, renacuaja. ¿Sengoku todavía no ha logrado mantener a raya a tu familia?

— Tiene poco que ver en mis viajes, señor Garp.

El marine la lanzó sobre el suelo y June dio una bocanada de aire. Luffy se apresuró a ponerse en pie y encararse a su abuelo, pero apenas aguantó unos instantes cuando fue lanzado por los aires.

June vaciló un instante, pero el anciano metió su mano en el bolsillo del pantalón, dejando claro que sus intenciones no eran pelear contra ella.

— Tú y yo— Garp señaló a la pelirroja—. Vamos a hablar ahora mismo.

El vicealmirante agarró el brazo de la muchacha mientras la arrastraba lejos de la cabaña. June miró hacia atrás y observó por un instante la mirada de Luffy, que parecía preguntar si debía intervenir. Ante aquel gesto, la pelirroja negó con la cabeza, y suspiró aliviada al ver al muchacho bajar los puños.

Los tirones del anciano finalmente dejaron de arrastrarla por el camino. El vicealmirante soltó a su presa frente al acantilado, dejando el cuello de la pelirroja colgando en él. Garp y June compartieron un momento de silencio, hasta que finalmente el hombre decidió hablar.

— ¿A qué has venido?— reclamó el hombre—. Tendré que avisar de esto a tu madre, tu familia lleva años buscándote.

— Si me sueltas te lo podré contar.

Garp chasqueó la lengua mientras aflojaba su agarre y se apartaba de ella. En respuesta a su recuperada libertad, June se sentó en el suelo y se estiró. El marine frunció el ceño, intentando no tomar aquel gesto como una burla, y se sentó junto a ella.

— Trabajo para Doflamingo— Garp entornó los ojos, iracundo—. Me han pedido venganza por uno de tus arrestos. No tengo más información, así que si quieres hacerme la tarea más fácil dime quién es.

— Ya conoces su nombre: el chico al que buscas es mi nieto, Monkey D. Luffy.

Los ojos de June se entornaron y suspiró mientras se rascaba la cabeza nerviosamente.

— Venga ya… Es broma, ¿no?— June se rió entre dientes—. Es una muy mala broma incluso viniendo de un vejestorio como tú.

La mirada de Garp, completamente seria, se quedó fija sobre la muchacha. La sonrisa de June lentamente desapareció y sus manos agarraron nerviosamente el cuello de su camiseta.

— … No— June comenzó a andar en círculos—. Tiene que ser mentira. No puedo matarlo, tiene demasiados sueños y demasiadas cosas pendientes...

— Eso te enseñó tu padre. A respetar los sueños— June levantó la mirada—. ¿Entonces te marcharás? Debes honrar la palabra de tu padre.

— ¡No puedo! Si lo hago Doflamingo me matará. Y si completo la misión, me matará la culpa… Y si mi madre se entera de lo que he hecho...

Las extrañas acciones de la muchacha dejaron perplejo al anciano, pero lo que realmente lo hizo sorprenderse fueron los ojos de la joven, brillando por las lágrimas que los inundaban.

— Te haré este favor— dijo finalmente Garp—. Te irás sin completar esta misión, y esto no llegará a oídos de tu madre. Eres muy pequeña para entender la magnitud de las cosas que estás haciendo.

La mano del anciano instintivamente alcanzó su melena y June se quedó helada cuando Garp acarició suavemente su cabeza. Era un tacto que odiaba, era compasivo y la hacía sentir penosa, pero al mismo tiempo era demasiado reconfortante como para renunciar a él. Justo lo que necesitaba en aquel momento.

— ¿No debo decirle nada a Luffy? ¿No tiene derecho a saberlo?

— Por favor, márchate sin decirle que estabas aquí por él— ordenó Garp—. No voy a dejar que otro criminal le motive a convertirse en pirata.

June frunció el ceño y apartó bruscamente su mano mientras hacía una mueca.

— Asumiré la responsabilidad ante Doflamingo por este acto de rebeldía. Espero que puedas asumir la culpa de mi partida ante Luffy.


— Bueno, sólo me alegro de que no hayas estado allí cuando ocurrió el incidente de Enies Lobby. Pensé que igual hubieras decidido regresar con ellos.

Aunque pasaran los años, la voz de Doflamingo a través del comunicador seguía siendo un estremecedor sonido al que le costaba acostumbrarse. Ira, felicidad, tristeza… Aquel extraño hombre seguía siendo complicado de comprender para la muchacha, haciendo especialmente peligroso y aterrador cuando era una tarea fácil.

— Ya te dije que sólo necesitaba tranquilidad— explicó la muchacha finalmente—. Es imposible que me junte con ellos de nuevo. Además, cuando el vicealmirante Jonathan me reconoció decidí mantenerme oculta.

— Eso da igual, no me costó nada solucionarlo. He limpiado tus estropicios suficientes veces.

June frunció el ceño y se recostó en su asiento, mientras apretaba el comunicador con fuerza. Suspiró profundamente y se revolvió el cabello. ¿Estaba enfadado o estaba alegre de que aquella fuera una posibilidad? Era demasiado complicado leer sus emociones y June sentía que perdía el hilo de la conversación en aquella confusión.

— Lo siento, no quiero que utilices esa baza demasiado. No quiero que mi madre me busque para darme una charla sobre no imitar a pa-...

Doflamingo chasqueó la lengua y June tragó saliva. Reconocía aquella reacción, cada vez que alguna mención a Eustass Flint escapaba de sus labios, la muchacha sabía que el Guerrero del Mar era capaz de hacer una aterradora expresión que la alertaba de evitar llevar la conversación por aquel camino.

Era un secreto a voz abierta que los dos piratas habían tenido fortuitos encuentros en el pasado. Habían cruzado espadas y compartido risas en una amistad que desafortunadamente terminó súbitamente, pero perduró en la devoción de su hija al viejo amigo del pirata.

June suspiró y sacudió la cabeza.

— Disculpa, no era mi intención— murmuró mientras cerraba los ojos—. Intentaré evitar atraer a la Marina demasiado.

— Está bien, mientras no causes alboroto me vale. He mandado a tu hermano a Sabaody para liquidar el asunto de la casa de subastas, encárgate de que salga bien el asunto hasta que el asunto de las Smiles se normalice.

— Tardaré un par de semanas, pero allí estaré.

Tras una breve despedida, June colgó el Den Den Mushi y respiró profundamente. Sus manos alcanzaron su nuca mientras se giraba hacia Law, quien ojeaba en silencio los mapas.

La mirada de Trafalgar Law no era contribuyente al tenso ambiente que la voz de Doflamingo había creado en aquel despacho, y desde luego su recelo hacia el Guerrero del Mar era parte de la razón.

— ¿Una dura llamada?

— Gajes del oficio.

Tal vez aquella tensión hubiera sido muy distinta si el pasado hubiera tomado otro camino, pero aquellos muchachos sabían que la misma razón por la que ella era parte de la banda y Law sentía recelo hacia aquel hombre eran la misma. Ninguno de los dos hubiera terminado allí si aquel desafortunado día Donquixote Rocinante no hubiera revelado tan tontamente su tapadera.

Tal vez Law hubiera muerto y ella hubiera tenido la feliz vida en familia que había deseado. El estado en el que se encontraban era el perfecto punto medio en aquella situación, pero el dolor en sus corazones no era menor.

— ¿Sabaody entonces?— preguntó finalmente el mayor—. Te puedo llevar hasta allí y ya me desentenderé de ti hasta la próxima.

— Te estaría muy agradecida si lo hicieras. Y si olvidaras la conversación que acabas de escuchar.

— No me inmiscuiré en tus asuntos, pero sé cautelosa. No creo que otros se queden de brazos cruzados.